31313(17-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 31313  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  190   

Bogotá, D. C., junio diecisiete (17) de dos  mil diez (2010).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda de casación presentada por el defensor de Rolando Pineda Gutiérrez  contra  la  sentencia  proferida  el  9  de  septiembre  de 2008 por el Tribunal  Superior  de  Cali,  que  lo  condenó  al encontrarlo responsable del delito de  rebelión  (Código  Penal,  artículo 467).   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.  Los  primeros  fueron   resumidos   por   el   ad   quem en los siguientes términos:   

El   señor  Rolando  Pineda  Gutiérrez,  conocido  con  el remoquete de “Cuero”, es privado de la libertad a raíz de  la  investigación  que surgió por haberse tratado de derribar varias torres de  energía  en  la  ciudad de Cali por parte de miembros urbanos de las FARC en el  año  2005,  en  cuyo  proceso se le endilgó al primero el ser miembro de dicho  movimiento subversivo como miliciano.   

2. Con fundamento en  los  anteriores  hechos  la  Fiscalía  ordenó  la apertura de la instrucción,  razón  por  la cual fue escuchado en diligencia de descargos Pineda Gutiérrez,  a  quien  se  le  impuso medida de aseguramiento como posible responsable de los  delitos   de   terrorismo,  concierto  para  delinquir  y   rebelión.   

3. Cumplido el ciclo  instructivo  se  ordenó el cierre de la investigación y el 21 de septiembre de  2006   se   calificó   con   resolución  acusatoria  contra  el  procesado  al  establecerse    su    posible    autoría   en   el   delito   de   rebelión,    decisión   que   alcanzó  ejecutoria  el  10  de octubre de la misma anualidad1.   

4.  Asumió  como  autoridad  judicial  de conocimiento el Juzgado Dieciséis Penal del Circuito de  Cali,  ante  quien se cumplieron las audiencias preparatoria y de juzgamiento, y  el  14  de  febrero  de  2008 se profirió sentencia condenatoria contra Rolando  Pineda   Gutiérrez   al   ser   encontrado  autor  responsable  del  delito  de  rebelión, motivo por el cual  se  le impuso 72 meses de prisión, multa en cuantía de treinta y ocho millones  ciento   cincuenta   mil   pesos  ($38’150.000,000),  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones  por  el  término  de  8  años,  decisión  contra la cual presentó  recurso de apelación el defensor.   

5.   El   9  de  septiembre  de  2008  el Tribunal Superior de Cali confirmó el fallo impugnado,  pronunciamiento  contra  el cual el apoderado del procesado interpuso el recurso  de casación.   

LA DEMANDA:  

El demandante presentó un cargo soportado en  la  existencia  de  errores en la apreciación de las pruebas, los que denominó  “errores de hecho que expresan un falso juicio”.   

Señaló  que  los  testigos “Negrete” y  “Camándula”  no  son  fiables  ni  se  les puede dar credibilidad. Luego de  transcribir  algunos  apartes  de  lo  narrado  por  los  citados afirmó que el  Tribunal  incurrió  en  un falso juicio de existencia, porque los deponentes no  conocieron  realmente  la  vinculación  del procesado con las actividades de la  subversión.   

Solicitó  casar  la  sentencia  para que se  emita fallo absolutorio a favor del acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  La casación se  concibe   como   un   recurso   extraordinario   y  como  un  medio  de  control  jurisdiccional  de la constitucionalidad y de la legalidad de los fallos, que en  los   términos   del   artículo   206   del  Código  de  Procedimiento  Penal  20002  pretende  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia.   

Al  seguir  siendo  un  recurso  se  puede  interponer  para  controvertir  la  decisión  final  de segundo grado antes que  alcance  ejecutoria  material;  y,  la  connotación  de extraordinario la da el  hecho  de  surtirse  por  fuera  de las instancias en tanto no plantea una nueva  consideración  de  lo que fue objeto de debate en ellas sino un juicio de valor  contra  el  fallo  que puso fin al proceso, esencialmente, por haberse proferido  con  violación  de  garantías  fundamentales,  materializado  a través de una  demanda  que no es de libre elaboración porque debe ceñirse a unos parámetros  lógicos  mínimos,  a  causales  taxativas y sólo procede contra sentencias de  segundo grado.   

La   casación   como   medio  de  control  constitucional  y  legal  implica  para la Corte Suprema de Justicia la tarea de  verificar  que  las sentencias de segunda instancia se ajusten a la normatividad  constitucional  especialmente  en  lo  referente  al  respeto  de  los  derechos  fundamentales  garantizados  a  cada uno de los intervinientes, y que los fallos  de los jueces se ciñan a la legalidad estricta.   

