32267(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32267  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 353  

Bogotá, D.C., once (11) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de la procesada GLORIA  EDILMA  ARANGO  BEDOYA  contra la  sentencia  proferida  el  2  de  abril  de  2009  por  el  Tribunal  Superior de  Medellín,  confirmatoria  de  la  dictada  el 27 de enero del mismo año por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de Envigado, por cuyo medio fue  condenada  como  autora del delito de violación a los derechos patrimoniales de  autor y derechos conexos.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  ad   quem,  al  desatar  la  impugnación  contra el fallo, en los siguientes términos:   

“El  12  de  febrero  de  2007,  agentes  de  policía  del  municipio  de  Envigado tuvieron  conocimiento  por  parte  de  la  ciudadanía  que  en el Centro Comercial «Las  Granjas»,  ubicado  en  la  carrera  42  No.  35  sur-  50,  puesto  No. 27, se  expendían  películas  «piratas»,  motivo  por  el  cual  se  desplazaron  al  referido   lugar  donde  fueron  atendidos  por  GLORIA  EDILMA  ARANGO  BEDOYA,  propietaria  del  establecimiento,  quien  aceptó  que  las  películas no eran  originales;  le  solicitaron  un registro voluntario al cual accedió la señora  ARANGO  BEDOYA,  enseñándoles las películas exhibidas para que comprobaran su  autenticidad,  dando como resultado la incautación de ciento sesenta y un (161)  películas  en formato Play Station I, copias de las originales, respecto de las  cuales   no   tenía   facturas   que  acreditaran  su  adquisición  lícita  o  autorización    para   reproducirlas”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Ante  el  Juzgado Primero Penal Municipal de  Envigado  de Control de Garantías, el 6 de julio de 2007 la Fiscalía Seccional  de  Medellín  formuló  imputación  a  GLORIA EDILMA  ARANGO  BEDOYA  por  el  delito  de  violación  a los  derechos   patrimoniales   de   autor   y   derechos   conexos,   el   cual   no  aceptó.   

El  19  de  julio  de  2007  se presentó el  escrito  de  acusación  ante  el  Juzgado Penal del Circuito de Conocimiento de  Envigado  y,  el  día 31 siguiente, se realizó la audiencia de formulación de  acusación  por  el  punible  citado, consagrado en el numeral 1º del artículo  271  del  Código Penal, modificado por el artículo 2º de la Ley 1032 de 2006,  en   concreto  por  la  conducta  de  “vender”.   

Cumplidas  las  audiencias preparatoria y de  juicio   oral,   con   decisión   del  22  de  octubre  de  2007,  GLORIA  EDILMA ARANGO BEDOYA fue condenada  por  el  ilícito  anotado,  pero con fundamento en el verbo rector “alquilar”,   providencia   que   confirmó  el  Tribunal   Superior   de  Medellín  en  determinación  del  4  de  febrero  de  2008.   

La   Corte,  al  conocer  del  recurso  de  casación,  con  sentencia  del  30 de octubre de 2008 declaró la nulidad de lo  actuado  a  partir  del anuncio del sentido del fallo inclusive, tras considerar  quebrantada   la   congruencia  que  debe  existir  entre  la  acusación  y  la  sentencia.   

Con el propósito de restablecer la garantía  del  debido  proceso,  el  20  de enero de 2009 el Juzgado Penal del Circuito de  Conocimiento  de  Envigado,  expresó  que el sentido del fallo era de carácter  condenatorio  por  el delito de violación a los derechos patrimoniales de autor  y  derechos  conexos,  previsto  en el numeral 1º del artículo 271 del Código  Penal,  modificado por el artículo 2º de la Ley 1032 de 2006; además precisó  que     la     imputación    era    por    la    conducta    de    “vender”.   

En  tal virtud, mediante sentencia del 27 de  enero   de   2009,  impuso  a  GLORIA  EDILMA  ARANGO  BEDOYA las penas principales de 48 meses de prisión y  multa  de  $11.562.442,  así  como  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo término de privación  de  la  libertad,  al  hallarla  autora  responsable del delito antes señalado.  También  le  negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena, pero  le concedió la prisión domiciliaria.   

