31300(02-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31300   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 56.  

Bogotá,  D.C.,  dos  de  marzo  de  dos mil  nueve.   

VISTOS  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina la demanda de casación por cuyo medio la defensora de JAVIER  CARDONA  GARCÍA,  dice sustentar el recurso extraordinario que interpuso contra  la  sentencia de segundo grado proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Manizales (Caldas), el 19 de septiembre de 2008, mediante la cual revocó el  fallo  absolutorio emitido por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma  ciudad,  el  11  de  octubre  de  2005,  para en su lugar condenar al mencionado  procesado,  como  responsable  del  delito  de  omisión  del agente retenedor o  recaudador,  a  las  penas  principales  de  48  meses  de prisión y la suma de  $26’748.000.oo de multa, y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas por el mismo lapso.   

HECHOS  

En  la  sentencia  de  primera  instancia,  quedaron consignados de la siguiente manera:   

“Fueron  denunciados por el doctor Carlos  Alberto  Grisales  González,  Jefe  de  Grupo  Interno de la Unidad Penal de la  Administración   Local   de   Impuestos   y  Aduanas  Nacionales  de  Manizales  “DIAN”,  a  través  de  denuncia  de fecha 29 de Mayo de 2000, formulada en  contra  del  señor  JAVIER  CARDONA GARCÍA, representante legal de la sociedad  PROFRAPE  S.A. EN LIQUIDACIÓN, en su calidad de responsable sobre el Impuesto a  las  ventas,  pues  a  pesar  de haber declarado que su representada recibió la  suma  de  $26’748.000.oo  m/cte.,  por  concepto  de  dicho gravamen, que comprende el tercer período del  año  1998,  declarado  el  22  de  Julio  del  mismo  año,  y  tras habérsele  notificado  la  fase  persuasiva  para la cancelación de dicha suma, so pena de  formularle    denuncia    penal,    no    se    pudieron    obtener   resultados  positivos”.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Por  los hechos anteriores, la Fiscalía 5ª  Seccional   de   Manizales   (Caldas)  dictó  resolución  de  apertura  de  la  instrucción  el  1° de junio de 2000, ordenando la vinculación del denunciado  JAVIER  CARDONA  GARCÍA, quien fue escuchado en indagatoria el 14 de septiembre  del  mismo  año,  por  su  posible  participación  en  la  conducta punible de  peculado por apropiación.   

Mediante pronunciamiento del 13 de noviembre  de  2001,  la  Fiscalía  investigadora  admitió la demanda de constitución de  parte  civil  promovida  por el denunciante Carlos Alberto Grisales González, a  nombre   de   la   Administración   de   Impuestos   y  Aduanas  Nacionales  de  Manizales.   

El  8  de  mayo  de 2003, el ente instructor  ordenó  vincular  por  medio  de injurada a Francisco de Paula Penagos Estrada,  diligencia que se llevó a cabo el 4 de diciembre siguiente.   

Perfeccionada en lo posible la instrucción y  decretado  su fenecimiento, por resolución del 17 de marzo de 2004 la Fiscalía  11  Seccional  de  Manizales (Caldas) acusó al procesado JAVIER CARDONA GARCÍA  como  presunto  autor del delito de peculado por apropiación, en tanto que, con  relación   al   sindicado   Penagos  Estrada,  dispuso  la  preclusión  de  la  investigación.   

De la etapa del juicio conoció inicialmente  el  Juzgado  7°  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad, despacho que evacuó la  audiencia  preparatoria  el  26 de octubre de 2004. Posteriormente, su homólogo  3°,  tras  llevar  a cabo la audiencia pública de juzgamiento, el 26 de agosto  de    2005,    profirió    sentencia    absolutoria    el    11    de   octubre  siguiente.   

El  fallo en comento, que fue apelado por el  apoderado  de  la parte civil, lo revocó la Sala Penal del Tribunal Superior de  Manizales (Caldas), el 19 de septiembre de 2008.   

El     Ad  quem,  por lo tanto, declaró la responsabilidad penal  de  JAVIER  CARDONA  GARCÍA  en  la  conducta  punible  de  omisión del agente  retenedor  o  recaudador,  tipificada en el artículo 402 de la Ley 599 de 2000.  Consecuente  con ello, le impuso las penas principales y accesoria reseñadas en  la  parte  inicial  de  este  proveído,  se  abstuvo  de  condenarlo al pago de  perjuicios  morales,  lo  sentenció  a  cancelar la cantidad de $26’748.000.oo  por  daños  materiales, le  negó  el  subrogado  penal de la suspensión condicional de la ejecución de la  condena y le concedió el de prisión domiciliaria.   