Esa  función  restaurativa del ordenamiento  jurídico  la  ejerce  la Corte, no sólo desde la perspectiva del entendimiento  clásico       de       la       función      nomofiláctica      (nomofilachia)  de  la  casación,  sino y,  sobre  todo,  en  torno  a la protección por vía de casación del ius   constitutionis  o  del  ius  litigatoris,  imperativos que definen  la  procedencia de la casación tanto en protección de la ley (nomofiláctica y  unificadora),  como  de los derechos del litigante (ius  litigatoris)  y  del  orden  justo  que  garantiza  la  Constitución3.   

2. La casación no  constituye  sede  adicional  para prolongar el debate probatorio cumplido en las  instancias  ordinarias  y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado, por el  contrario,   exige   para   la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales orientados a demostrar a través de un juicio  técnico  jurídico  que en la declaración de justicia allí contenida -la cual  llega  a  esta  sede amparada de la dual presunción de acierto y legalidad-, se  incurrió  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  ostensibles y relevantes o se  profirió  en un juicio viciado, ocurrencias una y otra que reclaman para sí el  necesario correctivo.   

3.  Las  reglas  establecidas  en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000 para la elaboración del  libelo   son   de   ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada formulación de los cargos y se omite indicar con  la  claridad  y  precisión  debidas  sus  fundamentos, la consecuencia procesal  inmediata  no  puede  ser  otra  que  su inadmisión4.   

4. El cargo invocado  por  el  demandante  fue  presentado  con absoluto desconocimiento de las reglas  técnicas  mínimas  desarrolladas para facilitar la sistemática y comprensión  de  las diferentes formas de ataque que se pueden elevar en casación contra una  sentencia.   

5. Ha reiterado la  jurisprudencia  que  no  basta  que  el  recurrente  presente su oposición a la  valoración  probatoria  obtenida a través de las instancias o muestre su punto  de  vista  en  relación  con un tema jurídico específico; debe enseñar en su  disquisición  la  existencia de errores manifiestos y esenciales con incidencia  en  el  sentido  de  la  decisión en que hayan incurrido los funcionarios en su  labor  de  juzgar  en  aras  de  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y  legalidad con que viene precedido el fallo de segunda instancia.   

6.  Como la demanda  presentada  por  el  defensor  se  refiere a la posible existencia de errores de  hecho  por  violación indirecta de la ley sustancial, oportuno resulta recordar  que   la  discusión  de  yerros  en  la  apreciación  de  las  pruebas  están  determinados   por   tres   falsos   juicios   a   saber:  (i)  de  existencia,   cuando  el  juzgador  omite  (falso  juicio  de existencia por omisión) o supone (falso juicio de existencia  por    suposición)    un    medio    de    prueba;    (ii)    de   identidad, cuando se tergiversa, cercena o  adiciona  el  contenido  material  de la prueba, al punto que se le pone a decir  algo   que   no   se   deriva   de   su   texto;   y,   (iii)   de  raciocinio,   cuando  en  la  valoración  individual  o  conjunta  de  la  prueba  se  transgreden  las  reglas de la sana  crítica  (principios  de  la  lógica,  reglas de experiencia, postulados de la  ciencia),  llevando  a  declarar  una  verdad  distinta  de  la  revelada  en el  proceso.   

7.   Sobre   el  falso  juicio  de existencia,  clase  de  error  argumentado  por  el  censor, ha dicho la Sala que tiene lugar  cuando  se  estructura  la providencia judicial (i) con total marginación de un  medio  probatorio válidamente practicado o aducido al proceso, o (ii) cuando se  supone  una  prueba  que no obra, siempre que, en uno y otro caso, la omisión o  la  suposición  probatoria  se  refleje  en el sentido del fallo, motivo por el  cual  corresponde  al  demandante  indicar: a.) el medio no valorado o supuesto,  b.)  cuál  es  la  información que objetivamente brinda y dejó de valorarse o  aquella  que  fue supuesta, c.) qué mérito demostrativo debe serle asignado, y  d.)  cómo  su  estimación  conjunta  con el resto de elementos que integran el  acervo   probatorio   conduce   a   trastocar   las   conclusiones   del   fallo  censurado.   

8.  En  el  asunto  objeto  de estudio se advierte que el impugnante cumplió con algunos requisitos  que  exige  la  técnica,  como  por  ejemplo  señalar el medio probatorio cuya  valoración  supuestamente fue omitida por los jueces de instancia, pero olvidó  su  obligación  de  contrastar  la  prueba  omitida  con  los  demás medios de  convicción  que  llevaron a la solución que se observa en la sentencia, porque  de  hacerlo  no  habría  encontrado  argumentos para desconocer que la misma se  ajusta plenamente a las reglas de la sana crítica.   

9.  Adicional a lo  anterior,  suficiente  por  sí  solo para inadmitir la demanda, la Sala resalta  que  contrario  a  lo  que  expone  el demandante se observa que el ad  quem fue particularmente explícito al  determinar  el valor que le daba (i) a lo narrado por Luis Carlos Rivera Montoya  (alias   “Negrete”)   y   (ii)   Víctor   Alfonso   Ante   Quesada   (alias  “Camándula”), para determinar la responsabilidad del acusado.   

