32445(09-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso  n.°   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 349.  

         

Bogotá  D.C., noviembre nueve (9) de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Aborda  la Sala el estudio concerniente a la  admisibilidad  de la demanda de casación excepcional presentada por el defensor  del   procesado   LUIS  ALFONSO  ESTUPIÑÁN  SALAZAR  contra la sentencia de segunda instancia proferida por  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa  de Viterbo el 19 de febrero del año en  curso,  a través de la cual confirmó el fallo dictado por el Juzgado Promiscuo  del   Circuito   de   Soatá   que   lo  condenó  por  el  delito  de  peculado  culposo.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los juzgadores de instancia los declararon de  la siguiente forma:   

“La Contraloría General de Boyacá, pone  en  conocimiento  de  la  Fiscalía  Veinte  Seccional de Soatá irregularidades  contractuales  en  la administración de LUIS ALFONSO ESTUPIÑÁN SALAZAR cuando  se  desempeñaba como alcalde de Soatá en el período comprendido entre el año  de  1998 a 2000, haciendo énfasis en el contrato de compraventa celebrado entre  el  municipio  de  Soatá  y la señora Rosa del Carmen Báez Báez, cuyo objeto  era  el  suministro de materiales con destino al programa de saneamiento básico  rural  por  valor  de  doce  millones  seiscientos  veintiséis  mil setecientos  cincuenta  y  cuatro  ($ 12.626.754) pesos, suscrito el 21 de diciembre de 1998,  cancelando  a  la  contratista  como anticipo el 50 % del valor del contrato, el  que  debía  cumplir  en  el término de dos (2) meses siguientes, no existiendo  constancias       del       cumplimiento       del       contrato”.   

La denuncia anterior sirvió de base para que  se  dispusiera  la  apertura  formal  de  instrucción  penal,  a la cual fueron  vinculados  el  burgomaestre  LUIS ALFONSO ESTUPIÑÁN  SALAZAR  y  la  contratista  Rosa  del  Carmen  Báez  Báez, mediante diligencia de  indagatoria.   

El  9 de septiembre de 2003, la Fiscalía 20  Delegada  ante los Jueces Penales del Circuito de Soatá resolvió la situación  jurídica  de  los mencionados absteniéndose de decretar en su contra medida de  aseguramiento.   

Esa   misma   autoridad   clausuró   la  investigación  y  calificó el mérito del sumario, mediante proveído de fecha  mayo  10  de 2004, con resolución de acusación en contra de los dos procesados  “como   autores   del   delito   de  peculado  por  apropiación”.   

Contra  la anterior determinación interpuso  recurso  de  reposición  el  sindicado  LUIS ALFONSO  ESTUPIÑÁN   SALAZAR,   pero   como  se  abstuvo  de  sustentarlo  dentro del término legal, se declaró desierto con resolución del  27 de mayo siguiente.   

La  fase  de  la  causa  le correspondió al  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de Soatá, el cual, tras evacuar las audiencias  preparatoria  y de juzgamiento, esta última con sucesivos aplazamientos, dictó  sentencia  de  primer  grado  el  13 de marzo de 2007 por cuyo medio condenó al  acusado     ESTUPIÑÁN    SALAZAR    a  las  penas  principales  de  seis (6) meses de arresto, multa por  valor   de   diez   (10)   salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  tiempo  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  así  como al pago de  perjuicios       en       favor       del       municipio       de       Soatá,  concediéndole      el subrogado de la condena de ejecución  condicional,   al   hallarlo  autor  responsable  de  la  conducta  de  peculado  culposo.   

En  la  misma  determinación,  el  juez  de  primera  instancia  absolvió  a la sindicada Rosa del  Carmen  Báez Báez “de los  cargos    que    por    peculado    le   hiciere   la   fiscalía”,.   

En  desacuerdo  con  el  fallo  anterior, el  defensor    del    procesado   ESTUPIÑÁN   SALAZAR  interpuso  en su contra recurso de apelación, el cual  resolvió  el  Tribunal  Superior  de  Santa Rosa de Viterbo el 19 de febrero de  esta anualidad, confirmándolo.    

