32649(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32649  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                     

Aprobado acta N° 353.  

Bogotá, D. C., once (11) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Examina la Corte los presupuestos de adecuada  y  lógica  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el  defensor  de  ADELA  CUENCA,  MARLÉN  VIVIANA  VARGAS  CUENCA   y   CÉSAR  IVÁN  ARELLANO  contra  la sentencia del 9 de junio de 2009,  mediante  la  cual el Tribunal Superior de Neiva confirmó la proferida el 26 de  marzo  anterior  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de la  misma  sede,  que  condenó  a  los  mencionados  procesados,  a la primera como  responsable  del delito de fabricación, tráfico o porte de estupefacientes, en  concurso  con el de destinación ilícita de muebles e inmuebles, mientras a los  dos restantes únicamente por el primero de esos punibles.   

HECHOS  

Los  sentenciadores  de instancia declararon  probados los siguientes:   

Información  recaudada  por  miembros de la  SIJIN  de  la  Policía  Nacional  advirtió  acerca  de  un  grupo  de personas  dedicadas  a la venta de estupefacientes en la residencia situada en la calle 28  No.  4  A  56, Barrio las Delicias de Neiva. Labores de seguimiento y vigilancia  realizadas  por  orden  de la Fiscalía permitieron confirmar esa información y  determinar  que quienes efectuaban esa actividad eran, entre otros, ADELA   CUENCA,   MARLÉN  VIVIANA  VARGAS  CUENCA  y  CÉSAR  IVÁN  ARELLANO. Por esa razón, con autorización de un juez  de  control  de  garantías, el 22 de mayo de 2008 se libró orden de captura en  contra     de     los     aludidos,     la     cual     se     hizo     efectiva  oportunamente.      

ACTUACION PROCESAL  

1.  El  2  de  abril  de  2008  se  realizó  audiencia  preliminar  en  la  cual el Juez Cuarto Penal Municipal de Neiva, con  funciones  de  control  de  garantías,  legalizó  la  orden  de  seguimiento y  vigilancia dispuesta por la Fiscalía 19 Seccional de esa ciudad.   

2.  El  5 de mayo siguiente el mismo Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal accedió, en audiencia preliminar, a la solicitud de la  Fiscalía  de  librar  orden  de captura en contra, entre otros, de ADELA   CUENCA,   MARLÉN   VIVIANA   VARGAS   CUENCA   y CÉSAR IVÁN ARELLANO.   

3. A instancias también de la Fiscalía, el  22  de  mayo del citado año el despacho judicial en mención realizó audiencia  preliminar  concentrada, en cuyo desarrollo legalizó la orden de allanamiento y  registro  dispuesta  por  el  propio  ente  investigador, así como las capturas  materializadas   en  las  personas  de  ADELA  CUENCA,  MARLÉN   VIVIANA   VARGAS   CUENCA   y  CÉSAR IVÁN ARELLANO.   

En  el  curso  de  la  misma  diligencia, la  Fiscalía  formuló imputación en contra de los prenombrados por los delitos de  concierto   para  delinquir,  destinación  ilícita  de  mueble  e  inmueble  y  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes. A continuación, por razón  de  las  referidas  conductas  delictivas,  el juez de control de garantías los  afectó con medida de aseguramiento de detención preventiva.   

4.   Oportunamente,  la  Fiscalía  Cuarta  Especializada  de  Neiva  presentó  escrito  de  acusación contra ADELA   CUENCA,   MARLÉN   VIVIANA   VARGAS   CUENCA   y   CÉSAR  IVÁN  ARELLANO,  atribuyéndoles   los   delitos   de   concierto   para   delinquir,  destinación  ilícita  de mueble e inmueble y tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes   

5.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez  Primero Penal del Circuito Especializado de la mencionada  ciudad,  funcionario  que realizó la audiencia de formulación de acusación en  dos  sesiones,  efectuadas  el  25  de  julio  y  el  24  de  octubre  de  2008.   

5. El Juez celebró la audiencia preparatoria  el  28  de diciembre siguiente e instaló el juicio oral el 11 de marzo de 2009,  fecha  en  la  que  además  lo  concluyó anunciando el sentido del fallo de la  siguiente  manera:  condenatorio  para  los  tres  acusados  en relación con el  delito  de  fabricación, tráfico o porte de estupefacientes y, adicionalmente,  para  ADELA  CUENCA  respecto  del  punible  de  destinación  ilícita  de  muebles e inmuebles, y absolutorio  frente a las demás conductas delictivas.   

