32501(24-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     n.º  32501   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 385.  

Bogotá      D.C.,      noviembre veinticuatro (24) de dos mil diez (2010).   

VISTOS  

La  Sala  emprende  el  examen  sobre  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   HENRY   RODRÍGUEZ   PÁEZ,   contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Manizales  el  27  de julio de 2010, confirmatoria de la dictada el 22 de enero de 2009 por  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de Puerto  Boyacá,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor penalmente responsable del  concurso  de delitos de homicidio agravado en Bernabé  Obando  Marín  y  porte  ilegal  de  arma de fuego de  defensa personal.   

HECHOS  

Aproximadamente a las once de la mañana del  14  de  febrero  de  2006,  en  el  sitio  denominado Las Pavas, a orillas de la  carretera,  de  la  vereda  El  Marfil  del  municipio de Puerto Boyacá, cuando  Bernabé   Obando   Marín  tomaba  un  refresco  junto  con  José Vicente Obando  López,      Jaime  López  y  Gonzalo  López  Rincón,   fueron  agredidos  por  varios  individuos  armados  que  descendieron de dos vehículos, entre quienes fueron identificados  Willington    Javier    López   Forero  y  HENRY  RODRÍGUEZ  PÁEZ,  lo  que  motivó  que  aquellos  huyeran  en diferentes sentidos,  alcanzando   los   proyectiles  únicamente  al  primero  de  los  nombrados,  a  consecuencia de lo cual se produjo su deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  actuación surtida ante el Juzgado Penal  del  Circuito  de  La  Dorada, se profirió fallo de condena contra Willington   Javier  López  Forero  como  coautor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos aquí investigados,  diligenciamiento  en  el  cual  se  dispuso  compulsar  copias para investigar a  HENRY  RODRÍGUEZ  PÁEZ por  dichos comportamientos.   

Con  base  en  las  copias  compulsadas,  en  audiencia  realizada el 19 de julio de 2007 ante el Juzgado Tercero Promiscuo de  Control   de  Garantías  de  Puerto  Boyacá  se  declaró  persona  ausente  a  HENRY     RODRÍGUEZ;  posteriormente  en  diligencia  realizada el 31 de enero de 2008 ante el Juzgado  Segundo  de  la  misma  especialidad  y  categoría mencionadas, la Fiscalía le  imputó  la  comisión  del  concurso  de  delitos de homicidio agravado y porte  ilegal  de  armas,  oportunidad  en  la  cual  se  dispuso  imponerle  medida de  aseguramiento  de detención preventiva sin derecho a libertad provisional y fue  ordenada su captura.   

          El  28 de febrero de 2008 se realizó la audiencia de acusación, en  cuyo  desarrollo  la Fiscalía insistió en los cargos que sustentaron la medida  de aseguramiento.   

          La  fase  del  juicio  fue  adelantada  por el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Puerto  Boyacá,  despacho  que  una  vez  surtido  el debate oral  profirió  fallo  el  22  de  enero  de  2009,  por  medio  del  cual condenó a  HENRY   RODRÍGUEZ   PÁEZ  (quien  fue  capturado  un día antes de realizarse la audiencia preparatoria) a  la  pena  principal de treinta y seis (36) años y seis (6) meses de prisión, a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  veinte (20) años y al pago de la correspondiente indemnización  por  perjuicios  morales,  como  autor  penalmente  responsable  del concurso de  delitos objeto de acusación.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de Manizales lo confirmó mediante sentencia del 27 de julio  de  2010,  tasando  la  pena de prisión en treinta y tres (33) años, nueve (9)  meses y veintiocho (28) días.   

