32591(30-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32591  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta  N°  314   

Bogotá,    D.    C.,    treinta (30) de septiembre de dos mil nueve (2009).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte resuelve la recusación formulada  por   el   defensor  del  procesado  ERWIN  ALEJANDRO  MONSALVE   CARMONA   contra   el  Magistrado  doctor  Carlos     Héctor    Tamayo    Medina,  integrante  de  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior  de  Bogotá  que  debe  conocer  del  recurso  de  apelación interpuesto por la  defensa contra la sentencia condenatoria de primera instancia.   

SÍNTESIS  DE   LA  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Observados  los  discos  compactos  en  los  cuales  se  hallan  registradas  las  actuaciones  surtidas  en  las respectivas  audiencias  públicas  y  leídos  los documentos incorporados al expediente, se  conoce lo siguiente:   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primer grado en los siguientes términos:   

“El 23 de marzo  de  2008,  sobre  las 12:45 meridiano, en la Avenida Boyacá con calle 39 sur de  esta  ciudad  (Bogotá), con  armas  de  fuego fue asesinado el ciudadano Luis Enrique Bueno Salazar, quien se  desplazaba  en un vehículo acompañado de su familia, suceso en el que resultó  herida   su   señora   esposa,   Francy   Juliana  Rojas  González.   

“Por  información  suministrada por personas que presenciaron los hechos, los autores  se  movilizaban en una camioneta identificada con las placas BNE 265 la cual fue  retenida  a  la  altura de la Avenida 127 con carrera 13, bajo la conducción de  ERWIN    ALEJANDRO   MONSALVE   CARMONA,  a quien se le encontró en su poder una pistola calibre 9 mm con  2  proveedores  para la misma y un carné falso que lo identificaba como soldado  del Ejército Nacional”.   

2.  Después  de  realizadas  las respectivas audiencias preliminares  y   de   presentarse   el   correspondiente  escrito  de  acusación,  ante  el  Juzgado Dieciocho Penal del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Bogotá, el  9    de    junio    de  2008,    se  llevó a cabo la audiencia de formulación de acusación, en la  cual    la    Fiscalía  Sesenta y Ocho Seccional  de  la  citada  ciudad acusó  a   Erwin  Alejandro  Monsalve     Carmona    como    coautor     de  los    delitos  de homicidio agravado, homicidio agravado en grado de  tentativa   y   falsedad   material   de  documento  público  agravado  por  el  uso.   

3.   El 9 de  julio    siguiente    se   realizó   la   audiencia  preparatoria.   

4.    El    juicio    oral   se   inició   el   25   de   agosto   de   dicho  año,  acto  que, luego de que las  partes     presentaran     su     teoría    del    caso,    fue    suspendido  a  solicitud    de    la   Fiscalía   por   cuanto   que   no   habían concurrido algunos testigos, petición  a   la   que   no   se   opuso   la   defensa   por  considerar  que  era  importante el interrogatorio de  tales declarantes.   

El   12   de   diciembre   7de   2008   prosiguió   el   juicio,  diligencia    en    la    cual    el    defensor    del   acusado   solicitó  la  nulidad  de la actuación  por  considerar  vulnerado  el  principio  de  concentración, propio del debido  proceso,  en  la  medida en que la conocida suspensión no podía ser superior a  dos    horas,   petición   que   fue   negada  por el  mencionado  juzgado.    

5.   Apelada la anterior decisión por  el  defensor  del procesado, la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,    integrada    por    el    Magistrado   Carlos  Héctor Tamayo Medina, el  6   de   marzo   de  2009,  la  confirmó  al  considerar  que  la  suspensión  del juicio en los términos  conocidos  no  vulneró  el debido proceso ni el derecho de defensa.1   

6.  Resuelto lo anterior y culminado el  juicio,  el  Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de Bogotá, mediante sentencia  del  8  de  julio  de 2009, condenó a Erwin Alejandro  Monsalve  Carmona  a la pena principal de 41 años de  prisión  y  a  la accesoria de rigor, como coautor de  los  delitos  de  homicidio agravado, homicidio agravado en grado de tentativa y  falsedad   material  de  documento  público  agravado  por  el  uso,  fallo  contra  el  cual  la  defensa  interpuso  el  recurso  de  apelación.2   

