31114(03-12-09) (1)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n° 31114  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSÉ           LEONIDAS          BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado  acta No.  374     

Bogotá,   D.   C.,    tres    de   diciembre   de   dos   mil  nueve.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  que  presenta  el  defensor  de los procesados  señores    JUAN    CARLOS   MALDONADO   BOHÓRQUEZ  y   LEONARDO   ALBERTO  GONZÁLEZ  PINZÓN  contra  la  sentencia  de segunda  instancia  proferida el 9 de julio de 2008 por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cúcuta  “como  autores  penalmente  responsables  del delito de  concierto  para  delinquir,  en la modalidad de conformar grupos al margen de la  ley,  en  concurso  con  los  punibles  de Concierto para Delinquir con fines de  Secuestro y Extorsión”.   

1.-           ANTECEDENTES   

1.1.- La cuestión  fáctica   fue  declarada  por    el    juzgador  a   quo   de  la  manera  siguiente:   

“Los  hechos  objeto  de  decisión  se  conocieron  inicialmente a través de la denuncia No.  0364  del  19  de  septiembre  de 2003, con la cual el señor NICANOR VILLAMIZAR  VILLAMIZAR,  relató las varias conductas delictivas de las cuales venía siendo  objeto,  iniciadas  entre octubre de 1997 y enero de 1998 al ser secuestrado por  el  ELN,  luego de obtenida su libertad, previo pago del rescate, posteriormente  presionado  a  efecto  del  pago  de  extorsión; para el año 2001 le exigieron  pagar  cuota destinada a los grupos de autodefensas que operaban en la ciudad de  Pamplona.   

“Da a conocer que debido a las presiones de  JUAN     CARLOS     MALDONADO     BOHÓRQUEZ,  LEONARDO  GONZÁLEZ  PINZÓN  y  alias  YEISON,  su familia  negoció  la  entrega  de dineros para proteger su vida, circunstancia ésta que  se verificó para el mes de octubre de 2003, aproximadamente.   

“Luego se estableció que el 19 de mayo de  2004,  en horas de la noche, arribaron a la finca El Palmar ubicada en la Vereda  Fontibón  del Municipio de Pamplona, sujetos armados quienes luego de registrar  la  vivienda  de uno de los trabajadores, fueron con él a tocar la puerta de la  casa   y  cuando  fueron  requeridos  respecto  de  quién  se  trataba,  éstos  manifestaron   que   eran   del   Ejército,  luego  dijeron  que  eran  de  las  autodefensas;  en  vista  que  los  moradores  no  abrieron  la puerta, hicieron  repetidos  disparos,  siendo repelidos por quienes se  hallaban  dentro  del inmueble, quienes enviaron a un trabajador hasta la ciudad  de  Pamplona  a  efecto  de solicitar la ayuda de la autoridad policial, quienes  arribaron al lugar, huyendo luego los delincuentes”.   

1.2.-  Abierta la  investigación  por  la  Fiscalía  56-5 Especializada  con          sede         en         Cúcuta1,         vinculó  mediante indagatoria a LEONARDO  ALBERTO          GONZÁLEZ          PINZÓN2,         a      JUAN     CARLOS     MALDONADO     BOHÓRQUEZ3   y  a  NÉSTOR  JAVIER  ÁLVAREZ  DÍAZ4.  A  los  dos  primeros  les  definió la situación jurídica con  medida   de   aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva5.   

1.3.-   Posteriormente,   previa  clausura  parcial    del   ciclo  instructivo6  en  relación  con  los sindicados JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ  y LEONARDO ALBERTO GONZÁLEZ PINZÓN -pues se dispuso la ruptura de la unidad  procesal       y       la       continuación      del      trámite   instructivo  en  relación  con  NÉSTOR    JAVIER    ÁLVAREZ    DÍAZ-,  el     2   de   febrero   de   20057 se calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  de acusación en contra  de     los      procesados       JUAN     CARLOS     MALDONADO    BOHÓRQUEZ   y   LEONARDO   ALBERTO   GONZÁLEZ  PINZÓN          como          presuntos  autores   responsables   del   concurso   de   delitos   de  concierto para delinquir por hacer parte de un grupo  armado  al  margen de la ley, concierto para delinquir con fines de extorsión y  concierto  para  delinquir  con  fines  de secuestro,  mediante  determinación que cobró ejecutoria en esa instancia, pues la defensa  desistió   del   recurso   de   apelación   que   había   interpuesto  contra  ella8.   

1.4.- La etapa de juicio fue asumida por el  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  Especializado de  Cúcuta9,  en  donde se llevó a cabo  la             vista            pública10      y     el             15        de        mayo   de  2007,   se   puso   fin   a   la  instancia  condenando   a   los  procesados  LEONARDO  ALBERTO  GONZÁLEZ  PINZÓN y JUAN CARLOS MALDONADO BOHÓRQUEZ a las penas principales de  nueve  años de prisión y multa en cuantía de tres  mil  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, así como a la accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por tiempo  igual  al  de  la  pena privativa de la libertad, a consecuencia de encontrarlos  penalmente  responsables  del delito de concierto para delinquir en la modalidad  de  conformar  grupos  armados  al  margen  de  la  ley,  en concurso con los de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  secuestro  y  extorsión11.   

1.5.- Recurrida  esta     decisión     por     la    defensa12,  el Tribunal Superior del  Distrito     Judicial    de    Cúcuta,    por    medio    del    fallo    proferido   el   9  de julio  de   2008     la    confirmó    íntegramente,  al  conocer en segunda  instancia    de   la   impugnación   interpuesta13.   

1.6.-   Contra   la   sentencia  de  segunda  instancia,  el  procesado    LEONARDO  ALBERTO          GONZÁLEZ          PINZÓN14  y  el defensor de éste y  de     JUAN    CARLOS    MALDONADO    BOHÓRQUEZ15,            interpusieron  recurso  extraordinario  de casación, el cual fue concedido por  el  ad  quem16   y   en   oportunidad  el  profesional  del  derecho  que defiende los intereses de ambos  procesados,            presentó  sendas  demandas17,  sobre  cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

2.-          LAS  DEMANDAS   

2.1.-  A  nombre del procesado JUAN         CARLOS        MALDONADO        BOHÓRQUEZ.   

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  providencia materia de impugnación, así como de resumir los  hechos  y  la  actuación  llevada  a  cabo  en  las instancias, con apoyo en la  causal   primera de  casación,    cuerpo    segundo,   dos  cargos  formula  el  demandante  contra   el   fallo   del   Tribunal   en  los  que  lo  acusa  de  ser  violatorio,  por  vía indirecta, de disposiciones de derecho  sustancial,  a  consecuencia de incurrir en errores de hecho por falso juicio de  existencia en la apreciación probatoria.   

En  el  primer  cargo,  sostiene que  el  fundamento  de la censura radica en la  circunstancia de reconocer un hecho  sin que exista prueba del mismo.   

Esto  por cuanto, en el fallo se afirma el  cumplimiento   de   los   requisitos   exigidos   en  el  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que  establece  los  presupuestos requeridos  para    proferir   sentencia   condenatoria,   y   sin   embargo,   “las condiciones de existencia de la  conducta   punible  y  la  responsabilidad  del  señor  JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ,  en  el  reato  imputado,  brillan  por  su  ausencia”.   

Seguidamente transcribe apartes del fallo de  segunda  instancia, para afirmar a continuación que  “la  prueba brilla por su ausencia, como requisito  y   presupuesto   de   exigencia   para  sentencia  de  carácter  condenatorio,  especialmente   en   la   responsabilidad  del  procesado;  tenemos  como  hecho  protuberante   la   aseveración  que  hace  la  señora  MARÍA  NIELSE  de  la  participación  de  JUAN  CARLOS, circunstancia imposible e inverosímil, ya que  este  último  para  esa  fecha  del  insuceso  se  encontraba  en  la ciudad de  Bogotá”.   

Señala  que el cargo específico contra su  asistido  consiste  en  la  autoría  de la conducta como integrante de un grupo  denominado  autodefensas de Colombia,  también llamados paramilitares. Sin  embargo,  la  prueba  que  milita  en  el  proceso  no  permite formular tamaña  acusación,  y  menos  con  el aditamento del delito de extorsión hacia Nicanor  Villamizar.   “Su   participación  viene  de  la  denuncia  y  ampliación del perjudicado, donde comunica que inicialmente era de  la  guerrilla  y después de la AUC; pero en el resto del itinerario del proceso  no  existe prueba clara y fehaciente que ratifique tal acusación”.   

Menciona  que  a  pesar  de que en el fallo  se afirma que uno de los compañeros del acusado era  un    individuo   conocido   con   el   alias   de  “Yeison”, refuta tal aserto sosteniendo que en  el  expediente  no obra constancia de que el mencionado sujeto haga parte de las  autodefensas  o  que  sea compañero o amigo de su representado. La única pieza  procesal  que obra en el expediente sobre dicho particular, es una diligencia de  indagatoria  del  tal  Yeison,  quien  claramente  dijo  no  conocer a MALDONADO  BOHÓRQUEZ,  se  habla  de  una sentencia anticipada que no existe y menos de un  acta de cargos.   

El  sujeto  Yeison  solamente  viene  a ser  mencionado  por el denunciante en una diligencia de ampliación de denuncia y no  en  la  querella  inicial,  “circunstancia que deja  sin  valor sus posteriores participaciones. Si sabía que era compañero y socio  de  la  empresa delictiva desde un principio, por qué se deja para imputaciones  posteriores”.   

Anota  que  en  el  proceso no se probó la  existencia  de  un  acuerdo  de  Juan  Carlos  Maldonado  con otros sujetos para  cometer   un   número   plural  de  delitos.  “El  denunciante  quiso  y  pretendió  buscar  el respaldo de sus imputaciones, pero  sólo  hubo  el  conato  en  sus  familiares,  los  cuales  sin esfuerzo podemos  comprobar que no fueron contestes”.   

El  quejoso  también  quiso sugerir que se  trató  de  un  conflicto  entre dos familias, pues indicó que dos tías suyas,  Doris  y  Olinda  Maldonado,  ya  estaban  buscando  los  contactos  para que lo  volvieran   a   secuestrar,   nada  de  lo  cual  fue  confirmado.  “El  punible  de  extorsión, no tiene eco en prueba, Nicanor en  el  folio  139  asegura  que  todos  sus  hermanos  han  sido  víctimas de esta  imputación  por parte de JUAN CARLOS; no es cierto, sencilla y contundentemente  se  extrae de las declaraciones de sus hermanos: Sixto, Mauricio, Pedro y Blanca  Azucena  Villamizar  Villamizar, quienes en ningún momento realizan cargos  respecto  de  la  presente  conducta”,  sino  que,  “por    el    contrario,    aparecen    sólidas  contradicciones  en  cuanto sumas, espacio, tiempo y personas presentes, Sixto y  Pedro  niegan,  Blanca  Azucena  y  Mauricio  son contradictorios entre sí y el  cotejo     con     las      versiones     del    denunciante”.   

Cuestiona  el testimonio rendido por Blanca  Villamizar,   a  quien  reprocha  que  hubiere  modificado  la  cuantía  de  la  extorsión  y  pretendido  involucrar  en la realización delictiva a  otro  miembro  de  la  familia  del  procesado,  específicamente  a  Humberto  Maldonado  Bohórquez.   

Causa     extrañeza     –dice-,    que   el   denunciante   primero   le   hubiere  atribuido  al  procesado  su  pertenencia   a   dos  grupos  guerrilleros  y  después,  con  unos  argumentos  parecidos,  lo  señale  como  integrante de las filas del paramilitarsimo, para  sostener  que  se  comenzó a cobrar la suma de cinco mil pesos por cada  una  de  las  reses que  fueran  sacrificadas,  para  lo  cual  convocó  a una reunión en Chinácota. Que esa  suma  la  cobraría inicialmente Jorge Cruz quien la entregaría a Juan Carlos y  éste a Albeiro.   

No      obstante,      “de  la  asociación  de  peseros  e  inclusive  trabajadores de  Nicanor  declararon  dentro  de las diligencias, también el mismo Jorge Cruz, y  el  citado  impuesto  o  vacuna  de  cinco  mil  pesos  no  existe,  con  igual  tratamiento  el viaje al  municipio de Chinácota”.   

Señala que Libia Ramona Cruz Mendoza, José  Octavio  Blanco  Villamizar, Noé Blanco Montañez, y Luis Enrique Parada Parra,  todos  empleados  de  Nicanor, desmienten y contradicen el cargo relacionado con  la  vacuna  determinada  por  las  Autodefensas  a los peseros a través de Juan  Carlos Maldonado.   

Quien según el denunciante era el encargado  de  recoger  el  monto  de las vacunas a los peseros, es el señor Jorge Enrique  Cruz  Mendoza.  No  obstante,  si  bien  acepta  que  recoge unos dineros de los  peseros,  manifiesta  que  lo  hace  por  motivo  de  la  asociación denominada  Asocarvi,  pues así fue dispuesto por la mesa directiva, pero que a Juan Carlos  Maldonado nunca le ha entregado dinero alguno.   

En  relación  con el hecho  del 19 de  mayo  de 2004, censura que se le impute la doble condición de determinador y de  autor   material,   “es  tanto  el  afán  de  una  incriminación,   que   si  no  es  intelectual  es  material,  así  no  es  la  responsabilidad  penal,  es  clara  y contundente como lo exige una sentencia de  carácter  condenatorio,  es  por  eso que los hechos aquí endilgados no fueron  cometidos  por  Juan  Carlos,  máxime  cuando  se  encontraba para esa fecha en  Bogotá”.   Agrega,  además,  que  la  referencia  a la reunión en el restaurante Delicias del Mar,  con  miembros  de  las  autodefensas,  se  desvaneció  con  dos  diligencias de  inspección  judicial y el testimonio del propietario del citado establecimiento  de comercio.   

Con  base en lo expuesto, solicita casar la  sentencia  recurrida y absolver a Juan Carlos Maldonado Bohórquez de los cargos  que le fueron formulados.    

En  el  segundo  cargo,   sostiene  que  el error de hecho por falso juicio de existencia en  que   se  incurrió  el  fallo,  radica  en  la  circunstancia  de ignorar dos  pruebas de las que se establece la inocencia  de JUAN CARLOS MALDONADO BOHÓRQUEZ.   

Indica  que  se  asegura  que  JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ  estuvo  presente  el  19  de  mayo de 2004 en la finca de  propiedad   del   denunciante  Nicanor  Villamizar  Villamizar,  realizando  una  incursión como miembro de las Auc, lo cual es totalmente falso.   