Impugnada la decisión por el defensor de la  procesada,  el  Tribunal Superior de Medellín la confirmó mediante providencia  del 2 de abril de 2009.   

El  abogado  insistió en su inconformidad e  interpuso   recurso   de   casación   allegando   en   tiempo   el   respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

Cargo único (violación directa)  

Con  apoyo en la causal primera de casación  prevista  en  el  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, el actor denuncia el  desconocimiento  de  la ley de carácter sustancial, situación que condujo a la  aplicación   indebida   del   numeral   1º   del  artículo  271  del  Código  Penal.   

Por tal motivo, inicialmente sostiene que no  discute  la  apreciación  de los medios de conocimiento, ni el aspecto fáctico  señalado  por  el  Tribunal,  pues, en su opinión, el error se encuentra en el  proceso de adecuación de los hechos a la norma.   

Aduce que el acontecer fáctico fue subsumido  por  el  Juez  Plural en el delito de violación a los derechos patrimoniales de  autor  y  derechos  conexos,  consagrado en el numeral 1º del artículo 271 del  Estatuto  Punitivo,  modificado  por el artículo 2º de la Ley 1032 de 2006, al  darse  por  acreditados  todos  los  elementos  que  lo configuran, no obstante,  “tal  conclusión  es el  resultado    de    un    erróneo    proceso    de   interpretación” del mencionado precepto.   

Expresa que si bien dicho delito es de sujeto  activo  indeterminado, no ocurre lo mismo respecto del sujeto pasivo, pues sólo  lo  es  “quien ostente la  condición  de  «autor»…  elemento  normativo  del  tipo  que debe estar convenientemente acreditado en el  caso  concreto  para  que  se  pueda afirmar la subsunción de la conducta en el  supuesto   de   hecho   de   la  norma”.   

Sobre  el  ingrediente  normativo  en  cita,  expresa  que  la  Corte  Constitucional  precisó  su  alcance en los siguientes  términos:   

“Dentro de los  derechos  de  autor,  en  un  sentido  amplio,  se  suelen  incluir también los  derechos   conexos,  que  son  todos  aquellos  que  protegen  a  los  artistas,  intérpretes  y  ejecutantes,  así como a los productores de fonogramas y a los  organismos  de radiodifusión. En sentido estricto, sin embargo, los derechos de  autor  son  aquellos  que  surgen  en  virtud  de  la  relación  entre personas  naturales  creadoras  de obras originales, sean éstas literarias, artísticas o  científicas   y   que  recaen  exclusivamente  sobre  las  expresiones  de  las  mismas”1.   

Añade que conforme a lo anterior, en el caso  particular    se   estaría   ante   “derechos      conexos”,  pues  según  se  menciona en la sentencia impugnada, la presunta  afectada es una persona jurídica, es decir, la Compañía Sony.   

Así  las  cosas, pone de presente que en el  sub  judice  la conducta es  “atípica”     debido     a     “la ausencia de un elemento típico de  esencial  importancia,  cual  es  la  condición  de  autor  (y por consiguiente  titular  de  derechos  conexos  de  autor)  de  la  Compañía  Sony”,      ya     que     “la  configuración  de  este elemento  típico  presupone  el  cumplimiento  del  requisito  de  la  inscripción en el  registro   contemplado   por   la   legislación   vigente   sobre  derechos  de  autor”.   

Sobre  el particular precisa que, a pesar de  contemplarse  en  el artículo 5º del Decreto 1360 de 1989, reglamentario de la  Ley   23  de  1982,  el  diligenciamiento  de  una  solicitud  por  escrito  con  determinados  requisitos,  el Tribunal, apoyado en el artículo 20 de la Ley 545  de  1999  (aprobatoria  del  Tratado de la Organización Mundial de la Propiedad  Industrial      sobre  Interpretación   o   Ejecución   y   Fonogramas),  la  considera  “innecesaria”,  por cuanto en esta última norma se  estipula:  “Formalidades.  El  goce  y  el  ejercicio  de  los derechos previstos en el presente Tratado no  estarán        subordinados        a       ninguna       formalidad”.   