Contra  la sentencia del Tribunal la defensa  interpuso  recurso extraordinario de casación y allegó en tiempo el respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

El  libelista  formula tres cargos contra la  decisión  del  ad quem, los  cuales postula y desarrolla en los siguientes términos:   

          1.        Primer  cargo: Falta de aplicación de los artículos 7º y 16 de la  Ley 906 de 2004.   

          Con  fundamento  en la causal primera de casación establecida en el  numeral  1º  del  artículo  181  del referido estatuto procesal, el recurrente  aduce  que  se  dejaron  de aplicar los artículos 7º y 16 de tal ordenamiento,  pues   se   tuvieron   en   cuenta   como   pruebas   las  entrevistas  rendidas  “ante  investigador  por los testigos JOSÉ VICENTE  LÓPEZ  y GONZALO LÓPEZ RINCÓN”, quienes señalaron  a  HENRY RODRÍGUEZ como uno  de los agresores.   

          Considera  que tales pruebas fueron producidas de forma secreta, sin  que  tuviera  la  oportunidad  de  debatirlas,  amén  de  que  no se interrogó  adecuadamente a los entrevistados.   

          Advera  que  los mencionados testigos no concurrieron a la audiencia  pública  a  corroborar  lo  dicho en sus entrevistas y por el contrario, en tal  oportunidad  la defensa allegó una declaración extraproceso, en la cual uno de  ellos se retracta de lo expuesto en su entrevista inicial.   

          2.        Segundo   cargo:   “Numeral   1º  del  artículo  1º  del  Código  de Procedimiento Penal”   

          Afirma  el  actor  que  el  Tribunal  sustentó la confirmación del  fallo   en  la  ausencia  de  credibilidad  de  “la  retractación  realizada  por los señores JOSÉ VICENTE LÓPEZ y GONZALO LÓPEZ  RINCÓN”,  sin  que  ello  haya  sido  el  argumento  central  de  la  defensa, pues lo claro es que la Fiscalía no cumplió su papel  de  corroborar  lo expuesto por tales ciudadanos ante un funcionario de policía  judicial.   

          Añade  que  del  recaudo probatorio emerge duda para condenar, pues  los  testigos “JOSÉ VICENTE LÓPEZ y GONZALO LÓPEZ  RINCÓN”  se  retractaron, de modo que se equilibró  la  prueba de cargo con la de defensa, amén de que el Tribunal no dijo por qué  no otorgaba credibilidad a tales retractaciones.   

A   partir   de  lo  anterior  reclama  la  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo a favor de su representado.   

          3.        Tercer   cargo:   Errores   de  hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas   

          Afirma  el  demandante  que  el único sustento del fallo de condena  son  las  entrevistas rendidas por los testigos directos del suceso, sin tenerse  en  cuenta  que  la  defensa  en  sus alegaciones ha planteado inconsistencias y  factores  a  partir de los cuales se desvirtúa lo dicho por tales personas ante  el funcionario de policía judicial.   

          Precisa  que  no  se sabe de qué manera fue reconocido su procurado  si  los  agresores  portaban  pasamontañas,  amén de que en las entrevistas se  dijo  que el ataque ocurrió a las once de la mañana, mientras que la esposa de  la  víctima  afirmó  que fue avisada de la muerte de su cónyuge a las diez de  la  mañana, de lo cual concluye que una tercera persona presente en el lugar de  los   hechos   fue   la   avisó   sobre   el   fallecimiento   de  Bernabé Obando Marín.   

          Sobre  el  mismo  aspecto  temporal  refiere  que  si  la mencionada  señora  se  fue  hasta  el lugar de los hechos en un bus intermunicipal, debió  tardar  cerca  de  seis  horas  hasta Puerto Boyacá, más dos horas adicionales  hasta  el  lugar donde fue asesinado su esposo, a partir de lo cual concluye que  hay  inconsistencias,  y se pregunta “¿Por qué los  testigos   de   cargo   señalaron   una   hora  tan  tarde  como  hora  de  los  hechos?”,  “¿Cuál  es  su   interés  en  señalar  una  hora diferente de los hechos?”.   

          De  otra  parte, el defensor asevera que a partir de lo expuesto por  el   Investigador   Jairo  Alberto  Melo,  puede  concluirse  que  no  se trató de un ataque indiscriminado  contra    los    contertulios,   sino   de   la   ejecución   de   Bernabé Obando Marín.   

          Finalmente  aduce  que  en  las  circunstancias en que se produjo el  ataque,  es  poco  probable  que  los  testigos  hubieran estado en capacidad de  reconocer  a  alguno  de  los  agresores,  de  modo  que  la credibilidad de los  testigos  de  cargo  se desvirtúa, con mayor razón si momentos después de los  hechos  lograron  reunirse  coincidencialmente  y  por  causalidad,  sin  mediar  acuerdo previo.   

A partir de lo expuesto, el defensor solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  atacado,  para  en  su  lugar  proferir sentencia  absolutoria    a    favor    de   HENRY   RODRÍGUEZ  PÁEZ.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  dilucidado la Sala que si bien la Ley  906  de 2004 no distingue entre recurso de casación por la vía común y por la  discrecional  en  cuanto se marginó la exigencia de la cantidad de pena máxima  del  delito  para  acceder  a  dicha  impugnación,  es claro que corresponde al  resorte   del  recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del recurso y demostrar la  necesidad  del  fallo de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  su  artículo  180, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, so  pena  de resultar inadmitida la demanda, según lo establece el artículo 184 de  la citada legislación adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las  censuras  el  acatamiento de las  exigencias    de    lógica    y    pertinente  demostración   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  la  presentación  de  los  libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la postulación y demostración de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto  es,  precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  184  de la mencionada  normatividad  procesal  se inadmitirá el libelo “si  el   demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”.   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones,  respecto  del primer reproche  encuentra  la  Sala  que el demandante invoca la causal primera de  casación  reglada en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, la cual se refiere  a  la  violación  directa  de  la  ley,  que  tiene lugar cuando a partir de la  apreciación  de  los  hechos  legal  y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los falladores omiten aplicar la disposición que se ocupa de  la  situación  en  concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

En  tal  caso,  sin  importar  la especie de  quebranto  directo de la preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se adecua a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

En  consecuencia,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En el reproche cuya admisibilidad se examina  encuentra  la  Corporación  que  si  bien  el  demandante plantea la violación  directa  de  la ley sustancial, su reclamo no se adentra a ubicar el problema de  naturaleza   jurídico  –  conceptual,  pues orienta su esfuerzo a reprochar que se tuvieron en cuenta como  pruebas   para   edificar   el   fallo   de  condena  las  entrevistas  rendidas  “ante  investigador  por los testigos JOSÉ VICENTE  LÓPEZ  y GONZALO LÓPEZ RINCÓN”, quienes señalaron  a  HENRY RODRÍGUEZ como uno  de  los  agresores, temática propia de la causal tercera de casación, esto es,  de la violación mediata de la ley.   

            Adicionalmente,  en manifiesto quebranto del principio de claridad  y  nitidez derivado de la preceptiva del artículo 183 de la Ley 906 de 2004, el  defensor  alude  a  las  entrevistas  de José Vicente  López   y  Gonzalo  López  Rincón,  sin  percatarse  que quienes rindieron tales  entrevistas    fueron    José    Vicente    Obando  López  y  Gonzalo  López  Rincón,   circunstancia   que   denota   descuido  y  confusión en el planteamiento.   

          Impera  resaltar  que  dichos  entrevistados  sí  concurrieron a la  audiencia  pública,  donde  dieron  una  versión diferente de los hechos, pero  reconocieron  como  suyas las entrevistas que les fueron puestas de presente por  la Fiscalía.   

          Las  razones  expuestas  son suficientes para inadmitir el reproche,  pues  pese  a  plantear  la violación directa de la ley, el censor encaminó su  esfuerzo  a  atacar de manera desordena e imprecisa las pruebas, caso en el cual  debió  invocar  la violación indirecta de la ley y acometer en debida forma su  censura.   

          Acerca   del   segundo  reparo  advierte  la  Colegiatura que una vez más el defensor se sustenta  en  el “numeral 1º del artículo 1º del Código de  Procedimiento   Penal”,   el  cual  corresponde  al  quebranto  inmediato de la ley, pero nuevamente orienta su labor a cuestionar la  valoración   de   las   pruebas  por  parte  de  los  sentenciadores,  proceder  inadmisible  en  este  trámite  extraordinario,  el cual exige del casacionista  precisión en sus planteamientos.   

          Además  se constata que en la crítica a la valoración judicial de  los  medios  de  convicción  no  precisa los errores que sustentan su disenso y  simplemente  expone  su  particular  y peculiar manera de apreciar los medios de  prueba   obrantes   en   el   diligenciamiento.    

Ahora,  dado que la pretensión del defensor  se  orienta  a  reclamar la configuración de duda razonable, era imprescindible  que  señalara  la vía de su impugnación, esto es, si se trataba de violación  directa  o indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

Por el contrario, el censor únicamente llega  a  afirmar  sin  demostración  alguna  que existen dudas que imposibilitaban un  fallo  de  condena  en  contra  de  su  patrocinado, sin especificar, como es su  obligación,  qué  aspectos  no fueron debidamente dilucidados y probados en la  actuación  y  dan  lugar  a  la  conformación  de dudas trascendentes sobre la  materialidad del ilícito o la responsabilidad de aquél.   

          Por   las   razones   expuestas,   también   este  cargo  debe  ser  inadmitido.   

Sobre  la  tercera  censura,   pese   a  que  el  impugnante  plantea  la  violación  indirecta  de la ley producto de errores de hecho en la apreciación  de  las pruebas, no atina a identificar la especie de yerro denunciado, bien sea  porque  pese  a obrar el medio probatorio en el diligenciamiento no fue valorado  (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya  porque  sin  figurar  en la  actuación  los  funcionarios  supusieron  su  presencia  allí y lo tuvieron en  cuenta  en su decisión (falso juicio de existencia por suposición); ora porque  al  considerarlo  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo, adicionándolo o  tergiversándolo  (falso  juicio de identidad); también, cuando sin incurrir en  alguno  de los errores referidos derivaron de la prueba deducciones contrarias a  los  principios  de la sana crítica, esto es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión) el casacionista debía indicar la prueba no valorada, cuál es la  información  objetivamente suministrada, el mérito demostrativo al que se hace  acreedora  y  cómo su estimación conjunta con el resto de elementos del acervo  probatorio  conduce  a  trastrocar las conclusiones del fallo censurado, deberes  cuyo cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

En suma, es claro que el censor no se sujetó  a   las  directrices  para  impugnar  el  fallo  condenatorio  proferido  contra  HENRY   RODRÍGUEZ  PÁEZ,  olvidando  que  este  mecanismo impugnaticio extraordinario no fue dispuesto por  el  legislador  para  prolongar  el  curso  de  las  instancias  o para simple y  llanamente  exponer  el  criterio de los demandantes, sino para denunciar yerros  trascendentes  de  los  falladores en la aplicación de la ley sustancial, en la  ponderación  de las pruebas o en la guarda de la legitimidad del trámite, dada  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de la cual se encuentra revestida la  sentencia.   

Las  mencionadas  falencias  imposibilitan a  la   Sala   acometer   el  estudio  del  libelo,   pues   si   éste   no   corresponde   a   un   alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con base en meros enunciados inexplicados  y  sin  atenerse  a  alguna  de  las  reglas  lógicas  y  argumentativas que lo  gobiernan,  obliga  a  la  Corporación  a  inadmitir la demanda de acuerdo con lo dispuesto en el artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, pues en virtud del principio de limitación propio  del  trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada para enmendar tales  equívocos.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías  del  acusado, como para adoptar la decisión de superar  los  defectos  de la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º  del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  HENRY  RODRÍGUEZ  PÁEZ por  las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Cita medica  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *