31584(08-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  31584   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 209.   

Bogotá D.C., julio ocho (8) de dos mil nueve  (2009).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas,  lógicas   y  argumentativas  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  IVÁN    DAVID    ARANGO    ALARCÓN   con   el  propósito  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior de  Cali,  de  fecha noviembre 25 de 2008, a través de la cual confirmó la dictada  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de la misma ciudad el 6 de diciembre  de  2006  que  condenó  al mencionado por el delito de homicidio agravado en la  persona  de  José  Luis  Estrada Orjuela.     

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  los  juzgadores de instancia, de la siguiente forma:   

“Tuvieron  su   ocurrencia  el 25 de  diciembre   (del  año  2004,  se  aclara),  siendo  aproximadamente  las  diez  y media de la mañana (10:30  a.m.),  cuando  frente al inmueble ubicado en la calle 72 K No. 4N-10 del barrio  Floralia    de    esta   capital   (Cali),  se  presentó  una  riña  entre  el  joven  José  Luis Estrada  Orjuela,  e  IVÁN  DAVID  ARANGO ALARCÓN y el primo de éste José Luis Arango  Cabrera,  en  cuyo  desenlace  el primero de los nombrados recibió tres heridas  con   arma  blanca,  una  de  ellas  de  carácter  mortal,  al  interesarle  el  ventrículo  izquierdo,  razón  por  la  cual finalmente fallece”.   

Decretada la apertura formal de instrucción,  se  escuchó  en  indagatoria  a  IVÁN  DAVID ARANGO  ALARCÓN, quien fuera capturado en su residencia pocos  minutos  después  de  ocurridos  los  hechos, definiéndose  su situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, sin beneficio  de excarcelación, por el delito de homicidio agravado.   

Concluida  la fase instructiva, se calificó  su  mérito  el  30 de enero de 2006 con resolución de acusación en contra del  aludido  ARANGO ALARCÓN como  posible    coautor    del    delito    de    homicidio   agravado   “descrito  y  sancionado  en  el  Código  Penal  en el Libro II,  Título   I,   capítulo   II,   artículo   103,  104-7…en  la  modalidad  de  dolo”.   

Contra   la  anterior  determinación,  el  defensor   del  procesado  interpuso  recurso  de  apelación,  siendo  desatado  posteriormente  por  la Fiscalía Novena Delegada ante el Tribunal de Cali el 21  de marzo del mismo año, en el sentido de confirmarla.   

Para el adelantamiento de la fase del juicio,  el  proceso  se asignó al Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Cali, donde  una  vez surtido el trámite de ley, se dictó sentencia de primer nivel el 6 de  diciembre  siguiente,  en  virtud  de  la  cual  condenó al acusado  IVÁN DAVID ARANGO ALARCÓN como coautor  penalmente  responsable  del delito de homicidio agravado (artículos 103, 104-7  del  C.P.)  a  la  pena principal de trescientos (300) meses de prisión y a las  accesorias  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  período  de  veinte (20) años e inhabilitación en el ejercicio de la  patria  potestad  por  diez  (10)  años,  al  tiempo que lo condenó al pago de  perjuicios  morales  en  las  sumas  establecidas  y le negó el subrogado de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  el  defensor  del  procesado  interpuso  recurso de apelación, sobre el cual se  pronunció   el   Tribunal  Superior  de  Cali  el  25  de  noviembre  de  2008,  confirmándola.   

Dentro del término de ejecutoria del fallo,  el  mismo  sujeto  procesal  lo recurrió extraordinariamente, mediante demanda,  sobre cuyos presupuestos de admisibilidad se ocupará la Sala.   

     

LA DEMANDA  

El  censor  formula  dos  cargos  contra  la  decisión  impugnada.  El  primero,  con fundamento en la causal primera, motivo  segundo,  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000 y, el segundo, invocando la  “causal   segunda”,   por   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial.   

1.   Primer  cargo.  Causal  primera.  Violación indirecta, error de hecho por falso raciocinio:   

Para  el actor, este yerro se configuró por  “la  aplicación  equívoca  de una norma, de donde  partió  la  instructora  para  soportar  su resolución de acusación No. 10 de  enero  30  de  2006  y  que  el  Honorable  Magistrado  Ponente  debió entrar a  cuestionar,  declarando  la  nulidad de la misma teniendo en cuenta las casuales  del  artículo  306  de  la  Ley  600  de  2000 y así mismo el artículo 397 en  concordancia   con   el   postulado   del   artículo  232  del  mismo  estatuto  procedimental”.   

Acto  seguido,  señala  que  si  bien  los  juzgadores   tuvieron   en  cuenta  el  protocolo  de  necropsia,  al  sopesarlo  “lo  malinterpretan,  y  le  dan  un sentido que no  tiene”,   vulnerando  los  postulados  de  la  sana  crítica,  las  reglas  de  la  lógica, las máximas de la experiencia común y  los   “postulados  de  la norma”, incurriendo en el error referido.   

En el acápite que denomina demostración del  cargo,  aduce  que  la  instructora en la resolución de acusación “debió  tener  una  mejor y acertada comprensión no sólo de la  norma sino de quien se estaba juzgando”.   

Luego alude a la prueba pericial en comento,  respecto  de la cual señala que “se tiene sobre las  causa  (sic) de la muerte de  la  victima (sic) se proclama  como  elemento  necesario  en la comprobación de la ocurrencia del delito, como  una  parte  integral  de  los  elementos de prueba, pero no una prueba misma que  señale     a     su     autor,     que     es    muy    distinto”.   

Lo  anterior,  añade,  porque  “estaba  claro  y  debidamente  comprobado  hasta  la saciedad no  sólo  por  la víctima sino por los demás concurrentes al lugar de los hechos,  testigos  precensiales (sic),  de  oídas  o de referencia que no fue IVÁN DAVID ARANGO ALARCÓN el que cobró  la  vida  de  José Luis Estrada Orjuela sino su primo José Luis Arango Cabrera  hoy    prófugo    de   la   justicia”.   

De  esa  manera considera que la funcionaria  instructora  debió  buscar elementos probatorios más contundentes que pudieran  demostrar  la  responsabilidad de su  defendido como coautor en el delito y  por  ello fue que “hasta recurrió a señalarlo como  indicio,  la  pelea,  las  patadas y golpes entre el victimario y su homicida, y  hasta  con ARANGO ALARCÓN queriendo comprometer a este, así las cosas, como no  pudo  encontrar  evidencias  comprometedoras,  hecho  mano  de un hecho fáctico  (sic),   que   si   bien  demostraba  la  ocurrencia  de  una  riña,  no  comprometía  necesariamente la  responsabilidad      del      acusado      en      el     injusto”.   

Concluye  de  lo  expuesto,  en  capítulo  especial, lo siguiente:   

“Si el Honorable Magistrado Ponente de la  segunda  instancia  hubiese  avocado  en  consideración la causal de indicio de  culpabilidad  por  parte  de  la  instructora  para  decretar  su interlocutorio  acusatorio,  y aceptado por la juez de primera instancia, y lo hubiese analizado  a  la  simple  luz  de  la  lógica,  no habría caído en el falso raciocinio y  llegar  por está vía a la conclusión de hallar responsable penalmente a IVÁN  DAVID  ARANGO ALARCÓN y, por ende, violar la ley sustancial por falso juicio de  raciocinio  al  no  tener  en  cuenta  los  requisitos  formales de que trata el  artículo  398 de la Ley 600 de 2000, y habría decretado la nulidad del proceso  hasta  la  parte  instructiva,  como lo señala el artículo 207 numeral 1 de la  Ley  600  de  2000,  en  concordancia  con  los  artículos 306, numeral 2 y 310  numeral 5 inciso 2 de la misma Ley”.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el  fallo  impugnado  “para en su lugar decretar la  nulidad   del   proceso   hasta   (sic)  la etapa de instrucción”.   

2.  Segundo  cargo.  “Causal  segunda”.  Violación    indirecta,    error    de    hecho    por    falso    juicio    de  existencia:   

Señala  el actor que se incurre en el yerro  anunciado     porque    el    a-quo    omitió  valorar  “las pruebas aportadas  por  los  testigos de conformidad al artículo 43, 234, 235, 238, 269, 277 de la  ley  600 del 2000” y, en sentido contrario, optó por  otorgarle  mayor  valor  a  otros  medios de convicción como los testimonios de  Luis  Andrés  Hinestroza  y  Myriam Narcisa Ortiz Montaño, “los cuales debieron  ser tachados de falsos e inadmisibles”.   

Luego de transcribir un aparte del testimonio  de   José   Miguel  Rentería  Góngora,  alude que de  su  contenido  el  juzgador  de  segunda instancia ha debido concluir (i) que el  procesado  no  le suministró arma alguna a José Luis  Arango,  (ii)  que  estos dos no constituyeron ninguna  empresa  criminal, como lo afirma el a-quo “pues por  el  contrario,  el  primero  trataba  de  separarlos  y  calmar  los  ánimos”  y, (iii) que “por la forma  en  que  el  homicida  atacaba al occiso debió haberse variado la calificación  jurídica  de  la  conducta  de  José  Luis  Arango  (el  homicida)  por  la de  preterintencional”.   

Acto seguido, realiza el mismo procedimiento  frente     al     dicho     de     Luis    Andrés  Hinestroza,   para   después  afirmar  que  los  dos  testimonios   aludidos,   conocidos  plenamente  por  la  juzgadora  de  primera  instancia,  “no  fueron tachados ni cuestionados ni  refutados  (las  afirmaciones  de Rentería Góngora), ni confronto (sic)  a  los  dos testigos (Luis Andrés  Hinestroza)  para  llegar  a  la  verdad  verdadera,  entonces sin saber quien o  quienes       estaba       (sic)      mintiendo  o  quien  o quienes diciendo la verdad como (sic)  pudo  haber  tomado  la  decisión  correcta,  y  qué clase de análisis hizo el juzgador de segunda instancia para  pasar  por  alto  todas esas inconsistencias, verdades o mentiras para confirmar  su sentencia”.   

Añade  que  en  cuanto  al  testimonio  de  Myriam    Narcisa    Ortiz    Montaño  también  quedó demostrada su falsedad al confrontar su dicho con  el     de     Carlos    Julio    Prieto.   

Por  lo expuesto, según el casacionista, el  sentenciador  de  segunda  instancia  ha  debido  inferir:  (i) que Luis  Andrés  Hinestroza  no estaba en el  lugar   de   los   hechos,   (ii)   que   si   “el   homicida”  José   Luis  Arango  blandía  un  arma,  resulta  extraño  que  abandonara  el  lugar  dejando  a  su  amigo a merced de  “dos  borrachos  y  bajo  el  efecto  de las drogas  (folio  59)  uno  de  ellos  armado”  y, (iii) que la  “juzgadora  de  primera  instancia  no debió darle  crédito  a  las  afirmaciones  de  madre e hijo, Myriam Narcisa Ortiz Montaño,  quien   junto  con  su  mintieron  (sic)  al  decir  el  uno  que  se encontraba en la escena del crimen y la  otra  por  declarar cosas inexistente (sic)”.   

Fue  así  como, a su juicio, se vulneraron,  los  artículos  43, 234, 235, 238, 269 y 277 de la Ley 600 de 2000 “y  el  juzgador de segunda instancia corrobora estas violaciones  al  no  cuestionar  el  análisis  de  los  mismos, contrario a la sana crítica  plasmados   (si)   en  el  artículo   277   de   la   ley   600   de   2000,  y  los  acepto  (sic)    al   confirmar   la   sentencia  recurrida”.   

Si  los  juzgadores, prosigue, hubieran sido  más   analíticos   “y   hubiesen   aplicado  los  principios  de  la  sana  crítica  hubiese  sin ninguna dificultad llegado a la  conclusión    de    establecer    una    duda    razonable    a    favor    del  procesado”,  razón  por  la  cual solicita casar el  fallo  impugnado  para,  en  su  lugar, “decretar la  aplicación  del  artículo  7°  de  la  Ley  600  de 2000 o in dubio pro reo y  concederle    la   libertad   incondicional   e   inmediata   a   DAVID   ARANGO  ALARCÓN”.       

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Desde  ya  se anuncia que la decisión que corresponde  adoptar  en  relación  con  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del  procesado  IVÁN  DAVID  ARANGO ALARCÓN es   la  de  su  inadmisión,  pues  es  claro  que  no  cumple  los  presupuestos previstos en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000.   

          Conforme  reza  esta disposición procesal, la demanda de casación,  para ser admitida, deberá contener:   

“1.  La  identificación  de  los sujetos  procesales y de la sentencia demandada.   

2.  Una  síntesis de los hechos materia de  juzgamiento y de la actuación procesal.   

3.  La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las normas que el demandante estime infringidas.   

4.   Si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos separados.   

Es permitido formular cargos excluyentes de  manera subsidiaria”.   

Pues  bien,  el  tercero  de  los requisitos  contenidos  en  esta  preceptiva,  esto  es,  aquel  orientado  a  que el libelo  casacional  enuncie  la  causal,  formule  el cargo y exprese sus fundamentos en  forma  clara  y  precisa,  entendido por la Sala como la necesidad de que exhiba  una  argumentación  coherente, lógica y suficiente en orden a demostrar alguno  de  los  diversos  motivos previstos por el legislador para dar al traste con el  fallo   impugnado  -en  cuanto  no  es  de  su  resorte  desentrañar  ambiguas,  ininteligibles  o incomprensibles propuestas- es desconocido abiertamente en los  dos  reparos  de la demanda objeto de estudio, cuyos errores comunes permiten su  análisis    conjunto,   lo   cual   conduce   al   señalado   camino   de   la  inadmisión.   

En  esa dirección, comiéncese por reseñar  que  la  deficiente  y  deshilvanada  redacción de los dos cargos, dificulta en  grado  sumo  su  entendimiento,  apartándose  de  la obligación de exponer los  cargos  de  manera  clara  y  precisa,  como  lo exige el numeral referido de la  disposición  transcrita.              

Esta confusión se patentiza aún más en lo  conceptual,  tanto  para  establecer la causal origen de inconformidad, como sus  fundamentos, como lo exige perentoriamente el referido numeral.   

Así,   en   la   primera  cesura  resulta  contradictorio  que  no  obstante  invocarse  la  causal  primera  de  casación  del   artículo  207 de la Ley 600 de 2000 y de señalarse que el motivo de  inconformidad  es  la  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de un  error  de  hecho por falso raciocinio, en su contenido reiteradamente se señala  que  la  actuación  está viciada de nulidad, deprecándose, en su parte final,  “la   nulidad   del   proceso  hasta  (sic)        la       etapa       de  instrucción”.              

No menos ambigua es la propuesta del segundo  cargo,  en donde a pesar de invocar la causal segunda de casación de la última  normativa   referida,   prevista  para  “cuando  la  sentencia  no  esté  en consonancia con los cargos formulados en la resolución  de     acusación”,  en  el  mismo  enunciado  y  en  su desarrollo se hace  alusión  a  la  violación indirecta de la ley sustancial originada en un error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  esto  es,  a  un  predicado  que  corresponde a la causal primera y no a la invocada.   

En  este  cargo,  además, el yerro se torna  más  complejo, pues cuando se podría colegir que la verdadera intención es la  de  poner  de presente un error en la valoración probatoria, compatible en todo  caso  con  la  violación  indirecta de la ley sustancial, entremezcla varias de  sus  modalidades,  anunciando un falso juicio de existencia por su omisión y, a  la  par, un falso raciocinio por su valoración contraria a los postulados de la  sana crítica, los cuales, dicho sea de paso, nunca concreta.   

Estos  dos  errores  predicables de la labor  apreciativa  de  las  probanzas  son  contradictorios  cuando,  como  lo hace el  censor,  se  atribuyen  a  los mismos medios de prueba, puesto que constituye un  imposible  epistemológico  sostener  que  se  valora inadecuadamente una prueba  (falso  raciocinio)  que  no  se  ha  apreciado  (falso juicio de existencia por  omisión).   

Por  otra  parte,  la  contradicción  de la  segunda  censura  también se extiende al plano sustancial, al pregonarse que la  responsabilidad    ha    debido   deducirse   por   el   delito   de   homicidio  preterintencional  pero al tiempo se señala que al procesado se lo condenó con  violación  del principio in dubio pro reo.  Pretensiones  éstas que, por resultar excluyentes, a tenor de lo  dispuesto  en  el numeral 4° del artículo 207 citado y en aras de salvaguardar  el  principio  de  autonomía  regente  en  esta sede, han debido plantearse por  separado, para evitar incurrir en contradicción.   

       

Bastaría  con lo expuesto para sustentar la  inadmisión  de  la  demanda,  cuando quiera que, como ya se precisó y ahora se  reitera,  no  es  de  la  esencia  de  este medio extraordinario de impugnación  ocuparse de propuestas confusas e imprecisas.   

Sin embargo, surgen otras inconsistencias que  conducen hacia la misma conclusión y que bien está referir.   

En  primer lugar, llama la atención que se  controviertan  decisiones  que  no  son  objeto  del recurso de casación.   Así,  el primer cargo, prácticamente se dirige a cuestionar los fundamentos de  la  resolución  de  acusación,  pieza  procesal contra la cual, se insiste, no  procede  este  medio  de  impugnación  y,  en  el segundo, son mayoritarios los  cuestionamientos  a  la  labor  apreciativa del juzgador de primer grado, con lo  cual  no sólo se desconoce que por razón del recurso de apelación interpuesto  por  el  mismo sujeto procesal el Tribunal se ocupó ampliamente del tema, sino,  además,  porque  si  bien  la  dos  providencias conforman una unidad jurídica  inescindible,  cuyos fundamentos en su totalidad deben derruirse, no por ello se  debe  olvidar  que  la  sentencia  de  segunda instancia es la que constituye el  objeto del recurso extraordinario.   

Pero  el mayor desatino de la demanda surge  de  establecer  que  la  pretensión  del  defensor,  en  la dos censuras, está  encaminada  a cuestionar la prueba desde se estricta visión personal, como así  lo  pretende  respecto  de  la  apreciación  del protocolo de necropsia (primer  cargo)  y  en  torno a los testimonios de Luis Andrés  Hinestroza,  Myriam Narcisa  Ortiz   Montaño   y  José  Miguel  Rentería  Góngora (segundo cargo),  sin demostrar que en su valoración se  hubiera  incurrido  en  error alguno y como si este recurso extraordinario fuera  una instancia adicional del proceso.   

Con esa actitud, el actor no sólo deja sin  demostración  los  errores  formulados,  sino  que,  además,  atenta contra la  naturaleza    extraordinaria    del    recurso    de    casación   –en   cuanto   se   concentra   en  la  producción  de  errores  que  afectan  la  ilegalidad  o constitucionalidad del  fallo-  y desatiende la doble presunción de acierto y legalidad que lo gobierna  -en  cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador  sobre  la  opinión  subjetiva del recurrente-.   

La   sumatoria   de   las  incorrecciones  señaladas,  permite  a la Sala concluir razonablemente que la demanda no cumple  con  las exigencias contenidas en el numeral 3° del artículo 212 de la Ley 600  de  2000,  motivo  por  el cual, como se había anunciado en la parte inicial de  este  acápite considerativo, se impone su inadmisión  y la devolución del expediente al despacho de origen,  tal      como      lo      señala     el     artículo     213     ibídem.    

Casación oficiosa:    

Encuentra  la  Sala  que  en  el caso de la  especie  el  sentenciador  de primera instancia, cuando abordó las razones para  justificar  la  imposición  de  la  pena  accesoria  de      inhabilitación  para  el ejercicio de la patria potestad, en el acápite de las  “penas           accesorias”,   advirtió  textualmente:   

“Sin   que  se  aprecie  necesaria  la  imposición  de  cualquier  otra  sanción  accesoria,  se  le  impondrá  a los  sentenciados,  la  inhabilitación para el ejercicio de los derechos y funciones  públicas,  por  un  tiempo de veinte (20) años, y la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  la patria potestad, por el término de  diez  (10)  años,  pues no se puede concebir, que quien arremete contra la vida  de  sus  congéneres,  puede  tener la suficiencia moral para educar a sus hijos  menores  de  edad” (subraya  fuera  de  texto).   No  sobra  agregar que el ad  quem     ninguna    modificación    realizó    al  respecto.   

Exponer   una   justificación   para  la  aplicación   de   la  pena  accesoria  de  esta  índole,  configura  flagrante  violación  del  principio  de  legalidad,  en tanto ha sido el legislador quien  previamente  a la comisión de la conducta por la cual se procede ha definido de  manera  estricta  las  causales  que permiten la imposición de dichas penas con  carácter  de  accesorias,  pues, como se establece en el artículo 52 del C.P.,  este    tipo    de    sanciones    sólo    resultan   aplicables   “cuando  tengan  relación  directa  con  la  realización  de la  conducta punible”.   

Así  las cosas, no se remite a duda que la  suspensión  de esa prerrogativa, entendida por tal, según lo tiene definido de  antaño   la   Sala   de  Casación  Civil  de  esta  Corte,  como  “la  facultad  que  tienen los padres para representar a su hijo de  familia,  tanto procesal, como extraprocesalmente, así como para administrar su  patrimonio  y gozar de los frutos que éste produce”1,  no  guarda  relación con la  comisión  de  la  conducta  de  homicidio agravado en la persona de  José  Luis Estrada Orjuela, por la cual  se   condenó   al   procesado  IVÁN  DAVID  ARANGO  ALARCÓN.   

Además,  si  se  acudiera a la motivación  expuesta  por  el  ad-quem,  como     lo     tiene     decantado    la    Sala2,   no   sólo   habría   que  imponerla  automáticamente  en  todos  los  casos de homicidio o ante cualquier  atentado  contra la vida e integridad personal, incluyendo el delito de lesiones  personales,  sino,  con  la  misma  lógica,  prácticamente  frente a todas las  conductas  punibles,  en  virtud  de  la  amplitud  y subjetividad que ofrece un  concepto  como  el  de  “la insuficiencia moral para  educar  a  los  hijos menores de edad” que pregona el  juzgador.   

Conviene   igualmente   precisar  que  la  imposición  de  la pena en cuestión para el caso sub  examine  tampoco  encuentra  asidero  en los restantes  motivos  contenidos  en el artículo 52, esto es, en cuanto para la comisión de  la  conducta  delictiva  no  se  abusó  del ejercicio de la patria potestad por  parte  del  procesado,  ni  ella  facilitó  su  comisión,  ni  porque  con  su  restricción se previene la realización de conductas similares.   

En  consecuencia,  emerge  diáfano  que la  imposición  en  este  caso de la referida pena accesoria representa afectación  del  principio  de  legalidad,  razón  por  la  cual  imperativo se torna casar  oficiosa  y  parcialmente  el  fallo  con  el  objeto  de  restaurar  el derecho  conculcado   y   marginar   de   la  sanción  fijada  al  procesado  IVÁN  DAVID  ARANGO  ALARCÓN  la pena  accesoria  de  “inhabilitación para el ejercicio de  patria potestad, tutela y curaduría”.   

Resta   señalar  que  la  determinación  oficiosamente  adoptada  no  afecta  lo resuelto por las instancias en relación  con  la  condena  en  perjuicios,  ni  con  respecto  a lo decidido en punto del  subrogado  penal de la condena de ejecución condicional y que, en lo demás, el  fallo se mantiene incólume.   

RESUELVE  

          1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  IVÁN DAVID ARANGO  ALARCÓN,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

2.- CASAR OFICIOSA  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado  en  el sentido de marginar de la  sanción  fijada  al  procesado  IVÁN  DAVID  ARANGO  ALARCÓN   la  pena  accesoria  de  “inhabilitación  para  el ejercicio de patria potestad, tutela y  curaduría”,  por  las razones expuestas en la parte  considerativa                               de                              esta  providencia.           

         

         3.-  PRECISAR  que, en lo demás, el fallo  impugnado se mantiene incólume.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Permiso  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Sentencia de marzo 10 de 1987.   

2 Cfr.,  entre otras, sentencia del 3 de abril de 2008, rad. 26887.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *