30898(09-02-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30898  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.29  

Bogotá D.C., nueve (9) de febrero de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  debida  argumentación de la demanda de casación presentada por el  defensor  de  OSCAR GUSTAVO PARDO MARTÍNEZ,  contra la sentencia del Tribunal Superior de Distrito Judicial de  Bogotá,  que  confirmó  la  emitida  en el Juzgado Cuarenta y Cuatro Penal del  Circuito,  por  cuyo  medio  fue  condenado  como  autor  del delito de abuso de  confianza calificado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Según se extrae  de  la  actuación, el 29 de junio de 1996, la Asamblea  General   de   Delegados  del  entonces  Sindicato     de     Trabajadores     de    la    Beneficencia    de  Cundinamarca, aprobó la disolución y liquidación de  esa  asociación,  y nombró como su liquidador a OSCAR  GUSTAVO  PARDO  MARTÍNEZ,  quien  para ese momento, y  desde  hacia  varios años, ejercía como presidente y representante legal de la  agremiación sindical.   

En  ejercicio  de  las  facultades otorgadas  respecto  de  los  bienes que integraban el patrimonio de aquella organización,  PARDO  MARTÍNEZ, tres años  después,    vendió    en    $    15’000.000  una oficina ubicada en la carrera 8 Nº 15-99 de Bogotá y,  pretextando  deudas  por  servicio  de  fotocopiado  entre  1996 y 1999, el 6 de  agosto  de ese último año entregó a Carlos Mario Cuartas Betancur, en pago de  esa  acreencia  y  de la comisión por venta de la aludida oficina, dos lotes de  terreno   que   hacían   parte   de   otro   de   mayor  extensión  denominado  “Finca   El   Espinal”  ubicado   en   la   vereda   El  Guabinal  del  municipio de Girardot; además, el 24 de mayo de 2000 vendió  un   casalote  ubicado  en  la  carrera  8  Nº  8-34  de  esta  ciudad,  por  $  50’000.000,  negándose a  explicar  a los miembros del sindicato el destino dado a las sumas recaudadas en  esas transacciones.   

2.  Estos  hechos  fueron   denunciados  el  10  de  mayo  de  2002  por  el  representante  de  la  Asociación          de          Extrabajadores     Sindicalizados    de    la    Beneficencia    de  Cundinamarca                (ASEXTRABECUN),  como  constitutivos  de  “ABUSO   DE  CONFIANZA,  ALZAMIENTO  DE  BIENES  O  GESTIÓN  INDEBIDA  DE RECURSOS SOCIALES”1,  y en razón  de  los  mismos,  abierta  la  respectiva  investigación,  se  ordenó vincular  mediante    indagatoria   a   OSCAR   GUSTAVO   PARDO  MARTÍNEZ  y Carlos Mario Cuartas Betancur2,  respecto de  quienes,  el 5 de diciembre de 2003, tras la clausura de la fase instructiva, el  Fiscal  Ciento  Dieciséis  Delegado  ante los jueces penales de circuito dictó  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  al  considerar  que  no se  tipificaba  “una  estafa  o cualquier otra clase de  conducta     de    carácter    penal”3.   

3. Con ocasión del  recurso  de  apelación  interpuesto por el denunciante, debidamente constituido  en  parte  civil,  la  Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá  revocó  parcialmente la decisión impugnada, mediante la suya de 10 de  marzo  de  2004,  en  el  sentido  de  proferir resolución de acusación contra  PARDO MARTÍNEZ en calidad de  autor  del  delito  de  abuso de confianza calificado previsto en los artículos  249  y  250,  numeral  4,  de  la  Ley  599  de 20004.   

4.  La etapa de la  causa  se  adelantó  ante  el  Juzgado  Cuarenta y Cuatro Penal del Circuito de  Bogotá,  cuyo  titular,  el  11 de abril de 2007, dictó sentencia condenatoria  por  la  conducta  punible endilgada al acusado en el pliego de cargos, y en tal  virtud  le  impuso  las  penas  principales de cuarenta (40) meses de prisión y  multa  de ciento veintinueve (129) salarios mínimos mensuales legales vigentes,  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por igual lapso  de  la privativa de la libertad, y la de carácter civil consistente en pagar el  equivalente   a   trescientos   sesenta   (360)   salarios   mínimos  mensuales  legales   por  perjuicios  materiales;  además,  le  negó  la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, y le otorgó la prisión domiciliaria  como    sustitutiva    de    la    de    prisión5.   

5.  Del  expresado  fallo     apeló     el     defensor     de    PARDO  MARTÍNEZ,   y  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  el  suyo de 18 de abril de 2008, lo confirmó,  sentencia  contra  la  que el apoderado de éste interpuso y sustentó en tiempo  el   recurso   extraordinario  de  casación  por  vía  excepcional6.   

LA DEMANDA  

Los fundamentos de los cargos formulados por  el censor se resumen así:   

1.  Denuncia  la  violación  de  las  garantías  sustanciales  al  debido  proceso  y derecho de  defensa,  previstas en los artículos 29 de la Constitución Política, 6 y 7 de  la  Ley  600  de  2000,  pues estima que el ad-quem debía decretar de oficio la  nulidad  de  la  actuación  desde  la  decisión  de  segunda  instancia  de la  Fiscalía,  mediante  la cual se revocó la preclusión de la investigación por  el  delito  de  estafa  y  el  procesado  fue  acusado por el delito de abuso de  confianza  calificado,  toda  vez  que  con  tal  pronunciamiento  el instructor  atentó  contra  el  principio  de  lealtad  procesal,  incurrió en una vía de  hecho,  y sorprendió a su defendido al cambiar la denominación jurídica de la  conducta  punible  investigada y por la que había sido expresamente vinculado e  indagado.   

Como  fundamento  del mismo reproche señala  que  al  modificar el instructor “arbitrariamente la  calificación  del  punible”  igualmente  violó  el  principio  rector  de favorabilidad, ya que si los hechos denunciados ocurrieron  el  20  de agosto de 1999, debió aplicarse el artículo 358 del Decreto Ley 100  de  1980,  dado  que  el delito de abuso de confianza calificado “es  creación” de la Ley 599 de 2000, y  por  tanto  no  podía aplicarse en forma retroactiva ya que prevé una sanción  mas severa que la dispuesta en la anterior legislación.   

Por último, concluye el cargo aduciendo que  a  diferencia  de  las  solicitudes  del  representante  de  la parte civil, las  peticiones  de la defensa nunca fueron atendidas, no obstante que con las mismas  aportó   elementos   probatorios   que  igualmente  fueron  ignorados  por  los  juzgadores  de  primero  y  segundo  grado,  quienes  en contravía de la verdad  acreditada   dictaron   sentencia   condenatoria  con  un  criterio  personal  y  subjetivo,  porque lo demostrado con aquellos elementos de convicción es que el  presente  era un conflicto que debía dirimirse ante la justicia laboral y no la  penal.   

2.  El  segundo  reproche  lo  propone  el recurrente al abrigo de la causal primera de casación  prevista  en  la  Ley  600  de  2000,  artículo  2007,  aduciendo la violación  indirecta   de   la   ley   sustancial   a   consecuencia   de   “error  de  hecho  en  sus  diversas  modalidades:  falso  juicio de  identidad,      omisión      y      suposición      de      prueba”.   

Sostiene  que  el  falso juicio de identidad  consistió  en  tener por suficientes las declaraciones del denunciante y de las  personas  que acudieron a solidarizarse con sus incriminaciones, “incurriendo   en   la   omisión  de  tener  en  cuenta  (sic)  las  constancias  procesales  que  apoyan  los  descargos  del  sentenciado,  de cuyo  análisis  en  conjunto  tales  sindicaciones  pierden  credibilidad”,  además  que  el  Tribunal  también incurrió “en  un falso raciocinio y por ende en una OMISIÓN DE PRUEBA, al no  tener  en cuenta que los Estatutos del Sindicato de Empleados de la Beneficencia  de  Cundinamarca  le dan amplias facultadas al Liquidador para enajenar bienes e  inclusive    fijarse    sus    honorarios    por    la    prestación   de   sus  servicios”,  sin  que sea válido considerar que por  negarse  a  rendir  cuentas  y  por  impedir el control sobre su actividad, ello  justifique  la  intervención de la jurisdicción penal, porque lo cierto es que  un  juez  civil  indicó  que  ese  conflicto  debía dirimirse ante la justicia  laboral.   

Con base en los dos cargos solicita, primero,  casar  la  sentencia  impugnada  para  en  su  lugar  proferir  una de carácter  absolutorio  o,  subsidiariamente,  declarar la nulidad del fallo por violación  al  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa, a partir del momento en que se  varió  la  calificación  por el delito de estafa, por la de abuso de confianza  calificado7.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Necesario  es  recordar  que,  en  cualquier  régimen, la casación  atiende  a  unos  fines  superiores  cuales  son  la reparación de los agravios  inferidos  a  las  partes  en la sentencia recurrida, la efectividad del derecho  material  y  de  las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  en  la  actuación,    y    la    unificación   de   la   jurisprudencia   (Ley  600  de  2000,  articulo  206;  Ley  906  de  2004, artículo  180).   

Empero, ello de ninguna manera significa que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración, desprovisto de  todo  rigor,  y  que tenga como finalidad abrir un espacio procesal semejante al  de  las  instancias para prolongar el debate respecto de los puntos que han sido  materia  de controversia, pues ha de resaltarse que mediante la proposición del  recurso  el  censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia  de  los  presupuestos  de lógica y  argumentación   inherentes   a  cada  motivo  extraordinario  de  impugnación,  persuadir  a  la  Corte de que con el fallo de segunda instancia se ha originado  el quebranto de alguna de aquellas finalidades.   

2. En la demanda que  concita  la  atención de la Sala, el actor, con evidente desconocimiento de los  objetivos  fundamentales  de  la  casación  así  como  de  las  exigencias que  gobiernan  los  vicios  alegados,  pide  a  la Corte enervar el fallo sin que en  verdad  logre  articular  una propuesta seria acerca de la ocurrencia de dislate  alguno materializado en la sentencia de segunda instancia.   

2.1. Aun cuando el  censor  acudió  a  la vía discrecional del recurso extraordinario, atendida la  época  de  los  comportamientos constitutivos de reproche penal, esto es, entre  los  años 1999 y 2000, consistente en la apropiación de dineros pertenecientes  al   patrimonio  del  Sindicato  Trabajadores  de  la  Beneficencia  de  Cundinamarca,  resulta  claro que el  recurso  procedía  en  forma  directa,  pues  tal  conducta  encajaba, como con  acierto   lo   precisó  el  a-quo  con  apoyo  en  la  jurisprudencia  de  esta  Sala8,   en  el  delito  de  peculado  por  extensión  en  modalidad  de  apropiación,  descrito en los artículos 133 y 138 del Decreto Ley 100 de 1980,  vigente para aquél entonces.   

Por  esa  razón, a efectos de establecer la  procedencia  de  la  impugnación  extraordinaria,  la  legislación  a tener en  cuenta  era  el Decreto 2700 de 1991, en vigor para el período de ejecución de  los  comportamientos, aplicable en virtud del principio de favorabilidad, habida  cuenta    que   según   lo   normado   en   su   artículo   218   (modificado   por   el   35  de  la  Ley  81  de  1993),   ese   mecanismo   resultaba   viable   respecto   de  sentencias  “proferidas   por   el  Tribunal  Nacional, los tribunales superiores de distrito judicial y el Tribunal  Penal  Militar,  en segunda instancia, por los delitos que tengan señalada pena  privativa  de la libertad cuyo máximo sea o exceda de  seis    (6)    años”  (negrillas  fuera de texto),  a  diferencia  de  lo previsto en la Ley 600 de 2000, que gobernó el desarrollo  de  la actuación hasta la emisión de los fallos de primero y segundo grado, la  cual  en  su  artículo 205 consagró el mecanismo, por  la  vía  ordinaria,  para las sentencias dictadas por  aquellas  autoridades,  pero  por  delitos  cuya  pena  excediera  de  ocho  (8)  años.   

Entonces,  como  el  delito  de  abuso  de  confianza  calificado del que fue hallado responsable el acusado está reprimido  con  una  pena  máxima  de seis (6) años (Ley 599 de  2000,  artículo  250),  no admite controversia que la  legislación  aplicable,  iterase,  para  la  procedencia de la casación, es el  Decreto 2700 de 1991.   