Señala  que  si  los  juzgadores  hubiesen  tenido  en  cuenta  las  pruebas que se recaudaron en Bogotá, los movimientos y  constancias   bancarias,   los   retiros   de  dinero  realizados,  “y  demás  pruebas de la presencia de JUAN CARLOS en otro sitio  para  la  fecha aludida, las decisiones habrían tenido otro curso y en especial  la   absolución  de  mi  cliente  por  su  no  responsabilidad  en  los  hechos  endilgados”.   

Asegura  que las actividades realizadas por  su  cliente  el  19  de mayo de 1994, fueron corroboradas por los testimonios de  Herson   Herman   Fuentes  Solano,  Fanny  Aurora  Castañeda  y   Hernando  Salamanca.  “Si toda esta basta prueba documental y  testimonial,  se  hubiese  mínimamente  analizado, el a quo y ad quem, simple y  llanamente  no hubiesen proferido sentencia condenatoria,  por el contrario  habrían    confirmado    la    inocencia   de   mi   patrocinado”.   

Con base en lo expuesto, solicita a la Corte  casar   el   fallo   demandado   y   absolver    de   todo   cargo   a   su  cliente.             

2.2.-    A   nombre   del  procesado  LEONARDO    ALBERTO  GONZÁLEZ PINZÓN.   

El   mismo  profesional  del  derecho  que defiende los intereses  de    JUAN  CARLOS  MALDONADO   BOHÓRQUEZ,  presenta  la  demanda  en  relación  con  el  señor LEONARDO ALBERTO GONZÁLEZ  PINZÓN,  en  la cual, al  igual  que en la que le precede, con fundamento en la  causal   primera   de   casación,  cuerpo  segundo,  postula  dos  cargos contra el fallo del Tribunal en  los   que   lo   acusa   de   violar  indirectamente  disposiciones  de derecho sustancial por incurrir en errores de hecho por falsos  juicios de existencia en la apreciación probatoria.   

El primer      cargo,     lo  sustenta  en  afirmar  que  en  la  actuación  no  obra  la  prueba requerida para proferir sentencia de condena en  contra de su asistido LEONARDO ALBERTO GONZÁLEZ PINZÓN.   

Después  de  traer  a  colación  algunos  apartes   del   fallo   de   segunda  instancia,  menciona  que  “en  el contexto de la sentencia, se va vislumbrando la ausencia de  prueba,  sin  ir  tan lejos la declaración del señor MAURICIO VILLAMIZAR   hermano  del  denunciante,  quien  asevera  las  indagaciones  que de su hermano  constantemente  le  hacía  LEONARDO,  para  posteriormente  decir que no había  tenido con este último diálogos personales”.   

Señala  que  en  la  actuación  “no  existe  la  prueba  que  tipifique,  configure  la  existencia del delito en las  diligencias  y subjetivamente una responsabilidad en cabeza del señor GONZÁLEZ  PINZÓN”.   

Repite  los  planteamientos  hechos  en  la  demanda  de  casación que precede, al punto de señalar como allí lo hizo, que  “el  denunciante  quiso  y  pretendió  buscar  el  respaldo  de  sus  imputaciones pero sólo hubo el conato en sus familiares, los  cuales  sin  esfuerzo  podemos  comprobar que no fueron contestes”.   

Nicanor  Villamizar  dijo  que  todos  sus  hermanos  han  sido  víctimas  de  extorsión  por  parte  de  Leonardo Alberto  González  Pinzón.  No obstante, su hermano Mauricio Alexander comunica que él  no  ha  sido víctima de dicho de delito, que de pronto su hermano Pedro. Blanca  Villamizar  informa  que  sólo  conoce  a  Leonardo  Alberto  de  vista y Sixto  Villamizar  señala  que  lo conoce solo muy tangencialmente.   

De  igual  modo,  la  cita  a  que alude el  denunciante  con los miembros de las autodefensas en el restaurante Delicias del  Mar,  quedó  desvirtuada  con  la declaración de su propietario Benjamín y la  inspección judicial practicada en dicho lugar.   

También   quedaron   establecidas   las  actividades  realizadas por el procesado Leonardo Alberto el 19 de mayo de 2004,  fecha  de  la  presunta  incursión  en  la habitación del denunciante, con las  declaraciones  y  testimonios  de  la  secretaria y el Vicerrector del Instituto  Superior   de   Educación,   señores   Neyda   Villamizar   y  Javier  Bustos,  respectivamente.   

      

Con base en lo expuesto, solicita a la Corte  casar   el   fallo   demandando   y   absolver  a  su  asistido  de  los  cargos  formulados.   

       

En   relación   con   el   segundo  cargo, formulado al amparo de  la    causal    primera,   también   por     la     senda     de     la     violación     indirecta  por  error  de  hecho por falso juicio de existencia,  el   demandante  manifiesta  que   el  Tribunal ignoró un informe rendido  por  el Ejército Nacional, el cual conduce a establecer la no participación de  su asistido como integrante de las autodefensas.   

Con   dicho   informe,   emitido  por  un  funcionario  del  Batallón  de  Infantería No. 13 García Rovira acantonado en  Pamplona,  “se  deja muy en claro la no inclusión  como  miembro de los paramilitares al señor LEONARDO ALBERTO GONZÁLEZ PINZÓN,  como   se   quiso  hacer  ver  con  la  constancia  incompleta  anexa  desde  la  instrucción”.   

Señala que “la  importancia  de  esta prueba, no se puede tocar o analizar en la forma elemental  como  lo efectuó el Tribunal Superior de Cúcuta”,  al   indicar   que   el   citado  informe  “no  es  concluyente    a    favor    ni    en    contra   del   procesado”.   

Considera      que     “esta  prueba,  tomada como debe ser y no ignorada como se hizo,  obligatoriamente  conduce  a  dejar  sin  piso  el  cargo  del  denunciante, y a  corroborar  los  descargos  del  señor  LEONARDO  GONZÁLEZ PINZÓN, los cuales  certifican  su  no  integración  y  militancia  en el grupo al margen de la ley  aludido”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia  recurrida  y  absolver  a su asistido de los cargos  formulados.       

       

SE CONSIDERA:  

1.-   De   manera  reiterada,  por  tanto  suficientemente              difundida18,  la Corte ha señalado   que  la  casación  no  es  una     instancia  más   a   las  ordinarias  del  trámite  procesal  en  la  que  puedan  ser  presentados  informalmente  argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación  del  juicio  en  que  se posibilite continuar el  debate    fáctico    y    jurídico    propio    del   trámite   regular   del  proceso.   

Insistentemente   ha   precisado  que  su  postulación  debe  obedecer  a  la  denuncia  y  demostración  de  haber  sido  transgredida  la ley con el fallo, y que el escrito a través del cual se ejerce  necesariamente   debe   cumplir  rigurosos  requisitos  de  forma  y  contenido,  establecidos  por  el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal, a fin de  que  pueda  superar el juicio de admisibilidad al trámite extraordinario que le  compete realizar a la Corte.   