Agrega  que  tal  conclusión igualmente fue  respaldada  en los artículos 52 de la Decisión 351 del 17 de diciembre de 1993  de  la Comisión del Acuerdo de Cartagena, 5º de la Ley 33 de 1987, aprobatoria  de    la    Convención    de   Berna   para  la  Protección  de  las  Obras Literarias y Artísticas, así  como  en  las  Leyes 23 de 1982 y 44 de 1993 y en la jurisprudencia del Tribunal  de Justicia de la Comunidad Andina.   

Frente  a lo anterior, el impugnante señala  que  el  Juez  Colegiado  confundió  “protección  jurídica de los derechos de autor con declaración de  la  condición de titular de los derechos de autor y conexos, indispensable para  la  configuración…  del  tipo  penal…  puesto que  mientras  la  primera  no requiere ni está condicionada a la inscripción en el  registro  nacional,  la  segunda sí, porque el registro no es constitutivo sino  declarativo  y  cumple  funciones  de  publicidad  y  seguridad  jurídica, esta  última  claramente  está  orientada  a  la  protección jurídico penal de los  derechos  de  autor,  por  las  exigencias  propias  del principio de legalidad,  porque  en  dicho  ámbito,  titular  de derechos de autor y conexos sólo será  aquella  persona  que  la  ley  declara, esto es, reconozca como tal”.   

Aduce   que   el  error  del  Juez  Plural  consistió,  de  una  parte,  en  ignorar que la Ley 545 de 1999 no se refiere a  soportes   lógicos   sino   a   la   “interpretación     o     ejecución    y    fonogramas”  y,  de otro lado, olvidó que la Ley  565  de  2000,  aprobatoria  del  Tratado  de  la  Organización  Mundial  de la  Propiedad  Intelectual  sobre  Derechos de Autor, establece en su artículo 10º  excepciones   o  limitaciones  a  los  derechos  concedidos  a  los  autores  de  obras.   

Así  las  cosas,  asegura  que “la      exigencia      de      la  inscripción”    para  determinar   la  titularidad  de  los  derechos  de  autor  y  derechos  conexos  “está  vigente”, pues incluso el  artículo    6º    de    la    Ley    44    de   1993   dispone:   “Todo  acto  en  virtud  del  cual  se  enajene  el  derecho  de autor, o los derechos conexos, así como cualquier otro  acto  o  contrato  vinculado  con  estos  derechos,  deberá  ser inscrito en el  Registro  Nacional  del  Derecho  de  Autor  como  condición  de  publicidad  y  oponibilidad    frente   a   terceros”,   en   respaldo  de  lo  cual  cita  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional2.   

En esas condiciones, sostiene que la conducta  objeto  de  juzgamiento  es  atípica  debido a la falta de uno de los elementos  para predicar su condición delictiva.   

Finalmente,  indica  que  se  requiere  un  pronunciamiento  de  esta  Colegiatura en punto de la necesidad del requisito de  la  inscripción  en  el Registro Nacional del Derecho de Autor para adquirir la  condición   de   sujeto  pasivo  y  la  consiguiente  titularidad  de  derechos  conexos.   

En consecuencia, solicita casar la sentencia  y absolver a la procesada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cargo único (violación directa)  

Conforme  lo indica el demandante, cuando se  alega  el  quebrantamiento  inmediato  de  la  ley de carácter de sustancial el  debate  se  circunscribe  al  escenario  exclusivamente  jurídico y de allí el  deber  del  casacionista  de  asumir  incondicionalmente  la apreciación de los  medios  de  conocimiento  según  es precisada por el fallador e, igualmente, de  plegarse   a   la   realidad  fáctica  declarada  en  la  sentencia  objeto  de  impugnación extraordinaria.   