Por  último,  la  sentencia condenatoria de  segunda  instancia fue oportunamente recurrida en casación por la defensora del  sindicado CARDONA GARCÍA.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo único.  

Amparada  en la causal primera de casación,  la  defensora  parte por decir que en la sentencia impugnada se incurrió en una  violación  directa de normas sustanciales, como quiera que el acusado obró por  un   error   invencible,   en   el  sentido  de  que  su  conducta  –omitir  el pago del tercer período del  IVA-, no constituye delito.   

Esa  circunstancia, que fue tenida en cuenta  por  la  primera  instancia,  la  descartó  el Tribunal, al considerar que para  deducir   la   responsabilidad,  era  suficiente  con  la  presentación  de  la  declaración, sin su cancelación.   

Para sustentar su aserto, la casacionista, a  continuación,  diserta  genéricamente  sobre  la prelación de créditos y las  “omisiones        legislativas”,  trayendo  a  colación  múltiples  pronunciamientos  de la Corte  Constitucional      sobre      el     particular1,  destacando, en últimas, que  las  acreencias del fisco, según el artículo 2502 del Código Civil, se ubican  en la cuarta clase de créditos.   

Así, luego de transcribir algunos apartados  de  la  jurisprudencia  constitucional  y  opinar  sobre cómo debe ejercerse el  control   constitucional   en   la   interpretación   normativa,  sostiene  que  “para  el  análisis  y valoración de la prueba de  cargo,  se  han dejado de lado los principios de la sana crítica”,   lo  cual  configura  un  “error  de  derecho”,   pues,  “en  forma   ostensible   se   ha   abandonado   (sic)   los   Principios   Lógicos,  Experimentales,   Científicos   y   Racionales  para  evaluarla,  a  cambio  de  Suposiciones  y  Generalizaciones  Empíricas  que  no surgen de la prueba y que  riñen con su Objetividad misma”.   

Todo  lo  cual,  añade  la  demandante,  ha  propiciado  que la sentencia viole indirectamente normas sustanciales, entre las  cuales  cita  y  trasunta  los  artículos  254  y 294 del Decreto 2700 de 1991,  acerca  de  la  valoración  probatoria y los criterios para la apreciación del  testimonio,  respectivamente.  Ello,  aclara, porque el juzgador se equivocó en  el  examen probatorio, “por presuponer la violación  de  una  norma  de derecho probatorio, en otras palabras, el juicio errático es  de naturaleza jurídico (sic)”.   

Acto  seguido,  la impugnante asevera que su  prohijado  obró  con  error  invencible,  tal como se reconoció en el fallo de  segundo  grado, ya que “actuó en cumplimiento de un  deber  legal  como lo es la prelación de créditos”,  lo  cual  conduce  a desvirtuar la responsabilidad por ausencia de culpabilidad.  Es  claro, por la misma razón, que actuó sin dolo y lícitamente, al optar por  preferir  el  pasivo  laboral de la empresa, teniendo en cuenta, además, que la  condición  de  recaudador  “no  hace  a la persona  deudora para con el estado”.   

Luego de lo anterior, la recurrente menciona  varias  decisiones  de  la  Sala,  en las cuales se han fijado los límites a la  discrecionalidad  y  libertad  en  la  valoración probatoria, para seguidamente  adentrarse  en  un  nuevo  tema  que denomina “Falso  juicio      de      legalidad      (Error      de     adicción     –sic-)”,  aduciendo  una  interpretación  falsa  por  parte  del  Tribunal,  debido a que  “aplicó  una  norma  inadecuada y no la que debía  ser atribuida”.   

Este   yerro,   explica,   fue   de   gran  trascendencia     para     su     representado,     lo     cual     “repercute   ostensiblemente  en  su  conducta  moral,  social  y  familiar”.  Reitera, entonces, que la consideración  en  el  sentido  de  que  fue  verificada la omisión de consignar el dinero por  concepto  del  IVA,  no  pasa  de  ser  “una simple  afirmación  retórica”,  fuera de que se dejaron de  lado  pruebas  sustanciales,  como  la indagatoria de Francisco de Paula Penagos  Estrada.   

Hecha  la anterior afirmación, la libelista  vuelve  a  abordar  el  tema  de las causales de ausencia de responsabilidad que  estima  configuradas  –error  invencible  y  actuación en cumplimiento de un deber legal-, para luego repetir  su discurso sobre la prelación crediticia.   

