32619(09-12-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 32619  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  382  

Bogotá  D.C., nueve (9) de diciembre de dos  mil nueve (2009).   

V I S T O S  

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor  del  procesado  JOSE EDIVER CHÍA RUIZ, en contra del fallo de segundo  grado proferido por el Tribunal Superior de Cúcuta.     

H E C H O S  

Los funcionarios judiciales de instancia los  relataron de la siguiente manera:   

“La foliatura da  cuenta  que  el  día  21  de enero del año en curso (1994), a eso de las 10:35  a.m.,  el  Subteniente  Luis  Fernando  Rodríguez  Morales,  Comandante  de  la  Compañía   Furia   del   Batallón  García  Rovira  del  Ejército  Nacional,  acantonada  en  inmediaciones  del  perímetro  urbano  de  Chinácota (Norte de  Santander),  telefónicamente  fue informado por la señora Ruth Yaneth Bautista  Calderón,  que  dos  hombres  integrantes  de  las  autodefensas  que operan en  aquella  localidad,  vistiendo  uno  de ellos buzo rojo y gorra negra, y el otro  jean  con camisa a cuadros, irían a eso de las doce de ese día a cobrarle a su  hermana   la   popularmente  llamada  ‘vacuna’  que  venían  exigiéndole  a  los comerciantes de aquella ciudad, por lo que dispuso  inmediatamente  alistar  al personal de la base con el fin de retener a aquellos  individuos,  pero  al  salir, otra patrulla militar, al mando del DG. Jorge Luis  Jiménez  que  cumplía  funciones  de  control  y  vigilancia  en el perímetro  urbano,  regresaba  al  centro  del  municipio  trayendo consigo a los presuntos  implicados  HENRY  OMAR  FORERO AYALA y JOSE EDIVER CHÍA RUIZ, quienes vestían  las  mismas  prendas  enunciadas,  a  quienes  mantuvieron retenidos en la base,  mientras  se  adelantaban las pesquisas sobre sus antecedentes, dando resultados  negativos,  sin  embargo  en ese mismo momento, el soldado Jairo Parada Suárez,  identifica  a  HENRY  OMAR  FORERO y lo señala de pertenecer a las autodefensas  ilegales,   aduciendo   que   lo   había   conocido   en   Cúcuta.”   

“Atendida  la  información  telefónica  y  el  señalamiento  efectuado  por  el  militar, se  dispuso  sacar patrullas que visitaran a los comerciantes de la región para que  indicaran  las  posibles  extorsiones  de que hubieren sido víctimas en aquella  fecha,  pero  la  gente  se  mostraba  atemorizada,  y  argumentaba que tanto la  Policía  Nacional  como  el  Fiscal que allí laboraban, eran cohonestadores de  ese grupo.”   

“Se   dispuso  entonces  reunir  a  la  población  en  la  plaza  o  parque  central,  a donde  concurrieron  cerca  de  trescientas  personas,  manifestando  éstos  que sólo  hablarían  cuando  se  organizara una reunión con todo el municipio y llevaran  otros  fiscales  para  colocar  las  denuncias,  sin  embargo,  uno de los allí  presentes,   Don   Luis   Guillermo   Rubio   Cruz,   se   levantó  y  señaló  particularmente  a  Henry  Omar  Forero  Ayala,  a  quien identificó como alias  ‘Vallenato’,  persona  encargada  de  cobrar  las  exigencias  económicas  a  los  comerciantes,  actividad  en la que aquél día  estaba acompañado de CHÍA RUIZ.”   

“”Estando allí  concurrieron  dos  hermanos del primero, según se informa, para enterarse de lo  ocurrido  con  Henry Omar, esto motivó a que la comunidad reunida los señalara  ante  los  militares,  como  que estas personas, al igual que alias ‘Vallenato’,  eran  miembros  de las autodefensas  que  delinquían  en  la  población,  procediendo  el  comandante a retenerlos,  siendo  identificados  como  Pedro  José  Forero Ayala y Pedro Orlando Zúñiga  Ayala,  seguidamente  fueron  dejados  a  disposición  de  la Fiscalía Segunda  Especializada”  .   

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los hechos anteriormente referidos, el  Fiscal  Sexto  Especializado de Cúcuta, a través de decisión del 19   de   julio   de   2004,  acusó  a HENRY OMAR y DIRIMO JOSÉ FORERO  AYALA,  JOSE  EDIVER CHÍA RUIZ y PEDRO ORLANDO ZÚÑIGA AYALA por las conductas  punibles  de  concierto  para  organizar,  promover,  armar  o  financiar grupos  armados  al  margen  de  la ley (inciso 2º del artículo 340 del Código Penal,  modificado   por   los   artículos  8º  de  la  Ley  733  de  20021   

,   agravado  para  los  dos  primeros  de  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  342),  en  concurso con el de  extorsión  (artículo  244  del mismo Estatuto, modificado por el artículo 5º  de       la      Ley      733      de      20022),         “en  perjuicio  de  distintos ciudadanos  del     municipio    de    Chinácota”.    

Contra  la  anterior decisión interpusieron  oportunamente  recurso  de  apelación  los defensores de todos los acusados; no  obstante,  al  no  sustentar el recurso o haberlo hecho de manera extemporánea,  aquél  fue  declarado  desierto,  a  través  de  resolución  del 12 de agosto de 2004.   

2.  La etapa de la causa fue adelantada  por  la  Juez  Primera  Especializada  de  Cúcuta,  la  cual,  en decisión del  3 de enero de 2007 condenó a  HENRY  OMAR  FORERO AYALA y JOSE EDIVER CHÍA RUIZ como autores de las conductas  punibles  a  cada  uno  de  ellos  imputadas  fáctica  y  jurídicamente  en la  resolución  de  acusación, así: a FORERO AYALA, a las penas principales de 19  años  de  prisión  y  multa  equivalente  a  2133,33 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  a  CHÍA  RUIZ  a  18  años  de  prisión y multa de 1800  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, y a ambos a la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al de la pena privativa de la libertad, al tiempo que les negó  el  subrogado  de  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión domiciliaria.   

Los  procesados  DIRIMO JOSÉ FORERO AYALA y  PEDRO  ORLANDO ZÚÑIGA AYALA fueron absueltos de las conductas punibles por las  cuales fueron acusados.   

3.   La   decisión   del   a-quo  fue impugnada personalmente por los  procesados  HENRY  OMAR FORERO AYALA y JOSE EDIVER CHÍA RUIZ, como también por  el  apoderado  del  último  de  los  mencionados.   Así,  en sentencia de  segundo  grado  del 18 de diciembre de 2008,  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  le  impartió confirmación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor del procesado JOSE EDIVER CHÍA  RUIZ  plantea  un cargo principal y dos subsidiarios, de la siguiente manera: el  primero   –principal-  por  vía  de  la  nulidad, el cual hace consistir en irregularidades alrededor de la  captura  de  los  procesados;  a  través del segundo, subsidiario del anterior,  pregona  igualmente  la  nulidad  por  razón  de  la deficiente motivación del  fallo;  el  tercero  lo  enfoca  como  incongruencia  entre  la  acusación y la  sentencia.  Sus planteamientos se resumen enseguida:   

Cargo  principal:  nulidad por violación al  debido  proceso,  originada  en  irregularidades  en  torno  a la captura de los  procesados.   

En  los  términos  de  la causal tercera de  casación  que  describe  el  artículo  207  del  Código  Penal, el recurrente  sostiene  que  la  sentencia  fue  emitida  en  un juicio viciado de nulidad por  desconocimiento  del  debido  proceso.  Estima violados los artículos 1º,  3º, 6º, 9º  15, 312, 315 y 318  de la Ley 600 de 2000.   

Reprocha  que  el  vicio  se  originó en la  actuación  de  los miembros del Ejército Nacional que realizaron la captura de  los  procesados, pues para ello ejercieron funciones de policía judicial que no  tenían,  las  cuales debió ejercer el ente especializado de la fiscalía de la  localidad,   más   aún   porque   aquellos   no   se  hallaban  en  estado  de  flagrancia.    

