31710(09-09-09).doc sentencias de conductas punibles

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31710  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Aprobado Acta No. 283  

Bogotá.  D.C.,  nueve (09) de septiembre de dos mil nueve  (2009).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala  si es procedente admitir la  demanda  de  casación  excepcional  presentada  por el defensor de Carlos  Alirio  Ruiz  Fandiño,  contra la  sentencia  dictada  el  28  de noviembre de 2008 proferida por la Sala Penal del  Tribunal Superior de Cali.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  7  de  marzo  de  2006  Olga   Lucía   Jaramillo  Gómez  en  su  calidad  de  funcionaria  del  Grupo Interno de Trabajo de la Unidad Penal de la  Administración   de  Impuestos  Nacionales  de  Cali,  denunció  penalmente  a  Carlos    Alirio   Ruiz   Fandiño   representante  legal  de  la  Sociedad  Administración  Asesoría  Inmobiliaria  y  Cobranza  -AAINCO  LTDA-  por  el delito de omisión del agente  retenedor  o recaudador, por el no pago de las sumas recaudadas por concepto del  impuesto  al  valor  agregado  IVA  durante  los  períodos  que se relacionan a  continuación:   

CONCEPTO             

AÑO             

PERIODO             

VALOR  

Ventas   

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas  

Ventas            

2001   

2001  

2001  

2001  

2002  

2003  

2003  

2003  

2003  

2004  

2004  

2004            

01   

02  

05  

06  

01  

02  

04  

05  

06  

01  

02  

03            

$103.000   

$96.000  

$215.000  

$385.000  

$282.000  

$15.000  

$295.000  

$268.000  

$297.000  

$332.000  

$276.000  

$252.000  

TOTAL             

$2.816.000  

2. La Fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos,  vinculó  a  Carlos  Alirio  Ruiz  Fandiño  al  proceso mediante indagatoria,  y el 23 de octubre de 2006 calificó el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  de acusación por el delito  omisión   del   agente   retenedor   o  recaudador1,    decisión   que   cobró  ejecutoria    el    9   de   noviembre   de   20062.   

3. El 4 de julio de 2007, el Juzgado 3° Penal  del  Circuito  de  Cali  condenó al acusado a la pena principal privativa de la  libertad  de  47  meses de prisión, a la accesoria de inhabilidad de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo  de  la  pena  principal,  multa de  $6.144.000  y  al  pago  de perjuicios materiales  a favor de la DIAN por $  2.816.0003.   

4.  Apelado  el fallo por la defensa, la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali  lo  confirmó  el  28  de noviembre de  20084.  Inconforme con esta decisión, el apoderado del condenado recurre  en casación excepcional.   

LA DEMANDA  

El  defensor  plantea  la necesidad de que la  Corte  desarrolle  jurisprudencia  en  el  sentido  de  determinar  “en  qué  casos  específicos existe vulneración efectiva de un  tipo  penal,  cuando  la  cuantía  del  ilícito  no  supera un salario mínimo  mensual legal”.   

Con fundamento en el numeral 1° del artículo  207  del  Código de Procedimiento Penal formula un cargo contra la sentencia de  segundo  grado  por  violación  directa  del  artículo  402  del Código Penal  (omisión  del  agente  retenedor  o  recaudador)  por  indebida aplicación del  artículo 11 (Antijuricidad) de la misma normatividad.   

Considera  erradas  las  apreciaciones  del  Tribunal  Superior  en  las  que  asume  que  el  comportamiento de Carlos    Alirio   Ruiz   Fandiño   puso  efectivamente  en  peligro el bien jurídicamente tutelado por el Estado. Afirma  que  su postura desconoce “por completo el principio  de  lesividad o antijuricidad material, y borrar de un tajo el denominado delito  de  bagatela,  para  disponer  que todo comportamiento agotado por irrisorio que  fuera  deberá  tener una intervención del Estado a través de los jueces de la  república,  con  la  emisión  de  una  sanción  punitiva, porque con ello, el  mensaje  de  la  sociedad  es  diáfano  de   que   todo  acto  delictivo   es  derechoso  (sic)   a   una   sanción   represora,  congestionando   de   esta   manera   más  la  Administración  de  Justicia  y  retrotrayéndonos   a   un  derecho  de  autor,  superado  a  este  modelo   actual  de justicia.”   

Asegura que la antijuricidad material excluye  el  daño  insignificante al bien jurídicamente tutelado en la ley, por eso las  sumas  de  dinero  irrisorias  dejadas  de  consignar   por el procesado no  están  dentro  de ese concepto por cuanto las mismas no alcanzaron a sobrepasar  un  salario mínimo mensual para predicar un daño efectivo al tipo penal por el  cual  fue  condenado  el  señor  Carlos  Alirio  Ruiz  Fandiño.   

Se pregunta el censor: ¿será que los dineros  apropiados    por    el    condenado    lesionaron  gravemente  las  finanzas  de  la Nación o que sin esos  dineros,  es  imposible  la realización de alguna obra o se dejaron de cancelar  obligaciones  por  parte  del Estado cuando el mismo Tribunal las catalogó como  irrisorias?  obviamente que no, pues esas cifras no son representativas para las  finanzas de la Nación.   

Es imperativo afirmar que por la cuantía del  presente  caso,  no  es  posible  predicar  un daño efectivo a las finanzas del  Estado,  todo  lo  contrario,  hay  que  aceptar  que  se  trató de una lesión  insignificante  y  justamente  por  eso,  la  tutela  penal no resulta oportuna,  acorde  con  el  principio  de intervención mínima de la facultad punitiva del  aparato estatal.   

Concluye  el censor afirmando que la conducta  imputada  a  Carlos  Alirio Ruiz Fandiño no   reúne   las   condiciones   intrínsecas   atribuidas   a   la  antijuricidad  material,  razón  por  la cual el Tribunal Superior vulneró las  garantías  fundamentales   porque  finalmente  lo  condenó   por  un  comportamiento que no tenía entidad de punible.   

Solicita casar la sentencia impugnada y que en  su  lugar  se  profiera fallo absolutorio, por ausencia de antijuricidad material.     

CONSIDERACIONES  

Cuando  la  casación  se  intenta  por  vía  excepcional,  requiere  que el actor cumpla con la carga de expresar los motivos  por  los  cuales  considera que se ha violado una garantía fundamental o que se  hace  necesario  desarrollar  la  jurisprudencia,  pues sólo a estos eventos se  restringe    la    posibilidad    de    admisión    de    esta   modalidad   de  casación.   

Si  lo  que  se  pretende  es el desarrollo  jurisprudencial,  como sucede  en  este  caso,  el  casacionista  está  obligado  a exponer una argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar  si  lo  que  pide  es:  (i) la unificación de  posiciones  encontradas  sobre  el  particular,  (ii)  la  actualización  de la  doctrina  hasta  el  momento  imperante,  (iii) el pronunciamiento sobre un tema  aún  no  desarrollado  y  (iv)  de qué manera la decisión que va a adoptar la  Corte  presta  el doble servicio de solucionar adecuadamente el caso y de servir  de guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

Esta tarea implica, poner de presente el grado  de   dificultad  que  representa  para  los  jueces  el  estudio  del  tema,  su  complejidad  conceptual,  la  falta de claridad en su definición, y en fin, las  razones  de  origen  general  y  particular  que  justifiquen  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte,  precisiones  que  se tornan  necesarias para  poder  valorar  la  seriedad  de  la  demanda  y  concretamente, las razones que  justifican su pronunciamiento por vía jurisprudencial.   

Cumplidos estos requerimientos, corresponde al  demandante  presentar  la fundamentación concreta de la censura, respetando las  reglas  técnicas  de formulación, desarrollo y demostración del cargo, según  las  exigencias  lógicas  de  causal invocada y el modo de violación de la ley  sustancial.   

En el caso analizado, el demandante justifica  la   intervención   excepcional   de   la   Corte  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, en los siguientes términos:   

“…  es  necesario  que  nuestro Máximo  Tribunal  en  lo  Penal, se pronuncie acerca de estas conductas que por el monto  económico   no  deben  ser  objeto de una protección del Derecho Penal, y  mucho  menos como en el presente caso en donde el ofendido es la Administración  Pública,   delineando   la   Honorable   Corte   Suprema  de  Justicia  con  su  pronunciamiento  en  qué  casos específicos existe vulneración efectiva de un  tipo  penal,  cuando la cuantía del ilícito no supera un salario mínimo   legal  mensual,  y  si  por  el  hecho  de encontrarnos  ante un injusto de  OMISIÓN  DEL  AGENTE  RENEDOR O RECAUDADOR (sic) definido en el art. 402 del C.  Penal,  la  cuantía no tiene ninguna incidencia  en el juicio de tipicidad  o  por  el  contrario  debe  dársele   el mismo tratamiento de la cuantía  definido  en  el  del  PECULADO  POR  APROPIACIÓN,  es  decir,  desarrollar  la  jurisprudencia  en  torno  a  los  injustos  que por su poca monta económica no  alcanzan  a  vulnerar  un bien jurídico tutelado por el Estado (antijuridicidad  Material)”.5   

Estas  razones  no  ameritan la injerencia de  esta  Corporación, pues el censor pide “desarrollar  la  jurisprudencia  en  torno a los injustos que por su poca monta económica no  alcanzan  a vulnerar el bien jurídico”, pero no dice  si  el problema radica en la existencia de posiciones encontradas sobre el punto  que  deben  ser  unificadas,  o  en  la  necesidad  de  renovar tesis jurídicas  desactualizadas,  o  en la conveniencia de fijar una postura doctrinal alrededor  de un tema, aún no desarrollado.    

Lo   único   que   se   infiere   de   sus  argumentaciones   es   que   está   inconforme   con   el  juicio  positivo  de  responsabilidad  realizado  por  los  juzgadores  de  instancia,  y  que  en  el  propósito  de   continuar  discutiendo sus decisiones, acude a plantear la  necesidad  de  que  la  Corte  estudie el tema y desarrolle la jurisprudencia, a  partir,  no  de  demostrar  la  existencia  de  una  confusión o confrontación  doctrinal  generalizada  alrededor  del tema de la lesividad del bien jurídico,  sino  de  una  postura  muy  personal, que nace del interés que tiene en que el  caso le sea resuelto favorablemente.     

Tan  subjetiva  es la tesis del casacionista,  que  opta  por  tomar como referente para definir la lesividad de la conducta en  esta  clase  de  delitos,  el monto de un salario mínimo legal mensual vigente,  sin  explicar  de  dónde  nace  o  por  qué  debe  acudirse a esa particular y  caprichosa  diferenciación  cuantitativa para determinar la antijuridicidad del  comportamiento,  ni  qué  tiene  que  ver  ese  referente con la lesividad o no  lesividad del bien jurídico de la administración pública.   

La Corte asume que toma ese valor, y no otro,  para  que  todas  las  apropiaciones  que  se le imputan al procesado en el caso  en    estudio,   individualmente  consideradas,  queden  cobijadas  por  su  exótica  tesis,  lo  cual viene a confirmar lo ya dicho sobre la falta de rigor  sustancial  del  cargo,  más  aún  si  se  tiene  en cuenta que el actor omite  considerar   interesadamente   que  su  defendido  fue  condenado,  no  por  una  apropiación  en  cuantía  inferir  a  un  salario mínimo, sino por múltiples  apropiaciones, que superan ampliamente dicho límite.   

Hacer  depender  la  antijuridicidad  de  la  conducta  en  esta  clase  de  delitos,  de  la cuantía de lo apropiado, y más  concretamente,  del  monto  del  salario  mínimo,  como  lo  propone el censor,  desconoce  que  lo  protegido  a  través  de  la  norma es la indemnidad de los  dineros  estatales,  y  que a nivel de antijuridicidad formal y material amerita  igual  reproche  quien se apropia de pequeñas cantidades, como quien lo hace de  grandes valores, o quien decide esquilmarlos a cuenta gotas.   

En  síntesis,  lo  que  se  evidencia es la  intención  de  utilizar el recurso extraordinario de casación como una tercera  instancia  para  continuar  haciendo  reparos  indiscriminados  a los fallos, lo  cual   resulta  inane  en  esta  sede, de una parte, porque la sentencia de  segunda  instancia  se  halla  amparada  por  la  doble presunción de acierto y  legalidad,   y   de   otra,  porque  la  casación  solo  procede  frente  a  la  demostración   específica   y   concreta   de   errores   in  iudicando  o  in  procedendo.   

Como  la demanda, de acuerdo con lo que se ha  dejado  visto,  no  cumple  las exigencias mínimas para su estudio de fondo, en  cuanto  no  demuestra  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  la  protección  de  garantías  fundamentales o el desarrollo de la jurisprudencia,  ni  acredita  la existencia de errores en la definición del caso, se dispondrá  su  inadmisión,  de  acuerdo  con  la  consecuencia  procesal  prevista  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

CASACIÓN OFICIOSA  

La  Corte ha sostenido que la inadmisión de  la  demanda  de casación no ahoga la posibilidad de una intervención oficiosa,  cuando  se  advierte el desconocimiento de garantías fundamentales, al respecto  ha dicho6   

:  

“Ha venido considerando la jurisprudencia  mayoritaria  de  Sala  que  cuando  se  inadmite la demanda de casación pero se  advierte  la vulneración de una garantía fundamental que imponga su ineludible  corrección,  la Corte, previamente a pronunciarse al respecto, disponía correr  traslado   al   Ministerio   Público   para   que   emitiera   su  concepto  al  respecto.   

Sin  embargo, encuentra la Sala que en aras  de  los postulados de pronta y eficaz administración de justicia, lo lógico es  que  advertida la irregularidad que atente contra las garantías de los derechos  fundamentales,  sin  correr  traslado  al  Ministerio  Público,  se  subsane de  manera  inmediata,  con el  fin  de  reparar  el  agravio inferido, máxime cuando la Constitución y la ley  impone    a    la   Corte   Suprema   de   Justicia   efectivizar   el   derecho  material.   

Por    consiguiente,    recogiendo   la  jurisprudencia  sentada  al  respecto, la Sala procederá a pronunciarse en este  caso sobre la afectación de un derecho fundamental”.   

En  el  presente  asunto,  la  Fiscalía  92  Seccional  de Cali profirió resolución de acusación en contra de Carlos  Alirio  Ruiz Fandiño por el delito  de  omisión  del agente retenedor o recaudador, “en  calidad   de   autor,  respecto  del  impuesto  de  ventas  año  2001  periodos  01,02,05,06,   año   2002   periodo   01,   año   2003   periodo  (sic)  02,04,05,06  y  año 2004 periodo  (sic) 01,02,03 conformidad  con  las  consideraciones precedentes, de acuerdo a los artículos 395 y 397 del  C.P.P.”,  sin indicar que  se procedía por un concurso de delitos.   

El  juez  de  primera  instancia,  al dictar  sentencia,  condenó  al  procesado  a  la  pena de 47 meses de prisión y multa  de   $6.144.000  al  hallarlo  responsable  de  12  delitos de omisión del  agente    retenedor   o   recaudador,   agotados   en  concurso,  en  decisión  que  fue  confirmada  por el  Tribunal al desatar el recurso de apelación.   

La Sala observa que el Juzgado 3° Penal del  Circuito  de  Cali  desbordó  los  marcos  de  la resolución de acusación, al  deducir  en  la  sentencia  condenatoria  un  concurso de conductas punibles, no  imputado  por la Fiscalía al momento de calificar el mérito del sumario contra  el  procesado,  con vulneración flagrante del principio de congruencia, y de la  estructura  conceptual  del  proceso,  que  se  reflejó  en  la tasación de la  pena.   

En efecto. En el proceso de dosificación el  a  quo  concretó  la  pena  privativa  de  la  libertad  a partir del mínimo a  imponer,  es  decir  36  meses  de  prisión  y  la  aumentó  en  11 meses más  “por   los   11   delitos   de  la  misma  especie  concursantes”,   para  un  total  de  47  meses  de  prisión.  Y  en  lo  que  respecta a la multa tomó el doble de lo apropiado ($  2.816.000  x 2=$ 5.632.000) y  lo   aumentó   en   la  misma  proporción  ($  5.632.000  /  11=  $512.000)    para   un   total   de   $  6.144.000.   

Con el fin de enmendar el error advertido, la  Sala  casará  parcialmente,  de  manera  oficiosa, la sentencia impugnada, para  modificar  las  penas principales de prisión y de multa impuestas al procesado,  en  el  sentido de eliminar los incrementos por concepto del concurso endilgado,  y  fijar  la  pena  privativa  de  la  libertad  en  36  meses   de   prisión  y  la  multa  en  $  5.632.000. En el mismo tiempo de la pena  privativa  de la libertad queda tasada la pena accesoria de inhabilitación para  el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

Lo   anterior  hace  imperioso  revisar  la  viabilidad  de  conceder la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  en los términos del artículo 63 del estatuto sustancial.   

El primer requisito (objetivo) exigido por la  norma  se encuentra demostrado automáticamente con la modificación oficiosa de  la  pena privativa de la libertad, y para la verificación del segundo requisito  (subjetivo)  se  mantienen  los  mismos  parámetros que permitieron conceder el  beneficio  de la prisión domiciliaria  a favor del procesado: “…  como  lo  certificase  la  foliatura, el procesado, a (sic)  comparecido  o  ha intentado comparecer oportunamente al proceso, las veces  que  se le ha solicitado, acreditando también sus arraigos familiares, sociales  y  laborales, del mismo modo es evidente que no reporta en su contra alguna otra  sentencia  condenatoria,  que nos diga ó refleje que de él existe la necesidad  de      ejecutar       algún      tratamiento       de      carácter  penitenciario.”7.   

Tales aspectos permiten inferir que no existe  necesidad  de  ejecución  de  la  pena,  razón por la cual se le concederá la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena por el término de dos (2)  años.   

Por consiguiente, deberá suscribir diligencia  de  compromiso  en los términos del artículo 65 del Código Penal ante el Juez  de  primera instancia y garantizar el cumplimiento de las obligaciones impuestas  en  dicha  norma  mediante  la  caución  fijada  en  la  sentencia  de  primera  instancia.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

Primero. INADMITIR  la  demanda  de  casación  excepcional    presentada   por   el   defensor   del   procesado   Carlos Alirio Ruiz Fandiño.   

Segundo.     CASAR     OFICIOSA     Y  PARCIALMENTE  la  sentencia impugnada para excluir los  incrementos de pena efectuados por razón del concurso.   

Tercero.  Declarar  que   el   procesado   Carlos  Alirio  Ruiz  Fandiño  queda  condenado  a  la pena principal de treinta  y  seis  (36)  meses de prisión y  multa  de  $5.632.000. En el  mismo  término de la pena privativa de la libertad queda fijada la accesoria de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas.   

Cuarto.  Otorgar al  sentenciado  Carlos  Alirio Ruiz Fandiño el  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  por  un  término de dos (2) años, para lo cual deberá suscribir ante el  Juez  de primer grado diligencia de compromiso en los términos del artículo 65  del  Código  Penal  y  prestar  caución  por  valor  fijado en la sentencia de  primera instancia.   

Quinto. PRECISAR que  en lo demás el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Notifíquese y Cúmplase  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Comisión de servicio  

                     

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO                                                                   MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS       

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                                              JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS     Comisión de  servicio   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                                                       JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

Permiso  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Folios 70-77 Cuaderno Juzgado.   

2 Folio  194 Idem.   

3  Folios 143-169 Idem.   

4  Folios 194-206 Idem.   

5 Folio  223 cuaderno tribunal.   

6  Casación 26967 del 12 de septiembre de 2007   

7 Folio  167 cuaderno original.     

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