7.  El asunto correspondió nuevamente  a  la  misma Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá, integrada  por   el  Magistrado  doctor  Carlos  Héctor  Tamayo  Medina, funcionario a quien el defensor del procesado  le dirigió un escrito indicándole lo siguiente:   

“…me permito  solicitarle  se  sirva  DECLARAR QUE EXISTE CAUSAL DE  IMPEDIMENTO   para  que  Su  Señoría  conozca  del  trámite  de  apelación  de  la sentencia de primera instancia proferida dentro  del  presente asunto, en razón de que se configuran las causales consagradas en  los  numerales  seis y trece del artículo 56 del Código de Procedimiento Penal  (Ley  906  de  2004)”.3   

Frente  a  dicho  escrito,  mediante  auto  fechado  el 11 de agosto de 2009, el Magistrado Tamayo  Medina precisó:   

“A propósito de  la  solicitud precedente del defensor, el suscrito Magistrado ha de advertir que  la  declaratoria  de  impedimento  procede  por iniciativa del funcionario, no a  petición  de  parte.  De  suerte  que si el defensor considera que aquí hay un  impedimento,    lo    que    debe    hacer    es    presentar    la   respectiva  recusación.   

“Con  todo, el  suscrito      no     encuentra     que     se     halla     impedido.   

“Por lo tanto,  se    abstiene    de    manifestarlo”.4   

Como  respuesta  a  lo  consignado  en  el  anterior auto, el defensor del acusado manifestó:   

“…  con todo  respeto  me  permito proponer RECUSACIÓN EN SU CONTRA  DE  SU  (sic)  POR EXISTIR  CAUSAL  DE  IMPEDIMENTO  que  impide que Su Señoría  conozca  del  trámite  de  apelación  de  la  sentencia  de  primera instancia  proferida  dentro del presente asunto. Los hechos y razones en que se funda esta  petición, son:   

“Si verificamos  la  actuación  surtida  en  el  expediente,  podemos constatar que Su   Señoría   ya   actuó  dentro  de  este  proceso  como  Magistrado  Ponente  y  emitió la providencia, que desató  otro  recurso  de alzada, y que denegó la solicitud de nulidad del proceso. Por  consiguiente  se  configuran  cabalmente  las  causales  sexta  y  decimotercera  consagradas  en  el  artículo 56 del Código de Procedimiento Penal”.5   

8.    Presentada   la   mencionada  recusación,  el  Magistrado Tamayo Medina,  el 3 de septiembre siguiente, dispuso el envió del expediente a  esta Corporación para lo de su cargo.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Dígase en primer término que, de  conformidad  con  los  artículos 57, 63 y 341 de la Ley 906 de 2004, la Sala de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia es la competente para resolver  de   plano   la   recusación   presentada  contra  el  Magistrado  Carlos  Héctor Tamayo Medina, integrante  de  la  Sala  de  Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá,  según  así   lo  ha  indicado  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación.6    

2.  De otra parte, la recusación y los  impedimentos,  institutos  fundados  en  una  misma  razón  jurídica, han sido  previstos  por el legislador con el fin de garantizar al conglomerado social que  el  funcionario  judicial  llamado a resolver el conflicto jurídico, es ajeno a  cualquier  interés  distinto  al  de  administrar  una  recta  justicia  y,  en  consecuencia,  que  su  imparcialidad  y  ponderación  no  están afectadas por  circunstancias ajenas al proceso.   

Además,  como  de  tiempo  atrás lo tiene  precisado  la  Corte,  la  recusación  y  la  declaratoria de impedimento, como  mecanismos   de   protección   de   la  imparcialidad   de   la   administración     de     justicia,     no     pueden   surtirse   de  forma   caprichosa,  sino  que  se   encuentran    sujetos    a    principios    como  el  de  la  taxatividad  de  sus causales, esto es, que excluye la analogía o la extensión  de  los  motivos  señalados  y,  por  lo  mismo,  surge  incuestionable  que la  manifestación  del  impedimento  es  un acto personal, voluntario, de carácter  oficioso  y  obligatorio  cuando se advierta la concurrencia de la causal, pero,  al   mismo  tiempo,  sujeto  al  cumplimiento  estricto  de  las  circunstancias  invocadas,  con el propósito de que no sea utilizado como un medio para negarse  en forma indebida a conocer de un determinado asunto.   

