30934(06-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30934  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 127  

Bogotá,  D.  C., seis (6) de mayo de dos mil  nueve (2009).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de CARLOS  ENRIQUE   GONZÁLEZ   DAVID,   contra  el  fallo  del  Tribunal   Superior   de   Distrito   Judicial   de  Medellín1,  que confirmó  la  sentencia  adoptada  por  el  Juez  Cuarto Penal del  Circuito   Especializado   de   la   misma   ciudad2,    quien   lo   condenó   a   94   meses   de  prisión3, como coautor  del   concurso   de  conductas  punibles  de  Falsedad  material  en  documento  público,  fabricación,  tráfico  y  porte de armas y  municiones   de   uso   privativo   de   las  fuerzas  armadas  y  peculado  por  uso.   

H   E   C   H   O  S   

Fueron  reseñados  por  las instancias de la  siguiente manera:   

“El   día   23   de   marzo   de  2007,  aproximadamente  a  las  3:45  de  la tarde, tocaron la puerta de la casa de los  esposos   Andrés  Fernando  Torres  Rodríguez  y  Angélica  María  Hincapié  Cortés,  situada  en  la  carrera  27  con calle 48 de esta ciudad, y cuando el  citado  señor  se  asomó  por  la  ventana a atender el llamado, avistó a dos  personas  vestidas  de  policía  que  le pedían que abriera la puerta rápido,  pero  cuando su señora abrió, quienes ingresaron no fueron los policías sino,  sorpresivamente,  tres  personas  vestidas  de  civil,  una  de ellas armada con  revólver,  argumentando  que  tenían  que  hablar  con ellos, a la vez que les  hacían  algunas  preguntas  sobre  la  forma  como  habían  muerto la madre de  Angélica  y de las propiedades que aquella tenía y dineros que adeudaban, a la  vez  que tomaban fotos de la residencia con un celular, pero como a uno de ellos  le   timbró   el  celular  y  algo  conversó  con  su  interlocutor,  salieron  apresuradamente prometiendo volver.   

Ya  por la noche de ese mismo día, a eso de  las  9:30,  nuevamente  se  presentaron estas personas a dicha residencia, y con  insistencia  pedían que les abrieran la puerta; como los moradores se mostraran  reacios,  exhibieron  una  supuesta  orden  de  allanamiento, la que pasaron por  debajo  de la puerta, a la vez que proferían amenazas y golpeaban la puerta con  una  cruceta  de  carro;  pero  mientras todo esto sucedía la señora Angélica  María,  quien  se  hallaba  en  el  segundo  piso  de la edificación, pudo por  fortuna,  llamar  a  la  madre  de  su esposo y ésta a su vez a la Estación de  policía  de Villatina, que desplazó inmediatamente a dos motorizados al lugar,  los  patrulleros  Diego  Palacios  Cárdenas  y  Walter Alonso García, y cuando  estos  le  pedían explicaciones a los asaltantes, y aquellos les dijeron que se  trataba  de  una  equivocación,  arribaron en una motocicleta otros patrulleros  Walter  Andrés  Parra  Manzano  y  Francisco  Javier  Sierra  Rubiño,  quienes  patrullaban  por  el  sector y habían sido alertados que algo anómalo ocurría  en  ese  lugar, quienes encontraron sospechosas las explicaciones de los agentes  Jorge  Isaac  Quinto  Mosquera  y  Neider Ortiz Guerra, integrantes del grupo de  asaltantes,  por  lo  que les advirtieron que iba  a verificar su proceder;  fue  entonces  cuando  todos,  incluidos  Quinto Mosquera y Neider Ortiz Guerra,  emprendieron  la  huída,  siendo alcanzados y aprehendidos estos dos y un civil  que  dijo  llamarse Diego Alejandro Pérez Montoya de quien luego se supo que su  nombre  correcto era Carlos Andrés Montoya Isaza, mismos que ante la flagrancia  de  su  captura se sometieron al procedimiento de allanamiento a cargos y fueron  condenados en su momento.   

Pero ocurrió, que en la persecución de uno  de  los  civiles  por  parte  de  los patrulleros Walter Andrés Parra Manzano y  Walter  Alonso García, avistaron a pocos metros, en la calle 49 con carrera 27,  cerca  de  la  bomba  de  Buenos  Aires,  una  patrulla de la policía Nacional,  distinguida  con  el  número  30-1620,  adscrita  a  Tránsito,  por  lo que la  relacionaron  con los recién retenidos Quinto Mosquera y Ortiz Guerra, también  funcionarios  de  Tránsito,  lo  que  les generó suspicacia, además porque en  forma  sospechosa se iba Alejando del lugar en dirección hacía el centro de la  ciudad,  por  lo  que  la  abordaron y le pidieron explicaciones a su conductor,  quien  se  identificó  como  el patrullero CARLOS ENRIQUE GONZALES (sic) DAVID,  quien  admitió  que se encontraba allí esperando a dos compañeros que estaban  arriba haciendo una vuelta, por lo que también fue retenido”.   

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

1. El 24 de mayo de  2007,  la  Fiscalía  125  Delegada  ante  los Jueces  Penales   del   Circuito   de   Medellín,   ante  el  Juez  30  Penal  Municipal  de Garantías de la misma  ciudad,   en  audiencias  preliminares,  formuló  imputación  contra CARLOS  ENRIQUE  GONZÁLEZ DAVID, legalizó  su  captura  y  le  impuso  medida de aseguramiento por  los  punibles  de  falsedad  material  en  documento  público,  peculado  por uso y fabricación, tráfico y  porte   de  armas  y  municiones  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas.   

2.  Los  inculpados  JORGE  ISAAC QUINTO MOSQUERA, JOSÉ NEIDER ORTIZ GUERRA y DIEGO ALEJANDRO PÉREZ  MONTOYA,  se  allanaron a los cargos que la Fiscalía les imputó, motivo por el  cual,  el  Despacho  instructor  ordenó  la  ruptura  de  la  unidad  procesal,  continuando  por  separado  la  actuación  con  el hoy penado GONZÁLEZ DAVID.   

3. El 22 de junio de  2007,  el  Fiscal  14 Especializado Delegado ante los  Juzgados  Penales  del Circuito de Medellín, presentó  escrito   de  acusación4,  luego  de surtirse el impedimento manifestado por el funcionario de conocimiento  y  una vez fue aceptado por el  Tribunal  el  29  de  agosto  del mismo año; asumió el asunto, el Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,      quien      prosiguió      con     la  actuación.      

4.  En audiencia  preparatoria realizada el 17 de  octubre   del   citado   año,  no  hubo  ninguna  observación  al  sistema  de  descubrimiento  de los elementos materiales probatorios y evidencia física; por  tanto,     el    aludido    Juez    competente    declaró    la    pertinencia       y      admisibilidad  de los diferentes medios de  convicción  presentados  por  la  fiscalía  y  la  defensa,  cuya práctica se  ordenó realizar en el juicio oral.   

5. El 13 de marzo de  2008,   después   de   finalizada   la  audiencia  de  juzgamiento5,   la   judicatura   condenó     a    CARLOS    ENRIQUE    GONZÁLEZ  DAVID,   a   la   pena   principal   de  noventa  y cuatro (94) meses de prisión y,  a  la  accesoria,  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por  el  lapso  de  ochenta  y  seis  (86)  meses,  como  coautor  de  las infracciones penales de  falsedad material en documento público, fabricación,  tráfico  y  porte de armas y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas  y peculado por uso.   

6. El 29 de agosto de  2008,  el  Tribunal Superior de Medellín,  confirmó en su  integridad   la  sentencia  condenatoria  expedida       contra       GONZÁLEZ  DAVID,   con   base   en  el  recurso  de  apelación  interpuesto por la defensa técnica del sentenciado.   

6.1.  Uno  de  los  magistrados  que  integró  la  Sala  del  Tribunal  a quienes les correspondió  desatar  el  recurso  de  apelación,  se  apartó  de la decisión mayoritaria,  teniendo  en  cuenta  que  en su criterio, los indicios construidos por el A quo  contra  el  procesado  como el de falsas justificaciones o explicaciones y el de  huila    del    lugar    de   los   hechos,   “son  equívocos”   en   su   construcción;   en   esas  condiciones,   aseveró,   debió   aplicar   la  duda  revocando  la  decisión  recurrida.     

7.  El  término  consagrado  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  inició el 1 de  septiembre  y  venció  el  26 de noviembre de 2008, lapso en el cual la defensa  técnica presentó libelo de casación que hoy califica la Sala.   

R   E   S  U  M  E  N     D  E    L A    D E M A N D A   

Al  amparo  de la causal tercera de casación  consagrada  en  el  artículo  181 del Código de Procedimiento Penal que rige a  partir   del   1   de   enero  de  2005,  el  defensor  público      del     sentenciado     GONZÁLEZ  DAVID, atacó el fallo expedido  por  el  Juez  Colegiado,  en  sentido  de  falso  raciocinio.      

El  actor  lo  sustentó  con  base  en  el  salvamento  de  voto  realizado  por el magistrado del Tribunal de Medellín, en  los   siguientes   puntos,   que   la   Sala   resume:   

1. Citó dos apartes  de  los  estudios  de Framarino Dei Malatesta y Luigi Ferrajoli para referirse a  la  certeza  probatoria  y  a  la  verdad  examinada  objetivamente  mediante un  ejercicio  cognoscitivo,  para luego sostener que las normas previstas en la Ley  906  de  2004,  sobre  las  reglas  de  apreciación,  imponen  un  “convencimiento  más  allá  de  toda  duda  debe  ser un estado  racional  de  la  mente, nacido del análisis lógico de las pruebas, y no de un  convencimiento   o   posición   eminentemente  subjetivas”.    

