32099(21-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32099  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 222.   

Bogotá,  D.  C., veintiuno (21) de julio de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el defensor de JAIRO AMAYA  GÓMEZ contra la sentencia del 19 de diciembre de 2008  mediante  la cual el Tribunal Superior de Ibagué confirmó el fallo adoptado el  27  de  noviembre  de 2006 por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma  sede,  que condenó, entre otros, al mencionado procesado como autor responsable  de  los  delitos  de  acceso  carnal  abusivo  con menor de catorce (14) años y  suministro   a  menores  de  sustancias  alucinógenas,  imponiéndole  la  pena  principal  de  84  meses  de  prisión y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término   

HECHOS  

          La  Corte  en  pretérita  decisión  los resumió en los siguientes  términos:   

          “A  raíz  de  la información suministrada a la Policía Judicial  el  31  de  julio  de  2002  por  la  señora Ada Esther Mendivel Flórez, en el  sentido  de  que  su  hija de 14 años de edad de nombre A. L. R. M.1   sostenía  relaciones  sexuales  a  cambio  de dinero, las autoridades desplegaron la labor  investigativa  de  rigor, estableciéndose la existencia en la ciudad de Ibagué  de  una  actividad ilícita dedicada al negocio carnal dirigida por EDNA BIBIANA  VARON  POMAR y cuyas mujeres utilizadas para el efecto eran reclutadas por Yenny  Carolina Barbosa Galindo.   

          JAIRO  AMAYA  GÓMEZ  es  señalado  como  uno de los clientes de la  señora  VARON  POMAR,  por cuyo intermedio se contactó con A. L. R. M. y E. J.  V.  Q.,  esta  última menor de 14 años de edad, con quienes en alguna ocasión  sostuvo   relaciones   sexuales,   para  lo  cual  les  suministró  éxtasis  o  ‘droga      del  amor’”.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Noticiados  los  hechos  a  la autoridad  judicial  respectiva, el Fiscal 21 Seccional de Ibagué mediante resolución del  9  de  agosto  de 2002 dispuso la iniciación de investigación previa. El 14 de  siguiente,  al  considerar  satisfechos  los  fines  de  esa  etapa procesal, la  Fiscalía  10 Seccional de la citada ciudad decretó la apertura de instrucción  penal,   en   cuyo   desarrollo   escuchó   en   indagatoria   a   JAIRO   AMAYA   GÓMEZ,   Edna  Bibiana  Varón  Pomar  y      Yenny      Carolina     Barbosa  Galindo.   

2.  El  4  de  febrero  de 2004 resolvió la  situación    jurídica   a   JAIRO   AMAYA   GÓMEZ,  absteniéndose    de   afectarlo   con   medida   de  aseguramiento  al no considerarla necesaria atendidos los fines constitucionales  de la misma.   

3.  La  Fiscalía  dispuso la clausura de la  instrucción  el  23  de  febrero de 2004 y el 30 de junio siguiente procedió a  calificar  el  mérito del sumario, profiriendo resolución de acusación en los  siguientes términos:   

–  A  JAIRO  AMAYA  GÓMEZ  por  los  delitos de acceso carnal abusivo con  menor   de  14  años  y  suministro  a  menores  de  sustancia  estupefaciente.   

–  A  Edna Bibiana  Varón  Pomar  por  el  ilícito  de  inducción  a la  prostitución, en la modalidad agravada.   

–  A Yenny Carolina  Barbosa  Galindo  por  el  punible  de inducción a la  prostitución.   

4. La providencia calificatoria fue impugnada  por   vía   de  reposición  y  apelación  por  el  defensor  de  Barbosa  Galindo,  pero dichos recursos la  Fiscalía  los declaró desiertos por falta de sustentación, en resolución que  cobró ejecutoria el 6 de agosto de 2004.   

5. El trámite del juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de Ibagué, cuyo titular llevó a cabo las  audiencias  preparatoria  y  pública de juzgamiento, tras lo cual puso fin a la  instancia  con  la  sentencia del 27 de noviembre de 2006, en la cual condenó a  los procesados en los siguientes términos:   

–  A  JAIRO  AMAYA  GÓMEZ  le  impuso 84 meses de prisión y la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  término,  por los delitos de acceso carnal abusivo con menor de 14 años  y suministro a menores de sustancia estupefaciente.   

–  A  Edna Bibiana  Varón  Pomar le irrogó a título de penas principales  34  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía  de 66 salarios mínimos legales  mensuales,  así  como  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  por  el  ilícito  de  inducción a la prostitución agravado.   

–  A Yenny Carolina  Barbosa  Galindo le aplicó las penas principales de 26  meses  de  prisión  y  52  salarios  mínimos  legales  mensuales, así como la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por   el   mismo   tiempo,   por  el  punible  de  inducción  a  la  prostitución.   

6.   La  sentencia  fue  apelada  por  los  defensores   de   JAIRO   AMAYA  GÓMEZ  y  Edna  Bibiana  Varón Pomar,  siendo  confirmada  por  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de  Ibagué el 19 de diciembre de 2008.   

10.  Contra  el  fallo  de segundo grado los  mismos  sujetos  procesales  en mención interpusieron el recurso extraordinario  de  casación,  cuyas  demandas  las examinó la Sala desde el punto de vista de  sus  fundamentos  lógicos  y  de adecuada sustentación, según providencia del  pasado  6  de  julio del año en curso, en la cual se inadmitió la presentada a  nombre   de   Edna  Bibiana  Varón  Pomar,   en   tanto   se  admitió  la  instaurada  por  el  defensor  de  JAIRO  AMAYA GÓMEZ, por cuya  razón  se ordenó dar traslado al Ministerio Público para efectos del concepto  de  rigor,  rindiéndolo el Procurador Primero Delegado para la Casación Penal,  quien   pidió  no  casar  la  sentencia  impugnada2.   

LA  DEMANDA   

          En  la única demanda admitida, el impugnante formula cuatro cargos,  el  primero  con  apoyo  en  la causal tercera de la Ley 600 de 2000 y los otros  tres  bajo  el  auspicio  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo  de la misma  disposición legal. A continuación se resumen sus fundamentos:   

          Primer cargo:   

          Propende  por la nulidad del fallo de segunda instancia por vulnerar  el  debido proceso al incurrirse en esa pieza procesal en motivación deficiente  o incompleta.   

          Al  desarrollar  el  reproche sostiene que el defecto surge desde la  decisión  de  primera instancia, pues la misma adolece de un análisis serio de  la   prueba,   en   cuanto   ofrece   como  único  argumento  para  afirmar  la  responsabilidad  del procesado que su versión “está  llena  de  contradicciones  y sofismas”, sin que, por  ende,  tenga  sustento  alguno,  ausencia  de  motivación observada también en  torno  al  ilícito  de suministro de estupefacientes, pues luego de afirmar que  “A.  L. no sólo consumía sino que se dedicaba a la  venta  de alucinógenos, concluye de manera abrupta que, para el caso de marras,  ella  no  fue  la que suministró la droga sintética al sindicado ni a E. J. V.  Q.,  sino  que fue directamente JAIRO AMAYA GÓMEZ quien les dio la mitad de una  pasta a cada uno de ellas”.   

          En  criterio del censor, si bien el ad quem  advirtió el error del juez de primera instancia no lo  corrigió,  pues  fundó  la  mayor  parte  de  la  sentencia  en la exposición  atinente  a  la  certeza racional como fundamento de la condena y la protección  de  la  libertad  sexual  de  los  infantes  y  adolescentes, sin ocuparse de la  concreta  valoración  del  fundamento  fáctico,  limitándose  a  realizar una  apresurada  conclusión sobre la supuesta entrega de éxtasis a las adolescentes  bajo  las  premisas  de las narraciones de éstas y la evidencia allegada, cuyos  fundamentos  apenas  enunció,  pero  no  desarrolló ni confrontó.   

          Es  así,  añade  el  casacionista,  como  el  Tribunal a partir de  afirmaciones  vagas,  genéricas  y  sin  una  coherencia adecuada y suficiente,  otorgó  plena  credibilidad  al  testimonio  de  las menores cuando señalan al  procesado  de  entregarles  el  éxtasis,  sin  confrontar  sus afirmaciones, en  especial   lo  expuesto  por  E.  V.  Q.  ante  el  médico  forense  del  Instituto  de  Medicina  Legal,  ni  contrastarlas  con  las  declaraciones  de  Hada Esther  Mendivil  Flórez  y  Helena  Margarita  Ramírez  Mendivil. En su sentir, no estando  el  razonamiento  del  fallador  precedido  de  un análisis completo del caudal  probatorio,  no  podía  jamás  arribar  a una conclusión categórica sobre el  momento de la entrega de la sustancia.    

          Para  el demandante, de haber realizado una correcta argumentación,  el  sentenciador  habría  podido  tomar  una decisión en la cual reflejara las  razones   por  las  cuales  desecha  unos  elementos  probatorios  y  le  otorga  credibilidad  a  otros.  Insiste  entonces  en  que  predicar  certeza porque el  “testimonio  de unas adolescentes son consistentes y  coherentes  en  sus  relatos”, no basta para edificar  la responsabilidad penal.   

          Solicitó,  por tanto, dictar la sentencia de reemplazo mediante una  debida  fundamentación que necesariamente conducirá a absolver al procesado de  toda responsabilidad.   

          Segundo cargo:   

          Denuncia  la  presencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad  en  relación  con  el  delito  de  suministro a menores de droga que  produzca dependencia.   

          El  yerro,  en  su  criterio, recayó en la declaración rendida por  Helena   Margarita   Ramírez  Mendivil  y  en  el  dictamen  sexológico  forense  practicado a E.  J.  V.  Q.,  pruebas  que  cercenó el  fallador,  pues, en cuanto a la primera, dejó de considerar las manifestaciones  de   la  testigo  acerca  de  las  explicaciones  que  le  ofreció  su  hermana  A.   L.  R.  acerca  de  la  pastilla  de éxtasis que le encontró el 18 de julio de 2002 en su habitación,  esto  es,  que  “la tenía desde el 10 de julio, día  en  que  había  consumido  un  cuarto de esa pasta, la misma que el 18 de julio  había    raspado    un    poquito   ‘y  quería  morirse  porque había hecho cosas muy malas’, fecha que corresponde al día en que  estuvo en compañía de JAIRO AMAYA GÓMEZ Y E. V. Q.”.   

         

          El  cercenamiento del dictamen, a su turno, el censor lo concreta en  la  afirmación  efectuada  por  E. J. V. al  médico  forense cuando le relató los hechos, en cuanto le dijo  que   ese   día   una   amiga   “un  año  mayor”  le  había  dado  una  pasta  de  éxtasis. Infiere el  impugnante,  por  detalles tales como la edad, el sitio y ser la primera vez que  sostuvo   una   relación  sexual,  que  aquélla  se  refería  a  A.  L. R. M.    

         

          Para  el  libelista,  la  lectura  integral  de  las citadas pruebas  conduce   a   acreditar   que   la   pastilla   de   éxtasis,   “hallada  el  18  de julio, A. L. la tenía desde el 10 de julio y de  la  que A. L. y E. J. consumieron el 18 de julio”. En  consecuencia,  considera  que quien suministró a esta última el estupefaciente  fue   la   primera  de  las  aludidas,  mas  no  AMAYA  GÓMEZ.  Por eso, dice sorprenderle la conclusión del  ad  quem en el sentido de que  las adolescentes son consistentes y coherentes.   

          En  su  opinión,  los  juzgadores  se  conformaron  con afirmar que  A.  L.  R.  tenía  la doble  condición  de  expendedora  y  consumidora de éxtasis, sin advertir que de las  pruebas  tergiversadas se desprende lo siguiente: (i) la aludida consumió el 10  de  julio  un  cuarto  de  la  misma  pastilla que le halló su hermana el 18 de  julio;  (ii)  ese mismo día A. L. “había raspado un  poquito  de  esa  pasta”;  (iii)  a  su  hermana  le  refirió  que  debía  devolverla  o  de  lo contrario pagar a cambio la suma de  $12.000;     (iv)     E.    J.    V.    refirió  al  forense  que  quien  le  suministró  la  pastilla  de  éxtasis  fue una amiga un año mayor que ella; y (v) de haber sido un regalo la  reacción  de  A. L. cuando su  hermana  se la halló el 18 de julio no habría sido la de pelear, enfurecerse y  llorar.       

          En  punto  a la trascendencia del error, el actor señaló que si el  sentenciador  no hubiese cercenado las mencionadas pruebas, el fallo tendría un  sentido  distinto, al menos en lo referente al delito de suministro de sustancia  estupefaciente,  por  cuya  razón  pidió  casar  la sentencia para proferir un  fallo absolutorio.   

          Tercer cargo:   

          Atribuye  al  Tribunal  incurrir en error de hecho derivado de falso  raciocinio  respecto  del delito de acceso carnal abusivo con menor de 14 años.  Este  reproche  lo  subdivide  en  dos,  planteando  la  ocurrencia del yerro en  relación con la ingesta de éxtasis y frente a la desfloración.   

          Sobre  el  primero  de  esos  aspectos,  señala que el ad  quem  vulneró los postulados lógicos  relativos  a  los efectos inmediatos y secundarios al consumo de éxtasis cuando  valoró   los   testimonios   rendidos   ante   la  Fiscalía  por  E.  J.  V. Q. y A.  L.  R.  M.,  así  como  la  versión  expuesta por la  primera de ellas al médico forense.   

          Lo  anterior  porque,  según   el  censor,  las  deponentes en  dichas   declaraciones   dan   cuenta  que  E.  J.  V.  al  momento  de  los  hechos presentó “llanto,  miedo, angustia, corrió a encerrarse en el sauna, cubrirse  con  la  toalla, llamar a EDNA BIBIANA para informarle de su negativa a sostener  relaciones  sexuales, manifestaciones de dolor que sentía y finalmente, zafarse  del  lado  de  Jairo  Amaya  y  volverse  a  encerrar en el sauna”,  lo cual no se corresponde con los efectos del éxtasis, sustancia  conocida  como  “la  droga  del  amor”,  en  cuanto  proporciona a sus consumidores una intensa sensación  de  bienestar, afecto hacia las personas de su entorno, aumento de energía y en  ocasiones   alucinaciones,   provocando  algunas  veces  efectos  adversos  como  malestar   general,  pérdida  de  control  sobre  uno  mismo,  deshidratación,  pérdida de peso y de memoria y hasta la muerte.   

          En  ese sentido, citando un estudio científico ubicado en internet,  señala   que   el   consumo   oral   de   esa   droga  produce  las  siguientes  manifestaciones:  “Sociabilidad, euforia, incremento  de  la  autoestima,  locuacidad,  desinhibición  y  deseo sexual, pero también  inquietud,  confusión y agobio, taquicardia, arritmia e hipertensión, sequedad  en  la  boca, sudoración, escalofríos, nauseas, contracción de la mandíbula,  temblores,  deshidratación,  aumento  de la temperatura corporal o ‘golpe     de     calor’”.   

          Con  todo,  el  demandante  reseña  el relato contradictorio de las  deponentes,   en   cuanto   E.   J.  V.  ante  el  Instituto  de  Medicina Legal presentó los hechos como un  recuerdo  de  situaciones,  no  claras en su mente, producto de la ingesta de la  pastilla  de  éxtasis  proporcionada, según ella, por una amiga, mientras ante  la Fiscalía narró lo sucedido con lujo de detalles.   

Al respecto, considera corroborante de la no  ocurrencia  del acceso carnal la afirmación de la aludida al médico legista en  el  sentido  de  estar  acostada  con  ropa, siendo su amiga quien le contó que  había      tenido     “relaciones     con     un  señor”.  En  ese  orden  de  ideas,  se  pregunta:  “Dónde   quedó  entonces  el  baño  previo?,  la  angustia,  el llanto y la llamada a Edna? La petición angustiosa a A. L. que se  fuera  y no la mirara, la escena del abuso, del sangrado profuso que se sugirió  evidente en la toalla del baño?”.   

          Para  el  libelista,  de  otra  parte,  el  pago  por  los servicios  sexuales  no  corresponde  con  lo  relatado  por  las  testigos, porque ante la  Fiscalía  afirman  que  quien  recibió  mayor  remuneración  fue E.  por  tratarse de una virgen, pero ante  el  médico  forense  ésta  manifestó  que  sólo  recibió  $50.000, mientras  A. L. $200.000, lo cual, para  el  censor,  confirma  que  JAIRO  AMAYA  únicamente  sostuvo  relaciones sexuales consentidas con la última  mencionada.   

          En  fin,  ni  el  comportamiento descrito por las deponentes ante la  Fiscalía  y  menos  aún  el  estado  de “amnesia”  referido    por   E.   J.  al  médico forense, se compadecen con los efectos del  éxtasis.  En  ese  sentido,  le parece extraño que la personalidad tranquila y  desinhibida  solamente  vino  a  presentarse  después  del presunto abuso, pues  E.  J.  expuso haber hablado  con  JAIRO AMAYA para negarle  la  posibilidad  de  volverse  a  ver  y  luego  de vestirse y recibir el dinero  dirigirse  al  centro  a  hacer compras con su amiga A.  L.   

          En  punto  al  aspecto  de la desfloración, el casacionista refiere  que  el  yerro  se presentó en las mismas pruebas antes referidas, en cuanto en  ellas  las  deponentes  aluden  al  hecho  de que E. J.  sangró  luego  de  la  relación  sexual.  Tras citar  apartes  de  la  obra  “Medicina  legal  Judicial”  de  un  autor extranjero, en la cual se señala que la  violación  causa,  entre  otras  consecuencias, “una  hemorragia  poco abundante”, el actor concluye que el  manchado referido por las declarantes no existió.   

          Al   respecto,  considera  que  ante  la  Fiscalía  “las  menores  pretendieron  magnificar  la situación, refiriéndose  ambas  a  un sangrado profuso, porque muy seguramente en su imaginario estaba el  que  tras  un  acto sexual violento, como el que ellas no habían experimentado,  la  consecuencia  inmediata  es  la hemorragia”, para  ante  el  profesional  de  la  salud  y  en presencia de sus padres E.  J.  asumir  otra posición, exponiendo  que     había     tenido     un    “poquito    de  manchado”  en  la  ropa  interior,  “como  para  que  no  quedara  duda  que  el  día 18 de julio había  perdido la virginidad”.   

          Cree  trascendentes  los reseñados errores, pues si el sentenciador  hubiese  valorado  la  prueba  conforme  a  los  postulados de la sana crítica,  teniendo  en cuenta las leyes de la ciencia en materia de la ingesta de éxtasis  y  de  hallazgos  compatibles  con  la  desfloración,  el  razonamiento habría  conducido  a  reconocer  la  existencia  de duda y por esa vía a proferir fallo  absolutorio.   

          Cuarto cargo:   

          Predica  la  existencia  de  un  error de hecho como consecuencia de  incurrirse  en  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  experiencia  que  condujo  a  proferir  condena por los delitos de acceso carnal  abusivo   con   menor   de   14  años  y  suministro  a  menores  de  sustancia  estupefaciente.  La anomalía, para el censor, recayó en las mismas pruebas que  se   vienen   refiriendo,   en   cuanto   el  ad  quem  afirmó  la demostración de esos punibles a partir de  considerar consistentes y coherentes los relatos de las menores.   

          Considera  que  el  Tribunal,  con  tal razonamiento, desconoció la  regla  de  la  experiencia  según  la  cual  “Si dos  personas  de  la  misma edad y condición de estudiantes, que comparten el mismo  espacio  de  tiempo  y  de  lugar,  que emprenden una tarea conjunta previamente  seleccionada  y  aceptada por ambas, cuando posteriormente evocan las vivencias,  éstas  deben  ser  coincidentes,  por lo menos en las situaciones trascendentes  –el  núcleo  esencial- y  parecidas en aquellas que no lo son”.   

          En   ese  orden,  estima  que  las  deponentes  incurrieron  en  las  siguientes   trascendentes   contradicciones.   En  primer  lugar,  A.  L.  R.  afirmó  que tras manifestar a  JAIRO  AMAYA  que quería una  pastilla   de   éxtasis,   éste   llamó   a  unos  muchachos  por  teléfono,  dirigiéndose  todos  a  una  casa  cuyo  sitio  no  pudo  precisar.  En cambio,  E.  J.  manifestó  que  el  procesado  se  fue  en  el  carro  a  conseguir  la  droga  y  ellas se quedaron  esperándolo.  Más  aún,  ante  el  médico  legista la menor antes mencionada  aseveró  que la pastilla de éxtasis se la proporcionó una amiga un año mayor  que ella.    

          En   segundo  lugar,  A.  L.  refirió   que  JAIRO  AMAYA  le  dio  a  ella  $40.000, mientras a E. J.  $150.000. Por su parte, esta última ante la Fiscalía  manifestó  que  recibió  $150.000, mientras su amiga $40.000, justificando tal  suceso  por  su  condición de “virgen”.    La    misma   E.   J.   al  médico  legista  relató  otra  cosa,  pues  dijo  que quien le  entregó  el  dinero  fue  “la  amiga”,  recibiendo  $50.000,  en  tanto  a ella le dieron “como doscientos mil pesos”.   

          En  tercer lugar, las menores declararon ante la Fiscalía que luego  de  llegar  al  motel  se  desvistieron  para  quedar como única prenda con una  toalla  de  baño  sobre  sus  cuerpos  desnudos.  En  cambio,  ante  el forense  E.   J.  refirió  recordar  “haber  estado  en un sitio como lejos, donde había  un  sauna  y  un  baño transparente y estaba acostada con ropa y estaba con una  amiga y un señor”.   

          Y,  en  cuarto  lugar,  las adolescentes dieron cuenta acerca de las  manifestaciones  de  oposición  de  E. J. a  sostener  relaciones  sexuales con JAIRO  AMAYA,   tales   como  el  llanto,  los  gritos,  las  expresiones  de  dolor,  la  llamada  que  hizo  a Edna  Bibiana   Barón,   el  sangrado  y  la  huida  de  la  habitación  para  refugiarse  en el baño. Contrariamente, la versión ofrecida  por   E.   J.   al  galeno  corresponde  a  una actitud de entrega, no de aceptación, pero sí conformista,  producto   de   la   ingesta   de   la   sustancia   estupefaciente.    

          Para  el  actor,  las versiones disímiles sobre el núcleo esencial  de  dichas  declaraciones  imponían a los falladores un trabajo analítico para  buscar  la  razón  de  ser de los extremos fijados en su mente y expuesto en la  rememoración  de  las  vivencias, deber no asumido y de ahí el yerro cometido,  cuya  ocurrencia no se habría dado si la valoración de esas pruebas se hubiese  hecho conforme a las reglas de la experiencia.   

          En  consecuencia,  solicitó  el  demandante,  a manera de petición  principal,  decretar  la  nulidad  de  la  sentencia  de  segunda instancia para  proferir  un fallo de reemplazo absolutorio. Subsidiariamente, impetró casar el  fallo impugnado para, igualmente, absolver al acusado.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          Primer cargo:   

          No  considera  concurrente  en  los  fallos de instancia el vicio de  motivación  aducido  por  el  impugnante.  Para empezar desestima las sugeridas  violaciones  a los principios de imparcialidad y apreciación en conjunto de los  medios de convicción.   

          Si   bien   reconoce  que  en  los  específicos  razonamientos  del  a   quo   atinentes  a  la  pretensión  libidinosa  del  procesado  con  el ingreso de las menores al motel  y   al hecho de haber sido él “quien les dio la  mitad  de  una  pasta  a  cada  una  de ellas”, no se  apoyó  en  sus  declaraciones sino solamente en el dictamen médico legal, para  el   Procurador   Delegado   de   todas   maneras  tales  probanzas  no  pasaron  desapercibidas  en  el  análisis  del  juzgado,  pues  expresamente  las había  sintetizado  atrás  para  efectuar  el  juicio  de  reproche  respecto  de  las  coprocesadas   por  el  delito  de  inducción  a  la  prostitución,  con  cuyo  fundamento   entonces  vertió  la  conclusión  censurada  por  la  defensa  en  relación  con  los  delitos  cometidos por JAIRO AMAYA  GÓMEZ.   

          De    cualquier   forma,   estima   que   las   posibles   falencias  argumentativas  del  fallo  de primer grado fueron superadas por el ad   quem.   Al   respecto,   le   parece  incomprensible  el  cuestionamiento dirigido contra la argumentación dogmática  del  Tribunal  acerca  de  “la certeza racional como  fundamento   de  la  condena  y  la  protección  sexual  de  niños,  niñas  y  adolescentes”.  En  ese sentido, encuentra que en el  acápite  relativo  a  “la  prueba  demostrativa del  delito  y  la  responsabilidad”  el  sentenciador de  segundo   grado   metodológicamente  sienta  las  bases  de  lo  que  será  la  apreciación   del   testimonio   de   las   menores   víctimas  con  apoyo  en  jurisprudencia de la Corte Constitucional.   

          A  su  turno,  es  del  criterio  que  la  concreta  valoración del  fundamento  fáctico  está  nítidamente  expresada  en  el  aparte  denominado  “la   apelación   del   defensor  de  Jairo  Amaya  Gómez”,  en  el cual se cita y analiza el contenido  literal  de las declaraciones de las menores, concluyéndose que “las  adolescentes  son consistentes y coherentes en sus relatos, sin  que  se aprecie interés particular de perjudicar al procesado, más que ofrecer  la verdad de lo sucedido”.   

Para  el  representante  de  la sociedad, no  resulta  razonable  reprochar  al  ad quem dejar   de   analizar  “el  conocimiento  previo,  la tenencia, adquisición y consumo de sustancias estupefacientes, como  el  éxtasis”,  porque  en  nada afecta el juicio de  tipicidad  objetiva  o  de  antijuridicidad  material  respecto  del  delito  de  suministro  a  menor  el  contacto  anterior  de  las  víctimas  con sustancias  estupefacientes.  Por eso, considera que no puede descalificarse la declaración  de   A.  L.  R.  M.  con  el  argumento  de  que su condición de expendedora o consumidora de drogas le resta  credibilidad a su dicho.   

En cambio, es del parecer que el Tribunal sí  podía   concluir  categóricamente  sobre  el  momento  de  la  entrega  de  la  sustancia,   y   ello   porque  precisamente  los  testimonios  que  valoró  le  permitieron   establecer   que   JAIRO  AMAYA  GÓMEZ  suministró  a  las  menores  la pastilla de éxtasis,  previamente a la consumación de las relaciones sexuales.   

          En   suma,  estima  que  la  sentencia  respetó  el  imperativo  de  motivación  de  las  decisiones,  respondiendo  a  un  soporte  fáctico serio,  adecuado  y contundente en el cual se descarta cualquier razonamiento aparente o  sofístico.   

          Segundo cargo:   

          Encuentra   que   los   apartes   de  la  declaración  rendida  por  Helena   Margarita   Ramírez  Mendivil  y  del  dictamen sexológico referidos por el actor, ciertamente, no  fueron  objeto de análisis por los juzgadores. Sin embargo, en su criterio, ese  defecto  deviene  intrascendente  a  partir del examen integral de los medios de  convicción,  los  cuales  indican que el entendimiento asignado por el censor a  las expresiones omitidas es equivocado.   

          Al  respecto, empieza por destacar cómo, según criterio de la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte,  el  examen médico sexológico no tiene el  carácter  por  sí  mismo de prueba, pues se trata apenas de una entrevista que  sólo  se  puede  considerar  como  criterio  orientador,  por  cuya  razón  la  variación  en  el  relato  de  los  hechos  encuentra  justificación,  bajo el  entendido  además  que  la  versión  al  galeno  la  ofreció  la  víctima en  compañía  de  sus  padres,  “quienes  notoriamente  cohibieron  a  la  menor  para expresar cuánto presenció, porque como la misma  menor    lo    señaló    ellos    desconocían   lo   ocurrido”.    

          A  su  turno,  estima  que  el  testimonio  rendido por Helena  Margarita  Ramírez,  por  ser  de  referencia,  debe ser leído  en   contexto   con   los   demás  medios  de  prueba,  especialmente  con  las  declaraciones  de  las  víctimas vertidas ante la Fiscalía sin la presencia de  sus  padres,  de  cuyo análisis surge una realidad distinta a la proclamada por  la  defensa,  en cuanto esas deponencias aclaran con nitidez lo que A.  L.  R.  M. le contó ese 18 de julio de  2002  a  su  hermana  Helena.   

          Para   demostrar   su   aserto  el  Procurador  Delegado  transcribe  fragmentos  de  los  testimonios rendidos por las menores, tras lo cual concluye  que  esas  pruebas,  en  conjunto con las cercenadas, acreditan que el procesado  sostuvo   dos   encuentros   sexuales  con  A.  L.  R.  M.,  entregando  a  ésta en desarrollo del primero un  cuarto  de  pasta de éxtasis que la afectada consumió, mientras en el segundo,  en  el  cual  estuvo  también  E. J. V. Q.,   “inicialmente  les  suministró  un  cuarto  de pastilla a cada una, la cual consumieron mientras estaban en el carro  del   sujeto  y  luego,  cuando  se  despidieron  le  regaló  una  ‘pepa’  a  A. L. R. M. que ella envolvió en  un      ‘papelito  dorado’.   

          En  esas  condiciones,  considera  que el entendimiento correcto del  testimonio  de  oídas  de  Helena Ramírez,  con  lo  cual  adquiere consistencia y claridad, apunta a afirmar  que  la  pasta encontrada por ésta a su hermana no es la misma que consumió el  10  de  julio  de 2002 ni la que consumió el 18 de julio. En todo caso, para el  Ministerio  Público,  las  tres  pastillas  fueron suministradas a A.    L.    R.    M.   por   JAIRO    AMAYA   GÓMEZ   en   diferentes  ocasiones,  sin  que  en  la sanción de esa conducta influya el hecho de que la  menor  hubiera  motivado  a  su amiga  E. J. V. Q.  a  consumir  la  sustancia estupefaciente.   

          Finalmente,  el  reproche  del impugnante según el cual la pastilla  encontrada  el 18 de julio de 2002 por la hermana de A.  L.  no  pudo  ser  un  regalo  porque  la reacción de  pelear,  enfurecerse  y  llorar  sólo es comprensible si se entiende que debía  devolverla  o  cancelar doce mil pesos, para el Delegado sugiere la postulación  de  un  falso  raciocinio que desborda el marco del falso juicio de identidad. A  pesar  de  ese  defecto  técnico,  pasa  a  responder  el  ataque señalando no  encontrar  ilógica  dicha  reacción  a la luz de la sana crítica, pues cuando  alguien  pierde  una  cosa valiosa para sí, independientemente de que haya sido  comprada  o  regalada  ocasiona  un  sentimiento  de  desazón,  frustración  e  inconformidad,  que  bien  puede  tener  diferentes reacciones de acuerdo con el  carácter, edad e importancia del objeto perdido.   

          Destacando  la existencia de confusión técnico-argumentativa en el  actor  cuando estructuró el sentido de la violación directa invocada, terminó  afirmando la improsperidad de la censura.   

          Tercer cargo:   

          No  encuentra  atendible  el reproche fundado en que la reacción de  la  menor  E.  J.  V.  Q.  no  corresponde   a   la   derivada  de  la  ingesta  de  éxtasis,  pues,  para  el  representante  de  la  sociedad,  los  efectos  propios  de la desinhibición al  momento  de  practicar el acto sexual no son los únicos asociados al consumo de  ese  narcótico. Sobre el particular, citando análisis registrados en internet,  señala   que   “el   aumento  de  los  niveles  de  neurotrasmisor  serotonina  puede  generar  efectos tales como la confusión, la  inquietud  y  el agobio y secundariamente, al descender ellos, la depresión, el  mal humos y la astenia”.   

Todo  depende,  añade,  de las específicas  características  de la sustancia, la forma de consumirla y las particularidades  del  sujeto,  como  personalidad, peso, edad, estado de salud, ánimo, así como  su  experiencia  en  el  consumo de la misma. En ese sentido, llama la atención  que  la víctima (i) apenas tenía 13 años de edad, (ii) nunca había sostenido  relaciones  sexuales,  “(iii)  se alistaba a tener un  contacto  sexual  con  un  sujeto  desconocido,  o como ella lo denominó con un  ‘viejo’  al  que  le vendería su virginidad,  sin  ningún  tipo  de  compromiso  afectivo o emocional y (iv) sufría el dolor  físico   intenso   producto   del   desgarro   himenal…”.    

          Señalando  que  la  mencionada  droga, según se ha establecido, no  tiene  efectos  afrodisíacos,  pues  incluso  su  utilidad  para  facilitar  la  introspección  con  un  temor  reducido ha sido comprobada en algunos contextos  terapéuticos,  considera  que  las  actitudes  asumidas  por  la menor, en modo  alguno  se  distancian del comportamiento generalizado en casos de abuso sexual,  con     consumo     de     éxtasis     como     mecanismo     de    alteración  psico-sensorial.     

          De  otro  lado,  advierte  imposible  enfrentar  a  las  leyes de la  ciencia  lo  referido  por  E.  J.  V. Q. al  médico  forense,  pues  además  de  que el éxtasis en algunas  circunstancias  sí  afecta  la memoria temporal, lo allí dicho “parece  ser  una presentación fraccionada de los hechos, lo cual es  comprensible  si  tal  como se advirtió atrás, la entrevista se desarrolló en  presencia  de  sus  padres,  quienes  según  lo informó la misma niña ante el  órgano  instructor  no  tenían  conocimiento  de  lo  sucedido  y bien resulta  lógico  que  no  quisiera enterarlos de todo lo ocurrido con la minucia que sí  acompañó   su   testimonio   cuando   ellos   no   estaban   presenten  en  la  Fiscalía”.   

          Tampoco  encuentra  transgredida la ley de la ciencia con respecto a  los  signos de desfloración. Al respecto, destaca cómo la doctrina científica  coincide  en  enseñar  que  el  desgarro  generado por el acceso carnal produce  algún  tipo  de  hemorragia  y  exactamente a esa circunstancia se refieren los  testimonios  de las adolescentes, sin que en sus relatos afirmen que el sangrado  fuera  profuso,  como  lo  quiere  hacer  ver  el  censor, suponiendo y haciendo  especulaciones en ese sentido.   

          Con  todo,  estima  que para la acreditación de la conducta punible  tampoco  tendría  importancia  que  el  sangrado  se  hubiese  dado en cantidad  superior   a  la  normal,  “pues  las  leyes  de  la  naturaleza  indican  que la pérdida de la virginidad en las mujeres no ocasiona  una  hemorragia  exactamente  igual  en  todas  ellas,  toda  vez que en esto se  conjugan factores genéticos, hormonales y circunstanciales”.   

          Sobre  la  censura  a  la  afirmación  efectuada por la menor en la  entrevista  rendida  en  medicina  legal  al  minimizar el sangrado, el Delegado  insiste  en  que  esa  versión  no  es  prueba,  amén  de constituir un relato  recortado de los hechos ante la presencia de sus progenitores.   

          Por  último,  considera  intrascendentes las imprecisiones en punto  al   dinero   recibido  de  JAIRO  AMAYA  por  los  favores sexuales prestados, pues lo cierto es que hubo una  contraprestación,  la cual de todas maneras resulta irrelevante porque el cargo  imputado  no se relaciona con la prostitución de las mujeres sino con el acceso  carnal de una menor de 14 años.   

          Cuarto cargo:   

          Si  bien  advierte  algunas vagas disimilitudes en los dichos de las  menores  ofendidas,  no las encuentra relevantes, pues en lo fundamental como lo  es  en  el  tiempo,  modo  y  lugar  en que se perfeccionó el acceso carnal con  E.   J.   V.  Q.  y  en  el  suministro  de  éxtasis  a  las  menores,  los  testimonios  son  concatenados,  asertivos y detallados.   

          En  ese  sentido, resalta no ser cierta la existencia de divergencia  en  los  relatos  acerca de la manera como AMAYA GÓMEZ  obtuvo el éxtasis. En realidad, añade, las víctimas  narraron  ese  hecho  utilizando expresiones distintas, lo cual no significa que  no  sean  coincidentes.  Se  remite  al  respecto  a  las transcripciones de sus  testimonios efectuadas al responder el cargo segundo.   

          En  su  concepto,  tampoco  se  nota  discordancia  en  cuanto a las  acciones  desplegadas  por  las menores al interior del motel, máxime cuando se  reafirman  con  la  versión del acusado. A este respecto, tras reproducir otros  apartes de las declaraciones de las víctimas, concluye:   

          “Como se desprende de las declaraciones,  todos  ingresaron  al  motel  en el vehículo del procesado, pero A. L. R. M. se  ocultó  atrás  para  que  no cobraran por ella, entraron a la habitación y al  baño,  donde  las  adolescentes se depilaron y tomaron una ducha. Seguidamente,  aquella  salió  desnuda  y  fue  hacia  la cama donde la esperaba AMAYA GÓMEZ.  Mientras  tanto  E. J. V. Q. salió envuelta en una toalla y presenció cómo su  amiga  tenía una relación sexual consentida con ese sujeto y luego ingresó al  sauna.  Luego, E. J. fue llamada por A. L. para que tuviera la relación íntima  con  JAIRO,  pero ante el dolor que le causó intentarlo, se negó y llamó a su  proxeneta  EDNA a fin de decirle que no estaba dispuesta a hacerlo; no obstante,  fue  accedida  carnalmente  por  aquel  a  pesar de oponer resistencia, llorar y  manifestar dolor”.   

          De  esa  forma,  descarta  la  desatención de las reglas de la sana  crítica argumentada por el impugnante.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Por  respetar  el  principio  de  prioridad, la Sala responderá los  cargos  en  el  orden  propuesto  por  el casacionista.            

Primer   cargo:  Nulidad  por violación del debido proceso ante la deficiente motivación de las  sentencias:   

          El  actor  fundamenta  el  reproche  señalando  que  el fallador de  primera  instancia  no efectuó un análisis serio de la prueba, ofreciendo como  único   argumento  para  edificar  la  responsabilidad  del  procesado  que  su  versión   “está  llena  de  contradicciones y  sofismas”, deficiencia no corregida por el Tribunal,  pues  se  limitó a otorgar credibilidad a las declaraciones de las menores, sin  confrontar  sus  dichos  con  los  demás  medios  probatorios  allegados  a  la  actuación.   

          La  Sala  tiene  dicho  que la exigencia a los sujetos procesales de  sustentar  los  recursos  se  correlaciona  con  la  obligación  impuesta a los  funcionarios  judiciales  de  motivar  sus  decisiones,  pues  sólo mediante la  satisfacción  de  ese  deber funcional se brinda a las partes la posibilidad de  ejercer   adecuadamente  el  derecho  de  contradicción.  En  el  caso  de  las  sentencias,  dicho  requisito  se  encuentra  previsto  en  el  numeral  4º del  artículo  170  de  la  Ley  600  de  2004  y  su pretermisión, si se trata del  procesado,   supone   la   vulneración   del   derecho   de  defensa,  elemento  estructurante  de  la  garantía  fundamental  del debido proceso que, por ende,  conduce a la nulidad de la sentencia.     

          La  falta  de  motivación  de  las  providencias  judiciales, lo ha  expresado  también  la  Sala,  puede  devenir  de  cualquiera de las siguientes  falencias::   (i)  el  fallo  carece  totalmente  de  motivación;  (ii)  siendo  motivado,  es  dilógico  o  ambivalente;  (iii) su motivación es incompleta; y  (iv)   la  motivación  es  aparente  o  sofística3.     

          La  primera  hipótesis  se  presenta cuando el funcionario judicial  omite  precisar  las  razones  de  orden  fáctico  o jurídico que sustentan su  decisión.  La  segunda, cuando se fundamenta en argumentaciones contradictorias  o  excluyentes  que  impiden conocer su verdadero sentido. La tercera, cuando el  análisis  es  deficiente,  al  extremo  de  no permitir su determinación, y la  cuarta cuando la fundamentación es manifiestamente especulativa.   

La jurisprudencia de la Corte distingue entre  falta  de motivación y falta de motivación probatoria, señalando que sólo el  primero  de  esos vicios es atacable en casación por vía de la causal tercera.  En  ese  sentido,  la  falta  de  motivación,  determinante  de  la nulidad, se  presenta  cuando  el  juzgador  no expone las razones fácticas o jurídicas que  sustentan   su   decisión,  o  lo  hace  de  manera  deficiente  o  incompleta,  incurriendo  así  en  error  in procedendo.  En  cambio,  la  falsa  motivación  probatoria  surge  cuando la  fundamentación  existe,  es  decir cuando la decisión se encuentra formalmente  motivada,  y es inteligible, pero equivocada debido a errores de apreciación de  las pruebas.   

En  consecuencia,  siempre  que  el juzgador  incurra  en  errores de apreciación probatoria, porque,  por ejemplo, deja  de  considerar  pruebas  que obran en el proceso, o supone existentes medios que  no  hacen  parte  del  mismo,  o  distorsiona,  cercena o adiciona su expresión  fáctica,  o  valora  su mérito persuasivo con trasgresión de las reglas de la  sana  crítica,  o  cree  equivocadamente  en  la  legalidad  o ilegalidad de la  prueba,  se  estará  en  presencia  de  un  error  in  iudicando,  que  debe  ser atacado en casación por la  vía  del  motivo  primero,  cuerpo  segundo,  con indicación del tipo de error  cometido,  la  prueba  o  pruebas  sobre  las  que  recae, y demostración de su  trascendencia  para  variar las conclusiones fácticas del fallo y, por ende, la  declaración   del   derecho   contenida   en  su  parte  resolutiva4.   

          En  el  caso  materia de estudio, el actor atribuye a las sentencias  de  instancia  incurrir  en  motivación  incompleta.  Sobre  el  particular, la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sido  reiterativa en expresar que no cualquier  deficiencia  en  la  motivación  constituye  causa  invalidante, sino solamente  cuando  el juzgador efectúa una referencia apenas tangencial de los fundamentos  de  orden  probatorio o jurídico que respaldan su decisión, haciendo imposible  entender   el   verdadero   sentido   de  la  misma5   

.  

          No  es  esa la situación que advierte la Sala en este caso. Como lo  destacaron  el  ad  quem y el  Procurador  Delegado,  si  bien  el  fallo de primer grado no es un modelo en su  especie  en  cuanto  a  valoración  probatoria  se  refiere,  el mismo contiene  fundamentos  suficientemente  comprensibles  del  criterio allí plasmado por el  juzgador.  En efecto, es cierto que la decisión aborda apenas en la parte final  de  su  sustentación  la  situación  concreta  del procesado, desestimando sus  exculpaciones   por   considerarse   que   su   versión  está  “llena  de  contradicciones  y  sofismas”,  con  lo  cual  concluye  no  sólo  que el día de los hechos sostuvo relaciones  sexuales  con  las  dos  menores  sino  que  les  suministró  media pastilla de  éxtasis.   

          La  referencia  específica  en  ese  sector  del  fallo al acusado,  empero,  ni  fue  insular  ni carece de la debida fundamentación probatoria. Es  apenas   consecuencia   de   la   metodología   que   adoptó  el  a  quo  para  motivarlo, en cuanto primero  hizo  mención  a las pruebas que sustentarían su conclusión y luego se ocupó  de  cada  uno  de  los  acusados,  empezando  por  Edna  Bibiana   Varón  Pomar,  siguiendo  con  Yenny   Carolina   Barbosa   Galindo  para  terminar    con    JAIRO   AMAYA   GÓMEZ.   

          En  ese  sentido,  se  observa cómo dentro del ejercicio valorativo  inicialmente  emprendido,  el juzgador de primer grado hizo expresa referencia a  las   declaraciones   de  las  menores  A.  L.  R.  M.  y  E.  J.  V. Q.,  destacando  aquellos apartes donde relatan la conducta desplegada  por  el  procesado.  Es  así  como,  con  sustento  en  dichos  testimonios, el  a    quo    reseñó   lo  siguiente:   

          “Al     otro     día    –refiriéndose   a  lo  declarado  por  A.  L.  R.  M.- la llama EDNA BIBIANA VARON POMAR y le  dice  que  subiera  a los tanques del IBAL donde se encontraría con JAIRO AMAYA  GOMEZ,  que  ese  día subió con E. J. V. Q. para luego dirigirsen todos tres a  lados  de  boquerón,  que  JAIRO AMAYA GOMEZ para en una droguería y compra un  lubricante,  condones  y les da un cuarto de éxtasis a cada una, que estando en  el  motel  A. L. R. tiene relaciones sexuales con JAIRO AMAYA GOMEZ mientras que  E.  J.  V.  se  encontraba en el sauna, que una vez terminado el acto sexual con  ALBA  LUZ RAMIREZ MENDIVEL llama a E. J. V. y procede a accederla con el miembro  viril  lo  que le genero sangrado, terminado el acto lujurioso JAIRO AMAYA GOMEZ  le paga a A. L. $40.000 y a E. J. V $50.000,…”.   

          Por  su parte E. J. V. Q., quien para la época de los hechos tenía  13  años,  dio  a  conocer  a  la  autoridad  competente que A. L. R. le había  manifestado  que  si  quería  ganar  plata,  ante  lo  cual respondió en forma  afirmativa,  es cuando se dirigen donde EDNA BIBIANA VARON POMAR, quien al verla  le   dijo   que   tenía   bonito   cuerpo   y  que  si  quería  tener  trabajo  sexual.   

          Al  día  siguiente  A.  L.  R.  paso  por  E. J. y se dirigen a los  tanques  del IBAL en donde se encuentran con JAIRO AMAYA GOMEZ quien las lleva a  un  motel  ubicado  en  Boquerón, pero primero paran en una droguería en donde  JAIRO  AMAYA GOMEZ compra un lubricante y condones, que dentro del carro les dio  éxtasis,  que  dentro de la habitación del motel A. L. R. tiene relaciones con  JAIRO  AMAYA,  luego sale E. J. V. y JAIRO AMAYA GOMEZ la accedió por la vagina  que  le  dolió  mucho  pero  que  éste  le dijo que se tranquilizara que si no  tenía   relaciones  sexuales  por  seis  meses  se  le  cerraba,  que  le  pago  $150.000.oo  por  ser  virgen  y  a A. L. R. recibió $40.000…” (sic,     para     todo     el     texto     transcrito).   

          Más  aún,  bien  puede  decirse  que  el  Tribunal,  al desatar la  apelación  interpuesta  contra  el  fallo de primera instancia, complementó la  motivación  expuesta por el juez al aludir en forma amplia a los testimonios de  las  adolescentes  víctimas, destacando cómo éstas refirieron de manera clara  lo  relacionado con “la entrega de éxtasis por parte  del  procesado  JAIRO AMAYA GÓMEZ, previamente a que éste accediera a E. J. V.  Q.  de  13  años de edad, quien a pesar de estar bajo los efectos de esa droga,  se   negaba   a  sostener  la  relación  sexual,  para  que  cual  (sic)   había   dado   su   ‘consentimiento’  deslumbrada  por  la  remuneración  económica  que  éste prometía y que finalmente se tradujo en ciento cincuenta  mil  pesos,  pues  efectivamente  logró su cometido a pesar de las quejas de la  accedida”.    

          Tal  razonamiento  lo  edificó  el ad quem  a  partir  de  estimar que las menores coincidieron en  los   puntos  centrales  de  lo  sucedido,  expresando  relatos  consistentes  y  coherentes  que,  incluso,  en  algunas  de las circunstancias concuerdan con la  versión  del  procesado,  en  cuanto él admitió que las llevó al sitio donde  ocurrieron  los  hechos,  rechazando  el  Tribunal  categóricamente la indebida  argumentación  defensiva  orientada  a descalificar dichas deponencias sobre la  base de su aducido comportamiento desordenado.   

          El  juzgador  de  segundo  grado  no  se limitó entonces a enunciar  “las  narraciones de las adolescentes y la evidencia  allegada”,  como  lo  sostiene  el  censor, sino que  expresó  de  forma  amplia  los fundamentos probatorios soporte de su decisión  que   considerados   en   conjunto   con  los  expresados  por  el  a    quo,   al   conformar   una   unidad  inescindible,   permiten  entender  a  cabalidad  el  sentido  del  fallo,  cuyo  sustento,  en  esas  condiciones,  estribó en la credibilidad que asignó a los  señalamientos  efectuados  por  las  víctimas a JAIRO  AMAYA  GÓMEZ  y a la desestimación, consecuencial, de  las explicaciones de éste.   

          No prospera el cargo.   

          Segundo  cargo:  Error de hecho por falso  juicio  de  identidad  respecto  del  delito  de suministro a menor de droga que  produce dependencia.   

          Según  el  censor, el Tribunal cercenó la declaración rendida por  Helena   Margarita   Ramírez   Mendivil,   así   como   el   dictamen  sexológico  forense  practicado  a  E. J. V. Q., pruebas conforme  a  las  cuales  no  fue JAIRO AMAYA GÓMEZ quien  suministró el éxtasis a las menores el 18 de julio de 2002,  pues  la  pastilla  la  tenía A. L. R. M. desde  el  10 de los mismos mes y año, de la cual consumieron tanto  ésta  como  E. J. V. Q. en la  primera de las fechas antes referidas.   

          El  falso  juicio  de  identidad  se presenta cuando el juzgador, al  apreciar  la prueba, distorsiona su contenido fáctico para hacerle decir lo que  ella  no expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera. Su demostración  requiere  que  el  actor  identifique el medio sobre el cual recayó el dislate,  realice  un  cotejo  entre  su  contenido  y  aquel que le atribuye el fallador,  precisando  los aspectos en donde se presenta la distorsión y luego acredite la  trascendencia del yerro.   

          En  orden  a  responder  el  reproche,  debe  la  Sala  empezar  por  apartarse  de  la  afirmación  del  Procurador  Delegado  acorde con la cual la  versión  de  la  víctima  brindada al médico legisla en desarrollo del examen  sexológico  no  constituye  prueba  sino  solamente un criterio orientador, por  cuya  razón  no  resulta  procedente  atribuir  a  ese  tipo  de entrevistas la  incursión   de   errores   de  la  naturaleza  del  denunciado  por  el  actor.   

          Encuentra  la  Corte  que el Ministerio Público, para arribar a esa  conclusión,  descontextualiza  la  sentencia  de  la  Sala  proferida  el 28 de  septiembre             de            20066,   pues   si  bien  allí  se  señaló  que  las  manifestaciones  de la víctima hechas al médico legista no  constituyen  prueba  testimonial  directa,  también  es  cierto que en la misma  decisión  se  expresó  que  dicha  versión  forma parte integral de la prueba  pericial   por   constituir   una  unidad  estructural  con  el  aspecto  técnico de la misma, por cuanto las  entrevistas  realizadas a las víctimas, en dictámenes como el objeto de examen  en  el  presente caso, comportan algunos de los elementos de juicio que tiene al  alcance  el  perito para elaborar la experticia, de cuyo contenido debe entonces  dar  cuenta al juzgador, según así se desprende de lo establecido en el inciso  segundo del artículo 251 de la Ley 600 de 2000.   

Aunque,   desde  luego,  como  los  hechos  registrados  en  esas  circunstancias  por  el  perito  no  tienen origen en una  percepción  directa  de  los  mismos,  esa  parte  del experticio constituye un  elemento   de   referencia,   cuyo   poder   persuasivo   debe   ser  estudiado,  “analizando  de  manera  razonable  el  grado  de su  aporte,  teniendo  en  cuenta,  entre  otras  razones,  las  circunstancias  que  rodearon  la  fuente de su conocimiento, sopesado siempre frente a los restantes  elementos   de   juicio   con   que   se   cuenta   en   el  proceso”,  sin  que  haya  lugar a su rechazo in  límine  por  la  sola  consideración  de su falta de  originalidad,  como  se  expresa  en  la  sentencia  evocada  por  el Ministerio  Público.    

          En  tales  condiciones, como parte integrante de la prueba pericial,  dicha  entrevista  constituye  prueba  y,  por  tanto, puede servir de base para  fundamentar  los  elementos  estructurales  del  hecho  punible,  así  como  la  responsabilidad  del  acusado,  por cuya razón respecto de la misma sí resulta  dable  predicar  la  existencia  de  errores  atacables  en  sede  de casación.   

          No  obstante,  lo  advertible en el evento examinado es que el falso  juicio  de  identidad  denunciado  no  tuvo  ocurrencia  ni  en relación con la  declaración  rendida  por  Helena  Margarita Ramírez  Mendivil  ni tampoco frente a la versión ofrecida por  la  menor  E.  J.  V.  Q.  al  médico  legista. En efecto, cuando el sentenciador mediante el análisis de los  elementos  de juicio arriba a conclusiones opuestas al contenido parcial o total  de  unas  particulares prueba, así no haya hecho mención expresa a las mismas,  no  significa  que omitió su apreciación o cercenó su contenido. Simplemente,  será  necesario  predicar  que  el  juzgador desestimó tácitamente el mérito  suasorio  de  esos  específicos  medios  de  prueba7.   

Esta   situación   fue   precisamente  la  presentada  en  este  caso, pues los sentenciadores, a partir de la decisión de  otorgar  credibilidad a los testimonios vertidos por A.  L.  R.  M.  y  E.  J.  V. Q.  ante  la  Fiscalía,  concluyeron que fue JAIRO  AMAYA  GÓMEZ  quien suministró el  éxtasis  a  las  aludidas el día de los hechos, razonamiento que, ciertamente,  se  corresponde  con  lo  declarado por éstas, quienes coincidieron en expresar  que  el acusado, cuando se dirigían en el vehículo de su propiedad con destino  al  motel,  les  dio un cuarto de pastilla a cada una, el cual ellas consumieron  en   ese  momento  y  luego,  al  despedirse,  le  regaló  una  “pepa”  a  A. L.  R.  M.,  quien  la  mimetizó  en  un  “papelito  dorado”,  en cuya envoltura se  la  encontró  su  hermana  Helena  Margarita Ramírez  Mendivil  horas  más tarde, según lo testificó esta  última8.   

          Si,  en  consecuencia,  los  falladores  no  tuvieron  en  cuenta la  afirmación  de  la  misma  Helena  Margarita Ramírez  Mendivil  conforme  la  cual  su hermana le manifestó  tener  la  pastilla  desde el 10 de julio de 2002, de cuya sustancia la proveía  un    muchacho    a    quien    contactaba    en   el   templo   “Antonia”,  ni  la aseveración hecha por  E.  J.  V. Q. al perito en el  sentido  de que quien le suministró el alcaloide fue una amiga un año mayor de  ella,  es  porque  restaron  poder  persuasivo a esos apartes de dichas pruebas,  correspondiendo  decisión  de  esa naturaleza a un aspecto propio del ejercicio  apreciativo  de  los  elementos de convicción, cuyo ataque en sede de casación  solamente  resulta  viable  acreditando  que  el  juzgador incurrió en un falso  raciocinio   como   consecuencia   de   vulnerar   los  principios  de  la  sana  crítica.    

          Observa  la  Sala  que  el libelista solamente intenta una propuesta  casacional  con  tal  contenido  en  los subsiguientes cargos. Por consiguiente,  será  allí  donde  se hará pronunciamiento al respecto, lo cual no obsta para  hacer  referencia aquí al argumento del actor acorde con el cual la pastilla no  pudo  ser  un  regalo,  pues ello se opone a la reacción de la menor de pelear,  enfurecerse  y  llorar  cuando  su hermana se la quitó. Como bien lo destaca el  representante  de  la  sociedad,  dicho  reproche desborda el ámbito propio del  falso  juicio de identidad para adentrarse en los terrenos del falso raciocinio,  por  lo  cual  le  era  deber  plantear  los  postulados  de  la  sana  crítica  desatendidos por el Tribunal, lo cual no hizo.   

          De  todas  maneras,  no  advierte la Sala que al otorgar el fallador  credibilidad  a  ese  aspecto de los testimonios de las ofendidas haya vulnerado  los  principios  de  la  apreciación racional de la prueba, pues en modo alguno  resulta  ilógico  o  contrario  a las reglas de la experiencia que una niña de  apenas  14  años  (edad  de  A. L. R. M. cuando  ocurrieron  los  hechos)  exprese tales sentimientos ante el  despojo  de una sustancia como el éxtasis, así ese elemento haya sido producto  de un regalo.   

          El cargo no prospera.   

          Tercer   cargo:   Falso  raciocinio  por  desconocimiento de las leyes científicas:   

          Para    el   demandante,   el   ad   quem  vulneró  las  leyes  de la ciencia cuando valoró los  testimonios  rendidos ante la Fiscalía por E. J. V. Q.  y  A.  L.  R. M.,  así como la versión expuesta por la primera de ellas al médico  forense,  en  punto  a  los  aspectos  relativos a la ingesta de éxtasis y a la  desfloración,  lo primero porque las manifestaciones de llanto, miedo, angustia  y   dolor   que,  según  expresan  dichas  pruebas,  exteriorizó  E.  J.  V.  Q.  al momento de los hechos no  corresponden   con   los   efectos   del   éxtasis,   sustancia  conocida  como  “droga   del   amor”,  mientras   lo  segundo  porque  las  deponentes  hablan  de  un  “sangrado  profuso”, cuando la literatura  científica  señala  que  la  violación genera “una  hemorragia  poco  abundante”.     

          Encuentra  la  Sala  que  es  el  propio  actor  quien se encarga de  desvirtuar  la  fuerza  del  postulado científico que refiere para sustentar el  primero  de  esos  ataques, pues al fundamentar el yerro admite que el éxtasis,  cuyo    nombre    científico   es   MDMA,          sigla          que          traduce          metilen-dioximetanfetamina,   amén   de  generar   efectos   como  “socialibilidad,  euforia,  incremento    de    la    autoestima,   locuacidad,   desinhibición   y   deseo  sexual,   también   puede   causar   “confusión,  agobio, taquicardia, arritmia e hipertensión; sequedad  en  la  boca, sudoración, escalofríos, nauseas, contracción de la mandíbula,  temblores, deshidratación…”.   

          Y,  ciertamente,  si  se  consultan los estudios científicos que se  han  hecho  sobre  el MDMA, se  establece  que  si  bien  su  consumo proporciona a sus consumidores una intensa  sensación  de  bienestar,  también provoca diversos efectos adversos e incluso  la    muerte9. Entre los efectos adversos están:   

“- Dificultades  sicológicas  tales  como  confusión,  depresión,  problemas para conciliar el  sueño,  deseos de consumir drogas o dependencia, ansiedad severa y paranoia, ya  sea  mientras  se  está  bajo  los  efectos  de la droga o, en ocasiones, hasta  semanas  después  de  haberla  consumido  (inclusive  en  algunos casos, se han  reportado episodios de psicosis).   

–  Síntomas  físicos  que  se  presentan  incluyen    tensión   muscular,   apretar   los   dientes   y   la   mandíbula  involuntariamente,  náuseas,  visión  borrosa,  movimiento  ocular  acelerado,  desmayos  y escalofríos o transpiración. También se puede observar un aumento  en  el  ritmo cardíaco y en la presión sanguínea, lo que representa un riesgo  aún   mayor   para   personas   que   padecen   de   condiciones  cardíacas  o  circulatorias”10.   

         De   acuerdo   con  esos  mismos  estudios  científicos11   

,  los  efectos  asociados  al  consumo  del  éxtasis  dependen de detalles tales como las características de la sustancia y  la  forma  como  se  ingiere;  las  particularidades  síquicas y somáticas del  consumidor,  a  saber:  personalidad,  peso,  edad, estado de salud y de ánimo,  así  como  la  experiencia adquirida en su consumo; y las circunstancias en las  cuales se consume la droga como compañía, lugar, etc.   

         

          En  ese  sentido,  participa  la  Sala del criterio expresado por el  Procurador  Delegado  cuando  señala  “que no puede  pasar  inadvertido  que  la  víctima  es una niña que i) para la época de los  hechos  sólo  tenía 13 años, ii) nunca había tenido relaciones sexuales, ii)  se  alistaba  a  tener un contacto sexual con un sujeto desconocido, o como ella  lo  denominó  con un “viejo” al que le vendería su virginidad, sin ningún  tipo  de  compromiso afectivo o emocional y iv) sufría el dolor físico intenso  producto   del   desgarro   himenal;   impactos   sensoriales  todos  ellos  que  lógicamente  han debido llevar a la morigeración de los efectos narcóticos de  la sustancia”.   

          Nada  extraña,  por  tanto,  resulta  la  reacción de E.  J. V. Q. cuando advirtió la inminencia  de  la  relación  sexual  requerida  por  JAIRO AMAYA  GÓMEZ,  pues  el  llanto,  el miedo, la angustia y la  manifestación  de dolor con ocasión de la penetración son compatibles con los  efectos que también produce el éxtasis.   

          En  lo  relacionado  con  la  desfloración, la Sala tampoco avizora  yerro  de  apreciación  en el razonamiento del Tribunal. En la sustentación de  este  cuestionamiento  el  censor  parte  de  un  supuesto equivocado y es el de  atribuir   a   las  deponentes  afirmar  la  existencia  de  un  “sangrado   profuso”,  lo  cual  resulta  inexacto,  pues  las  menores  nunca  hicieron  tal  aseveración  como  pasa  a  verse:    

         

          Ante   la   Fiscalía,   el   12  de  agosto  de  2002  E. J. V. Q. manifestó:   

          “…  ese  día  yo perdí mi virginidad  porque  cuando  yo  me  fui  al  baño  me  toque (sic)  con  la  mano  y me di cuenta que estaba sangrando, yo  grite   (sic)   y  lloré,  el   (sic)   no   me  dijo  nada”12.   

          Posteriormente,   en  Medicina  Legal  expresó:  “…a   mi   me   dolia   (sic)  como   la   parte   vaginal  y  me  sentia  humeda  (sic)  y  manchada  poquito  los  interiores”13.   

          Por  su  parte,  A.  L. R. M. declaró lo siguiente:   

         

          “…  y  entonces  JAIRO  la cogió a la  fuerza  y  le  metió  el miembro a la fuerza a E., ella gritó y ella enseguida  ella  se  le  safó  (sic)  a  JAIRO   y   se  fue  y  se  metio  (sic)  al  sauna,  y  E.  salio (sic) de  la  sauna  huntada  (sic) de   sangre,   tenia   (sic)  la   toalla   huntada  (sic)  de              sangre…”14.   

          Fundado,  pues,  este  aparte  del reproche en un supuesto inexacto,  ninguna  posibilidad  de  éxito  está llamado a tener, por cuya razón deberá  también desestimarse.   

          El cargo tampoco prospera.   

          Cuarto   cargo.   Falso   raciocinio  por  desconocimiento de las reglas de la experiencia:   

          El  libelista  hace consistir el yerro en las contradicciones en que  incurrieron  las  testigos  de cargo, lo cual, en su sentir, se opone a la regla  de  la  experiencia  conforme  a  la  cual  “Si  dos  personas  de  la  misma edad y condición de estudiantes, que comparten el mismo  espacio  de  tiempo  y  de  lugar,  que emprenden una tarea conjunta previamente  seleccionada  y  aceptada por ambas, cuando posteriormente evocan las vivencias,  éstas  deben  ser  coincidentes,  por lo menos en las situaciones trascendentes  –el  núcleo  esencial- y  parecidas en aquellas que no lo son”.   

          Ciertamente,  si  varias  personas  perciben  un suceso en similares  circunstancias  lo  usual  es  que  cuando  deban  relatarlo a terceros lo hagan  uniformemente.  Sin  embargo,  esta  regla  no  es absoluta, pues la experiencia  también  enseña  que  a  veces  la  perfecta armonía entre varios declarantes  está  asociada  a  una previa preparación para faltar a la verdad. El elemento  esencial   en  estos  casos  no  es  entonces  la  plena  concordancia  sino  la  coincidencia  de  los  testigos  en los aspectos trascendentales o, al menos, el  surgimiento  de  una  explicación  razonable  frente  a  las  discordancias que  presenten los relatos.   

          En   el   presente   evento,   observa  la  Sala  que,  o  bien  las  incoherencias  no  son  trascendentes,  o  tienen  una explicación razonable, o  simplemente no tuvieron ocurrencia.    

En  efecto, resulta irrelevante frente a los  hechos  acaecidos  si  las menores acompañaron o no al procesado a conseguir el  éxtasis.  Lo trascendente de esta conducta es que, adquirida como fue por éste  la  sustancia  alcaloide,  se  la  suministró  a las menores, primero cuando se  dirigían  al  motel  y  luego  al despedirse, momento en el cual le regaló una  pastilla a A. L. R. M.   

          Ahora   bien,   aunque   el  impugnante  sugiere  la  existencia  de  contradicción   en  las  declaraciones  rendidas  ante  la  Fiscalía  por  las  ofendidas  frente  al monto de dinero entregado por el acusado como pago por los  favores  sexuales prestados, es evidente que esto nunca ocurrió, y así termina  admitiéndolo  el  propio  actor.  Al  respecto,  se observa coincidencia en los  testimonios   de   las   menores,   pues  ambas  manifestaron  que  AMAYA   GÓMEZ   pagó   a   E.   J.   V.   Q.   $150.000,  mientras  a  A.  L.  R.  M.  la  suma  de  $40.000,  justificando  el  mayor  valor  pagado a la primera en el hecho de ser  “virgen”.      La  transcripción  de  sus  dichos  en  este  aspecto  corrobora lo afirmado por la  Sala:   

          E.  J.  V.  Q. en efecto, declaró ante la  Fiscalía lo siguiente:   

          “…  cuando salimos del hotel dentro del  carro  nos  dio  la plata, a mi me dio CIENTO CINCUENTA MIL PESOS por lo que era  virgen   y   a   A.   L.   cuarenta   mil   pesos   por   lo  que  ella  ya  era  experimentada…”15.   

          Por  su parte, ante el ente investigador A.  L. R. M. aseveró:   

          “…  a  mi el señor JAIRO AMAYA me dio  cuarentamil  (sic)  pesos y a  E.    le    dio    ciento   cincuentamil         (sic)         pesos….16       (subraya       la  Sala).   

          La  supuesta contradicción atribuida a las declarantes frente a los  testimonios  ofrecidos  ante la Fiscalía la creó el a  quo  al asignar a A. L. R. M.  la   afirmación   según   la  cual  a  E.  J.  el  procesado  le  pagó solamente  $50.000,  error,  sin  embargo,  corregido  por  el Tribunal al concluir que las  adolescentes  de  manera  clara  y  coherente  manifestaron que la remuneración  pagada  a  la  antes mencionada ascendió a $150.00017.   

          Encuentra  la  Sala  sí  que  el  relato  brindado por E.  J. V. Q. al médico legista no coincide  en  varios  aspectos  con las narraciones efectuadas por las dos menores ante la  Fiscalía.  En  ese  sentido,  ciertamente,  como lo pone de presente el censor,  aquélla  manifestó  al forense que la pastilla se la proporcionó una amiga un  año  mayor  de  ella;  así  mismo,  que  el  procesado  pagó  a  A.       L.       “como  doscientos  mil  pesos”,  mientras  ella  solamente  recibió  $50.000,  y  finalmente,  que  no  recordaba  bien lo  ocurrido  al  interior del motel, mostrando en todo caso una actitud conformista  y  de  aceptación,  contraria  a  la  reacción  de  llanto,  miedo  y angustia  manifestada en los testimonios rendidos ante la Fiscalía.   

          Sin  embargo,  ese  disímil relato expuesto ante el médico forense  encuentra  explicación  lógica,  como  acertadamente lo refirió el Ministerio  Público,  en el hecho de encontrarse presentes sus progenitores en ese momento,  situación  que  la  llevó a callar las verdaderas circunstancias en las cuales  se  desarrollaron  los  hechos  para evitar que éstos se enteraran hasta dónde  había  llegado  ella por su voluntaria decisión de acompañar al procesado y a  su  amiga A. L. hasta el sitio  de  los  acontecimientos,  consentimiento  que, desde luego, no desnaturaliza la  existencia de los punibles, dada la edad que tenía para entonces.   

          Obsérvese,   al  respecto,  cómo  la  menor  en  dicha  entrevista  atribuye  la razón de su estadía en el sitio donde se produjo el acceso carnal  a  la  ingesta  del éxtasis, de cuyo suministro señala a su amiga mayor cuando  se    encontraban   en   casa   de   Edna,  y  solamente se refiere a quien la despojó de su “virginidad”  para  situarlo en el motel,  ocultando  entonces  que  ella  desde  un  principio consintió en acompañarlos  hasta   allí   y   fue   camino   a   ese  lugar  que  consumió  la  sustancia  estupefaciente.     

          Como,  en  consecuencia,  el  último  cargo  postulado por el actor  está   llamado   también   al   fracaso,  la  Sala  no  casará  la  sentencia  impugnada.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         

NO  CASAR el fallo  impugnado.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

Permiso  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                     

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria     

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre  de las menores  afectadas,  de conformidad con lo establecido en el numeral 8º del artículo 47  de la Ley 1098 de 2006 ó Código de la Infancia y Adolescencia.   

2  El  concepto lo presentó el 13 de julio de 2009.   

3  Sentencia del 18 de julio de 2007, radicación 26255.   

4  Sentencia del 11 de julio de 2007, radicación 24040.   

5  Al  respecto,  ver sentencia del 26 de junio de 2002, radicación 15528. Igualmente,  sentencia del 11 de agosto de 2007, radicación 24040.   

6 Rad.  23613.   

7 Cfr.  Sentencias  del   3 y 24 de octubre de 2002, radicaciones 15927 y 15298. En  el  mismo sentido auto del 30 de mayo de 2007, radicación 27174 y sentencia del  1º de noviembre de 2007, radicación 25236.   

8 Fl. 8  cd. orig. # 1.   

9 Cfr.  www.varelaenred.com.ar/drogas%20extasis.htm.   

10  En: html.rincondelvago.com/extasis_1.html.   

11  Cfr.:                           www.dlamente.org/sustancias/extasis.htm#efectos.   

12 Fl.  15 cd. orig. 1.   

13 Fl.  68 cd. ídem.   

14 Fl.  26 cd. ídem.   

15 Fl.  15 cd. ídem.   

16 Fl.  26 cd. ídem.   

17  Págs. 22 y 25 del fallo del Tribunal.     

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