Ahora, como tres son los conceptos a través  de  los  cuales  se  llega  a  la  violación  directa  de  una norma de derecho  sustantivo,   conviene   anotar  que  cada  uno  de  ellos  exige  composiciones  argumentativas claramente definidas e independientes.   

Así,  cuando  lo perseguido es demostrar la  exclusión  evidente  de  una  norma,  impera  comprobar  el  error acerca de su  existencia o validez.   

Si  se  pretende  evidenciar  la aplicación  indebida  de  una  determinada  disposición,  el  esfuerzo  ha  de orientarse a  constatar  la  defectuosa  adecuación del supuesto fáctico probado respecto de  la hipótesis contemplada en el precepto.   

Finalmente,  si  lo  buscado  es  poner  de  presente  la  interpretación  errónea  de  la  norma, la tarea se concentra en  comprobar  que  se  le  confirió  un  efecto  limitado  o  excedido distinto al  derivado de su contenido.   

Además,  como  la  interpretación errónea  parte  de  la  base que la disposición vulnerada es correctamente seleccionada,  no  debe  confundirse  con los casos donde por dársele un alcance equivocado no  es aplicada o se utiliza en forma indebida.   

En  efecto,  es  pertinente  recordar que la  aplicación  indebida  o  la  exclusión  evidente  de  una  norma puede darse a  consecuencia de su errónea interpretación.   

En  estos eventos, el yerro de hermenéutica  conduce,  en  punto de la aplicación indebida, a desbordar el verdadero sentido  de  la  norma  y, por ello, se la pone a gobernar un asunto que no contempla. En  cuanto  hace  a  la  exclusión  evidente, el error en la exégesis del precepto  lleva   a   restringir   sus  efectos  jurídicos  y  por  eso   no  se  la  utiliza.   

Ahora,  cuando se alega que como fruto de la  interpretación  de  la  norma  ésta  se  aplica  indebidamente, corresponde al  impugnante  (i)  precisar  el punto de derecho objeto del ataque y establecer la  naturaleza  del  instituto jurídico recogido en él especificando su ubicación  en  el ordenamiento positivo, (ii) especificar cuál fue la exégesis dada en la  sentencia  al  mismo,  (iii)  indicar  las  razones  por  las  que  ella resulta  equivocada  y  (iv)  explicar porqué la comprensión propuesta en la demanda es  la  correcta,  lo  que  impone  demostrar  la  coherencia  de la interpretación  formulada  por el libelista frente a las categorías jurídicas relacionadas con  la  temática  y respecto del universo regulatorio inherente al punto de derecho  cuestionado.   

Igualmente, conviene mencionar que la simple  postulación  de una interpretación paralela a la consignada en la sentencia no  tiene  cabida  en  sede  de  casación,  por cuanto el recurso extraordinario no  está    instituido    para    prolongar    discusiones   al   estilo   de   las  instancias.   

En   otros   términos,   frente   a   la  interpretación  razonada  y  razonable de la norma realizada por el Tribunal no  es  posible  intentar  el  recurso  extraordinario,  si  el orden jurídico, los  valores,   principios,   derechos   y   demás   garantías   de  las  partes  e  intervinientes,  son  respetados  con el entendimiento que de los preceptos haga  el ad quem.   

Entonces,  como  en  este  caso  se alega la  aplicación  indebida  del  artículo  271  del Código Penal porque el Tribunal  erró  al interpretar su contenido, razón por la cual el defensor considera que  de  no haber ocurrido ello se habría concluido que la conducta ejecutada por la  acusada  es  atípica,  pues la Compañía Sony no está inscrita en el Registro  Nacional  del  Derecho  de Autor como titular del contenido de los CD incautados  y,  por  tal  motivo,  no  era  posible predicarle la condición de “autor”,  se observa que el libelista incurre  en  varios defectos de lógica y adecuada fundamentación al pretender demostrar  tal aserto, lo que provoca la inadmisión de la demanda.   

En  efecto, si bien el impugnante señala el  punto  de  derecho  a  partir  del  cual  edifica  su  reparo,  es decir, que la  Compañía     Sony     no     tiene     la     condición    de    “autor”  y,  por ende, no es sujeto pasivo de  la  conducta  punible  de  violación  a  los  derechos patrimoniales de autor y  derechos  conexos,  no precisa dónde está incluido dicho elemento normativo en  el artículo 271 del Estatuto Punitivo.   

Así mismo, si bien cita jurisprudencia para  indicar   la   interpretación   que  debe  dársele  al  ingrediente  normativo  “autor”  y,  con fundamento en ella, concluye  que  la  mencionada  multinacional  sólo  puede  ser  titular  de  “derechos      conexos”  si  están  inscritos en el Registro  Nacional  del  Derecho  de  Autor  para  ostentar  la  calidad  de  “autor”,  conforme lo prevé el artículo 5º  del  Decreto  1360 de 1989, no precisa en qué parte de esta norma se impone esa  obligación.   

Tampoco indica en cuál lugar del precepto en  cita  se  exige  como  requisito  para  ser  titular  de  derechos conexos dicha  inscripción,  ni en qué sector establece que el efecto del registro es obtener  la        calidad       de       “autor”.   

Ahora,  cuando  el  censor  predica  que  el  Tribunal,   a   partir   de   las   normas   citadas   en  el  fallo3,  confunde la  “protección jurídica de  los  derechos  de  autor  con la declaración de la condición de titular de los  derecho    de    autor    y   conexos”  porque el artículo 5º del Decreto 1360  de  1989  exige  la  inscripción  para  ostentar  tal  calidad, es claro que la  desorientación  en  realidad está en el actor, por cuanto pretende extraer una  consecuencia  que,  visto  el  contenido  de la norma en cita, simplemente no se  encuentra prevista ni tampoco se deduce de la misma.   

De  otra parte, con el empeño en comprobar  su  propuesta  casacional, el libelista tergiversa el contenido de la sentencia,  por  cuanto  si  bien  en  ella  se menciona la Ley 545 de 1999, aprobatoria del  Tratado   de   la  Organización  Mundial  de  la  Propiedad  Intelectual  sobre  Interpretación  o  Ejecución  y  Fonogramas,  se  hace  con  el  propósito de  señalar  que  en  el  artículo 20 de ese convenio se consagra, al igual que en  otros  instrumentos  internacionales sobre propiedad intelectual, la ausencia de  formalidades    para    el    goce    y    defensa   de   los   derechos   allí  previstos.   

El  afán  del  demandante por respaldar su  punto   de   vista   en   torno   a   “la       exigencia       de       la       inscripción” para determinar la titularidad de los  derechos  conexos, lo lleva a concluir, a partir del contenido de los artículos  6º  de  la Ley 44 de 1993 y 10º de la Ley 565 de 2000, aprobatoria del Tratado  de  la  Organización  Mundial  de  la  Propiedad  Intelectual sobre Derechos de  Autor,  que  todo  acto  en donde éstos se enajenen debe constar en el Registro  Nacional  sobre la materia, sin embargo, una vez más omite expresar las razones  en  sustento de esa afirmación, salvo porque trae a colación jurisprudencia en  la  cual  se  arriba a una conclusión distinta, pues allí se expresa que no es  necesario  el cumplimiento de formalidad alguna, ya que el registro sólo cumple  funciones  de  “publicidad  y       seguridad       jurídica”.   

En todo caso, contrario a lo afirmado por el  demandante,  se  observa  que  el  Tribunal,  apoyado  en  lo  dispuesto  en los  artículos  9º  de  la Ley 23 de 1982, 5º de la Ley 33 de 1987, aprobatoria de  la  Convención  de  Berna  para  la  Protección  de  las  Obras  Literarias  y  Artísticas,  y  52  de  la  Decisión  351  del  17  de diciembre de 1993 de la  Comisión  del  Acuerdo  de Cartagena, acertadamente concluyó que la Compañía  Sony  tenía la calidad de sujeto pasivo del delito de violación a los derechos  patrimoniales  de  autor  y derechos conexos, porque según la Ley 44 de 1993 el  registro  es  potestativo, pues en su artículo 3º se consagra que “Se  podrán  inscribir en el Registro  Nacional   del   Derecho   de   Autor”  los  actos  relativos  a  las  obras  literarias,  científicas  o  artísticas,  ya  que  el  mismo,  acorde  con  el  artículo  4º  ibídem,  sólo  tiene  por  objeto  dar  publicidad y seguridad jurídica.   

Además,  el  ad  quem  también  se  apoyó  en  la  jurisprudencia del  Tribunal   de   Justicia  de  la  Comunidad  Andina4,  donde igualmente se sostiene  que  no  es  obligatorio  el  registro  para ostentar la titularidad de derechos  conexos.   

En  resumen,  como  el  demandante  omite  satisfacer  unos  mínimos  requisitos de lógica y adecuada fundamentación con  el  propósito  de demostrar su propuesta casacional, pero además, deja de lado  el  contenido  de la ley y la interpretación ampliamente difundida acerca de la  temática cuestionada, se impone inadmitir la demanda.   

Finalmente,   es  oportuno  precisar  que  examinada  la  actuación  y  la  providencia  impugnada,  la  Sala  no advierte  violación   de  derechos  o  garantías  de  la  acusada,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  el  ejercicio  de  la facultad oficiosa conferida por el  legislador en punto de asegurar su protección.   

Cuestión final  

Teniendo  en cuenta que contra la decisión  de  inadmitir la demanda de casación presentada por el defensor de la procesada  GLORIA    EDILMA    ARANGO    BEDOYA   procede  el  mecanismo de insistencia, de acuerdo con lo establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004, impera precisar que, dado el  silencio  en  dicha  normativa  sobre  la regulación del trámite a seguir para  aplicar  el  referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas para su  aplicación5, como se expresa en adelante:   

i) La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  propuesto  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  —siempre  que  el  recurso    extraordinario   no   se   haya   interpuesto   por   un   Procurador  Judicial—, el Magistrado  disidente  o  aquel  que  no  haya  participado  en  los  debates  o suscrito la  providencia inadmisoria.   

ii)  La  solicitud  de  insistencia  puede  presentarse  al  Ministerio  Público  por medio de uno de sus Delegados para la  Casación  Penal,  o ante uno de los Magistrados que haya salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda, o ante cualquiera de los  miembros de la Sala que no participó en la discusión.   

iii)   Es   potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  frente  a quien se formula la insistencia, optar por someter el asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último  en  que  informará  de  ello  al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

iv)  El auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  presentó,  salvo  que  la insistencia  prospere  y,  por  consiguiente,  comporte  la  admisión del libelo, o también  porque  sea  necesario pronunciarse oficiosamente sobre la eventual vulneración  de garantías fundamentales tras resolverse aquélla.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  GLORIA  EDILMA ARANGO BEDOYA, por las razones expuestas  en la parte motiva de esta decisión.   

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  segundo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004 y, en los términos referidos  en  el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  la  misma procede el  mecanismo de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Licencia no remunerada  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO      JOSÉ      IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JORGE LUÍS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia C-053 del 21 de enero de 2001.   

2  Sentencia C-1118 del 1º de noviembre de 2005.   

3  Artículos  52  de  la Decisión 351 del 17 de diciembre de 1993 de la Comisión  del  Acuerdo  de  Cartagena,  5º  de  la  Ley  33  de  1987,  aprobatoria de la  Convención  de  Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas  y las Leyes 23 de 1982 y 44 de 1993.   

4  Consulta  del 6 de septiembre de 2000, Proceso No. 64 IP-2000. En igual sentido,  Concepto  del  30  de  diciembre  de  2005,  Radicación  No. 2-2005-12525 de la  Dirección  Nacional  de  Derechos  de  Autor  del  Ministerio del Interior y de  Justicia.   

5 Cfr.  Auto del 12 de diciembre de 2005, Radicado No. 24322.     

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