Así   mismo,   “la   proposición  de  las  recusaciones   debe   ceñirse expresamente a las causales establecidas por el legislador,  correspondiendo     al    proponente    realizar    un   examen    serio    y    objetivo    de   los   motivos   que  aduzca,   de  modo  tal que no se propicie con su solicitud trámites   inoportunos,     dilatorios    o    que    entorpezcan   la   buena   marcha   de la administración de justicia cuando se  advierte  carencia  alguna  de  sustento  objetivo en su formulación, pues a su  vez,  los  sujetos  procesales  tienen  deberes  para con ella, traducidos en la  lealtad  procesal,  el  trato  respetuoso  y  el  correcto uso de los derechos y  acciones que les otorga la ley.   

“La solicitud  mediante  la  cual  el  sujeto procesal pide al funcionario que se declare   impedido   debe  expresar,  entonces,  de  manera   clara   y  concreta  la causal que se invoca, las pruebas y los motivos que  aduzca  para  que  el  funcionario  se separe del conocimiento de un determinado  asunto.   

“Tales  exigencias  se  imponen al sujeto procesal con el propósito de que su solicitud  sea  seria, razonada, ponderada y fundada en hechos comprobables, para que no se  desvirtúe  la  finalidad  con la cual fue concebido dicho instituto”.7   

3.   Teniendo en cuenta los anteriores  lineamientos  y  frente  al  caso  que  ocupa  la atención de la Corte, se hace  indispensable hacer primero la siguiente precisión:   

Recuérdese que cuando de la recusación se  trata,  se  requiere que el funcionario recusado manifieste de manera sustentada  si  acepta o no la causal de impedimento invocada, antes de remitir el asunto al  inmediato  superior competente para su resolución, como así lo ha precisado la  jurisprudencia de la Sala:   

“Conviene  aclarar  que  en  tratándose de recusación, una vez formulada ésta por alguna  de  las  partes  con  base  en  los  motivos  expresamente señalados en la ley,  el  juez  o  los  magistrados,  deberán  manifestar  razonadamente  si aceptan o rechazan la causal argüida, pero el competente para  resolver  de  manera  definitiva acerca del acierto o no de la recusación es el  respectivo  superior, conforme quedó precisado en los  párrafos   anteriores”.   (Negrillas   ajenas  al  texto).       8   

Advierte  la  Corte  que  en  este  caso el  Magistrado  integrante  de  la  Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,     doctor     Carlos    Héctor    Tamayo  Medina,   no   se  pronunció  sobre  el  motivo  de  recusación  propuesto  por  el  defensor  del  procesado,  limitándose  en  un  principio  a  indicar  las  razones  por  las  cuales  no  era procedente que el  impugnante  invitara  al funcionario a declararse impedido, con el solo agregado  de  que  “con todo, el suscrito no encuentra que se  halle   impedido”,  para  posteriormente,  una  vez  presentada    la    recusación,    remitir    el    diligenciamiento   a   este  Corporación.   

Tal  omisión  impide  saber  cuál  es  el  criterio  en torno a la causal invocada y, a su vez, deja a la Corte sin mayores  elementos  de  juicio que contribuyan a la resolución del incidente, sobre todo  en   aquellos   eventos   en   que   surja  necesario  analizar  “aspectos   subjetivos  o  del  fuero  íntimo  del  recusado  (Vg.  enemistad  grave  o amistad íntima), como ocurre con la mayoría de la causales  contempladas     en     la     ley”.9   

Por  consiguiente,  teniendo  en cuenta las  circunstancias  indicadas,  lo  procedente  sería  devolver  las diligencias al  Tribunal  para  los  efectos ya señalados. Sin embargo, por economía procesal,  la  Corte  abordará  el  estudio  del  asunto  en la medida en que las causales  formuladas  por  el  memorialista  no  requieren  de  análisis  sobre  aspectos  subjetivos o personales del magistrado recusado.   

4.  El defensor del procesado invoca la  causal  de  recusación  prevista en el numeral 6° del artículo 56 del Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  906  de  2004), cuyo texto dice: “Que  el  funcionario haya dictado la providencia de cuya revisión  se   trata,   o   hubiere  participado  dentro  del  proceso…” (Se resaltó).   

Con  el objeto de acreditar la materialidad  de  dicha  causal, alega el peticionario que el magistrado recusado participó   dentro   del   proceso  al  desatar,  en  etapa  procesal anterior, el recurso de apelación en contra de la  decisión  del juez de conocimiento, a través de la cual negó la nulidad de la  actuación  por  violación  del  debido  proceso,  recurso  que fue resuelto de  manera desfavorable a los intereses del procesado.   

