32074(14-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32074  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 287   

Bogotá D.C., septiembre catorce (14) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  los  defensores  de  los  procesados  JAVIER EDUARDO  DELGADILLO RODRÍGUEZ y CARLOS IGNACIO RODRÍGUEZ SILVA.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Hacia las  8:30  de  la  noche del 22 de marzo de 1998, frente al establecimiento comercial  Bacatá,  ubicado  en el marco de la plaza principal de Ubaté (Cundinamarca), a  causa  de  una pelea que se suscitó entre varias personas resultaron lesionados  con  elemento  contundente Fabio Leonardo Páez Castiblanco y Edgar Ramiro Páez  Gordillo,  a  quienes  se  les dictaminó incapacidad médico legal de 15 días,  con deformidad en el rostro de carácter permanente.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el 6 de septiembre de 1999, fueron vinculados a través de indagatoria  CARLOS  IGNACIO  RODRÍGUEZ  SILVA  y  JAVIER  EDUARDO  DELGADILLO RODRÍGUEZ, a  quienes  la  Fiscalía acusó el 24 de marzo de 2004 por la conducta de lesiones  personales  dolosas.  Apelada  esta  determinación  por  el  apoderado  de  los  sindicados,  la segunda instancia, el 2 de septiembre de 2005, la modificó para  imputarles  la conducta en concordancia con los artículos 331 y 333 del Decreto  100  de  1980,  en razón del principio de favorabilidad. Confirmó en lo demás  el auto impugnado.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  18  de  abril  de  2008  el  Juzgado   Promiscuo  Municipal de  Cucunubá1     (Cundinamarca)    los    condenó2,  a  cada  uno,  a 32 meses de  prisión,  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por  igual  lapso  y  multa  de  $12.000.oo.  Les  concedió la condena de ejecución  condicional.   

4.  Los defensores  apelaron  ese  pronunciamiento  y  el  Juzgado Penal del Circuito de Ubaté, por  intermedio  de  la  sentencia  recurrida   en  casación, expedida el 13 de  febrero de 2009, le impartió confirmación.   

SOLICITUD       DE       CASACIÓN  EXCEPCIONAL:   

Invocan  los  recurrentes  la  casación por  ésta  vía,  señalando  la  necesidad  de  intervención  de  la Corte para la  protección  de  la  garantía fundamental de sus representados al proferimiento  de  una  sentencia que corresponda a la apreciación de las pruebas aportadas al  proceso.  Se  incurrió  al  examinarlas  en falso juicio de identidad porque la  sustentación      jurídica      aducida      no     logró     “deslegitimar  el  ejercicio  de  la  legítima  defensa”  y  menos la regla de in dubio pro reo. La prueba testimonial no  se  examinó  conforme  a  derecho  y  a  la  sana crítica pues se tergiversó,  derivándose  del  error  conclusiones  equivocadas.  De no haber pasado así la  decisión habría sido absolutoria.   

LAS DEMANDAS:  

Las  dos  presentan  un  cargo  idéntico de  quebrantamiento  indirecto  de  la  ley  sustancial,  el  cual  derivó en el no  reconocimiento  de  la  presunción  de  inocencia  y  de  la  circunstancia  de  exclusión  de  la  responsabilidad  prevista  en  el artículo 32-6 del Código  Penal de 2000.   

1.  Los procesados  actuaron amparados por la legítima defensa.   

Al  escenario  de los hechos confluyeron dos  grupos  de  personas:  el  primero  conformado  Óscar Javier Sarmiento Garzón,  JAVIER  EDUARDO  DELGADILLO  RODRÍGUEZ,  CARLOS IGNACIO RODRÍGUEZ SILVA, José  Alejandro  Rodríguez  Silva,  Wilson  Rodríguez  Silva  y  Juan Pablo Malagón  Villamil;  el  segundo  por  Nelson y Jesús Adolfo Gómez Cortés, Edgar Ramiro  Páez  Gordillo, Fabio Leonardo Páez Castiblanco, Raúl Ocampo Cortés y Gloria  Esperanza Márquez Carrillo.   

Así  se genera el conflicto: Raúl Ocampo y  sus  dos conductores, Nelson y Jesús Adolfo Gómez, estacionan una camioneta en  la  bahía  de parqueo, impidiendo a otras personas ubicar allí sus vehículos.  Óscar  Sarmiento,  quien  llega al lugar en un automóvil Mazda Coupe, les pita  para  llamarles  la  atención  y, como no le hacen caso, insiste en la acción.  Tienen  ocurrencia, entonces, las primeras ofensas orales recíprocas. Enseguida  Nelson  Gómez  lanza  una lata de cerveza que bebe contra el carro de Sarmiento  Garzón.  Los  ocupantes del Mazda se bajan, sin el ánimo de pelear, y reclaman  por  la  afrenta.  Los  dos  grupos,  ya  bajo la influencia del el alcohol pues  tomaban   desde  horas  antes  del  evento,  se  enfrentan  físicamente.  Otras  personas,  para  equilibrar  la  pelea,  intervienen  en  ella  por  razones  de  amistad.   

Provocación y agresión se originaron por la  actitud  intolerante  de  Raúl  Ocampo  y  el  lanzamiento del objeto contra el  automotor en el que venían los sindicados.   

Quienes primero atacaron fueron los del grupo  de  Ocampo, en el cual estaban las víctimas. Y no podía esperarse la huída de  los  otros,  pues  no había tiempo de “racionalizar  una  escapada”.  Su  única salida era encarar a los  pendencieros.  La  contienda  fue  en  igualdad  de condiciones: “puños y puntapiés”.   

Allí     nació     “para  cada  uno  de  los ocupantes del vehículo Mazda la necesidad  individual  de  defenderse  de una agresión ajena, injusta, actual e inminente;  es  decir,  la agresión no fue propiciada voluntariamente, y en tal sentido era  dable   atacar   al  contrario  para  evitar  ser  vulnerado  en  su  integridad  personal”.   

2. Acto seguido, se  refieren  los  censores  a  las  nociones de riña y legítima defensa según la  jurisprudencia  de la Corte, e igual a sus diferencias. También, sobre el mismo  tema  y  específicamente  acerca de la necesidad de establecer en casos como el  examinado  qué  originó  el  conflicto  y las circunstancias frente a éste de  quien   invoca   la  legítima  defensa,  transcriben  un  aparte  de  un  autor  español.   

Tras  lo anterior insisten en que los hechos  desencadenantes  de  la  rivalidad  fueron  el  estacionar  mal la camioneta, no  quitarla  después  de  apremiar  a  su  dueño  con  el  pito  para  hacerlo  y  “la actitud arbitraria, injusta, ofensiva y abusiva  de  Nelson  Gómez  Cortés,  quien  es  la persona que lanza la lata de cerveza  contra  el parabrisas del vehículo Mazda, no obstante haberlo siempre negado en  sus    distintas    intervenciones   al   proceso”.  Comportamientos  así,  agregan los impugnantes, “no  pueden  permitirse  en  regiones  violentas como el oriente de Boyacá: Otanche,  Borbur,  Muzo,  etc., donde de inmediato desencadenan el uso de armas de fuego y  por  ende  homicidios”. Aquí sólo fueron agresiones  con manos y pies.   

Así  las  cosas,  si  como respuesta a esos  ataques  las  personas  del  Mazda  simplemente  se  bajaron a reclamar y fueron  recibidos   a   golpes,   no   podía   exigírseles   sumisión.  Frente  a  la  “agresión  injusta, actual e inminente”,  por ende, reaccionaron lógicamente, amparados por la eximente  de responsabilidad anotada.   

3.  Con relación a  la  supuesta  transgresión  del principio de in dubio  pro  reo  los casacionistas adujeron, después de citar  apartes  de lo dicho por los lesionados y otros declarantes (Juan Pablo Malagón  Villamil  y  Wilson  Rodríguez  Silva –quien  afirmó  ser  el  agresor de Fabio Leonardo Páez—),  que  a  lo  largo  del  proceso no  existe  un  señalamiento directo del cual derivar quién exactamente les causó  las  heridas.  Lo realmente acontecido no concuerda con lo descrito por el a quo  y    en   una   confrontación   como   la   de   los   hechos   “donde   se  involucran  distintas  personas  y  son  distintas  las  emociones  que  allí  confluyen,  difícil  es  lograr determinar con certeza y  razón  quién  arremete  a  quién  y qué lesión o daño ocasiona”.   

4.  Los procesados,  en  conclusión,  obraron  en  legítima  defensa  o  se  les  condenó  sin  la  existencia  de  certeza  probatoria  sobre  su responsabilidad penal. En los dos  casos  piden  los  recurrentes  casar  la  sentencia  impugnada y absolver a sus  representados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  En concordancia  con  el  artículo  218  del  Código  de  Procedimiento  Penal  vigente  cuando  sucedieron  los  hechos,  o  del  inciso  1º del artículo 205 de la Ley 600 de  2000,  en  vigor  al  dictarse  la  sentencia,  los  fallos  dictados en segunda  instancia  por los Juzgados Penales del Circuito son susceptibles del recurso de  casación, aunque exclusivamente por la vía excepcional.   

Y   si   bien  es  cierto  los  defensores  advirtieron  esa  circunstancia  en  el  caso  examinado  e invocaron correcta y  oportunamente   el   recurso,   no   consiguieron   acreditar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la  garantía  de los derechos fundamentales de sus representados.      

Señalaron,  es  verdad, las razones por las  cuales  a  su  parecer  era  procedente la casación para la satisfacción de la  segunda  de  las  finalidades  atrás  mencionadas.  No  obstante,  ni  las  manifestaciones  allí  hechas ni las que integran el contenido del único cargo  de   las   demandas,  comprueban  la  existencia  de  una  posibilidad  como  la  planteada.   

2.  Las  primeras  simplemente  equivalen a una afirmación categórica de los censores, conforme a  la   cual,   sin   más,   sus  defendidos  actuaron  en  legítima  defensa  y,  subsidiariamente,  al  resolverse su situación en la sentencia se quebrantó la  presunción  de  inocencia.  Las  de  las censuras, así contengan un desarrollo  argumental  orientado a explicar por qué se debió arribar a esas conclusiones,  tampoco   cumplen   con   la   carga   procesal   de   demostrar  la  violación  Constitucional.   

Como  reproches  de  casación,  además, no  reúnen  los  requisitos  de claridad y precisión consagrados en la ley. Aparte  de  indicarse  en ellos el falso juicio de identidad como modalidad del error de  hecho  denunciado,  no se demostró la supuesta tergiversación de los medios de  convicción.  Adicionalmente,  ya  a  partir  de  esa  falencia  insalvable,  se  construyó  un  discurso  al  interior  del  mismo ataque en el cual se terminan  demandando  consecuencias  inconciliables:  de  un  lado,  la absolución de los  sindicados   previo   el   reconocimiento  de  la  circunstancia  excluyente  de  responsabilidad  de la legítima defensa; y, de otro, el mismo tipo de sentencia  por falta de certeza para condenar.   

3.  Es imperativo,  pues,    inadmitir    los    libelos.   El  cargo  idéntico de ambas corresponde al análisis probatorio de  los  casacionistas,  realizado  al  margen  de los fundamentos que condujeron al  juzgador  a  declarar penalmente responsables de las lesiones personales  a  los acusados.   

Se   trata,   eso   es   evidente,  de  su  inconformidad  con el análisis probatorio de la segunda instancia, respecto del  cual  no concretaron ningún error de juicio, limitándose a la presentación de  un  alegato  de instancia y desconociendo así en sus rasgos más elementales la  noción y alcances del recurso extraordinario de casación.   

Cabe  observar,  para  finalizar, que no hay  lugar  a casar oficiosamente el fallo pues no se advierte quebrantamiento alguno  de  los  derechos fundamentales de los sujetos procesales que deba ser remediado  por la Sala.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    los  procesados  JAVIER  EDUARDO  DELGADILLO  RODRÍGUEZ  y CARLOS IGNACIO RODRÍGUEZ  SILVA.   

         Contra  la  presente decisión, que queda ejecutoriada con su firma,  no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS         

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 . El  Juez  Penal Municipal de Ubaté se declaró impedido para conocer del asunto por  haber  adoptado  decisión  de  fondo  en  el  mismo  en calidad de Fiscal y esa  manifestación  le  fue  aceptada.  Por  tal razón el caso lo falló el Juzgado  Municipal de Cucunubá.   

2 . El  mismo  despacho  judicial  había  dictado  sentencia  el  3  de  septiembre  de  2007,   anulada  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Ubaté el 21 de  noviembre del mismo año.     

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