31472(27-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31472   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 228.  

Bogotá  D.C., julio veintisiete (27) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

La   Sala  emprende  el  examen  sobre  el  cumplimiento  de las exigencias de lógica y suficiente acreditación dispuestas  por  el  legislador,  respecto  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  de  HERNÁN  DELUQUE LOPESIERRA,  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior  de  Riohacha  el 10 de julio de 2008, confirmatorio del proferido por el Juzgado  Primero  Promiscuo  del  Circuito  de  Maicao el 2 de mayo de 2008 por medio del  cual  condenó  al  mencionado ciudadano por el concurso de delitos de homicidio  en   Carlos  Andrés  Camargo Uriana,  tentativa  de homicidio en Luis Antonio  Camargo  Uriana  y  porte  ilegal  de arma de fuego de  defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  la  tarde  del  22 de julio de 2007, los  hermanos  Carlos  Andrés y  Luis Antonio Camargo Uriana,  miembros  de  la  etnia  Wayú,  se encontraban en la residencia de Wilfrido  Arias,  ubicada en el barrio 28  de   noviembre   de   Maicao,   ingiriendo   licor   con  éste  e  Ilmer  Manga,  cuando el primero dijo que  iba  a  llamar un mototaxi para que lo recogiera y salió de la casa. 20 minutos  después  regresó  y  les  comentó  que  había  tenido  un  altercado  con un  individuo.   

Como  los  contertulios se disponían a ir a  otro  lugar,  decidieron  transportarse  en  una  camioneta,  pero por el camino  Luis  Antonio dijo que antes  hablarían  con  aquella  persona  involucrada  en la discusión con su hermano,  éste   los  llevó  al  sitio  y  una  vez  allí  encontraron  a  HERNAN   DELUQUE   LOPESIERRA,  quien  al  verlos  les apuntó con un arma de fuego y al ser increpado por el incidente con  Carlos Andrés, les disparó  causando   la  muerte  a  éste  e  hiriendo  a  Luis  Antonio  en  la cara lateral izquierda del cuello y la  axila del mismo lado.   

          La  Fiscalía  Seccional de Maicao declaró abierta la instrucción,  en   desarrollo   de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  HERNAN  DELUQUE  LOPESIERRA, definiéndole  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva  sin  derecho  a libertad provisional, como posible autor del concurso de delitos  de  homicidio, tentativa de homicidio y porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  7 de noviembre de 2007 con resolución de acusación en contra del procesado  como  presunto  autor  del  concurso  de  delitos  que  sustentó  la  medida de  aseguramiento,  decisión  que  al  ser impugnada por la defensa, fue confirmada  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Riohacha  mediante proveído del 11 de diciembre de 2007.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Primero  Promiscuo del Circuito de Maicao, despacho que una vez surtido  el  rito  dispuesto  por el legislador para esta etapa, dictó sentencia el 2 de  mayo  de  2008, a través de la cual condenó a HERNAN  DELUQUE  LOPESIERRA  a  la pena principal de dieciocho  (18)  años  y  cinco  (5)  meses de prisión, a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso y al  pago  de  la correspondiente indemnización de perjuicios, como autor penalmente  responsable del concurso de delito por el que fue acusado.   

          En  la  misma  decisión  le  fue  negado  el  subrogado penal de la  condena  de  ejecución condicional y la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

          El  Tribunal  Superior  de  Riohacha confirmó el fallo condenatorio  mediante  sentencia  del 2 de mayo de 2008, al conocer del recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor,  sujeto  procesal  que  ahora  interpone recurso  extraordinario    de    casación   contra   el   proveído   del   ad quem.   

EL LIBELO  

          Bajo  la égida de la causal primera de casación, segundo apartado,  el  recurrente invoca la violación indirecta de la ley sustancial, en cuanto no  se  reconoció  a  favor  de  su  asistido  una  situación de legítima defensa  excluyente de la antijuricidad del comportamiento.   

En  la argumentación del reproche aduce que  los  falladores  no  tuvieron  en  cuenta  algunas pruebas con fundamento en las  cuales  se  acredita  que  aquél  actuó en legítima defensa o por lo menos en  exceso de la misma.   

Resalta  que  no  se  tuvo en cuenta que las  víctimas  son  de  la etnia Wayú, cuya “vida socio  cultural”  debió  ser  analizada  en  punto  de los  delitos   investigados,   específicamente   en  punto  de  establecer  en  qué  condiciones  llegaron  las víctimas a reclamar al acusado, pues “en  ningún caso en el Departamento de la Guajira el Wayú ofendido  llega  hasta  donde  su  supuesto  agresor a hacer un reclamo decente, preparado  para  no  ofender y mucho menos con la intensión (sic)  de  un  arreglo  amistoso  estando  en  un  estado de  embriagado  (sic), porque si  se  trata  de llegar a resolver el problema se acude a la ayuda de un PALABRERO,  quien  es  un  representante legal en estos eventos”,  de  donde concluye que la intención de las víctimas fue atentar contra la vida  de  HERNÁN  DELUQUE y la de  su hija y esposa, motivo por el cual tuvo que defenderse.   

          Tilda  de facilista el fallo atacado por no adentrarse a analizar la  realidad de lo ocurrido en el teatro de los acontecimientos.   

También  dice  que  en  la  sentencia no se  contó  con  un  estudio  basado  en las reglas de la sana crítica y el sentido  común,  ni  se  sopesaron  los  testimonios  de  cargo  y  de defensa de manera  conjunta,   amén   de   que   ninguno   de  los  fiscales  o  jueces  indagaron  “más   allá   de   lo   que   tenían   ante  su  vista”.   

Con  base  en  los anteriores argumentos, el  recurrente  solicita  a  la Sala casar el fallo atacado, para en su lugar dictar  sentencia  absolutoria  a favor del acusado, reconociendo en su favor que actuó  en legítima defensa de sus derechos y los de su familia.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La  Sala  ha  precisado  suficientemente  que  en el examen sobre la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales  le  corresponde constatar que los  recurrentes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de lógica y  pertinente  argumentación  definidas  por  el legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda    no    reúne    los   requisitos   se   inadmitirá”.   

          Al  estudiar  el  reproche formulado por el defensor, sin dificultad  se  constata  que  pese  a  orientarse  a reclamar que su asistido actuó en una  situación  de  legítima  defensa,  aduce para ello toda clase de situaciones y  elabora  un  discurso particular, ajeno, tanto a los argumentos expuestos en las  providencias  de  primera  y segunda instancia sobre dicha temática, como a las  pruebas obrantes en la actuación.   

          En  efecto,  si  bien  invoca  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  no encamina su discurso a demostrar correctamente los errores sobre  la  apreciación  de  las pruebas que denuncia, en cuanto se limita a exponer su  personal  visión  del  asunto,  sin  siquiera cotejarla con las consideraciones  judiciales,  proceder  inadmisible  en  el  curso  de  este  medio  impugnaticio  extraordinario,  no dispuesto para prolongar el trámite de las instancias, como  ya  se  dijo, dada la presunción de acierto y legalidad de la cual se encuentra  revestido  el  fallo,  sino para señalar concreta, clara y puntualmente errores  trascendentes  de  los  sentenciadores  con  incidencia  en  la  declaración de  justicia cuestionada.   

Así  pues, el casacionista no indica si los  funcionarios  judiciales  cometieron  un  error  de hecho al apreciar la prueba,  bien  sea  porque  pese  a  obrar  en el diligenciamiento no fue valorada (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya  porque sin figurar en la actuación  supusieron  su  presencia  allí  y la tuvieron en cuenta en su decisión (falso  juicio   de   existencia   por   suposición);   ora   porque   al  considerarla  distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola o tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando sin incurrir en alguno de los  yerros  referidos  derivaron  del  medio probatorio deducciones contrarias a los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

          Tampoco  precisa  si  se trató de un error de derecho, en cuanto se  negó  a  determinado  medio  probatorio  el valor conferido por la ley o le fue  otorgado   un   mérito   diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio  de  convicción),  o  bien,  porque  los  falladores  al  apreciar  alguna prueba la  asumieron   erradamente   como   legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos  en la ley para su práctica o aducción  (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada, el mérito demostrativo al cual se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si la pretensión era invocar un falso juicio  de  identidad,  era  su  deber  identificar  a través del cotejo objetivo de lo  dicho  en  el  medio  probatorio  y  lo asumido en el fallo, el aparte omitido o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos  a  partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es  la  trascendencia del yerro en la parte resolutiva de la  sentencia   atacada,   tópico  de  improcedente  demostración  con  el  simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del recurrente sobre el medio de prueba  cuya   tergiversación   denuncia,   en   cuanto  es  su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro  en  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial en el fallo, esto es, señalar la  modificación  sustancial de la sentencia atacada con la corrección del yerro y  la debida valoración de la prueba, en conjunto con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, era deber del recurrente identificar el  medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicar  las disposiciones legales o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

          También  se tiene que si la pretensión del impugnante era plantear  un  falso  juicio de convicción, era su obligación demostrar la infracción de  la  tarifa  de  valoración dispuesta por el legislador, así como su injerencia  en el sentido del fallo, labor que tampoco emprendió.   

          Además  de  las  falencias  anteriores,  ni  siquiera el recurrente  identifica   las   normas   de   carácter   sustancial   que   estima  violadas  indirectamente,  amén  de  que  tampoco  precisa en que consistió el quebranto  indirecto  de  las  mismas,  es  decir,  por  aplicación  indebida  o  falta de  aplicación.   

Es  importante  destacar  al  señalar  el  recurrente  que  en  el  fallo no se tuvieron en cuenta algunas pruebas, no dice  cuáles,  ni  señala  su  aporte  demostrativo, amén de que tampoco explica la  conexión entre aquellas y el instituto justificante que invoca.   

Tampoco  atina  a señalar de qué manera la  “vida socio cultural” de  las  víctimas  tiene injerencia en la causal excluyente de responsabilidad cuyo  reconocimiento pretende para su asistido.   

          Bastan  las  razones expuestas para concluir que el impugnante no se  sujeta  a  las  reglas  de  lógica  y  suficiente acreditación dispuestas para  acceder  a  esta  impugnación, circunstancia que impone inadmitir el libelo con  tales falencias presentado.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento    o   en   la   sentencia   objeto  del  recurso,  violación  de  derechos  o garantías  del  procesado DELUQUE   LOPESIERRA,   como  para  que  ello  determinara ejercer la facultad oficiosa que en  punto  de  asegurar  su  protección  le  confiere el  legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR        la      demanda     de     casación  interpuestas  por el defensor del acusado  HERNÁN      DELUQUIE      LOPESIERRA,  por  las razones expuestas en la parte  motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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