32171(09-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 32171  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  349  

Bogotá  D.C., nueve (9) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor     del     procesado     DEIBIS    AGUILAR  SEGOVIA.   

H E C H O S  

El Tribunal los resumió así:  

“Para  el mes de  septiembre  de  2003,  entre  el  joven  DEIBIS AGUILAR SEGOVIA y la menor JPFP,  existía   una   relación   de  noviazgo,  no  consentida  por  los  padres  de  ésta.   El  día 5 de noviembre de este año (2003), en horas de la tarde,  DEIBIS  invitó  a  JPFP  a  su  habitación,  y  allí  mantuvieron  relaciones  sexuales,  sin  que aquél la obligara, ni usando violencia.  Como el padre  de  la  menor  se  enteró  de este hecho, ya que ella se quedó esa noche en la  habitación   de   su   novio,  le  exigió  que  formulara  la  correspondiente  denuncia”1   

ANTECEDENTES  

1.  Por los hechos  anteriores,  la  Fiscalía  2ª Delegada ante los Jueces Penales del Circuito de  Barrancabermeja      vinculó      como     persona  ausente  a  DEIBIS  AGUILAR  SEGOVIA  el  22  de  junio  de  2005 (fl. 20, cuaderno  principal)  y,  a  través  de resolución del 7 de diciembre del mismo año, se  abstuvo      de      imponerle      medida      de  aseguramiento, por aplicación favorable del artículo  313-2 de la Ley 906 de 2004 (fl. 31).    

Clausurada  la  investigación, la fiscalía  profirió   resolución   de   acusación    en    contra    de   DEIBIS   AGUILAR  SEGOVIA  por  la  conducta  punible  de  acceso   carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años  (artículo  208 del Código Penal), en su condición de autor (fl.  37-41).   La  resolución  de  acusación  debidamente  notificada  cobró   ejecutoria   el   15   de   febrero   de   2006.   

2.   La etapa  del  juicio  la  asumió  el  Juez Tercero Penal del Circuito de Barrancabermeja  (Santander),  a  través  de auto del 27 de febrero de 2006 que a la vez corrió  el  traslado  del  artículo  400  de  la  Ley 600 de 2000; de éste hizo uso el  defensor   del   procesado,   quien   –reiterando  lo  pedido  por  el  Ministerio Público en los alegatos  precalificatorios-  solicitó  la  práctica  de  la versión del procesado y el  testimonio   de  los  padres  de  la  menor  ofendida,  al  tiempo  que  omitió  pronunciarse sobre causales de nulidad (fl. 46).   

La   audiencia  preparatoria  tuvo  lugar el 20 de abril siguiente; en  ella,  el  director  del juicio declaró la inexistencia de motivos de nulidad y  advirtió  que  los  sujetos  procesales  tampoco los alegaron.  Enseguida,  ordenó,  entre  otras  pruebas,  el  testimonio  de  la ofendida y el del   individuo  conocido  como  Martín,  según  cita  efectuada  por  aquella  (fl.  53).    

La   audiencia  pública  se  celebró  el  28 de julio siguiente y, a  través    de    sentencia  de  primer grado  del 31  de     enero     de     2007,    el    juez    de    la    causa    condenó a DEIBIS  AGUILAR  SEGOVIA  a  la  pena principal de 48 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por término igual al de la pena privativa de la libertad,  como    autor    responsable    de   la   conducta   punible   de   acceso   carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años,  al  tiempo que se abstuvo de condenarlo al pago de perjuicios, le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria (fl. 85-102).   

3.  El  fallo  fue  apelado   por   el   defensor   de   DEIBIS   AGUILAR  SEGOVIA            y            confirmado  por  el  Tribunal  Superior de  Bucaramanga,    a    través    de    sentencia   de  segundo  grado  del 19 de diciembre de 2008 (fl. 6-19,  cuaderno del Tribunal).   

De   manera   oportuna  interpuso  recurso  extraordinario de casación el defensor del procesado.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  apoderado  del  procesado  DEIBIS   AGUILAR   SEGOVIA,   de   manera  ostensiblemente  imprecisa, confusa y errática, postula dos cargos ‘principales’, cuyo contenido se aprecia ambiguo: a  través  del primero de ellos  menciona  una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho  “en     la     apreciación     de    determinada  prueba”,  aduce una violación al debido proceso por  omisión  en  el traslado del peritaje sexológico, discurre en cuestionamientos  a  la  apreciación  de  la  prueba  y  termina  por  invocar  la  violación de  garantías  fundamentales y la concurrencia de la causal 3ª de revisión.   Mediante  el segundo, pregona  la  nulidad  del  fallo  por  razón  de omisión  probatoria, así como la  falta  de  una  apreciación  crítica al testimonio de la menor ofendida.    

Primer cargo principal.  

A  través de la causal primera de casación  de  que  trata  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el casacionista denuncia  una  violación de la ley sustancial por vía del error de hecho “en     la    apreciación    de    determinada    prueba”,  la cual condujo a la aplicación indebida del artículo 208 de  la Ley 599 de 2000.   

En  demostración de su reproche, expresa su  desacuerdo  con  la  manera  en  que  el Tribunal respondió a los argumentos de  apelación  contra  la  sentencia  de  primer grado, e insiste en que existe una  nulidad  por  violación  al  debido  proceso  (artículo 29 de la Constitución  Política),  pues  los funcionarios judiciales a cargo de la investigación y el  juzgamiento  no  corrieron traslado del peritaje sexológico, tal como lo ordena  los  artículo  254 del Código de Procedimiento Penal de 2000 y 238 del Código  de  Procedimiento  Civil,  omisión  que  no  se  subsana  por  el traslado para  presentar  alegatos precalificatorios,  y precisa que el peritaje solamente  demuestra  “que efectivamente JPFP fue accedida, pero  no está probado que fue DEIBIS”.   

Sostiene que la aludida irregularidad violó  los  derechos  fundamentales  del procesado; por lo tanto, asegura, la sentencia  es   “violatoria  de  muchas  normas  procesales  y  principios  del  derecho claramente descritos”, entre  ellos  el  de  obligatoriedad  de  las  formas,  seguridad  jurídica  y  el  de  consonancia   o   congruencia,  al  tiempo  que  contradice  la  “correcta          ‘valoración’  de  las  pruebas  que  generan  una  motivación que contraría las pruebas y el  trámite procedimental realizado”.   

Precisa el casacionista que: “el  acceso  carnal  significa penetración sexual, el no es más que  el  movimiento  físico  tendiente  a  provocar  CONCUSPICENCIA (sic) del sujeto  activo   del  delito,  además  de  que  se  debe  precisar  la  ocurrencia  del  comportamiento  antijurídico  del  acceso carnal, requisito indispensable, para  que  se  configure  la  antijuridicidad  de  la conducta investigada”.   

Enseguida, el censor señala que el argumento  del  Tribunal, según el cual el procesado pudo acceder a la víctima con el uso  de  un  preservativo  o  sin eyaculación, son apenas presunciones que no están  probadas;  agrega  que no es usual que en una relación, como la sostenida entre  la  pareja,  el  procesado  no  hubiera  eyaculado,  como  tampoco  es  usual el  comportamiento  del  padre  de  la  ofendida  al no iniciar la búsqueda de esta  última,  una  vez  tuvo  conocimiento de que se encontraba con AGUILAR SEGOVIA.   

Resalta  inconsistencias  en  el dicho de la  víctima,  y entre éste y el de AGUILAR SEGOVIA, en lo que tiene que ver con la  hora  de  los  hechos, el lugar donde éstos ocurrieron, la descripción física  del  procesado,  la presencia de otros individuos en el sitio y la época en que  se inició el noviazgo.   

Agrega que el dictamen sexológico da cuenta  de  una  desfloración reciente, pero no precisa que ésta hubiera ocurrido el 5  de  noviembre  de 2003 ni que DEIBIS AGUILAR SEGOVIA hubiese sido el responsable  de    ella;    de    manera    que   –dice  el  censor- el acceso carnal tuvo lugar, pero no por parte del  procesado.   

El casacionista indica que no es creíble el  testimonio  de la menor, pues ésta fue coaccionada por parte de su padre -quien  se  oponía  a la relación de su hija con el procesado- para mentir respecto de  los hechos denunciados, los cuales en realidad no ocurrieron.   

Fue  por lo anterior que el padre de JPFP no  le  permitió  asistir al juicio a declarar, pues temía que aquella relatara la  verdad,  es  decir,  que  la  conducta  no  había  tenido lugar, hipótesis que  encuentra  apoyo  en el hecho de que a su oficina profesional acudieron la madre  del  procesado con la menor ofendida, y ésta corroboró que la conducta punible  no  existió,  y que instauró la denuncia por temor a su padre.  De manera  que  del  dicho  de la menor y del dictamen sexológico solamente se extrae duda  sobre la responsabilidad del procesado.   

El  impugnante concluye su escrito afirmando  que   “los  errores  demostrados  conforman  en  su  conjunto  un  ataque  contra  la  base probatoria de la sentencia, por cuanto en  lugar  de la certeza requerida para dictar sentencia condenatoria, lo que emerge  con  claridad  es  la  duda  sobre  la  existencia  de algunos hechos y sobre la  responsabilidad de mi defendido”.   

Con   los   anteriores  razonamientos,  el  recurrente  solicita  a  la Corte que case la sentencia conforme lo dispuesto en  el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000  y,  en  tal  virtud, absuelva al  procesado.   

Segundo cargo principal.  

Con  apoyo en la causal tercera de casación  de  que  trata  el  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de 2000, el  libelista  reprocha  que  la  sentencia  condenatoria  fue  dictada en un juicio  viciado de nulidad, por omisión probatoria.   

En  sustento  del  reproche,  precisa  que:  “si  se  hubieran practicado todas las pruebas en la  etapa  de juzgamiento, es decir, que se hubiesen recepcionado los testimonios de  los  padres  de  J…  Martín,  el  paisa  y  la  ampliación de denuncia de la  ofendida,  seguramente  estas  pruebas  hubieran orientado mejor el criterio del  juzgador  y la sentencia hubiese sido absolutoria”, e  insiste  en el encuentro que sostuvo con la ofendida y la madre del procesado en  el cual aquella le manifestó que la conducta punible no existió.   

Con fundamento en los anteriores argumentos,  el  censor  le  pide  a  esta  Sala  que “estudie con  profunda  sazón  y especial detenimiento este caso”,  debido   a   que   “los  derechos  constitucionales  fundamentales  del  debido  proceso,  la  defensa  y la libertad de mi defendido  fueron  mancillados,  todo por cuanto no fue sometido el relato de la menor a un  juicio  crítico”, al tiempo que solicita se case la  sentencia  impugnada  y  se  dicte  decisión absolutoria a favor del procesado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   En  primer  término,  vale  destacar  que  en  el  presente  asunto  solamente  procede  la  casación  excepcional  en  los  términos  del inciso 3º del artículo 205 del  Código  Penal,  toda  vez  que  la  sentencia  impugnada, si bien es cierto fue  proferida  por  un tribunal superior de distrito judicial, también lo es que no  se  acredita  el  presupuesto  de punibilidad que permite acceder a la casación  común,  pues  el  comportamiento  punible  de  acceso  carnal  abusivo con menor de catorce años, por el cual  fue  condenado  el  procesado  (artículo  208  del  Código Penal, sin   el   incremento   punitivo   consagrado  en  la  Ley  890  de  20042),  no  tiene  legalmente  asignada  una  pena  máxima superior  a  los  8  años  de  prisión.   

Desde  la  anterior precisión se observa la  primera  gran  falencia  de la demanda de casación, pues por parte alguna ésta  invoca el instituto de la casación excepcional.   

Es  así  que  la  única  vía idónea para traer el caso presente a esta  sede  extraordinaria  –la  casación  excepcional-  le  exige al demandante tener en cuenta que, para tener  éxito  en  sus pretensiones, le corresponde exponer, así sea de manera sucinta  pero  clara  y  suficiente,  qué es lo que pretende con el recurso, teniendo en  cuenta  que  solamente  procede  para  el desarrollo de la jurisprudencia o para  garantizar los derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo    de    la    jurisprudencia,   el   casacionista  debe  mencionar  en  la  demanda  si  con  la  impugnación  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  persigue  que  la Corte  unifique  posturas  conceptuales, actualice la doctrina o aborde un tópico aún  no  desarrollado,  precisando,  en  todo  caso,  la  manera  en que la decisión  solicitada  tiene  la  utilidad simultánea de brindar solución al asunto y, al  mismo tiempo, servir de guía a la actividad judicial.   

Y,    respecto    de   la   protección  de los derechos fundamentales,  el  demandante  en  casación  está  obligado  a desarrollar una argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo necesario, por una parte,  que  identifique  con precisión la garantía que estima vulnerada e indique las  normas  constitucionales  que  la  contienen  y,  por  la otra, que demuestre su  violación  en  la  sentencia,  a  través  del quebrantamiento de la estructura  básica del proceso o la violación de un derecho fundamental.   

Es  así  que  a  la Sala le compete en este  punto  del  trámite constatar que el libelista formule sus reparos con estricta  sujeción  a las exigencias de lógica y argumentación suficiente definidas por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con el propósito de  evitar  que  esta  herramienta  excepcional  se  convierta en una instancia más  dentro  del  proceso  o  bien  que  se  desnaturalice  la  finalidad del recurso  extraordinario.   Los  mencionados  requerimientos están encaminados a que  el  desarrollo  los  cargos  de  la  demanda  esté  apoyado  en  unos  mínimos  parámetros  de  lógica  y  coherencia,  de manera que resulten inteligibles en  cuanto  a  precisión y claridad, pues de lo contrario, como ya se advirtió, no  puede  la  Corte entrar a subsanar tales falencias, en atención al principio de  limitación.   

Por   lo  tanto,  no  se  cumple  con  una  debida  fundamentación  del  instituto  excepcional  a  través  de la presentación de argumentos admisibles  para  sustentar  una  casación por la vía ordinaria, menos aún si se pretende  sustentar  el  recurso  por  medio  de razonamientos apenas de recibo en sede de  instancia,  que  no denotan nada diferente a una discrepancia con el contenido y  sentido del fallo.   

Tampoco,  el  hecho  de  que  se mencione de  manera  aislada  la  violación  de  garantías  fundamentales o bien la nulidad  –como  ocasionalmente  lo  hace  aquí  el  censor-, es suficiente para que la Sala entre en el estudio del  libelo,  si  de  éste no surge un argumento comprensible, apto para demostrar o  -cuando  menos-  identificar  los  presupuestos  de  la  posible trasgresión de  normas superiores.   

Ahora bien, en el caso que ocupa la atención  de   la   Sala,   se   observa   que  –como  ya  se  advirtió- desde la escogencia de la vía de ataque en  contra   de   la   sentencia,   la   demanda   incurre   en  graves  errores  de  fundamentación,  pues  no  solamente  el  casacionista  no  atinó a enfocar el  libelo   por  la  vía  discrecional  –motivo  por  el  cual  naturalmente  omite  la  demostración de sus  presupuestos-,  sino  que además cayó en importantes yerros en la postulación  y  desarrollo  de  los  cargos,  a  tal  punto  ostensibles,  que, no sin enorme  dificultad  –y a riesgo de  transgredir  el  principio  de limitación-, la Corporación habrá de pasar por  alto  tantas  equivocaciones  como  le  sea  dado,  a fin de sustentar de manera  suficiente   la   obvia   determinación   en   el   sentido   de   inadmitir la demanda.   

Al entrar en los argumentos que sustentan los  cargos,  la  Corte  enfrenta  la  primera  dificultad, pues no existe suficiente  claridad  sobre la causal de casación que pretende sustentar cada uno de ellos.   

Así,  lo  que  el  casacionista  denomina  “primer     cargo  (principal)”  –enunciación    que    supone    la  postulación  adicional  de  uno subsidiario, que en realidad no existe- aparece  enfocado  inicialmente  como  una  violación  de la ley sustancial por vía del  error  de  hecho  “en la apreciación de determinada  prueba”,  lo  cual condujo a la aplicación indebida  del artículo 208 de la Ley 599 de 2000.     

Hasta allí, el reproche carece de la debida  concreción,  porque  omite  precisar  cuál es la modalidad de error de hecho a  través  de  la  cual  se  produjo la aplicación indebida de la ley sustancial,  esto  es,  si  esta  última  acaeció  como  consecuencia de un falso juicio de  existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio.   

Lo   incompleto   del  razonamiento  y  su  ostensible  imprecisión  son falencias más que suficientes para interrumpir en  este  estadio  el  estudio  formal  del cargo, pues impiden conocer la verdadera  intención   del  casacionista.   Pero  la  confusión  aumenta  cuando  el  argumento  tan  deficientemente expuesto se encamina a criticar la manera en que  el  fallador  de  segundo  grado resolvió la apelación contra la decisión del  a-quo,  de  manera  tal  que  termina  por pregonar una nulidad, con fundamento en la omisión del traslado de  la prueba técnica.   

Es ya de por sí violatorio de los principios  de  debida  fundamentación,  no    contradicción    y  autonomía      de      las      causales      de  casación   la  postulación  de un cargo como un  indeterminado  error  de  hecho  y  su  desarrollo  como nulidad; no obstante lo  anterior,  en  aras de intentar indagar por una posible violación de garantías  fundamentales  que amerite corrección en esta sede, la Sala habrá de detenerse  en   este   particular  reproche,  para  precisar  que  no  existe  en  él  una  irritualidad  trascendente, toda vez que, si bien es cierto el proceso da cuenta  que  en verdad los funcionarios judiciales omitieron el traslado del dictamen de  sexología   forense,   también   es   claro   que   el  defensor  lo  conoció  oportunamente.   

El anterior aserto encuentra apoyo en que el  apoderado  del  procesado  se  notificó  personalmente  de  la  resolución  de  acusación,  pieza procesal que cita el aludido dictamen, plasma sus hallazgos y  los analiza junto al conjunto probatorio.   

Por otra parte, con ocasión del traslado del  artículo  400  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, el defensor guardó  silencio  sobre la aludida irregularidad y, en cambio, orientó su intervención  a  pedir  que  en  la  etapa  del  juicio  se practicaran las mismas pruebas que  solicitó  el  Ministerio  Público  en  su  memorial precalificatorio del 21 de  noviembre   de   2005  (fl.  34-35),  escrito  que  menciona  textualmente  que:  “obra dictamen sexológico practicado a la menor por  medicina   legal,  donde  se  concluye  que  la  niña  presentó  himen  anular  desgarrado   con   desfloración  reciente…”    

Por lo tanto, si al descorrer el traslado del  artículo  400  aparece  ostensible que el apoderado del procesado contempló el  alegato  de  otro  sujeto  procesal  en  el  que se citan las conclusiones de la  prueba   científica,   entonces   naturalmente   no  puede  afirmar  ahora  que  desconocía su contenido.   

Por otra parte, recuérdese que el principio  de  trascendencia  que  rige  la  declaratoria  de  las nulidades enseña que la  irritualidad  permite  la declaración de la nulidad siempre y cuando trascienda  de  manera perjudicial hacia el debido proceso o el derecho de defensa.  Y,  una  vez  más,  es nítida la omisión por parte del libelista en demostrar que  la  aludida  irregularidad le produjo un perjuicio evidente y trascendente, pues  no  precisa qué desventaja trajo a los intereses de su representado el hecho de  que  se hubiera omitido el traslado del dictamen ni, de manera correlativa, qué  ventaja  le  representa  ahora  la  corrección  de  esa  irritualidad  en  esta  sede.    

Por  último, en lo que tiene que ver con la  irregularidad  reprochada,  la  Sala  encuentra  un  claro  desconocimiento  del  principio      de      proposición      jurídica  completa,  pues  el  censor  se  limita a asegurar que  aquella  es “violatoria de muchas normas procesales y  principios   del   derecho   claramente  descritos”,  razonamiento  incompleto que no puede la Corte complementar en este momento, por  expresa     prohibición     del     principio    de  limitación.   El  impugnante  pretende cubrir la  aludida  indeterminación  a  través  de  expresiones  tales  como la  obligatoriedad  de  las  formas  o  el  principio  de  congruencia,  concepto  este  último  que  dirige  el reproche hacia otra causal de casación  –diferente  a  las dos ya  invocadas-,  y  que  ninguna  relación  guarda  con el deficiente argumento que  trata de desarrollar el cargo.   

Al  avanzar  en  el estudio del reproche, se  tiene  que  el  casacionista,  tras  mencionar  un  posible  motivo  de  nulidad  –sin identificar, como era  su  deber,  las  consecuencias  procesales de un vicio de esa naturaleza-, entra  enseguida al cuestionamiento de la apreciación probatoria.   

Para  ello, ofrece diversas interpretaciones  personales  que, no sin dificultad y con gran laxitud, se pueden asimilar a unos  –por demás mal enfocados-  yerros  de  falso  juicio de existencia y falso raciocinio.  Es así que el  casacionista  pregona  inconsistencias en el dicho de la ofendida y le otorga un  alcance  probatorio diferente a la prueba técnica, al tiempo que estima inusual  el  comportamiento  del  procesado  y  del padre de la ofendida; el razonamiento  así  desarrollado  no  atina  a  demostrar  sino  una  particular  apreciación  probatoria,   opuesta   a   la  del  sentenciador,  pero  no  una  equivocación  trascendente  en  esta  última,  ni  una  clara  incidencia  en  el sentido del  fallo.   

Por  último,  y  para  incrementar  la  ya  ostensible  indebida  y  confusa   fundamentación,  el  censor  orienta su  razonamiento  a  que,  por  vía  de  la  causal 3ª de revisión, a través del  artículo   216   del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  20003, la Sala entre  –de  manera  oficiosa-  a  modificar  el  sentido del fallo.  La petición así propuesta carece de un  fundamento  serio,  pues  se  sustenta  en  hechos que carecen de prueba, lo que  impide avanzar en el estudio del argumento.   

Así,  las notorias fallas en la concepción  de  la  demanda, así como en la postulación y desarrollo de los argumentos que  desarrollan  el  primer cargo,  conducen  necesariamente  a  su inadmisión a esta sede.   

Segundo cargo principal  

A  través  de este cargo, el censor asegura  que   de   haberse  practicado  en  el  juicio  las  declaraciones  de  Martín,  el  paisa,  los padres de la  víctima  y la de esta última, seguramente el sentido del fallo habría sido el  opuesto.   

Aún  cuando  el  libelo  no lo menciona, la  Corte     podría     entender     –interpretando,  una  vez  más,  de  manera  laxa  el  principio  de  limitación-   que  allí  hay  un  reproche  por  violación  al  principio  de  investigación integral.   

La vía de ataque que sugiere el demandante,  le  permite  a la Corte recordar que no cualquier omisión probatoria es idónea  para  determinar un motivo de nulidad, de manera que cuando el recurrente escoge  esta    vía    de    censura   le   corresponde   satisfacer   las   siguientes  exigencias:   

“Como  lo  ha  dicho  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  cuando  la  censura se presenta por la  omisión   probatoria,  corresponde  al  casacionista  que  señale cuáles  fueron  los  elementos  de  prueba  dejados de practicar, indicando su fuente de  pertinencia,  conducencia  y   utilidad  frente  al objeto del proceso y el  convencimiento del juzgador.   

Cumplido  con  lo anterior y en punto de la  demostración  de  la censura, el actor debía enseñar a la Sala cómo de haber  sido  objeto  de  apreciación  los  elementos de juicio tildados como omitidos,  necesariamente   el   fallo   habría   sido  favorable  al  acusado.”                  4   

Pero, aún así, el impugnante no cumple con  los  mínimos  requisitos  que  exige la demostración de una tal censura, entre  ellos  -el  más  relevante-,  la indicación -no como una mera hipótesis, sino  como  una  probabilidad  de verdad-  de aquello que cada una de las pruebas  omitidas  habría  de traer al proceso –amén  de  su conducencia, pertinencia y utilidad-, y cómo cada uno  de  los  elementos  de  juicio  omitidos, así como su apreciación en conjunto,  tienen  la  idoneidad  para  derribar  los  fundamentos  probatorios  del fallo,  ejercicio    argumentativo    que    se   observa   ausente   del   razonamiento  propuesto.   

El  recurrente  pretende  cubrir  la aludida  omisión  a  través de un análisis,  según el cual la menor fue obligada  a  mentir  en  la  denuncia  y  que,  de  comparecer ahora al juicio, habría de  declarar  que  el  hecho  no  ocurrió,  posibilidad  que  no  pasa  de  ser una  hipótesis  incierta  que, aún de presentarse, no conduciría necesariamente al  sentenciador  a modificar el sentido del fallo.  Y, en lo que tiene que ver  con  las  atestaciones  que  los  padres  de  la  menor,  o  bien los individuos  conocidos   como   Martín   y   el  paisa,  podrían  traer al juicio, con la probable aptitud de derribar el  fundamento probatorio del juicio de condena, nada dice el censor.   

De  manera  adicional  a  lo  anterior,  el  impugnante  olvida precisar a la Corte cuál sería la consecuencia procesal del  supuesto  motivo  de nulidad, es decir, desde cuándo habría la Corporación de  disponer  la  invalidación  de lo actuado, y termina por reconducir el reproche  de  nulidad hacia un supuesto  –y    mal   enfocado-  falso   raciocinio,   pues  critica  que:  “no fue sometido el relato de la menor  a  un  juicio  crítico”, razonamiento, como se dejó  dicho   en  acápites  anteriores,  desconoce  los  principios  de  debida    fundamentación,   no    contradicción    y   autonomía     de     las    causales    de    casación.   

Una   vez   más,   por  lo  indebidamente  fundamentado  del  cargo,  éste  no  puede  acceder a esta sede extraordinaria,  motivo por el cual será inadmitido.   

9.    Para  terminar,  se advierte que del estudio del proceso no se vislumbra violación de  derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales que amerite el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a  la Sala para asegurar su protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado DEIBIS    AGUILAR   SEGOVIA.      En     consecuencia,     se     declara     DESIERTO el recurso.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO             MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS        

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE          LUIS        QUINTERO  MILANÉS             

YESID   RAMÍREZ BASTIDAS                                    JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                                                               Secretaria     

1  Los  hechos  tuvieron lugar en el barrio Arenal  de  la ciudad de Barrancabermeja  (Santander).   

2  Los hechos tuvieron ocurrencia en el mes de noviembre  de 2003.   

3     ARTICULO  216.  LIMITACION  DE LA CASACION. En principio, la  Corte  no  podrá  tener en cuenta causales de casación distintas a las que han  sido        expresamente        alegadas        por        el       demandante.         Pero  tratándose  de  la causal prevista en el numeral tercero del  artículo  220,  la  Corte deberá declararla de oficio.  Igualmente podrá  casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que  la  misma  atenta contra las  garantías fundamentales.   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 20 de febrero de 2008, radicación No. 24916.     

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