2.2.  En cuanto al  primer  cargo,  el  actor  no  indicó  la causal bajo cuyo amparo lo proponía,  empero,  dado que la pretensión se contrae a la invalidación de lo actuado, se  colige  que  ha  debido  invocar el artículo 207, numeral 3°, de la Ley 600 de  2000,  el  cual prevé que hay lugar a interponer el recurso de casación cuando  la  sentencia  se ha dictado en un juicio viciado de nulidad, caso en el cual le  resultaba  imperioso,  como  lo  tiene  precisado  la Sala, atender las expresas  causales  de  invalidación  y  observar con especial cuidado los principios que  orientan  la  declaración  de  las  nulidades  y su convalidación (artículos        306        y       307       ibidem).   

Sin   embargo,  un  desarrollo  argumental  semejante  no se aprecia en la propuesta, empezando porque de manera simultánea  el  censor  alega como vulnerados el debido procedo y el derecho de defensa, sin  percatarse  que  cada  uno está erigido como motivo autónomo de nulidad y que,  aun     cuando     el     segundo    (derecho    de  defensa)  se  en  marca  de  manera general dentro del  amplio     espectro     del     primero     (debido  proceso),  ostentan  características  ontológicas  y  jurídicas  distintas,  pues  uno es vicio de estructura y el otro de garantía,  de  suerte  que,  sin  desconocerse que en un determinado evento pueden resultar  ambos  lesionados,  al censor le corresponde la carga de explicar con claridad y  precisión  si  la  irregularidad alegada vulneraba sólo a uno de ellos o a los  dos.   

Las manifestaciones expuestas en el cargo no  atienden  alguno  de  los anteriores fines lógico-argumentativos, ya que en las  mismas  se  alude  indiscriminadamente  a  tres  supuestas  irregularidades:  la  “arbitraria  variación”  de  la  denominación  jurídica  de la conducta punible por parte del fiscal de  segunda  instancia;  el  desconocimiento  del  principio  de favorabilidad, y la  falta  de  respuesta  por  parte del instructor de las peticiones de la defensa,  con  las  cuales  aportó  pruebas  que,  a su vez, no fueron apreciadas por los  falladores de primero y segundo grado.   

El primer aspecto carece de fundamento serio  y  trascendente,  pues  el  actor  olvida  que en la indagatoria lo relevante es  interrogar  al  procesado  por  el  conjunto  de  circunstancias  fácticas  que  originan   su  vinculación  de  acuerdo  con  las  pruebas  hasta  ese  momento  recaudadas,  y  que  la  imputación jurídica hecha en ese acto es de carácter  provisional    (Ley    600   de   2000,   artículo  338),  habida  cuenta que en la investigación rige el  principio  de  progresividad,  según  el  cual, si bien es cierto al indagar al  procesado  —e incluso al  resolver  su situación jurídica, en los casos que hay lugar a ello—,   se   puede   tener   una  inicial  percepción  acerca  de  la  ubicación  típica  del  comportamiento delictivo,  igualmente  es  verdad que nada se opone a que con el acopio de nuevos elementos  de  convicción  o  por  un  mejor  análisis  de  los  obrantes,  el instructor  modifique  la  calificación  jurídica  de  la conducta, siempre que respete el  núcleo  fáctico,  lo  cual también puede ocurrir como consecuencia lógica de  los  recursos  de  reposición,  ora  de apelación, cuando están enderezados a  corregir  los  desaciertos  que  al  respecto advierta la parte recurrente, como  aquí ocurrió.   

Acerca  del desconocimiento del principio de  favorabilidad,  la falla argumental es de mayor connotación, pues si de acuerdo  con  el censor la norma sustantiva que debió regir la adecuación típica de la  conducta  investigada era el artículo 358 del Decreto Ley 100 de 1980, y no los  artículos  249  y  250  de  la  Ley  599  de  2000, la sede natural de un vicio  semejante  era  la  causal  primera  de  casación,  por  vía  de la violación  directa,  arguyendo  la  indebida  aplicación  de  los  dos últimos artículos  citados  y  la  falta  de  aplicación del primero, amén de que la enmienda del  presunto  yerro  no  implicaría  la  nulidad  de  la actuación, sino emitir el  correspondiente fallo de sustitución.   