Sobre el mencionado motivo de recusación la  jurisprudencia  de  la Sala ha sido insistente en precisar que, en principio, el  pronunciamiento  emitido dentro del mismo proceso no es idóneo para comprometer  el   criterio   y   la   imparcialidad   del  funcionario  judicial,10 a no ser que  a  través  de  aquél  hubiese  anticipado  conceptos  (juicios de valor) sobre  aquellos  aspectos  puntuales  que  luego  le  corresponde  decidir.11     

En  otros  términos, no se trata de que el  primer   pronunciamiento   que   en   ejercicio  de  sus  funciones  emitió  la  Corporación  de  instancia, automáticamente le genere impedimento para conocer  más   adelante  del  mismo  proceso,  como  fallador  de  segundo  grado.    

Al respecto la jurisprudencia de la Corte ha  dicho:   

“Similar  argumentación  cabe  exponer  frente  a la participación dentro del proceso de  que  trata  la  causal 6ª, máxime que en su respecto no puede desligarse de la  hipótesis  alusiva  a  la  actividad  o  intervención  del  funcionario que se  declara  impedido  en  el  proferimiento de la decisión que se pretenda revisar  obviamente  en  instancia diferente, pues es obvio que no se refiere a cualquier  participación  como  parece entenderlo equivocadamente el funcionario que ahora  pretende  separarse  del  conocimiento  del asunto, sino de aquella que habiendo  tenido  alguna  incidencia  en la decisión ésta sea objeto de revisión, luego  no  se  trata  de  que  su  facultad  para  intervenir dentro de una determinada  instancia  se  convierta  en  óbice  por  sí misma para actuar en otra o en la  misma,  a no ser que su participación en una de ellas haya sido de tal magnitud  que  en  efecto  incida  en  su  imparcialidad  o que haya sido el que dictó la  decisión    que    se    pretende   revisar   en   sede   diferente.   

“Así,  sí el  Magistrado  intervino  como  ponente  en la primera oportunidad que este proceso  arribó  al  Tribunal para efectos de resolver una apelación, tal circunstancia  no  puede  generar  impedimento de ninguna clase toda vez que la propia facultad  que  le  ha  dado la ley para asumir el conocimiento del asunto no puede tenerse  como  causal  impeditiva para conocerlo con posterioridad en la misma instancia,  así  haya  emitido  su  opinión  sobre el tema a debatir pues en tal evento no  habría       sido       una      de      índole      extraprocesal.   

“Tampoco, por  lo  mismo,  puede  tenerse  aquella  intervención  en la segunda instancia como  obstáculo  para  que en la misma sede vuelva a conocer del asunto y mucho menos  puede  afirmarse  que  intervino  en  la  adopción de la decisión que ahora se  pretende       revisar       por       vía       de      apelación”.12   

Vistos los presupuestos anteriores acerca de  las  circunstancias en que al funcionario judicial le está dado conocer en más  de  oportunidad  un  determinado  proceso, cabe concluir que, en este asunto, el  hecho  de  que el magistrado recusado de la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  doctor  Carlos Héctor Tamayo  Medina,  hubiese  conocido  el  recurso de apelación  formulado  contra  la  decisión del juez de conocimiento, a través de la cual,  con  anterioridad,  negó  una  nulidad,  no  le impide que ahora, como fallador  colegiado  de  segundo  grado,  resuelva  el  recurso  de alzada en contra de la  sentencia de primera instancia.    

Mírese cómo, en su momento, el mencionado  Magistrado  se  pronunció,  junto  con  los  demás  integrantes  de la Sala de  Decisión  Penal,  sobre  la nulidad planteada por el defensor del procesado, la  cual  hacía referencia a la presunta violación del debido proceso originada en  la  suspensión del juicio oral por más de dos horas, planteamiento que no tuvo  vocación de prosperidad en ninguna de las dos instancias.   

En  este  momento,  tras agotar el trámite  procesal  correspondiente,  los  magistrados  del  Tribunal  Superior de Bogotá  están  avocados  a  conocer  un  asunto diferente al anteriormente resuelto, es  decir,  el  recurso  de  apelación  interpuesto por el defensor en contra de la  sentencia  condenatoria  de  primera instancia proferida en contra del procesado  Edwin    Alexander   Monsalve   Carmona.   

Por  lo tanto, la intervención anterior de  los  funcionarios judiciales cuya recusación se pretende no les impide resolver  ahora  la apelación contra el fallo, pues no se cumplen los presupuestos que ha  fijado  la  jurisprudencia  de  la  Sala  para  que,  de  manera excepcional, la  decisión  anterior, emitida válidamente dentro del proceso, en ejercicio de la  competencia   funcional   que   les  está  legalmente  atribuida,  conlleve  la  separación de los jueces colegiados del conocimiento del proceso.   

Lo     anterior,    por   cuanto     “ello    entrañaría   el   absurdo   de   que  la  facultad que la ley otorga  al  juez  para  cumplir  su  actividad  judicial  a  la  vez  lo inhabilita para  intervenir  en  otros  asuntos  de su competencia, procedimiento  que   ni   la   ley   autoriza   ni   la   lógica   justifica”,   además   de  que  la tesis  planteada  por  el  defensor  conduciría  a otra situación igualmente absurda,  pues  bastaría  provocar el pronunciamiento de la segunda  instancia   en   repetidas   oportunidades,   con  motivo  de   la  apelación   contra   decisiones   adoptadas   por   el   juez   de   conocimiento   en  la  audiencia   de   formulación   de  cargos,  o  bien  en   la   preparatoria   del  juicio,  para  generar  así  el  impedimento  conjunto  de  toda  la  Sala, y aún de los conjueces que eventualmente pudieran  tomar   parte   en  las  decisiones,  para  resolver  la  apelación  contra  el  fallo.       

Así,  entonces, las anteriores razones son  suficientes  para  que  la  Corte concluya en la improsperidad de la recusación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Monsalve  Carmona  en  contra  del  Magistrados  de  la Sala de  Decisión   Penal   del   Tribunal  Superior  de  Bogotá,  doctor  Carlos  Héctor Tamayo Medina, quien debe  conocer  del  recurso  de apelación contra el fallo de primer grado.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.         DECLARAR      INFUNDADA      la      recusación      planteada    por    el   defensor   del   procesado   ERWIN   ALEJANDRO   MONSALVE   CARMONA  en contra del        doctor       Carlos            Héctor            Tamayo           Medina,   Magistrado  integrante  de la Sala de  Decisión      Penal      del      Tribunal     Superior     de     Bogotá,  para  conocer  y resolver la  apelación contra la sentencia de primer grado.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ                                 

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                         JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS                                                                             

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                             

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Folios 212 a 220 de la carpeta.   

2 Ver  folios 307 a 317 de la carpeta.    

3 Folio  9 del cuaderno del Tribunal.   

4 Folio  10 del cuaderno del Tribunal.   

5 Folio  12 del cuaderno del Tribunal.   

6  Recusación  23542, auto del 20 de abril de 2005; recusación 23878, auto del 13  de   julio   de   2005,   e  impedimento  25004,  auto  del  14  de  febrero  de  2006.   

7  Recusación 24103, auto del 8 de noviembre de 2005.   

8  Recusación 29361, auto del 12 de marzo de 2008.   

9  Recusación 29580 del 16 de abril de 2008.   

10  Radicación  19300,  sentencia del 7 de mayo de 2002,  reiterada en auto del 20 de abril de 2005, radicación 23542.   

11  A   través  de  auto  del  13  de  julio  de  2005,  radicación  No.  23878,  la  Corte  admitió  que  en  algunos  casos puede ser  necesario  apartar  del  conocimiento  del  caso  al funcionario judicial que ha  emitido  un  pronunciamiento  dentro del mismo: “si  el  servidor   judicial,  en  el  desempeño  de  sus  funciones,  anticipa  conceptos  sobre  aspectos puntuales del asunto, por fuera de los marcos propios  de  su  competencia,  o  con  exceso de ellas, que comprometen su criterio, como  cuando  ordena  copias  para investigar penalmente una determinada conducta y en  la  motivación hace pronunciamientos concretos sobre la calificación jurídica  o  el  compromiso  penal  del implicado, resulta sensato y razonable declarar su  separación  del  conocimiento del asunto, con el fin de garantizar el principio  de  imparcialidad  en su definición, y evitar que se genere desconfianza en los  sujetos  procesales  y  en la comunidad en general (Cfr. Auto de 29 de noviembre  de 2000, Rad.17843)”.   

12  Radicación  23374,  auto  del  16  de marzo de 2005,     

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