31478(18-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31478   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 142.  

Bogotá,  D.C., dieciocho de mayo de dos mil  nueve.   

VISTOS  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la demanda de casación por cuyo medio el defensor de AMADEO  GÓMEZ  YEPES,  dice sustentar el recurso extraordinario que interpuso contra la  sentencia  de segundo grado proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  el  12  de  septiembre  de  2008,  mediante la cual confirmó el fallo  emitido  por  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de descongestión de la misma  ciudad,  el  31  de  julio  de  2007,  condenando  al mencionado procesado, como  responsable  del  delito  de  falsedad material en documento público, a la pena  principal  de  38  meses  de  prisión  y  accesoria  de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo lapso.   

HECHOS  

En  la  sentencia  de  primera  instancia,  quedaron consignados de la siguiente manera:   

“Por labores de inteligencia de la Policía  Metropolitana  de  Bogotá,  Grupo  de  Delitos  Especiales  de  la  Sijín,  se  determinó  que  el  apartamento  308  de  la  carrera  4 n° 19-78 del edificio  ‘Las  Vegas’  de  Bogotá  era  frecuentado por un  sujeto   conocido   como   alias   Pepe,   colaborador  del  Frente  43  de  las  autodenominadas   Fuerzas   Armadas  Revolucionarias  de  Colombia  –FARC-,  encargado de reclutar jóvenes  para la guerrilla.   

Por  lo  anterior, la Fiscalía 274 Delegada  ante  los  Juzgados Penales del Circuito decretó diligencia de allanamiento del  inmueble,  la  cual se adelantó el 21 de enero de 2003 en horas de la noche, en  su  desarrollo  se  encontró  el  pasaporte español n° 20021490-J a nombre de  DANIEL  PÉREZ  COLOMAR  pero  con  la fotografía de AMADEO GÓMEZ YEPES quien,  para la fecha, residía en el inmueble allanado”.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Por  los hechos anteriores, la Fiscalía 216  Local  de  Bogotá ordenó la práctica de investigación previa, el 30 de enero  de 2003.   

Con  resolución  del 10 de mayo de 2004, la  Fiscalía  135  Seccional de esta ciudad ordenó la apertura de la instrucción,  disponiendo  la vinculación de AMADEO GÓMEZ YEPES, quien fue declarado persona  ausente     el    20    de    enero    de    20051.   

Perfeccionada en lo posible la instrucción y  decretado  su  fenecimiento,  por  resolución  del 13 de mayo del mismo año la  Fiscalía  instructora  acusó  al  sindicado  como presunto autor del delito de  falsedad  material  en documento público, agravado por el uso, tipificado en el  artículo 287 de la Ley 599 de 2000.   

De  la  etapa  del  juicio  conoció,  en un  comienzo,  el  Juzgado 42 Penal del Circuito de Bogotá, despacho que evacuó la  audiencia  preparatoria  e  inició  la  pública  de  juzgamiento, acto que fue  culminado  por  su  homólogo 5° de Descongestión, el cual profirió sentencia  el  31 de julio de 2007, declarando penalmente responsable a AMADEO GÓMEZ YEPES  de  la  conducta  punible  por  la  cual  se  le  acusó  judicialmente,  aunque  desestimó la agravante contendida en el pliego de cargos.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A quo le impuso al procesado  las  penas  principal  y  accesoria  reseñadas  en  la  parte  inicial  de este  proveído,  se  abstuvo  de  condenarlo  al  pago  de  perjuicios,  le  negó el  beneficio  sustitutivo de la suspensión condicional de la ejecución de la pena  y le concedió el de prisión domiciliaria.   

El  fallo en comento, que fue apelado por el  defensor  del  sindicado,  lo confirmó íntegramente la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante sentencia del 12 de septiembre de 2008, la cual  fue    oportunamente    recurrida    en    casación   por   el   mismo   sujeto  procesal.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo      único:      violación  indirecta.   

Apoyado  en  la causal primera de casación,  prevista  en  el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, el defensor acusa a la  sentencia   de   segunda  instancia  de  haber  violado  indirectamente  la  ley  sustancial    -concretamente    del    artículo    232    Ib.-,    “por  error de hecho cometido en la apreciación de la prueba, lo  cual  condujo  a  la  aplicación  indebida  del  artículo 287 de la ley 599 de  2000”.   

En  orden a fundamentar su censura, sostiene  que  el  error  en la valoración probatoria por parte del fallador se presentó  “al  tergiversar el contenido fáctico EL DOCUMENTO  PASAPORTE  No.  20021490  J, que no fue usado, y no era un documento que pudiera  servir  de  prueba,  ni  que  pudiera  ser  utilizado  por  el  condenado,  para  identificarse,  o realizar trámite alguno, toda vez que lo único que tenía de  él  era una fotografía que inocentemente le pegó, montaje absurdo y tosco que  no  superaría  control  alguno,  sin intención de utilizarlo para cosa alguna,  simplemente  pretendía mostrarle a sus amigos el pasaporte y hacerles creer que  tenía ciudadanía española”.   

Critica el casacionista, a continuación, el  contenido  del informe pericial, dado que el perito, si bien afirmó la falsedad  del  documento,  “dejó  de  tener  la  calidad  de  público,  por  cuanto  no se usaba”. A pesar de esta  circunstancia,   agrega,  el  juzgador  “consideró  erróneamente  que  el  hecho  de  haber impuesto una fotografía a un pasaporte  encontrado   en  otro  país  constituía  su  falsedad  material”.        Esta        deducción,        concluye,       “constituye  una  distorsión  del medio de prueba y al principio  de  presunción  de inocencia”, pues, tratándose del  único  medio  de  prueba  en  contra  del  sindicado,  debió desvirtuarse a su  favor.   

Así,   insistiendo   en   que  lo  único  determinado  por  la  pericia  es  que el cambio en el documento examinado es su  fotografía,  el  demandante  reitera  que  no  se  logró  demostrar su uso, ni  tampoco   su  aptitud  probatoria.  De  ahí  que  el  Tribunal  haya  apreciado  indebidamente    la    prueba,    habida   cuenta   que   debió   concluir   lo  contrario.   

Considera  el  censor,  por  consiguiente,  errados  los  análisis  probatorios  de  las instancias, a partir de los cuales  derivaron  la  certeza  para  condenar,  razón  por la cual solicita se case la  sentencia  impugnada  y se profiera fallo absolutorio de reemplazo a favor de su  representado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cuestión previa.  

Teniendo   en   cuenta   que   el  recurso  extraordinario  de  casación  fue  interpuesto en contra de un fallo de segunda  instancia,  dictado  por  un  Tribunal Superior de distrito judicial, en proceso  adelantado  por  delito cuya pena máxima es de seis (6) años, es absolutamente  claro  que  el casacionista omitió por completo atender las previsiones legales  y  jurisprudenciales  que  se han trazado respecto de la casación discrecional,  situación   que,   por   sí   sola,   es   suficiente   para   desestimar   su  libelo.   

En  efecto,  debe  una  vez más reiterar la  Sala,  que  frente  a la casación excepcional, a más de las exigencias propias  de  este  mecanismo, se precisa de los mismos requisitos de procedibilidad de la  casación  común  u ordinaria, pues, conforme a lo establecido en el inciso 3º  del  artículo  205  del Código de Procedimiento Penal, dicho medio impugnativo  solamente  puede  proponerse  en  relación  con  los  fallos  de  segundo grado  proferidos  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar  en  procesos  adelantados  por delitos que tengan señalada pena  privativa  de la libertad cuyo máximo no exceda de ocho (8) años, o contra los  fallos  de  la  misma  naturaleza dictados por los Juzgados Penales del Circuito  sin  importar en estos eventos el quantum punitivo.   

En  ese  orden  de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  -ya porque no exista antecedentes sobre una materia, ora  porque  existiendo  hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque  es necesario  aclarar  algún aspecto- o para la garantía de los derechos fundamentales, caso  este  en el cual ha de especificarse el derecho fundamental objeto de quebranto,  señalando  el  medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual se origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración; valga decir, debe indicarse de  manera  concreta  en  qué consistió la violación y su influencia nociva en la  garantía,  que  no  permite  el goce o libre ejercicio del derecho fundamental,  pues,      como      lo     dijo     la     Sala2:   

“Como la necesidad  del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de los derechos fundamentales  surge  del  caso  concreto,  no  de una abstracta consideración de la Corte, es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal naturaleza,  previa   revisión   del  proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de juicios sobre la materia de inconformidad. Por ello, de manera  razonable,  se  exige  al  recurrente que escriba la motivación concreta que lo  impulsa  a interponer el recurso, referida a uno o a los dos fines exclusivos de  la  casación  discrecional,  única  manera de conciliar el carácter rogado de  las  impugnaciones  con aquellas loables necesidades de interés público, pues,  aunque  con  matiz  excepcional,  sigue  siendo un recurso extraordinario que se  radica en las partes y no una facultad oficiosa de la Corte.   

Aunque   finalmente  todo  depende  de  la  discrecionalidad  reglada  de  la  Corte, lo cierto es que el peticionario ha de  exhibir  la  argumentación  autosuficiente  para  mostrar  la  necesidad  de un  desarrollo  jurisprudencial  o  de  la  protección  de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a partir del señalamiento concreto de  falencias  puede  el órgano decisor avanzar dialécticamente sobre temas que de  otra  manera  le  están  vedados  por  obra de la legalidad y el acierto que se  presumen      en      el      debate      de      las     instancias”.   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  demandante, porque si bien la impugnación se ejercitó oportunamente contra  sentencia   de   segundo   grado   diferente   a   las   mencionadas,  es  lo  cierto  que  la argumentación  pertinente  se halla huérfana de cualquier planteamiento serio que le indique a  la  Corte la necesidad de su intervención en orden al cumplimiento del cometido  que  le  impone una cualquiera de las alternativas posibles que tornan viable el  ejercicio  de  su  potestad discrecional, como con antelación se indicó, y del  mismo  modo,  la  acreditación  del  consecuente  agravio que para el procesado  contiene la sentencia cuestionada.   

Y  tampoco  se infiere del texto del escrito  impugnatorio,  patente la necesidad de desarrollar la jurisprudencia, citando el  aspecto problemático menester de consideración en esta sede.   

En   suma,   el   enfoque  de  la  demanda  exclusivamente  se  dirigió  a  cuestionar  los razonamientos probatorios de la  sentencia,  pero sin desarrollo alguno y sin mención atendible de la forma como  esa situación incidió en las garantías del justiciable.   

En  este  sentido, adviértase, que como los  reparos  relacionados  con  la apreciación de las pruebas, de suyo no entrañan  una  afrenta  directa  a  derecho  fundamental  en  concreto, pues el agravio se  mediatiza  por  el  establecimiento  de los errores de juicio en su estimación,  los  mismos  no  pueden  tenerse  como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación discrecional.   

Este medio de impugnación excepcional, tiene  dicho  la  Corte,  sólo se justifica por la urgencia de proteger las garantías  fundamentales  conculcadas,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con la sola  indicación  descriptiva  de  su  ocurrencia,  en  el  capítulo  de  la demanda  dedicado  a  la  fundamentación de la necesidad de que la Corte intervenga para  procurar   aquella   garantía,   cuestión   que   por   completo   olvidó  el  censor.   

Se  insiste,  los razonamientos en relación  con  la  apreciación de las pruebas, dada la indeterminación de los resultados  por  la  posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden ser argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

Es          que,   en   tratándose   de  defectos  de  apreciación  probatoria, fundamento de la solicitud de que la Corte ejercite en  este  evento la potestad discrecional que le asiste, la demanda no tiene ninguna posibilidad de ser admitida  en     los     términos    planteados    por    el  casacionista,  pues,  como  constantemente  lo  viene  sosteniendo   la   Sala3:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas en la  jurisprudencia  para  acceder  a la casación discrecional no se extienden a las  hipótesis  planteadas  en  la  demanda,  es  decir,  a  discutir la valoración  judicial  de  los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa labor los jueces  cuentan  con la relativa libertad que se desprende de la sana crítica, a no ser  que  se  proponga  que sus deducciones son producto de una motivación aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,  en caso de que se demuestre y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.   

Es  claro  que  en  este  caso  el  censor  plantea  la invalidez de la  sentencia  por  yerros  en  la  valoración  de  los  medios de convicción   allegados   a   la   actuación,  buscando  anteponer  su  criterio  al  propio  de  las instancias, pasando por  alto   que   ellas   llegan   a  esta  sede  revestidas  de  una  doble      condición      de      acierto     y     legalidad.   

Finalmente,  como  se    halla    claro    que    el    casacionista      omitió  fundamentar  los  motivos que lo llevan a invocar el ejercicio de  la   discrecionalidad   por   la   Corte,    se    impone    de    entrada   el   rechazo   de   su   libelo  impugnatorio.   

Pero, incluso, si se pudiese pasar por alto  tan  ostensible  omisión,  es  necesario advertir que ya específicamente     delimitado    el     cargo    propuesto    en   contra   de   la   sentencia,  éste      también  adolece de crasos yerros en  su  postulación,  al punto  de  impedir  conocer  de la Corte cuál en concreto es  la  violación  trascendente  que  se  reputa   de   los  fallos  de  instancia;  veamos:   

Cargo      único:      violación  indirecta.   

Como  el demandante se limita a cuestionar,  de   manera  genérica,  los  análisis  probatorios  del  juzgador  de  segunda  instancia,  es  claro  que  no cumplió con los rigores  argumentales  que  impone  la censura por conducto de la violación indirecta de  la  ley  sustancial por errores de hecho, en cuyo caso era necesario especificar  si  estos  provenían  por  los  falsos juicios de existencia o identidad, o por  falso raciocinio.   

Al           efecto,    mírese    cómo  al desarrollar su reproche, parte por  decir   que  el  fallador  tergiversó  el  contenido  fáctico  del documento tildado de espurio, para luego  considerar   que   habida   cuenta   que  el mismo no fue usado, ni puede servir de prueba, no se configura  la certeza probatoria para condenar respecto del delito imputado.   

Así, aunque no lo  rotule  de  esa  forma,  es  claro  que el actor plantea un error de hecho falso  juicio  de  identidad,  como quiera que denuncia, en dos apartados de su libelo,  una  tergiversación  o  distorsión  del  medio  probatorio,  refiriéndose  al  análisis  judicial  en  torno  al valor suasorio del  informe  documentológico.  Sin embargo, contrario    a   las   exigencias   de  fundamentación  del  recurso, el impugnante se limita  a  exponer  sus  propias consideraciones en torno a lo  arrojado   por   el  referido  experticio,    cuyo    contenido   ni   siquiera  transcribe,  cual  era  su  deber,                  dejando,     entonces,      el      cargo      en      el      mero      enunciado.   

De  esta  forma,  el casacionista, lejos de  proponer  un  riguroso  debate  jurídico, lo único que hace es exteriorizar su  inconformidad  con  la sentencia del Tribunal, remitida a la discrepancia con la  apreciación  de  ese  medio  de convicción, sin indicar, en parte alguna de su  demanda,  cuáles  fueron, entonces, los elementos de juicio, ni mucho menos los  análisis,  tenidos  en  cuenta  por el fallador para derivar la responsabilidad  penal de su prohijado en el delito contra la fe pública.   

Recurrir al error de hecho por falso juicio  de     identidad,    tiene    dicho    la    Sala4,   obligaba   un   análisis  diferente   por   parte   del  impugnante,  en  el  que  determinase   cuál  es  el  apartado  probatorio  tergiversado,  cercenado  o  adicionado  por  el  Ad  quem,  no  limitándose  a  anteponer  sus  propias  conclusiones,  en  típico  alegato libre que pasó por alto certificar cuál es  el   ostensible   yerro   del   fallador,  pues,  ni  siquiera  postula  adecuadamente si este proviene de  tergiversar,  cercenar  o  adicionar  el  contenido  de  la prueba, desde luego,  abordando  uno  por  uno  los  medios de convicción  allegados,  para ver de significar cuál en concreto  fue  el  yerro advertido.  Ya  luego  de esta tarea era menester definir, con un nuevo análisis del acervo  probatorio    en    su    conjunto,    cómo   los  errores tuvieron tal trascendencia que la decisión,  corregidos  ellos,  habría  de  mutar  favorable  para  el acusado AMADEO    GÓMEZ   YEPES.   

Cuando no se obra dentro de los parámetros  argumentales  y  lógico-jurídicos  previstos  en cada causal de casación para  orientar  adecuadamente  la censura, el recurrente termina oponiendo su personal  criterio  sobre  el  más autorizado del juzgador, incurriendo en el desatino de  considerar   el   recurso   extraordinario   como  otra  instancia,  en  abierto  desconocimiento  de  que  con el mismo se busca primordialmente el estudio de la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la  prolongación  de  un debate probatorio  fenecido  mediante  el  proferimiento  de  una  sentencia amparada, como se dijo  antes,  con la doble presunción de acierto y legalidad, únicamente destronable  por  la presencia de errores predicables del fallador, de tal magnitud que sólo  con su casación pudiera restaurarse la legalidad de lo decidido.   

En  este  orden  de  ideas,  ninguno de los  asertos   del   censor   destaca   asunto  diverso  al  simple  rechazo  de  las  consideraciones  que  dieron  pie  al Tribunal para condenar al procesado por el  delito de falsedad material en documento público.   

De manera entonces que no es viable dirigir  el   ataque   bajo   la   forma  del  falso  juicio  de  identidad  –que   ni   siquiera  desarrolló  el  casacionista-  en  el entendido genérico de que el fallador debió llegar a una  conclusión  contraria,  coincidente con la suya, cuando es evidente que para la  estimación  de  las  probanzas  nuestro  sistema  probatorio  predica  la libre  apreciación, dentro del contexto de la sana crítica.   

Por  todo  lo  anterior,  no resta más que  inadmitir   la   demanda   presentada   a  favor  del  procesado  AMADEO  GÓMEZ  YEPES.   

Para terminar, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

       INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional     presentada    a    nombre    del  procesado  AMADEO GÓMEZ  YEPES, conforme con las motivaciones plasmadas en el  cuerpo de este proveído.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Conviene  aclarar que el procesado AMADEO GÓMEZ YEPES compareció personalmente  al  proceso  en  la  etapa  del juicio, antes de la realización de la audiencia  preparatoria,   habiendo   sido   asistido,  desde  entonces,  por  defensor  de  confianza.  Posteriormente,  en  la  audiencia pública de juzgamiento, pudo ser  interrogado sobre los hechos materia de investigación.   

2  Auto   del   25   de   septiembre   de   1997,  Rad.  13.401.   

3  Auto    del    9   de   febrero   de   2006,   Rad.  23.055.   

4 Auto  del 26 de septiembre de 2007, Radicado 28.274, entre otros.     

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