Pero   además,  si  en  gracia  de  hacer  prevalecer  lo  sustancial sobre lo formal, llegara a aceptarse que este último  sentido  del  reproche  por  nulidad debe estudiarse como un cargo autónomo con  sede  en  otra causal, la ausencia de fundamento sigue siendo mayúscula, porque  con  el  fin  de  demostrar  la  violación  directa de la ley sustancial en los  referidos  términos,  al  demandante  le  asistía  la  carga  de consignar una  argumentación  de estricto orden jurídico para persuadir a la Corte de que tal  y  como  se  declararon  probados  los  hechos  en los fallos, el comportamiento  delictivo  estructurado  era el previsto en el artículo 358 del Decreto Ley 100  de 1980.   

No  obstante,  la  propuesta  se quedo en la  simple  manifestación  de  intención,  sin  entrar  a  controvertir, desde una  perspectiva  de  estricto  matiz  jurídico,  lo  precisado  en  la sentencia de  primera  instancia,  integrada  a  la  de  segunda  por  el  principio de unidad  jurídica  inescindible,  acerca  de  que  por  la  época en que ocurrieron los  hechos  el  comportamiento del procesado se ubicaba en el tipo penal de peculado  por  extensión  en  modalidad de apropiación, descrito en los artículos 138 y  133  del  Decreto Ley 100 de 1980, sin que sobre, entonces, advertir, que siendo  ello  así la calificación jurídica del comportamiento por parte del la Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante  el  Tribunal  no atentó contra el principio de  favorabilida,  pues  tal  reato en la Ley 599 de 2000 se denomina ahora abuso de  confianza    calificado,    con   una   sanción   más   benigna   (prisión  de 3 a 6 años) que la prevista  para  el  peculado  por extensión (prisión de 6 a 15  años,     atendida     la     cuantía     de     la     exacción).   

Finalmente en cuanto a que en la instrucción  dejaron  de  atenderse peticiones formuladas por el defensor con las que aportó  medios  de  prueba  que  luego  fueron  desconocidos por los jueces de primera y  segunda  instancia,  la  proposición  es  manifiestamente  ambigua,  carece  de  claridad  y  precisión, ya que primero alude a un eventual agravio al ejercicio  de  la  defensa  en  su  expresión técnica, y luego, incurriendo nuevamente en  craso  desconocimiento  de  los  principios de autonomía e independencia de los  cargos  y  causales,  aborda  un  reproche  por  un  aparente  falso  juicio  de  existencia,  propio de la violación indirecta de la ley sustancial cuya sede es  la  causal  primera,  al  asegurar  que medios de prueba legales y oportunamente  allegados   no   fueron   valorados  al  emitir  las  decisiones  de  fondo  los  falladores.   

Esa   sola  falla  argumental  resultaría  suficiente  para  rechazar  el  estudio  de la queja, más a ella se suma que la  revisión  objetiva  de  la  actuación  revela  cómo,  en  cuanto  atañe a la  violación  del  derecho  de  defensa  técnica,  el  reproche  se  apoya en una  presentación  sesgada  del  desarrollo procesal, toda vez que las solicitudes a  las  cuales alude el demandante tenían como objeto propiciar un pronunciamiento  prematuro    del    instructor    respecto    de    la    preclusión    de   la  investigación9,  las  cuales  no obstante, en la oportunidad que correspondía, es  decir,  al calificar el mérito probatorio del sumario, sí fueron atendidas por  el  funcionario y de manera favorable a la pretensión de la defensa; situación  distinta  es  que  al  apelar  el  apoderado de la parte civil la resolución de  precusión,  el  fiscal  de segunda instancia la revocó y en su lugar profirió  el pliego de cargos en los términos ya conocidos.   

2.3.  Respecto del  segundo  cargo,  impulsado  con base en la causal primera de casación, debido a  la  violación indirecta de la ley sustancial a consecuencia de errores de hecho  “en    sus    diversas    modalidades”,  la  suerte  de  la  propuesta  no  es  más  afortunada que la  anterior,  pues  el  actor  no  demuestra con el rigor lógico argumental de esa  clase de vicios la ocurrencia de alguno.   

El libelista denuncia, en principio, un falso  juicio         de         identidad,        por        la        “suficiencia”  que  los  falladores  le  otorgaron  a  la  queja y posterior ampliación del denunciante, así como a las  declaraciones   de   los   extrabajadores   sindicalizados  de  la  Beneficencia    de    Cundinamarca   que  acudieron  a  respaldar  los  hechos  puestos  por  aquél en conocimiento de la  jurisdicción,  afirmación  que  no es indicativa de que a los medios de prueba  aludidos  se les hubiese cercenado o adicionado su contenido, o distorsionado el  mismo,    sino   que   apunta,   más   bien,   a   un   probable   falso  juicio  de  convicción, especie de  yerro    que    pertenece    a    los   errores   de  derecho,  y  no  a  los  de  hecho, el cual además en  nuestra  sistemática  procesal  penal  no  es  de  común ocurrencia al haberse  sustituido  el  método  de  valoración  de  tarifa  probatoria,  por  el de la  persuasión racional regido por la sana crítica.   

Luego,  sin  acreditar  uno  u  otro  de los  anteriores  dislates,  sostiene  que  el ad-quem incurrió en omisión acerca de  las  pruebas  que  respaldan la hipótesis defensiva, proposición con la que de  manera  general  alude  a  un probable falso juicio de existencia, empero, a esa  manifestación  se  redujo  la  demostración  del  vicio, pues el demandante no  precisó  en  concreto  los  medios  de  prueba cuya valoración extraña, mucho  menos  abordó  o  se ocupó de señalar el contenido relevante de los mismos, y  tampoco  hizo un estudio en conjunto de estos con los valorados por el Tribunal,  para   demostrar  que  las  conclusiones  de  la  segunda  instancia  resultaban  equivocadas  y  violatorias  de  la  ley  sustancial, por falta de aplicación o  aplicación indebida.   

Con   idéntico   desconocimiento  de  las  exigencias  lógico  argumentativas  de  los  errores  de  hecho, por último el  censor   precisa   que  el  juez  de  segundo  grado  incurrió  “en  un  falso raciocinio” por omitir las  pruebas   que   acreditan   que  la  rendición  de  cuentas  exigidas  por  los  denunciantes  acerca de su gestión como liquidador del patrimonio del sindicato  debía  propiciarse  ante  la  jurisdicción  laboral,  propuesta  que carece de  relación  con  el  vicio alegado, en el que debía el actor acreditar que en la  estimación  de  las  pruebas  el  ad-quem vulneró alguno de los postulados que  informan  la  sana  crítica  (leyes  de  la ciencia,  reglas   de   la   lógica,   o   máximas   de  la  experiencia  y  el  sentido  común),  y  que  además  no  es  fiel  con  el fallo  atacado, en el que al respecto se preciso:   

“Para  la  sala  dicho  argumento  tampoco  puede  aceptarse  en  este  especifico evento, previo  análisis  de  las  circunstancias  acreditadas  con  los medios de conocimiento  allegados  a  la  actuación;  pues  en  verdad,  el transcurso del tiempo [diez  años],  aunado  a  la  omisión  reiterada  del  acusado  de informar sobre las  transacciones  y  destino  del producto de los bienes de propiedad del sindicato  [ni  siquiera  en  el  transcurso  del proceso penal permitió la auditoría del  perito  oficial],  permiten  edificar  con  certeza  el  juicio sobre la aludida  apropiación de estos.   

”Y  es que bien  diferente  resulta  que  el  procesado  tuviera  la  obligación de presentar la  liquidación  final  para su aprobación al Juzgado laboral, por disposición de  los  artículos  403  y  siguientes  del  Código Sustantivo del Trabajo [lo que  nunca  hizo],  frente al hecho de haber eludido el control del tesorero y fiscal  designados  por  la  asamblea  para  coadyuvar  su labor, pues ello, conforme lo  sostuvo   el   Juez   de  Instancia,  revela  su  clara  intención  y  efectiva  apropiación de dichos bienes.   

”No  discute la  Sala,  que  existan  en  estos eventos sanciones de otra naturaleza para quienes  incumplen  su  labor  como liquidadores de asociaciones sindicales, pero ello no  excluye  en manera alguna, el ejercicio de la acción penal, cuando es evidente,  como  en  este  caso,  que ha existido una apropiación, en provecho propio y de  terceros,  de  los  bienes  del  sindicato,  por  quien ostenta la condición de  liquidador.   

”Tal  calidad y  las  facultades concedidas al procesado para el mejor desarrollo de su labor, no  permitían  que actuara como lo hizo y dispusiera de los bienes como propios, se  reitera,  en  su  provecho  y  de  terceros,  pues estaba obligado, por haberlos  recibido  a  título  no traslativo de dominio, a dar cuenta de su destino y del  producto  de los mismos.”10.   

3. En conclusión,  frente   a   un  alegato  de  tan  precario  alcance  e  insubsanable  falta  de  rigurosidad,  debe la Sala reiterar que el recurso de casación en esencia es un  juicio  lógico jurídico, de delicada argumentación y crítica vinculante, que  se  emite acerca de la legalidad de la sentencia, y por ello no puede entenderse  como  instancia adicional, ni como potestad ilimitada para revisar el proceso en  su  totalidad,  en  sus diversos aspectos fácticos y normativos, sino como fase  extraordinaria, limitada y excepcional.   

Los  principios de sustentación suficiente,  limitación,  crítica  vinculante,  autonomía  de las causales, coherencia, no  exclusión  y  no  contradicción,  ha  sido  dicho  por  la Corte, en cualquier  régimen    gobiernan    la    casación.   Los   dos   primeros   (sustentación  suficiente  y limitación),  derivan  del  carácter  dispositivo del recurso, e implican que la demanda debe  bastarse  a  sí misma para propiciar la invalidación del fallo, y que la Corte  no    puede    entrar    a    suplir    sus   vacíos,   ni   a   corregir   sus  deficiencias.   

El  de crítica vinculante, presupone que la  alegación  debe  fundarse  en las causales previstas taxativamente por la misma  normatividad,  y  que  se somete a determinados requisitos de forma y contenido,  dependiendo  de  la  causal  invocada.  Y  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión   y  no  contradicción,  implican  que  el  discurso  debe  mantener  identidad  temática,  y  ajustarse  a  los  requerimientos  básicos de lógica  general y lógica jurídica.   

La inobservancia de esos requerimientos, como  en  el  asunto  estudiado,  impide  la  demostración  clara  y  contundente  de  cualquiera  de  los yerros previstos por el legislador como motivo enervante del  fallo,  y  veda  a la Corte el estudio de los fundamentos fácticos o jurídicos  de  la  sentencia atacada, pues en atención al principio de limitación, y dado  el  carácter  rogado y dispositivo de la casación, las deficiencias del libelo  no  pueden  ser  enmendadas,  ni asignarse otro sentido a la expresa pretensión  del  demandante,  la  cual  debe  tener  un  objeto  preciso,  claro, definido y  coherente,  regido  por  causales específicas señaladas por la ley, con cargos  que  han  de  adecuarse  a éstas, los cuales se deciden en una nueva sentencia,  diversa   en   objeto  y  contenido  de  la  proferida  por  los  falladores  de  instancia.   

4.  Finalmente  no  sobra  precisar  que la Sala no observa, con ocasión del trámite procesal o en  el    fallo    impugnado,    violación    de    derechos   o   garantías   del  procesado  PARDO  MARTÍNEZ,  como  para  que se haga necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que  le asiste a fin de asegurar su protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la   demanda   de   casación  presentada  en  nombre  de   OSCAR   GUSTAVO   PARDO   MARTÍNEZ,   de   acuerdo   con   las   razones   plasmadas  en  el  presente  proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                    JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Cuaderno original Nº 1, folios 1 a 39.   

2  Ídem, folios 40 y 61 a 71.   

3  Ídem, folios 237 a 245.   

4  Cuaderno de segunda instancia Fiscalía, folios 3 a 17.   

5  Cuaderno original Nº 2, folios 152 a 164.   

6  Cuaderno  de segunda instancia en el Tribunal, folios 5 a 17, 26, 31, 36, y 50 a  63.   

7  Ídem, folios 50 a 63.   

8 Auto  de  11  de  marzo de 2003, Rad. Nº 16188, y en igual sentido sentencia de 12 de  octubre  de  2006,  Rad.  Nº 23201, y 29 de febrero y 23 de abril de 2008, Rad.  Nº 28987 y 23228, entre otras.   

9 Cuaderno original Nº 1, folios 90 a 133 y 208 a 221.   

10  Cuaderno de segunda Instancia Tribunal, folio 12.     

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