30975(19-01-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30975  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 08   

Bogotá,  D.  C., diecinueve (19) de enero de  dos mil nueve (2009)   

VISTOS  

La  Sala  decide  acerca  del  impedimento  manifestado  por  los  magistrados Patricia Rodríguez  Torres  y  Marco  Antonio  Rueda  Soto, integrantes de la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  para  conocer  del  recurso  de  apelación  en contra de la decisión proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Conocimiento  de esta ciudad, en audiencia preparatoria de fecha 5  de  noviembre de 2008, dentro de la actuación que se adelanta en contra de JUAN  CARLOS  JARAMILLO  ZAPATA  por el concurso de conductas punibles de acceso carnal violento agravado.   

ANTECEDENTES  

1.  La  Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito de acusación en contra de CRISTIAN  MAURICIO  GUERRERO  por  el  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  acceso  carnal  violento agravado, según  lo  previsto  en  los  artículos 31, 205 y 211 numeral 1 de la ley 599 de 2000,  actual Código Penal, modificado por la ley 890 de 2004.   

De  conformidad  con  la situación fáctica  imputada,  a  comienzos  del año 2007, dentro del establecimiento carcelario La  Picota    de    Bogotá,   el   procesado,   en   compañía   de   Manuel   Ernesto   Zambrano,   accedió  carnalmente  y  en  más de una ocasión al interno César Hernando Rueda Díaz,  mediante amenazas e intimidaciones con arma blanca.   

2.  Durante  la  audiencia  de  formulación  de acusación adelantada ante el Juzgado Once Penal  del  Circuito  de  Conocimiento de esta ciudad, el defensor de CRISTIAN MAURICIO  GUERRERO  solicitó  la  preclusión  con  fundamento en los numerales 1 y 3 del  artículo  332  de  la  ley  906 de 2004, Código de Procedimiento Penal vigente  para  el sistema acusatorio, en armonía con lo dispuesto en el parágrafo de la  disposición en comento.   

3.   Negada  la  preclusión  por  el  funcionario  judicial  (quien además se declaró impedido  para  seguir  conociendo  del  asunto) y apelada dicha providencia por parte del  abogado,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, en Sala de Decisión integrada por  los  magistrados  Patricia  Rodríguez  Torres, Marco  Antonio   Rueda   Soto  y  Martín  Suárez  Quevedo,  confirmó  el  auto  impugnado.  Así  mismo,  declaró  fundado  el impedimento  expresado por el a quo.   

4. Por lo anterior,  el  conocimiento  del  asunto  quedó  asignado  al  Juzgado  Segundo  Penal del  Circuito  de  Conocimiento  de  Bogotá,  despacho que en audiencia preparatoria  negó  la  práctica  de  ciertas pruebas solicitadas por la defensa, quien a su  vez interpuso recurso de apelación en contra de tal decisión.   

5.   Remitida  nuevamente  la  actuación  al  Tribunal  Superior  de  Bogotá, los magistrados  Patricia     Rodríguez     Torres    y  Marco Antonio Rueda Soto se  declararon  impedidos para conocer de la impugnación, con base  en  lo señalado en el inciso 2º del artículo 335 del Código de Procedimiento  Penal.   

De acuerdo con los funcionarios, el hecho de  haber  negado  en segunda instancia la solicitud de preclusión promovida por la  defensa  de CRISTIAN MAURICIO GUERRERO constituye causal objetiva para separarse  del  asunto, tal como se desprende del contenido de la norma en comento, máxime  cuando   en   aquella   oportunidad   conocieron  los  presupuestos   fácticos   que   dieron   origen  a  la  actuación,  así  como  planteamientos relacionados con una supuesta ausencia  de   antijuridicidad  y  evidencia  que  emplearía  la  defensa  en  el  juicio  oral.   