Hace saber, igualmente, que la DIAN declaró  la  prescripción  de varias obligaciones fiscales, entre ellas la que es motivo  de  litigio, frente a lo cual llama la atención que sea ésta, precisamente, la  única que se está cobrando.   

Las circunstancias descritas en precedencia,  concluye  la  censora,  han  propiciado  la  violación  directa  de  dos normas  sustanciales  en  la  sentencia,  a  saber,  los  artículos  405 del Código de  Procedimiento  Civil,  sobre  valoración  probatoria,  y    82-4  del  Código  Penal,  el  cual consagra la prescripción como causal de extinción de  la acción penal.   

Por  lo  tanto,  dice  a  continuación,  el  Ad  quem  incurrió  en  un  “falso   juicio   de   convicción”,   toda   vez   que   desarrolla  “una  actividad  de pensamiento mediante la cual reconoce el valor asignado por la ley  a  determinadas  pruebas  es  decir, este, presupone la existencia de una tarifa  legal  a  las  pruebas corresponde un valor demostrativo o de persuasión única  predeterminada   y   el   cual   no   puede   ser  alterado  por  el  interprete  (sic)”.  Concretamente,  el  error  del  Tribunal se  presenta  por  haber  negado  a  la prueba de confesión, el valor que la ley le  atribuye  “o se le hace corresponder uno distinto al  que la ley le otorga”.   

Insiste,  por consiguiente, en la incursión  por  parte  del  fallador, en errores de derecho que no benefician la situación  de  su  prohijado,  los  cuales  derivan  en  la  aplicación indebida de normas  laborales  y  civiles, añadiendo que “en materia de  apreciación  probatoria  no existe una tarifa legal sino que rige el método de  la  sana crítica”. De ahí que se configure el falso  juicio de convicción que alega.   

Solicita,  en consecuencia, se case el fallo  impugnado,  para  en  su  lugar  absolver  al acusado JAVIER CARDONA GARCÍA del  cargo imputado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Múltiples    falencias    se  detectan en  la  demanda presentada por  la  defensora  de JAVIER CARDONA GARCÍA, la  cual se caracteriza por la profusión  en  la  definición  de los supuestos yerros atribuidos al Tribunal, recorriendo  ampliamente  los  cargos que facultan este medio extraordinario de controversia,  sin   algún   desarrollo  argumentativo  lógico  y  coherente.   

         Y,  si se conoce que por razón de su naturaleza extraordinaria, el  recurso   de   casación   implica   verificar   la   materialización   de  una  flagrante    violación,   protuberante        y       evidente       que       faculta       derrumbar   la   doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de que llega revestida la sentencia de segunda instancia,  ya   se   ofrece  bastante  discutible  significar  que  un  tal  comportamiento  defectuoso   irradió  la  evaluación  jurídico  probatoria  del  Ad         quem,        facultando  significar la presencia, al  mismo    tiempo,    de  vastos  errores  de hecho y de  derecho  y  violaciones  directas  e indirectas de la ley sustancial.   

La  profusión argumental en la demanda, se  significa  desde  ya,  hace  ver  que lejos de confeccionar un cargo concreto de  inescapable    violación,   la   actora   busca   hallar  un  escenario  adecuado,  a  manera  de  tercera  instancia,  para  facultar introducir su particular análisis de lo arrojado por  las   pruebas,   en   contravía   de   lo   contemplado   en   la   providencia  atacada.   

En  efecto,  en  un  solo  cargo  postulado,  citando     como     fundamento     la    “causal  primera”  de casación, la demandante recorre varias  de  las  censuras contempladas en la ley, pero limitándose a hacer afirmaciones  genéricas  o  abordando  de manera tangencial algunos asuntos, sin ningún tipo  de argumentación o respaldo demostrativo.   

Ello  puede  verificarse  con  el  completo  resumen  efectuado  en  líneas  precedentes,  en  el  cual se respetó el orden  propuesto  por  la  defensa,  quien  de  entrada  denuncia violación directa de  normas  sustanciales,  pero  termina  su  discurso refiriendo un falso juicio de  convicción,  con  el  agravante  de  que  en  el  desarrollo  del  mismo, alude  indistintamente   a  diversas  figuras,  así:  como  causales  de  ausencia  de  responsabilidad,   sostiene   que   el  procesado  actuó  por  un  “error   invencible”,  producto  del  “cumplimiento  de  un  deber  legal”;  asimismo, advierte que se desconocieron los postulados de la sana  crítica,  dando  a  entender  que el fallador incurrió en errores de hecho, en  unos  casos  por  falso  raciocinio,  en  otro,  aislado, por un falso juicio de  existencia;  dice  también  que  se  estructura  un falso juicio de legalidad o  “error  de  adicción”  (sic)  por  interpretación  falsa,  e  incluso  sostiene que debe declararse la  prescripción  con  fundamento en el artículo 82-4 del Código Penal, por haber  operado este fenómeno extintivo para la obligación tributaria.   

Todo  ello,  se repite, en un solo cargo, lo  que  es más que suficiente para desatenderlo, en cuanto, no cumple los mínimos  presupuestos  de  fundamentación exigidos en esta sede, impidiendo de la Corte,  por  elemental  sustracción de materia, cualquier tipo de pronunciamiento sobre  el  particular,  teniendo  en  cuenta,  además,  que no le permite conocer    cuál    en   concreto   es   la   violación  trascendente  que  se reputa del fallo  condenatorio de segunda instancia.   

Sin embargo, no está de más acotar que del  confuso  e  inconexo escrito allegado por la memorialista se puede adivinar, con  bastante  esfuerzo,  que su inconformidad se centra en la valoración probatoria  realizada  por  el  Tribunal,  al  final de la cual concluyó la responsabilidad  penal  de su prohijado en una conducta punible atentatoria de la administración  pública.   

En  efecto,  como  punto  de  partida,  la  impugnante  empieza  por  señalar que el  fallo  censurado  viola de manera directa normas sustanciales, por  no  haber  reconocido  que  la  conducta  imputada  a su defendido no constituye  delito, ya que obró por un error invencible.   

Para  sustentar  este  aserto, la recurrente  diserta  genéricamente  sobre  la  prelación  de  créditos  y  las  omisiones  legislativas,  sin  que  pueda  desentrañarse  de  su ininteligible demanda, el  objeto  de  citación  de  las últimas, pues, al final simplemente concluye que  las  deudas del fisco corresponden a la cuarta clase de créditos, es decir, por  debajo  de las que fueron preferidas por su prohijado, apoyado legalmente, en el  ejercicio de sus labores.   

En  la  violación  directa,  reitera  la  Sala2,  el  censor  debe  tomar  el  texto  de  la  sentencia y sobre su  construcción,  sin referirse a los hechos establecidos, los cuales debe aceptar  a  plenitud,  mostrar  el  error  de  juicio  en  que incurrió el sentenciador,  fenómeno  que no acontece en el evento que nos ocupa, en tanto que la libelista  cita   como  fuente  de  sus  aseveraciones  supuestos  errores  de  valoración  probatoria,    con   desprendimiento   de   los   razonamientos   y   relaciones  argumentativas  contenidas  en  la  sentencia,  por manera que el ataque resulta  incomprensible  y, en consecuencia, se demanda imperiosa su desestimación, ante  la   falta   de   claridad   y  precisión  en  su  indicación,  exposición  y  fundamento.   

A  cambio  de  ello,  la  actora se limita a  sostener   que  se  estructura  un  error  de  derecho  porque  se  “han    dejado    de    lado    los   principios   de   la   sana  crítica”,  desconociendo  que  si  ello es así, en  realidad  se trata de un error de hecho que, de todos modos, también deja en el  mero  enunciado  porque  nunca  concreta en su escrito si ese desconocimiento se  predica  de las leyes científicas, los principios de la lógica o las reglas de  la experiencia.   

Afirma, simple y llanamente, que se violaron  dos  normas  sustanciales, como son los artículos 254 y 294 del Decreto 2700 de  1991,  los  cuales  aluden  a  la  valoración  probatoria  y  los  criterios de  apreciación  del  testimonio,  pero nunca específica cuál, en concreto, es la  declaración  testifical  que  fue  erradamente  valorada  por  el  Ad  quem,  aunque mas adelante, fiel a la  inconexidad  que  es característica de su libelo, señala que las lucubraciones  del     fallador     constituyen    “afirmaciones  retóricas”,   advirtiendo   que   se  “dejaron     de    lado    pruebas    sustanciales”,    como   la   indagatoria   de   Francisco   de   Paula   Penagos  Estrada.   

Así,  sin hacer ningún tipo de análisis,  de  lo  que  parecer  ser  un falso raciocinio, la defensora pasa a denunciar un  falso  juicio  de  existencia, ya que se ignoró el testimonio del coprocesado y  más   adelante,   para   completar   la   confusión,   aduce  un  “falso    juicio   de   convicción”  señalando  que  a  la  prueba  de  confesión  se  le negó el valor que la ley  atribuye,  dejando  de indicar, una vez más, a qué confesión se refiere, cual  el   contenido   de   la   misma   y,   primordialmente,  su  incidencia  en  el  proceso.   

Recuérdese  que en los eventos de omisión  de  valoración  de la prueba, ha señalado la Corte3  que es deber del casacionista  concretar  en  qué  parte  del expediente se ubica ésta, qué objetivamente se  establece  en  ella,  cuál  es  el  mérito  que  le  corresponde siguiendo los  postulados  de  la  sana  crítica y cómo su estimación conjunta en el arsenal  probatorio  que  integra  la  actuación, da lugar a variar las conclusiones del  fallo  y,  por  tanto,  modificar  la parte resolutiva de la sentencia objeto de  impugnación extraordinaria.   

Sin duda alguna, la crítica probatoria que  hace   la   demandante   es  abstracta  e  indeterminada,  pues  ha  dejado  sus  planteamientos  en  el  mero  enunciado,  ya  que apenas entiende suficiente con  formular  las  solicitudes, sin preocuparse de transcribir y abordar las razones  que  tuvo  en  cuenta  el  juzgador  para  arribar  a la certeza y condenar a su  representado  por  el delito de omisión del agente retenedor o recaudador, como  es exigencia básica en estos casos.   

A  todo  lo  anterior, la impugnante agrega  otro  reproche, cuando manifiesta que la obligación tributaria que es motivo de  litigio,  fue  declarada  prescrita  por  la  DIAN. En razón de ello, retoma la  figura  de  la violación directa de la ley sustancial, para indicar que en este  particular  evento  se ha desconocido el contenido del numeral 4° del artículo  82  del  Código  Penal  de  2000,  el  cual  consagra,  de manera genérica, la  prescripción como causal de extinción de la acción penal.   

De  entrada  se  advierte que la recurrente  confunde  la  prescripción  de  las  obligaciones tributarias, con la que opera  para  el  delito.  De todos modos, en ningún apartado específica la naturaleza  del  supuesto  yerro,  ni  alude  a la incidencia  en  la  condena  penal  de  la decisión adoptada por las  autoridades    administrativas,   eximiendo   a   su  defendido   de   responsabilidad  fiscal   por  haber  operado  la  prescripción  del  tributo,  máxime  cuando  la  jurisprudencia  de  la Sala tiene dicho que  una  absolución  fiscal no impide una investigación  penal    ni    implica    una    sentencia    penal  absolutoria,  sabiéndose  también  que en Colombia no se lesiona ningún derecho  fundamental  cuando  se  adelantan  investigaciones  disciplinarias,  fiscales y  penales  por  los  mismos  hechos, pues que son de naturaleza bastante diversa y  tienen    finalidades    completamente   distintas4.   

El  reproche,  como  todos  los anteriores,  carece  totalmente  de fundamentación, quedando de manifiesto que la recurrente  no   cumplió   con   los   rigorismos   argumentativos   propios   del  recurso  extraordinario  de  casación,  en  tanto,  debe  repetirse, el fallo de segundo  grado  llega  a  este  escenario  prevalido de una doble condición de acierto y  legalidad  que  solo  puede desvirtuarse cuando de forma lógica, con argumentos  suficientes  sustentados  en  los  hechos,  el  decurso  procesal  y  las normas  jurídicas   aplicables  al  caso,  se  demuestra  un  error  evidente,  con  la  trascendencia  suficiente  como  para  revocar  o  modificar lo decidido por las  instancias.   

De  ahí  entonces que proceda inadmitir la  demanda   de   casación   presentada  a  favor  del  procesado  JAVIER  CARDONA  GARCÍA.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a la Corte obrar de oficio, de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   a   nombre   del  procesado  JAVIER  CARDONA  GARCÍA, conforme con  las motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En total, la memorialista enuncia y sugiere consultar  veintiún  pronunciamientos  de  la Corte Constitucional acerca de la prelación  crediticia y las omisiones legislativas.   

2 Auto  del 27 de junio de 2007, Rad. 27.226, entre otros.   

3  Sentencia   del   26   de   junio   de   2002,  Rad.  11.451.   

4 Entre  otros,  autos  del 25 de agosto de 2004 y 29 de agosto de 2007, Radicados 22.544  y 28.157, respectivamente.     

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