Entre  dichos presupuestos, se encuentra la  obligación  de  presentar  precisa  y  claramente  los  fundamentos fácticos y  jurídicos  del  motivo  de  casación  que  se aduce, para lo cual el   demandante   tiene  por  deber  considerar  que  cada  una de las causales tiene  naturaleza  autónoma,  por  lo  mismo  se halla sometida a  parámetros  demostrativos  propios  y  distintos  de las demás,  y que su  configuración   trae   aparejada  consecuencias  de  diversa  índole  para  el  proceso.   

En relación con la causal primera, la Sala  tiene  precisado  que  cuando  se  denuncia  violación  directa  por  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  de  normas de  derecho  sustancial, es deber del demandante aceptar los hechos y las pruebas de  ellos  tal como fueron declarados unos y apreciadas las otras por el juzgador de  segunda  instancia,  y  exponer  su  discrepancia  en  el ámbito del raciocinio  estrictamente  jurídico,  es  decir,  sólo  con  las  consecuencias jurídicas  atribuidas  a  los hechos declarados, sin que resulte viable alegar o sugerir al  tiempo  la  presencia  de errores de apreciación probatoria, dado que para ello  la ley ha previsto la vía indirecta.   

Si  se  acude a  la    violación  indirecta  de  disposiciones  de  derecho  sustancial,  a  consecuencia  de  incurrir el juzgador en errores de apreciación probatoria, el  libelista  debe precisar  si éstos son de hecho o de derecho.   

Al  efecto la jurisprudencia tiene precisado  que  los  primeros  se  presentan  cuando  el juzgador se equivoca al contemplar  materialmente  el  medio, sea  porque omite apreciar una prueba que obra en  el   proceso   o   porque   la   supone   existente  sin  estarlo  (falso   juicio  de  existencia  por  omisión  y  por  suposición,  respectivamente);  o  cuando no obstante considerarla  legal  y  oportunamente recaudada, al fijar su contenido la distorsiona, cercena  o   adiciona  en  su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se establecen de ella (falso juicio  de  identidad);  o, porque sin cometer ninguno de los  anteriores  desaciertos,  pese  a existir la prueba y ser apreciada en su exacta  dimensión   fáctica,   al  asignarle  su  mérito  persuasivo  transgrede  los  postulados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la  sana  crítica  como método de valoración  probatoria      (falso     raciocinio).   

En esta dirección, se reitera que cuando la  censura  se orienta por el falso juicio de existencia por suposición de prueba,  compete   al   casacionista   demostrar   el   yerro   mediante  la  indicación  correspondiente  del  fallo  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no  obra  en  el  proceso; y si lo es por omisión de ponderar prueba que material y  válidamente  obra  en  la  actuación,  es su deber concretar en qué parte del  expediente  se  ubica  ésta,  qué objetivamente se establece de ella, cuál el  mérito  que  le  corresponde  siguiendo  los  postulados de la sana crítica, y  cómo  su  estimación  conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la  actuación,  da  lugar  a  variar  las  conclusiones  del  fallo,  y,  por tanto  modificar   la   parte   resolutiva  de  la  sentencia  objeto  de  impugnación  extraordinaria.     

   

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Y si lo que se denuncia es la configuración  de  un  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de la sana  crítica,  se  debe indicar qué dice de manera objetiva el medio, qué infirió  de  él  el  juzgador,  cuál mérito persuasivo le fue otorgado, señalar cuál  postulado  de  la  lógica,  ley  de  la  ciencia  o  máxima de experiencia fue  desconocida,  y  cuál  el  aporte  científico correcto, la regla de la lógica  apropiada,  la  máxima de la experiencia que debió tomarse en consideración y  cómo;  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe  ser  la  apreciación  correcta  de  la  prueba  o  pruebas que cuestiona, y que  habría  dado  lugar  a  proferir un fallo sustancialmente distinto y opuesto al  ameritado.    

Los  errores  de  derecho, entrañan, por su  parte,   la  apreciación  material  de la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades  legales  para  su  aducción, o la rechaza porque a pesar de estar  reunidas  considera que no las cumple (falso juicio de  legalidad);   también,   aunque   de   restringida  aplicación  por  haber  desaparecido  del  sistema procesal la tarifa legal, se  incurre  en  esta  especie  de  error  cuando  el  juzgador  desconoce  el valor  prefijado   a  la  prueba  en  la  ley,  o  la  eficacia  que  ésta  le  asigna  (falso    juicio    de    convicción),  correspondiendo  al  actor,  en  todo  caso,  señalar  las  normas  procesales  que  reglan  los  medios  de prueba sobre los que predica el  yerro, y acreditar cómo se produjo su transgresión.   

La  Corte  tiene  precisado, que cada una de  estas  especies  de  error  obedecen  a  momentos  lógicamente  distintos en la  apreciación  probatoria y corresponden a una secuencia de carácter progresivo,  así  encuentren  concreción  en  un  acto  históricamente  unitario: el fallo  judicial  de  segunda  instancia.  Por  esto  no  resulta  acorde con la lógica  inherente  al  recurso  que  frente  a  la  misma  prueba  y  dentro  del  mismo  cargo,   o  en  otro postulado en el mismo plano, sin indicar la prelación  con  que  la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen argumentos referidos a  desaciertos probatorios de naturaleza distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar el sentido de transgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera objetiva  su  contenido,  el  mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de éste en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación la norma de  derecho  sustancial  que mediatamente resultó excluida o indebidamente aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber ocurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado, integrando de esta manera  la proposición del cargo y su formulación completa.   

Además, pertinente resulta insistir en ello,  de  acogerse  a  la  vía indirecta, la misma naturaleza rogada que la casación  ostenta  impone  al  demandante  el  deber  de abordar la demostración de cómo  habría  de  corregirse  el  yerro probatorio que denuncia, modificando tanto el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de  la  sentencia.  Esta tarea  comprende  la  obligación  de realizar un nuevo análisis del acervo probatorio  en  que  se  corrija  el error, sea valorando las pruebas omitidas, cercenadas o  tergiversadas,  o  apreciando acorde con las reglas de la sana crítica aquellas  en  cuya  ponderación  fueron  transgredidos  los postulados de la lógica, las  leyes  de  la  ciencia  o  los  dictados  de experiencia; y, de ser ese el caso,  excluyendo las supuestas o ilegalmente allegadas o valoradas.   

Todo  ello  no  debe ser realizado de manera  insular,  sino en confrontación con lo acreditado por las pruebas acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración,  y  en  orden  a  hacer  evidente  la  falta  de  aplicación  o la  aplicación  indebida  de un concreto precepto de derecho sustancial, pues es la  demostración  de  la  transgresión  de  la  norma de derecho sustancial por el  fallo,   la   finalidad   de   la   causal   primera   en  el  ejercicio  de  la  casación19.     

2.-  En  el presente caso, resulta evidente  que     ninguno     de     los     cargos     propuestos    en    las          demandas         formuladas contra la sentencia impugnada, logra  cumplir  estas exigencias básicas. La falta de claridad, precisión y de debida  sustentación,  cuando  no  de  idoneidad  sustancial, son el elemento común en  cada     una    de  ellas.      Las  inconsistencias  de  fundamentación  y técnicas son de tal magnitud y entidad,  que    impiden    establecer    el    verdadero    alcance   de   las         pretensiones  presentadas, lo que determina que  los  libelos      no    puedan     ser     admitidos  al  trámite casacional con miras a  un   pronunciamiento   de   fondo,   en   términos  que  seguidamente  pasan  a  precisarse.   