Señaló    el    Tribunal    que    los  citados   

fueron miembros activos de las FARC durante  bastante   tiempo   y   participaron  en  plurales  actividades  propias  de  la  organización  subversiva…  teniendo  inevitable  relación y trato con muchas  personas  que, como ellos, hacían parte de ese grupo beligerante, pertenencia y  conocimientos  éstos  que  ni  son cuestionables ni han sido cuestionados en el  proceso5.   

Y resaltó que  

fue en el garaje donde el mencionado Pineda  Gutiérrez,  conocido como “Cuero”, guardaba el jeep, donde debieron recoger  los  elementos  de  intendencia  de que era dotados para ese viaje a la montaña  (útiles  de  aseo  y  demás),  quedando  en claro así, como se precisó en el  fallo  (del  a quo), que, si  bien  este  individuo, el acriminado, no formaba parte de los frentes de combate  que  las  FARC  tienen  para  actúen  en  el  sector rural, sí era de aquellos  miembros  que  tiene  a  su  cargo  actividad  encubierta,  como simples civiles  incrustados  en  la  comunidad donde operan, y cuya importancia trascendental en  la  vida  de  la  organización  no  admite réplica6.   

Todo  lo  cual  llevó  a  que  la  Sala  de  Decisión  concluyera  la  existencias  de  mérito suficiente para confirmar la  condena impartida contra el procesado.   

10. Una revisión de  las  sentencias de primera y segunda instancia permite establecer que los jueces  examinaron  con  detalle  las  pruebas  más  relevantes  del  proceso y que las  apreciaron  con  riguroso acatamiento de los preceptos legales que la gobiernan.  Lo  anterior  se  desprende  de  los  argumentos  a  partir  de  los  cuales  se  construyeron  los  fallos  en  los  que  se  encuentra  un examen racional de la  prueba,  cumpliendo satisfactoriamente las normas de la lógica, la experiencia,  la   psicología   y   la   sociología,   con   explicaciones   y  aclaraciones  suficientes.   

11. No hay duda que  el  censor  sólo  se  esforzó  en plantear su personal percepción del asunto,  para  sin  más,  concluir  que  se  violaron  las  reglas  de  la  apreciación  probatoria,  pero  no  procedió  técnicamente a señalar con rigor errores del  Tribunal  en  la  providencia  atacada  que  así  lo demuestren, limitándose a  oponerse  a  las conclusiones del fallador, tarea de inadmisible acogida en sede  extraordinaria.   

12. Notorio resulta  entonces  que  el  libelo adolece de las graves falencias destacadas, las cuales  no  pueden  ser  enmendadas  por  la  Corte,  habida  cuenta que el principio de  limitación  que rige su actividad en este trámite le impone pronunciarse sólo  sobre  los  aspectos  específicamente  propuestos  y por tratarse de un recurso  esencialmente  rogado  al  que  solo  se  tiene acceso en virtud de petición de  parte,  salvo  los  eventos  de  nulidad que pueden ser oficiosamente abordados,  siempre  que  la  demanda  haya  sido  formulada  con  rigurosa  sujeción a las  exigencias previstas en el Código de Procedimiento Penal.   

Como el demandante no ha sometido su libelo a  las  reglas  técnicas  propias  del  trámite casacional, se impone de plano la  inadmisión de la demanda.   

13.  Finalmente es  oportuno  resaltar  que  la Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o garantías de las partes o  intervinientes  ni  la  necesidad  de un desarrollo jurisprudencial específico,  como  para  que se hiciera ineludible el ejercicio de la facultad legal oficiosa  que  le  asiste a fin de asegurar su protección o un desarrollo teórico en los  términos   del   artículo   205  ibídem.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

          1°.      INADMITIR     la     demanda  presentada.   

2°.  ADVERTIR  que  contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

  MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS    

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                                                             AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.     

1  Véase el folio 168 c.o. 8.   

2  Corresponde al artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

3 Desde  antaño  la  jurisprudencia  ha  señalado:  “Al lado de la unificación de la  jurisprudencia  y  la defensa del sistema jurídico a través del control de las  sentencias  judiciales,  se  une  entre  sus  fines  el de corregir los injustos  gravámenes  recaídos  sobre  las  partes,  lo  que  constituye el estímulo al  interés  particular  para que la casación sea viable poniéndole punto final a  un  perjuicio  particular ocasionado por el fallo recurrido” (Corte Suprema de  Justicia,  Sala de Casación Penal, sentencias de casación de 5 y 27 de febrero  de 1976).   

4 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

5 Folio  9 de la sentencia de segunda instancia.   

6 Folio  10 ibídem.     

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