27032(28-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 27032  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aprobado acta No. 341  

Bogotá, D. C., veintiocho (28) de octubre de  dos mil nueve (2009).   

A S U N T O  

          Decide  la  Sala  el recurso de reposición interpuesto por el   Procurador  Segundo  Delegado  para  la  investigación  y el juzgamiento penal,  contra  la  providencia  del  pasado  primero (1) de octubre mediante la cual se  denegó  la  nulidad que solicitó de lo actuado en esta causa adelantada contra  el  ex  senador  Álvaro  Araújo Castro, a   partir   del  proveído  con  el  que  se  dispuso  reasumir  su  conocimiento, proferido el 15 de septiembre anterior.   

IMPUGNACIÓN Y CONSIDERACIONES  

         

Como  metodología,  en  principio la Sala se  ocupará  de  los  argumentos  que  esgrime  el  recurrente con el fin de que se  revoque   la   decisión   impugnada,   se  decrete  la  nulidad  pretendida  y,  consecuencialmente,  se  devuelva  la  actuación  al  despacho que la remitió,  pronunciándose al respecto de inmediato, como sigue:   

1.- Inicialmente el  Procurador  señala  que  su  crítica  contra  el auto mediante el cual la Sala  reasumió  la competencia para conocer de esta causa, la formuló a partir de la  naturaleza  y  filosofía  del  fuero que consagra el artículo 235 de la Carta,  por  lo  que  debe  superarse  el mero formalismo del texto constitucional, para  atender  el  sentido  de  la  institución  y la connotación del parágrafo que  “tiene  su  máxima  expresión cuando un ciudadano  elegido  congresista,  por  tal  condición,  excluye  a  otras  autoridades del  conocimiento  de  los  procesos  penales  contra  él  adelantados, prebenda …  desaparece  cuando  ya  no  ostenta  el  cargo  y las conductas que se endilgan,  no  tienen  relación  con  la  función,  toda  vez  que  una  vez  cesa  su  rol de parlamentario ninguna  injerencia   puede   haber   en   el   ejercicio   de   las   ramas   del  poder  público” (subrayado y negrilla de la Corte), por lo  que   no   puede  interpretarse  aisladamente  en  su  literalidad  –  como lo hizo la Sala – sino que debe  atenderse  la finalidad Constitucional de la división de poderes que se propone  garantizar  con  el  fuero,  lo cual es desnaturalizado por la Sala “al  apropiarse  de  la competencia con indiferencia al postulado  normativo  expuesto  en  dicho  precepto”, cuando el  mismo   no  asigna  una  competencia  abierta  de  la  Corte  sino  restringida,  específica y excluyente.   

1.1.-   Para  responder,  la  Sala  precisa  que  la  tesis  del  impugnante  en manera alguna  controvierte  la  planteada por la Corte al variar la jurisprudencia respecto de  la  prórroga  de  su competencia para conocer de las actuaciones adelantadas en  contra  de  ex  congresistas, prevista por el parágrafo del artículo 235 de la  Constitución  Política,  pues  respetando el contenido de la mencionada norma,  la  naturaleza y filosofía de la institución del fuero, cuyas características  fueron  tema  de  análisis,  según  lo  admite  el  propio memorialista, en la  decisión  del  primero  (1)  de  septiembre  pasado  adoptada por la Sala en el  radicado  31.653  que  junto  con  el  auto  cuya  nulidad pretende –   del   15  de  septiembre  anterior  -conforman  una  unidad,  acorde  con  lo  advertido  en  el mismo, lo que se ha  esgrimido es justamente contrario a lo que el recurrente refiere.   

Obsérvese que la Corte ha destacado en ambas  providencias  cómo  lo  que determina el mantenimiento o la recuperación de su  competencia  en  los  eventos  en  que  se investiga o juzga a un congresista no  obstante  haber cesado en el ejercicio de su cargo, por cualquier razón, es que  el     delito    o    delitos    imputados    tengan  relación  con las funciones desempeñadas y nunca que  no la tengan, como lo señala  el impugnante en su escrito.   

          Es  así  como  en  el  auto del primero (1) de septiembre anterior,  radicado 31.653, se dijo:   

“Como viene de verse, en el auto del 18 de  abril  de  2007,  radicado  26.942,  se  exige  para  mantener  el  fuero  a los  congresistas  después  de  haber cesado en el desempeño de sus labores, que se  proceda  por un delito de los denominados “propios”, cuando lo cierto es que  el  parágrafo  del  artículo  235 de la Normativa fundamental establece que el  fuero  se  mantendrá  “para las conductas punibles  que    tengan   relación   con   las   funciones   desempeñadas”,  sin  aludir de manera alguna a la exigencia asumida antes por la  Sala,  que  se  convertiría  por  consiguiente  en un requisito adicional a los  previstos en la Constitución Política.   

Ciertamente,   respecto   de   “delitos  propios”  el  fuero  congresional  se mantiene en cuanto se trate de conductas  inherentes  al  ejercicio  de la función pública que corresponde a senadores y  representantes  (artículos  150  y ss. de la Carta Política), pero a la par de  ello   se   debe   acudir  al  referido  parágrafo  del  artículo  235  de  la  Constitución  cuando  no  se  trata  específicamente de “delitos propios”,  sino  de  punibles  “que  tengan  relación con las  funciones   desempeñadas”  por  los  congresistas,  siempre  que  de  su  contexto  se advierta el vínculo con la función pública  propia    del    Congreso.”     (Negrillas de la Corte).   

Mientras  que  en  la  providencia del pasado  quince (15) de septiembre dictado en esta causa, se sostuvo:   

“No hay campo a la vacilación respecto de  que  en  los  eventos  en  que  -de  acuerdo  con  lo  señalado-  se  establezca  el  vínculo entre la función como congresista y el  delito  atribuido,  la Corte debe mantener o (para el  caso   específico)   recuperar   la   competencia  de  la  que  hubiera  podido  desprenderse   en  virtud  de  una  interpretación  que  a  la  fecha  ha  sido  reconsiderada  en  ejercicio de su facultad constitucional de ser la unificadora  de   la   jurisprudencia.”   (Negrillas  de  la  Corte).   

          Tesis  a la que también se hizo referencia en el proveído mediante  el  cual  se  denegó  la  nulidad  pretendida, inclusive poniendo de relieve el  consentimiento expreso del impugnante con dicha conclusión, así:   

“Conjugando todas estas ideas que sin duda  ponen  de presente el rol del juez en la actualidad y, desde luego, a partir del  contenido  de la norma constitucional, una vez hecho el rastreo pertinente de la  evolución  de  la jurisprudencia, de la doctrina y de los planteamientos hechos  dentro  del  mismo  Congreso,  encontró  la  Sala  un  nuevo  concepto sobre la  competencia  que tiene para conocer de las actuaciones adelantadas contra los ex  congresistas  por  la  comisión  de  una  conducta  punible  de las denominadas  comunes,  siempre  y  cuando  tenga relación con sus  funciones,  cuya tesis es precisamente aquella que el  mismo    memorialista    admite    cuando    asegura:   “aunque   se  comparta  que no puede constituir un  límite  que  la  prórroga  del  fuero  del  parágrafo del artículo 235 de la  Constitución  se  circunscriba  a  los  denominados delitos propios, es en cada  caso  concreto, como se dijo, donde debe analizarse la relación que tendría en  el  evento particular el delito con la función””.  (Negrillas de la Sala).   

          Por  lo  que  a esta altura de la controversia, resulta insólito lo  expuesto  al  respecto  por  el recurrente en la sustentación de la reposición  que  se  resuelve  – arriba  transcrito   -,  amén  de  la  afirmación  que  hace  en  el  sentido  de  que  “una  vez  cesa  su  rol  de  parlamentario ninguna  injerencia   puede   haber   en   el   ejercicio   de   las   ramas   del  poder  público”, ya que es precisamente la relación entre  el  delito  atribuido  y  las  funciones  desempeñadas  por el congresista, aun  cuando  ha  cesado  su  rol  de  parlamentario,  lo  que  permite  prorrogar  la  competencia  de  la  Sala, acorde con lo dispuesto por el parágrafo de la norma  superior citada.   

Esto  es  lo  que razonadamente se ha venido  sustentando  en  las  decisiones  ya  mencionadas,  lo cual revela que jamás la  Corporación  ha entendido, y menos expuesto para distorsionar la naturaleza del  fuero  constitucional,  que  la  prórroga  de su competencia en estos casos sea  ilimitada     o    indeterminada    –  como  lo  sostiene  el  impugnante -, cuando, paradójicamente, ha  insistido  sobre  los  términos  concretos  en  que la Carta se la ha asignado,  tanto  que  el  mismo  recurrente  la  tilda  de haber hecho una interpretación  meramente  gramatical  o  literal  por  circunscribirla a los delitos que tienen  relación,    nexo,   enlace,   conexión   o   vínculo   con   las   funciones  desempeñadas.   

          2.-   De   otro  lado,  en  criterio  del  impugnante,  cuando  la Sala hizo referencia a los paradigmas de interpretación  judicial,   de   manera   impertinente  abordó  la  discusión  relativa  a  la  constitucionalización   del   derecho  que  no  implica  la  desaparición  del  principio   de   legalidad  “como  lo  insinúa  la  providencia”,    por    ser   desarrollo   de   la  Constitución,  en  cuanto  la  interpretación  de  las  normas por parte de la  judicatura debe ajustarse a los postulados de la Carta Política.   

         

El  antiformalismo contemporáneo al cual se  hace  alusión por la Corte está fuera de contexto, pues no se relaciona con la  interpretación   de  textos  legales  aisladamente  considerados  sino  con  la  obligatoriedad   del   precedente   judicial  consolidada  en  los  sistemas  de  interpretación  judicial  anglosajona, dentro de los cuales como función de la  judicatura  está  previsto el control constitucional al aplicar  normas en  aquellos   casos   que   generan   tensión  a  la  hora  de  proteger  derechos  fundamentales,  por  lo  que  no  puede  utilizarse  en  un sistema jurídico de  tradición  romano-germánica como el nuestro, en el que no se acepta plenamente  el carácter vinculante de la jurisprudencia.     

         

El activismo judicial que aduce la Corte como  nueva  propuesta  de  hermenéutica  del  sistema  normativo,  se  presenta  con  criterios  y  premisas  de  interpretación  constitucional que no se avienen de  manera    directa    al    caso    que    nos    ocupa,    porque   “fundamentalmente”   el  juez  tiene  papel  activo  en  la  construcción  del  derecho  cuando  interpreta  la Carta  Política  en  virtud  del  marco  abierto  e  indeterminado de los principios y  valores  que  consagra,  cuya tensión requiere de una nueva visión de la labor  del  operador  jurídico  ante la insuficiencia de los métodos tradicionales de  interpretación.   

Pero  en  el  caso  de  estudio  no  existe  conflicto  entre  la  prórroga  de  competencia  y  la facultad de la Sala para  seguir  conociendo  o  reasumir  procesos  penales  en contra de ex congresistas  “por   delitos   que   tienen  relación  con  sus  funciones”,  toda  vez que el artículo 235 Superior  contiene  la  estructura  típica  de  una  disposición  normativa  en forma de  “regla”, mientras que el  cambio   de   jurisprudencia   es   utilizado   para  realizar  un  “símil  gramatical  extensivo” de la  palabra  “relación”  como conexión, enlace o correspondencia para conjurar  la    renuncia    del    cargo    como    acto    de    voluntad    –  que la Corte equipara a “una   elusión   anómala   de   su   competencia”  y  más  bien  refleja la búsqueda  de una garantía válida  como  estrategia  defensiva  -,  con otro amparado en un criterio de autoridad –  del  organismo  máximo  de  la jurisdicción ordinaria por el cual se considera  que  la  jurisdicción ordinaria es incapaz de asumir estas investigaciones y de  adoptar  las  decisiones procedentes -, traducido en la decisión de mantener el  conocimiento  del proceso –  aún  con efectos retroactivos a pesar de que con antelación se había adoptado  una  posición  consecuente  con  la institución, remitiendo la actuación a la  jurisdicción ordinaria, como corresponde -.   

Y  es  que con la nueva orientación para la  “auto-asignación   de   funciones”  reclamada  por  la  Sala –  cuyo  rol corresponde al Congreso -, se retuerce la naturaleza del  fuero  constitucional  de  investigación y juzgamiento para congresistas cuando  cesan  en  sus  cargos,  por  cuanto  en  el  delito de concierto para delinquir  “se  sanciona el mero acuerdo para la ejecución de  delitos,  sin  importar  su  naturaleza  o  el  escenario  donde  se cometan, no  requiere  la  presencia de un sujeto activo calificado, tampoco implica el abuso  de  poder  en  la  función  de congresista, y en el evento de ser agravado, por  organizar,  armar  o  financiar  grupos  al  margen  de  la  ley,  no  contempla  distinciones  si es cometida por servidor público. Se trata de un tipo penal de  sujeto  activo  indeterminado  que  no contempla distinciones cuando es cometido  por  un  parlamentario,  por  quien  ha  dejado  de  serlo  o por quien aspira a  ello”,     según     lo     que    asegura    el  memorialista.   

2.1.-           Tales  cuestionamientos  acerca  de  la  manera  como  la  Sala  arribó  a  la  reinterpretación  de la prórroga de la  competencia  que  le asigna la Constitución en el parágrafo del artículo 235,  conforme  con lo planteado en las decisiones ya citadas del 1 y 15 de septiembre  anterior,   así  como  en  la  impugnada,  destacan  la  visión  personal  del  recurrente  sobre  las  reflexiones allí aducidas, con los presuntos yerros que  les  imputa por lo impertinente, fuera de contexto y no aplicable al caso de las  teorías  de  interpretación  de  normas  a  las que se acudió para definir el  asunto.   

Sin  embargo,  lo  cierto  es  que  nunca se  insinuó  por  la  Sala,  según  el  libelista  lo  entiende  perfilado  en  la  providencia  que  ataca,  que  la constitucionalización del derecho implique la  desaparición  del  principio  de  legalidad;  opuesto  a  ello  y acorde con lo  señalado  por  aquel  en  el  sentido  de  que  “la  interpretación  de  las  normas por parte de la judicatura debe ajustarse a los  postulados  de  la  Carta Política”, en la decisión  citada se anuncia:   

“Ciertamente,      teniendo  como  base  el  artículo  29  de  la  Carta y  con  apoyo en la jurisprudencia constitucional y penal, sobre el  “juez  natural”  se  señaló  que  para respetar su esencia como una de las  reglas  mínimas  sobre las cuales se asienta el Estado Social y Democrático de  Derecho,  resulta imperioso reconocer al organismo judicial que constitucional y  legalmente  se  ha  establecido  previamente  para adelantar la investigación y  juzgamiento  de  los  aforados, a menos que pretenda convertirse el mismo en una  invención  a  fin  de  permitir que  la simple voluntad del investigado de  renunciar  a  su  curul,  sirva  de  soporte  para  evadir  la competencia de la  Corte.   

          …   

Conjugando  todas  estas ideas que sin duda  ponen  de presente el rol del juez en la actualidad y, desde luego, a  partir  del  contenido  de  la  norma constitucional,  una  vez  hecho  el  rastreo  pertinente  de la evolución de la  jurisprudencia,  de  la doctrina y de los planteamientos hechos dentro del mismo  Congreso,  encontró  la  Sala  un nuevo concepto sobre la competencia que tiene  para  conocer  de  las actuaciones adelantadas contra los ex congresistas por la  comisión  de  una conducta punible de las denominadas comunes, siempre y cuando  tenga  relación  con sus funciones…”.(Negrillas de  la Sala).   

          Además,  la  crítica  que la Sala realizó acerca del principio de  legalidad  estuvo  referida  a  la manera como el recurrente hizo uso del mismo,  según  las  afirmaciones  que  sobre  el  tema esbozó en procura de la nulidad  pretendida   conforme   con  lo  puntualizado  al  respecto  en  la  providencia  impugnada. De ningún modo para desconocer su validez y existencia.   

         

          Por  otro  lado,  pese  a  que  el  antiformalismo contemporáneo se  relacione  con  mayor  precisión a la obligatoriedad del precedente judicial en  un  sistema  de  interpretación  anglosajona  diferente  al  nuestro,  y que el  activismo       judicial      tenga      mayor      relevancia      “fundamentalmente” en el papel activo  que  tiene  el  juez  en la construcción del derecho cuando interpreta la Carta  Política,  ello  no  desvirtúa  la  suficiencia que tienen para explicar en la  actualidad  y  dentro  del  Estado Social y Democrático de Derecho diseñado en  Colombia  a  partir  del  Constitución  que  rige  desde  1991,  principios tan  preciados  para  el  derecho penal como son el del juez natural, la autonomía e  independencia  judicial  cuya  raigambre  constitucional,  además  de legal, es  innegable (Artículos 29 y 228 de la Carta).   

             

Entonces,  si como lo sostiene el impugnante  esas           “nuevas          propuestas  hermenéuticas”  solamente resultan de utilidad para  el  juez cuando se trata de aplicar normas que protegen derechos fundamentales o  para  interpretar  aquellas  de la Carta Política que proponen alguna tensión,  palmario  deviene  que  fue  precisamente  para  ello que la Corte esgrimió las  mismas,  como  lo  demuestran  los  cánones  constitucionales que consagran las  garantías  judiciales  relacionadas, empleadas en la providencia impugnada para  respaldar  la concepción de la nueva postura jurisprudencial relacionada con la  prórroga  de  la  competencia  de la Sala en los eventos de que aquí se trata,  que  como se sabe le fue asignada igualmente por disposición constitucional, en  virtud  del  conflicto  que  suscitaba  el  cambio  de  tesis  al respecto, cuya  evidente  muestra  es  el  debate  que  hoy se cumple a expensas del recurrente,  quien  no  obstante  ello,  señala que no hay tensión alguna dado el contenido  claro del artículo 235 superior.   

En  este  punto  el  reclamante  encamina su  controversia    hacia    el   “símil   gramatical  extensivo”  –  utilizado por la Sala – de la palabra  “relación”  contenida  en  el  parágrafo de la norma en cita, “para  conjurar el acto de voluntad que significa la renuncia del  cargo…  que  se  asimila  por  la  Corporación  a  una elusión anómala a su  competencia”  – entendido  por  el recurrente como una estrategia defensiva -, que ha sido neutralizado con  otro  acto  de  voluntad  de  la  Corte, cuando con criterio de autoridad decide  mantener  el  conocimiento  del  proceso, a pesar de que con anterioridad había  asumido   diferente   resolución  al  remitir  lo  actuado  a  la  “jurisdicción   ordinaria”,   donde  corresponde.   

Desatina  de  nuevo el impugnante, porque la  Corte  no  ha  entendido  la  renuncia de la curul presentada por un congresista  investigado  y/o  juzgado  por ella, exclusivamente relacionada con el ánimo de  eludir  su  competencia,  pues  ello  bien  puede  darse por diferentes razones,  incluida      aquella      que     realza     el     recurrente     –  estrategia  defensiva  -;  lo que al  respecto  se  dijo  en  la  decisión  del primero de septiembre de 2009, tantas  veces mencionada, fue:   

“No puede, entonces, la Corte, sin correr  el  riesgo  de  violar  el principio del juez natural, acudir a interpretaciones  que  prohíjen  el  cambio  de competencia atendiendo tan solo a la voluntad del  implicado   de   sustraerse  al  juez  constitucionalmente  preestablecido  para  investigar y juzgar su conducta.   

Ello,  no  cabe  duda, repugna a la idea de  jurisdicción  en  un  Estado  social y democrático de derecho que, entre otros  factores  de  distinción,  respeta también principios caros a la naturaleza de  esa    función,    entre    otros,    los   de   autonomía   e   independencia  judiciales.   

…  

No  puede  pensarse  que  el  querer  del  legislador  primario, en punto del contenido del parágrafo del artículo 235 de  la  Carta, haya sido facultar que el solo interés personal del aforado delimite  posible el cambio de juez natural”.   

A  ello se refirió la Sala abundando en los  elementos  de juicio que le permitieron variar la interpretación del parágrafo  del  artículo  235 de la Constitución, como quiera que la sola lectura literal  de  la  norma  no brindaba un único criterio de interpretación, muy a pesar de  que  viniera sosteniéndose una tesis contraria a partir de lo señalado en auto  del  18  de abril de 2007, radicado 26.942, como lo demuestra el hecho de que en  el  seno  de  la  propia  Corte  la  misma  tampoco  fuera pacífica1.   

Y  si  bien  en  la  providencia  del  15 de  septiembre  pasado,  al  reasumir  esta causa se adujo por la Sala que a ella le  correspondía  en  últimas definir la competencia en casos como éste, mediante  la   interpretación   que   hiciera  con  criterio  de  autoridad  –  por  ser  el  órgano  máximo de la  jurisdicción  ordinaria  y  como  encargada  constitucionalmente de unificar la  jurisprudencia  nacional  -,  no  se  sigue  de  tal afirmación que mediante un  simple  acto  de  voluntad  unilateral  suyo  resolviera sobre el asunto, ya que  concretamente  se  señala  que  de  todas  formas debe hacer la interpretación  razonada  correspondiente  para  decidir  si mantiene o recupera la competencia,  según el análisis que haga de cada caso particular.   

Tampoco  podía  considerar la Corporación,  como  lo  señala el impugnante, que la jurisdicción ordinaria fuera incapaz de  asumir  el  conocimiento  de  procesos  como éste, porque como ya se dijo, para  cambiar  su  jurisprudencia  con  base en los razonamientos advertidos, la Corte  actuó  precisamente  como  órgano  superior  de  dicha  jurisdicción, dada la  competencia   que   se   le  asigna  constitucionalmente  para  conocer  de  las  investigaciones  y juicios adelantados contra congresistas, así hayan cesado en  el  ejercicio  de  su cargo, por cualquier razón, siempre que el punible que se  les       atribuya       tenga       relación       con      las      funciones  desempeñadas.        