2.  También afirmó  que  la  valoración  probatoria  debe ser individual y en conjunto “en   orden   a   identificar   su   coherencia  y  relación  de  complementación”,   a  fin  de  evitar  decisiones  ilógicas e irracionales.   

3.  Luego aludió a  una   jurisprudencia   de   esta   Sala   en  donde  se  puntualizó  la  debida  argumentación  lógico  jurídica  que  debe  acompañar una demanda presentada  cuando  se  eleva  por  falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad o  falso raciocinio.    

4.   A  renglón  seguido,  agregó  el  libelista,  que  el  fallo  de  condena emitido contra su  prohijado  se  fundamentó en prueba indiciaria, “en  cuanto   ningún   testigo  lo  observó  realizando  alguna  de  las  conductas  ilícitas,   ni   tampoco  acordando  con  los  demás  intervinientes  el  plan  delictivo”.    

5.  Su mandante fue  condenado  como  coautor, por  “su  presencia  en el teatro del suceso delictivo y  del    alejamiento    del    mismo”.   Sin  embargo,  el  salvamento  de  voto  es muy claro: primero, porque los esposos TORRES HINCAPIÉ  no  precisaron  en  qué  momento  la  patrulla  por  él conducida abandonó el  inmueble,  “con  lo cual no puede darse a partir de  sus  dichos  por  cierto que siempre estuvo allí mi asistido y menos durante el  tiempo  en que ocurrieron los desmanes. Al hacerlo, la  judicatura  incurre  en  error de hecho por falso juicio de identidad al darle a  estos    testimonios    un   alcance   más   allá   del   que   su   contenido  permite”.   

6. Otra circunstancia  “que  demerita  la  conclusión  cierta  del  hecho  indicador”,  se  presenta con el automóvil oficial,  el  cual  no  fue  visto  por  los integrantes de las patrullas que arribaron al  sitio de los acontecimientos.   

7.  Súmasele  a lo  precedente  la ausencia probatoria “para inferir que  la  presencia de mi defendido allí era injustificada, pues tal aserto dimana de  la  omisión  del  análisis  del  testimonio  del  Mayor  de la policía TOMÁS  ADRÍAN  GÓMEZ”, quien había autorizado en calidad  de    comandante    transportar    compañeros;    además,    el   “reconocimiento  expreso de sus subalternos QUINTO y ORTIZ de que  en  esa  oportunidad  habían  utilizado  al  acusado  para  esos  fines  sin su  consentimiento”.    Esto   supone   “que  se  incurrió por parte de los falladores en un error de hecho  por  falso  juicio  de existencia al haberse omitido su análisis”: no es, por ende, una coartada más para  ayudar  a  su  colega uniformado, como lo entendieron las instancias. Inclusive,  “esos  vicios de la estructuración de los indicios  de  presencia  y  mala justificación… implica (sic)  un   error   de   hecho   por   falso  raciocinio  al  desconocerse  respecto  a  las  inferencias  respectivas el principio lógico de  razón    suficiente”.    (Subrayado    fuera   de  texto).   

8.   Igualmente,  sostuvo  el  defensor,  que  no  se demostró el indicio de huída al no haberse  determinado  la  puesta  en marcha de la patrulla por el procesado, “al  haber observado la presencia de los policiales captores y ni  siquiera   que   su   intención   fuera   alejarse   del  lugar”.   Por   tanto,   los   testimonios   de  los  agentes  Parra         y        García,            “constituye   (sic)   un   error   de   hecho   por  falso  juicio  de  identidad  al hacerle  agregados  a  sus  dichos  que  terminan  haciéndoles  decir  lo  que no fue su  manifestación”    Y    en   relación   con   la   inferencia,   falso    raciocinio    también    por  desconocimiento del principio lógico de razón suficiente”.   

9. Dejaron de valorar  los   falladores   en   las   declaraciones   citadas,  que  el  capturado   GONZÁLEZ DAVID, “reconoció  que  estaba  en  compañía  de los agentes QUINTO y  QUIROZ,   cuando   lo   coherente   con   su   pretensa   huída   hubiese  sido  negarlo”.   Al   mismo   tiempo,  si  su  prohijado  “se      hubiese     retirado     de     manera  definitiva”  del lugar de los hechos aprovechando la  confusión  reinante  en  el momento de los acontecimientos; esa era la conducta  que  se  esperaba  de  él,  como  así  lo  enseña la experiencia.   

10.    En   la  trascendencia   indicó:   “que   de   no  haberse  tergiversado  los  testimonios  de  los  agentes  GARCÍA  y  PARRA  y el de los  señores  ANDRÉS  FERNANDO  TORRES  y  ANGÉLICA MARÍA HINCAPIÉ, así como la  omisión  del testimonio del Mayor TOMÁS ADRIÁN GÓMEZ CASTAÑO, la judicatura  hubiese  concluido  que  sólo  era probable que mi representado al trasportar a  sus  compañeros  hubiese conocido su designio y, por ende, que su intención de  participar  en  el  reato  no  era  algo indubitablemente probado”,  por  ello se debió aplicar al caso en estudio la duda probatoria  a  favor  de su representado, apoyando su propuesta en un tratadista extranjero,  cuando analiza el postulado de presunción de inocencia.   

C O N S I D E R A C I O N  E S    

1.  La  Corte viene  señalando  que  con  la  entrada  en  vigencia del  sistema  procesal  penal  acusatorio  previsto en  la  Ley  906  de 2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario   de   casación,   pues  en  la  actualidad  es  susceptible  la  impugnación  contra  decisiones  de  segundo  nivel  dictadas  por los diversos  Tribunales   Superiores   de   Distritos  Judiciales del  país,  atacando  los  fallos de absolución o condena, sin tener en cuenta como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum punitivo descrito en cada tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia,  para ser admitida la demanda de  casación,  el  actor  debe tener interés, formular y desarrollar los cargos de  manera  objetiva  y  coherente  acreditando,  desde  luego,  la  afectación  de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  comprometerse  con  lo  preceptuado  en  el  artículo  180  del  código instrumental en aludido, en el entendido que una de  las    obligaciones    al    confeccionar    la    demanda    es    demostrar  la  necesidad  de intervención de la Corte para  el  logro de por lo menos uno de los fines establecidos por el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el norte del profesional del  derecho  porque integra un cuarteto de aspectos teleológicos que se traducen en  el  espíritu  del ataque: (i)  la  efectividad  del derecho material, (ii)  el  respeto de las garantías de los intervinientes, (iii)   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a las partes y (iv)  la unificación de la jurisprudencia.   

Desde  otro punto de vista, la jurisprudencia  nunca  ha  expresado que los presupuestos formales se hubieran abolido, derogado  extinguido,  o quizás ignorado su entidad jurídica vinculante con el espíritu  del  recurso  o  tal vez dejaron de ser indispensables, necesarios o ineludibles  para  sustentar  una  censura. Todo lo contrario, el recurso de casación, en el  nuevo    modelo    procesal,    jamás    perdió    su    entidad   de   juicio  lógico-argumentativo,  de  manera  que  ella  deberá  cumplir  pautas  para no  concebirla    como   tercera   instancia,  donde  los reparos compilen presupuestos de claridad y precisión,  por  cuanto  a  la  Sala  de  Casación  no  le  es  permitido ni le corresponde  interpretar   las  alegaciones  de  los  recurrentes  en  casación.6   

En  consecuencia,  para admitir o seleccionar  una  demanda a fin de decidir de fondo sobre el problema jurídico planteado, en  sí,  debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos consagrados en el  artículo  184,  ordinal  2°   de  la  Ley  906  y  demostrar  la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  aplicándose,  por ende, los axiomas que orientan la casación  penal   como  los  de  claridad,  autonomía,  razón  suficiente,   no  contradicción,  entre  otros,  para  –de  la  mano  con ellos-  presentar      una      argumentación     lógica  debida,  habida  consideración  de  compendiar  en el  ataque,  los errores de juicio o de actividad en el que posiblemente incurrieron  los  falladores.  Sin  olvidar, desde ningún punto de vista jurídico, aquellos  otros  como  el  de objetividad, comprensión, precisión, y trascendencia, pues  también  son  postulados  primordiales que deben guiar el ejercicio intelectual  del  letrado,  a  fin  de  demostrarle a la Sala, el motivo por el cual debe ser  aceptada  una  determinada tesis jurídica o una legal valoración de los medios  probatorios.    

También   viene  indicando  la  Corte,  en  múltiples    oportunidades    que    i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   ii)  el  interés  del actor, iii) la coherencia de los cargos aducidos,  iv)     la     puntual  fundamentación  fáctica  y  jurídica, v)  el cumplimiento de al menos uno de los fines del instituto; marcan  la  pauta  para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del fallo en  atención al artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

2.   La  censura  presentada  por  el  libelista  a  favor de CARLOS  ENRIQUE  GONZÁLEZ  DAVID,  no reúne los presupuestos  mínimos   de   coherencia   y   lógica-argumentativa   puntualizados   por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda.  Pues si bien, propuso como punto de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, un ataque por  vía  indirecta,  consagrado  como  causal  de  casación  en  el  numeral 3 del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004; en su desarrollo y demostración incurrió  en  graves  fallas  que  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario.   

Siendo  ello así, como metodología, la Sala  examinará   el   cargo  de  manera  específica,  teniendo  presente  la  aguda  confusión  del  libelista,  a fin de puntualizar los desatinos de mayor impacto  legal y jurisprudencial, en los que incurrió.   

Son   múltiples   los   yerros   que   se  exhiben:   

El           primero   se   traduce   en  el  absoluto  desconocimiento   del   recurso   de   casación   por  parte  del  defensor   público,   quien   no   sólo  descuidó,  relegó,  desatendió e ignoró todos los presupuestos esgrimidos en  los  párrafos  precedentes, sino que de una manera incoherente pretende acoplar  a  su  memorial  un  salvamento  de  voto  del  Tribunal,  para quebrar el fallo  impugnado   y,  por  ese  camino  especulativo,  lograr  la  absolución  de  su  prohijado.  Las  motivaciones expresadas por el magistrado, si quiso tomarlas el  especialista  como  criterio  de  autoridad,  debieron ser expuestas conforme lo  tiene   establecido   la   jurisprudencia  y  no  arremolinadas  en  un  escrito  brumoso.       

El           segundo  se  desprende  del  anterior  al  combinar  en  un  mismo cuerpo argumentativo las diversas alternativas de ataque  como  son:  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad y falso  raciocinio  previstas  para  demostrar  la violación de una norma del bloque de  constitucionalidad,   constitucional   o   legal,  por  la  vía  indirecta.  Al  mezclarlas,  vulneró uno de los postulados que rigen el instituto como es el de  autonomía,  en  donde  es  imposible  sustentar un cargo con otro, fusionarlos en su motivación o dejarlos  depender  entre  sí, como en el caso actual, cuando afirmó, por ejemplo, sobre  los  testimonios  de  los  agentes  Parra y    García:  “constituye   (sic)   un   error   de   hecho  por  falso  juicio  de identidad  al  hacerle  agregados  a  sus  dichos….  Y  en  relación  con la inferencia,  falso  raciocinio también  por  desconocimiento  del  principio lógico de razón suficiente”;  sin  ningún  comentario  adicional,  pensando que el triunfo del  ataque   se  exterioriza  quizás  por  arte  del  capricho  o  del  sortilegio.   

a)  Si  se  intenta  evidenciar   la   configuración   de   errores   de   hecho   por  falso   juicio   de   identidad   en   la  valoración  probatoria,  al censor le corresponderá divulgar en forma puntual:  (i) la individualización la  prueba    atacada,    (ii)  determinar    en    forma   objetiva   ¿qué   dice   el   aludido   medio   de  convicción?,  (iii)     acto     seguido,  ubicará  en las decisiones judiciales  cotejadas  ¿qué  anunciaron  las  instancias  sobre  la  prueba  cuestionada?,  (vi)    específicamente  expondrá  ¿qué  valor  suasorio  le  otorgaron?, (v)  luego,     demostrará  en  ¿qué  forma, sentido o contenido se tergiversó,  adicionó  o  cercenó la prueba?, sin dejar la embestida en escuetos enunciados  ausentes   de  contenido  lógico-argumentativo,  (vi)  aunado  a  esto,  constatará los exactos efectos jurídicos que el error probatorio  produjo  en  la  decisión  final,  acreditando  imparcial  y  materialmente  el  desatino   y   (vii)  jamás  podrá         olvidarse         del        axioma        de        trascendencia, a partir del cual expondrá  en  forma contundente, clara y definitiva el desacierto de la administración de  justicia  y su incidencia en los derechos constitucionales fundamentales debidos  a las partes.     

El  abogado  afirmó  que  las  instancias le  hicieron   agregados   a   las   declaraciones   de  los  uniformados,  pero  su  inconformidad  no  es  latente,  sino  un  simple  alegato de instancia en donde  pretende  que  la  Corte  le  reconfeccione  la  demanda  de  casación  con los  criterios  apodícticos  presentados  por  el magistrado del tribunal disidente,  puesto  que no dice, por ejemplo, cuáles fueron los adiciones objetivas que los  falladores le hicieron a los testimonios.    

b)   Tampoco  se  percató  el  actor que el falso raciocinio  con  sólo  enunciarlo no se vulnera, además de ello, es su deber  demostrar  que  los  medios  probatorios allegados al proceso legalmente, al ser  sopesados  por  los falladores en su exacta dimensión fáctica, le asignaron un  mérito  persuasivo  en total trasgresión a los principios de la lógica, leyes  de la ciencia o máximas de la experiencia.    

Habida  consideración,  tendrá  como  meta  didáctica  el  demandante  determinar:  i)   ¿qué   dice   de   manera   objetiva  el  medio?,  ii)  ¿qué  infirió de él el juzgador?,  iii) ¿cuál valor persuasivo  le   fue   otorgado?,   iv)  indicar,  además,  la  regla  del  entendimiento  omitida  o apropiada al caso,  v)  o  quizás  señalar  la  máxima  de la experiencia ignorada, con la finalidad inmediata de constatar que  el  fallo  motivo de impugnación es sustancialmente opuesto a tales directrices  epistemológicas;  por  cierto,  menos aún, es coherente, eficaz ni pragmático  citar  exclusivamente  algún  postulado  de  la  lógica,  como  el  axioma  de  razón  suficiente  traído  varias  veces  en la motivación, sino que será deber preponderante del jurista  definirlo,  explicarlo,  desarrollarlo,  confrontarlo y aplicarlo debidamente al  caso:  no de otra forma se acredita el desafuero judicial, puesto que una de las  características  del  extraordinario  remedio, es el de ser rogado.     

Además,  es  deber intelectual del libelista  mostrar   cuál   es   el  aporte  científico  correcto  y,  por  supuesto,  la  trascendencia del error, para  lo  cual  tiene que presentar un nuevo panorama fáctico, contrario al declarado  en  instancias;  nada de lo expuesto realizó el actor, solo propuso su especial  manera  de  entender  el  acervo  probatorio,  extrayendo inferencias jurídicas  indemostradas  para solicitar la absolución de su prohijado y proponiendo leyes  de la lógica sin ningún desarrollo.   

El    tercer  error  tiene  que  ver  con  los argumentos genéricos  utilizados  por  el  libelista,  mismos  ajustados en el salvamento de voto, sin  haberlos  correlacionado  en  su  divergencia  y  convergencia  con  las pruebas  incriminatorias  con  las que se condenó a su protegido jurídico; por tanto, y  sin  que  se  entienda como una respuesta de fondo, sino en virtud del ejercicio  pedagógico  que viene realizando la Sala como una más de sus funciones, véase  lo que dijo las instancias sobre el particular:   

1)  Que  algunos  integrantes   del  grupo  (uniformados y particulares) fueron capturados en  flagrancia  y confesaron los  delitos.   

2)  Estableció  el  Juez  Plural que el 23 de mayo de 2007, el subintendente Isaac Quinto Mosquera y  el  patrullero  Neider  Ortiz Guerra, con tres personas civiles más, utilizaron  una    orden   de   allanamiento   falsa   contra   los   esposos   Andrés   Fernando   Torres  Rodríguez  y  Angélica María Hincapié Cortés.   

3)  Se  determinó  además   que   fueron   transportados  los  servidores  públicos  “en  una camioneta asignada a la policía nacional que atiende el  tránsito  de  la  ciudad,  distinguida  con  el  número  30-1620,  la cual era  conducida por el patrullero CARLOS ENRIQUE GONZÁLEZ DAVID”.   

4) El Tribunal, por  consiguiente,  determinó: (i)  el  agente  que  “piloteó la camioneta ‘patrulla’   de   la   policía”    fue    GONZÁLEZ   DAVID,   (ii)   él  arribó  cerca  del inmueble donde se presentaron los hechos y se estacionó con  las  luces  apagadas  (iii) se  generó  en  los  moradores  de la casa (víctimas) una gran confianza al ver el  vehículo  oficial,  (iv) los  infractores  golpearon  fuertemente  la  puerta  con una cruceta y exhibieron un  arma   de   fuego   amenazando  al  matrimonio  para  que  los  dejaran  entrar,  (iv)  la  seguridad  de  los  moradores  se  vio mermada cuando observaron por la ventana que los “uniformados”  se  escondieron al ver  pasar   otro   vehículo   policial,   (v)  junto a la patrulla también había otro automóvil estacionado de  color  café  -con  varios  hombres  en su interior- que huyó al percatarse del  arribo     de     otros     gendarmes.         

5) El arma de fuego  incautada tenía silenciador.   

6)  Así  mismo, se  advirtió:  “Es  que, hasta los agentes motorizados  –que llegaron atender las  voces  de  auxilio-  se  les  hizo  creer que el operativo era oficial y por eso  cuando  lograron  entrar  a la residencia, se excusan diciendo que se trataba de  una  equivocación,  con  la  osadía  de  decirles  que  fue  una  ‘inocentada’  “.    

7) También se halló  en  el  maletín  de  uno  de  los  procesados  además  del  arma,  la orden de  allanamiento y unas cuerdas.   

8)  Se  indicó, en  igual  forma,  que  nada  de  lo  sucedido  fue  realizado al azar, “máxime  cuando  ese  mismo  día,  en  horas  de  la  tarde los  ofendidos  habían  sido  visitados  extrañamente  por  varias  de estas mismas  personas,  que  también  haciéndose  pasar  por  investigadores  habían hecho  preguntas   altamente   sospechosas   y   hasta  fotografías  tomaron  con  sus  celulares”.   

9)  Afirmó el Juez  Plural  que  el  condenado GONZÁLEZ “como conductor  de  la patrulla que llevó al lugar a los otros coautores, estuvo en el sitio de  los  hechos, cerca de la residencia, con el vehículo con las luces apagadas, lo  que  de  por sí, lo ubica como un claro espectador de  lo  que  allí  sucedía  tan  pronto  estos  hombres  empiezan  a  tocar  la  puerta, no en forma normal, sino con una cruceta y sobre  una  lámina de aluminio. Tan fuerte fue el ruido que los vecinos advirtieron lo  que   sucedía   y   así   se   lo   manifestaron   a  los  ofendidos  al  día  siguiente”. (Subrayado fuera de texto).   

10) También se dio  cuenta   el  procesado  de  las  amenazas  hechas  contra  el  matrimonio  y  la  exhibición   de   armas   de   fuego   para  lograr  su  objetivo  “lo  que  necesariamente  estuvo  al  alcance  de  los  ojos  del  conductor”.   

11)  Afirmó  la  judicatura  además:  “Y  no  es extraño que nadie  perciba  su  retirada,  porque  la  escena  que se vivió en ese instante fue de  absoluta   confusión  tal  y  como  lo  relatan  los  policías  que  rindieron  declaración  en  juicio.  Eran tantos los hombres presentes, las excusas que se  presentaban,  su  apariencia  de  legalidad,  que hasta los primeros motorizados  alcanzaron  a  creer  en  el  procedimiento  y sólo cuando el segundo bloque se  (sic)  policías,  pide  una  explicación,  se  abre  paso  a las carreras y la  huída”.   

12) Todo conlleva a  entender  que cuando el procesado conductor espera a sus compañeros de faena en  la  bomba  de gasolina, ello no “fue casual, sino el  producto de aquel plan criminal que se venía abajo”.   

13)  “Y  es  que  su  responsabilidad  salta de bulto, toda inferencia  lógica  y desprevenida, resultando del estudio del acervo probatorio, nos lleva  a  concluir  que  GONZÁLEZ  DAVID,  es  una  pieza  más  del  engranaje  de la  organización  criminal  que cometió las ilicitudes endilgadas; y que así como  Quinto  Mosquera,  Ortiz  Guerra y Montoya Isaza, tenía un papel que cumplir en  el  acontecer delictivo, y no cualquier papel, no, uno muy importante, presentar  apoyo  logístico…  pues  no  sería  para  nada  convincente  que un grupo de  agentes  de  policía –con  tremenda  misión  ilícita-  llegasen  a  un  operativo  distante  de  su base,  caminando”.   

14)  El  inculpado GONZÁLEZ DAVID,  por  otro lado, nada tenía que estar haciendo en el operativo, no  era  su lugar ni zona de trabajo, menos aún “tenía  que   obedecer   órdenes   a  ninguno  de  los  allí  presentes”,   menos   a   Quinto   Mosquera,   pues   no   era   su   superior  jerárquico.   

15)     El  Juez, después de practicada  la  prueba  en  el juicio oral, sostuvo en punto de la responsabilidad penal del  procesado  GONZÁLEZ  DAVID,  que  las  declaraciones  de los uniformados Juan diego Palacio Cárdenas, Walter  Alonso  García,  Walter Andrés Parra Manzano y Francisco Javier Sierra Rudiño  junto  con  la  de  los  esposos  Andrés Fernando Torres Rodríguez y Angélica  María     Hincapié     Cortés,     son     suficientes     para    degradarle  responsabilidad.   

16)  Estructuró el  funcionario  judicial  contra  el citado patrullero los indicios de “presencia  no  justificada  en  el  lugar  de los hechos y el de  huída   del   lugar”.   Por   último,   se  dijo.  “no  es  que  el  procesado haya sido capturado por  sospecha,  como  lo  afirma  la  defensa,  lo  fue por haber sido sorprendido en  cuasiflagrancia,  cuando  en  el vehículo que conducía, inexplicablemente y en  actitud  sospechosa  abandonaba  los  alrededores  a  donde se cometía el hecho  punible,  máxime cuando el mismo hizo saber espontáneamente que había llevado  a     quienes     ya    habían    aceptado    su    responsabilidad    en    el  reato”.     

Observa la Sala que con base en especulaciones  atacó   el   actor  la  decisión  de  segundo  nivel,  sin  ninguna  temática  casacional,  olvidando  todas  las  inferencias  extractadas por las instancias,  mismas  que  se  anotaron  atrás,  por  ejemplo,  se alegó que su prohijado no  tenía  conocimiento  del  dolo, lo cual choca contra el principio de la lógica  de  no contradicción al darse cuenta de lo irregular, ilícito y arbitrario del  procedimiento,  mírese  como  una de las víctimas como lo fue Andrés Fernando  Torres  Rodríguez  (esposo  de  Angélica  María),  declaró  que  la patrulla  (camioneta)  permanecía  allí  cuando los policiales golpeaban la puerta de su  casa   con   una   cruceta.   

El      patrullero      GONZÁLEZ  DAVID,  insistieron  los  falladores,  se  dio  cuenta  de  las  personas  extrañas  al  allanamiento  (civiles),  del automotor que los acompañó con varios hombres en  su  interior  y  de  la  huída del mismo; de las amenazas, de la exhibición de  armas;  éstos  uniformados  no  eran  sus  jefes, él manejaba una camioneta de  tránsito,   se  fue  lenta  y  silenciosamente  hacía  la  bomba  de  gasolina  denominada   Buenos   Aires   para   esperar  a  sus  compañeros,  entre  otras  circunstancias    que   no   fueron   motivadas   o   desacreditadas.   

Y     para     rematar     –es  importante  dejar en claro- que el  profesional  del  derecho,  no  atacó  la  coautoría  impropia,  como  juicio  dogmático acreditado por las  instancias    contra    CARLOS   ENRIQUE  GONZÁLEZ DAVID  para  irrogarle  la  responsabilidad  penal  por  las  conductas  antijurídicas  formuladas  por el ente Fiscal; quedando intacta, como se expuso, toda la prueba  en la que se sustentó la decisión condenatoria.   

Lo  precedente tiene relación imprescindible  con   el   axioma   de   trascendencia,  el  cual  dejo  inane  de  sustentó, puesto que en tal apartado del  libelo  se  realizó una reproducción vaga, ligera y discordante de lo expuesto  por  el  mismo  defensor  en  el  desarrollo de la censura. Siendo ello así, el  daño  sugerido se muestra efímero, motivo por el cual, el principio aludido no  se  acredita  con la repetición de los argumentos diseñados en la parte motiva  de  la demanda, ni con apreciaciones subjetivas e indemostradas, mucho menos con  trasmutar  el  sentido de la ley, sino que ellos serán el reflejo latente de la  violación  a  un  precepto  llamado  a  regular  el  caso;  por ejemplo, si las  instancias  se  hubiesen  apartado de las leyes de la lógica, en la valoración  de  determinadas  pruebas,  con  la  categoría de incriminatorias; será deber,  entonces,  del  demandante,  desacreditarlas  por  razón  de  su convergencia o  divergencia,  mostrando  un  nuevo  horizonte  hermenéutico probatorio en total  oposición  al  declarado  por  los  falladores  y  aplicando  correctamente los  principios   que   informó   fueron   vulnerados:  nada  de  ello  realizó  el  memorialista, como se viene sosteniendo.     

Así  las  cosas  y,  como  quiera  que  el  instituto  está regido, entre otros, por el principio  de  limitación,  las  deficiencias  de  la demanda no  pueden  ser  remediadas  ni  suplidas  por  la  Corte,  por  tanto,  tampoco  le  corresponde  asumir  la tarea argumentativa propia del impugnante, para rehacer,  complementar,  renovar,  adicionar  o  corregir  su  libelo,  máxime  cuando es  antiquísimo  y  unánime  el  criterio de la Sala, en el sentido que el recurso  extraordinario  de  casación  es un juicio lógico-argumentativo, el cual tiene  una   regulación   prevista   por   el   legislador   y   desarrollada  por  la  jurisprudencia,  con  el  propósito  de  evitar que se convierta en una tercera  instancia,  dado  que  esa  no  es  su  filosofía  ni  mucho menos su razón de  ser.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los sentenciados, como para superar los defectos de la demanda y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Estudiado   el  ataque,  sólo  conjeturas,  suposiciones  y  especulaciones  identifican  la  censura,  sin  que  se hubiese  presentado  una motivación coherente con la propuesta casacional, circunstancia  por  la  cual,  la Sala de Casación Penal de la Corte,  inadmitirá  la demanda presentada por el defensor  público a nombre de CARLOS          ENRIQUE          GONZÁLEZ         DAVID.   

3. Teniendo en cuenta  que  contra  la  decisión  de  inadmitir    o    no   selección   de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no  fue  regulado,  pero que para tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación7, como pasa a indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda de casación, con el fin de que reconsidere lo  decidido.  También  podrá  ser  provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

3.2. La solicitud  de  insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior  fuese  el  demandante;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda o ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

Con fundamento en lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA EN SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R    E    S    U   E   L   V   E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor  público  de  CARLOS ENRIQUE  GONZÁLEZ  DAVID,  atendiendo las razones plasmadas en  la parte motiva de esta providencia.   

Segundo: Contra la  presente   decisión   procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Tercero:  Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                               MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                    

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                                      JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1   De 29 de agosto de 2008.   

2   Del 13 de marzo de 2008.   

3  También  lo inhabilitó en el ejercicio de derechos y  funciones    públicas     por    un    lapso   de   86   meses.   

4 El 13  de septiembre de 2007.   

5  Se  realizó  los  días  14,  23  de noviembre, 5 de diciembre de 2007; 3, 4, 31 de  enero; 27 de febrero 2008.   

6 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

7 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.     

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