31879(22-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31879  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 223  

Bogotá,  D. C., veintidós (22) de julio de  dos mil nueve (2009).   

V I S T O S  

La  Corte  resuelve  la  manifestación  de  impedimento  hecha  por  el Doctor Eduardo Porras Galindo, Magistrado de control  de  garantías  de la Sala de Justicia y Paz de Barranquilla, para conocer de la  formulación  de  imputación  que  la Fiscalía General de la Nación realiza a  Wilson  Salazar Carrascal, sometido al trámite judicial que consagra la Ley 975  de 2005.   

SÍNTESIS    DE   LA  ACTUACIÓN  PROCESAL   

De  acuerdo  con  los  datos que obran en el  diligenciamiento,  se  advierte  que el 29 de abril de 2009, a las 10:13 A.M, se  instaló  la  audiencia  correspondiente  frente a la petición elevada por  el  Fiscal  Décimo  de  la  Unidad  Nacional  de  Justicia  y Paz para formular  imputación  a Salazar Carrascal  por el delito de concierto para delinquir  agravado.   

Sin  embargo,  el  Magistrado  de control de  garantías  de  Barranquilla,  a  reglon  seguido, estimó que debía declararse  impedido  según  lo  previsto en el artículo 56, numeral 4°, de la Ley 906 de  2004,  habida  cuenta que cuando se formuló anteriormente imputación al señor  Salazar  Carrascal, el 1° de abril de 2008, salvó el voto, argumentando que en  la  Fiscalía hubo incumplimiento al deber de investigar, toda vez que al citado  postulado  no  se  le  atribuyó,  en  esa  oportunidad,  la conducta punible de  concierto  para  delinquir,  conforme  a lo previsto en el artículo 340, inciso  2°, de citada Ley 906.   

Recuerda que la Sala en providencia del 28 de  mayo  de  2008  dispuso  no  declarar  la nulidad de lo actuado y que por cuerda  “paralela    y    subsiguiente”,    se  formulara la imputación por razón del concierto para delinquir  agravado.   

En  tales condiciones, la decisión adoptada  por  la  Corte, originó la presente actuación y, por lo mismo, advierte que se  declara  impedido  para  conocer  del  asunto,  pues  comprometió  su criterio,  aspecto  que  le  impide actuar con imparcialidad y ponderación  como juez  de control de garantías.    

De  ahí  que  estime que deba separarse del  conocimiento del presente trámite.     

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1  De  acuerdo  con  lo  establecido  en  el  artículo  57  de  la  Ley  906  de  2004,  a la Sala le asiste atribución para  pronunciarse  en relación con el impedimento propuesto dentro de una actuación  que  se ha venido rigiendo por los lineamientos de la Ley 975 de 2005 y respecto  de   la  manifestación  hecha  por  el  Magistrado  de  control  garantías  de  Barranquilla, para que se le separe del conocimiento del asunto.   

2.  Respecto  de  lo  que  es  materia  de  controversia,  la  Corte en diversas oportunidades ha expresado que el instituto  de  los  impedimentos  y las recusaciones tiene una clara fuente constitucional,  pues,  de un lado, el artículo 228 de la Constitución Política dispone que la  administración  de  justicia  es  función  pública  y  que sus decisiones son  independientes  y,  de otro lado, el artículo 230 de la misma prevé que en sus  providencias   los   jueces   sólo   están   sometidos   al   imperio   de  la  ley.   

De    manera    que    en   desarrollo  al  principio     de     imparcialidad    que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales,  la legislación  procesal  ha  previsto  una  serie de causales de orden objetivo y subjetivo por  virtud   de   las   cuales  el  juez  debe  declararse  impedido  para  decidir,  garantizando  a  las  partes,  terceros,  demás  intervinientes  e incluso a la  comunidad  en  general,  la transparencia y rigor que deben presidir la tarea de  administrar justicia.   

