31813(29-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31813   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 230.  

Bogotá, D.C., veintinueve de julio de dos mil  nueve.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor del procesado JUAN CARLOS  DIAZ  MARÍN,   contra  el  fallo  de  segunda  instancia que profiriera el  Tribunal  Superior  de  San  Gil, Santander, fechado el 16 de diciembre de 2008,  mediante  el  cual  confirmó  integralmente la sentencia emitida por el Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Charalá,  condenando a su representado legal a la  pena  principal  de  ochenta y cuatro meses de prisión, en calidad de autor del  delito   de   falso   testimonio.  Además,  se  impuso  la  pena  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas, por un lapso  igual al de  la  sanción  aflictiva  de la libertad, negándose al procesado el subrogado de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“Dentro del proceso penal adelantado contra  Nelson  Perea Rivera por el delito de sustracción de bien propio, según hechos  ocurridos  el  24 de diciembre de 2004 en la finca Miraflores de la comprensión  municipal  de  Coromoro,  el  15 de febrero de 2005 rindió declaración ante la  Fiscalía  el  aquí  procesado  Juan  Carlos  Diaz Marín, quien afirmó ser el  propietario   de   los   cerdos   que  habían  sido  previamente  embargados  y  secuestrados  dentro de la demanda ejecutiva instaurada por Gerardo Santos Grass  contra Perea Rivera.   

El  señor  Perea  Rivera  fue  absuelto  al  advertir  el  fallador  la  existencia  de duda probatoria en cuanto “…al no  haber  observado  el  secuestre  directamente  al  aquí procesado realizando el  retiro  de  porcinos,  no puede tenerse por comprobado tal comportamiento…”,  ordenando  compulsar  copias  a  la  fiscalía para investigar a Diaz Marín por  falso testimonio.”   

DECURSO PROCESAL  

Acorde con lo ordenado por el Juez Promiscuo  Municipal  en  el fallo absolutorio proferido a favor de Nelson Perea Rivera, el  15  de  junio  de  2006  la  Fiscalía  Sexta  Seccional  de San Gil, ordenó la  apertura  formal  de  la  instrucción.  El  5  de diciembre del mismo año, las  diligencias  fueron  reasignadas  a  la  Fiscalía  Séptima  Seccional  de  esa  localidad.   

El  23  de  noviembre  de  2007,  ante  la  imposibilidad   de   hallar  al  procesado,  se  le  declaró  persona  ausente,  nombrándose defensor de oficio a su favor.   

El  6  de diciembre de 2007, se resolvió la  situación  jurídica  del  procesado,  absteniéndose la Fiscalía de imponerle  medida  de  aseguramiento,  por estimar que no se cumplen los fines establecidos  para este efecto.   

El  19  de  diciembre  de  2007, se declaró  cerrada  la  investigación. Consecuentemente, el  6 de febrero de 2008, se  calificó  el  mérito  del sumario, profiriéndose resolución de acusación en  contra  de  JUAN  CARLOS  DIAZ  MARÍN,  en calidad de autor del delito de falso  testimonio,  consagrado  en  el  artículo  442  del  C.P.,  modificado  por  el  artículo 8 de la Ley 890 de 2004.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido,  para  adelantar  la  fase  del  juicio,  al Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Charalá,  despacho  judicial  que  se  abstuvo de  realizar audiencia preparatoria por estimarlo innecesario.   

La  audiencia  pública  de juzgamiento tuvo  lugar el 16 de julio de 2008.   

El  14  de  octubre  de  2008, se emitió la  sentencia  condenatoria  de  primer grado, oportunamente apelada por el defensor  del procesado.   

El fallo de segunda instancia se profirió el  16  de diciembre de 2008, y como confirmó en su integridad lo decidido por el A  quo,  fue  objeto del extraordinario recurso de casación por parte del defensor  del procesado.   

LA DEMANDA  

Cargo primero  

Lo  ubica  el  demandante  dentro del cuerpo  segundo  de  la  causal primera contemplada en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  por  violación  indirecta  de  la  ley  radicada  en  un falso juicio de  identidad.   

