32012(09-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  32012   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta N° 349.  

          Bogotá    D.C.,   noviembre   nueve   (9)   de   dos   mil   nueve  (2009).   

VISTOS  

La  Sala  decide  sobre  la admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del procesado ÉDGAR  ALEJANDRO  CABRALES POSADA con el  objeto  de  sustentar el recurso de casación interpuesto contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida el 27 de junio de 2008 por el Tribunal Superior de  Bogotá,  Sala  Penal de Descongestión del Derecho de Dominio, contra el Lavado  de  Activos y Enriquecimiento Ilícito, mediante la cual confirmó la dictada el  19  de  noviembre de 2007 por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado  de   la   misma   sede  que  condenó  al  mencionado,  junto  con  Ilda  Palomino  Rengifo  y  Miguel  Arturo  Jerez  Amézquita,  como  cómplices del delito de lavado de activos agravado.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  acontecer  fáctico  que  originó  el  diligenciamiento,  fue  compendiado por el Tribunal en el fallo impugnado, de la  siguiente forma:   

“Entre  1996  y  2001 se creó un holding  empresarial       denominado      ‘Empresas    del   Paguey’  a  través del cual circulaban papeles negociables que alcanzaron  los   $  109.000.000.000  mediante  la  constitución  y  compra  de  sociedades  improductivas  utilizándose  dineros  procedentes del tráfico internacional de  alcaloides.   

Holding en el que ÉDGAR ALEJANDRO CABRALES  POSADA  y Miguel Arturo Jerez Amézquita desempeñaron indistintamente cargos de  revisor   fiscal  y  contador,  y  mientras  laboraban  en  ellas,  suscribieron  declaraciones  de  renta,  estados  financieros,  balances  que  les permitieron  ingresar  al sistema bancario y bursátil a sociedades junto con su capital como  Comercializadora  Archury  Ávila  S.A.,  Compañía  de  Expertos en Soluciones  Empresariales  S.A.     –MATCOL-,  Materiales y Exportaciones S.A., Agregados y Premezclados  S.A.,  Agroservicios e Inversiones del Noroccidente S.A., Comercializadora Prime  Marketing  y  Organización  Empresarial  Integral  S.A.,  las  que  como común  denominador        compartían        instalaciones,       socios”.   

Los hechos anteriormente narrados sirvieron  de  fundamento  para  que  se  declarara  abierta la instrucción penal, en cuyo  marco  fueron vinculados, mediante indagatoria, ÉDGAR  ALEJANDRO   CABRALES  POSADA,  Ilda  Palomino  Rengifo  y  Miguel  Arturo  Jerez  Amézquita,   a   quienes   se  definió  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva como presuntos  coautores del delito de lavado de activos agravado.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  se  calificó  su  mérito  el  25 de marzo de 2004 con resolución de acusación en  contra     de     ÉDGAR     ALEJANDRO    CABRALES  POSADA  y  Miguel  Arturo  Jerez     Amézquita,  como  coautores,  y de Ilda  Palomino  Rengifo,  como  cómplice,  del  delito  de  lavado   de   activos  agravado  “conducta  punible  definida  en  el  artículo  247 A del anterior código penal, adicionado por el  artículo  9  de  la  ley  365  de  1997,  bajo  cuya  vigencia fue consumada, y  reproducida  básicamente por el artículo 323 del actual estatuto punitivo…El  delito  que  se  les  imputa  en  las  calidades  antes  precisadas se encuentra  agravado  por  virtud  de  la  circunstancia  específica  del  artículo  247 C  ibídem,  que  corresponde  a  su  vez  al  artículo  324  de  la  ley  599  de  2000”.   

El proveído anterior, en virtud del recurso  de  apelación  impetrado  por  los  defensores  de  los procesados CABRALES    POSADA    y   Jerez  Amézquita,  fue confirmado el 11  de  octubre  de  2004  por  un Fiscal de la Unidad de Fiscales Delegados ante el  Tribunal de Bogotá.   

