32539(16-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32539  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado Acta N° 295  

Bogotá,  D.  C.,   dieciséis  (16) de  septiembre de dos mil nueve (2009).   

V I S TO S  

La  Corte se pronuncia sobre el recurso   de  queja  interpuesto  por  los  defensores  de  los procesados IBERT ANDRÉS VALENCIA REBOLLEDO y ANURIO MURILLO  MURILLO  contra  la  decisión del 14 de agosto de 2009, a través de la cual el  Tribunal   Superior  de  Pasto  negó  el  recurso  de  apelación  en  contra de su decisión del 5 del mismo  mes  y  año,  mediante la cual declaró infundada la recusación formulada, por  los  apoderados  de los también procesados IGNACIO LEMOS POTES y JILMAR GUEVARA  SAAVEDRA,  contra  la  Juez Segunda Penal del Circuito Especializada de la misma  ciudad  y,  al  mismo  tiempo,  negó la libertad provisional solicitada por los  defensores   de   los   aludidos   enjuiciados   MURILLO   MURILLO   y  VALENCIA  REBOLLEDO.   

A N T E C E D E N T E S  

De  la  actuación  remitida por el Tribunal  Superior de Pasto se extrae lo siguiente:   

1. La Fiscalía 22 Especializada de la Unidad  Nacional  de  Narcóticos  e Interdicción Marítima, mediante resolución del 6  de  junio  de  2008,  la  cual  cobró ejecutoria el 29 de julio del mismo año,  acusó  a  IBERT  ANDRÉS VALENCIA REBOLLEDO, ANURIO MURILLO MURILLO y otros por  la  comisión  de  las conductas punibles descritas en los artículos 376, 384 y  340 del Código Penal, en asocio con el 31 del mismo Estatuto.   

La etapa de la causa correspondió a la Juez  Segunda  Penal  del Circuito Especializada de Pasto, funcionaria que celebró la  audiencia  preparatoria  el  18 de mayo de 2009 y fijó el 16 de julio del mismo  año  como  fecha  dar  inicio  a  la  audiencia  pública de juzgamiento.    

3. El 13 de julio del año que transcurre, el  defensor  común  de  los  procesados  LEMOS  POTES  y GUEVARA SAAVEDRA formuló  recusación  contra  la  juez de conocimiento, con apoyo en el artículo 99-7 de  la  Ley  600  de  2000.   Comoquiera la funcionaria rechazó la recusación  dispuso  la  remisión  de la actuación al Tribunal Superior de Pasto, a efecto  de que esa Corporación resolviera de plano.   

4. Encontrándose la actuación ante la Sala  de  Decisión  Penal  del  citado  Tribunal  para  resolver sobre la recusación  formulada,  los  defensores de los procesados IBERT ANDRÉS VALENCIA REBOLLEDO y  ANURIO  MURILLO  MURILLO  solicitaron  la  libertad  provisional  de éstos, con  fundamento  en  la  causal  descrita  en  el  artículo  365-5  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000.   

5. A través de auto del 5 de agosto de 2009,  el  Tribunal  Superior  de  Pasto  declaró  infundada  la recusación propuesta  contra  la  Juez  Segunda Penal del Circuito Especializada por los apoderados de  LEMOS   POTES   y    GUEVARA   SAAVEDRA,   al   tiempo   que   denegó  la libertad provisional solicitada  por los defensores de MURILLO MURILLO y VALENCIA REBOLLEDO.   

6.  Contra  la  decisión  del  Tribunal que  resolvió  negar  la  libertad  provisional  de  los  procesados fue interpuesto  recurso  de  apelación  por sus defensores.   Fue así que, a través  de   auto   del  14  de  agosto  de  2009,  la  citada  Corporación   se  abstuvo  de  conceder  el  recurso,  decisión  que  apoyó  en el contenido del artículo 111 de la Ley 600 de 2000,  al  tiempo  que  argumentó  que:  “sabido es que la  providencia  que  define petición de libertad en segunda instancia, conserva la  naturaleza   del   funcionario   que   la  dictara”.   

Negada   la   concesión  del  recurso  de  apelación,  los defensores de IBERT ANDRÉS VALENCIA REBOLLEDO y ANURIO MURILLO  MURILLO  formularon y sustentaron el de queja, con el fin de que la Corte defina  la procedencia del recurso de apelación denegado por el Tribunal.   

7. La actuación llegó a la Corte Suprema de  Justicia,  en  cuya Secretaría se surtió el traslado de que trata el artículo  197  del Código de Procedimiento Penal de 2000, sin que el recurrente, a nombre  del   procesado   IBERT   ANDRÉS  VALENCIA  REBOLLEDO,  presentara  escrito  de  sustentación del recurso de queja.   

ARGUMENTOS DE LOS RECURRENTES  

El  defensor de ANURIO MURILLO MURILLO alega  que,  por  mandato del artículo 108 del Código de Procedimiento Penal de 2000,  presentó  solicitud  de libertad provisional a favor de su defendido por cuanto  el  proceso  se  encontraba  en  el  Tribunal,  con ocasión del trámite de una  recusación  formulada  por  el  apoderado  de  otros enjuiciados.  Por tal  razón  –agrega-, la Juez  de  conocimiento  fue  separada  del  conocimiento del proceso, de manera que la  competencia  recayó en el Tribunal, el cual se convirtió, entonces, en juez de  primera instancia.    

Por     lo     tanto     –aduce el memorialista-. al tenor de lo  dispuesto  en el artículo 191 de la Ley 600 de 2000, la decisión que resolvió  negar  la  libertad provisional admite el recurso de apelación, toda vez que se  trata de un auto interlocutorio, tal como lo admitió el Tribunal.   

Afirma  que el hecho de que la decisión que  niega  la  libertad  provisional  hubiese  sido adoptada dentro del curso de una  recusación  no  muta  su  naturaleza,  de  manera  que la determinación que se  pronuncia  sobre  la  recusación  no  admite recursos, pero sí la que resuelve  sobre  la  libertad  provisional, “por razones obvias  referidas   a   la   naturaleza   del   objeto  de  la  providencia.”   

Por  lo  anterior, el impugnante a nombre de  ANURIO  MURILLO  MURILLO solicita a la Sala que declare procedente el recurso de  apelación contra la decisión que negó la libertad provisional.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  La  parte  pertinente  de  la actuación  procesal  se  encuentra  en  la  Corte  con el fin de dar trámite al recurso de  queja,  formulado  por  los defensores de dos de los procesados, en contra de la  decisión  del  Tribunal  de  Pasto,  mediante  la cual, al resolver de fondo el  trámite  correspondiente  a una recusación, resolvió, además, denegar sendas  peticiones de libertad provisional.   

Sea  lo  primero  advertir  que  la  Sala es  competente  para  pronunciarse sobre el recurso de queja, al tenor de lo normado  en el artículo 75-3 de la Ley 600 de 2000.   

Ahora bien, de acuerdo con lo establecido en  el  artículo  195 del estatuto reseñado, el recurso de queja procede cuando el  funcionario    de    primera   instancia  deniega el de apelación.  La finalidad del recurso de queja,  entonces,    según    lo    tiene    dicho    la    jurisprudencia    de   esta  Corporación1,  “es  la  de  obtener  que el superior  funcional  conceda  la apelación formulada en contra de una providencia, cuando  la  impugnación ha sido despachada desfavorablemente por el a-quo, desde luego,  contra  una  decisión  susceptible de ser atacada mediante el ejercicio de este  recurso”2.    

En estas condiciones, vistos los antecedentes  procesales  referidos  frente al contenido de las normas que regulan la materia,  la    Sala   advierte,   en   primer   lugar,   que   habrá   de   desechar  el recurso de queja formulado por  el  defensor  del  procesado  IBERT  ANDRÉS VALENCIA REBOLLEDO, toda vez que el  impugnante omitió su sustentación ante la Corte.    

Sobre  el  deber  que  le  compete al sujeto  procesal  recurrente  de  sustentar  el recurso de queja, y la incidencia de una  omisión en tal sentido, la Sala ha dicho lo siguiente:   

“Presupuesto  necesario  para  que  el  recurso  de queja pueda ser estudiado es que el sujeto  procesal  que  lo  ha interpuesto lo sustente, exigencia que debe cumplirse ante  el  funcionario encargado de resolverlo dentro de los tres días siguientes a la  fecha  de  recibo  de  las copias, según se desprende  del  contenido  del  artículo  197 de la ley 600 de 2000, o en el momento de su  interposición,   según  ha  sido  admitido  por  la  Corte  en   doctrina  reiterada3.  Si no se sustenta en las oportunidades  indicadas,          debe          desecharse4.   

Para  que un recurso de queja pueda tenerse  por  sustentado,  no  basta  la  presentación  de  un  escrito  cualquiera.  Es  indispensable  que  los  argumentos  que  se aduzcan estén relacionados con los  fines  o  propósitos que se buscan a través del mismo, que en síntesis pueden  resumirse  en  dos,  (1) que el superior revise si el recurso de apelación o de  casación  fue  correcta  o  incorrectamente denegado,  y (2) que ordene su  concesión si el inferior se equivocó al negarlo.    

Siendo   ello   así,   el   escrito   de  sustentación   o   fundamentación   de  este  recurso  debe  indefectiblemente  encaminarse  a demostrar que la decisión que se impugna es equivocada, y que lo  procedente  era optar por el otorgamiento del recurso de apelación o casación,  según   el   caso.”5   

La solución que debe imponerse ante la falta  de  razones encaminadas a justificar la procedencia del recurso, encuentra apoyo  en  los  principios que rigen la concesión de cualquier impugnación, pues para  que  esto  último  sea  viable  es  necesario  que  la  decisión recurrida sea  susceptible  de  recurso,  que  éste  se  proponga antes del vencimiento de los  términos  legalmente destinados para ello, que al recurrente le asista interés  y  que  el  motivo de inconformidad con la decisión recurrida esté debidamente  sustentado.   

El  cumplimiento de este último presupuesto  resulta  decisivo,  pues  la  exposición de los motivos de inconformidad con la  decisión  atacada  determina  necesariamente aquellos aspectos sobre los cuales  el     ad-quem    puede  pronunciarse,  conforme  lo  enseña  el principio de limitación (artículo 204  del  Código de Procedimiento Penal de 2000) y lo ha precisado la jurisprudencia  de   la   Sala6.   

El  presupuesto omitido no puede tenerse por  cumplido  con  la  mera  presentación del memorial por medio del cual el sujeto  procesal  elevó  el  recurso de queja, pues, según se observa, aquel carece de  una  motivación  encaminada  a  enseñar  lo  desacertado  de la determinación  adoptada  por el Tribunal Superior de Pasto, en el auto del 14 de agosto de 2009  y,  por  el  contrario,  sin  mayores  consideraciones,  se  limita a invocar el  recurso.    

Más exigente se torna el cumplimiento de la  obligación  cuya  omisión  se  cuestiona  en tratándose de un sujeto procesal  que,   como  en  este  caso,  goza  de  la  calidad  de  abogado,  con  evidente  conocimiento  de  los  asuntos  penales  sustantivos  y adjetivos; cosa distinta  sería  que  la Sala advirtiera que el sujeto procesal impugnante no tuviera esa  calidad  especial  y,  por  lo tanto, no conociera a cabalidad la carga procesal  que  le  corresponde,  pues  en  tal  caso  podría,  dadas  las  circunstancias  particulares  de  cada  situación,  considerar  la  viabilidad  de entrar en el  estudio de la procedencia del recurso.      

Respecto  de  las  razones  que  ofrece  el  recurrente  a  nombre  de  ANURIO MURILLO MURILLO, la Corte desde ya adelanta su  conclusión  en  el sentido de que el recurso de apelación, formulado contra la  decisión  de  negar  la  libertad provisional fue bien denegado por el Tribunal  Superior  de  Pasto,  pues  cuando  una  determinación  como  la  impugnada  en  apelación  se  adopta  en el curso del trámite de una recusación no  puede  entenderse como si fuese de primera instancia.   