El mismo sujeto procesal, inconforme con esta  última   decisión,  la  impugnó  a  través  del  recurso  extraordinario  de  casación,  para lo cual allegó demanda, sobre cuya admisión se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          Plantea   un  único  cargo  sustentado  en  la  causal  primera  de  casación  prevista  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  errores  de  hecho  por  falso  raciocinio  que  condujo  a  la falta de aplicación de los artículos 7, inciso  segundo,  y  232  del  mismo estatuto, referidos al in  dubio  pro  reo, y  a  la  aplicación indebida del artículo 137 del Decreto Ley 100  de  1980,  modificado  por  el  32  de  la  Ley 190 de 1995, mediante el cual se  sanciona el delito de peculado culposo.      

          De   acuerdo   con   el   censor,   en   la   labor  apreciativa  de  las       probanzas  los  juzgadores incurrieron en dos  yerros por falso raciocinio, del siguiente tenor:   

          El  primero,  relativo  a  la  valoración  del deber de cuidado que  correspondía  al  alcalde en la ejecución del contrato de suministro celebrado  con   Rosa   del   Carmen   Báez  Báez,  por  cuanto  se  apartaron  de  las reglas de la sana crítica al  desconocer  la  pruebas  indicativas  de  que  su defendido ejerció a cabalidad  dicho  deber  “tanto en el período precontractual,  como  contractual  y  postcontractual”, para asegurar  su cumplimiento.   

          Fue  así  como,  sostiene,  exigió  la póliza 72455818 a favor de  Entidades   Estatales   para   garantizar   el  buen  manejo  del  anticipo,  el  cumplimiento  y  la  calidad  de  los  materiales  suministrados,  sin que en la  investigación  se  hiciera  algo  con  el  fin  de averiguar si tal póliza fue  exigida  ante  el  incumplimiento  de  la  contratista.            

          Acota  que  existe  prueba  testimonial según la cual el mandatario  local   dio  instrucciones  precisas  en  forma  verbal  a  funcionarios  de  la  Alcaldía,  tanto  de la Oficina Jurídica como de la Secretaría de Planeación  para  que  en  forma  prioritaria  se  diera  cumplimiento  a  los términos del  contrato.   

          En  cuanto  a  la  forma de transgresión, acápite que desarrolla a  continuación,  señala  que  correspondía  al  Estado,  por  intermedio de los  fiscales  y  de  los  jueces,  establecer  la  verdad  verdadera  así  como  la  responsabilidad  penal  de  su  defendido  y  no a éste demostrar su inocencia,  mandato incumplido en este caso por tales funcionarios judiciales.   

          Además,  añade, el hecho de que en la deficiente investigación no  se  hubiera  inquirido  sobre la suscripción de la póliza, no significa que su  defendido  no  adelantó  gestiones  para  salvaguardar  los  dineros  del  ente  territorial  y  deducir  de ahí responsabilidad penal, pues con ello se vulnera  el principio de presunción de inocencia.   

          Lo  mismo  ocurrió,  agrega,  en relación con la valoración de la  prueba  documental  y  testimonial,  por  medio  de  la cual se corrobora que su  defendido   desplegó  conductas  en  procura  de  lograr  el  cumplimiento  del  contrato.   

          El   segundo   error  de  la  misma  naturaleza  que  a  juicio  del  casacionista  se  configura,  tiene  su  origen  en  la valoración de la prueba  documental  y  testimonial  “que indica la correcta  inversión del anticipo del contrato”.   

          Para  el  actor se vulneran las reglas de la sana crítica porque en  el  proceso  obran  recibos  de  entrada del material al almacén del municipio,  debidamente  adjuntados  a  la  declaración  de Jorge  Morantes,  cónyuge  de  la contratista, a pesar de lo  cual no fueron analizados.   

          Adicionalmente,  la  prueba testimonial certifica que la contratista  realizó  los  suministros correspondientes al valor total del anticipo recibido  y  cosa  distinta es que con posterioridad el municipio no le girara el restante  50  %,  ni  se  diera cabal cumplimiento a la fase final del contrato, probanzas  que tampoco merecieron análisis de parte de los juzgadores.   