La  lectura  de  la sentencia ocurrió en la  audiencia  que realizó el 26 de marzo de 2009, habiendo impuesto a ADELA  CUENCA  las penas principales de 137  meses  de  prisión  y  multa  en cuantía de 1.336,33 salarios mínimos legales  mensuales,  mientras  a  MARLÉN VIVIANA VARGAS CUENCA  y   CÉSAR  IVÁN  ARELLANO  las  sanciones  principales  de 73 meses de prisión y  multa  en  cuantía  de  2,66  salarios mínimos legales mensuales. Los condenó  además  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el lapso determinado a cada uno para la pena privativa  de la libertad.   

En  el  curso de la audiencia de lectura, el  juez  concedió el recurso de apelación interpuesto tanto por la Fiscalía como  por  defensa contra el fallo de primer grado, por cuya vía el Tribunal Superior  de  Neiva  lo  confirmó  mediante  la decisión objeto del recurso de casación  promovido por el último de los sujetos procesales en mención.   

LA DEMANDA  

          El  impugnante  formula  dos cargos contra el fallo del Tribunal, el  primero  con  fundamento en la causal segunda de casación de la Ley 906 de 2004  y  el  segundo  con  apoyo  en la causal tercera de la misma disposición legal.   

          En    el    primer   cargo   aduce  la  violación  del debido proceso por el desconocimiento del  artículo  346  del  Código  de Procedimiento Penal, por cuanto la Fiscalía no  enunció  ni  en  el escrito de acusación ni en la audiencia de formulación de  la  misma  los  videos  obrantes  en  CD  y  las fotografías contentivos de los  seguimientos  y  vigilancia  autorizados  por  el juez de control de garantías,  pese  a  lo  cual  en el curso de la audiencia preparatoria el delegado de dicho  organismo  solicitó  tener  como  prueba  los  referidos elementos probatorios,  solicitud  aceptada  por  el  juez  de  conocimiento,  rompiendo de esa forma el  esquema  adversarial y la igualdad de armas y desatendiendo las sentencias C-591  y   C-1194  de  2005,  pues  tales  evidencias  sirvieron  para  fundamentar  la  imputación, la medida de aseguramiento y el escrito de acusación.   

          Señala  el  libelista  que  aun  cuando en el curso de la audiencia  preparatoria  la  defensa  contestó  afirmativamente la pregunta del juez en el  sentido  de  si  el descubrimiento había sido total, tal respuesta obedeció al  principio   de   la  buena  fe,  al  entender  que  la  Fiscalía  había  hecho  “entrega  del  informe de  investigador  de  campo de prueba preliminar PIPH y el experticio técnico de la  sustancia       del       Instituto      de      Medicina      Legal”,   aun   cuando   sin   contener  la  respectiva  fijación, acorde con lo ordenado en el inciso 2º del artículo 213  de  la Ley 906 de 2004. Según  el  censor,  esa  evidencia en realidad correspondía a otra actuación. Por esa  razón  y por la falta de fijación, añade, solicitó su exclusión y la de los  elementos probatorios derivados de ella.   

          Sostuvo,  de  otra parte, que el juez afectó los derechos al debido  proceso,  defensa  y  contradicción de los acusados, pues admitió la decisión  de  la  Fiscalía de renunciar a la práctica de algunos testimonios, pese a que  la  defensa  los  había  solicitado en la audiencia preparatoria, aun cuando su  recaudo  se negó porque ya habían sido decretados a instancia del delegado del  ente acusador.   

         

          Solicitó  de  esa forma casar la sentencia para decretar la nulidad  del juicio.   

          En    el   segundo   cargo   denuncia  la  violación  indirecta  de la ley sustancial. Al efecto  predica  el desconocimiento de los principios rectores de legalidad y actuación  procesal  previstos  en  los  artículos  6º  y  10  de  la  Ley  906  de 2004,  “en   cuanto  el  valor  probatorio  dado  a  los  medios de prueba incorporados como son los CD donde se  indica  el  trabajo  de  vigilancia  y  seguimiento a los acusados, (sic)   el  errático  reconocimiento  de  Pacífico  Andrade,  Ulpiano  Perdomo  y  Édisson  Ramírez,  las  (sic)  personas aquí acusadas dentro de la  audiencia  del  juicio  oral y público”.   

En su criterio, en dichos reconocimientos se  inaplicaron  los artículos 252 y 254 ibídem, lo cual condujo a la vulneración  del  debido  proceso  y  derecho de defensa de los procesados, por cuanto en ese  caso  constituía  deber  legal  del juez de conocimiento acudir a la exclusión  prevista  en  el  artículo  346  del  estatuto  procesal  en  cita.   Considera   errónea  la  postura  del  Tribunal   conforme   a   la   cual   “como  no  se  recurrieron  estas  irregularidades  la defensa estaba  saneando    los    mentados    yerros”.   

          Según  el  actor,  el  juzgador  incurrió  en  error  de  hecho al  modificar   la  “realidad  factual”,     pues  “el   medio  de  prueba  militante  en los testimonios destacan las abundantes suposiciones, que hicieron  los  funcionarios  de  Policía  Judicial,  que  realizaron  los  seguimientos y  vigilancias  a  los  hoy  acusados  (sic) al   inmueble   donde   se   encontraba   ADELA   CUENCA”.  Estima que  el  juez  con base en los videos incorporados al juicio concluyó, más allá de  toda  duda,  acerca  de  la  presencia  de varias personas adquiriendo sustancia  estupefaciente  en  el  inmueble,  sin  advertir  que en las escenas editadas no  aparecen  los  entrevistados  Pacífico Andrade Moreno,  Édisson    Ruíz    Ramírez    y    Ulpiano    Gómez   Perdomo   realizando dicha actividad.   

         

          En     su    criterio,    los    referidos    yerros    “lesionan  la  inferencia  lógica  del  medio  probatorio  al  suponer  la  presencia  de  estos (sic) y por contera los  principios  de  la  sana  crítica,  cayendo  la  inferencia  lógica y el hecho  indicado”.   

          Tras  citar  sentencia  de  la  Corte Constitucionales en la cual se  señala  que  el  juez  penal  no  es  un  mero árbitro regulador de las formas  procesales,  sino  un  guardián  del  respeto de los derechos fundamentales del  procesado,  concluye  que  si el juez de segunda instancia hubiese observado las  violaciones  al  debido  proceso advertidas en el presente caso, no habría dado  validez  a  las  evidencias y material probatorio con las cuales se sustentó la  sentencia condenatoria.   

          Considera,  de  otra  parte, que el fallador rompió el principio de  congruencia,  pues  derivó  circunstancias de mayor punibilidad no contempladas  en la acusación.   

          Por  lo  anterior,  solicitó  casar  la  sentencia  y, en su lugar,  dictar fallo absolutorio.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

         

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada argumentación, cuyo fin  es  permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y precisión conceptual del  libelo,  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador,  causante  de  la violación de la Constitución o la ley o la afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

          En  el  caso objeto de examen, advierte la Sala que el demandante no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

          En  efecto, en el primer cargo plantea  la  existencia de nulidad por violación al debido proceso,  aduciendo  que  el juez admitió como prueba los videos en CD y las fotografías  contentivos  de  las  diligencias  de seguimiento y vigilancia, sin que hubiesen  sido  descubiertos  previamente  por  la  Fiscalía.  Al  sustentar el reproche,  empero,  el  demandante  no  se limita a fundamentar la mencionada irregularidad  sino  que  refiere,  además,  otro  tipo de anomalías que no se enmarcan en el  ataque  anunciado  en  la censura, desconociendo en forma palmar el principio de  autonomía,   conforme   al   cual   el  motivo  de  casación  denunciado  debe  corresponderse con su desarrollo.     

          Es  así  como  controvierte  también  el  hecho de no excluirse el  “informe  de investigador  de  campo de prueba preliminar PIPH y el experticio técnico de la sustancia del  Instituto    de    Medicina    Legal”,  por  cuanto  esa  evidencia  no  corresponde al presente proceso,  amén  de  no  haberse  fijado  conforme  a  los  términos  del  inciso 2º del  artículo 213 de la Ley 906 de 2004.   

          De  igual  manera,  señala  que  el  a quo  debió,  de  todas  maneras,  practicar  las  pruebas  testimoniales  a  cuyo  recaudo renunció la Fiscalía, pues la defensa también  las  solicitó  en la audiencia preparatoria, aun cuando se le negaron por haber  sido decretadas a instancia del delegado del ente acusador.   

          Pero  el  cargo  exhibe  otras falencias de fundamentación, como la  equivocada  vía  seleccionada por el actor para quebrar el fallo con fundamento  en  las  dos  anomalías  primeramente  referidas en la censura. Ciertamente, la  decisión  del  juez  de  admitir  pruebas  que  no  satisfacen los presupuestos  legales  atinentes  a  su  producción no conduce a la nulidad de la actuación,  sino  solamente  a  la  exclusión  de  esos elementos probatorios. Por ello, el  sendero   correcto   para   cuestionar  una  determinación  de  esa  naturaleza  corresponde  a  la  violación  indirecta  de la ley por error de derecho, en la  modalidad del falso juicio de legalidad.    

          Recuérdese  que  esa  clase del error de derecho se presenta cuando  el  fallador  asigna  validez  a  un  medio  de  prueba,  a  pesar  de que en su  producción  y aducción se desconocen las reglas establecidas en la ley para el  efecto,  y  también  cuando  el  juzgador  deja  de apreciar algún elemento de  convicción,  por  considerar  erróneamente  que en su recaudo se desatendieron  dichas  reglas.  Para  su  demostración,  al  actor  le corresponde identificar  claramente  la  prueba  indebidamente  apreciada,  señalar las normas medio que  regulan  su  formación,  acreditar  que  la  prueba  fue  excluida debiendo ser  apreciada   o   que  fue  apreciada  debiendo  ser  excluida,  y  demostrar  las  implicaciones del error en las conclusiones probatorias.   

          Tal  carga  argumentativa  el  libelista no la cumplió a cabalidad,  pues   se   limitó   a  afirmar  la  existencia  del  yerro,  sin  explicar  la  trascendencia  del  mismo,  es  decir,  omitió  acreditar  que  tales elementos  probatorios  resultaron fundamentales en la edificación del fallo condenatorio,  al punto que sin ellos esa decisión decaería.   

          Más  aún,  se  observa  que el argumento según el cual el informe  relacionado  con  la  prueba  preliminar y el experticio técnico rendido por el  Instituto  de  Medicina  Legal  corresponden  a  otro  expediente,  se  erige en  afirmación  distanciada  de  la  realidad  procesal,  pues  lo ocurrido fue una  simple  equivocación  en  la  rotulación  del  número de radicación, como lo  analizó el Tribunal según se aprecia a continuación:   

          “El  yerro en que incurrió el personal  de  policía  judicial al momento de consignar el Número Único de Radicación,  no  afecta  en  proporción  alguna  las muestras recepcionadas, pues existe una  unidad  de  identificación  a lo largo del proceso de análisis de la sustancia  que   no   dejan   margen   a   error   sobre   el   origen   de  los  elementos  incautados…”1.   

          Ahora  bien,  en  cuanto a la irregularidad edificada a partir de la  omisión  del  juez de recepcionar los testimonios a cuya práctica renunció la  Fiscalía,  advierte  la  Sala  que  el  cuestionamiento adolece de una adecuada  sustentación,  pues  el censor no explica por qué no impugnó en su momento la  decisión  del  funcionario  judicial  de  negarle  el  decreto de esas pruebas,  propiciando  con  su  inactividad  la  imposibilidad  posterior  de recaudar las  mismas  a instancias suyas, es decir, se abstuvo de ofrecer razones orientadas a  demostrar  que  no  dio  lugar  a  la convalidación del aducido acto irregular,  principio  de derecho procesal aplicable también a las actuaciones seguidas con  base    en    la   Ley   906   de   2004,   conforme   lo   tiene   dicho   esta  Corporación2.    

          Los  defectos  de fundamentación advertidos en precedencia conducen  a la inadmisión del cargo, y así lo decidirá la Sala.   

          El  demandante  tampoco  confecciona  en forma lógica y adecuada el  segundo  cargo.  Aun  cuando  denuncia  la  violación indirecta de la ley, no atina a precisar el sentido del  error  bajo  el  cual  orienta  la  censura. Empieza, en efecto, cuestionando el  valor   probatorio   asignado  a  los  CD  contentivos  de  los  seguimientos  y  vigilancia,   así   como   los  reconocimientos  efectuados  por  los  testigos  Pacífico   Andrade,   Ulpiano   Perdomo  y  Édisson  Ramírez  en  el  curso del juicio oral, señalando en  forma  expresa que en el caso de dichos señalamientos el juez debió aplicar la  figura de la exclusión.   

          Pareciera,  entonces,  que  su intención es denunciar la existencia  de  un  error de derecho por falso juicio de legalidad. Sin embargo, esa inicial  percepción  se desvanece cuando a renglón seguido atribuye al juez incurrir en  un  error  de  hecho, por modificar la “realidad       factual”.  Esta  afirmación, de todas maneras, se acompaña de un argumento  confuso  del  cual  pareciera  extractarse  su  propósito  por  fundamentar  la  existencia  de  un  falso juicio de identidad, especie del error de hecho que se  presenta  cuando  el  fallador,  al apreciar la prueba, distorsiona su contenido  fáctico  para  hacerle  decir  lo  que  ella  no expresa, en cuanto la cercena,  adiciona o translitera.   

                

          Lo  anterior  porque  cuestiona al juez por concluir, con fundamento  en  los videos incorporados al juicio, acerca de la presencia de varias personas  adquiriendo  sustancia  estupefaciente en el inmueble, pese a que dichas pruebas  no revelan esa circunstancia, según el actor.   

          La  incertidumbre  sobre la naturaleza del error invocado se agudiza  cuando  inmediatamente  después  el  casacionista  aduce  que  los yerros a los  cuales      hace      alusión     “lesionan  la  inferencia  lógica del medio probatorio al suponer la  presencia  de  estos  (sic)  y  por  contera los principios de la sana crítica,  cayendo    la    inferencia    lógica    y    el   hecho   indicado”.  Con  esta  argumentación  termina  deslizando  el discurso hacia los terrenos del error de  hecho  por  falso raciocinio, pues su estructuración ocurre cuando el juzgador,  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  desconoce  los  principios  de  la sana  crítica.    

          Los  desaciertos  de  redacción  del actor son de tal magnitud, que  finalizando  la  sustentación  del cargo resulta incluyendo un ataque marginado  por  completo de la causal seleccionada. Se trata de la argumentación según la  cual   el  juzgador  quebrantó  el  principio  de  congruencia  cuando  derivó  circunstancias  de  mayor  punibilidad no contempladas en la acusación. Con tal  proceder  no  sólo  desatiende el principio de autonomía de las causales, sino  el  principio  lógico de no contradicción, pues de esa forma acepta la condena  impuesta  a  los  procesados,  cuando  con  la  violación  indirecta denunciada  pretende la revocatoria de la misma.   

          En  fin,  en  el  segundo  cargo  el demandante se dedica a formular  indiscriminados  cuestionamientos  al  sentenciador,  sin precisar la naturaleza  del  yerro  atribuido  a  éste  y,  lo  que es más relevante, sin sustentar su  incidencia  en  el  sentido  del  fallo  atacado  e,  incluso, desconociendo los  fundamentos  de  esa  decisión, pues no es cierto que el juzgador haya deducido  circunstancias  de  mayor  punibilidad  no  contempladas  en  la  resolución de  acusación.   

Lo  expuesto  es suficiente para que la Sala  opte  por  inadmitir  la  demanda  objeto  de examen, máxime la no presencia de  circunstancias  vulnerantes  de  garantías  fundamentales, que impongan superar  los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación3   

, como sigue:  

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor de ADELA CUENCA, MARLÉN  VIVIANA     VARGAS     CUENCA     y    CÉSAR  IVÁN  ARELLANO,  por  las razones  expuestas en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

         Licencia  no  remunerada                                

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE  LEMOS                

                                                                               

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                                                              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

     

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria     

1 Pág.  14 del fallo del Tribunal.   

2 Cfr.  Sentencia del 18 de marzo de 2009, radicación 30710.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.   

    

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