En  consecuencia,  las  diligencias  fueron  remitidas a la Corte para lo pertinente.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala  es  competente  para  resolver  la  manifestación de impedimento conjunto expresada  por   los   magistrados   del   Tribunal   Superior   de   Bogotá  Patricia     Rodríguez    Torres    y  Marco  Antonio  Rueda Soto,  según   lo  establecido  en  los  artículos  57,  59  y  341  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

2.   Para  tal  propósito,  es  menester precisar que la jurisprudencia de esta Corporación ha  señalado  en forma pacífica y reiterada que el ejercicio de la declaración de  impedimento,  en  tanto constituye un mecanismo para garantizar la imparcialidad  de  quienes  administran  justicia,  no  puede  estar  sujeto al capricho de los  funcionarios  judiciales, sino que se encuentra ligado de manera inevitable a la  taxatividad  de  sus  causales,  lo  que  significa  que nadie puede acudir a la  analogía  ni  a la extensión de los motivos expresamente señalados por la ley  en    aras    de    sustentar    su    procedencia1.   

Dichas  causales,  no  obstante, tienen como  propósito  común el de garantizar la eficacia del derecho a ser juzgado por un  juez  imparcial,  consagrado  en el artículo 10 de la Declaración Universal de  los  Derechos  del  Hombre de 1948, el artículo 14.1 del Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos  de  1966,  el  artículo 8.1 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos de 1968 y el artículo 5 de la ley 906 de 2004,  entre otras disposiciones.   

A su vez, la imparcialidad, en palabras de la  Comisión     Interamericana     de     Derechos     Humanos,    “[supone  que  el  juez  no tiene opiniones preconcebidas en el caso  sub   iúdice   y,   en  particular,    no    presume    la    culpabilidad    del    acusado”2.   

3. En el asunto que  centra  la  atención  de  la  Sala, los Magistrados que se declararon impedidos  invocaron  como  fundamento  jurídico de su postura la disposición contemplada  en    el   inciso   2º   del   artículo   335   ibídem,   que   consagra   lo  siguiente:   

“El  juez  que  conozca  de la preclusión quedará impedido para conocer del juicio”.   

Dicha  disposición está relacionada con la  causal  prevista  en  el  numeral 14 del artículo 56 de la ley 906 de 2004, que  establece:   

“14-. Que el juez  haya  conocido de la solicitud de preclusión formulada por la Fiscalía General  de  la  Nación y la haya negado, caso en el cual quedará impedido para conocer  el juicio en su fondo”.   

Al  respecto, la Sala ha estimado que cuando  un  juez plural o singular niega una preclusión ello no implica que necesaria o  automática-mente   está   erigiendo   un   motivo  de  impedimento,  toda  vez  que   

“una   tal  consideración  siempre  dependerá de si con esa determinación se compromete o  no   la   independencia  o  imparcialidad  del  funcionario.  Así,  pues,  debe  analizarse       cada       caso       en      forma      individual”3.   

Lo  importante, en consecuencia, consiste en  establecer para estos casos   

“si al momento  de  conocer  de  la  apelación  de  la negativa de preclusión, los Magistrados  […]  comprometieron de  alguna    manera    su   criterio   sobre   la   posible   responsabilidad   del  procesado”4.   

4.  En el asunto  que  concita  la atención de Sala de, la Corte no encuentra que los magistrados  Patricia      Rodríguez      Torres     y     Marco    Antonio    Rueda  Soto,  al  momento  de  resolver  la  apelación del  rechazo  de  la  preclusión presentada por el defensor de JUAN CARLOS JARAMILLO  ZAPATA,  hubieran anticipado conceptos acerca de aspectos sustanciales del caso,  ni  realizado  una  valoración  de  los  medios  de  conocimiento  puestos a su  disposición,  menos  dado  respuesta de fondo a teoría alguna planteada por la  parte interesada.   

En efecto, la Sala de Decisión del Tribunal  se  limitó  a confirmar la providencia  proferida por el a quo con base en  que  (i)  los argumentos  aducidos  por  el  recurrente  de  ninguna  manera  se  adecuaban a las causales  invocadas  en  el  ordenamiento,  (ii)  el   momento  procesal  no  era  el  adecuado  para  realizar  una  solicitud   en  tal  sentido  y  (iii)  el  juicio  que  por  los  mismos hechos se adelantó en contra de  Manuel  Ernesto  Zambrano  carece    de    incidencia    alguna    en   el   resultado   de   la   presente  actuación.   

En palabras del ad quem:  

“Singular tesis  esgrimió  el  defensor  para  solicitar  en  este  evento  la preclusión, pues  acudiendo  indistintamente  a las causales 1 y 3 del artículo 332 de la ley 906  de  2004,  y  con  motivación  que  involucra aspectos no consagrados en dichas  causales,    pretende   se   emita   a   favor   de   JARAMILLO   ZAPATA   dicha  decisión.   

”Al respecto,  hizo  énfasis  el  recurrente  en la inexplicable ruptura de la unidad procesal  cuando  se  trataba  de hechos conexos, situación que ninguna relación ostenta  con  las causales de preclusión que establece el artículo 332 de la ley 906 de  2004;  sin  embargo,  sea  del  caso  anotar,  como  aparece  en las constancias  respectivas,  que  no  fue posible formular imputación a JARAMILLO ZAPATA junto  con     Manuel    Ernesto    Zambrano,  en  razón  a  que  no fue remitido del centro de reclusión, y  posteriormente    por    la    misma    razón   y   la   inasistencia   de   su  defensor.   

”Ahora, sobre  la  solicitud  de  preclusión del impugnante que sustenta en las causales 1 y 3  del  artículo  332 de la ley 906 de 2004, para la Sala, en manera alguna, puede  efectuarse  tal  pedimento  sin  que  con posterioridad al escrito de acusación  surjan  de  manera  sobreviviente  [sic] elementos    materiales    probatorios,    evidencia   física   o  información  legalmente obtenida que sustenten, de un lado, la imposibilidad de  continuar  el  ejercicio  de la acción penal, como cuando el acusado fallece, o  de  otro,  la  inexistencia  del  hecho  investigado,  que  se presentaría, por  ejemplo,  con  la aparición de una persona secuestrada en circunstancias en las  que se evidencia que no se atentó contra su libertad individual.   

”Considerar de  manera  diferente  que  puede presentarse dicha solicitud en la etapa de juicio,  cuando   no   han  variado  las  circunstancias  que  motivaron  la  acusación,  implicaría  convertir  esta  facultad en motivo de dilación de la actuación y  obligar,  tanto  al  juez de conocimiento como al Tribunal en condición de juez  de  segunda instancia, a realizar juicios y valoraciones probatorias anticipadas  e  hipotéticas  de  los  medios  de  prueba  que  pueden  o  no  incorporarse o  producirse posteriormente en el juicio oral   

”En   el  presente  caso,  pretende  el  defensor  que  esta  Sala  de  Decisión  analice  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  e  información  que se  introdujo  en  juicio  oral  diferente  y  de  la  que no se tiene certeza será  incorporada,  o  constituirá  medio  de  prueba  en  el  juicio que se adelante  respecto  de  JUAN CARLOS JARAMILLO ZAPATA; lo que no es posible en este momento  procesal  y  menos  aún  en  un sistema procesal con la estructura del que rige  actualmente,   en   el   que   no   existe   principio   de  permanencia  de  la  prueba.   

”En relación  con   los   principios   de   igualdad,  cosa  juzgada,  prohibición  de  doble  incriminación  y  non  bis in ídem que impetra el recurrente se apliquen, ello  no  es posible cuando no existe identidad de objeto, sujeto y persecución, como  en  este  caso,  en  el  que  el  procesado  es persona diferente a Manuel  Ernesto  Zambrano,  y no basta  que  se trate de los mismos hechos y víctima; con mayor razón cuando el juicio  de responsabilidad penal es eminentemente individual.   

”Finalmente,  frente  a  la interpretación del defensor, en cuanto indica que la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por  una  Sala de este Tribunal hizo extensiva la  absolución   a   JUAN   CARLOS  JARAMILLO  ZAPATA  al  descartar  coautoría  o  participación   en  el  delito  señalado  en  la  acusación,  en  verdad  que  constituye  una desacertada conclusión, pues la motivación y razonamientos del  Tribunal  en  aquella  oportunidad  se  refirieron  únicamente a Manuel Ernesto  Zambrano,  y  de  considerarse  hipotéticamente  que  involucraron aspectos que  incidirían  en  el  juicio  de  responsabilidad  de JARAMILLO ZAPATA, en manera  alguna  vinculan al juez de conocimiento ni a esta Colegiatura, que tendrán que  evaluar   en   su  momento  los  medios  de  conocimiento  allegados  al  juicio  oral.   

”Así  las  cosas,  tuvo  razón el juez de instancia al negar la preclusión impetrada, por  lo   que   la   Sala   confirmará   el   pronunciamiento  del  a  quo  en  este  sentido”5.   

De ahí que, teniendo en cuenta el contenido  de  la  decisión  proferida  por  el  Tribunal,  no es posible concluir que los  magistrados        Patricia       Rodríguez   Torres   y  Marco     Antonio     Rueda     Soto  comprometieron  de  alguna  manera  su  criterio  e  imparcialidad  para  conocer  en segunda instancia de la apelación en contra de  la  negativa  de  práctica  de pruebas por parte del  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Bogotá.   

5.  En relación  con  los argumentos esgrimidos por los funcionarios en el escrito de impedimento  conjunto,  es  de  anotar,  en  primer lugar, que la  procedencia  de  la  causal contemplada en el inciso 2º del artículo 335 de la  ley  906  de  2004,  al  igual que la prevista en el numeral 14 del artículo 56  ibídem  y  en  los  demás  casos  contemplados  por  el  legislador,  no es de  carácter   objetivo,   pues   como   ha   insistido   la   Sala   (supra   2   y  3)  lo  jurídicamente  relevante  para cada asunto en particular consiste en que el derecho fundamental  a  ser  juzgado  por un juez o tribunal imparcial no se vea menoscabado de forma  real    y    efectiva    por    la   realización   de   cualquiera   de   tales  circunstancias.   

Tampoco es cierto que los Magistrados estén  ‘contaminados’  de  manera  anticipada  en  los  presupuestos  fácticos  de  la  actuación  procesal,  o  los  elementos materiales probatorios, o la estrategia  defensiva  que  empleará el defensor de JUAN CARLOS JARAMILLO ZAPATA durante la  realización  del  juicio,  pues, por un lado, el único conocimiento que a esta  altura   de  la  actuación  puede  tener  el  Tribunal  de  los  hechos  es  el  correspondiente  a  la  imputación  realizada  por  la  Fiscalía  tanto  en la  diligencia  preliminar  como  en la acusación. Y, por otro lado, de conformidad  con  lo que se desprende de la decisión transcrita en precedencia (supra   4),   el   abogado   en   la  impugnación  jamás  reveló  su  teoría  del  caso,  sino  que fundamentó el  pedimento  de  preclusión  en circunstancias y alegatos ajenos a lo que se va a  dirimir dentro del juicio oral.   

6.    Como  consecuencia  de  lo  anterior,  la  Corte  declarará  infundado el impedimento  manifestado  por  los  doctores  Patricia Rodríguez  Torres  y  Marco Antonio  Rueda  Soto  para  decidir  el recurso de apelación  interpuesto  en  audiencia preparatoria. Igualmente, ordenará la devolución de  las diligencias al lugar de origen.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.      DECLARAR      infundado    el   impedimento   manifestado   por   los   doctores  Patricia      Rodríguez      Torres     y     Marco    Antonio    Rueda  Soto,   Magistrados   del   Tribunal   Superior  de  Bogotá.   

2.  DEVOLVER de  inmediato    el   proceso   al   Tribunal   Superior   de   Bogotá,   para   lo  pertinente.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

         

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

                                                                                                                                             

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                             JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Cf.,  entre  otras,  auto  de  7  de  marzo  de 2007, radicación  26853   

2  Comisión  Interamericana  de Derechos Humanos (en adelante, CIDH), caso Martín  de Mejía vs. Perú, 1996.   

3  Cf.,  entre  otros,  auto  de  22  de  mayo  de 2008, radicación  29818.   

4 Auto  de 15 de mayo de 2008, radicación 29779.   

5 Folios 30-33 de la carpeta.     

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