La  anterior  conclusión encuentra apoyo en  que  el  Código  de Procedimiento Penal de 2000, en su artículo 108, contempla  la   posibilidad  de  que,  en  el  curso  del  trámite  de  un  impedimento  o  recusación,  se  pueda presentar una petición de libertad, precisamente cuando  la   actuación   que   se   adelanta  ante  el  funcionario  recusado  ha  sido  suspendida.   En tales casos, dice la norma, “la  libertad   del  sindicado  será  resuelta  por  el  funcionario  que  tenga  la  actuación   en   el   momento   en  que  se  formule  la  solicitud”.   Pero,  enseguida,  el  artículo  111 del mismo Estatuto  precisa  que  las  decisiones  así  adoptadas  no  son  de  primera  instancia:  “Las  decisiones  que se profieran en el trámite de  un   impedimento   o   recusación   no   tendrán   recurso  alguno”.    

‘Las  decisiones’  a  que  hace  referencia   la  norma  citada  en  último  lugar,  al contrario de lo que  pregona  el  impugnante,  no  son  solamente  aquellas que resuelven de fondo el  impedimento  o  la recusación, sino cualquier otra que  se  adopte  en  el  curso  de ese trámite, entre ellas  –tal  como  lo  prevé el  artículo  108 trascrito- las relativas a la libertad o  a  la situación jurídica del procesado. Nótese cómo  el  artículo  trascrito  no  dice  que las decisiones contra las cuales no cabe  recurso   sean   las   que   resuelven   la   recusación,   sino   –de manera más comprensiva- las que se  profieran  en el trámite del  impedimento o recusación.     

Y,  aún  cuando el artículo 111 no hiciera  esa  precisión,  de  todos  modos  un  entendimiento  lógico  de la situación  conduciría  a la misma conclusión, pues si el Tribunal adquiere su competencia  para  conocer  la  actuación  por  razón  de  ser el  superior  jerárquico de quien rechaza la recusación,  entonces,   lógicamente,   las   decisiones  que  adopte  dentro  del  proceso,  cualquiera  que  ellas sean, no pueden tener la naturaleza de determinaciones de  primera  instancia; de lo contrario, se llegaría a la situación, a todas luces  insostenible,  de  pregonar  que algunas decisiones contenidas en la providencia  que  resuelve  de  fondo  el  asunto  principal  sometido  a  su  consideración  –en   este   caso,   la  recusación-  las  emite  el  Tribunal  como  superior jerárquico, mientras que  otras  –las no relacionadas  con el tema principal- como inferior de una tercera autoridad.   

Además,  el razonamiento anterior encuentra  apoyo  el  contenido  del artículo 191 de la Ley 600 de 2000, pues –aún  cuando, en gracia de discusión,  se  admitiera que la decisión que resuelve sobre la libertad provisional dentro  del  trámite de una recusación es de primera instancia- allí se establece que  la  apelación  procede  contra  las decisiones interlocutorias de primer grado,  “salvo   disposición   en   contrario”  y,  obviamente,  el  artículo 111 del mismo Estatuto es una de  tales disposiciones.    

En  otras  palabras,  el  funcionario  que  resuelve    la   recusación   no   pierde   su   condición   de   ad-quem  frente a cualquier otra decisión  que  adopte  en el curso del trámite procesal que le otorga la competencia para  conocer de la actuación.   