Así  que  no  se  trata de una “auto-asignación    de   funciones”  reclamada  por  la  Sala,  con  la cual desnaturalice el fuero constitucional de  investigación  y juzgamiento para congresistas cuando cesan en sus cargos, como  lo  sostiene  el  recurrente,  sino  del reconocimiento de la competencia que la  Carta   le   ha   fijado,   en   los  términos  ya  citados,  a  partir  de  la  reinterpretación  que  del  parágrafo  del  artículo  235 ha realizado; labor  emprendida  por  la  Sala  para  descifrar  el  contenido  de la norma porque le  correspondía  hacerlo en cumplimiento de sus funciones como juez constitucional  y  penal,  lo  cual  en  forma  alguna  puede  confundirse  con  la tarea que le  corresponde al Congreso al legislar.   

Ahora,  cuando  la  Corte  ventiló  en  la  decisión  mediante  la  cual  reasumió  el  conocimiento  de  esta  causa,  lo  concerniente  al  delito  de  concierto  para  delinquir agravado por organizar,  armar    o    financiar    grupos    al    margen   de   la   ley   –  que  como  se  señaló  contiene lo  resuelto  en  providencia del 1 de septiembre anterior, radicado 31.653 -, no se  ocupó   de  los  elementos  indispensables  para  su  configuración,  que  por  supuesto,  no exigen un sujeto activo calificado ni contempla distinciones, como  lo  dice el memorialista, “cuando es cometido por un  parlamentario,  por  quien  ha  dejado  de  serlo  o por quien aspira a ello”,  y  no  tenía que hacerlo porque de conformidad con la  nueva  interpretación  que  se  le  ha  dado  a la norma superior citada tantas  veces,  aquello  que  determina  la prórroga de la competencia de Sala en estos  casos  es  la  relación entre  el  delito  –  propio y/o  común  –  atribuido  al  congresista que ha perdido tal condición –  sin  interesar la razón de ello – y  las funciones que debía desempeñar.   

Esto también sirve para explicar, contrario  a  lo  que  alega  el  impugnante,  que  al  adoptarse  por  la  Sala  la actual  interpretación  de la prórroga de su competencia en los términos y limitantes  de  la  disposición  constitucional ya conocida, según se ha desentrañado, si  bien  se  hizo  alusión al delito de concierto para delinquir por ser el que en  los  eventos  a  través  de  los  cuales  se  resolvió  el  tema  – radicados 31.653 y el de que aquí se  trata  –,  generó, entre  otros,   las  actuaciones  penales  en  contra  de  los  ex  congresistas  allí  referidos,  la  competencia  de la Corte cobija todas las conductas punibles que  se  atribuyan a congresistas y que tengan vinculación, nexo o relación con sus  funciones, conforme con lo que la norma constitucional prevé.   

Diverso  es  que  para  ejemplificar, en los  casos  del concierto para delinquir agravado por promocionar, organizar, armar o  financiar  grupos  al margen de la ley, se hayan suministrado algunos argumentos  para  verificar  la  relación entre el delito y las funciones desempeñadas por  el congresista, cuando se dijo:   

“Tal  es  el  caso  de los congresistas a  quienes  se  les imputa la conducta de concierto para delinquir agravado por sus  eventuales  vínculos  con  miembros  de  las autodefensas cuando ya ocupaba una  curul  en el Congreso de la República, proceder que si bien no es propio de sus  funciones,  en  cuanto  reunirse con delincuentes para orquestar la comisión de  delitos   no   es  ni  podrá  ser  inherente  al  ámbito  funcional  de  dicha  Corporación,  sí  pone  de presente, de un lado, que posiblemente hacía parte  de  dicha  organización criminal y, de otro, que de conformidad con la forma en  que  operaba  la  misma, se trataba presuntamente de un miembro calificado de la  misma a quien correspondía aportar dentro de su ámbito funcional.   

El anterior aserto cobra especial valía si  se  tiene  en cuenta que de conformidad con las reglas de la experiencia, en una  empresa  delictiva  cada  quien  aporta  aquello  de lo que tiene. Así pues, el  sicario  contribuirá  con  la  muerte  material  de  personas;  el  experto  en  explosivos  colocará  y  activará  artefactos  de  acuerdo  a los planes de la  organización;  los  ideólogos  y  directores  trazarán  las  directrices para  conseguir  los  objetivos  del grupo; los infiltrados en la fuerza pública y en  la  administración de justicia advertirán sobre futuros operativos y trámites  o  procurarán  la  impunidad  de las conductas que lleguen a su conocimiento en  los estrados judiciales.   

A su vez, el papel de un congresista en las  citadas  organizaciones  armadas  al  margen  de la ley, cuyo objetivo era el de  acceder  al  poder  por  medios  no  ortodoxos  e  ilegales ajenos a los canales  democráticos,  no  podía  ser diverso al de poner al servicio del grupo ilegal  el  andamiaje  de sus funciones como senador de la república; entonces, ingenuo  resulta  pensar  solamente  en  asistencias  aleatorias  a  las  reuniones, o en  calidad  de  simple  y  llano  espectador  o  bien  porque  los  delincuentes lo  consideraban “importante” para la sociedad.   

En este sentido, no hay duda que el vínculo  de  congresistas  con  los  miembros  de las autodefensas unidas de Colombia, no  contaba   con   pretensión  diversa  a  la  de  aportar  cada  uno  lo  que  le  correspondía  para  trabajar  conjuntamente  en  el  propósito  común. Unos a  partir  de  sus  destrezas,  otros  con su capacidad económica o delincuencial;  algunos,  desde  el  ejercicio  de su condición de servidores públicos dada su  representación  del  pueblo  y dentro del ámbito de sus competencias regladas,  específicamente   su   función   legislativa.   Y,  esto  último,  en  cuanto  constituía  propósito  medular  de  los  cabecillas  de la organización   infiltrar  todas  las instancias del Estado, según fue ampliamente divulgado en  los  medios de comunicación, circunstancia que excluye la posibilidad de tildar  la  conducta  de  los  congresistas  involucrados en las reuniones ilegales como  meramente accidental o aleatoria.   

