32178(28-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32718  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No. 128   

Bogotá, D. C., veintiocho de abril de dos mil  diez.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación que presenta el defensor del procesado OSCAR   CUBILLOS   RESTREPO   contra   la  sentencia  de segunda instancia proferida el 24 de abril de 2008 por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Buga, mediante la cual lo condenó por el  delito    de   actos   sexuales   abusivos   con   menor   de   catorce   años,  agravado.   

1.- ANTECEDENTES  

1.1.-  La  cuestión  fáctica,  ocurrida  en  Caicedonia,    Valle,   fue   declarada   por   el   juzgador   de   la   manera  siguiente:   

“El  denunciante  Orley  Toro  Mejía  dice  que  el  12 de abril de 2005 fue convocado al colegio  donde  estudian  sus  hijas,  y  en  reunión con el Coordinador y tres docentes  más,  su  hija L. F. fue requerida para que contara lo sucedido, procediendo la  menor  a relatar que el vigilante del Colegio Bolivariano a quien le pidió unas  bombas  para  la  niña,  la  hizo  entrar  al teatro del Colegio y allí con el  empleo   de   la   fuerza   la  manoseó  y  la  besó  en  la  boca”.   

1.2.-  Después  de  llevar  a  cabo  algunas  diligencias   preliminares   dispuestas  en  resolución  del  13  de  abril  de  20051,  el  13 de junio siguiente la Fiscalía Doce Seccional con sede en  Caicedonia-   Valle,   declaró   abierta    la  investigación2   y   vinculó    mediante   indagatoria   a   OSCAR   CUBILLOS   RESTREPO3,  a  quien le  definió  la  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento consistente en  detención                 preventiva4.    

1.3.-  Posteriormente,  previa  clausura  del  ciclo                   instructivo5, el 2  de         septiembre         de         20056   se   calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación en contra del procesado  OSCAR  CUBILLOS  RESTREPO,  como  presunto autor responsable del delito de actos  sexuales  abusivos  con menor de catorce años, agravado,  definido por los  artículos 209 y 211.4  de la Ley 599 de 2000.   

Contra  la  resolución  de  acusación,  la  defensa    interpuso    recurso    de   apelación7    la   cual,   el     10     de     octubre     de    2005,    recibió    íntegra  confirmación  por  parte  de  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal  Superior             de             Buga8.   

1.4.-  El conocimiento del juicio fue asumido  por  el Juzgado Penal del Circuito de Sevilla, Valle9,   en   donde,   después  de  adelantar        la       vista       pública10,      el     13     de    septiembre    de    200611,  se puso fin a la instancia  condenando  al  procesado  a  la pena principal de cuarenta y ocho (48) meses de  prisión,  asimismo  se dispuso la accesoria de interdicción en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por tiempo igual al de la pena privativa de la  libertad,  a consecuencia de hallarlo autor penalmente responsable del delito de  actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años,  al  tiempo que le concedió la  prisión   domiciliaria,   entre  otras  decisiones12.   

1.5.-  Recurrida  esta  determinación por la  defensa13,  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, por medio del  fallo  proferido  el 24 de abril de 2008 le impartió confirmación integral, al  conocer   en   segunda   instancia   de  la  apelación  interpuesta14.   

1.6.-   Contra  la  sentencia de segunda  instancia,   el  defensor  del  procesado  OSCAR  CUBILLOS  RESTREPO15,  interpuso  recurso   extraordinario   de  casación,  el  cual  fue  concedido  por  el  ad  quem16   y   sustentado   oportunamente   con   la   presentación  de  la  correspondiente                demanda17,  de  cuya  admisibilidad se  ocupa la Corte.   

2.- LA DEMANDA  

Después   de  identificar  a  los  sujetos  procesales  y  la  providencia materia de impugnación, así como de resumir los  hechos  y  la  actuación  llevada  a  cabo  en las instancias, un cargo formula  contra   el   fallo   del   Tribunal,   manifestando   que  invoca  “como causal de casación la señalada  en  los artículos 7º, inciso 2° que trata del   error de derecho en  la  apreciación  de  la  prueba y 277 del C. de P. Penal (anterior normatividad  Ley  600), bajo cuya mandar ocurrieron los hechos y que para el presente caso se  dirige  a  la  que  se  ha  tenido en cuenta para sustentar las condenas, siendo  ellas  el  testimonio  de  la  menor  L. F. T. P. y el de su hermano menor,  quien  al  parecer, así lo rezan los autos la acompañó en la fecha y sitio de  los   acontecimientos”  (sic).   

Con  la  pretensión de darle desarrollo a la  censura,  sostiene  que  los  dos  menores,  a  los cuales ha hecho alusión, al  rendir  testimonio  incurrieron  en  varias contradicciones que les restan valor  probatorio  y, pese a ello, y a que las condiciones sociales y familiares en que  han  crecido  no  han  sido  las  mejores,  se  les  dio  la categoría de plena  prueba.   

Contrario  sensu,  anota,  en  defensa  del  procesado  se  allegó el testimonio del señor Norberto Toro Rivera, compañero  de  trabajo,  en  cuanto también es empleado del mismo colegio donde sucedieron  los  hechos,  quien  pudo  observar  la  actividad  llevada  a cabo tanto por el  acusado como por los dos menores.   

Argumenta  que  tampoco  se tuvieron  en  cuenta  los testimonios de aquellas personas que refirieron conocer al procesado  como  un  ciudadano  de  bien,  ni  el  dictamen  de  la psicóloga en el que se  concluye  que  la  menor   presuntamente  atacada presenta una personalidad  mitómana,  lo  cual  es  respaldado  por el propio padrastro y los docentes del  colegio      en     donde     estudia.          

Agrega  que  la  mayoría  de  los  testigos  traídos  al proceso, son de referencia porque no observaron absolutamente nada,  razón  por  la  cual  considera  que  “se  ha  incurrido en el error al valorar o apreciar estas probanzas  sin  tener  en  cuenta  las  diferentes  pruebas  en  conjunto  para  tornar una  decisión    justa    y    ecuánime” (sic).    

Manifiesta  que  si bien el hecho investigado  tuvo  realización,  sucedió  en  la  forma narrada por el procesado, es decir,  actuó  abiertamente  y  sin ninguna intención de causarle daño a las menores,  pues  besó  a  dos de ellas por motivos nobles y sentimentales, como al parecer  lo  hace  con  sus  menores  hijos,  y  en  un  lugar  que  no  permite  obrar a  escondidas.   