La situación no es diferente al caso en que  la   Corporación   ad-quem  desata  un  recurso  de  apelación  y,  además,  adopta otra determinación de  aquellas  que  permitirían  ser  recurridas,  siempre  y  cuando  hubiesen sido  adoptadas  por el funcionario de primer grado.  Ante este supuesto, similar  al  caso  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala, ésta se ha pronunciado de la  siguiente manera:   

“En  efecto,  adviértase  que si bien es cierto el pronunciamiento de la Sala  Penal del  Tribunal   Superior   (…),  se  hizo  cuando  el  proceso  (…)  se   encontraba   en   esa  Corporación,  como  que,  el  Tribunal  oficiaba  como  juez de segunda instancia,  habida  consideración  que  adelantaba el trámite inherente al  recurso  de  apelación  interpuesto contra la sentencia condenatoria proferida,  en  primera  instancia  (…)  ;  no significa que las  decisiones  que  adopte  en relación con temas diferentes a aquellos que fueron  el  enfoque  central  la  impugnación,  se  conviertan en decisiones de primera  instancia,  por  el hecho de ser la primera vez que lo hace el juez colegiado y,  por  ende,  susceptibles  de  ser  recurridas en apelación para que el superior  funcional   de   quien   las  dictó  –  en  este  caso la Corte –   deba  revisarlas.  La  instancia  que  corresponde  ejercer  a cada autoridad está previamente definida en la ley, por  contera,  su  naturaleza  depende del grado de jurisdicción que en cada caso le  corresponde al funcionario que emite el pronunciamiento.   

Una  pretensión de esta índole soslaya el  ámbito  de  competencia  de  cada uno de los funcionarios que intervienen en el  proceso  y,  desde  luego,  la  garantía constitucional y legal solo prevé dos  instancias”7  (subraya  la  Sala  en  esta  oportunidad).   

Podría  surgir la duda sobre la procedencia  del  recurso de apelación contra la decisión del Tribunal Superior de Pasto de  negar  la  libertad  provisional,  tras considerar que, en este caso particular,  dicho  asunto no fue la razón por la cual la Corporación adquirió competencia  para  conocer del proceso, y, como decisión interlocutoria que es, debería ser  susceptible de control por el superior de quien la niega.    

Al respecto, la Sala se ha pronunciado en el  sentido de reiterar la postura que aquí invoca una vez más:   

“(…)  una  decisión  proferida  por  el Tribunal, cuando funge como juez de segundo grado,  independientemente  de  su  relación  con  el  tema  del  recurso,  no  muta la  condición  de  juez ad-quem de la Corporación.  Si así fuera, habría de  admitirse  que  el  Tribunal opera como cuerpo colegiado de segunda instancia al  resolver  el recurso de apelación y, al mismo tiempo, como primera instancia si  llegare  a  proferir una decisión que no guarda relación con el tema objeto de  recurso   de  alzada.”8      

En           conclusión,   al   no   ser  de  primera  instancia   las  determinaciones  adoptadas  por  el  superior  jerárquico  del  funcionario  judicial  que es recusado, entonces tampoco procede contra ellas el  recurso  de  apelación, menos aún el de queja, como claramente lo establece el  artículo 195 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

R E S U E L V E  

PRIMERO:  DESECHAR  el  recurso  de  queja  formulado  por el defensor del procesado IBERT ANDRÉS  VALENCIA  REBOLLEDO  contra  la  decisión  adoptada por el Tribunal Superior de  Pasto el 14 de agosto de 2009.   

SEGUNDO:    CONFIRMAR    la   decisión   del   Tribunal   Superior   de   Pasto,  que  denegó  el  recurso  de apelación  formulado  por  el defensor de ANURIO MURILLO MURILLO, en contra de la decisión  del 14 de agosto del año en curso.   

Contra  la  presente  decisión  no procede  recurso alguno.   

Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                         SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                        MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS        

AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN                                                                  JORGE                              LUIS                            QUINTERO  MILANÉS             

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS                                                                               JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 30 de mayo de 2006, radicación No. 25946.   

2  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto   del   29   de   febrero   de  2008,  radicación  No.  29244.   

3  Cfr.  Recurso  de  hecho  18468  de 6 de diciembre de  2001, entre otras decisiones.   

4  Inciso  tercero  del  artículo  197 de la ley 600 de  2000.   

5  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 15 de noviembre de 2005, radicación No. 24248.   

6  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia del 2 de mayo de 2002, radicación 15262.   

7  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 30 de mayo de 2006, radicación No. 25496   

8  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 4 de marzo de 2009, radicación No. 30854.     

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