Y  si  en desarrollo de la concertación de  voluntades  para  cometer delitos un congresista utiliza alguna de sus funciones  públicas  para  sacar  avante  los  propósitos  de  la organización criminal,  incurrirá  en  un  concurso  de  conducta  punibles  toda  vez que el delito de  concierto  para  delinquir  se configura de manera autónoma e independiente por  el    simple    hecho    de    acordar    la    comisión   de   comportamientos  ilícitos.   

Debe  reiterarse  que  el  parágrafo  del  artículo  235  constitucional  no  establece que las conductas a través de las  cuales  se  dota  de  competencia  a  la  Corte sean realizadas “durante” el  desempeño  como  congresista  sino  simplemente que “tengan relación con las  funciones   desempeñadas”,   de  tal  suerte  que  resulta  factible  que  el  comportamiento  o  iter  criminal  pueda iniciarse antes de acceder a la curul y  consumarse  o  agotarse  con posterioridad a la dejación del cargo, sin que por  ello se pierda la condición de aforado para efectos penales.   

Pero   también  ocurre  que  durante  el  desempeño  del cargo, el aforado ejecuta conductas delictivas, no propias de la  función,  pero  sí  íntimamente  ligadas  con  ella,  como podría suceder, a  título   de  ejemplo,  con  el  congresista  que  bajo  el  pretexto  de  hacer  proselitismo  político,  se  reúne con jefes de grupos armados al margen de la  ley,  en  aras de asegurar apoyo logístico que le permita conservar la curul en  las  elecciones venideras, a cambio de prebendas tales como otorgar –de  inmediato y dada la condición de  senador  o  representante  que  para  ese  momento  se ostenta- contratos a esos  grupos.   

Igualmente, puede suceder que un aspirante a  una  curul  en  el  congreso  reciba  dineros para adelantar su campaña, con el  compromiso  de  que  una vez alcanzado el propósito se erigirá representante o  emisario  en  el  seno  congresional  de  quienes  favorecieron ilícitamente la  elección.   

En  tal  caso,  la  investidura  y la tarea  desarrollada  en  el  Congreso  por  el  aforado  no resultan ajenas a ese hecho  fundacional  concreto  o, en otras palabras, no se puede sostener que ese manejo  proselitista  previo  no tiene relación con las funciones desempeñadas, cuando  no  se  duda  que  las  dichas  funciones representan cumplimiento de lo pactado  previamente”.2   

Pero  de  todas  formas el operador judicial  necesariamente  debe  hacer  el  análisis  en  cada  caso  para  determinar  la  competencia  y,  de  establecer  que  se  cumple la exigencia constitucional que  permite  prorrogar  la  que  la  Constitución  asigna  a la Corte, remitirle lo  actuado,  pues de ser ésta quien examina el asunto, mantendrá o recuperará su  conocimiento,   tal  y  como  lo  decidió  en  el  caso  concreto  –  contrariando  la  manifestación del  impugnante  al  señalar que el delito “no tiene que  ver  con  los  deberes  funcionales  del  Congreso” –  aduciendo  los  razonamientos  atendidos  para  ello3.   

Se  controvierte  de  tal forma la tesis del  recurrente  en  el  sentido  de  que se haya consagrado por la Sala –  incursionando  en  los  terrenos del  legislador  -,  un  tipo penal especial con competencia definida respecto de las  investigaciones  adelantadas  contra  congresista  por  concierto para delinquir  dados  sus  eventuales  vínculos  con  grupos  paramilitares  y,  también, que  “el nuevo tratamiento dado a la figura del fuero ya  no  sería  funcional  sino contemplativo” por virtud  de  la  nueva  interpretación  que  la  Corte  ha  hecho  de la prórroga de su  competencia.   

La censura que se hace de la nueva postura de  la   Corte   sobre   la   prórroga   de  su  competencia,  porque  “se   anticipa  un  resultado  a  la  situación  que  genera  la  competencia,   cuando  el  aforado  procesado  ni  siquiera  ha  accedido  a  su  curul”,  seguramente  tiene  basamento en uno de los  párrafos  transcritos  de  la  decisión del primero (1) de septiembre anterior  –  radicado  31.653 -, en  los  que la Sala ilustró con ejemplos cómo puede advertirse la relación entre  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado  con fines de promoción de  grupos  armados  al  margen  de  la  ley  y  las funciones de un congresista, al  señalar:  “resulta factible que el comportamiento o  iter  criminal  pueda  iniciarse  antes  de  acceder  a  la curul y consumarse o  agotarse  con posterioridad a la dejación del cargo, sin que por ello se pierda  la condición de aforado para efectos penales”.   

Sobre  ello,  dígase  de  entrada que no se  aplicaría  a  la  hipótesis   ventilada  en este juicio, pues como quedó  claro  en  la  providencia  mediante  la  cual  se reasumió el conocimiento del  mismo,    los    cargos    elevados    en   contra   del   doctor   Araújo  Castro por el delito de concierto  para  delinquir  agravado  del  cual se le acusa, se formulan por sus eventuales  vínculos  con  las  autodefensas  acaecidos   cuando  ya  era  miembro del  Congreso.   

Y  de otro lado, de aquella manifestación  hecha  por  la  Sala  no  puede surgir, como lo interpreta el Procurador, que se  haya    sostenido    una    prórroga    de    su    competencia    “hacia  el  pasado”,  porque  si bien  “el  comportamiento o iter criminal pueda iniciarse  antes  de  acceder  a  la curul”, necesariamente ello  debe  enlazarse  con  el  hecho  cierto  de  haber  alcanzado  la  elección  de  parlamentario,  que  es  lo  que efectivamente permite obtener el fuero para ser  investigado  y  juzgado por la Corte, como se extracta del análisis integral de  la  decisión  atrás  referida,  cuya  competencia  se  extiende,  después  de  perderse  tal  condición  por  la causa que fuere, si el delito atribuido tiene  relación con las funciones desempeñadas.   

3.-  Otra  de  las  recriminaciones  del  recurrente  consiste  en  que  no  es aplicable al caso la  figura        de        la        “perpetuatio  jurisdictionis”  porque el  carácter  funcional  del fuero no se compadece con la vocación civilista de la  misma,  según  la  cual  una  vez  radicada  la  competencia para conocer de un  proceso  en  determinado  despacho  judicial,  allí  queda radicada sin lugar a  alteraciones,   salvo   las   excepciones   legales  (artículo  21  Código  de  Procedimiento   Civil),   para   evitar   el   traslado   de   procesos   y   el  desaprovechamiento  del  conocimiento  de  la  actuación  que tiene quien viene  tramitándola.   

Mientras  en  materia  penal la institución  tiene  una  incidencia  distinta,  pues el juez natural como principio universal  contenido  en  ella,  no puede modificarse jurisprudencialmente a través de una  “lectura    renovada    del   tema”  –  inocua  para  generar  un  tránsito  legislativo  que  permita  pregonar  la  necesidad  de  aplicar  la  figura -, amén de que tratándose del  ejercicio  del  ius puniendi  el  ordenamiento  jurídico ha fijado reglas definitorias de  competencia –  con   carácter  de  orden  público  –  “dentro de un marco preciso, taxativo,  obligatorio,      inmodificable      e      inderogable     por     disposición  jurisprudencial”,  siempre  sujeto  al  principio de  legalidad.   

3.1.- Sobre el punto  debe  mantenerse lo que se dijo en la decisión impugnada, no cuestionado por el  recurrente,  en  el  sentido  de  que  si bien la Sala aludió a la perpetuatio  jurisdictionis al reasumir el  conocimiento  de  esta  causa,  no  lo  hizo  como  argumento basilar de la  decisión  adoptada  si  se repara en lo que al respecto se dijo en la misma; es  más,  nada  se  mencionó  relacionado  con  los  planteamientos con los que se  sustenta la crítica del memorialista.   

Y  es  que  con  la nueva postura de la Sala  sobre  el contenido de la norma constitucional aludida, antes que desconocer los  principios  de  juez natural y de legalidad se han garantizado al reconocer a la  Corte  como  el órgano judicial predeterminado constitucionalmente para conocer  de  la investigación y juzgamiento de los congresistas pese a que por cualquier  razón  pierdan  esa  condición,  por  delitos que se les atribuya y que tengan  relación   con   las  funciones  desempeñadas,  pues  siendo  los  más  altos  representantes  del  poder legislativo, ameritan ser investigados y juzgados por  la  máxima  Corporación  de la jurisdicción ordinaria, tal y como lo disponen  los  artículos  186  y 235 de la Constitución, “lo  que  deriva  en que no exista superioridad del ejecutivo, legislativo o judicial  por    los    recíprocos    controles    que   en   la   Constitución   están  previstos”,  según  lo  que  el  mismo  impugnante  reclama,  amén de que ello permite conservar los fines  del Estado de Derecho en un marco de equilibrio e imparcialidad.   

Disquisición  que  bien  puede  realizar la  Sala,  porque  aún siendo un juez ordinario está sometido al imperio de la ley  y  la Constitución, motivo por el cual no puede dejar de interpretar sus normas  cuando  ejerce sus funciones;  con  mayor  razón  cuando  se  trata  de un mandato de semejante estirpe el que  intenta  dilucidar,   colaborando  así  en  la  labor que comparte con los  demás  órganos  estatales  en  la  creación  del  derecho  en nuestro sistema  jurídico,  bajo  el  cumplimiento  de  lo  que establece el artículo 113 de la  Carta.   

Por  eso  es  que  la  tensión  permanente  referida  por  el  propio  libelista  entre  el  papel de la jurisprudencia y la  función  del  legislador, en cuanto a la legitimidad y alcances en la creación  e  interpretación  del  ordenamiento  jurídico,  no  solamente  ha  sido  tema  debatido  por  la doctrina nacional y foránea, que fue lo que se mostró con lo  mencionado   al  respecto  en  la  providencia  impugnada,  como  lo  admite  el  recurrente   –  así  lo  entendiera  referido a casos particulares -, y sirvió de fundamento en armonía  con  los  principios, fines y valores que subyacen en  la  Constitución, para adoptar la decisión por medio  de  la  cual  la  Sala  dispuso  reasumir  el  conocimiento  de  lo  actuado, al  reinterpretar  el  artículo  235  superior,   sino que también se tuvo en  cuenta  lo que la jurisprudencia constitucional ha señalado al respecto, siendo  pertinente  rememorar,  además de lo ya citado en la decisión que dio origen a  esta discusión, lo que sigue:   