2.1.-   En   relación   con  la  primera  censura  incluida  en  las  demandas  presentadas  a  nombre  de  los  procesados  JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ  y  LEONARDO  ALBERTO  GONZÁLEZ  PINZÓN  -postulada al amparo del  motivo    primero   de  casación    para    denunciar   la   violación  indirecta  de  la ley sustancial por falsos juicios de  existencia  por  suposición de prueba, pues, según indicó “mi fundamento en  el  presente cargo, radica en la circunstancia de reconocer un hecho sin existir  la   prueba”-,  debe  decirse  que  el casacionista no cumplió el deber de  presentar  clara  y precisamente el fundamento de su  reparo,   dejó   de   acreditar   de   qué  manera  se  configuró    el    yerro    y    exactamente  cuál  fue  el  hecho  que  se  declaró  probado sin  contar     con     el     debido     sustento    en    los    medios    de   convicción   válidamente      allegados     al  informativo.   

Es  de  tal  entidad  la  incertidumbre  en  relación  con  este  aspecto  que  las  demandas  generan, que no logra saberse  respecto  de  cual  o  cuáles  de  las varias conductas delictivas imputadas se  predica  el  vacío  probatorio,  o  si  la  falta de prueba se pregona sobre la  responsabilidad  de los acusados. Para tratar de eludir el deber de precisión y  claridad  en  la  elaboración  de  la  demanda,  el  libelista  habilidosamente  sostiene  que  “desde  ya  y  sin  equívocos, partiendo del artículo 232 del  código  de  procedimiento  civil  (sic)  y  340 (inciso segundo) del sustantivo  penal,  no  existe la prueba que tipifique, configure  la   existencia   del   delito   en   las   diligencias   y  subjetivamente  una  responsabilidad  en  cabeza  del señor MALDONADO BOHÓRQUEZ”, repitiendo este  mismo  discurso en relación con el señor GONZÁLEZ PINZÓN, pero sin acreditar  a  cuáles  delitos  se  refiere, ni concretar el hecho o hechos que el juzgador  indebidamente declaró acreditados.   

En lugar de demostrar la configuración del  yerro  que  enunciado en la formulación de los reparos, lo que las dos demandas  ofrecen  es  una  crítica general a la manera como los juzgadores apreciaron la  prueba  y el mérito que le confirieron a cada una de ellas, y no la pretensión  por   demostrar   de  manera  concreta  que  el  juzgador  declaró  probado  un  hecho,   a  partir  de  suponer  que  en  el  proceso  existía  la  prueba  de  respaldo, sin realmente  estarlo.   

Esto    es    lo   que   se   establece  cuando,  con  desconocimiento  de lo declarado en el  fallo,  en  las      demandas     presentadas   a   nombre   de   los  dos  procesados  se  afirma  que  “su  participación  viene  de  la  denuncia  y  ampliación  del  perjudicado,  donde  comunica  que  inicialmente   era   de   la  guerrilla  y  después  de  la  AUC;  pero  en  el  resto del itinerario del  proceso    no   existe   prueba   clara   y   fehaciente   que   ratifique   tal  acusación”.   

Para que no quede ninguna duda sobre  el  interesado  planteamiento  del  censor,  y  la falta de  correspondencia  entre  sus  asertos y el fallo, lo cual denota además la falta  de  idoneidad  sustancial  de  las demandas, baste con señalar que no es cierto  que   los   juzgadores  hubieren  supuesto  las  pruebas  en  que  fundaron  sus  correspondientes decisiones en cada una de las instancias.   

Al  efecto  debe notarse que a folios 239 y  siguientes  del  cuaderno  número 3, el juzgado de primera instancia aludió al  informe  policial  sobre  la  incursión  armada  a  la  finca  del denunciante,  el  informe  rendido  por  el segundo comandante del  Batallón  García  Rovira  con  sede  en Pamplona, la denuncia formulada por la  víctima,  el  testimonio  de  Nelson Becerra Sierra, Blanca Azucena Villamizar,  María  Nilse  Mendoza, Libia Ramona Cruz Mendoza, José Octavio Blanco Villamizar, Noé Blanco Montañez,  Jorge   Enrique  Cruz  Mendoza,  Luis  Enrique  Parada  Parra,  Hernando  Montes  Benítez,  Nelson  Enrique  Villamizar,  Víctor  Julio  Villamizar,   Juan  Bautista   Tibamoza  Angarita,  José  Elías  Silva,  Lucas  Evangelista  Rizo,  Mauricio  Alexander Villamizar, Yolanda Montes Martínez, José Hernando Alfonso  Salamanca,  Fanny Aurora  Castañeda,  Gerson  Herman  Fuentes  Solano,  Fortunato  Peña  Carrillo, Nayda  Elizabeth   Villamizar,   José   Javier   Bustos  Cortés,  Humberto  Maldonado  Bohórquez,  Gregorio Rincón, las indagatorias de los procesados, la diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de personas, la inspección judicial practicada al  inmueble  en  donde se presentó la incursión armada, y la información oficial  sobre los registros de armas de fuego en cabeza de los acusados.   

A  partir  de  tales medios de convicción,  concluyó          el         A         quo20:   

“No   hay  confusión  alguna  sobre  las actividades realizadas por quienes se procesan en  la  ciudad  de Pamplona y su militancia en el grupo paramilitar allí asentado y  las  acciones  más  que  comprobadas;  cadena  de  testimonios  que  exponen la  responsabilidad  de los mismos en los hechos que fueron investigados por el ente  instructor  que  no  dejan duda sobre la imputación en las conductas que se les  hiciera  al  someter  no  sólo  a NICANOR VILLAMIZAR VILLAMIZAR, sino a toda su  familia,  lo  que permitió obtener pruebas fehacientes de la responsabilidad de  los  mismo, por lo que difícilmente pueden aceptarse  las   muchas   y   variadas   coartadas  que  los  vinculados  plantearon.                     

“Vemos  que  es indiscutible la evidencia  que  NICANOR  VILLAMIZAR  VILLAMIZAR plantea al manifestar que desde el mes  de  octubre  de año 1997, venía siendo extorsionado, hasta que fue secuestrado  por  dos  individuos conocidos sólo con los alias de EL CHENGO y PORRAS, amigos  o   compañeros  de  JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ  regresando  a la libertad en el mes de enero del  año  1998, previo pago de la suma de $20.000.000.00,  enterado  tiempo  después  por uno de sus propios hermanos de que éste último  había dicho que lo iban a volver a secuestrar.   

“Después  fue  presionado para e pago de  varias  extorsiones  y  ya en el año 2001 le exigen que debe cancelar distintas  cuotas  o  sumas  de  dinero  presuntamente  a  los  grupos  de autodefensas que  operaban  en  Pamplona,  que  presionaban  e  intimidaban a los habitantes de la  localidad,   ensañándose   en  la  familia  VILLAMIZAR  VILLAMIZAR,  para  que  cancelara  las  sumas  de  dinero  exigidas  a  cambio  de  no atentar contra su  integridad o la de su familia.   

“Sobre  la  responsabilidad  que  le  es  imputable  a  JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ y a LEONARDO ALBERTO GONZÁLEZ  PINZÓN,  tenemos  que  la  misma  deviene  en  primera medida de la denuncia de  NICANOR  VILLAMIZAR  VILLAMIZAR  y  posteriores  ampliaciones  haciendo el mismo  relato,  denunciando a las mismas personas, con sus nombres y en el mejor de los  casos    con    el    sobrenombre    como    en    el   caso   de   YEISON  que  corresponde NÉSTOR   JAVIER  ÁLVAREZ  DÍAZ  -ya  sentenciado por acogerse a sentencia anticipada.      

“Don  Nicanor  en  su  denuncia narra los  hechos  que  le  sucedieron  desde  el  mes de Octubre de 1997, fecha en que fue  plagiado  supuestamente  por  el  ELN  que lo mantuvo en su poder hasta enero de  1998,  cuando  lo  liberó  bajo  el  pago  de  una  suma  de  dinero; ya libre,  sucesivamente   fue   sometido   a  un  sinnúmero  de  extorsiones  las  cuales  ‘pagó hasta que en el  año  2001 empezaron  a exigirle pagara sumas destinadas a las Autodefensas  y  exactamente  el  19 de mayo del 2004 en horas de la noche fueron a buscarlo a  su  Finca  El  Palmar,  en  la  Vereda  Fontibón en  cercanías  de Pamplona, disparándole a la casa, gritándole que saliera y como  no  lo  hizo,  lo  amenazaron  con que atentarían no sólo contra su vida, sino  contra  su  familia,  enviando  razón con Nelson Becerra, uno de sus empleados,  para  que  le informara a la Policía y al Ejército,  por  cuanto  los  invasores  le  gritaban  que  se  enfrentarían con quienes se  hicieran  presente.  Por  lo  que  el Despacho le da  total  credibilidad  a  su  denuncia  y  posteriores ampliaciones las cuales son  coherentes        y        claras.     

“JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ  y  LEONARDO     ALBERTO     GONZÁLEZ     PINZÓN,    junto    con    NÉSTOR    JAVIER   ÁLVAREZ   DÍAZ,  integraron  durante  varios  años  el  grupo  de  autodefensas  asentadas en la  Provincia  de  Pamplona,  aspectos que se consideran determinantes de los hechos  narrados  por NICANOR dando cuenta de las circunstancias de tiempo, modo y lugar  en  que  se  desarrollaron  por  cuanto  no sólo él, sino su compañera MARÍA  NILSE,  sus  vivientes  Nelson  Becerra  Sierra  y  Hernando  Montes  Martínez,  narraron  lo  acontecido  con lujo de detalles como consecuencia de lo sucedido.  Datos  reveladores  del  nexo  causal y circunstancial entre los procesados y la  víctima,  demostrándose  la  vinculación de los mismos con el grupo al margen  de  la  ley,  al  igual  que  el  acuerdo mutuo para  extorsionar   e  incluso  secuestrar;  afirmaciones  que  de  igual  manera  son  corroboradas  por  sus  hermanos  Nelson  Enrique,  Blanca  Azucena  y  Mauricio  Alexander     Villamizar     Villamizar     y     Víctor    Julio    Villamizar  Martínez.   

Sobre  el  secuestro  de  que  fue víctima  NICANOR      VILLAMIZAR      VILLAMIZAR,  por  parte  del  ELN tenemos que su hermana Blanca Azucena de  manera  pausada  narra  las  dificultades por las que junto con su señora madre  tuvieron  que  pasar para dar con el paradero de Nicanor, las conversaciones con  algunos  de  los  secuestradores,  al igual que las exigencias; ¿eran realmente  del  ELN  cuando  no  portaban  de manera visible distintivos de alguna especie?  Cuál  era  la  razón para que el acompañante conocido con el alias de Perrita  les  recomendara  que buscaran la ayuda de los Maldonado? Qué tendrían que ver  los  Maldonado  con este secuestro para que alias Perrita insinuara a la familia  de Nicanor pidieran su ayuda?   

“A  los  Maldonado  siempre  se  les  ha  relacionado  con  los paramilitares, ello se encuentra respaldado con los varios  testimonios  recaudados,  además  de  que el informe No. 257 del 22 de junio de  2004  emanado  del  Batallón  García  Rovira  de  Pamplona  así  lo  pone  de  presente.   

“La supuesta participación del grupo ELN  en  el  secuestro  de  Nicanor  no  se encuentra realmente establecida. Todos se  limitan  a repetir que los individuos ‘dijeron   ser  del  ELN’,  lo  que  sí  se  encuentra  plenamente probado es la coacción  ejercida  por  el  grupo  de  autodefensas  que  militaba  en Pamplona al señor  Nicanor,   nótese   cómo  recibieron  una  llamada  de  un  individuo  que  se  identificó  como  Calentura  y  quien  les  dijo  que  él patrón necesitaba a  Nicanor’.  Hemos  de  advertir   que   la   judicatura  nos  ha  permitido  conocer  que  ‘a.       Calentura’  no  es  otro  que  Víctor  Julio  Calentura,  miembro  del  grupo  de autodefensas de  Pamplona condenado por  este despacho por el punible de extorsión.   

“En otra ocasión estando en una reunión  entre  los  que  se  encontraba  Juan  Carlos,  éste  les dijo que ‘el  hombre estaba bravo’,  que necesitaba cinco millones de  pesos   y  tenían que buscarlo, después llegó Yeison a quien Juan Carlos  le  dijo que sólo habían conseguido un millón de pesos y no podían conseguir  más  y  les  respondió  que  eso  para  qué,  que  lo que iba a pasar era que  buscarían  unos  veinte  hombres,  llegaban  hasta  la  finca  de Nicanor y los  mataban, puesto que arrasarían hasta con el perro.   

“Obsérvese  entonces  que  Juan  Carlos  Maldonado  Bohórquez  siempre  ha  tenido  que  ver  con los hechos sucedidos a  Nicanor,   pues  incluso  desde  que  a  éste  se  lo  llevaron  del  matadero,  acompañado  de  Jorge  Enrique  Cruz  Mendoza  y  Juvenal  Sánchez  a  quienes  devolvieron  al  amanecer,  bueno  es recordar que estos dos hombres dijeron ser  del  ELN  pero tampoco mostraron identificación alguna, agregando Jorge Enrique  que  quienes  los  recibieron  en  el  camino de Chitagá tampoco tenían algún  distintivo que los hiciera ver como integrantes del ELN.   

“Pero resulta que la intervención de JUAN  CARLOS  siempre ha estado demostrada como negociador  para  la  liberación  de Nicanor, indicativo que no deja lugar a duda de que se  encuentra   involucrado    y   no   como  mediador  desinteresado  para  su  liberación,   sino   como   persona   que   recibió  dinero  por  su  supuesta  liberación.   

“Ahora    sobre   la   participación  y  por  consiguiente  la  responsabilidad  de  LEONARDO  ALBERTO  GONZÁLEZ PINZÓN, hemos de referirnos a  que  la  misma  se  encuentra  comprometida por los dichos de Mauricio Alexander  Villamizar  Villamizar,  quien  asegura  que  estando  una  vez  en  el matadero  llegaron  Yeison  y  el  Paisa, lo llamaron como Nicanor y al decirle que ese no  era  su nombre, para lo cual mostró sus documentos de identidad, respaldado por  otras  personas  que  en  la  plaza  se  encontraban,  este par de individuos le  contestaron   ‘que  no  importaba  por  cuanto  la  razón era que le dijera a Nicanor de debía venir a  Pamplona  y  hablara con Juan Carlos o Leonardo ya que era lo mismo, y que si no  lo  hacía  irían  por él a la Finca, por cuanto sabían que desde que hizo el  arreglo  no  salía  de  la  misma.  Asustado  le  contó  a su hermano quien le  respondió  que  ya  le  había  dado  a  los  paracos  diez  millones de pesos,  habiéndole  entregado a Juan Carlos en la pesa un dinero y en el mes de octubre  cinco millones de pesos a Yeison”.   

“En  fin  del  estudio  de los diferentes  medios  probatorios,  en  especial  de las declaraciones de testigos y víctimas  quienes  narraron con lujo de detalles lo acontecido se concluye que JUAN CARLOS  MALDONADO   BOHÓRQUEZ,   LEONARDO   ALBERTO   GONZÁLEZ   PINZÓN,   junto  con  NÉSTOR  JAVIER ÁLVAREZ  DÍAZ,  alias  ELLISON-  conocidos  ampliamente por su denunciante, al igual que  señalados  por  quienes  tuvieron conocimiento de los hechos, eran personas que  se  presentaban  como miembros activos del grupo de autodefensas que azotaron la  Provincia de  Pamplona,  grupo  conformado  por  un  número  considerable  de  individuos,  divididos  en  subgrupos, quienes para facilitar su trabajo y poder  cubrir  con  mayor  facilidad y eficacia las acciones que les eran encomendadas,  como  en el presente caso haciendo visitas a las fincas, a las viviendas y a los  negocios  intimidando  a  los  desprevenidos campesinos y comerciantes, dañando  sus  bienes,  los que eran agarrados a plomo (sic) como se puede apreciar en una  de  las  casas  que  forman  parte  de  la  Finca  El  Palmar folios 163-190 c-1  exigiendo   dineros,   dando   para   ello   un   plazo   perentorio,  recurriendo los afectados a las entidades bancarias solicitando  préstamos  de  dineros  en altas sumas de dineros (sic) con el fin de tratar de  mantenerlos  contentos,  mas  sin  embargo no les era del todo satisfactorio, ya  que         continuaban         con        sus        exigencias”.                          

Si esta fue parte de la fundamentación del  fallo  de  primera  instancia,  confirmado  por el de segunda, con lo cual, para  efectos  de  la  casación,  integran  una  unidad jurídica inescindible en los  aspectos  que  no  hubieren sufrido modificación con ocasión de la definición  del  recurso  de   apelación  interpuesto contra el fallo de primer grado,  resulta  evidente  que  para  que  la  censura  tuviera  algún  sustento  en la  actuación    y  alguna  posibilidad  de  ser  admitida  por  la  Sala,  el  demandante  debió  demostrar que en la actuación no  obran  materialmente  los  medios  de  convicción  a  que se alude en la sentencia, sino que, supuso  su  existencia  sin  que tales pruebas en verdad hubieren sido practicadas, nada  de lo cual siquiera ensaya.   

De  este  modo  resultan  manifiestos  los  defectos  formales  que  tales  cargos acusan, pues su desarrollo no corresponde  con  la  causal  seleccionada, y adicionalmente, con transgresión del principio  de  lealtad,   el  demandante  no es fiel a los  fundamentos del fallo.   

Lo  que  se  aprecia  entonces,  no  es  la  intención   concreta   de   denunciar  la  configuración  de  un  falso   juicio   de   existencia   por   suposición   probatoria,  sino  simple  y llana oposición del demandante a la  actuación  de  la  judicatura  tan  sólo  porque no  se  le  dio  la  razón  a  los  recurrentes  cuando  impugnaron  la  sentencia  condenatoria de  primera  instancia, lo cual resulta  inadmisible  en  sede  extraordinaria  e impone a la  Sala tener que inadmitir las censuras.   

2.2.-  Frente al  cargo  que  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial   por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  que  el  casacionista  presenta  a  nombre  del     procesado     JUAN    CARLOS    MALDONADO  BOHÓRQUEZ, que sustenta en la consideración de que  los  Juzgadores dejaron de considerar las pruebas con las cuales se acreditaría  que  el  19 de mayo de 2004 su asistido se encontraba  en  la  ciudad de Bogotá y no en el municipio de Pamplona, debe decirse que, al  igual  que en los anteriores reparos, la censura permanece en su solo enunciado,  en  cuanto  deja  de indicar qué en concreto dicen las pruebas que extraña, en  qué   parte  del  expediente  se  ubican,  cuál  el  mérito  que  habría  de  corresponderles  en  sede extraordinaria, ni por qué al valorarlas, en conjunto  con  las  demás  válidamente  practicadas  y  siguiendo  las reglas de la sana  crítica,   darían  lugar  a  variar  el  sustento  fáctico  del  fallo,  y  por  ende  la  declaración  de  justicia,  en sentido  sustancialmente  distinto  y  apuesto  a la contenida en la parte resolutiva del  fallo ameritado.      

Con  todo, debe decirse que en esta censura  la  falta  de idoneidad sustancial asimismo resulta manifiesta, toda vez que los  juzgadores  si  consideraron la coartada propuesta por la defensa, relativa a la  presencia  del  procesado  en un lugar distinto a la finca de la víctima, sólo  que  no  le  confirieron  el  mérito  persuasivo  a que ahora se aspira en sede  extraordinaria, con lo cual el cargo queda sin sustento.   

Al  efecto  pertinente  resulta  traer  a  colación  los  apartes  del  fallo de primera instancia en donde se alude a los  medios de convicción que el casacionista extraña:   

“A  través  de  despacho  comisorio  se  recibieron  los  testimonios  de  JOSÉ HERNANDO ALFONSO SALAMANCA, FANNY AURORA  CASTAÑEDA  DE ALONSO, quienes manifiestan que JUAN CARLOS MALDONADO BOHÓRQUEZ,  estuvo  en  una  apartamento  de  su  propiedad   en  Bogotá  en los días  comprendidos  del  10 al 29 de mayo de 2004, que tiene arrendado a Gerson Herman  Fuentes Solano folios 102 y ss. C 3.   

“A folios 106  obra  el  testimonio  de  GERSON  HERMAN  FUENTES  SOLANO,  dice que los esposos  Alfonso  Castañeda  le tenían arrendado un apartamento en el barrio Bonanza de  Bogotá,  que  efectivamente  conoce  a  los  procesados  MALDONADO BOHÓRQUEZ y  GONZÁLEZ      PINZÓN       ‘ya  que  son  amigos los conozco desde hace mucho tiempo les dejé  el  apartamento eso fue el año anterior (se refiere al año 2004) más o menos.  No  recordando  con certeza la fecha, pero fue entre el diez y once de mayo más  o   menos,   puesto   que   se   encontraban   gestionando   la   compra  de  un  vehículo”.   

“En  diligencia  de audiencia pública se  decepcionaron  los  testimonios  de  Fortunato  Peña Carrillo, dice que en unas  tres  ocasiones  visitó a Juan Carlos en la cárcel, una de ellas en compañía  de  Mauricio Villamizar Villamizar, hablando con éste, pero no sabe sobre qué,  más adelante afirma que fue a comprar marranos.   

“Neida Elizabeth Villamizar Portilla dice  trabaja  en  el  ISER,  el  mismo  donde  labora GONZÁLEZ PINZÓN, que allí se  llevaron  a  cabo  actividades  durante  el mes de mayo de 2004 ya que se estaba  organizando  lo  relacionado  para  las  fiestas  del  4  de julio, considera la  conducta del procesado es excelente.   

“José  Javier Bustos Cortés, manifiesta  que  González Pinzón es una persona de conducta responsable. Así mismo afirma  que  la  constancia  donde  se  certifica que LEONARDO ALBERTO GONZÁLEZ PINZÓN  asistió  a reuniones los días 10-11 y 19 de mayo del año 2004 en horario de 6  p.m.  a  10 p.m. lo fue para planificar y organizar las festividades  del 4  de  julio,  al  igual que la certificación de que el 20 de mayo dictó cátedra  son      firmadas     por     él”.              

Esta  reseña  sobre   la  prueba  de  descargo,  y la manifestación del juzgador a quo en  el  sentido  de que “no hay confusión alguna sobre  las  actividades  realizadas  por quienes se procesan en la ciudad de Pamplona y  su  militancia  en  el  grupo paramilitar allí asentado y las acciones más que  comprobadas;  cadena de testimonios que exponen la responsabilidad de los mismos  en  los  hechos que fueron investigados por el ente instructor que no dejan duda  sobre  la  imputación en las conductas que se les hiciera al someter no sólo a  NICANOR  VILLAMIZAR VILLAMIZAR, sino a toda su familia, lo que permitió obtener  pruebas   fehacientes   de   la   responsabilidad  de  los  mismo,  por  lo  que  difícilmente pueden aceptarse las muchas y variadas  coartadas    que   los   vinculados   plantearon”  pone  de  presente que el  juzgador  sí  tomó en consideración la prueba sobre la coartada propuesta por  la  defensa, sólo que no le confirió el mérito a que se aspiraba, con lo cual  queda claro que el error de existencia queda sin demostración.   

2.3.-  Otro  tanto  ocurre  en  relación  con    el   error   de   existencia   por  omisión  que  se  plantea  en el  segundo  cargo  formulado  en  la  demanda  presentada  a  nombre  del procesado  LEONARDO  ALBERTO  GONZÁLEZ  PINZÓN, para sostener  que  el  Tribunal  dejó  de  considerar  un  informe  proveniente del Ejército  Nacional,    en    el   cual,   en   palabras   del   recurrente,   “se  constata  fehacientemente, la no participación de LEONARDO  como   integrante   de   las   autodefensas   y  menos  aún  como  operario  de  finanzas”.   

Nótese que el demandante apenas enuncia el  error  pero  deja  de  acreditar  su  configuración objetiva en el proceso y la  trascendencia  del  mismo.  No  indica  por  qué  debe considerarse válida una  prueba  allegada  con  posterioridad  al  debate  probatorio del juicio, incluso  después  de haberse emitido el fallo de primera instancia, con lo cual falla el  primer  presupuesto  para  que  el  cargo por falso juicio de existencia pudiera  entenderse debidamente formulado.   

Tampoco  indica,  pese  a tener el deber de  hacerlo,   cómo  dicho  medio,  apreciado  en  conjunto  con  los  demás   válidamente  practicados  y sobre los cuales no concurre ningún tipo de error,  daría   lugar   a   modificar  la  facticidad  declarada  en  el  fallo  y,  en  consecuencia,    el    sentido    de    la    decisión    adoptada    en    las  instancias.   

Pero aún si la Corte llegase a suponer que  el  cargo  se  ofrece  adecuadamente formulado, debe  decirse  que  resulta carente de fundamento, toda vez  que  a  pesar  de que no tenía la obligación de ponderar un medio allegado por  fuera  de la oportunidad legalmente prevista,  el Tribunal hizo alusión al  mismo  y le restó el mérito persuasivo que ahora el demandante reclama, con lo  cual,  también  desde la perspectiva de la idoneidad sustancial, la censura cae  en el vacío.   

Al  efecto,  pertinente  resulta  traer  a  colación  el  siguiente  aparte  del  fallo de segunda instancia, en el cual se  alude al tema propuesto por el demandante:   

“Por  último,  dado  el  mérito  que le  corresponde  al testimonio de la víctima y demás, que coinciden ampliamente en  lo  esencial,  la  controversia  del  informe  del  Ejército Nacional tomado en  cuenta  dentro  de  la  actuación  no  es  concluyente a favor ni en contra del  procesado,  y  si  bien en curso del proceso a él se hizo referencia, es por la  presunción  de  legalidad  de que goza, sin embargo  ante  una  petición  allegada  por  el  procesado  GONZÁLEZ PINZÓN al proceso  encontrándose  en  segunda  instancia  y  en turno para desatarse la alzada, el  día  26  de junio de 2007, y de igual manera el del día 28 de mayo de 2008, se  anexa  respuesta a una petición presentada ante el Batallón de Infantería No.  13      ‘García  Rovira’ de fecha 26 de  junio  de  2007,  en  la cual se informa lo contrario del primer informe citado,  aspecto  que no conlleva a que la Sala modifique la decisión de instancia, toda  vez  que bien puede excluirse y mantenerse incólume el juicio de reproche   y   de   derecho   en   contra   del  procesado”21.           

3.-   Siendo  entonces       ostensibles       los       defectos      que      las          demandas           acusan,  pues,  como  se  deja expuesto, de  ellas  no se desentraña  precisa  y  claramente  los fundamentos de las causales invocadas, y no pudiendo  la  Corte  corregirlas por  virtud  del principio de limitación que rige su actuación, lo procedente será  inadmitirlas,  declarar  desierto  el  recurso  y  ordenar la devolución del expediente al despacho de origen, conforme así se  establece  de  los  artículos  197 del Decreto    2700    de    1991    y    213    de   la   Ley 600 de 2000.   

Esto  último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas  decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  las  demandas  de casación presentadas   por  los    defensores  de    los        procesados  JUAN  CARLOS  MALDONADO  BOHÓRQUEZ  y   LEONARDO   ALBERTO  GONZÁLEZ  PINZÓN, por lo anotado en la motivación  de   este  proveído.  En  consecuencia  se  DECLARA  DESIERTO  el recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ            LEONIDAS           BUSTOS  MARTÍNEZ           SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO            MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                         JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

Cita medica  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Fl.  48 cno. 1   

2 Fl.  63  y ss. cno. 1   

3 Fl.  71 y ss.  cno. 1   

4 Fls.  23 y ss. cno. 2   

5 Fls.  87 y ss. cno. 1   

6 Fl.  86  y ss. cno. 2   

7 Fls.  1181 cno. 2   

8 Fls.  155 cno. 2   

9 Fls.  6 cno. 3   

10 Fls.  119 y ss. cno. 3   

11  Fls. 236 y ss. cno. 3   

12  Fls. 260 y ss. cno. 3   

13  Fls. 98 y ss. cno. Trib.   

14 Fl.  124 cno. Trib.   

15  Fls. 133 cno.  Trib.   

16  Fls. 136  cno. Trib.   

17  Fls. 153 y ss. cno. Trib.   

18  Cfr.  por  todas  auto  de  casación  de 19 de agosto de 2008. Rad. 28291    

19  Cfr. Cas. agosto 6 de 2002. Rad. 19330   

20  Fls. 245 y ss. cno. 3   

21  Fls. 119 cno. Trib.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *