32317(18-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32317  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 360   

Bogotá D.C., noviembre dieciocho (18) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   del   procesado  WALTER  BAUTISTA  ZULUAGA.   

ANTECEDENTES:  

1.  Hacia las 9  de  la  noche  del  19  de  febrero  de  2007  el payaso Nelson Núñez Robledo,  conocido  como  PACHITO  ó  ANDRES,  presentaba su espectáculo en la pista del  circo  Sol  de  Cali,  puesta  en  la  calle  6ª  con la avenida 9ª del Barrio  Panamericano  de  Cúcuta.  De  improviso  dos  hombres ingresaron al lugar y le  dispararon,   lo   mismo  que  a  Willintong  Villamizar  Leal,  equilibrista  y  malabarista  de la compañía, conocido como RONNY, situado en el instante en la  portería del lugar. A causa del ataque fallecieron.   

A  través  de  la  investigación  logró  establecerse    que    uno    de    los   homicidas   era   alias   “Mi            pez”.  Una vez fue identificado como WALTER  BAUTISTA ZULUAGA se ordenó y materializó su captura.   

2.  Al  proceso,  iniciado  mediante  auto  del 23 de febrero de 2007, el mencionado fue vinculado  mediante  indagatoria  el  26 de febrero y tras dictarle la Fiscalía detención  preventiva  el 2 de marzo, le profirió resolución de acusación el 21 de junio  del  mismo  año  por  doble  homicidio  agravado (arts. 103 y 104-7 del Código  Penal),  en concurso con porte ilegal de arma de fuego de defensa personal (art.  365   ibídem).   Esta   determinación   cobró   ejecutoría  el  3  de  julio  siguiente.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  6 de noviembre de 2008 el Juzgado 5º Penal del Circuito de Cúcuta  lo  condenó  a  36  años  de  prisión,  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por 36 años y 2 meses y privación del derecho  a  tener  armas  durante 15 años. También al pago de $21.685.000.oo a favor de  los  herederos de cada una de las víctimas, por concepto de perjuicios morales.  En  relación  con  los  daños  materiales  el  despacho judicial se abstuvo de  condenar al acusado.     

4. Los procesados y  los  defensores  apelaron ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de Cúcuta,  a  través del fallo recurrido en casación, expedido el 13 de marzo de 2009, le  impartió confirmación.   

LA DEMANDA:  

1.  En  el  único  cargo  presentado  dice el defensor que el juzgador violó indirectamente la ley  sustancial  debido  a  error  de  hecho  originado  en falso raciocinio, el cual  recayó   en   la   prueba  testimonial.  La  sentencia,  además,  “tergiversó  y  distorsionó el sentido  de  la  prueba”, haciéndole  producir  “una eficacia que  no tenía”.   

2. Las instancias le  otorgaron  total  credibilidad  al testigo Esneyder Yair Echavez, quien señaló  haber  visto  salir corriendo del circo al procesado y a otro hombre después de  los disparos.   

Ese  relato debió ser observado y analizado  detenidamente  por  el  fallador,  especialmente  si  se  tiene en cuenta que lo  rindió un informante de la policía.   

El declarante mintió al referir que el día  de  los  hechos  se dirigía en su motocicleta al Barrio Aeropuerto “a    buscar    una    amiga   llamada  Yarima”. No solamente ésta  lo  desvirtuó  en  “todo lo  que  él  manifestó  referente  a  ella”  sino  la actividad era imposible debido a encontrarse incapacitado  para   trabajar   “por  la  fractura  en  la  columna”,  circunstancia  a  la  cual  se refirió bajo juramento el 22 de febrero de 2007.  Además,  si  se  verifican  los  lugares  en  el mapa catastral aportado por la  defensa,    no    corresponde    a    la   realidad   el   recorrido   por   él  descrito.   

Se  trató  de  un  montaje  falso  entre el  informante    y    la    policía    “para  darle  el  positivo al Presidente de la República” y a los organismos de derechos humanos  “que  a través de marchas  han      exigido      responsabilidad      por     estas     muertes”.   

De otra parte, se presentaron contradicciones  entre  el  testigo  y  los  policías  Peñuela y Rojas. El primero dijo que los  miembros  de  la  autoridad,  en  el  operativo  desplegado para encontrar a los  autores  de  los  crímenes,  le  pidieron  detener la motocicleta y exhibir sus  documentos;  Peñuela  anotó,  a  su  turno,  haberse entrevistado con Esneyder  Echavez  en  la  vía  al  Salado,  y  Rojas  que  se lo encontraron en esa ruta  –dos días después de los  hechos     y     no     cuatro     como    lo    señaló    Echavez—   y   éste   manifestó  contar  con  información  acerca de los homicidios. De hablar con la verdad los mencionados,  no      existirían      esas      diferencias      ya      que     “…cuando se dice la verdad de algo que  ha      ocurrido,      no     pueden     existir     inconsistencias…”.   

En  no  apreciar  correctamente  el medio de  convicción, en suma, radica la lesión de la sana crítica.   

3. William Guillermo  Cano  Zambrano,  acróbata  del circo Sol de Cali, describió a los agresores. A  su  declaración,  sin  embargo,  el Tribunal le concedió un mérito persuasivo  indebido   pues   las   características   atribuidas   a  quien  disparó  (175  centímetros  de  altura,  piel  blanca y cara delgada), no corresponden a   las  del procesado (186 centímetros  de estatura, atlético y con una mano  quemada).   

4.  La  segunda  instancia,  igualmente,  consideró  en la sentencia recurrida el dicho de Jairo  Antonio   Cano   Valencia,   propietario   del   circo   donde   ocurrieron  los  hechos.   

El     casacionista     –así      lo      dice—              “discrepa        del        valor  probatorio”  dado  a  tal  testimonio  en  cuanto  se  quebrantó  la  experiencia  o sentido común.   “El  declarante  vio  una  persona  de 1.70 de estatura de contextura media y con gorra de color oscuro, el  fallador  debió  analizar  las  características  físicas  del  señor  WALTER  BAUTISTA,  donde  se  aprecia  que  es  una  persona  demasiada  alta de 1.86 de  estatura  y  de  contextura  atlética,  que  no  corresponde  a  los  rasgos  o  características   físicas  del  señor  WALTER  (BAUTISTA),  para  así  poder  apreciar  correctamente  este  medio  de  prueba  frente  al  resto de medios de  convicción,  pues  el  juez  fallador  cometió  el  falso  juicio subjetivo de  raciocinio,  es  más  la  lógica nos enseña que si no corresponden los rasgos  físicos,  estaríamos  frente  a  una duda que debe ser a favor del encartado y  por   ende   no   se   llega   a   la   certeza  de  responsabilidad”.   

5. En relación con  los  testimonios  de Cristian David González Daza, Gabriel Fandiño Roca, Jorge  Alberto  Córdoba  Aguirre, Martha Alicia Daza y la injurada de su representado,  critica  el  recurrente  que  el  juzgador  no  les haya otorgado credibilidad y  declarado,  conforme  a  sus contenidos, que el acusado estaba en su casa cuando  sucedió  la tragedia. Acerca de la inconsistencia de éste  al negar en un  principio  conocer  a  Esneyder  Echavez  y  atribuirle  luego,  en la audiencia  pública,  el  propósito de implicarlo en el homicidio de un primo del testigo,  la  explicó el apoderado invocando una supuesta regla de experiencia de acuerdo  con  la  cual  un  sindicado  niega  conocer  a alguien al comienzo “pues  se  le  pone  de  presente  es un  nombre  y  un  apellido y no la persona físicamente, pero posteriormente cuando  observa  las  copias  del  expediente,  y  más  exactamente  la declaración de  Esneyder  (Echavez)  en otro proceso como testigo presencial de los hechos en la  muerte  de  su  primo,  pues  cae  en  cuenta  de  quién es y por ende debe dar  respuesta      al      interrogante”.   

Alirio  Sánchez  Daza,  de  acuerdo  con su  dicho,   presenció  los  hechos.  Mencionó  con  detalle  el  lugar  donde  se  encontraba  en  la  función circense y describió al autor de los disparos como  “más     o    menos  bajito”, provisto de gorra  azul.    Debe,   en   consecuencia,   “dársele    el    valor   probatorio   que   corresponde”.   

El  juzgador,  en fin, apoyado en el sentido  común  tenía  la  obligación  respecto  a  los medios de prueba favorables al  acusado,  de concederles “un  valor   probatorio  y  no  manifestarlo  como  de  sospecha  o  de  coartada  lo  manifestado  en sus dichos y apreciarlo correctamente con todos los elementos de  convicción  y  así  poder  llegar  a que el señor WALTER (BAUTISTA) no fue el  responsable     de     la     muerte     de    los    dos    payasos”.   

Procede,  por  tanto,  casar  la  sentencia  impugnada y, en su lugar, absolver al procesado.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Es notorio que la  demanda  no  satisface  el  requisito  legal  de  claridad  y  precisión  en la  formulación  de  los  cargos,  presentados por el defensor del condenado WALTER  BAUTISTA  ZULUAGA al amparo de la causal 1ª de casación de la ley 600 de 2000,  a  través  de la cual es viable denunciar yerros jurídicos o probatorios de la  sentencia.   

Los  primeros  no  le  permiten  a quien los  plantea  el  debate  de  los  hechos  que declaró comprobados el juzgador ni la  apreciación  probatoria  y  se  originan en la aplicación indebida de la norma  sustancial,   en   su   falta   de   aplicación   o   en   su   interpretación  errónea.   

La  violación  de  la  ley,  en  el segundo  evento,  tiene  lugar  de  manera  indirecta,  como  resultado  de errores en la  apreciación  probatoria,  que  pueden  ser  de hecho o de derecho. Los de hecho  ocurren  cuando el juzgador supone u omite pruebas (falso juicio de existencia),  distorsiona  o  altera  su  contenido  material  (falso  juicio de identidad), o  realiza  la  apreciación  probatoria  con  desbordamiento  de  la sana crítica  (falso  raciocinio);  los  de  derecho cuando aprecia pruebas inválidas o tiene  como  tales  pruebas válidas (falso juicio de legalidad) o cuando estima que el  medio  probatorio  tiene  tarifa  legal, no teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor o la eficacia probatoria que le asigna la ley (falso juicio  de convicción).   

Los  relacionados  son  los  únicos  yerros  susceptibles  de cometerse en el fallo. Y como es apenas lógico, una vez defina  el  demandante  cuál  de  ellos va a denunciar, tiene la carga de demostrarlo y  acreditar  su  trascendencia,  esto  es, que de no haberse incurrido en él otra  habría sido la orientación de la sentencia.   

2.  En  el  caso  sometido  a  consideración  de la Sala el casacionista señaló como origen del  pronunciamiento  judicial  equivocado, por medio del cual se habría condenado a  un  inocente,  el  error  probatorio  denominado  por  la  jurisprudencia  falso  raciocinio.   

Si  se  tiene  en  cuenta  que  el  mismo se  presenta  cuando  en la apreciación de las evidencias el juzgador sobrepasa los  límites  dentro  de  los cuales es soberano para fijar alcances a los medios de  convicción,  o sea los postulados de la sana crítica, era carga del demandante  precisar  cuál  ley científica, principio de lógica o regla de experiencia se  vulneró  en la sentencia, acreditar los términos de la impropiedad e igual que  sin  su  existencia  el  fallo  sería  distinto y favorable a los intereses del  sujeto  procesal  a  favor  del  cual  se  interpuso  el recurso extraordinario.   

3.   Aquí   el  apoderado  del  procesado,  pretextando  la  ocurrencia de un yerro de ese tipo,  pretende la prolongación de un debate agotado en las instancias.   

Detrás de las alusiones que hace a supuestas  transgresiones    del    sentido    común,   o   tergiversación   “del  sentido  de  la prueba”,  es evidente su inconformidad con las  conclusiones  del juzgador, a las cuales opone unos argumentos que así inscriba  como  atentados  contra  las  reglas  de  la  experiencia,  no  pasan de simples  cuestionamientos  a la lectura probatoria hecha en el pronunciamiento impugnado,  como  consecuencia  de  la  cual  se otorgó credibilidad al declarante Esneyder  Echavez   –quien  afirmó  haber    visto    al    acusado    cuando    huía    del    teatro    de    los  acontecimientos—  y  se le  negó  a  la  afirmación  de inocencia de BAUTISTA ZULUAGA, como a los testigos  que lo respaldaron.   

Ningún error de raciocinio puede tenerse por  demostrado,  pues,  cuando  el actor reivindica como tal que el juzgador no haya  acogido  el análisis probatorio de la defensa, a lo cual en verdad se reduce su  reproche,  persiguiendo  al  margen de comprobar un error de juicio del Tribunal  –el  cual  no se configura  sólo  por  creerle  a  un  informante de la policía o a unos declarantes cuyos  dichos  no  son idénticos—,  que  la  Corte  tercie  en  un  debate que se agotó con la sentencia de segundo  grado,  olvidando  que  la  casación  no es tercera instancia del proceso penal  sino  un  medio de impugnación extraordinario previsto para juzgar la legalidad  de la sentencia.   

Se  concluye  sin  ninguna  dificultad,  por  tanto, que no procede la admisión de la demanda.   

Casación oficiosa.  

Hasta  el  proferimiento  del auto del 12 de  septiembre  de  2007 (Radicación 29.967), venía considerando la jurisprudencia  mayoritaria  de  la  Sala que cuando se inadmite la demanda de casación pero se  advierte  la vulneración de una garantía fundamental que imponga su ineludible  corrección,  la  Corte,  previamente  a pronunciarse al respecto, debía correr  traslado para concepto al Ministerio Público.   

Dicha  postura  fue  recogida  en  el  auto  anotado,  en  el  cual, bajo la invocación de los postulados de pronta y eficaz  administración  de  justicia  y  de  la función de efectivización del derecho  material  asignada  por la Constitución a la Corte, se estimó lógico subsanar  inmediatamente  la irregularidad advertida, sin necesidad de correr traslado del  asunto al Ministerio Público.   

De conformidad con lo anterior, sin trámite  adicional,  la  Sala procederá de oficio a casar parcialmente la sentencia para  fijar  el término de la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  en  el  máximo  de 20 años contemplado en el artículo 51 de la Ley  599  de  2000  –lapso que de  acuerdo  con  jurisprudencia reiterada no puede superar esa sanción—,  en  lugar  de los 36 años y 2 meses  impuestos  por  las  instancias, pues es notable que con ello se transgredió el  derecho fundamental de legalidad.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la Republica y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

         1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada a nombre del procesado WALTER BAUTISTA ZULUAGA.   

         2.  CASAR  DE  OFICIO  y  parcialmente  la  sentencia  recurrida,  dictada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cúcuta  el  13  de  marzo  de  2009, en el sentido de fijar en 20 años la pena  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  que debe cumplir WALTER BAUTISTA ZULUAGA.   

Contra  la  presente  decisión no proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS         

         Comisión   de   servicio                                                                       Permiso   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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