32847(09-12-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 32847  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 382  

Bogotá  D.C., nueve (9) de diciembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  apoderado  de las víctimas y la Fiscal 134  Seccional  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Buga, el 7 de julio de 2009, mediante la cual confirmó la dictada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de  Palmira,  el   13  de  mayo  del mismo año, que absolvió a Juan Guillermo  Rodríguez Sánchez del delito de homicidio.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“En  escrito  de  acusación,  la  Fiscalía  Ciento Treinta y Cuatro  Seccional  de  Palmira  narró  que el 4 de enero de 2009, aproximadamente a las  3:00  de la mañana, en desarrollo de una fiesta familiar que se realizaba en el  Club  Los Delfines del municipio de El Cerrito – Valle, el señor JUAN GUILLERMO  RODRÍGUEZ   SÁNCHEZ  accionó  un  arma  de  fuego  contra  el  señor  OSVANI  DOMÍNGUEZ  VARELA,  quien  falleció  como  consecuencia  de las heridas que le  causaron      los      proyectiles”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía,  el  3  de febrero de 2009, presentó escrito de acusación contra Juan Guillermo  Rodríguez Sánchez por el delito de homicidio.   

2.  Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral y anunciado el sentido del fallo, el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Palmira,  el 13 de mayo de 2009,  dictó  fallo  de  primera  instancia  en  la  que  absolvió  a  Juan Guillermo  Rodríguez Sánchez del delito de homicidio.   

3.  Apelado  el  fallo por la fiscalía y el  apoderado  de  las  víctimas,  el  Tribunal  Superior de Buga, el 7 de julio de  2009, lo confirmó en su integridad.   

Contra la anterior decisión, el apoderado de  las   víctimas   y   la   Fiscal   134   Seccional   interpusieron  recurso  de  casación.   

LAS     DEMANDAS    DE   CASACIÓN   

Como  quiera que los libelos presentados por  el  apoderado  de  las  víctimas  y  la  Fiscal  134  Seccional  guardan unidad  temática,  la  Sala  se  permitirá  hacer  un  sólo  resumen,  realizando las  aclaraciones a que haya lugar.   

Único cargo  

El apoderado de las víctimas y la Fiscal 134  Seccional,  basados  en  la causal tercera de casación, según el artículo 181  de  la  Ley  906  de  2004,  acusan  al  Tribunal  de  haber  violado, de manera  indirecta,  la ley sustancial derivada  de errores en la apreciación de la  prueba,  en  especial  por  yerros  de  hecho  por  falsos juicios de identidad,  existencia y raciocinio.   

Como  errores  de hecho citan que no se haya  dado  por  demostrado,  estándolo,  que  el  acusado  fue  el  provocador de la  situación  fáctica  que  culminó  con  el  homicidio  de  la víctima; que se  ignoró  el  grado  de  conocimiento  de  certeza  error  que  culminó  con  la  absolución   del   acusado,   y  que  se  desconocieron  situaciones  fácticas  “condicionantes   del  artículo    32,    numeral    7°…” del Código Penal.   

En  el  acápite  que  llamaron “Pruebas      ignoradas”,  sostienen  que  el  juzgador incurrió en un error de hecho por falso juicio de existencia,  habida  cuenta  que omitió apreciar la experticia realizada al arma de fuego no  obstante   haber sido producida e incorporada en el juicio donde claramente  se  lee  que  fueron  seis vainillas calibre .32 largo que se encontraban con el  fulminante percutido y no cuatro como lo manifestó el acusado.   

Acotan  que  en  el juicio se recibieron los  testimonios  de  Arturo  Varela  Martínez  y  Hernando  Javier  García Serrano  quienes  afirmaron  que  fueron  seis  los  disparos  que  hizo  el acusado. Sin  embargo,   en   la   sentencia  se  le  dio  crédito  al  dicho  de  Rodríguez  Sánchez.   

Anotan que el anterior yerro condujo a que se  dictara un fallo de carácter absolutorio.   

En  otro capitulo que titularon “Prueba  irregular  o  equivocadamente  apreciadas”, enuncia  los  siguientes  errores  en que presuntamente incurrió el  fallador:   

            

a.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  por  cuanto  se  tergiversó  el  contenido del testimonio de Arturo  Varela  Martínez  en  lo  atinente  a  la  situación que llevó al deponente a  solicitarle               “respetuosamente  al  señor  Juan Guillermo Rodríguez Sánchez, que  se    retirara    de    la    fiesta”.   

Agregan  que  el  testigo  le  solicitó  al  acusado  que  se  retirara  de la fiesta dada su condición de coordinador de la  reunión  familiar, contrario a lo  afirmado por el Tribunal en torno a que  la   molestia   “que  se  presentó  con el susodicho baile fue del señor Arturo Varela Martínez, lo que  lo    impulsó    a    solicitarle   al   señor   Juan   Guillermo   Rodríguez  Sánchez”  que abandonara el recinto.   

También califican como otra tergiversación  cometida  sobre  el  anterior  testimonio  que  se hubiese concluido que hubo un  enfrentamiento,  puesto  que,  en  criterio  de  los libelistas, en el escenario  fáctico  no  se  presentó  la  injusta  agresión, para lo cual transcriben un  fragmento del dicho del deponente.   

Aducen que el anterior error condujo a que se  reconociera que el acusado actuó en legítima defensa de su vida.   

Arguyen  que  en el contrainterrogatorio que  hizo  la defensa se reafirmó el deponente en las circunstancias que rodearon el  homicidio.   

   

b.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.  Sostienen  que  el  fallador incurrió en dicho yerro al apreciar el  testimonio  rendido  por Hernando Javier García Serrano, en la medida en que se  omitió  valorar  toda  la información dada por el deponente, máxime cuando se  trataba  de  un  testigo  directo  y  “quien  tuvo  todo  el  conocimiento  de  las  razones  y los motivos  loables   que   movieron   al   señor   Arturo  Varela  Martínez  a  solicitar  respetuosamente,  decentemente y dentro de las reglas de la cortesía social, al  señor  Juan  Guillermo  Rodríguez  Sánchez,  para  que  se  retirara  con  su  compañero   de  andanzas  el  policía  Duván  Arley  Morales  Roldán  de  la  fiesta…”.   

A  continuación trascriben fragmentos de la  versión  y  afirman  que  el mentado error en la actividad probatoria condujo a  que   se   reconociera   que  el  acusado  actuó  en  legitima  defensa  de  su  vida.   

c.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia.  Comentan  que  el  testimonio  de  Ingrid  Domínguez Varela no fue  tenido  en  cuenta  en  el  acto  de  estimación  de las pruebas, cuando en sus  criterios  se trata de una persona que presenció, de manera directa, los hechos  “donde  el  señor  Juan  Guillermo    Rodríguez   Sánchez   injustificadamente   agredió   física   y  sicológicamente     al     señor     Arturo    Varela    Martínez…”.   

Dicen  que la omisión del citado testimonio  fue    trascendente,    habida    cuenta    que   se   reconoció   “una  legitima  defensa  al señor Juan  Guillermo  Rodríguez Sánchez, cuando del análisis racional de este testimonio  y  de  las  demás  pruebas,  se concluye que el Tribunal se equivoca al dar por  hecho  que  hubo  enfrentamiento  verbal  y  luego  físico entre los dos hombre  aludidos”.   

d.  Error  de  hecho  por  falso raciocinio.  Consideran  que  el  Tribunal  incurrió  en  dicho  yerro, habida cuenta que el  fiscal  advirtió  que  hubo  mendacidad  del  deponente  en la información que  estaba  entregando  a  la  justicia,  “en   clara   contraposición   y   deslealtad   procesal”.   

Aseveran  que  la  fiscalía  impugnó  la  credibilidad  del  testigo  con  la  entrevista,  para  lo  cual  trascriben  un  fragmento  de  la  misma,  afirmaciones  que  no  fueron  suministradas  en  ese  acto.   

Sin  embargo,  anotan que el Tribunal le dio  valor  probatorio  desatendiendo  los  postulados que informan la sana crítica,  “específicamente,   la  regla  de  la  experiencia, que indica que cuando un testigo se contradice en su  dicho,  se  convierte  en  un  testimonio  sospechoso,  y  con  mayor  razón es  indispensable   escudriñar   y   analizar   con   suma  rigurosidad…”.   

De  ahí que no compartan la conclusión del  juzgador  en  torno  a  que  resulta  entendible  el  problema  entre víctima y  victimario, puesto que para ellos no existió.   

Luego  de  transcribir  un  fragmento  de la  versión  del  deponente,  dice  que  el  mismo fue consecuente con lo dicho por  Arturo  Varela  Martínez,  Hernando  Javier  García Serrano, Ingrid Domínguez  Varela   y   Sandra   Milena  Loaiza  Román.  Empero,  después  de  relacionar  textualmente  algunas  expresiones  de Morales Roldán, aseveran que el juzgador  incurrió      en      otro      error      de     apreciación     “por   falta   de  aplicación  a  los  principios  de  la  sana  crítica,  específicamente  el  de la experiencia que  indica  que  cuando  un  testigo  se  contradice  frente a hechos tan notorios y  además  quiere hacerlos ver como sensopersivido directamente, pero caen en este  tipo  de contradicción, es porque su testimonio se alínea con una coartada del  acusado”.   

Insiste en que el Tribunal cometió el citado  yerro   al   reconocer  la  legítima  defensa  y  al  concluir  que  entre  los  protagonistas    primero   hubo   un   enfrentamiento   verbal   y   luego   uno  físico.   

e.  Error  de  hecho  por  falso raciocinio.  Aducen  que  el  Tribunal  incurrió en dicho yerro al darle valor probatorio al  testimonio  del menor Alejandro Saa Florez, puesto que se trastocaron las reglas  de  la  lógica respecto al don de la ubicuidad, dado que el deponente no podía  estar en dos lugares al mismo tiempo.   

Afirman  que el juzgador de segundo grado no  tuvo  en  cuenta otras pruebas para ser un examen crítico al contenido integral  del   testimonio   rendido   por  este  menor,  como,  por  ejemplo,  el  dibujo  topográfico  del lugar de los hechos, donde ni siquiera se relaciona la piscina  por  encontrarse  retirada  del  sitio  donde  se  originó  el hecho objeto del  proceso.   

f.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.  Manifiestan  que  el  Tribunal  en  el  acto  de apreciación de las  probanzas  cercenó  la  información  contenida  en  el dibujo del lugar de los  hechos  realizado  por  la topógrafa, “donde  aparece  claramente referenciado el lugar donde ocurrió cada  evento,  específicamente  donde  el  señor Juan Guillermo Rodríguez Sánchez,  inició  la  agresión con el arma de fuego y ultimó al joven Osvani Domínguez  Varela,  al  igual  que  el  lugar  donde se produjo el desarme y la captura del  acusado      y,      por      ende,      donde     fue     lesionado”.   

Comentan  que  el  Tribunal,  no obstante la  importancia  de  la prueba, hizo una breve referencia en torno al momento en que  el  acusado  disparó  no  por  el  deseo  de  matar  sino  por  el temor que lo  lincharan,  conclusión  que  no  comparten,  en  la medida en que se basa en el  subjetivismo y que influyó en el resultado final de la decisión.   

Así     mismo,     la   mentada     omisión     del     juzgador     condujo,   complementan,   a    que    se    realizaran   juicios   subjetivos   “en   contra     de     personas    y   familias,   cuya   única   intención    la    noche    de    marras,    era   compartir   el   cumpleaños   de la  niña  Lady   Marcela     Varela    Garzón,    lesionándolas    en   su     integridad   moral    y    desconociendo    sus   calidades        sociales…”,    tal   como   se   deriva  de   los  testimonios  de  Arturo  Varela   Martínez,      Hernando     Javier     García    Serrano,   Ingrid     Domínguez    Varela    y    Juan    Manuel   Rodríguez  Sánchez.   

g. Error de hecho por falso raciocinio. Aduce  el  apoderado  de  las  víctimas que los juzgadores de instancia incurrieron en  dicho  yerro  “al dejar de  valorar  y  analizar  dentro  de  un  examen  crítico  y  violando el principio  científico  de  interpretación  de  la  terminología  científica forense, el  protocolo  de necropsia presentado por la médico forense Mónica Millán Gil en  la     que     se     determina    la    causa    de    la    muerte”   de   la  víctima.   

Después  de  transcribir un fragmento de la  experticia   concluye   que   uno   de  los  proyectiles  ingresó  “a  la  humanidad  del  hoy  occiso  de  atrás      hacia     adelante     de     arriba     hacia     abajo”.   

A  continuación  enuncia a un doctrinante y  dice  que  el  juzgador  vulneró  los  postulados científicos descritos en esa  cita,   puesto   que   en   su   criterio   el   disparo   mortal   “se produjo a una distancia mayor de un  metro  de  distancia  entre  la  víctima  y  victimario  y  el  hecho de que el  proyectil  se  recuperara  en  el  cuerpo  del obitado Osvani Domínguez Varela,  desestima  la  posibilidad  que  con  el mismo proyectil se hubiera lesionado al  joven  Gustavo Adolfo Varela Garzón…”.   

Anota  que el mentado error condujo a que se  le  diera  crédito  al  testimonio  del  acusado  y  se desacreditara los de la  fiscalía.   

h.  Error  de  hecho  por  falso raciocinio.  Considera  el  apoderado  de las víctimas que el Tribunal violó los postulados  de  la  sana  crítica  en  especial  la  regla de la lógica consistente en que  cuando   un   testigo   es   sospechoso   resulta   indispensable   “escudriñar   y   analizar  con  suma  rigurosidad  las causas que lo llevan a renunciar al derecho de guardar silencio  y     sentarse     como     testigo     en     su    propia    causa”,  al  darle  crédito   al  testimonio  de  Juan  Guillermo  Rodríguez  Sánchez.   

En aras a demostrar el presunto error en que  incurrió  el  Tribunal, el libelista procede a confrontar sus explicaciones con  los  testimonios de Duván Arley Morales Roldán y Arturo Varela Martínez, para  seguidamente  concluir que el mentado yerro llevó a desestimar el testimonio de  Ingrid  Domínguez  Varela,  Hernando  Javier  García  Serrano,  Arturo  Varela  Martínez      y      Sandra      Milena     Loaiza     Román,     “testigos  presénciales  y directos de  los  hechos  que  se presentaron en la esquina nororiental de la caseta donde se  llevaba  a  cabo  la fiesta familiar…”.   

i.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.  Indica  el  apoderado  de  las víctimas que el testimonio de Sandra  Milena  Loaiza  Román  fue  cercenado  por  el  sentenciador  de  segundo grado  “al  omitir  valorar  en  forma  completa  y  en  contexto  de  la  información  entregada por la testigo  presentada  por  la  defensa  del  aquí acusado, como testigo presencial de los  hechos,  tuvo  conocimiento  directo  del  comportamiento y cortesía con que el  señor  Arturo  Varela  Martínez,  solicitó  respetuosamente,  decentemente  y  dentro      las      reglas      de      la     cortesía     social”   que  el  acusado se retirara de la reunión familiar.   

Sostiene  que  dicho  yerro condujo a que se  reconociera  una  legítima  defensa no obstante del comportamiento energúmeno,  pendenciero  y peligroso del acusado, siendo esa la causa que generó la injusta  agresión.   

j.  Error  de  hecho  por falso raciocinio.  Afirma  el  apoderado  de  las  víctimas  que los juzgadores incurrieron en ese  yerro  al valorar el video que documenta la fiesta que fue planeada y coordinada  por  señores  Serafín  y Arturo Varela Martínez, puesto que se desconoció la  regla     de     la     experiencia,     según     la     cual,    “cuando se organiza una fiesta familiar  responsablemente,  los  organizadores limitan el reparto de bebidas alcohólicas  para     prevenir     que    los    adolescentes    se    embriaguen”.   

Manifiesta  que  si se realiza un análisis  del  video  se  advertirá  que  el  licor se comenzó a repartir a la una de la  mañana  y  que  a  la  una  y treinta “se  hace  presente en desarrollo del protocolo un conjunto vallenato  o  más  conocido  en  la  región como parrandón vallenato con la finalidad de  tener  ocupados  bailando  y  divirtiéndose  a todos los asistentes a la fiesta  familiar    y    restringir    de    esta   manera   el   consumo   de   bebidas  embriagantes”.   

De ahí que no comparta que el sentenciador  haya  concluido  que  a  las tres de la mañana la multitud estaba descompuesta,  “tomada”,             “completo      aflojo     de     la  compostura”, etc.   

Y,  por  último,  en  el  acápite  de  la  demostración  del cargo los demandantes vuelven a realizar una síntesis de los  presuntos   errores  de  estimación  probatoria  que  cometió  el  Tribunal  y  sostienen  que  dichos  yerros  condujeron a que se dejara de aplicar las normas  atinentes  a los postulados de apreciación de las correspondientes pruebas, las  que  reglan  el  ejercicio  del  incidente  de  reparación  integral  y las que  contienen el delito de homicidio.   

En  consecuencia, piden a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  condenar al procesado por el delito de  homicidio.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.   En  el nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con  lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de  la Sala, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

De     manera    que,    “el          recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de      la     casación”.1   

El   recurso   extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia del vicio y, menos, los conectó con los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado en  la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  el  recurso  de  casación  fue  estatuido para denunciar vicios de derecho o de  actividad  cometidos  en  la  construcción  de  la  sentencia  o en el trámite  judicial,  según  el  caso. De ahí que al demandante le compete que postule el  yerro  a  través de las causales contempladas para el efecto, demostrando cómo  el   mismo   logra   resquebrajar   el   fallo,   al  punto  que  se  impone  su  quebrantamiento,  con  el  objeto  de  cumplir  con  los  fines estatuidos en el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  la  casación   no   es  el  escenario  natural   para  increpar  el  grado  de  estimación  probatoria  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida  en  que  se trata de una impugnación de carácter rogada, correspondiéndole al  libelista  la  postulación  del vicio y la demostración del mismo frente a las  plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

En   lo   que   atañe   al   único  cargo que los demandantes postulan  por  la  vía  de  la  causal  tercera de casación por una presunta infracción  indirecta  de la ley sustancial derivada de errores de hecho cometidos en varias  probanzas  que  desfilaron  en  el  juicio  oral  y  que,  según sus criterios,  demostrarían  que  el  procesado  es  responsable del homicidio por el cual fue  acusado.   

Así, los libelistas en vez de demostrar los  yerros  en  la apreciación de la prueba, arremeten contra el juzgador por haber  concluido  que  Rodríguez  Sánchez  actuó en legitima defensa de su vida, sin  que  de  su discurso se advierta la existencia de los denunciados vicios y menos  su  trascendencia  frente  al juicio de no responsabilidad declarado en el fallo  impugnado.   

En  lo  atinente a los reparos que presentan  los   censores  por  este  sendero  no  logran  evidenciar  los  errores  en  la  apreciación  probatoria,  habida  cuenta  que  del  discurso  que exhiben no se  evidencia  que  efectivamente  el  procesado  fue  el que provocó la situación  fáctica  que  culminó  con la vida de la víctima, que de la unidad probatoria  recogida  en  el juicio oral no emerge el grado de conocimiento de más allá de  toda  duda  razonable  y  que  en el comportamiento de Rodríguez Sánchez no se  estructura  la  causal  de  ausencia  de responsabilidad de la legitima defensa,  según el artículo 32, numeral 7°, del Código Penal.   

El  discurso  argumentativo  los censores lo  centraron  en manifestar que el Tribunal incurrió en errores de hecho derivados  de falsos juicios de identidad, existencia y raciocinio.   

Respecto  a  los falsos juicios de identidad  presuntamente   cometidos   al  apreciarse  los  testimonios  de  Arturo  Varela  Martínez,  Hernando  Javier  García  Serrano,  el  plano topográfico y Sandra  Milena   Loaiza   Román,   en   vez  de  demostrar  en  qué  consistieron  las  tergiversaciones  del  contenido  material de la prueba al punto que se declaró  una  verdad  que  no  se  revela  de  su  contenido, los casacionistas presentan  personales  opiniones respecto al mérito que ha debido dársele a los elementos  de  juicio,  para  lo cual se apoyan en fragmentos de los mismos, sin que de esa  narrativa  se  concluya  que  la  prueba  fue  distorsionada  y  que  de haberse  apreciado  correctamente, sin duda, el fallo recurrido habría sido de carácter  condenatorio.   

    

En cuanto al error de hecho por falso juicio  de  existencia,  en  tanto que en criterio de los demandantes no fue valorado el  testimonio  de Ingrid Domínguez Varela, no dedicaron línea alguna en demostrar  que  la mentada versión no fue objeto de apreciación por parte del Tribunal y,  menos,  evidenció  su  incidencia,  esto  es,  que  de  haber sido apreciado al  procesado  no  se le habría reconocido la causal de ausencia de responsabilidad  de la legítima defensa.   

Y,    era    que   no   podía   cumplir   con   dicho  cometido,  puesto   que    se    si   revisa    la    sentencia    de   segunda   instancia,   en   especial  la  página   6,   se  advertirá   que  dicho  testimonio  sí   fue   relacionado   en   la   providencia   y que   luego     de     su    estudio    individual    y   mancomunado,    el    Tribunal   concluyó   que   los   hechos    ocurrieron,    de    acuerdo   con   la   teoría      del     caso     planteada     por     la   defensa.   

Por  último,  en  lo que atañe al error de  hecho  por  falso  raciocinio,  también se concluye que los censores desconocen  los  parámetros  de  lógica  y  debida fundamentación para demandar este  vicio en sede de casación.   

Recuérdese que cuando la censura se presenta  bajo  la anterior nomenclatura, al libelista le compete que señale cuál fue la  regla  de  la  lógica,  el  principio  de  la  ciencia  y/o  la  máxima  de la  experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue  y su incidencia con la parte  dispositiva de la sentencia.   

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  los  actores  acusan que el Tribunal violó los postulados de la regla de  la  experiencia  al valorar los testimonios  Duván Arley Morales Roldán y  Alejandro  Saa  Florez  y  el  video  en donde se registró la fiesta; del mismo  modo,  comentan que el fallador avasalló un principio de la ciencia al estudiar  el  protocolo  de  necropsia;  y,  por  último,  indican  que  al apreciarse la  versión  del  acusado  se  trasgredió  un  principio  de  la  lógica, pero el  discurso  argumentativo  de  los reparos no pone en evidencia que los postulados  que  informan  a  la sana crítica fueron trastocados y, menos, su trascendencia  con las conclusiones adoptadas en el fallo.   

Si  se  revisan  cada  una de las hipótesis  planteadas  como  fundamento  del  reparo,  se  concluirá que las mismas fueron  construidas  sobre  una  personal  forma  de apreciar los medios de convicción,  para  lo  cual  se  apoyaron en fragmentos de las pruebas, y no en su integridad  como  lo  hizo  el  juzgador,  arribando  a  la inferencia que el comportamiento  desplegado   por   el  acusado  no  se  estructura  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad de la legitima defensa.   

Es decir, ninguno de los argumentos llevan a  inferir  la  existencia  del denunciado error en la apreciación de la prueba y,  mucho menos, cómo el mismo incidió en la absolución del acusado.   

    

Ante esa falta de claridad y precisión en la  formulación   del   único   cargo,   se   impone   la   inadmisión   de   las  demandas.   

De  otro  lado,  vale  destacar  que  en las  consideraciones  del  Tribunal  no  se  infiere  que  se  haya  incurrido en los  denunciados  errores  en  la valoración de las pruebas, habida cuenta que luego  de  recopilar  y  analizar  toda la unidad probatoria que desfiló en el juicio,  concluyó  que  el  acusado actuó en legítima defensa de su vida. Textualmente  el     juzgador     de     segunda     instancia     hizo     las     siguientes  consideraciones:   

“En atención a  los  argumentos  expuestos  por los impugnantes el Tribunal debe dilucidar si el  señor  JUAN  GUILLERMO  RODRÍGUEZ  SÁNCHEZ  actuó en situación de legítima  defensa en desarrollo de los hechos investigados en este caso.   

“En  orden  a  cumplir   la   tarea   anunciada  sea  lo  primero  expresar  que  para  que  un  comportamiento  se  pueda  considerar  amparado  bajo  la  causal  de  legítima  defensa,  tiene  que  ocurrir  en situación en la cual concurran las siguientes  condiciones:  (i)  una  agresión  injusta,  actual  o  inminente, es decir, una  acción  antijurídica  e  intencional,  de  puesta  en  peligro  de algún bien  jurídico  protegido  por el legislador, que se haya iniciado o inequívocamente  vaya  a  comenzar;  (ii)  necesidad de la defensa, para impedir que la agresión  injusta  se materialice; (iii) proporcionalidad entre la agresión y la defensa;  y  (iv)  que  la  agresión  no  sea producto de una provocación intencional de  parte del procesado.   

“Se observa que  todas  las  pruebas  practicadas en el juicio oral convergen a demostrar que los  hechos  investigados  tuvieron  como  génesis  la  forma  sensual, insinuante y  picante  como  el  señor  JUAN GUILLERMO RODRÍGUEZ SÁNCHEZ bailó una bachata  con  la  señora  SANDRA  MILENA  LOAIZA ROMÁN conocida como LA PAISA, forma de  bailar  que  generó la incomodidad del señor ARTURO VARELA MARTÍNEZ, tío del  señor  OSVANI DOMÍNGUEZ VARELA a la sazón compañero permanente de la señora  SANDRA MILENA LOAIZA ROMÁN.   

“La molestia del  señor  ARTURO  VARELA  MARTÍNEZ  lo  impulsó  a  solicitarle  al  señor JUAN  GUILLERMO  RODRÍGUEZ  SÁNCHEZ  que  se  retirara  de  la fiesta, petición que  desencadenó  enfrentamiento  primero  verbal  y  luego  físico  entre  los dos  hombres  aludidos,  contienda  a  la  cual  se unieron de manera espontánea los  familiares  del señor ARTURO VARELA MARTÍNEZ y otros asistentes al baile de 15  años, quienes en grupo la emprendieron contra el acusado.   

“También  convergen  los testigos en declarar que ante la situación mencionada el acusado  procedió  a  retroceder  esgrimiendo  un  arma  de  fuego  que portaba, pero la  multitud  lo  siguió  en  actitud  amenazante  y  lo que era comprensible si en  cuenta  se  tiene  que momentos antes el acusado había golpeado en el rostro al  señor  ARTURO  VARELA  MARTÍNEZ precisamente en una fiesta donde aquél estaba  acompañado  por  sus  familiares,  entre  quienes  se contaban hijos, hermano y  sobrinos, entre otros.   

“Es entendible  que  el problema entre el acusado y el señor ARTURO VARELA MARTÍNEZ motivara a  los  parientes y amigos de este último a emprenderla contra el acusado, pero en  modo  alguno justificable, sobre todo cuando decidió retroceder en dirección a  la salida del lugar donde se desarrollaba la fiesta.   

“La  reacción  amenazante  de  los  familiares y amigos del señor ARTURO VARELA MARTÍNEZ para  con  el  acusado generó para éste un verdadero peligro de ser linchado, por la  cantidad de gente trasnochada y con licor en sus organismos.   

“El  acusado,  ante  ese  innegable  peligro,  usó  el arma de fuego que portaba, no contra el  grupo  de energúmenos que lo encimaba de manera agresiva, sino para disparar al  aire, en clara actitud de advertencia.   

“Ese   comportamiento    de  l  acusado,   o   sea   disparar   al   aire,  impide concluir que su intención era matar o causar lesiones a  quienes  lo  perseguían  e  increpaban,  sino, por el contrario, lograr que les  diera  temor  que  continuaran  tras  él,  que  desistieran de atacarlo, que lo  dejaran ir.   

“Pero, tal como  lo  declaró  el  menor  ALEJANDRO  SAA FLOREZ y se evidencia sin esfuerzo de lo  ocurrido,  esos  disparos  al  aire  en vez de producir el efecto buscado por el  acusado,  enardecieron  más  a los familiares y amigos del señor ARTURO VARELA  MARTÍNEZ,   pues  en  vez  de  detenerse  y  dejarlo  ir,  en  forma  temeraria  continuaron  tras  él,  encimándolo,  e  increpándolo; y en desarrollo de esa  peligrosa  actitud,  el  señor  OSVANI  DOMÍNGUEZ VARELA -quien momentos antes  había  visto  la  forma sensual e insinuante como el acusado había bailado con  su  compañera-  corriendo  y  sobrepasando  a  otros perseguidores, se dirigió  raudo  hacia  al acusado, lo alcanzó, forcejearon, el acusado accionó de nuevo  su arma de fuego, y OSVANI resultó mortalmente herido.   

“Respecto a ese  episodio   el  señor  ARTURO  VARELA  MARTÍNEZ  declaró  que  JUAN  GUILLERMO  RODRÍGUEZ  SÁNCHEZ  lo  golpeó  en el rostro y luego sacó un arma de fuego y  comenzó  a retroceder; que la gente y él comenzaron a seguirlo y a decirle que  se  fuera,  entonces  JUAN  GUILLERMO  RODRÍGUEZ  hizo  dos disparos al aire, y  OSVANI  quiso  quitarle  el  arma de fuego y forcejeó con él, y en ese ajetreo  resultó herido.   

“El  señor  HERNANDO  JAVIER  GARCÍA SERRANO declaró que el acusado después de golpear al  señor   ARTURO   VARELA  sacó  un  arma  de  fuego  y  comenzó  a  irse  pero  retrocediendo  de  espalda; que la gente procedió a seguirlo gritándole que se  retirara;  que  el acusado cruzó un puente y volteó a mirarlos nuevamente; que  la  gente  también  cruzó el puente, y entonces el acusado levantó el arma de  fuego  e  hizo dos tiros al aire; que en ese momento notó que OSVANI DOMÍNGUEZ  VARELA  pasó por su lado corriendo en dirección al acusado, lo mismo que mucha  gente,  entonces  sonaron otras dos detonaciones, y escuchó que OSVANI dijo que  le habían pegado un tiro.   

“El  señor  CRISTIAN  CAMILO  BUENO  LIBREROS  también declaró que vio cuando las personas  que  estaban  en  la  fiesta procedieron a seguir al acusado, que éste hizo dos  tiros  al  aire,  y  que  OSVANI  DOMÍNGUEZ  VARELA  fue herido cuando intentó  neutralizarlo.   

“Se   debe  destacar  que  de toda la cantidad de personas que acosaron al acusado, las tres  que  resultaron  heridas  eran  parientes  del  señor  ARTURO VARELA MARTÍNEZ,  persona  esta que momentos antes de la persecución discutió y fue golpeado por  el acusado.   

“El   parentesco  existente  entre los heridos y la persona que dio lugar al origen de  la  refriega  indica  que quienes resultaron heridos fueron los más interesados  en  atacar  y  agredir  al  acusado  como  forma  de  vindicta, interés que los  convirtió  en  líderes  de  la  persecución  y  del ataque en masa, y que los  llevó  a  tomar  la  iniciativa de agredir a una persona que portaba un arma de  fuego,  y  que  tenía  pleno derecho a proteger su vida y su integridad física  amenazada por una multitud exacerbada y fuera de control.   

“Para   el  Tribunal,  el  acusado  disparó  no por el deseo de matar o lesionar a personas  inocentes,  sino  por  temor  a  que  lo  lincharan; prueba de que ese temor era  fundado,  es  que  la  multitud lo persiguió más de cincuenta y un metros -tal  como  lo  revela  el  dibujo del lugar de los hechos realizado por la topógrafa  del  C.T.I.  MARÍA  CRISTINA  MAÑOZCA  CAMACHO-  y que después de acorralarlo  contra  un alambrado, cuando ya estaba a pocos metros de la salida, lo golpearon  de  manera  salvaje  con  elementos  contundentes  y cortopunzantes, causándole  múltiples   heridas   en  todo  su  cuerpo,  incluso  con  pérdida  de  piezas  dentales.   

“El  ataque de  una  muchedumbre  es  de  gravedad  extrema,  pues  el  agredido pasa a estar en  condición  de  inferioridad  y  luego  en  franca  indefensión,  y  cuando  es  alcanzado   por   la   multitud,   sólo   situaciones   extraordinarias  logran  salvarlo.   

“La agresión de  una  muchedumbre  es temible, porque sus integrantes actúan con mayor seguridad  por  la  fortaleza que brinda el conjunto; los que atacan se sienten respaldados  y  protegidos  por  los  otros,  lo  que  los  hace  más  impulsivos, emotivos,  agresivos  y  temerarios.  Por todo ello no se puede aceptar que usar un arma de  fuego  para evitar ser linchado por una multitud energúmena, molesta y bajo los  efectos  del  licor  constituya comportamiento desproporcionado, menos cuando la  muchedumbre  no  cesa  su intención agresiva ante disparos disuasivos, sino que  arrecia e incrementa su propósito violento y avasallador.   

“El hecho de que  el  acusado  huyera  más de cincuenta y un metros en dirección a la salida del  predio  donde  se  desarrollaba  la  fiesta,  y  que  en  todo ese recorrido los  familiares  y amigos del señor ARTURO VARELA MARTÍNEZ lo encimaran con actitud  amenazante,  belicosa y agresiva, permite concluir que los disparos que realizó  tenían  como  única  finalidad  evitar  que  lo  linchara un grupo de personas  enardecidas,  molestas  con él y bajo los efectos de bebidas embriagantes, pero  en   modo   alguno   que   deseara   matar  o  lesionar  a  persona  alguna  sin  justificación”.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la medida en que contra la decisión de  inadmitir  las  demandas  de  casación  presentadas  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, la Sala ha definido  las   reglas   que   habrán   de   seguirse  para  su  aplicación,2    como  sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es    potestativo   del    Magistrado    disidente,    del   que   no   intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula   la   insistencia,   optar  por  someter   el   asunto   a  consideración  de la Sala o no presentarlo  para  su  revisión,  evento último en que informará  de  ello   al   peticionario  en  un  plazo  de  quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  las  demandas  de casación presentadas por el apoderado de las víctimas y la Fiscal  134     Seccional,    por    las    razones    expuestas    en    la    anterior  motivación.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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