A renglón seguido el casacionista advierte,  para  sustentar  el tópico, que “de los testimonios  vertidos  por JUAN CARLOS DIAZ MARÍN, RUBIELA DIAZ MARÍN y NANCY YANETH PINEDA  GALLO”, se desprende que se celebró un  primer  contrato  de venta de unos porcinos entre el primero y la segunda, para después  realizar otro de arrendamiento.   

Esos  actos,  señala  el recurrente, tienen  plena   validez   jurídica   y   han   sido   ratificados   por  YANETH  PINEDA  GALLO.   

Empero,   los   falladores,   critica   el  impugnante,  negaron la existencia real de los contratos y advirtieron mendaz lo  expresado   bajo  la  gravedad  del  juramento  por  el  acusado,  con  lo  cual  “tergiversaron   el   hecho   demostrado   en  los  testimonios aquí analizados…”.   

Agrega  el  casacionista  que  en  aras  de  desvirtuar  lo  afirmado  por  su  representado legal en el proceso civil, y que  ahora  lo  hace  objeto de persecución penal, se trajo a colación lo dicho por  Agustín  Saavedra  Mayorga, quien desvirtuó que de verdad hubiese transportado  los porcinos por solicitud del procesado.    

Empero,  afirma,  no  se  demostró  que  el  testigo  fuese  la  misma  persona a que hiciese alusión su representado legal,  dado  que  este nunca individualizó, identificó o entregó datos de ubicación  de la persona que le prestó el servicio en cuestión.   

Y   reitera   el  demandante  “Todos  los funcionarios judiciales sin excepción incurrieron en  el  mismo  error  de apreciación o valoración probatoria. Ya que le ofrecieron  la   veracidad   que   no   tenía  al  testimonio  de  LUIS  AGUSTÍN  SAAVEDRA  MAYORGA….”.   

Considera   el   recurrente,   a  su  vez,  “aberrante”   que  se  infiera  del  hecho  de  que  el procesado no prestó la caución para evitar el  embargo    de    los    cerdos,    que    no   era   el   propietario   de   los  mismos.        

Y     concluye     que    “el  sentenciador  de  segundo grado incurre entonces en un falso  juicio  de  identidad,  pues  de  manera  sistemática  a  (sic) tergiversado el  material  probatorio  en su conjunto, llegando a suponer hechos no demostrados a  partir   de   los  distintos  medios  de  prueba…”   

Y   pide   a  la  Corte  que  “se  sirva  casar  el  fallo recurrido en forma total, para en su  lugar  se  revoque  el fallo de primer grado o dictar nuevo fallo absolviendo al  recurrente JUAN CARLOS DIAZ MARÍN.”   

Cargo Segundo  

Acude  el  recurrente  a lo consignado en el  numeral  segundo  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, que refiere a la  inconsonacia  entre  la  sentencia  y los cargos contenidos en la resolución de  acusación.   

Para   el   efecto,  transcribe  la  parte  resolutiva  del auto a través del cual se calificó el mérito del sumario, que  no  menciona  la  intervención  en  los  hechos  de Nancy Yaneth Pineda Gallo y  Rubiela  Diaz  Marín,  ni  el  delito  de  fraude  procesal;  luego  detalla el  contenido  del  artículo  397 de la Ley 600 de 2000, en punto de los requisitos  sustanciales  de  la  resolución de acusación; después advierte que el Fiscal  delegado  durante  la  audiencia  pública  de  juzgamiento  pidió la palabra a  efectos  de que se expidieran copias encaminadas a investigar el presunto delito  de  falso  testimonio  en  que  pudieron  incurrir Nancy Yaneth Pineda y Rubiela  Diaz;  y  termina  señalando que, efectivamente el fallo ordenó la expedición  de  copias  pedida  por  la  Fiscalía en contra de estas personas y para que se  investigue   el  presunto  delito  de  fraude  procesal  que  pudo  ejecutar  el  condenado.   

Entiende  el recurrente que esa decisión de  expedir  copias representa seria y fundada incongruencia con lo consignado en la  resolución  de  acusación, la cual desconoce ostensiblemente el debido proceso  establecido  como  imperativo  constitucional  por  el  artículo 29 de la Carta  Política,  dado  que  se  ha  de  suponer  incompleta  o  no  perfeccionada  la  investigación para el momento en el que se decretó su cierre.   

Cuestiona  el  impugnante  que  sin  existir  resolución  de  acusación  en su contra, se “ponga  en    tela    de    juicio    la   eventual   responsabilidad   penal   de   las  ciudadanas”,  al  ordenar  que  se le investigara no  solo  por  la conducta reseñada por la Fiscalía, falso testimonio, sino por el  ilícito de fraude a resolución judicial.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En primer término, debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y Ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Y  se  advierte,  no  corresponden  las  exigencias  argumentativas  planteadas   en  la  ley  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  a  simples  reclamos  formales  o  de  estilo,  sino  a  la  perentoria necesidad de que el derrumbamiento de esa doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que  rodea  los fallos de las instancias,  discurra  por  caminos  adecuados  de  claridad,  lógica  y sindéresis sin los  cuales,  sobra  recordar,  la discusión deviene en el simple debate de posturas  contrarias  e  interesadas, ya agotado con el proferimiento del fallo de segundo  grado.   

         Bajo  estas  precisas  directrices,  abordará la Sala el examen de  los dos cargos propuestos por el recurrente.   

         Cargo Primero   

         Lejos  de  cumplir con los mínimos preceptos de lógica argumental  arriba  descritos,  en  el primer cargo postulado por el impugnante,   ostensible   aparece   el  interés  por  contraponer  su  particular  visión  de lo que la  prueba  arroja,  a  la  más  autorizada  del  Tribunal, utilizando la causal de  casación  aducida  apenas  como  pretexto  para  cubrir  la  exigencia legal de  precisar  el tipo de violación y su naturaleza, pero desviando completamente la  fundamentación,  al extremo que, finalmente, confunde  en  su  tesis varias formas de violación, pero no aborda adecuadamente ninguna,  limitándose  a controvertir la credibilidad dada por las instancias a la prueba  de  cargos, a partir de una visión asaz interesada de  lo que los medios suasorios entregan.   

         Yerra   profundamente   el   casacionista  cuando  anuncia  que  la  violación  del  Tribunal  se  hace radicar en un error de hecho por  falso  juicio  de identidad, pero a renglón seguido se ocupa  de  controvertir  la valoración dada por el Ad quem a las pruebas, con lo cual,  evidentemente,   ingresa   en   el   umbral   del   error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

         Y  la  diferencia  entre ambos errores o violaciones es sustancial,  pues,   en   el   primer   caso,   falso   juicio   de  identidad,  lo  que  se  controvierte  es  la  lectura  objetiva  que  sobre lo  expresado  por  el  medio de prueba hizo el funcionario judicial, a la manera de  entender  que se cercenó lo que el medio dice, se le  agregó    un   apartado  inexistente  en el mismo, o se tergiversó  su  contenido,  todas  formas  diferentes de violación que deben  necesariamente  demostrarse  a  través del expediente si se quiere elemental de  transcribir  textualmente  lo  que  el testigo dice, para el asunto examinado, y  después  referenciar  también de forma textual   lo  que  el  Tribunal  leyó,  en el entendido que la  simple  comparación permite, por tratarse de una verificación objetiva, que no  valorativa, determinar ostensible e incontrastable el yerro.   

         Ya   luego   es  necesario  atender  al  tópico  de trascendencia, argumentando en torno de lo  que  la  violación produce respecto del acervo general de pruebas, para lo cual  se  hace  imprescindible examinar de nuevo todo el conjunto probatorio a efectos  de,  examinada adecuadamente la prueba o pruebas, determinar el cambio favorable  que demanda casar la sentencia.   

         Nada  de  ello  realizó el demandante, huelga resaltar, pues, como  se  anotó,  su  discurso, eminentemente genérico no  supera  el alegato de instancia, sin ocuparse de determinar en concreto cuál es  el     yerro     o    violación    atribuido    al  Tribunal.   

         Y  si  se dijera, como en la práctica ocurre, que lo criticado por  el  demandante  es la valoración que a los medios de prueba dio el Tribunal, el  tema  deriva  hacia  el  falso  raciocinio,  en  cuyo  caso se hace menester, no  apenas,  como  se  evidencia  en  el  escrito  impugnatorio,  adelantar  un  muy  particular  examen de esos elementos que se contraponga al del Ad quem, pues, se  repite,  ello  pasa  por  alto  que  en  sede  casacional no basta el alegato de  instancia,  en  tanto,  los fallos llegan prevalidos de una doble presunción de  acierto   y   legalidad   que  los  blinda  frente  a  posiciones    contrarias,    así   parezcan   más   elaboradas,   sino  que  se  requiere verificar dentro de las normas regulatorias  de  la  sana  crítica,  si el yerro consiste en pasar por alto las reglas de la  experiencia,             principios    de    la    lógica   o  fundamentos  científicos,  discriminando el yerro  específico  respecto  de cada prueba,  advirtiendo cómo se pasó por alto  o  aplicó  indebidamente  el principio, regla o fundamento, señalando cuál de  ellos  es  el adecuado y, finalmente, adelantando un nuevo análisis conjunto de  la prueba, para delimitar la trascendencia del yerro.   

         Ahora,   si  el  Tribunal,  siguiendo  los  mismos  derroteros  del  despacho  de  primer  grado, fundó la condena por el delito de falso testimonio  en  que lo expresado por el acusado dentro del proceso civil no se aviene con la  verdad,  como  quiera  que  si  realmente   fuese  el  propietario    de    los  porcinos,   cuando   menos  habría  de  conocer  su  cantidad,  o  hubiese  aceptado  pagar  la  caución  exigida  para adelantar el  incidente  por  él  propuesto en esa presunta calidad de propietario, a más de  que  fue  desmentido  por quien dijo él supuestamente transportó los animales,  la  controversia,  en  el  ámbito  del  recurso extraordinario de casación, no  puede  limitarse a tratar de explicar por qué el procesado no recuerda aspectos  fundamentales,  o  a  introducir,  sin ningún soporte  probatorio,  la tesis de que el transportador pudo ser  otro,  por  la potísima  razón   que  con  una  dicha  fundamentación  nada  verifica  en  punto de las violaciones trascendentes que habilitan derrumbar las  sentencias.   

        En  consecuencia,  ante  las ostensibles falencias que comporta la  fundamentación del primer cargo, este debe ser inadmitido.   

        Cargo Segundo   

        El  tipo  de  controversia  que  por  la  vía de la incongruencia  plantea  el  casacionista  parte  de  su  desconocimiento de la figura, advertida como se halla la Corte de  la   completa  inanidad  del  hecho  que  plantea  como  violatorio  del  debido  proceso.   

        En  efecto,  si  lo discutido no es que al procesado se le hubiese  condenado  por  un  delito  distinto a aquel objeto de acusación, y ni siquiera  que  se  le  despejasen  agravantes o cualesquiera circunstancias más gravosas,  evidente    asoma   la   impropiedad   del   cargo,  sencillamente,  porque  lo referido a las investigaciones que puedan adelantarse  en  contra  del  procesado,  por  un  delito  distinto,  y otras personas, asoma  completamente  accesorio  y  ajeno  al  objeto  central del fallo, a más de que  ninguna afectación específica causa.   

        Por  lo  demás, apenas natural resulta que  si en el decurso  del  juicio  el  funcionario  judicial  advierte  la  existencia  de  un posible  delito, tome las medidas  necesarias  para  que este  se investigue, conforme el imperativo legal que  así    se    lo    impone,   dispuesto    en    el    artículo   417   del  C.P.   

        No  son  necesarias mayores precisiones, evidenciado el desacierto  de  lo  planteado  por  el   casacionista en el segundo cargo de su libelo,  para         inadmitir        su        propuesta        casacional.                 

        En  suma, natural y necesaria emerge la  inadmisión  de  la  demanda  cuando, a la par con la  ausencia  de  fundamentación de los cargos, también  la   verificación   de   todo   lo   actuado   permite   advertir   que  no  se  materializaron     circunstancias   que   hagan  imperiosa la intervención oficiosa de la Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el  defensor  del procesado  JUAN CARLOS DIAZ MARÍN.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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