          De   lo   anterior   se  colige  que  no  se  consolidó  detrimento  patrimonial  al  municipio de Soatá y, en consecuencia, surge  la ausencia  de responsabilidad penal de su prohijado.   

          Ello,  en  tanto  se  trata,  entonces, de un delito de bagatela, el  cual,  según las modernas teorías que informan el Estado Social y Democrático  de  Derecho,  no  amerita reproche penal alguno, por carecer de antijuridicidad,  es     decir,     de     entidad     para    lesionar    el    bien    jurídico  correspondiente.   

          Concluye  que  como  los  falladores para inferir responsabilidad en  contra   del   sindicado   LUIS  ALFONSO  ESTUPIÑÁN  SALAZAR  no  analizaron toda la prueba del expediente,  basándose  únicamente  en  el  informe  de la Contraloría de Boyacá, sin que  tampoco  se  hubiera tenido en cuenta su indagatoria, incontrovertida por prueba  alguna   y  confirmada  con  los  elementos  probatorios  dejados  de  apreciar,  “resulta  evidente  que  han errado en el análisis  probatorio  debido  y  por  consiguiente  han pretermitido dar aplicación a los  principios    que    informan   la   sana   crítica   probatoria”.   

Finalmente, precisa que de haberse analizado  la  prueba  reseñada  “se  hubiera  reconocido  la  materialización  del  axioma  del in dubio pro reo”,  dado  que  con  los medios de prueba valorados no se alcanza el grado de certeza  exigido  en  el  artículo  232 del estatuto procesal penal para condenar, de lo  cual se infiere la trascendencia del yerro   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  la  sentencia  condenatoria  proferida en contra de su defendido y, en su lugar,  dictar fallo absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De manera reiterada ha precisado la Sala que  en  vigencia  del Decreto 2700 de 1991 y las Leyes 553 de 2000   y 600  del  mismo  año  para  acceder al recurso extraordinario de casación se cuenta  con  dos  opciones:  por una parte, la forma tradicional o normal, regulada  en  el  inciso  primero  del  artículo  218  de la primera normatividad y en el  inciso  ídem de la última  y,  por  otra,  a  través  del  mecanismo excepcional, contemplado en el inciso  tercero de las mismas preceptivas legales citadas.   

En el primer evento, el medio de impugnación  es  viable  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los  Tribunales  Superiores de Distrito Judicial y por el Tribunal Penal Militar, por  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo, en el  caso  del  Decreto  2700 de 1991, sea o exceda de seis (6) años y, en el de las  Leyes 553 y 600 de 2000, si supera los ocho (8) años.   

En el segundo, lo será para cuando el fallo  de  segundo  grado  no  sea proferido por los mencionados Tribunales, o para los  eventos  en  que  el  delito  por  el  cual  se procede esté reprimido con pena  privativa   de   la   libertad  inferior  al  quantum  señalado  en precedencia o sanción no restrictiva de  la  libertad,  en  cuyo caso la Sala podrá admitir discrecionalmente la demanda  de  casación  presentada, si así lo considera necesario, para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los  derechos fundamentales, siempre y  cuando,  además,  el libelo cumpla con los restantes requisitos exigidos por la  ley.   

       

Interesa  destacar  que, por tratarse de dos  modalidades  diversas,  con  presupuestos  disímiles,  resulta  inadmisible  su  reclamo  simultáneo.   Es  necesario,  entonces,  que  del  contexto de la  demanda  aflore,  sin  vacilación,  la  selección  de  una  de  las dos vías.   

          Pues    bien,   frente   al   caso   sub  exámine,   cabe  precisar    que  los  presupuestos de procedibilidad  del  recurso  extraordinario se rigen conforme a la legislación vigente para el  momento         de         los         hechos1,  es  decir, de acuerdo con el  artículo  218  del Decreto 2700 de 1991, dado que tuvieron ocurrencia en el mes  de  diciembre  de  1998,  sin  que  se pueda inferir que resulten favorables las  normativas  ulteriores,  en  tanto  la legislación posterior, esto es, tanto la  Ley  553  como  la  Ley  600,  incrementaron  el  requisito  de punibilidad     exigido     para     acceder     a     la     casación  tradicional.   

Clarificado   ese  aspecto,  es  necesario  establecer  cuál  de  las dos alternativas para acceder al medio extraordinario  de   casación  resultaba  expedita  y  si  el  casacionista  cumplió  con  los  presupuestos establecidos legalmente en orden a su admisión.   

          Al  procesado  LUIS  ALFONSO  ESTUPIÑÁN  SALAZAR  se  lo  condenó,  a  través de la sentencia  impugnada,  por  el  delito  de  peculado  culposo, conducta que no satisface el  factor  punitivo  exigido  para  acceder al medio extraordinario de impugnación  por  la  alternativa  normal  o  tradicional bajo las pautas del Decreto 2700 de  1991.   

          En  efecto,  dicha  infracción  se reprende en el artículo 137 del  Decreto  Ley 100 de 1980, modificado por los artículos 18 y 32 de la Ley 190 de  1995      (aplicado  ultraactivamente  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad),  con  una pena  máxima  de  dos  (2) años de arresto, la cual no alcanza el requisito punitivo  exigido,  tampoco  satisfecho  con  el incremento posterior de la pena para este  delito  estipulado en el artículo 400 de la Ley 599 de 2000, al sancionarlo con  una        pena       máxima       de       tres       (3)       años       de  prisión.                 

Si  ello  es  así,  no  surge  conclusión  distinta  a  la  de  que  al  impugnante  sólo le quedaba como alternativa para  acudir  a este medio de impugnación la vía discrecional, asumiendo, por tanto,  las  obligaciones  y  exigencias  dispuestas  por el legislador en esta materia,  labor  que  no  acometió,  pues  acudió a la vía tradicional para demandar en  casación  sustrayéndose  totalmente  al imperativo de plantear las razones por  las  cuales  debía intervenir la Corte de manera excepcional, bien para mostrar  eventual    vulneración    de   garantías   fundamentales,   ora   porque   el  pronunciamiento      resultaba      indispensable     para     el     desarrollo  jurisprudencial.   

Temáticas estas últimas que tampoco surgen  del  contexto de la demanda, en donde el casacionista se circunscribe a plantear  un  cargo  por  violación  indirecta  de la ley sustancial por errores de hecho  derivados  de  presuntos  falsos  raciocinios, los cuales, dicho sea de paso, ni  siquiera  compaginan con la naturaleza de este yerro, sin evidenciar, de acuerdo  a  la  forma como las postula, que se esté frente a alguna de tales situaciones  que  posibilitan  excepcionalmente  el  acceso  a  este  recurso extraordinario.   

         

          Al  circunscribir  el  ataque  contenido  en esta censura a plantear  errores  de  apreciación  probatoria,  deja  de  lado considerar, como lo tiene  señalado  la  Sala,  que  por  versar sobre vicios in  iudicando  no  se  relaciona  con  la  protección  de  garantías  fundamentales,  a  menos  que  se  refieran  a  defectos  graves  de  motivación2, circunstancia no esbozada por el demandante.   

          Lo  anterior constituye razón suficiente, según lo tiene precisado  la  Corte,  para  inadmitir  el  libelo  de  casación  allegado por el defensor  de   LUIS  ALFONSO  ESTUPIÑÁN  SALAZAR,  sin  que,  por  consiguiente, resulte preciso revisar si el cargo  formulado  contra  el  fallo de segundo grado atacado reúne los presupuestos de  lógica  y  de  adecuada  argumentación, también exigidos para su admisión en  esta sede.   

         

          De  esa  manera,  la  conclusión  que emana necesariamente es la de  inadmitir  dicha  demanda,  con sujeción a lo normado en el artículo 213 de la  Ley  600  de  2000.  Además, porque no se advierte que dentro del presente  trámite  o  en  la  sentencia  se hubiera incurrido en violación de garantías  fundamentales que fuera necesario conjurar oficiosamente.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor de  LUIS  ALFONSO  ESTUPIÑÁN  SALAZAR,  por  las razones  expuestas en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600  de 2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                  Permiso   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE     LUIS     QUINTERO     MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Cfr.  auto del 16 de febrero de 2005, rad. 23006.   

2 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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