Fue así que, tras exponer a los ilegalmente  aprehendidos  ante  la  comunidad,  sin  existir  justificación  alguna para su  retención,  la  actuación de los militares violó su dignidad humana, lo cual,  a  la  vez,  hizo  surgir nula la diligencia de indagatoria y, de allí, todo el  trámite procesal, incluido el juicio.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  el  demandante  pide  a  la  Sala  que  case  la sentencia y, en  consecuencia,  declare  la nulidad de la actuación surtida a partir del acta de  indagatoria  y  hasta  la  etapa  de  la  causa, con el fin de que se reponga la  actuación invalidada.   

Primer   cargo  subsidiario:  nulidad  por  deficiente motivación del fallo.   

Al amparo de la causal de casación invocada  en  el  cargo anterior, el libelista aduce que el fallo fue dictado en un juicio  viciado  de  nulidad  por  desconocimiento  del  debido  proceso y al derecho de  defensa,  conforme  los  numerales  2  y  3  del  artículo  306  del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000.   Cita  como normas violadas los artículos  1º, 6º, 9º, 13, 170 y 238 del mismo estatuto.   

Explica,  en  apoyo de su inconformidad, que  las  decisiones  de  instancia  no están debidamente motivadas, en la medida en  que    “no   se   nota  ponderación  o  valoración  probatoria,  no  se nota que se diga la calidad de  medio  de  prueba,  confesión, testimonio creíble, documento, etc. que sirvió  al  juzgado  y/o  al  Tribunal,  la  responsabilidad  punitiva  del  acusado que  defiendo.   No se conoce en estos instantes el criterio judicial para poder  controvertirlo,    por    lo    menos    en    sede   de   casación” (sic).    

Señala  que el fallo recurrido se ocupa, en  su  mayoría,  de la absolución de algunos de los procesados y de la condena de  FORERO  AYALA,  “pero [es]  muy  precario  respecto  del  señalamiento  de  los  medios  probatorios  y del  análisis  crítico,  sobre la supuesta responsabilidad penal de mi hoy asistido  CHÍA   RUIZ”.   Tras  citar   las   apreciaciones   del   a-quo,  las  cuales  califica de deficientes, critica que la decisión se  hubiera  limitado  a  citar algunas referencias fácticas respecto del procesado  FORERO AYALA y las hubiera extendido a su acompañante CHÍA RUIZ.   

Con  apoyo  en  lo  anterior,  el demandante  solicita  a  la  Corte que case la sentencia impugnada y, en consecuencia, anule  la  decisión  del  Tribunal,  con el fin de que se motive de manera suficiente,  adecuada   y   ponderada,   en   lo   referente   a   la   responsabilidad   del  procesado.   

Segundo  cargo  subsidiario:  incongruencia  entre la acusación y el fallo.   

El demandante acude a la causal de casación  prevista  en el numeral 2 del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, con el fin de  denunciar  que  la  sentencia  no  guarda  consonancia  con  la  resolución  de  acusación.    

Así, asegura que JOSE EDIVER CHÍA RUIZ fue  condenado     por     los     comportamientos     punibles    de    concierto   para  organizar,  promover,  armar  o  financiar  grupos  armados   al   margen   de   la   ley  y  extorsión,  este  último,  a  su vez, en  concurso  homogéneo,  sin  que  la resolución de acusación hiciera mención a  dicha modalidad de concurrencia de conductas.   

Considera  trascendente  el  yerro referido,  toda  vez  que  gracias a éste el procesado CHÍA RUIZ fue condenado a una pena  injusta e ilegal, por no corresponder a los cargos formulados.   

Requiere  a  la  Sala para que case el fallo  recurrido  y,  por  lo  tanto,  emita  el  de reemplazo que deberá descartar el  incremento  punitivo  de  tres  años  que  se  impuso  por  razón del concurso  homogéneo de conductas punibles de extorsión.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  El recurso  de  casación,  como  lo  tiene  dicho  la Sala, no es una tercera instancia del  proceso  penal  ni  un  escenario  encaminado  a  desaprobar  de cualquier   manera    la    apreciación    de    la   prueba   que   hace   el   juzgador,  como   tampoco  para  poner  de  relieve cualquier clase de vicio en el trámite procesal.   

El  mecanismo extraordinario de impugnación  está  limitado a los posibles errores ostensibles y trascendentes que se pueden  cometer  en  el  proceso,  y  ellos  se  encuentran  sintetizados en los motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para el presente caso los previstos en los  numerales  2º  y  3º  del  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de  2000, estatuto al cual se sujetó la demanda.   

El  casacionista no debe perder de vista que  la  lógica  del proceso se refleja en las causales legales que permiten acceder  al  medio  de  impugnación  extraordinario,  y  que los deberes de una correcta  postulación  y  debida  fundamentación  encuentran su razón de ser en que, de  una  parte,  la sentencia llega a esta sede extraordinaria amparada por la doble  presunción  de  acierto y legalidad y, por la otra, el recurso es de naturaleza  rogada,  razón  por  la cual es exigible al demandante un mínimo de claridad y  coherencia   en   la   presentación   del   caso  ante  la  Corporación.    

Esta última exigencia, lejos de obedecer al  capricho  del  legislador  o a la inflexibilidad de la jurisprudencia, encuentra  razón  de  ser  en  que,  como  ya  se ha dicho, la sentencia llega a esta sede  amparada  en  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  por manera que  solamente  un discurso apegado a la lógica, a la debida fundamentación y, más  importante  aún,  que  enseñe  de  manera  fehaciente el perjuicio irrogado al  sujeto   procesal  recurrente,  es  el  mecanismo  idóneo  para  derruir  dicha  presunción.    

Los  anteriores  presupuestos  explican  la  exigencia  legal  de claridad y precisión en la enunciación de la causal, así  como  en  la  postulación  y desarrollo de los cargos, tal como lo establece el  numeral 3º del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

2.   Ahora  bien, la vía de ataque que  selecciona  el  libelista  para  enfocar  el primer cargo principal y el primero  subsidiario   –ambos  de  nulidad-,  le  permite  a  la  Corte  recordar  que  las  exigencias de debida y  suficiente   fundamentación   son  igualmente  exigibles  al  razonamiento  que  pretende  denunciar  un vicio de esa naturaleza, como de antaño lo ha fijado su  jurisprudencia,  no  obstante  que,  en  tratándose de ese particular motivo de  casación, las reglas admitan una cierta flexibilidad:   

“La postulación  de  vicios  de  nulidad  en  sede de casación no escapa al cumplimiento de unas  exigencias  básicas  que  permitan  a  la  Corte  abordar el estudio técnico y  jurídico  de  un  fallo  o  de una actuación, según el caso, con un margen de  movilidad  relativo,  de  manera  que  la  rigidez  formal  no haga nugatoria la  posibilidad  de reajustar la estructura del proceso o la actividad de los jueces  a  la  legalidad  sin  que  este medio extraordinario de impugnación pierda sus  características   esenciales   y   principalmente   su   finalidad.”   

“Dentro de ese  contexto,  la  proposición  de nulidades en esta sede no escapa al cumplimiento  de  los requisitos que orientan no sólo la impugnación extraordinaria, sino el  instituto  mismo, de modo que en relación con la causal tercera el casacionista  no  está  relevado de su observancia como quiera que este recurso no es en modo  alguno  de  libre  postulación  ni  permite  una amplitud como para que la Sala  entre  a  suplir  las deficiencias argumentativas o a corregir los desatinos del  libelo.”   

“Es así como el  demandante  en  una  propuesta  de  nulidad  debe  identificar la actuación que  contiene  la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales  o  aquella  que  transgreda  las  bases  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  precisando  el  momento  a  partir  del  cual  se  hace  necesario  retrotraer  lo  actuado  para  que  sea  posible  restablecer  la  legalidad del  proceso.  Además,  le  corresponde determinar cuál es la trascendencia directa  que  el  yerro  de actividad refleja en el fallo y por qué, de no haber mediado  el  mismo  el desarrollo de la actuación sería otro y por consiguiente otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada    solo   puede   remediarse   por   el   remedio   extremo   de   la  nulidad.”3   

3.  Vistos  los  presupuestos  reseñados  de  cara    al    desarrollo    de    los    cargos   de  nulidad que plantea el demandante, la Sala adelanta su  posición   en   el   sentido   de   que  aquellos  no  cumplen  los presupuestos que permiten su admisión en  esta sede extraordinaria.    

Es  así  que,  mientras  el  primer  cargo, a través del cual el censor  pide  la  invalidez de lo actuado como consecuencia de irregularidades alrededor  de  la  aprehensión  de  los  procesados, carece de toda trascendencia para los  efectos  de  esta  sede  extraordinaria.   Por  su  parte,  el segundo   cargo  de  nulidad  –o  primero  subsidiario-,  por  cuanto  desconoce   la  realidad  procesal,  no  demuestra  la  materialidad  del  vicio  pregonado  y,  por  lo  tanto, asimismo carece de trascendencia.  Es por lo  anterior que la Corte los inadmitirá.   

4.   En   lo   referente  al  primer  cargo,  es necesario recordar que,  como   la   Corporación   lo   tiene   dicho   de   tiempo   atrás4,    las  actuaciones  ilegales  en  torno  a  la  privación  de  la  libertad  no tienen  injerencia  en  el debido proceso. Es por ello que no es procedente discutir, en  sede  extraordinaria de casación, las irregularidades que, según el libelista,  se  suscitaron  con  ocasión del procedimiento efectuado por la fuerza pública  para  aprehender  a  los  investigados, toda vez que los vicios de esa clase son  subsanables  en  su  momento,  a  través  de  los mecanismos constitucionales y  legales   que   ofrece  el  proceso,  tales  como  la  acción  de  habeas  corpus,  la  legalización  de  la  captura  o  la orden de libertad, sin excluir las vías penales y disciplinarias  encaminadas a reprimir tales desafueros.   

La postura de la Sala encuentra su razón de  ser  precisamente  en  el  fundamento  del  instituto  de  las  nulidades; así,  recuérdese  que  la  nulidad, o declaración de invalidez total o parcial de la  actuación  procesal  surtida,  ha  de  recaer  sobre  las  actos  que,  por  su  naturaleza,  son  esenciales  para  la  estructura  del proceso o, dicho de otra  manera,  resultan  imprescindibles  para  que  el  proceso  pueda  avanzar hacia  estadios  superiores,  cuando  en  su  conformación  ha recaído un defecto que  impide que cumpla con su función.    

De  esta  naturaleza  es  la  resolución de  apertura  de  formal  investigación,  el  acto  de  vinculación  del  imputado  –la   indagatoria  o  la  declaración  de persona ausente-, la resolución de situación jurídica cuando  fuere  obligatoria,  las  resoluciones de cierre y calificatoria del mérito del  sumario.    En   la   etapa  del  juicio  lo  es,  entonces,  la  audiencia  preparatoria,  la  audiencia pública del juicio y, naturalmente, las decisiones  que ponen fin a las instancias.   

Todas  estas  actuaciones  tienen en común,  como   ya   se  precisó,  que  su  agotamiento  en  debida  forma  –lo  cual  incluye el cumplimiento de la  función  para  la  que están naturalmente concebidas- es indispensable para el  avance  del  trámite procesal, es así que, por vía de ejemplo, la resolución  de   calificación   del   mérito   del  sumario   es   presupuesto  esencial  de  la etapa de la causa y, a la  vez,  aquella  solamente puede emitirse válidamente si ha sido precedida por la  vinculación del sindicado y el cierre de investigación.   

De lo anterior surge nítido que no todas las  actuaciones  que  se  plasman en el decurso procesal, aunque bien pueden padecer  de  irregularidades, no por esto son susceptibles de ser corregidas a través de  la   declaración   de  nulidad.   De  esta  clase  son  algunas  gestiones  procesales  como  la  práctica probatoria y aquellas que enmarcan la privación  de  la  libertad  del individuo, pues su debido cumplimiento no es indispensable  para  emitir  las  decisiones más importantes del proceso, lo cual no significa  que  los defectos que padezcan no sean relevantes o no admitan corrección; pero  –insiste      la  Corporación-   ésta  no  tendrá  lugar  a  través  del  mecanismo de la  nulidad sino de otros medios que resultan efectivos.   

Así,  se  dirá  que  la prueba ilegalmente  practicada   será   excluida  en  el  momento  oportuno  y  los  vicios  en  la  aprehensión  de  las  personas corregidos a través de los mecanismos legales y  constitucionales  antes  reseñados.  Pero ni de la práctica probatoria ni  de  la  aprehensión  física  cabe predicar una nulidad si llegaren a sufrir de  algún  vicio, pues no hacen parte de aquellos actos que conforman la estructura  esencial del proceso.   

En  conclusión,  resulta  ostensible  la  intrascendencia    del  razonamiento    con    el   que   el   demandante   sustenta   el   primer  cargo  de  nulidad, pues olvida que  las  circunstancias denunciadas no configuran el motivo de casación alegado, en  la   medida   en   que  no  son  idóneas  para  desestabilizar  los  contenidos  sustanciales  de  imputación fáctica atribuida en la resolución de acusación  o     en     los     fallos     de     instancia5.   

5.   En   lo  referente  al  segundo  cargo, subsidiario del anterior y  orientado  también  por  la  vía  de  la nulidad, a través del cual el censor  reprocha  la  indebida  motivación  de  la  sentencia,  la  Corporación estima  necesario  insistir  en las exigencias que ha fijado su jurisprudencia cuando se  alega en esta sede extraordinaria un yerro de esa naturaleza:   

“[C]uando  se  plantea  en  sede  de  casación  nulidad  de  la  sentencia,  por  defectos  de  motivación,  no  basta  alegar  que la decisión, en su conjunto o en relación  con  un  determinado  aspecto,  adolece  de  este  vicio.  Resulta indispensable  demostrar  que  se  está  en presencia de una cualquiera de las situaciones que  dan  lugar  a  su configuración, a saber: 1) Que la decisión carece totalmente  de  motivación; 2) que la fundamentación que contiene es incompleta; 3) que es  dilógica  o  ambivalente y, 4) que se sustenta en supuestos fácticos aparentes  o   sofísticos    (Cfr.   Cas.   mayo   22/03.   Rad.   20756)”.   

“La  primera  hipótesis  se  presenta  cuando  el  funcionario  judicial  omite  precisar las  razones  de  orden  fáctico o jurídico que sustentan su decisión. La segunda,  cuando  el análisis que contiene de estos aspectos es deficiente, al extremo de  no   permitir   su   determinación.   La   tercera,  cuando  se  fundamenta  en  argumentaciones  contradictorias  o excluyentes que impiden conocer su verdadero  sentido,   y   la   cuarta   cuando   la   fundamentación   es  manifiestamente  especulativa.”  6   

Ponderados los derroteros anteriores frente  al  argumento  planteado por el casacionista, la Sala encuentra que éste cumple  con  identificar  la  modalidad  del  error de motivación.  No obstante lo  anterior,  la  censura no encuentra respaldo en la actuación procesal y, por lo  tanto, carece de trascendencia.   

En  efecto,  basta  la  revisión  de  la  decisión  del  ad-quem (pág.  11  a 13), la cual ha de entenderse integrada a la de primer grado, en la medida  en  que  la  confirma,  para  constatar  que  el  Tribunal  realizó una prolijo  análisis    de    las    pruebas    –testimoniales  en  su  mayoría-   sobre las cuales edificó el  juicio de responsabilidad del procesado JOSE EDIVER CHÍA RUIZ.   

Fue  así  que el Tribunal se apoyó en las  declaraciones  rendidas  por  los  militares  Fernando  Rodríguez  y Jorge Luis  Jiménez,  así  como  en  las  de  los  particulares Ruth Bautista, Luis Rubio,  Celina  Bautista,  Alexander Contreras y José Alfredo Pabón. De ellas apreció  que  le  merecían  crédito  respecto  de  la  existencia de dos individuos que  extorsionaban  a  los comerciantes de la localidad, los cuales no eran otros que  los  hoy  procesados  FORERO  AYALA  y  CHÍA  RUIZ,  pues así lo corroboró el  señalamiento  público  que  hiciera  el ciudadano Luis Rubio, como también la  descripción  que  de  la  vestimenta  de  cada  uno  de  ellos  hiciera  a  las  autoridades militares otro de los afectados.    

Más aún: el fallador de segundo grado, al  ocuparse  del  comportamiento  de  los  procesados  FORERO  y  CHÍA  dedujo que  correspondía  a  la  modalidad  extorsiva  utilizada  por  los  grupos  armados  ilegales.   Para  ello,  invocó  una  regla de experiencia, según la cual  “es    de    público  conocimiento  que  esta  es  la  modalidad  utilizada  por  las  AUC”,   deducción   que   aplicó   a  la  apreciación  del  testimonio  de  Rosalía  Calderón  de Bautista, con la cual  quiso  hacer  referencia  y darle alcance a la actitud vigilante del CHÍA RUIZ,  en  contraste  con la de FORERO AYALA, quien se encontraba en el interior de los  establecimientos  de  comercio  Cenabasto y  Siempreviva,  recibiendo   el   dinero    objeto    de   la  conducta  punible,  procedimiento   que,   para   el  juzgador,  correspondía  a  las  ‘labores  de  recaudo  de la cuota a los  comerciantes’.   

Así     mismo,    el    ad-quem,   al   responder   al  argumento  defensivo,  acudió  a  otra  regla de experiencia, a partir de la cual infirió  que  la  circunstancia de que a los aprehendidos no se les hubiese hallado en su  poder  un  sobre  con  el  dinero ilegalmente recibido no impedía desestimar su  participación en la conducta punible.   

Fue  con  apoyo  en todo lo anterior que el  ad-quem  concluyó  en  que   

“son  claras  y  certeras  las  sindicaciones que los testigos realizaron a los procesados de ser  quienes,  a  nombre  de  las  autodefensas, cobraban dinero mensualmente bajo la  pretensión  de  protegerlos, señalando directamente a HNERY OMAR FORERO AYALA,  conocido    como    ‘El  Vallenato’ y a JOSE EDIVER  CHÍA   RUIZ,   como  ‘El  Evangélico’  de  ser los  responsables  de  dicha  actividad,  siendo  éstos quienes precisamente estaban  juntos  al  momento de ser capturados cuando salían de un supermercado y de los  cuales  una  de  las  testigos  les había informado al Ejército que acababa de  entregarles  su propia cuota, éstos procesados igualmente fueron señalados por  los  militares  captores,  quienes  procedieron  toda  vez  que la comunidad los  señalaba  de  ser  miembros de las AUC y que ese día, como en muchas ocasiones  anteriores,        estaban        cobrando        las        vacunas…”   

Así plasmada, en síntesis, la apreciación  probatoria  contenida  en  la decisión demandada, surge nítido que la falencia  que  alega  el  casacionista  no  existe, toda vez que las consideraciones   probatorias  sobre  la  responsabilidad  del procesado JOSE EDIVER CHÍA RUIZ se  ofrecen  claras,  no  solamente  a  través del análisis de la abundante prueba  testimonial,  sino de su apreciación a través de precisas y explícitas reglas  de la sana crítica.   

En   consecuencia,  el  razonamiento  que  sustenta   el   cargo   es  intrascendente,  motivo  por  el  cual  –como ya se anunció- será inadmitido.   

5. Por último, los razonamientos sobre los  que   se   sustenta   el  último  cargo  –segundo  subsidiario-,  a  través  del  cual  el  libelista  reprocha  que el fallo no fue congruente con la acusación,  también   desconocen   la   realidad  procesal  y,  por  lo  mismo,  se  tornan  intrascendentes.    

Recuérdese  que el recurrente reprocha que  la  sentencia  del  juez  condenó  a  JOSE  EDIVER CHÍA RUIZ por las conductas  punibles  de  concierto para delinquir y el concurso homogéneo de las conductas  punibles    de    extorsión,    mientras   que   la   acusación   –afirma-  por  parte  alguna  imputó el  delito de extorsión en concurso homogéneo.   

Pues bien, basta revisar el contenido de las  aludidas   piezas   procesales   para   constatar   que   la  censura  no  tiene  fundamento.    

En  efecto,  la  resolución  de acusación  precisa  que  la  imputación  se  funda en un concurso  heterogéneo  que  se  integra,  en un extremo, por la  conducta     punible     de     concierto     para  delinquir  (artículo  340,  inciso  2º  del  Código  Penal)     y,     en    el    otro,    por    el    delito    de    extorsión  (artículo  244),   este  último,  a  su vez, en concurso homogéneo,      es      decir,      varias      extorsiones,     “en  perjuicio  de  distintos ciudadanos  del     Municipio    de    Chinácota”, como lo detalla en su parte resolutiva.    

Véase  de  qué  manera  lo  expresa  la  decisión  de  cargos:  “del  acervo    probatorio    se    acredita    la    existencia    del   concurso   de   punibles  de  extorsión,  ejecutada  en concurso con el de concierto  para  organizar,  promover,  armar  o  financiar grupos armados al  margen       de       la       ley…”    (subraya   la   Corte   en   esta  ocasión).    De   lo   anterior  se  infiere  con  suma  claridad  que  la  resolución,   al  involucrar  dos  conductas  punibles  de  diferente  especie,  claramente  hace referencia a un concurso heterogéneo, pero también que imputa  la extorsión en la modalidad de concurso homogéneo.   

Por lo tanto, en ningún exceso incurrió el  a-quo cuando, al elaborar el  ejercicio    de    dosificación    de   la   pena,   adujo   que   “el  delito  de  extorsión  concurre en  concurso  homogéneo”,  lo  cual  le  permitió incrementar la pena privativa de la libertad correspondiente  al  delito  base  en  3  años,  conforme  lo  autorizan  las  reglas  sobre  la  punibilidad en los casos de concurso de comportamientos punibles.   

En           conclusión,    los    argumentos    que  desarrollan  el  segundo cargo subsidiario,  orientado  por  vía de la incongruencia entre la acusación y la  sentencia,   por   no  encontrar  asidero  en  la  realidad  procesal,  resultan  intrascendentes  para los fines de esta sede extraordinaria, motivo por el cual,  al      igual      que     los     dos     restantes,     será     inadmitido.   

6. Para terminar,  se  advierte  que del estudio del proceso no se vislumbra violación de derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales que amerite el ejercicio  de  la  facultad  oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a la Corte  para asegurar su protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el apoderado del procesado JOSE EDIVER  CHÍA RUIZ.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                         SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                        MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS        

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                     JORGE                       LUIS                      QUINTERO  MILANÉS             

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS                                                   JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1     ARTICULO   340.   CONCIERTO   PARA   DELINQUIR.Modificado  por  el  artículo  8  de  la  Ley 733 de 2002, sin el  incremento  punitivo de la Ley 890 de 2004 ni la modificación de la Ley 1121 de  2006:   “Cuando  varias  personas  se  concierten  con el fin de cometer delitos, cada una de ellas será  penada,   por   esa  sola  conducta,  con  prisión  de  tres  (3)  a  seis  (6)  años”.   

“Cuando  el  concierto  sea  para  cometer  delitos  de  genocidio,  desaparición forzada de  personas,  tortura,  desplazamiento  forzado, homicidio, terrorismo, tráfico de  drogas   tóxicas,   estupefacientes   o  sustancias  sicotrópicas,  secuestro,  secuestro  extorsivo,  extorsión, enriquecimiento ilícito, lavado de activos o  testaferrato  y  conexos,  o  para organizar, promover, armar o financiar grupos  armados  al  margen de la ley, la pena será de prisión de seis (6) a doce (12)  años  y  multa  de  dos  mil  (2000) hasta veinte mil (20000) salarios mínimos  legales mensuales vigentes”   

2  “ARTÍCULO    244.  Extorsión.  El que constriña a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con  el  propósito  de  obtener  provecho  ilícito  o cualquier utilidad ilícita o  beneficio  ilícito,  para sí o para un tercero, incurrirá en prisión de doce  (12)  a  dieciséis  (16)  años  y  multa de seiscientos (600) a mil doscientos  (1.200)     salarios    mínimos    legales    mensuales    vigentes.”   

3  Sentencia de 18 de noviembre de 2004, radicación No.  21850   

4  Sentencia  de  casación  de  11  de  julio  de 2002,  radicación: 12447   

5  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia de17 e septiembre de 2008, radicación No. 26055.   

6  Sentencia  de  11  de  julio de 2007, radicación No.  24040     

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