Con la ejecutoria de la acusación se abrió  paso  a  la  fase  del juicio, cuyo conocimiento correspondió al Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá donde, una vez surtido el trámite  de  ley, se dictó fallo el 19 de noviembre de 2007, a través del cual condenó  a   ÉDGAR   ALEJANDRO  CABRALES  POSADA,   Miguel   Arturo   Jerez  Amézquita  e    Ilda    Palomino  Rengifo a las penas principales de sesenta (60) meses  de  prisión  y  multa  por  valor de doscientos ochenta (280) salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, así como a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad,  como  cómplices  del  delito  por  el cual fueron  acusados.   

En la misma decisión, además, negó a los  procesados   el   subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

         Por   razón   del   recurso  de  apelación  interpuesto  por  los  defensores     de     los    sindicados    CABRALES  POSADA  y  Jerez Amézquita  contra  la  anterior  sentencia,  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  Sala  Penal  de  Descongestión del Derecho de  Dominio, el 27 de junio de 2008, confirmándola.   

Contra   esta   última   determinación  interpusieron   recurso   extraordinario   de   casación   los  mismos  sujetos  procesales;     sin    embargo,    como    la   defensa   de   Jerez    Amézquita   no   allegó   la  correspondiente  demanda,  el  Tribunal,  con  auto  del  pasado 16 de abril, lo  declaró  desierto. Por tal motivo, procede la Sala a verificar si la presentada  en  tiempo  por  la  defensora  de  ÉDGAR  ALEJANDRO  CABRALES  POSADA  cumple los presupuestos mínimos de  lógica y argumentación exigidos para su admisión.   

LA DEMANDA  

Se  formula un único cargo con sustento en  la  causal  tercera  de  casación prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  por  encontrar  que  el  fallo  fue  proferido  en  un  juicio viciado de  nulidad.   

Luego  de  transcribir  el contenido de los  artículos  29 de la Carta Política; 7, 232, 235, 238, 242, 249, 252, 255, 257,  393  y 399 del estatuto procesal penal y 70 de la Ley 789 de 2000, éste último  referido  a  la inimputabilidad, disposiciones que considera transgredidas, y de  hacer  lo  mismo  con  algunos  fragmentos de la decisión impugnada, la censora  aduce  que  la  violación  al  debido  proceso  “se  patentizó  en  el  vicio  de  estructura,  a  que  alude el artículo 306.2 del  Código              Penal”.        

Para  fundamentar su aserto, señala que el  Estado,  por  medio del ente investigador, incurrió en omisión al no practicar  prueba  solicitada  por  la  defensa  “en  memorial  presentado  en la etapa sumarial, con fundamento en el artículo 33, numeral 5°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que señala que la instrucción tendrá  como  fin  determinar ‘las  condiciones   sociales,   familiares   o   individuales   que   caracterizan  la  personalidad  del  procesado, su conducta anterior, sus antecedentes judiciales,  de  policía  y sus condiciones de vida’…”,  en armonía con el 20 del mismo  ordenamiento.   

La  solicitud  probatoria,  cuyo  contenido  transcribe,  tenía  por  objeto  se  dispusiera  la  práctica, por parte de un  perito  del  Instituto  de  Medicina  Legal,  de “un  estudio  o  análisis biotipológico del sindicado, para conocer su ‘yo        psíquico’,        su        ‘yo         social’,  que  permita  comprender los actos  que  ha  ejecutado  en  el  último  quinquenio  de su existencia, teniendo como  elementos  o  factores  antecedentes su formación académica y su pertenencia a  un  hogar estable, edificado en sanos principios éticos, así como también, de  mantener    una    familia    con    abnegación   y   sacrificio”.   

Luego  de  transcribir  el  interrogatorio  solicitado  al  perito,  estima que esta probanza no podía ser considerada como  violatoria  del  principio  de  protección  que  regula  la declaratoria de las  nulidades,  según  el  cual  la  parte que con su negligencia o torpeza hubiera  dado  lugar  a  la  irregularidad no puede alegarla en su favor, pues, sostiene,  este  caso  es  diverso toda vez que “al omitirse el  cumplimiento  del  debido  proceso,  con  la  omisión  claramente planteada, se  permitió  proceder  a  la  Fiscalía a la calificación del sumario, sin que la  defensa  del  procesado  hubiera  hecho  uso  del  derecho  a  presentar alegato  precalificatorio,  dentro  de  los  ocho  (8)  días  que  el  estatuto procesal  contempla”.   

La  negativa a practicar la aludida prueba,  continúa,   produjo   otras   consecuencias  nefastas  a  su  defendido,  tales  como:   

–  Se  habría tenido una base sólida para  haber   solicitado   sentencia   anticipada,   como   así   lo  hicieron  otros  procesados.   

–  Si  el  estudio  siquiátrico solicitado  hubiera  tenido  lugar  en  la  fase  de instrucción con el resultado de que el  procesado  padecía  una  personalidad  con  rasgos esquizoides y comportamiento  antisocial  “hubiera optado, en el caso de quedar en  firma  (sic)  el dictamen,  por  acogerse  a  la  sentencia  anticipada,  o  al  defensor, profundizar en la  objeción   del  dictamen,  en  cuanto  guarda  relación  con  la  ‘capacidad   de   comprensión  y  de  autodeterminarse     el    procesado’…”.                            

   

–   Resulta  notoria  y  trascendente  la  conculcación  de  las  garantías  previstas  en  el  artículo  29 de la Carta  Política,  añade,  porque  para  la  fecha  de vinculación de su defendido al  cargo  de  revisor  fiscal  existía  en  su  hogar desazón y angustia, pues su  cónyuge  afrontaba,  y aún hoy padece, un cáncer terminal, hecho que no sólo  lo  afectó  a  él  sino también a sus tres hijos menores, no obstante lo cual  los  funcionarios  de instrucción y juzgamiento no le otorgaron el beneficio de  detención   domiciliaria  a  pesar  de  las  “súplicas”  elevadas  por  la  defensa.   

Las   anteriores   premisas,   que  llama  “criterios       generales”,       hubieran      permitido      “haber  llegado  con  suficiente sustento doctrinal y legal, a la  declaratoria   de   inimputabilidad  del  procesado  ÉDGAR  ALEJANDRO  CABRALES  POSADA”,  como así lo avalan estudios científicos  sobre la materia.   

De  esta  manera,  colige, se configuró la  “violación      del      debido      proceso,  estructural”,    al    producirse    “una  sentencia  desestimatoria  de  la  eventual declaración de  inimputabilidad,  que se hubiere tornado como sanción más benigna, en un sitio  distinto  al  de  reclusión  en  una  penitenciaria,  como  en  evidencia se ha  demostrado,  al  punto  que  el  procesado  ha  padecido  lesiones en su aparato  digestivo,  desorden  en  sus planteamientos relacionados con su profesión, que  de  haberse  obrado en sometimiento pleno al debido proceso, se habrían evitado  oportunamente”.   

Por  lo  anterior,  concluye, se afectó el  debido  proceso, en tanto (i) “no se pudo determinar  si  ÉDGAR  ALEJANDRO CABRALES POSADA, en ese lapso investigativo, era imputable  o,  era  inimputable” y (ii) jamás se determinó la  causa  generadora  de  la  conducta,  “en cuanto al  plano      psíquico      respecta”.   

Colofón  de  lo expuesto, depreca casar el  fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cuando  se  pretende  acudir a la causal de  nulidad  para  casar  el  fallo, contemplada en el numeral tercero del artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, específicamente por omisión en la práctica de  pruebas  -ha sido enfática la Sala- no basta con relacionar las pruebas dejadas  de   realizar,  pues  también  es  preciso  señalar  su  fuente,  conducencia,  pertinencia  y  utilidad, además de su incidencia favorable a los intereses del  procesado  frente  a  las  conclusiones  del  fallo,  en  cuanto  la omisión de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o  superfluas no constituye  menoscabo del derecho a la defensa.   

Sobre  este  último  aspecto,  se  torna  ineludible  para  el casacionista demostrar que las pruebas echadas de menos, al  ser  cotejadas  con  el  acervo  probatorio,  trastocan  las conclusiones de los  falladores,   así  como  el  sentido  de  la  sentencia,  razón  por  la  cual  resultaría  imprescindible invalidar la actuación a fin de allegarlas y contar  con la posibilidad de proceder a su valoración.   

               

Pues  bien,  del  contenido  de  la  única  censura          propuesta   en   la  demanda  presentada    por    la   defensora   de   ÉDGAR   ALEJANDRO   CABRALES  POSADA,  sustentada  en la violación del debido proceso por razón de que el funcionario  instructor  se  abstuvo  de  ordenar  un  estudio  o análisis biotipológico al  mencionado  con  el objeto de establecer su inimputabilidad, se advierte que los  planteamientos  expuestos  para  demostrar  la  trascendencia  de  esta supuesta  irregularidad  carecen  de  esa  connotación, como así también lo precisó el  ad-  quem al pronunciarse en  relación  con esta temática, planteada igualmente por el mismo sujeto procesal  cuando  sustentó el recurso de apelación interpuesto contra el fallo de primer  grado.   

Para empezar, comiéncese por precisar que la  argumentación  de  la  casacionista  tendiente a demostrar la trascendencia del  vicio  exhibe  inconsistencias  que  atentan  contra  el  deber  de postulación  lógica y suficiente.   

Ciertamente, por pasajes de la censura, como  así  se observa en la primera conclusión de su parte final, se sostiene que la  práctica  de  la  prueba  hubiera demostrado el estado de inimputabilidad de su  prohijado         “en        ese        lapso  investigativo”,  lo  cual  lejos  de  está  de  ser  trascendente  frente  a los contenidos del fallo, dado que las consecuencias que  acarrea  esta figura se aplican para quien, conforme al artículo 33 del Código  Penal,  “en el momento de  ejecutar  la  conducta  típica  y  antijurídica  no  tuviere  la  capacidad de comprender su licitud o de determinarse de acuerdo con  esa  comprensión,  por  inmadurez  sicológica,  trastorno  mental,  diversidad  sociocultural  o estados similares” (subraya fuera de  texto).   

Desde ese punto de vista, ninguna incidencia  hubiera  tenido  la  práctica de la probanza deprecada, como de forma insólita  lo  reseña  la  censora,  si  con  ella  se  pretendía  establecer la falta de  capacidad  del  procesado  para  comprender  la  licitud  de  la  conducta  o de  determinarse  de  acuerdo  con  esa comprensión en un estadio ulterior al de su  realización,    como    lo    es    cuando    ya   era   investigado   por   su  comisión.   

Por    lo   mismo,   también   resultan  desafortunadas  las glosas de la libelista encaminadas a demostrar la incidencia  en  el  fallo  de  la  omisión  de practicar la prueba con fundamento en que la  sentencia  desestimatoria  de la inimputabilidad de su defendido, le ha generado  graves  afectaciones  a  su  salud  por  el  lugar en donde ha debido permanecer  recluido,  no  sólo por ser un planteamiento especulativo en grado superlativo,  sino  porque  desborda  el ámbito de discusión jurídica inherente a la figura  de la inimputabilidad.   

A la par, no se encuentra la relación entre  la  no  realización  de  la  probanza requerida y el hecho de que la defensa no  presentara  alegaciones  precalificatorias,  pues  de  uno u otro modo, esto es,  habiéndose   practicado   o   no  el  dictamen,  el  defensor  de  CABRALES  POSADA  contó con la legítima  facultad  de  allegarlas  dentro del término procesal previsto legalmente y, si  no   lo   consideró   necesario,  ello  fue  en  desarrollo  de  su  estrategia  defensiva.   

Tampoco  demuestra  la  trascendencia  de la  irregularidad,  derivada  de no haberse practicado la prueba, el argumento de la  casacionista  según el cual tal actitud privó de la posibilidad de acudir a la  figura  de  la  sentencia  anticipada  por  las  condiciones  favorables  que le  representaba   una  condena  como  inimputable,  lo  que  no  sólo  supone  una  discusión  en  el  terreno  práctico  difícil  de  dirimir  con  el objeto de  determinar  cuál  es  más  benigna,  sino  que  pone  de manifiesto el latente  propósito  de  fundar  el  decreto  de  nulidad  no  en  una  irregularidad  de  estructura  o  de garantía, como corresponde acorde con su naturaleza, sino por  no  haberse  podido  acudir  a  un  mecanismo  ahora  inoportuno, porque en este  momento  procesal  ya  se  ha  surtido  el  trámite  con  sus  correspondientes  instancias de decisión.   

         

Así  presentada  la  propuesta,  lo  que  realmente  evidencia  es  un  tardío  acogimiento  al instituto de la sentencia  anticipada  por  razones totalmente diferentes a las que político-criminalmente  la  fundamentan,  con  desconocimiento  del  carácter  progresivo  del  proceso  penal.   

Es  ostensible,  de  otro  lado,  que  la  realización  de  la  referida  prueba  carece de suficiencia para trastocar los  contenidos   del  fallo  a  fin  de  demostrar  que  el  procesado  ÉDGAR   ALEJANDRO  CABRALES  POSADA  ha  debido  ser  condenado  como  sujeto  inimputable,  pues,  como  atinadamente lo  señala el juzgador de segunda instancia:    

“…del  análisis  de  la  actuación,  específicamente   en  lo  que  hace  a  sus  salidas  al  proceso  (se  refiere  al  mencionado)  se observa  como  una  persona  coherente, centrada en el espacio y tiempo, además efectuó  una  explicación detallada de la función que realizó en las empresas para las  que   prestó  sus  servicios  como  contador  y  revisor  fiscal,  siendo  esta  circunstancia  aunada  a  los  medios  de  prueba como se verá la que permitió  establecer  el  conocimiento  y  voluntad  en la acción ilícita”.   

Si a ello se aúna que nuestro sistema es de  libre  valoración  de  las  pruebas,  no  vacila el juicio para inferir que son  suficientes  los  elementos  de  persuasión  ponderados por los falladores para  colegir   la   imputabilidad   de   CABRALES  POSADA  al momento de cometer la conducta atribuida y que, en  tales  condiciones,  ninguna trascendencia tiene la probanza echada de menos por  la censora.   

Por  lo  expuesto,  surge  como  razonable  conclusión  la  de  inadmitir  el  reparo  objeto de estudio, por sus palmarios  defectos   de   argumentación,   esencialmente   por   no   evidenciar  ninguna  trascendencia  frente  a  los  contenidos del fallo impugnado, en contravía con  los  presupuestos  establecidos  en el numeral 3° del  artículo 212 de la Ley 600 de 2000.    

            

         Resta  precisar,  que  no  se advierte la necesidad de activar  el mecanismo oficioso   de  enmienda  contemplado  en  el  artículo  216  ibídem, para  conjurar     la     violación    de    garantías  fundamentales  dentro  del  presente trámite o en la sentencia.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   presentada      por   la  defensora  del  procesado      ÉDGAR      ALEJANDRO     CABRALES  POSADA,  de  conformidad con las razones expuestas en  la anterior motivación.   

         

Contra  este  proveído  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                  Permiso   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                     MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                             JORGE     LUIS     QUINTERO     MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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