Como  quiera que, en su criterio, el juzgador  de   segunda   instancia  pudo  haber  incurrido  en  un  error  de  valoración  probatoria,  solicita casar la sentencia recurrida, para que por lo menos se dé  aplicación  al  principio  del in dubio pro reo, y absolver al procesado de los  cargos que le fueron formulados.    

SE CONSIDERA:  

1.-   De   manera   reiterada,   por  tanto  suficientemente               difundida18,  la  Corte ha señalado que  la  casación  no  es  una  instancia  más, en la que puedan ser presentados de  manera  libre  e  informal  argumentos  de  disentimiento  contra  los fallos de  segunda  instancia,  ni  constituye  una prolongación del juicio en que resulte  posible  la  continuación  del  debate fáctico y jurídico propio del trámite  regular del proceso.   

Insistentemente la jurisprudencia ha precisado  que  su  postulación  debe obedecer a la denuncia y demostración de haber sido  transgredida  la  ley  con  el  fallo,  y  que  el escrito a través del cual se  ejerce,   a fin de que pueda superar el juicio de admisibilidad al trámite  extraordinario  que le compete realizar a la Corte, necesariamente debe cumplir,  no  solamente  los rigurosos requisitos de forma y contenido establecidos por el  artículo   212  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000  (idoneidad  formal),  sino  que la demanda  debe   ser   objetivamente   fundada,  es  decir,  estar  llamada  a  lograr  la  infirmación  total  o parcial de la sentencia, o a propiciar un pronunciamiento  unificador  del  Máximo  Tribunal de la Jurisdicción Ordinaria alrededor de un  determinado      tema      jurídico     (idoneidad  sustancial).   

Por  esta  razón,  entre los presupuestos de  admisiblidad,  la  legislación  procesal  tiene  previsto para el demandante la  obligación  de  presentar  precisa  y  claramente  los  fundamentos fácticos y  jurídicos  del  motivo  de casación que se aduce, para lo cual debe tomarse en  cuenta  que  el  principal  deber  del  censor   consiste  en  la  correcta  selección  de  la  causal  que  persiga  aducir  ya que cada una de ellas tiene  naturaleza   autónoma,   por   lo   mismo   se  halla  sometida  a  parámetros  demostrativos  propios  y distintos de las demás,  y que su configuración  trae aparejada consecuencias de diversa índole para el proceso.   

En  relación  con la causal primera, la Sala  tiene  establecido  que  cuando  se  denuncia  violación  directa  por falta de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  de  normas de  derecho  sustancial, es deber del demandante aceptar los hechos y las pruebas de  ellos  tal como fueron declarados unos y apreciadas las otras por el juzgador de  segunda  instancia,  y  exponer  su  discrepancia  en  el ámbito del raciocinio  estrictamente  jurídico,  es  decir,  sólo  con  las  consecuencias jurídicas  atribuidas  a  los hechos declarados, sin que resulte viable alegar o sugerir al  tiempo  la  presencia  de errores de apreciación probatoria, dado que para ello  la ley ha previsto la vía indirecta.   

Si se acude a la  violación indirecta de  disposiciones  de  derecho sustancial, a consecuencia de incurrir el juzgador en  errores  de apreciación probatoria, el casacionista debe precisar si éstos son  de hecho o de derecho.   

Los  primeros se presentan cuando el juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el medio; porque omite apreciar una  prueba  que  obra  en  el  proceso;  porque  la  supone  existente  sin  estarlo  (falso juicio de existencia);  o  cuando  no obstante considerarla legal y oportunamente recaudada, al fijar su  contenido  la  distorsiona,  cercena  o  adiciona  en  su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecen  de  ella  (falso  juicio de identidad);  o,  porque  sin cometer ninguno de los anteriores desaciertos, pese a existir la  prueba  y  ser  apreciada  en  su  exacta  dimensión  fáctica, al asignarle su  mérito  persuasivo  transgrede  los  postulados  de la lógica, las leyes de la  ciencia  o  las  reglas  de  experiencia,  es  decir,  los principios de la sana  crítica  como método de valoración probatoria (falso  raciocinio).   

En  esta dirección, se reitera que cuando la  censura  se orienta por el falso juicio de existencia por suposición de prueba,  compete   al   casacionista   demostrar   el   yerro   mediante  la  indicación  correspondiente  del  fallo  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no  obra  en  el  proceso; y si lo es por omisión de ponderar prueba que material y  válidamente  obra  en  la  actuación,  es su deber concretar en qué parte del  expediente  se  ubica  ésta,  qué objetivamente se establece de ella, cuál el  mérito  que  le  corresponde  siguiendo  los  postulados de la sana crítica, y  cómo  su  estimación  conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la  actuación,  da  lugar  a  variar  las  conclusiones  del  fallo, y, por tanto a  modificar   la   parte   resolutiva  de  la  sentencia  objeto  de  impugnación  extraordinaria.     

   

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Y  si lo que se denuncia es la configuración  de  un  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de la sana  crítica,  se  debe indicar qué dice de manera objetiva el medio, qué infirió  de  él  el  juzgador,  cuál mérito persuasivo le fue otorgado, señalar cuál  postulado  de  la  lógica,  ley  de  la  ciencia  o  máxima de experiencia fue  desconocida,  y  cuál  el  aporte  científico correcto, la regla de la lógica  apropiada,  la  máxima de la experiencia que debió tomarse en consideración y  cómo;  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe  ser  la  apreciación  correcta  de  la  prueba  o  pruebas que cuestiona, y que  habría  dado  lugar  a  proferir un fallo sustancialmente distinto y opuesto al  ameritado.    

Los   errores  de  derecho,   entrañan,   por   su   parte,    la  apreciación  material de la prueba por el juzgador, quien la acepta no obstante  haber  sido  aportada al proceso con violación de las formalidades legales para  su  aducción,  o  la  rechaza porque a pesar de estar reunidas considera que no  las  cumple  (falso  juicio  de  legalidad);   también,   aunque   de   restringida   aplicación  por  haber  desaparecido  del  sistema  procesal la tarifa legal, se incurre en esta especie  de  error cuando el juzgador desconoce el valor prefijado a la prueba en la ley,  o  la  eficacia  que  ésta  le asigna (falso juicio de  convicción),  correspondiendo al actor, en todo caso,  señalar   las  normas procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    predica    el    yerro,    y    acreditar    cómo    se    produjo    su  transgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedece a  momentos  lógicamente  distintos  en la apreciación probatoria y corresponde a  una  secuencia  de  carácter  progresivo, así encuentre concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  acorde con la lógica inherente al recurso que frente a la misma prueba  y  dentro  del  mismo  cargo,   o  en otro postulado en el mismo plano, sin  indicar  la  prelación  con que la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen  argumentos     referidos     a    desaciertos    probatorios    de    naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar el sentido de transgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera objetiva  su  contenido,  el  mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de éste en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación la norma de  derecho  sustancial  que mediatamente resultó excluida o indebidamente aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber ocurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado, integrando de esta manera  la proposición del cargo y su formulación completa.   

Además, pertinente resulta insistir en ello,  de  acogerse  a  la  vía indirecta, la misma naturaleza rogada que la casación  ostenta  impone  al  demandante  el  deber  de abordar la demostración de cómo  habría  de  corregirse  el  yerro probatorio que denuncia, modificando tanto el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de  la  sentencia.  Esta tarea  comprende  la  obligación  de realizar un nuevo análisis del acervo probatorio  en  que  se  corrija  el error, sea valorando las pruebas omitidas, cercenadas o  tergiversadas,  o  apreciando acorde con las reglas de la sana crítica aquellas  en  cuya  ponderación  fueron  transgredidos  los postulados de la lógica, las  leyes  de  la  ciencia  o  los  dictados  de experiencia; y, de ser ese el caso,  excluyendo las supuestas o ilegalmente allegadas o valoradas.   

Todo  ello  no  debe  ser realizado de manera  insular,  sino en confrontación con lo acreditado por las pruebas acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración,  y  en  orden  a  hacer  evidente  la  falta  de  aplicación  o la  aplicación  indebida  de un concreto precepto de derecho sustancial, pues es la  demostración  de  la  transgresión  de  la  norma de derecho sustancial por el  fallo,   la   finalidad   de   la   causal   primera   en  el  ejercicio  de  la  casación19.     

2.- En el presente caso, observa la Corte que  en  la  demanda  de  casación  presentada a nombre del procesado OSCAR CUBILLOS  RESTREPO,  de  los  presupuestos  de admisibilidad establecidos por el artículo  212  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, se cumple sólo en lo relativo  al  deber de identificar a los sujetos procesales y la sentencia demandada, así  como  al de sintetizar los hechos materia de juzgamiento y la actuación llevada  a  cabo  en  las  instancias  ordinarias  del  trámite, pero no con la carga de  enunciar  la  causal  de casación cuya configuración se persigue denunciar, ni  la  de  indicar  clara y precisamente los fundamentos fácticos y jurídicos que  le servirían de apoyo.   

Y,  aunque  no  lo  dice expresamente, por la  manifestación  que  hace  al  comienzo  de la argumentación que propone con la  intención  de  darle  desarrollo  al  único  cargo  que dice postular, podría  colegirse  que lo pretendido es acudir a la causal primera, cuerpo segundo, como  motivo   de   casación,   para   denunciar  la  configuración  de  errores  de  apreciación  probatoria que habrían dado lugar a la violación indirecta de la  ley  sustancial por falta de aplicación del precepto que establece el principio  del  in  dubio  pro reo , es lo cierto que el demandante deja de integrar lo que  se  conoce  como  la proposición jurídica del cargo y la formulación completa  de  este,  en  tanto a pesar de señalar el desconocimiento de la norma que fija  los   criterios   para   apreciación  de  la  prueba  testimonial  -que   en  el  ámbito  en  que  opera  el  error  de  apreciación  probatoria,  sería disposición medio, cuya transgresión pudo haber dado lugar  a   la  infracción  indirecta  de  normas  de  índole  sustancial-,  omite indicar las disposiciones de derecho sustancial que definen  el  tipo  penal  por el que se formuló la acusación y se profirió el fallo, y  que   en   el   contexto   de   la   demanda   pudieron   haber  sido  aplicadas  indebidamente.   

Y  si  bien  expresamente  señala  que  los  juzgadores  incurrieron  en  el error de derecho en la apreciación de la prueba  testimonial,  el libelista no es claro en señalar si un tal desacierto ocurrió  porque  el  juzgador aceptó las pruebas y les confirió mérito persuasivo pese  a  haber  sido  recaudadas  con  violación  de las formalidades legales para su  aducción  o  práctica,   o  las rechazó porque a pesar de estar reunidas  consideró  erradamente  que  no  las cumplía, o si lo configurado fue un falso  juicio de legalidad, nada de lo cual explica.   

Por  el  ulterior  desarrollo  que  pretende  imprimirle  a  la  censura,   pareciera que lo pretendido es la denuncia de  haberse  incurrido en error de hecho por falso raciocinio, por haberle conferido  a  la  prueba  de  cargo  un mérito contrario a las reglas de la sana crítica,  pero  en  todo  caso  deja  de  expresar qué dice objetivamente cada uno de los  medios  en  que  se  fundó  el fallo, cómo los ponderó el juzgador, y en qué  específicamente  radicó  el  desconocimiento  de los postulados de la lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las reglas de experiencia. Tampoco indica, cuál  habría  de  ser  el  correcto  entendimiento  de  cada  uno  de los medios cuya  apreciación  dice  cuestionar,  y  de  qué manera, la corrección del yerro en  sede   extraordinaria   y   la   apreciación   acertada  de  la  prueba,  tanto  individualmente  como  en conjunto con las demás sobre las que no recae ningún  tipo  de desacierto, daría lugar a proferir un fallo en sentido sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  contenido  en la parte resolutiva del que es objeto de  censura,  con  lo  cual  la  hipotética  transgresión de las reglas de la sana  crítica también queda indemostrada.   

Por el contrario, hace depender la prosperidad  de  la  censura,  de  presentar  un  crítica general a la prueba de cargo, y de  acoger  sin  reservas  aquella  que supuestamente favorecería los intereses del  procesado,  pero  sin  aludir para nada a las consideraciones que sobre cada uno  de  los  medios  fueron  expuestas  en  los fallos de instancia, lo cual resulta  inadmisible  en  sede  extraordinaria pues con ello no logra demostrarse ningún  tipo de error probatorio por parte de los juzgadores.   

Lo   ofrecido   en   el   libelo,   no  es,  entonces,    la   intencionalidad   concreta  de  demostrar  que  el  fallo  transgredió  normas  de  derecho  sustancial,  juicio  para  el  cual  ha  sido  instituida   la   casación,  sino  oponerse  a  su  cumplimiento  mediante  una  exposición  particular  sobre  cómo  ha  debido decidirse la causa conforme al  alcance  persuasivo  que, en su criterio, poseen algunos medios prueba allegados  al proceso.   

    

Se  observa así, que en lugar de ajustarse a  los  presupuestos de admisibilidad legalmente establecidos, el libelista acude a  este  instrumento  extraordinario  como forma de prolongar el debate para lograr  una   revaloración   probatoria   por  fuera  de  la  llevada  a  cabo  por  el  sentenciador,  pero  sin demostrar que éste hubiere incurrido en algún tipo de  error  de  hecho  o  de derecho en la apreciación probatoria, desconociendo por  ende  que  el proceso concluyó con el proferimiento del fallo de segundo grado,  hallándose  a  esta  alturas  amparado  por  la  doble presunción de acierto y  legalidad,   la  cual  era  de  su cargo desvirtuar y lejos estuvo de poder  lograr.   

Siendo  entonces  ostensibles  los  defectos  técnicos  y  de fundamentación que la demanda acusa, pues, como se deja visto,  de  ella  no  se  desentraña  precisa  y  claramente la causal que aduce ni los  fundamentos  fácticos  y jurídicos en que se apoya,  no pudiendo la Corte  corregirla  por  virtud  del principio de limitación que rige su actuación, lo  procedente  será  inadmitirla  conforme así se establece de los artículos 197  del decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de 2000.   

Casación oficiosa.  

1.-  Tal como ha sido repetidamente dicho por  la    Sala20,  en  esta  ocasión cabe reiterar que la Corte, en decisión de 12  de         septiembre         de         200721,  varió  el  criterio  que  ordenaba  el  previo  traslado  al  Ministerio  Público  a  fin de que emitiera  concepto  acerca  de  la  eventual  violación  de garantías, cuando, pese a no  admitir  la  demanda  de  casación,  se  advertía  la  infracción  de  alguna  garantía  procesal  de los sujetos intervinientes que ameritara el ejercicio de  la  facultad  oficiosa  que  le confiere el artículo 216 de la Ley 600 de 2000,  tras   considerar  que ante el principio de pronta y eficaz administración  de  justicia,  le  corresponde de manera inmediata proceder a corregir el yerro,  sin  que  para  ello se requiera el concepto previo del Procurador Delegado ante  esta sede.   

Señaló   al   efecto   que   “ante  la  autorización  dada  por  el  legislador  a  la  Corte  para  aprehender  el estudio del proceso aun cuando no  admita  los cargos formulados en la demanda, una vez advierta el agravio causado  con  el fallo de segundo grado a alguno de los sujetos procesales, debe proceder  inmediatamente  a  corregirlo, con lo cual se cumple cabalmente con los fines de  la  casación  de velar por la efectividad del derecho material y las garantías  debidas  a  las  personas  que  intervienen  en  la actuación penal”.   

Agregó       que      “aunque  el  Ministerio  Público  por  mandato  constitucional  debe  intervenir  en los procesos judiciales en defensa  del  orden  jurídico,  el  patrimonio  público  o de los derechos y garantías  fundamentales,  con  el  nuevo criterio de autoridad de la Corte no se relega la  actuación  del  Representante  de  la  Sociedad,  por  cuanto al ser un tema no  propuesto,  ni recurrido por tal sujeto procesal en las instancias, se impone la  rápida   acción   de   la   Corte  como  garante  no  sólo  de  los  derechos  fundamentales,  sino  de  los  fines esenciales del Estado, especialmente, el de  asegurar  la  vigencia  de  un orden justo, en aras de la materialización de la  justicia     en     la     decisión”.   

2.-  Precisado lo anterior, se observa que al  individualizar  la  pena,  el  juzgador   a quo tomó en consideración una  circunstancia  específica  de  agravación  punitiva, cuya aplicación, en este  caso,   actualmente   no   resulta   procedente   pese  a  haber  sido  imputada  correctamente  en  la resolución de acusación, por transgredir el principio de  non  bis in idem, lo cual determinó la individualización de una pena privativa  de  la  libertad,  mayor  a  la  que  hoy  en día legalmente corresponde.    

3.-    Sobre    dicho    particular,   la  Corte22 tiene dicho lo siguiente:   

“Es cierto que la  aplicación  del  artículo  7º  de  la Ley 1236 de 2008 constituye una afrenta  directa  contra el principio constitucional que prohíbe la doble incriminación  por  un mismo hecho –non bis  in  idem-  pues no cabe duda que la modificación que el legislador introdujo en  la  circunstancia  cuarta  de agravación punitiva para los delitos previstos en  el  título  IV  de  los  delitos  contra  la  libertad, integridad y formación  sexuales  resulta  inconstitucional  frente  a  los  delitos  descritos  en  los  artículos  208  y  209  del Estatuto Penal, toda vez que las conductas punibles  reguladas  en estas disposiciones establecen como elemento normativo del tipo en  la  condición  del  sujeto  pasivo  de la infracción, la minoría de 14 años,  supuesto  fáctico  idénticamente  considerado  en  la  nueva  circunstancia de  agravación punitiva específica.   

“En efecto, hasta  antes  de  entrar  en  vigencia  la  Ley  1236  de  2008,  cuya filosofía está  enmarcada  por  el  endurecimiento  de  las sanciones penales previstas para los  punibles  de  entidad  sexual,  el  agravante  establecido en el numeral 4º del  artículo 211 de la Ley 599 de 2000 era del siguiente tenor:   

‘ARTÍCULO 211.  Las   penas  para  los  delitos  descritos  en  los  artículos  anteriores,  se  aumentarán   de   una   tercera   parte   a  la  mitad,  cuando:  (…)    4.   Se   realizare  sobre  persona   menor   de   doce  (12)  años’.   

“A su turno, los  delitos  de  acceso carnal abusivo con menor de catorce  años  y  actos sexuales con  menor  de catorce años regulados en los artículos 208  y  209  del  Código  Penal  con  el  incremento punitivo de la Ley 890 de 2004,  vigente para la época de los hechos, establecía:   

‘ARTÍCULO 208.  El  que  acceda carnalmente a persona menor de catorce  (14)  años,  incurrirá  en  prisión  de  sesenta y  cuatro (64) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses.   

‘ARTÍCULO 209.  El  que  realizare  actos  sexuales  diversos del acceso carnal con persona  menor de catorce (14) años o en  su  presencia,  o  la  induzca  a prácticas sexuales, incurrirá en prisión de  cuarenta     y     ocho     (48)     a     noventa     (90)    meses”. (Subrayado  por la Sala).   

“Como se ve, hasta  antes   del   23  de  julio  de  2008  –fecha   de   entrada  en  vigencia  de  la  Ley  1236-  no  existía  inconveniente  para  imputar  simultáneamente alguna de las conductas descritas  en  los  artículos  208  y  209,  y la circunstancia de agravación específica  consagrada  en  el  numeral  4º  del  artículo  211,  pues el legislador quiso  sancionar  con mayor severidad la comisión de tales comportamientos en personas  menores de 12 años.   

“Pero,  con  la  modificación  del  agravante  por  el  legislador,  dada por la ampliación del  ámbito  de  protección  a todos los menores de 14 años, inadvirtió que antes  que  hacer más gravosa la conducta para quienes abusaran o accedieran a menores  de  14  años,  infringía  directamente la Constitución Política al sancionar  doblemente una misma situación fáctica.   

“Siendo ello así,  desde  la  expedición  de  la  Ley  1236  de  2008, no era posible imputar esta  circunstancia  de  agravación  específica  para  las conductas regladas en los  artículos  208  y  209,  sin  afectar seriamente el postulado constitucional de  non bis in idem.   

“Justamente,  a  esta  conclusión  llegó la Corte Constitucional cuando el 4 de agosto de 2009,  en    sentencia   C-521/09  ejerció  el  control  abstracto de constitucionalidad sobre el artículo 7º de  la  ley 1236 de 2008 y lo declaró condicionalmente exequible en el entendido de  que  dicha  causal  no  se  aplica  a  los artículos 208 y 209 de la Ley 599 de  2000.    

“Por   ser  pertinente, se transcriben en extenso sus consideraciones:   

‘Al prohibir que  una  misma  circunstancia se convierta en elemento constitutivo del tipo penal y  en  causa  de  agravación  del  mismo,  el  principio non bis in ídem persigue  evitar  que  las  causales  de  agravación  se  impongan  de  modo arbitrario e  injustificado   a   quienes  sean  responsables  de  un  delito.  Los  elementos  constitutivos  de  una  infracción  penal fundamentan la responsabilidad penal.  Las  circunstancias  de  agravación,  en  cambio,  modifican la responsabilidad  penal.  Por  eso mismo las circunstancias de agravación se justifican en la ley  penal,  cuando  el  ilícito  es  cometido en determinadas circunstancias que se  estiman  más  reprochables  porque,  por  ejemplo,  suponen  un mayor peligro o  lesión   para  el  bien  jurídico.  De  manera  que  no  es  justificable  una  agravación  punitiva  necesariamente  imponible  al  autor del delito, pues eso  supone  que  en  realidad  no  se  aumenta  la  pena  de  aquel  que  cometa  el  comportamiento  punible  en  ciertas  circunstancias de tiempo, modo y lugar que  demuestren  una  mayor  lesividad  del  bien,  sino  que  en  todos los casos se  impondría la modificación de la sanción penal imponible.   

(…)   

‘5.3.  Ahora  bien,  el caso decidido en la sentencia precitada se diferencia del actual en un  punto  cardinal  y  evidente.  Mientras  en  aquél  un agente podía cometer un  delito  de  homicidio  o  de  lesiones  imprudentes,  y  no ver agravada la pena  imponible;  en  éste,  en  cambio, una persona que cometa los delitos de acceso  carnal  o  acto  sexual  abusivo en menor de catorce años, no podría evitar la  agravación,  pues  inexorablemente  está  llamada  a aplicarse y, por tanto, a  agravar la pena imponible, sin justificación aparente.     

‘En este punto  es  posible  concluir  que  el  derecho  a no ser juzgado dos veces por un mismo  hecho,  se  desconoce  al  consagrar  una  causal  de  agravación basada en una  circunstancia  que  ya  fue tenida en cuenta como elemento del tipo.   Con  todo,  aún en caso de que se infrinja una prohibición de  esta  naturaleza,  debe  verificarse  el  cumplimiento  de otros dos requisitos.      

   

‘En  primer  lugar,  que  la  causal de agravación aparezca injustificada, pues de otro modo  el  legislador  actúa  en  ejercicio  de  su  potestad  de libre configuración  normativa.  Así  lo  expresó la Corte en la Sentencia C-038 de 1998 en la cual  estudiaba  la  validez  de  una  causal de agravación punitiva por la posición  distinguida   que  el  delincuente  ocupara  en  la  sociedad  por  su  riqueza,  ilustración,  poder,  cargo, oficio o ministerio En segundo lugar, es necesario  verificar  en  esta hipótesis, si se cumplen los requisitos establecidos por la  jurisprudencia  constitucional  para identificar la violación del principio non  bis  in  ídem  en  más  de  un  proceso  jurisdiccional.  Estas  reglas fueron  expuestas  por  la  Corporación  en  la Sentencia C-1265 de 2005, en la cual al  estudiar  si  resultaba  ajustada  a  la  Carta  una  norma  que  facultaba a la  Comisión  Nacional  del  Servicio Civil para imponer sanciones disciplinarias a  los  servidores  públicos  de  entidades territoriales y nacionales, pese a que  los  referidos  servidores  públicos  ya podían ser investigados y sancionados  disciplinariamente  por otra autoridad –la  Procuraduría  General-  y  por  los mismos hechos, señaló el  principio   non   bis   in   ídem   no   se   violaba,   siempre:  “(i)  que  la conducta imputada ofenda  distintos  bienes  jurídicamente protegidos; (ii) que las investigaciones y las  sanciones  tengan distintos fundamentos normativos; (iii) que los procesos y las  sanciones  atiendan  a  distintas finalidades; (iv) que el proceso y la sanción  no   presenten   identidad  de  causa,  objeto,  sujetos,  acciones,  fundamento  normativo,    alcance   y   finalidad”   Al  emplear esas reglas para verificar si se viola el derecho a  no   ser   juzgado   dos   veces  por  un  mismo  hecho  dentro  de  un  proceso  jurisdiccional,   se  tiene  que  una  circunstancia  no  puede  ser  doblemente  valorada,  primero como elemento constitutivo del tipo penal y luego como causal  de  agravación  punitiva,  si:  (i)  el comportamiento agravado ofende el mismo  bien  jurídico  que  el  comportamiento  punible;  (ii)  la investigación y la  sanción  a  imponer  se  fundamentan  en  idénticos ordenamientos punitivos; y  (iii)  la  causal  de agravación persigue finalidades idénticas a las buscadas  con el tipo penal básico.   

‘Hechas  las  anteriores  precisiones,  la  Corte  procede  a  verificar si la norma demandada  viola el derecho a no ser juzgado dos veces por el mismo hecho.   

‘Inconstitucionalidad  del  artículo  211, numeral 4°, del Código  Penal,  por  agravar  la  pena  imponible  a  un hecho punible, en virtud de una  circunstancia  que  ya  fue tenida en cuenta como elemento constitutivo del tipo  penal   

(…)   

‘Tal  como  lo  señala  el demandante, en el caso del artículo 211, numeral 4°, el legislador  consagró     como     causal     de     agravación    punitiva    –que la conducta recaiga sobre persona  menor   de   catorce   (14)   años   –  una  circunstancia  que  ya  había  sido  tomada  en cuenta como  elemento  constitutivo de los tipos penales contemplados en los artículos 208 y  209  del  Código Penal. De conformidad con las reglas señaladas en la sección  5  de  esta  sentencia,  la norma infringiría el principio non bis in ídem, al  desconocer    la    prohibición    enunciada    en    el   punto   5.2.4.,  al  establecer  simultáneamente  como elemento del tipo y  como   elemento   para   agravar  la  pena  de  los  tipos  básicos,  la  misma  circunstancia  de  hecho: que la víctima sea una persona menor de 14 años, sin  que exista una justificación para ello.   

‘La   norma  cuestionada  sería  inconstitucional  porque  (i) el  comportamiento  agravado  ofende  el  mismo bien jurídico que el comportamiento  punible;  (ii)  la  investigación  y  la  sanción  a imponer se fundamentan en  idénticos  ordenamientos  punitivos;  y (iii) la causal de agravación persigue  finalidades idénticas a las buscadas con el tipo penal básico.   

‘En efecto, en  primer  lugar,  tanto  el  comportamiento  agravado  como los hechos punibles de  acceso  carnal  abusivo (art. 208, Código Penal) y acto sexual abusivo en menor  de  catorce años (art. 209, Código Penal), tendrían la virtualidad de ofender  un  mismo  bien  jurídico:  la libertad e integridad en la formación sexual de  personas  menores  de  catorce años. En segundo lugar, tanto las normas penales  que  consagran  los  delitos  básicos  y  les  fija una pena, como la causal de  agravación  tienen  su  origen en el ordenamiento penal colombiano, luego ambas  comparten   el   mismo   fundamento   normativo.   Y,  finalmente,  porque  la norma que contempla la causal de agravación persigue la  misma  finalidad  que las normas que consagran los tipos penales de acceso  carnal  abusivo  y  acto sexual abusivo en menor de catorce  años,  es  decir,  reprochar penalmente los contactos o las relaciones sexuales  que    una   persona   pudiera   tener   con   personas   menores   de   catorce  años.   

‘Adicionalmente,  tal como se señaló en  el  capítulo  5  de  esta sentencia, las causales de agravación punitiva deben  partir  de la base de que hay razones para modificar la responsabilidad, o de lo  contrario  están injustificadas, y en este caso la agravación no se produce en  virtud   de   la   realización   del  comportamiento  típico  en  determinadas  circunstancias  de tiempo, modo y lugar que la hagan más reprochable o muestren  su  mayor lesividad, sino que simplemente se agrava de manera automática por el  hecho   de   recaer   sobre  persona  menor  de  14  años  y,  por  eso  mismo,  injustificadamente.  No  ocurre  lo  mismo  al  aplicar esta causal frente a los  otros   tipos   penales   previstos  en  los  artículos  205,  206,      20,     21 y     210     del  Código  Penal,  donde  a  la  circunstancia de haber  realizado  el acceso carnal o el acto sexual realizado  con  violencia,  o en persona puesta en incapacidad de  resistir,  o  con  persona  incapaz de resistir, muestra una mayor lesividad que  justifica  su  agravación  cuando  la  víctima  es  una  persona  menor  de 14  años.   

‘En  consecuencia,  aplicar  la causal de agravación del artículo 211, numeral 4°,  a  quienes  cometan  los  delitos  consagrados  en  los  artículos 208  – Acceso  carnal    abusivo   con   menor   de   catorce   años-   y   209   –Actos  sexuales  con menor de catorce  años–   viola  el  derecho  fundamental  a  no ser juzgado dos veces por el  mismo  hecho  (art.  29,  C.P.),  y  por  ese motivo, en esas circunstancias, es  inconstitucional.  No  obstante,  como  quiera  que  la causal de agravación es  aplicable   también   a   otros   artículos  del  Código  Penal  que  no  fueron  demandados  en  el  presente proceso, es necesario  determinar  si  debe  ser  declarada inexequible o si, por el contrario, procede  declarar su exequibilidad con algún condicionamiento.   

‘6.2. A juicio  de  la  Corte,  como  la  norma demandada es inconstitucional si se aplica a los  artículos  208 y 209 del Código Penal, pero no lo es si se aplica a los demás  artículos   del  Título  IV,  en  este  caso  no  procede  la  expulsión  del  ordenamiento  de  esta  norma hallada inconstitucional. Tampoco es posible hacer  una  integración  normativa  de  la  causal  demandada  con  los artículos que  consagran  los  tipos penales básicos, ya que la disposición cuestionada tiene  un  contenido  deontológico  claro,  y  puede  ser  entendida  y  aplicada  sin  necesidad  de acudir a los artículos 205, 206, 207, 210 y 210A de la Ley 599 de  2000,  tal  como fueron modificados por la Ley 1236 de 2008 y adicionados por la  Ley 1257 de 2008.   

(…)   

‘En  suma, los  delitos  de  acceso carnal en menor de catorce años y de acto sexual abusivo en  menor  de  catorce  años,  en  su  misma  descripción  típica  indican que la  lesividad  del  comportamiento  punible  estriba en que se perpetran en personas  menores  de  catorce  años.  Si  esto  es  así, ninguno de los comportamientos  requiere  ser agravado cuando recaiga en persona menor de catorce años, pues la  agravación   ya   fue   tenida   en  cuenta  en  la  descripción  típica.  En  consecuencia,  desde  un  punto  de vista teleológico, el artículo 211 numeral  4°  del  Código Penal es constitucional, al interpretarlo en el sentido de que  no  está llamado a agravar conductas que no requieren agravación puesto que ya  de  suyo  la  lesividad  del comportamiento fue valorada por el legislador en el  tipo  penal.   Pero,  además, desde una perspectiva sistemática, el artículo  211  numeral  4° tiene un efecto útil, ya que tiene aplicabilidad, siempre que  sea  posible,  en  presencia  de  alguno cualquiera de los demás artículos del  Título    IV.’   (Subrayado fuera de texto).   

“Ahora, como en el  caso  concreto,  el  agravante  fue  válidamente  imputado  en la acusación, e  incluso  correctamente deducido en el fallo de primer grado, pues a esa fecha no  estaba  vigente  la  Ley  1236 de 2008 sino la Ley 599 de 2000, ha de tenerse en  cuenta  que  ante  la  sucesión de leyes en el tiempo, una de ellas con efectos  más  favorables  para  el procesado en términos punitivos, se imponía para el  Ad  quem  la  aplicación  media  del  artículo 7º de la Ley 1236, a efecto de  inaplicarla   por   violación   del   principio   de   prohibición   de  doble  incriminación.   

“Sin embargo, el  Juez  Colegiado  con  violación del principio non bis  in  idem  prefirió  sostener  la  imputación  de  la  circunstancia  de  agravación  prevista en el numeral 4º del artículo 211 del  Estatuto  Penal con la reciente modificación de la Ley 1236, por considerar que  el  ánimo  del  legislador estuvo orientado a aumentar la edad de protección y  las  penas  en  relación  con  estos  delitos  y en ese orden, ante el error de  técnica    legislativa   advertido   –concordancia   entre   uno   de  los  ingredientes  del  tipo  y  la  circunstancia-,   inexplicablemente  se  abrogó  la  función  de  colegislar, entendiendo que este agravante  está  vigente  cuando las conductas previstas en los artículos 208 y 209 de la  Ley  599  de  2000  se  realicen  sobre  persona  menor  de 13 años23.   

“Ciertamente, como  lo  puso en evidencia la Magistrada Ponente que salvó el voto a la sentencia de  segunda   instancia,   el   razonamiento   del   Tribunal  vulneró  el  aludido  postulado”.   

La  violación  de  la  prohibición de doble  incriminacón  por  una  misma  conducta, como ya fue anunciado, es el vicio que  concurre  en  el  presente  evento.  Para denotarlo, necesario resulta hacer las  siguientes precisiones:   

3.1.1.- En torno a la calificación jurídica  de  la  conducta,  en  la  resolución  de  acusación   se  indicó por el  funcionario de instrucción:   

“El hecho materia  de  la  presente  investigación se adecua a lo tipificado con el Código Penal,  Libro    Segundo,    Título    IV:   ‘Delitos    contra    la    libertad,    integridad    y   formación  sexuales’,     más  concretamente  en  lo señalado en el Capítulo Segundo etiquetado: ‘     De     los    actos    sexuales  abusivos’,  contemplado en  el  artículo  209 de la misma obra represiva, bajo el nombre  específico:  ‘Actos  sexuales con menor  de  catorce  años’.- El que  realizare  actos  sexuales  diversos  del  acceso  carnal  con  persona menor de  catorce  (14)  años  o  en  su  presencia,  o la induzca a prácticas sexuales,  incurrirá   en   prisión   de   tres   (3)   a   cinco  (5)  años’,  en convergencia con la circunstancia  de  agravación  punitiva   señalada  en  el  numeral  4 del artículo 211  ibidem,  según el cual la pena prevista para el tipo básico , se aumentará de  una     tercera     parte     a     la    mitad,    cuando:    4    ‘se  realizare  sobre  persona  menor de  doce    (12)    años’  ”24.   

Al  revisar  la providencia calificatoria, se  establece   que   el   fiscal   instructor   imputó   expresamente  la  aludida  circunstancia  específica  de  agravación punitiva,  en una época en que  ello  era perfectamente posible toda vez que aún no había sido expedida la Ley  1236  de  2008  que estableció un aumento de pena cuando la conducta se realiza  sobre persona menor de catorce años.   

3.1.2.- En la sentencia de primera instancia,  también  proferida  antes de entrar en vigor la mencionada Ley 1236 de 2009, en  el  acápite  que  allí  se destinó a “la     sanción     penal”,  consideró el juzgador:   

“Se  procederá  entonces,  a  hacer  la tasación de la pena que legalmente debe ser aplicada al  culpado  en mención, y para ello se considerarán únicamente circunstancias de  menor  peligrosidad  concurrentes  a favor del acusado, como las que contiene el  artículo   55  del  Código  Penal,  es  decir,  su  buena  conducta  anterior;  por  lo  tanto  el  Juzgado debe partir de la sanción  mínima,   que  para  el  delito  de  ‘actos    sexuales    con    menor   de   catorce   años’  es  de  tres  (3) años de prisión,  conforme  a  los  parámetros fijados en el artículo 209 del Código Sustantivo  Penal,   pena  que  se  aumentará  de una tercera parte a la mitad, por la  concurrencia  de  la  causal de agravación prevista en el artículo 211 numeral  4º”       (se  destaca).   

3.1.3.-  El Tribunal, a su turno, al resolver  la   impugnación  interpuesta  por  la  defensa  contra  el  fallo  de  primera  instancia, decidió confirmarla íntegramente.   

3.2.-  Lo  anterior  indica,  que si bien los  juzgadores   de   primera  y  segunda  instancia,  aplicaron  correctamente  una  circunstancia  de  agravación punitiva que no solamente había sido imputada de  modo  expreso  en  la  acusación, sino en una época en que aún no había sido  expedida  la  Ley 1326 de 2008 ni la Sentencia C-521 de 2009, a la hora de ahora  ello  no  resulta  procedente,  precisamente  por haber sobrevenido una realidad  jurídica  diversa,  más favorable a los intereses del acusado, que le impone a  la  Corte  corregir  la  sentencia  que  aún  no se halla ejecutoriada, pues de  mantenerla   en   los  términos  en  que  fue  adoptada  por  el   a  quo,  comportaría  una  violación  al principio de non bis in idem, y daría lugar a  imponer    una   pena   superior   a   la   que   en   derecho   hoy   en   día  corresponde.   

4.-  Consecuencias  jurídicas.   

Con  el  fin  de  salvaguardar  la  garantía  fundamental  de  la favorabilidad de la ley penal establecida en el artículo 29  de  la  Carta  Política,  la  Corte  hará  uso  de la facultad otorgada por el  artículo  216  del Estatuto procesal, para corregir oficiosamente la sentencia,  en el aspecto que viene de ser reseñado.   

4.1.-  De conformidad con lo dispuesto por el  artículo  209  de  la  Ley 599 de 2000, sin las modificaciones introducidas por  las  Leyes  890  de  2004  y  1236  de  2008, tal como se indicó en el fallo de  primera  instancia,  la  pena  para  el  delito  de  actos sexuales con menor de  catorce años, oscila entre tres y cinco años.   

4.2.-  Se  advierte  en  este  caso que en la  resolución   de   acusación  no  se  imputó  de  modo  específico,  claro  e  indubitable   ninguna   circunstancia  genérica  de  agravación,  o  de  mayor  punibilidad  según la terminología adoptada por la Ley 599 de 2000, y que el a  quo  dedujo  la  de  menor punibilidad referida a la buena conducta anterior del  procesado,  que  le  permitió  partir  del mínimo punitivo establecido para el  cuarto  inferior dentro del cual individualizó la pena, razón por la cual este  mismo  parámetro habrá de ser el considerado por la Corte, máxime si respecto  del  mismo  no  se  formuló  reparo alguno por el casacionista, como tampoco se  hizo en apelación.   

4.3.- Al efecto, el juzgador a quo indicó lo  siguiente:   

“Lo anterior viene  a  significar  que  la  pena  a imponer deberá estar dentro del primer cuarto y  dentro  de  ese  rango  la  mínima  es  de  CUARENTA Y OCHO  (48) MESES DE  PRISIÓN,  toda  vez  que a su favor concurre la circunstancia de atenuación de  carecer  de antecedentes penales, pena esta que en definitiva se le impondrá al  procesado   OSCAR   CUBILLOS   RESTREPO”25.   

Entonces,  siguiendo los lineamientos fijados  por  el juez de primera instancia, como en este caso no concurren circunstancias  de  mayor  punibilidad,  para individualizar la pena resulta procedente ubicarse  en  el cuarto inferior y a partir de allí, fijar la pena mínima establecida en  el  tipo  realizado,  que  para el delito en comento es de 36 meses de prisión,  como así se dispondrá en la parte resolutiva.   

5.-   Mecanismos  sustitutivos    de    la    pena    privativa    de    la   libertad.   

Si bien el quantum de la pena privativa de la  libertad  que  con  ocasión  de  la  casación  se  fija, impondría a la Corte  considerar  la  posibilidad  de  otorgar  al  sentenciado  el  sustituto  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena, es lo cierto que, al  habérsele  concedido  por  parte del ad quem la libertad provisional atendiendo  el  cumplimiento  de  los  presupuestos  establecidos por el artículo 365.2 del  Código    de    Procedimiento   Penal   de   200026,  dado  el  sentido  de  la  decisión  que se anuncia, por sustracción de materia carece de objeto realizar  dicho estudio  en este caso.      

Contra  estas  decisiones  no procede recurso  alguno.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia   en  nombre  de la República y por  autoridad de la ley,   

          R E S U E L V E:   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada a nombre del procesado  OSCAR   CUBILLOS   RESTREPO,  por  lo  anotado  en  la  motivación de esta providencia.   

2.-    CASAR    PARCIALMENTE,  de  oficio,  el  fallo impugnado para fijar en tres (3) años, la  pena   principal   de   prisión   que   debe  purgar  el  procesado   OSCAR  CUBILLOS  RESTREPO,  como  autor  penalmente  responsable  del delito de actos sexuales con menor de catorce años  a él imputado en la resolución acusatoria.     

3.-  En  lo  demás,  el  fallo  de  segunda  instancia se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen. Cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER    DE    JESÚS    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fls.  5 cno. 1   

2 Fl.  56 cno. 1   

3 Fl.  72 y ss. cno. 1   

4 Fls.  98 y ss. cno. 1   

5  Fl.  224 cno. 1   

6 Fls.  235 y ss. cno. 1   

7 Fls.  277 ss. cno. 1   

8 Fls.  292 y ss. cno. 1   

9 Fl.  310 cno. 2   

10 Fls.  371 y ss. cno. 2   

11  Fls. 456 y ss. cno. 2   

12  Fls. 456 y ss. cno. 2   

13  Fls. 482  y ss. cno. 2   

14  Fls. 505 y ss. cno. 2.   

15 Fl.  531 cno. 2.   

16  Fls. 533  cno. 2.   

17  Fls. 585 y ss. cno. 2.   

18  Cfr.  por  todas  auto  de  casación  de 19 de agosto de 2008. Rad. 28291    

19  Cfr. Cas. agosto 6 de 2002. Rad. 19330   

20  Cfr. por todas, cas. de noviembre 11 de 2009, Rad. 29137.   

21  Sala  de Casación Penal. Sentencia de 12 de septiembre de 2007. Radicación Nº  26967.   

22  Casación de 3 de diciembre de 2009. Rad. 32972   

23 Ver  folios 29-30 del cuaderno 2 del expediente.   

24  Fls. 236 cno. 1   

25  Fls. 474 cno.2   

26  Fls. 562 y ss. cno. 2     

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