32823(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.° 32823  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 353  

Bogotá, D. C., once (11) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

V I S T O S  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda   de   casación   dentro  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación,    presentada    a    nombre    del    procesado   Carlos  Julio  Barrera  Acevedo  contra la  sentencia  del  3 de julio de 2009, por medio de la cual el Tribunal Superior de  Bogotá  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  con  funciones de conocimiento de la misma ciudad, el 29 de abril  del  mismo  año; y lo condenó a las penas principales de 29 años y 2 meses de  prisión  y  multa  equivalente  a  3.000  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el   término  de  10  años, como coautor de la  conducta punible de secuestro extorsivo.   

A N T E C E D E N T E S  

Los  hechos  fueron  sintetizados  por  el  Tribunal de la siguiente manera:   

“Según   la  Fiscalía,  hacia las 10:10 p.m. del  20 de junio de 2008, sobre la carrera  8  con  calle  156  de esta ciudad (Bogotá), dos hombres provistos con armas de  fuego  abordaron  el vehículo Chevrolet  Corsa de placas BIH 445, del cual  es  propietario  HENRY  CHAPARRO CHAPARRO y que era conducido por aquél, con la  intención de despojarle del automotor y sus pertenencias.   

“Luego   de  amenazarle  de muerte si no accedía a sus pretensiones, y pasarle al asiento de  atrás  del  vehículo, los atacantes obligaron a la víctima a darles el dinero  que  llevaba,  así como su tarjeta bancaria y la clave para acceder a la misma.  Tras   haber   permanecido   retenido   en   el  automotor  durante  45  minutos  aproximadamente,  el  señor  CHAPARRO  fue  abandonado  en  un  paraje para él  desconocido;  pero logró ubicar una tienda desde donde pudo comunicarse con las  autoridades y poner en su conocimiento los hechos.   

“Minutos  después,  agentes  de  la  Policía  Nacional capturaron a JUAN CARLOS ALVARADO  BALLÉN  y CARLOS JULIO BARRERA ACEVEDO, mientras se movilizaban en el vehículo  que    había    sido   arrebatado   a   HENRY   CHAPARRO   CHAPARRO”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía,  el  17  de  julio  de  2008, presentó escrito de acusación contra Carlos  Julio Barrera Acevedo y Juan Carlos  Alvarado Ballén por el delito de secuestro extorsivo.   

2.  Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral y anunciado el sentido del fallo, el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado con funciones de conocimiento de Bogotá, el 29 de abril  de  2009,  dictó  fallo  de primera instancia en la que condenó a Carlos  Julio  Barrera  Acevedo  y  a Juan  Carlos  Alvarado  Ballén  a  las  penas  principales  de  29 años y 2 meses de  prisión  y  multa  equivalente  a  3.000  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el término de 10 años, como coautores de la conducta  punible de secuestro extorsivo.   

3. Apelado el fallo por la defensa técnica y  la  fiscalía,  el  Tribunal Superior de Bogotá, al desatar el recurso, el 3 de  julio de 2009, lo confirmó.   

Contra la anterior decisión, el defensor de  Barrera Acevedo interpuso recurso de casación.   

LA       DEMANDA       DE  CASACIÓN   

El  defensor, al amparo de la causal primera  de  casación,  según  lo  previsto  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  formula un único cargo contra la sentencia, así:   

Único cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la  ley  sustancial por aplicación indebida de la norma escogida para  solucionar el caso, esto es, la de secuestro extorsivo.   

Comenta que su defendido aceptó el cargo de  hurto  calificado  agravado y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones,  pero  no  el de secuestro extorsivo, toda vez que su intención era  la de despojar a la víctima del automotor y sus pertenencias.   

Manifiesta  que el artículo 169 del Código  Penal  contempla  la  conducta de secuestro extorsivo, norma que contiene varios  ingredientes,  a  saber: exigir por su libertad un provecho o cualquier utilidad  para   que  haga  u  omita  algo  o  con  fines  publicitarios  o  de  carácter  político.   

Asevera que ninguno de ellos es predicable en  este  asunto,  en  tanto  la  víctima  fue  despojada  de  su  vehículo  y sus  pertenencias  sin  que  se le haya hecho una exigencia para su liberación, como  lo afirma el Tribunal.   

Agrega  que  de los hechos probados se puede  concluir  que el agredido fue retenido, pero que dicha privación de la libertad  no  se  hizo  con  el propósito de exigir por su liberación un provecho o para  que hiciera u omitiera algo.   

Reconoce  que  la  exigencia  de  la  clave  “fue  una  petición  para  poder  tener  acceso al dinero que representaba la tarjeta débito que tenía la  víctima  en  su  billetera, pero, no fue una exigencia para su liberación, tal  como   está  probado  en  el  proceso”.   

Acota que los juzgadores de instancia dieron  por  demostrado  que  la retención de la víctima y la exigencia de la clave de  su  tarjeta  débito  estructuraban  la conducta punible de secuestro extorsivo.  Sin  embargo,  advierte que ese nexo causal es inexistente, máxime cuando no se  indica    ninguno    de    los    elementos   que   estructura   esta   conducta  punible.   

Destaca   que   el   hecho   de   exigirse  violentamente  la  clave  de  la  tarjeta  a  la  víctima  tenía  como  fin el  apoderamiento del dinero.   

Agrega  que  los precedente judiciales a que  hace  referencia  el  Tribunal  son fácticamente distintos a los hechos por los  cuales  fue  condenado  su defendido, puesto que la finalidad de éste era la de  apoderarse  ilegalmente  de las pertenencias de la víctima; empero, el juzgador  presumió  un  nexo  causal  inexistente  para  atribuir  el delito de secuestro  extorsivo.   

Acota  que  el  recurso busca la efectividad  “del  principio  de   favorabilidad,  legalidad y debido proceso a favor de los procesados”.   

Por   lo   expuesto,   pide   a  la  Corte  casar  la sentencia impugnada  y, consecuentemente, absolver a su defendido.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En  el  nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé  el  artículo  235  de la Carta y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y, por supuesto, demostrar la necesidad de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,    según    lo    previsto    en    el    artículo   180   de   esa  normatividad.   

Es   decir,  la  efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que, como lo tiene dicho la Sala, son los mismos del proceso penal,  lo  que  explica  que  las  causales  de  casación tengan un diseño dirigido a  lograr esos fines.   

De   ahí   que   se   concluya  que   “el   recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues ésta debe determinarse por la manifiesta configuración de uno o  varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento    de    la    decisión   impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales,  la  coherencia  de los cargos que a su  amparo  pretenda   aducir,   y  la  debida  fundamentación fáctica y  jurídica  de  éstos, además de la necesidad de acreditar cómo con su estudio  se   cumplirán   uno   o  varios  de  los  fines  de  la  casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.   Aclarado lo anterior procederá la  Corte  ha  verificar  los  presupuestos  de lógica y debida fundamentación del  único cargo formulado en la demanda de casación, así:   

Recuérdese que cuando la censura se postula  por  la  vía  de  la  infracción directa de la ley sustancial, el casacionista  está  aceptando  que  los  hechos  y las pruebas declaradas como probadas en el  fallo  fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la  cual  el  debate  se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

Así,  la  labor  de  demostración  de  la  trascendencia  del  vicio deberá estar sustentada en evidenciar que el juzgador  seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto, que omitió  otra  que  sí  resolvía los extremos de la relación jurídico procesal o, que  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se  deriva del texto de la ley.   

De  acuerdo  con lo anteriormente expuesto y  respecto  al  único cargo, la  Sala  advierte que del discurso plasmado por el libelista se evidencia  una  simple  disparidad  de  criterios  frente  a  los  argumentos  exhibidos  en  la  sentencia impugnada.   

En   efecto,   según  los  planteamientos  expuestos  por el demandante se colige que la censura no respetó los anteriores  presupuestos,  habida  cuenta  que pretende oponerse a la conclusión probatoria  deducida  en  el  fallo consistente en que los procesados cometieron la conducta  punible  de  secuestro  extorsivo,  en  la  medida  en  que,  en su criterio, la  exigencia  de  la  clave  de  la  tarjeta  débito  tenía  como  fin apoderarse  ilícitamente de los dineros de la víctima.   

Según   como   está   conformada   la  argumentación  de  la  censura  el  casacionista  se  aparta  de la conclusión  probatoria  del  juzgador  referida  a  que  la  privación de la libertad de la  víctima   tenía   como   finalidad   “movilizarlo  durante  ese  lapso  por varios sectores de la ciudad y  exigirle,  bajo  amenaza de muerte, el suministró de la clave correspondiente a  la  tarjeta  débito  que  portaba  consigo  y  de  la cual también había sido  despojado”.   

En tales condiciones, surge evidente que el  libelista   no   aceptó  los  hechos  y  las  pruebas  tal  como  fueron plasmadas en la sentencia impugnada,  dado  que para él en la actividad probatoria desplegada en el juicio oral no se  demostró  la  exigencia de la conducta punible de secuestro extorsivo, dado que  la    retención    de    la    víctima    fue    para    despojarlo   de   sus  pertenencias.   

Así,   las   hipótesis   argumentativas  presentadas  por  el  censor no llevan a la Sala a inferir en qué consistió el  error  del  juzgador,  toda  vez  que el reproche está construido en excluir de  todo  compromiso  penal  a  los  procesados  respecto  de la conducta punible de  secuestro  extorsivo,  basado  en  argumentos  personalísimos  que  no llevan a  colegir    el    yerro    de   selección   normativa   que   se   atribuye   al  Tribunal.   

De otro lado, atinadamente para el juzgador  de   segunda   instancia   fue   claro   que  el  señor  Chaparro  “fue  víctima  de  una  afrenta  a  su  dignidad,  puesto  fue relegado al nivel de cosa. Nada más puede decirse de una  persona  que  es obligada a colocarse en posición fetal en la parte trasera del  vehículo  de  su  propiedad  y  a  permanecer allí amenazado de muerte por sus  agresores  hasta tanto suministrara la información por aquellos requerida, para  esta  Corporación,  no  cabe  duda  en  cuanto  a que conductas de esta índole  trascienden  los  bienes  jurídicos  del  patrimonio  económico y la seguridad  pública     y     involucran    lesiones    al    bien    jurídico    libertad  individual”.   

Como  quiera  que  la  alegada  infracción  directa  de  la  ley  sustancial  no  se  postuló,  respetando  los  anteriores  presupuestos  de  lógica  y debida fundamentación, se impone la inadmisión de  la demanda.    

Resta    señalar    que   no   se   observa   que   con  ocasión  del   fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  violaron los derechos o las  garantías   del   procesado   Carlos  Julio  Barrera  Acevedo,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  sentenciado  Carlos    Julio    Barrera    Acevedo   procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentadas   por   el   defensor   de   Carlos Julio Barrera Acevedo.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

        LICENCIA NO REMUNERADA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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