30947(10-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  30947   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°    070   

Bogotá  D.C., diez (10) de marzo de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de   casación   interpuesto   por   el  defensor  de  YEZID   ZAMORA   CABREJO  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida  por   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,       el        18    de  julio    de    2008,  mediante  la  cual confirmó  la    dictada    por    el   Juzgado   Cincuenta    y    Dos   Penal   del   Circuito   con   funciones  de  conocimiento  de  la misma  ciudad,  el  30 de    abril  de    2008,   y   lo  condenó  a  la  pena  principal  de  120  meses  de  prisión y a las            sanciones        accesorias  de  inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas e inhabilitación  para  el  ejercicio de la patria potestad,  tutela  o  curaduría  por   el  mismo  lapso  de  la  sanción privativa de la libertad, como  autor   de   la   conducta  punible  de  actos  sexuales  con  menor  de  catorce años agravado,   en  concurso  homogéneo y sucesivo.   

HECHOS  

El juzgador de primera instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“El  8  de  marzo de 2007, se instauró  denuncia  penal  en  contra  del  señor  YEZID  ZAMORA CABREJO, por parte de la  señora  MARÍA  DEL  BUEN  CONSEJO CABREJO, en la cual da a conocer el presunto  abuso  sexual  del cual son víctimas los menores …, hijos de la denunciante y  el  acusado  e  informa  haber  presenciado  cuando  su compañero YEZID ZAMORA,  realiza  tocamiento  en  la  vagina de la menor de las niñas …, razón por la  cual se dio curso a la investigación”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Ante  el  Juez  Doce  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de  Bogotá,  la  fiscalía legalizó la  captura,  solicitó  medida  de  aseguramiento  y  formuló  imputación a Yezid  Zamora  Cabrejo  por  los  delitos de acceso carnal violento, actos sexuales con  menor de catorce años agravado e incesto.   

Presentado  el  escrito  de  acusación, el  Juzgado     Cincuenta     y    Dos    Penal        del       Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Bogotá  tramitó el  juicio        oral        y        público,  motivo  por  el  cual el 30 de  abril   de   2008   profirió   sentencia   de   primera   instancia   en  la  que condenó   a  Yezid  Zamora   Cabrejo   a    la  pena  principal  de  120     meses     de  prisión  y a las sanciones  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  e inhabilitación para el ejercicio de la patria potestad,  tutela  o  curaduría por   el   mismo  lapso  de  las  sanción  privativa  de  la  libertad, como autor de la conducta  punible  de  actos  sexuales  con  menor  de  catorce años agravado   en   concurso  homogéneo y sucesivo.   

Así mismo, lo absolvió  por los demás  cargos.   

Apelado    el    fallo    por   el  defensor,  el  Tribunal  Superior de  Bogotá,  al  desatar  el  recurso,    el    18  de   julio  de  2008,  lo confirmó en su integridad.   

Contra  la anterior decisión, el defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La defensa técnica de Zamora Cabrejo, basada  en  la  causal  tercera de las contempladas en el artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia  de segunda instancia,  así:   

Único cargo  

Considera  que  la sentencia  se dictó  con  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba,  en  tanto que advierte que el juicio de responsabilidad se apoyó en testimonios  que,  en su criterio, no tienen valor probatorio, elementos de juicio que fueron  deprecados por la Fiscalía.   

Luego  de  copiar  un  fragmento  del  fallo  referido  a  la  retractación, argumenta que tanto las presuntas víctimas como  la  denunciante  afirmaron en el juicio oral y público que fueron obligadas por  la     abuela     materna     “a   mentir respecto a unos hechos que  nunca   sucedieron,   y   además   que   ellos  ni  siquiera  conocían  de  su  alcance”.   

Afirma  que  trascurridos  casi  10 meses de  cuando   se   puso   en   conocimiento  de  la  justicia  los  presuntos  hechos  constitutivos  del  delito, los menores reaccionaron y dijeron la verdad, habida  cuenta  que  en  los niños existe la inclinación de decir ésta, motivo por el  cual  se  pregunta porque debe dársele credibilidad a lo manifestado por éstos  ante  los investigadores judiciales y no concedérsela a las explicaciones dadas  por ellos en el juicio oral?.   

Insiste  en  que  la  madre  de  los menores  también  se retractó en el juicio, “y no calló la  injusticia  que  fue  y  es  objeto  el  padre  de los menores afirmando bajo la  gravedad  del  juramento  que  todo se orquestó por venganza, por que él   para   esa  época  se  encontraba  sumido  en  el  alcohol…”,  siendo  esa  la  razón  por  la  cual ella contó la verdad ante el  juez.   

De  otro  lado, dice que cómo el padre pudo  manipular   los   citados   testimonios   si   se   encontraba   privado  de  la  libertad.   

Después  de  insistir en que lo narrado por  los  peritos  constituye  un testimonio de referencia, argumenta que la versión  juramentada  de la madre y de los menores debió ser apreciada de acuerdo con la  sana  crítica, máxime cuando no se demostró que haya habido manipulación por  la defensa o el acusado.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  por  lo  mismo, ordenar la libertad inmediata de Yezid  Zamora  Cabrejo  “por  ser  inocente de la conducta  punible acusada y sentenciado”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que  no  demostró la existencia del vicio y, menos, los conectó con  los  fines  que informan la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado  en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  el  recurso  de  casación  fue  estatuido para denunciar vicios de derecho o de  actividad  cometidos  en  la  construcción  de  la  sentencia  o en el trámite  judicial,  según el caso. De ahí que le compete al casacionista que postule el  yerro  a  través  de  las  causales  de  casación contempladas para el efecto,  demostrando  cómo  el mismo logra resquebrajar el fallo, al punto que se impone  su  casación, con el objeto de cumplir con los fines estatuidos en el artículo  180 de la Ley 906 de 2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  la  casación   no   es  el  escenario  natural   para  increpar  el  grado  de  estimación  probatoria  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida  en  que  se trata de una impugnación de carácter rogada, correspondiéndole al  libelista  la  postulación  del vicio y la demostración del mismo frente a las  plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

En  consecuencia, surge nítido advertir que  la  inconformidad  del  demandante  está  sobre  la  credibilidad  dada  a  los  testimonios  de  los  menores  víctimas  y al  de su progenitora, sin  que  enuncie  en  qué  consistió el vicio en el acto de apreciación y, menos,  cómo el mismo incidió en el juicio de responsabilidad.   

En  efecto,  no  se  puede  llegar  a  otra  conclusión  cuando  en  la labor demostrativa del reproche el libelista critica  al  sentenciador  por  haber dado mérito probatorio a las exposiciones rendidas  por  las  víctimas y la madre ante los funcionarios de policía judicial y no a  los  testimonios  que  éstos  rindieron  en  el juicio oral y público, última  versión  donde  se  retractaron  de  los  cargos hechos  contra el agresor  sexual.    

En esa labor, el libelista pretende plantear  que  los  cargos iniciales hechos contra el procesado tuvieron como génesis una  coartada  preparada  por  la  abuela de los menores con el fin de tomar venganza  por  cuanto  que  Zamora  Cabrejo  se encontraba sumido en el alcohol, y de ahí  pretender  que el sentenciador incurrió, aunque no lo postula así, en un error  de  derecho por falso juicio de convicción, en tanto que la sentencia se fundó  exclusivamente  en  pruebas de referencia, esto es,  en los testimonios que  rindieron  los  investigadores  de   policía  judicial,  funcionarios  que  informaron  a  la  justicia  de  los  vejámenes sexuales a que los menores eran  sometidos pos parte de su padre.   

En  síntesis,  bajo  un pretendido error de  derecho  por falso juicio de convicción   pretende  controvertir  las  conclusiones  probatorias  del  juzgador,  olvidando que la sentencia   llega    a    esta    sede    precedida    de   la  doble   presunción  de acierto y legalidad, es decir, que los hechos y las  pruebas    fueron   correctamente   valoradas   y   el   derecho   estrictamente  aplicado.   

De  otro  lado, no es cierto que el juzgador  hubiese  sustentado el juicio de responsabilidad en contra del acusado sobre las  informaciones  que  suministraron  los  investigadores  de policía judicial con  relación  a  las entrevistas que hicieron a los menores y a la madre de éstos,  habida  cuenta  que  si se revisa el fallo se avizorará que el mismo se fundó,  además,   en los testimonios que rindieron los expertos que trataron a los  niños  y  que  concluyeron  que  efectivamente habían sido abusados por el hoy  sentenciado.   

Textualmente,   el   juzgador  de  segunda  instancia coligió:   

“Estos resultados científicos, aunados a  las  narraciones  de los menores, llevan a la Sala al conocimiento más allá de  toda  duda  razonable  acerca de la materialidad del delito y la responsabilidad  penal  del  acusado,  porque, si realmente fuera mentira lo denunciado por estos  menores  ofendidos,  no  existiría  razón  para que los hallazgos sicológicos  dieran  un  resultado favorable a su dicho. Si bien es cierto un perito no puede  declarar  sobre  la veracidad o confiabilidad del testimonio de la víctima, sí  puede,  bajo  criterios  de  valoración científica, establecer que el paciente  fue  víctima  de  un delito sexual o lo que es lo mismo validar su testimonio a  partir de las singularidades que advierte en él.   

“En cuanto a la aparente retractación de  los  menores  en  relación con los hechos denunciados con base en sus dichos en  juicio  oral,  así  como  la  aseveración  que hizo su progenitora, que fue la  abuela  quien  la indujo a decir que su esposo tocaba las partes íntimas de sus  menores  hijos,  para evitar ser vinculada a una investigación por las lesiones  que  le  causó  al  acusado  por celos, no posee la contundencia necesaria para  desvirtuar el material probatorio aducido en juicio.   

“Efectivamente en el  juicio oral, la  prueba  pericial  y testimonial incorporada, a la que ya se ha hecho referencia,  fue  absolutamente contundente en señalar que los menores, si bien es cierto no  presenta  rasgos  físicos compatibles con abuso sexual, también lo es, que sus  exposiciones  fueron  precisas  en señalar a los profesionales, los tocamientos  abusivos  y  repetitivos  que  ejercía su padre sobre ellos, sobre lo cual y en  extenso  se  indicó  las  razones por las cuales se llega a esa conclusión. La  retractación  ocurre entonces, en desarrollo del juicio oral, cuando los niños  LX  e  IY,  señalan  que  su abuela materna fue quien los indujo a decir que su  papá  tocaba  sus partes íntimas, cambian entonces su versión y niegan que su  papá    les    haya   tocado   la   vagina,   la   cola   y   la   ‘chirila’,  además  de besarla a la fuerza y  de  apretarla  contra  su pene, agregando que su progenitor juega con ellos, que  es  amorable  y  cariñoso,  declaraciones  en  las  cuales  se tornan tímidos,  tajantes  y  poco  elocuentes,  frente  al  análisis psiquiátrico que trae una  descripción antagónica a la percibida en juicio.   

“Entonces,  vale  decir, que en el juicio  oral,  la  prueba  pericial  y  testimonial  incorporada a la que ya se ha hecho  referencia,  fue  absolutamente  contundente  en señalar que los menores fueron  preparados  para  variar  su  testimonio,  en el sentido de señalar a su abuela  materna  como la responsable de su dicho mentiroso, quien por razones personales  y  desavenencias  con su yerno pretendió involucrarlo en hechos delictuosos que  nunca tuvieron lugar.   

“Sin  embargo,  las  tímidas  y escuetas  respuestas  dadas por los menores LX, IY, ante (sic) en interrogatorio por parte  de  la  fiscalía,  contradicen  la  espontaneidad  y  coherencia  en las varias  entrevistas  surtidas  por  psicólogos y médicos forenses, quienes refieren al  unísono  que  en  el  relato  de  la menor LX y el de sus hermanos se denota el  rechazo  hacia  el  padre,  asumiendo  un  comportamiento  colaborador,  actitud  natural  y espontánea, concreta y sencilla, coherente cuando hacen referencia a  los  abusos  a  que  fueron sometidos. Situación diferente la que se percibe en  las  intervenciones  de  los  menores  en  el  juicio oral, pues se ubican en un  contexto  limitado, dirigido al señalamiento de la abuela como quien les indujo  acusar  a  su  padre,  indicando  que  no han sido tocados por aquél, mostrando  además  una  relación  de  afectividad,  comprensión y buen trato del núcleo  familiar  del  cual  hacen parte, atestaciones fácilmente desvirtuadas, con las  mismas  respuestas  de  los menores, inclusive antes de ser interrogados, cuando  señalan  que  nadie les ha dicho que varíen su versión o que no le han tocado  nada.   

“Se  torna  claro  que  no  hay  lugar  a  dementar  las  manifestaciones  que  los  niños  hicieron sobre los tocamientos  carnales  que  repetitivamente  ejecutó  en  ellos  YEZID ZAMORA CABREJO, y que  refirieron  no sólo a las sicólogas del Hospital Villa Hermosa y del CTI, sino  a  los  médicos  legistas,  máxime  cuando  todos  coinciden  en  advertir  la  coherencia,  espontaneidad  y  detalle con que fueron referidos, impartiéndoles  validez,  no  obstante  que  las  víctimas no tienen un desarrollo pleno de sus  facultades   mentales,   físicas   y  éticas,  dada  la  etapa  de  desarrollo  cognoscitivo  en que se encuentra, dejando sustentado objetivamente, por qué la  versión   dada   por   los   menores   en  el  juicio,  era  una  retractación  inconsistente,  incoherente  y  en  conclusión, nada creíble, influenciada por  terceros”.   

Por  manera  que ante la falta de claridad y  precisión  en  la formulación del único cargo, se impone la inadmisión de la  demanda   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías     del     procesado    YEZID    ZAMORA  CABREJO,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  YEZID   ZAMORA  CABREJO   procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de  YEZID  ZAMORA  CABREJO,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                         SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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