No  obstante, como a los jueces no les está  permitido  separarse  por  su  propia voluntad de las funciones que les han sido  asignadas,  y  a  las partes no les está dado escoger libremente la persona del  juzgador,  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del conocimiento de un caso  determinado  a  un  juez  o magistrado no pueden deducirse por analogía, ni ser  objeto  de  interpretaciones  subjetivas,  en  cuanto  se  trata  de  reglas con  carácter  de  orden  público,  fundadas en el convencimiento del legislador de  que  son  éstas  y  no  otras  las  circunstancias fácticas que impiden que un  funcionario   judicial  siga  conociendo  de  un  asunto,  porque  de  continuar  vinculado  a  la  decisión compromete la independencia de la administración de  justicia  y quebranta el derecho fundamental de los asociados a obtener un fallo  proferido     por     un    tribunal    imparcial1.   

Son,          éstos,  los  parámetros  que  han  de  gobernar  el  examen de lo postulado por el Magistrado  de  control de garantías de  Barranquilla,  conforme  los  hechos que sustentan su  manifestación  de  impedimento  y  la  causal  que  se aduce para separarse del  conocimiento       del       trámite.   

3. De  entrada  se  observa  cómo la causal propuesta por el              Magistrado  para  sustentar la necesidad  de  apartarse  del  conocimiento  del  asunto,  ninguna relación guarda con los  hechos  que  soportan  esa  manifestación, en tanto si de lo que se trata es de  relacionar  que  en  otra  providencia  que referencia  salvó  el voto por cuanto  que  no  compartió  que la fiscalía no le haya atribuido al postulado el cargo  por  el  delito  de  concierto para delinquir agravado, resulta evidente que esa  declaración     del  funcionario  judicial  se  hizo  en  estricto  cumplimiento de sus funciones, al  punto,    como    lo   reconoce   el   Magistrado,     la    Corte,  al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto, advirtió  en  aquella oportunidad que  dicha  falencia se subsanaba con una nueva formulación de cargos con respecto a  esta conducta punible.   

Recuérdese que la  opinión   constitutiva   de   la  causal  impediente  consagrada  en  el  artículo 56, numeral 4°, de la Ley 906 de 2004, es aquella  que  hace  el  funcionario judicial por fuera del proceso, sin que quepa en ella  la  expresada  en  el  ejercicio  de  sus  funciones  o  en  cumplimiento  de su  deber2   con   excepción   del   evento   en  que  sea  él  mismo  quien  “haya  dictado  la  providencia  cuya  revisión  se  trata”.   

Así  mismo, también se ha precisado que no  es  cualquier  opinión  por  ligera  y  superficial3   la   que   da  lugar  a  la  separación  del  juez del conocimiento de un asunto, sino preponderantemente la  que  por  su  naturaleza  y  entidad  llega  a comprometer la imparcialidad y su  ponderación  por  constituir  un  acto  de prejuzgamiento sobre el hecho que le  corresponde decidir.   

Aclarado    lo    anterior,     resulta     oportuno    recordar    que    el    proceso  que  se  adelanta  en  la  Ley  975  de  2005, no porque su  artículo  62   prevea  una  remisión a la Ley 906 de 2004, comparte todos  los presupuestos del proceso adversarial.   

La  llamada Ley de Justicia y Paz hace parte  de  un  ordenamiento  jurídico  especial  -integrado además por las leyes  418  de  1997, 548 de 1999 y 782 de 2002, con sus decretos reglamentarios-   propio  de  un  proceso  de  reconciliación nacional y, por tanto, concebido al  interior  de  procesos de acercamiento con grupos armados al margen de la ley en  busca  de  la  paz,  la  reconciliación y la consolidación del monopolio de la  fuerza  en cabeza del Estado, lo cual supone un origen diferente al de  las  otras leyes.    

Así,   también  lo  concluyó  la  Corte  Constitucional   cuando   en   la   sentencia   C-370  de  2006,  analizando  la  constitucionalidad de la Ley 975 de 2005, sentenció:   

“6.2.2.1.7.1. Como ya se mencionó, la Ley  975  de  2005  constituye una de las piezas más importantes del marco jurídico  de  los  procesos  de  paz en Colombia.  Para incentivar estos procesos, la  ley  establece  una  reducción  sustantiva de las penas de cárcel para quienes  han   cometido   delitos   de  suma  gravedad.   En  efecto,  las  personas  responsables  de  tales  delitos  en  el  derecho nacional podrían llegar a ser  acreedoras  a  una pena hasta de 60 años de cárcel  y en el derecho penal  internacional  podrían  tener,  incluso, cadena perpetua.  Sin embargo, la  ley  colombiana  les otorga el beneficio de una pena efectiva que va entre 5 y 8  años,  lo cual, sin duda, afecta derechos y principios constitucionales como el  derecho  a  la  justicia  de  las  víctimas  y de la sociedad y el principio de  igualdad.”   

Es  decir, de acuerdo con la espacialísima  sistemática  que  rige  este  trámite,  el  salvamento de voto que realizó el  Magistrado  de  control  de  garantías  lo  hizo  en  cumplimiento  de su deber  funcional  y  para un trámite superado, que de manera alguna pude impedirle que  desempeñe  su  función  dentro  de  los  parámetros  de  la  imparcialidad  y  ponderación    con    que    deben    actuar   los   funcionarios   judiciales,  máxime  cuando,  además  que  no  da ninguna razón  cómo  su  equilibrio  se  encuentra  perturbado  al  conocer  de  este  asunto,  se trata de un diligenciamiento que se cumple bajo la  Ley  975  de  2005, esto es,  se  parte  del supuesto que  el  postulado  para  someterse  a  esta justicia de carácter transicional   acepta,  de  manera libre y voluntaria, por lo menos, la comisión del delito de  concierto para delinquir agravado.   

Así,   el  salvamento   de   voto  que  realizó  el  Magistrado  no   puede  siquiera  por  analogía           definirse           como           una          “opinión”     o     “consejo”,   para   utilizar   los  términos  consignados  en  la  causal  4°  del  artículo  56 de la Ley 906 de  2004.   

Como  se dijo, la causal impeditiva alegada  por  el  Magistrado consistente en que el funcionario  haya  dado  opinión  o  consejo,  necesariamente remite a un tipo de actuación  extraprocesal,  ajeno  al  estricto  cumplimiento  de  la  labor  de administrar  justicia  deferido  al  mismo  por  razón  de su cargo, pues, se reitera, si lo  manifestado  se  consigna  formal y materialmente en una decisión, como  en este caso, ello supera con mucho  esa    informalidad    a    la    que    remite   el  motivo  en cita y cuyo fin es precisamente evitar que  lo   expresado   por   fuera   del   proceso,   sea  reiterado  en  éste,   poniendo   en   entredicho  la  seriedad e imparcialidad de quien así ha actuado.   

No  se  materializa, entonces, en el asunto  examinado,  la  causal  de  impedimento aducida por el  Magistrado  de  control de  garantías   de   Barranquilla,  para  separarse  del  conocimiento   del   asunto   ahora  sometido  a  su  consideración en primera instancia.   

Suficiente,  lo dicho, para declarar que en  relación  con el Magistrado  que  se  ha  declarado impedido, no se configura ninguna de las causales para el  efecto  consagradas  en  la  ley,  razón  por  la  cual  debe  asumir con plena  competencia  el  análisis  del  asunto  puesto  a su  conocimiento.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

DECLARAR  INFUNDADO  el  impedimento  que  en razón del presente asunto ha manifestado el Magistrado  de  la Sala Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla, doctor Eduardo  Porras  Galindo,  conforme  con  las motivaciones plasmadas en el cuerpo de este  proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                         SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

                           PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Auto  de  19  de  octubre de 2006, Rad. 26.246, entre  otros.   

2 Auto  1º de diciembre de 1987, Rad. 2386.   

3 Auto  20 de octubre de 1992, Rad. 7899.     

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