32082(14-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  32082   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 287.  

Bogotá  D.C.,  septiembre   catorce   (14)   de   dos   mil   nueve  (2009)   

VISTOS  

La  Sala  emprende  el  estudio  sobre  las  exigencias  de lógica y suficiente acreditación del libelo casacional allegado  por  el  defensor  del  acusado  SIMÓN LEMUS BARRETO  contra  el  fallo  de  segundo  grado  dictado  por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  13  de  marzo  de  2009, a través del cual  confirmó  la  sentencia  proferida  el  10  de diciembre de 2008 por el Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito de Conocimiento de la misma ciudad, por cuyo medio  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  tráfico de  estupefacientes.   

HECHOS  

Aproximadamente a las seis de la tarde del 15  de  enero  de  2008,  agentes  de la Policía Nacional adelantaron una requisa a  SIMÓN  LEMUS  en  la  vía  pública  a  la altura de la calle 8ª con carrera 16 de Bogotá, hallando en el  bolsillo  derecho  de  su  camiseta una sustancia que resultó ser marihuana, la  cual pesó 137.3 gramos, disponiéndose su captura en flagrancia.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  audiencia  celebrada ante el Juzgado Veintiséis Penal Municipal  de  Control de Garantías de Bogotá el funcionario declaró la captura ajustada  a  la Constitución. En la misma oportunidad la Fiscalía le imputó al referido  ciudadano,  quien se encontraba asistido por su defensor,  la comisión del  delito  de  tráfico de estupefacientes al cual se allanó; en el curso de dicha  actuación le fue otorgada libertad inmediata e incondicional.   

          El   4  de  febrero  de  2008  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación   contra   el   incriminado   como  presunto  autor  del  punible  ya  mencionado.   

El  Juzgado  Décimo  Penal del Circuito con  funciones  de  conocimiento  de  Bogotá  profirió  fallo el 10 de diciembre de  2008,   por   medio   del   cual  condenó  a  SIMÓN  LEMUS a la pena principal de treinta y tres (33) meses  y  ocho  (8)  días  de  prisión  y  multa  por  1.38 salarios mínimos legales  mensuales,   como   autor   penalmente   responsable   del   delito  al  que  se  allanó.   

En el mismo proveído le negó la condena de  ejecución  condicional,  así  como  la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural   y   la   domiciliaria   dispuesta   para   los   padres  cabeza  de  familia.   

Mediante  fallo  del  13 de marzo de 2009 el  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó la sentencia de condena al conocer del  recurso  de apelación interpuesto por la defensa, providencia contra la cual el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  en  oportunidad  recurso  extraordinario  de  casación y allegó el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurrente  afirma  que  los sentenciadores interpretaron erróneamente varias disposiciones  (artículos  6º  y 13 del Código Penal, 3º, 6º y 26 de la Ley 906 de 2004, y  44   de   la  Constitución  Política),  así  como  preceptos  del  bloque  de  constitucionalidad  (Pacto  de San José de Costa Rica) y jurisprudencias de las  altas  cortes  (“sentencias de Tutela Números C-142  del  año  1996,  C.622  del  año  2003,  433  del  año  1997,  C-607 del año  2003”),  pues  no  se  ha  tenido  en  cuenta que el  derecho  de los menores prevalecen sobre los derechos de los demás, de modo que  el  acusado  en  su  condición de padre cabeza de familia debe permanecer en el  lugar   de   su   domicilio  con  sus  dos  hijos  de  4  meses  y  7  años  de  edad.   

Apoyado  en  los  argumentos  anteriores, el  defensor  solicita  la  casación  parcial del fallo impugnado, en el sentido de  otorgar  a  su  representado  la  prisión domiciliaria en razón de ostentar la  condición de padre cabeza de familia.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Es  cierto  que  en la Ley 906 de 2004 no se  distingue  entre  recurso  de casación por la vía común y por la discrecional  en  cuanto  se  marginó  la exigencia de la cantidad de pena máxima del delito  para  acceder  a  dicha impugnación, no obstante, es del resorte del recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos o garantías fundamentales, lo cual exige  contar  con  interés  para impugnar, señalar la causal, desarrollar los cargos  de  sustentación  del  recurso  y demostrar la necesidad del fallo de casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en su artículo  180,  esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen de los requisitos  de  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales,  es  deber      de      la      Sala      constatar  en  la    formulación    y   desarrollo   de      las     censuras   el   acatamiento  de  las  exigencias  de   lógica         y         de      pertinente    demostración     definidas     por     el     legislador    y  desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con el fin  de         evitar        la        transformación    de    este   recurso  extraordinario   en  una  instancia     adicional     a     las     ordinarias.     Tales     requisitos   se  orientan  a  conseguir  el   desarrollo   de  los  libelos  dentro  de  unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  demostración  de  los  cargos  propuestos,  en cuanto  resulten  inteligibles,  esto  es,  precisos y claros,  pues  no  corresponde a la  Sala  en  su  función  reglada  de  orden  constitucional  y  legal,  develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Efectuadas   las  anteriores  precisiones,  advierte  la  Sala  en el reproche formulado por el defensor, que si bien invoca  la   causal  primera  de  casación  establecida  en  el  artículo  181  de  la  legislación  procesal  de  2004,  esto  es,  la  violación  directa  de la ley  sustancial,  no se atiene a desarrollar el cargo conforme a las reglas que rigen  tal postulación.   

En  efecto,  la  denuncia  de  la violación  directa  de  la ley sustancial tiene lugar cuando a partir de la apreciación de  los  hechos  legal  y oportunamente acreditados dentro del diligenciamiento, los  falladores  omiten  aplicar  la  disposición  que  se ocupa de la situación en  concreto,  en  cuanto  yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los hechos probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

En  tal  caso,  sin  importar  la especie de  violación  directa de la ley sustancial, el yerro de los juzgadores recae sobre  la  normatividad,  circunstancia que ubica el debate en un ámbito estrictamente  jurídico,  sea  porque  se dejó de lado el precepto regulador de la situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a una disposición  estructurada  con  supuestos  distintos  a  los  establecidos, o bien, porque se  desborda  el  entendimiento  propio de la norma aplicable al caso concreto, todo  lo  cual exige del casacionista la aceptación de la realidad fáctica declarada  en las instancias.   

En  consecuencia,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  reproche que convoca el examen de la  Sala  se  advierte que si bien el demandante plantea la violación directa de la  ley  sustancial,  su  reclamo  no  se adentra a ubicar el problema de naturaleza  jurídico  –  conceptual,  dado  que  orienta  su  esfuerzo  a  que se le otorgue a su asistido la prisión  domiciliaria  por  ser cabeza de familia, pero no atina a señalar por qué ello  debe  ser  así, es decir, no identifica con exactitud cuál fue el yerro de los  falladores,  amén  de  que  no  se  ocupa  de controvertir de alguna manera los  fundamentos  expuestos en las decisiones de primera y segunda instancia sobre el  particular.   

          No  hay  duda  que  en virtud del artículo 44 de la Carta Política  los  derechos  fundamentales  de los niños tienen especial valía y prevalencia  sobre  los de los demás, circunstancia que por sí sola no basta para pretextar  el  cumplimiento  de  las sanciones penales, pues de ser ello así bastaría con  que  los  sentenciados  tuvieran  un  hijo menor para exonerarse del tratamiento  penitenciario  dispuesto  por  el Estado, argumento ad  absurdum,  que  denota  falta  de  sustentación en el  reparo analizado.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  tampoco  el  demandante  se ocupa de  cuestionar  las  conclusiones  planteadas  por  esta Sala en casos como el de la  especie,  omisión  que deja sin demostración alguna la censura y sólo permite  advertir  que  en  forma  infructuosa  el  defensor pretende imponer su personal  aprehensión  del asunto por encima de lo decidido en el fallo, proceder ajeno a  este  recurso  extraordinario, pues de actuarse en tal forma se desconocería la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra revestida el  proveído impugnado.   

         También  se  consigue  constatar  que el censor no explica de qué  manera  se  violaron  los  preceptos  que  simplemente relaciona, además de que  tampoco    dice    cuál    es    el    contenido    de    las   sentencias   de  constitucionalidad   que  simplemente    cita    y   cuál   es   su injerencia en el caso analizado.   

Las  mencionadas  omisiones  lógicas y demostrativas en el discurso del  defensor imposibilitan a la  Sala  para  acometer  el  estudio  de la censura planteada, pues si el libelo de  casación  no  corresponde  a  un alegato de libre confección, su presentación  con  base  en  meras  apreciaciones  personales  e indemostradas del  recurrente y  sin  atenerse a alguna de las reglas lógicas y argumentativas que lo gobiernan,  impone   la  inadmisión  de  la  demanda  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   pues    en   virtud   del   principio   de   limitación   propio         del        trámite  casacional, la Corte no se  encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos    o    garantías    del    incriminado,    como   para   adoptar  la  decisión  de  superar  los  defectos  de  la  demanda y  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso 3º del artículo 184 de la  citada legislación.   

          Precisión final   

          Contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  presentada por la  defensa  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004. Como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido  instituto procesal, la Sala ha  definido    las   reglas   para   tal   propósito1, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es un mecanismo especial cuyo ejercicio corresponde  al  demandante,  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la notificación de  la  providencia  por  medio  de  la  cual la Sala decida inadmitir la demanda de  casación,  con  el  fin  de provocar la reconsideración de lo decido. También  podrá  ser ejercitado oficiosamente dentro del mismo término por alguno de los  Delegados   del   Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  –  cuando  el  recurso  de casación no  hubiera    sido    interpuesto   por   un   Procurador   Judicial   –,  el Magistrado disidente, el ausente  de los debates o quien no haya suscrito la providencia inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus Delegados para la Casación Penal o  ante  uno  de  los  Magistrados  de  la  Sala  en  las  condiciones expuestas en  precedencia.   

          iii)                      Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  de  quien  no  intervino  en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  el  cual se formula la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la  Sala  o  no  presentarlo  para  su  revisión.  En  éste último evento  informará   de   ello   al   peticionario   en   un   plazo   de   quince  (15)  días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se formuló el recurso de casación, salvo  cuando la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  el  libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  del  procesado    SIMÓN    LEMUS    BARRETO,    por    las    razones    expuestas   en   las   consideraciones  precedentes.   

De     conformidad    con  el  artículo  184  de la Ley 906 de  2004, es facultad del demandante elevar petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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