“El   carácter   dinámico   de   la  Constitución,  que  resulta  de  su  permanente tensión con la realidad, puede  conducir   a   que   en  determinados  casos  resulte  imperativo  que  el  juez  constitucional  deba  modificar  su interpretación de los principios jurídicos  para  ajustarlos  a las necesidades concretas de la vida colectiva – aún cuando  no  haya  habido  cambios  formales  en  el  texto  fundamental -, lo que incide  necesariamente  en  el juicio de constitucionalidad de las normas jurídicas. El  concepto  de  “Constitución  viviente”  puede  significar que en un momento  dado,  a  la  luz  de  los  cambios económicos, sociales, políticos, e incluso  ideológicos  y  culturales de una comunidad, no resulte sostenible, a la luz de  la   Constitución,  –  que  es  expresión,  precisamente,  en  sus  contenidos  normativos  y valorativos, de esas realidades -, un pronunciamiento que la Corte  haya  hecho  en  el  pasado,  con fundamento en significaciones constitucionales  materialmente  diferentes  a  aquellas  que  ahora  deben  regir  el  juicio  de  Constitucionalidad  de  una  determinada  norma”.4   

“En  efecto,  corresponde a los jueces, y  particularmente  a  la  Corte  Suprema,  como autoridad encargada de unificar la  jurisprudencia  nacional,  interpretar  el  ordenamiento jurídico.  En esa  medida,  la  labor  creadora  de  este  máximo  tribunal  consiste  en formular  explícitamente  principios  generales  y  reglas que sirvan como parámetros de  integración,    ponderación    e    interpretación    de   las   normas   del  ordenamiento.   Sin  embargo, esta labor no es cognitiva sino constructiva,  estos   principios   y   reglas  no  son  inmanentes  al  ordenamiento,  ni  son  descubiertos  por  el  juez,  sino que, como fuentes materiales, son un producto  social  creado  judicialmente,  necesario para permitir que el sistema jurídico  sirva  su  propósito  como  elemento  regulador  y transformador de la realidad  social.   

Con  todo,  para cumplir su propósito como  elemento  de  regulación  y  transformación  social,  la creación judicial de  derecho  debe  contar  también  con la suficiente flexibilidad para adecuarse a  realidades  y  necesidades  sociales  cambiantes”.5   

“Integrar los conceptos de antiformalismo  e  interpretación  conforme a la garantía consagrada en el artículo 229 de la  Carta,  en  manera alguna busca desconocer o debilitar el papel protagónico que  cumplen  las  reglas  de  procedimiento  en  la  ordenación y preservación del  derecho   de   acceso   a  la  justicia,  ni  contrariar  el  amplio  margen  de  interpretación  que  el  propio  orden  jurídico le reconoce a las autoridades  judiciales  para  el logro de sus funciones públicas. Por su intermedio, lo que  se  pretende  es  armonizar  y racionalizar el ejercicio de tales prerrogativas,  evitando  que los criterios de aplicación de la ley, excesivamente formalistas,  en  cierta  medida  injustificados  o contrarios al espíritu o finalidad de las  normas  aplicables, puedan convertirse en un obstáculo insuperable que terminen  por  hacer  nugatorio  el  precitado derecho a la protección judicial y, por su  intermedio,  el desconocimiento de valores superiores como la igualdad de trato,  la    libertad    y    el    debido    proceso”.6   

Ahora,  en  términos del impugnante, con la  “aplicación       retroactiva      de      la  jurisprudencia”   –  asimilada  a  la  ley  –  causaría  incertidumbre  que  pueda  señalarse  como  equivocada  una  interpretación  anterior,  producto  de lo cual se presentaran  cambios    al   respecto   “sin   parámetros   de  constatación  que  permitan  confrontar  la  procedencia  de las variaciones de  postura”,  relativizando  con  ello  el principio de  imparcialidad;  por  lo  que  se hace necesario recabar en lo ya ilustrado en el  sentido  de  que  la  última  postura  de  la  Sala  sobre  la  prórroga de su  competencia,  reivindica  aquella  que  se  sostuvo  desde  la  vigencia  de  la  Constitución  hasta  cuando  en  proveído  del  18 de abril de 2007 – radicado  26.942  –  se  modificó, tal y como se dejó expuesto en el auto del primero de  septiembre pasado, radicado 31.653.   

Porque si el criterio mayoritario de la Sala  encontró  que  debía  recogerse  aquella  interpretación  de  la norma por no  responder  integralmente  a  los  postulados  constitucionales, le correspondía  proceder  como  lo  hizo, exteriorizando razonadamente los elementos fácticos y  jurídicos  que  le sirvieron de fundamento para hacerlo, lo cual destaca que lo  aplicable  a  los  casos  particulares que corresponde analizar a los operadores  judiciales,  sigue  siendo  el  parágrafo  del  artículo  235 superior – en el  entendido  señalado  –  y, por ende, de lo que se trata es de la aplicación de  la  voluntad  de  una  norma que ha regido desde 1991 y no de una jurisprudencia  aplicada hacia el pasado, como ya se dijo.   

Corolario  de  lo  anterior, la Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

R E S U E L V E  

         

NO  REPONER  la  providencia  objeto  del recurso horizontal interpuesto por el representante del  Ministerio Público, con base en la fundamentación que precede.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aclaración de voto  

   

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                      

                         Permiso             Aclaración de voto   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE  LEMOS                 

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

         Excusa    justificada                  Salvamento de voto   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

        Salvamento de voto   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Como  se  puede  apreciar  en  los  autos  del 17/09/2008, 19/05/2008 y 18/04/2007 por  medio  de  los  cuales  se  dispuso remitir a la Fiscalía los radicados 27.941,  26.948 y éste, respectivamente, entre otros.   

2 Auto  01/09/2009 radicado 31.653.   

3 Auto  15/09/2009.   

4  Sentencia C-774 de 2001 Corte Constitucional.   

5  Sentencia C-836 de 2001 Ibídem.   

6  Sentencia C-426 de 2002 ejusdem.     

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