32150(09-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.° 32150  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                            Aprobado acta N° 349.   

Bogotá, D. C., nueve (9) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación de la demanda de casación presentada por la defensora  de     WILLIAM    ARGUMEDO    DORIA    contra  la  sentencia  del 3 de febrero de 2009, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Cartagena confirmó el fallo proferido el 19 de junio de  2007  por el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma sede, que condenó al  mencionado  procesado  a  las  penas  principales  de  12  meses  de  prisión e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones por el término de 5  años,    como   autor   responsable   del   delito   de   abuso   de   función  pública.   

HECHOS  

          Los  sentenciadores  de  instancia  declararon  probada la siguiente  situación fáctica:   

          Para  el  mes  de  junio  de  2003  WILLIAM  ARGUMEDO  DORIA  laboraba como auxiliar administrativo  III  adscrito  a  la  oficina  de  notificaciones  de la Dirección Seccional de  Fiscalías  de Cartagena de Indias. A pesar de ello, se involucró en labores de  investigación   propias  del  C.  T.  I.  y  ajenas  a  su  función,  haciendo  averiguaciones   relacionadas   con  la  desaparición  de  la  hermana  de  una  funcionaria  de  la Fiscalía de Valledupar y aceptando realizar gestiones tales  como   la   captura   de  una  persona  por  encargo  del  abogado  Miguel  Antonio  Ladrón  de  Guevara,  el  suministro  de  nombres de vigilantes y de sugerencias de seguridad a la empresa  Vivero  San  Diego y, finalmente, el adelantamiento de indagaciones relacionadas  con  una supuesta negligencia al interior de la Fiscalía Seccional.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El trámite de la investigación estuvo a  cargo  de  la  Fiscalía  40  Seccional  de  Cartagena, despacho judicial que la  inició  el  9  de  junio de 2003 y en su desarrollo escuchó en declaración de  indagatoria   de  WILLIAM  ARGUMEDO  DORIA.   

2.  A  través  de  sustanciatorio del 15 de  julio  de  2004,  el  fiscal instructor decretó el cierre de la investigación,  calificando  el  mérito  del  sumario el 29 de julio de 2005 con resolución de  acusación  contra  WILLIAM ARGUMEDO DORIA,  por  el  delito  de abuso de función pública.    

3.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juez  Quinto Penal del Circuito de la mencionada ciudad, funcionario  que  surtió  las  fases  subsiguientes de la actuación, poniendo término a la  instancia  mediante  la  sentencia del 19 de junio de 2007, decisión confirmada  por  el  Tribunal  Superior  el  30  de  febrero del cursante año al desatar la  apelación interpuesta por la defensa.   

4. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  en  alusión promovió el recurso extraordinario de casación,  el cual sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          La  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  denunciando la violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho   derivado   de   “error  de  apreciación”.   

          Al  desarrollar  el cargo sostiene que el a  quem     violó     en     forma    “directa” el inciso segundo del artículo  232  de la Ley 600 de 2000 cuando dejó de aplicar el principio allí contenido,  pues  en el plenario no se logró demostrar la existencia de la conducta punible  ni  mucho  menos  la  responsabilidad  del  procesado,  arribando  el juzgador a  conclusión  diversa  mediante  la apreciación apenas de algunos apartes de las  pruebas,  sin  entonces  efectuar  una valoración completa y en conjunto de las  mismas.   

          En  el anterior sentido, considera que los hechos dados por probados  en   la  sentencia  en  realidad  no  se  presentaron.  Así,  en  cuanto  a  la  desaparición  de  la  hermana de una funcionaria de la Unidad Administrativa de  la    Fiscalía    de    Valledupar,    es   del   criterio   que   ARGUMEDO  DORIA  se  limitó a colaborarle  como  compañera  de  trabajo  de  la  institución  que  era,  enviándole unos  documentos  a  la  ciudad  donde  ella  prestaba  sus  servicios,  tal  como  lo  corroboró   el   testigo   Álvaro   Antonio  Colón  Torres,  Coordinador  de  la Unidad de “N.N.”, quien manifestó que esa clase de  favores son frecuentes al interior de la Fiscalía.   

          En  cuanto  al  dispositivo  de seguridad a realizarse en compañía  del   señor   Nelson  Cardona  Hernández,       Jefe       de       seguridad       del      “Vivero”,  la demandante pone de presente  que  el  propio prenombrado fue enfático cuando declaró no haber hecho llamada  alguna  a  ARGUMEDO DORIA para  la realización de dispositivo de esa naturaleza.   

          Según  la  libelista,  el  doctor  Miguel  Ladrón  de  Guevara  descartó la ocurrencia del hecho  relacionado   con  él  y  atribuido  al  procesado,  al  testificar  que  nunca  concurrió  a  la  oficina  de éste para llevar a cabo actividad alguna ajena a  sus funciones.   

          Finalmente,  considera  que  con el testimonio rendido por el señor  William  Quiroz  Palomino  se  desvirtúa   el   cargo  imputado  al  acusado,  relacionado  con  un  documento  incorporado  al  expediente  como  prueba, porque aquél en forma clara explicó  que  ese  escrito  se  lo envió a ARGUMEDO,   no   para   pedirle   la   realización   de   alguna  gestión,  sino  con el único objetivo  de  comentarle  lo ocurrido en un proceso en el cual éste lo había recomendado  antes  de  entrar  a  laborar en la Fiscalía General de la Nación.     

          Para   apoyar  dicha  argumentación,  la  censora  transcribió  en  extenso  el  testimonio de Quiroz Palomino y  luego  insistió  en  señalar que si se analizan en conjunto las  pruebas  antes  reseñadas,  se puede deducir que el procesado nunca actuó como  investigador   ni  ejerció  funciones  legales  al  margen  de  sus  funciones.  Precisó,  por  último,  que  el  fallo de casación solicitado en este caso se  torna  importante  para  hacer  efectivos  principios tales como “las  garantías  de  que  toda  duda  debe  resolverse  a  favor del  procesado y de la presunción de inocencia”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         La  demanda  instaurada  por la defensora del procesado WILLIAM  ARGUMEDO  DORIA  será inadmitida,  por las siguientes razones:   

         

De  acuerdo   con lo previsto el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  trata  de delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo máximo exceda de ocho años.   

Ahora  bien,  el inciso tercero de la citada  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia para  admitir  de  manera  excepcional  las  demandas de casación interpuestas contra  sentencias   de   segunda   instancia   proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a las ya mencionadas o relativas a delitos que tengan señalada pena  de  prisión  inferior  a la prevista por el legislador para acceder a esta vía  de  impugnación  extraordinaria o para los no sancionados con pena privativa de  la   libertad,   cuando   ello   fuese   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  o  para garantizar derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.   

         

          En  relación  con  lo  anterior,  la  Sala  ha  sido  insistente en  señalar  que  cuando  se  trata  de  la casación discrecional al demandante le  corresponde     exponer     con     claridad     y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina, bien para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.  Por  su  parte,  si  la  pretensión  del  casacionista  se orienta a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

         En     el     caso     materia     de  estudio,   el   recurso  sólo  procedía  por  vía  discrecional     o    excepcional,    pues  el  delito por el cual se dictó la sentencia tiene señalada  pena  de  prisión  cuyo  máximo  no  excede  de  ocho (8) años. En efecto, el  ilícito  de  abuso  de función pública está     contemplado     en     el     artículo     428  del Código Penal de 2000, norma que  lo   sanciona   con   prisión  de  uno  (1)    a  dos     (2)   años2.   

La libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

          Por  esa razón, optó por denunciar la existencia de una violación  indirecta  de  la  ley,  sin justificar la procedencia del recurso por alguno de  los  dos  factores  que habilitan la casación excepcional. Es decir, se abstuvo  de  explicarle a la Corte si pretende el desarrollo de la jurisprudencia o si su  aspiración es obtener la protección de garantías fundamentales.   

         La  actora, por tanto, no hizo  ningún esfuerzo para persuadir a la  Sala  sobre  la  necesidad  de admitir el libelo, circunscribiéndose a postular  un   error   de  juicio,  frente  al cual  la  Corte  tiene ampliamente fijado su alcance y fundamento, y si  bien   alude   al   desconocimiento   de   principios  tales  como  el   in   dubio  pro  reo  y  presunción  de inocencia,     lo     cierto    es    que    los    vincula    al              vicio   in  iudicando                 planteado    en    la   demanda,   sin  acometer  la  tarea  de  acreditar la vulneración de  esas  garantías  fundamentales  y  la incidencia de dicho quebranto frente a la  decisión   adoptada   por   los   falladores   y   sin   que   el  ataque,   de   otro   lado,  aluda  a  la  existencia  de  defectos  graves  de motivación, única eventualidad en la cual  resulta  dable  afirmar  la  vulneración  de derechos  superiores  por  la  configuración  de  esa clase de  vicios,   como   reiteradamente   lo   ha  dicho  la  Sala3.   

          Más  aún,  el  cargo  en concreto formulado no se allana a cumplir  las   pautas   de  fundamentación  exigidas  por  la  ley  procesal  y  por  la  jurisprudencia  de  la Sala, cuya satisfacción resulta insoslayable aún en los  casos  de  casación  discrecional,  como  está previsto en el inciso final del  artículo 205 arriba citado.   

          Al  respecto, se observa que si bien al enunciar el reproche predica  la  violación indirecta de la ley, cuando apenas inicia su desarrollo cambia la  vía    del    ataque    para    denunciar    la    violación   “directa”  de la ley, mencionando como tal  el  inciso  segundo  del artículo 232 (necesidad de la prueba) de la Ley 600 de  2000,  incurriendo  con esto último en otra inconsistencia, pues dicho precepto  no  tiene  la  condición  de  norma  sustancial,  en cuanto no define conductas  delictivas  o  hace referencia a la punibilidad o a la responsabilidad, sino que  sólo  sirve  como  medio  o  instrumento  para  arribar  a  los  fines  de  las  disposiciones  sustantivas, falencia que se desentiende del mandato contenido en  el  numeral 1º del artículo 207 de la referida legislación, según la cual la  casación   procede   “cuando   la   sentencia  sea  violatoria     de     una    norma    de    derecho  sustancial”   (subrayas  fuera  de  texto),  cuya  cita resulta imprescindible (numeral 3º del artículo  212 C. de P. P. de 2000).   

          Claro  que,  inmediatamente  después,  la  libelista  abandona  ese  segundo  sendero  para retornar nuevamente a la violación indirecta, planteando  una  discusión  de  naturaleza probatoria al señalar que en este caso no está  demostrada  la existencia del hecho punible ni la responsabilidad del procesado.  No  obstante,  aun  cuando inicialmente atribuyó al ad  quem  incurrir  en un error de hecho, omitió precisar  la  modalidad del mismo, debiéndose al respecto recordar que esa clase de yerro  se  manifiesta en tres formas, a saber: falso juicio de existencia, falso juicio  de identidad y falso raciocinio.   

          Aunque  al  tenor  del  principio  de  limitación  que  gobierna el  recurso  extraordinario  de casación no corresponde a la Corte desentrañar las  confusas  e  intrincadas  postulaciones,  bien pudiera decirse que la demandante  pareciera  acudir  al  falso  juicio  de  identidad porque aduce que el Tribunal  sustentó  su  decisión  con  “apartes  de  algunas  pruebas”, sugiriendo así que cercenó los medios de  convicción.   

          Como  se  recuerda,  esa  modalidad del error de hecho se estructura  cuando  el  fallador,  al  apreciar la prueba, distorsiona su contenido fáctico  para  hacerle  decir  lo  que  ella no expresa, en cuanto la cercena, adiciona o  translitera.  Su  demostración requiere que el actor identifique el medio sobre  el  cual recayó el dislate, realice un cotejo entre su contenido y aquel que le  atribuye  el fallador, precisando los apartes donde se presenta la distorsión y  luego acredite la trascendencia del yerro.   

          Empero,  la  censora  no  cumple  esa  carga  argumentativa, pues no  realiza  el  exigido  cotejo entre el contenido del medio y el sentido atribuido  por  el juzgador de segundo grado, absteniéndose consecuencialmente de precisar  el  aparte  del  fallo  donde  se  efectuó  la  distorsión aducida. Más aún,  tampoco  explica  la  trascendencia del yerro para acreditarle a la Corte que de  no   incurrirse   en   la   anomalía   la   decisión   sería   diametralmente  opuesta.   

          La  libelista,  contrariamente,  se  limita  a  hacer  referencia  a  algunos  medios  de  prueba,  señalando  que  ellos demuestran la inocencia del  acusado,  con  lo cual no hace sino presentar su propia apreciación probatoria,  pretendiendo   que   la   Sala  la  acoja  y  desestime  la  efectuada  por  los  sentenciadores,  olvidando que ese tipo de postulaciones no resultan pertinentes  en  sede  de  casación, dada la doble presunción de acierto y legalidad con la  cual arriba el fallo de segunda instancia a la Corte.   

          Los  defectos  de fundamentación advertidos en la demanda conducen,  en suma, a su inadmisión y en ese sentido se pronunciará la Sala.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Sala  no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por la defensora de  WILLIAM ARGUMEDO DORIA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

                                                 Permiso                   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

                                                                               

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                                                             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2  La  norma  también  establece como pena principal inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por cinco (5) años, pero para efectos de  determinar  la  modalidad  de  la casación solamente se tiene en cuenta la pena  privativa de la libertad.   

3 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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