30801(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 30801  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

Magistrado Ponente  

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 413   

Bogotá, D. C., nueve (09) de diciembre de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos lógicos y de debida argumentación de  las  demandas de casación presentadas por el defensor  de  JORGE  ISAAC  CASTRO  MANOTAS y el apoderado de la  parte  civil en contra del fallo de segunda instancia  proferido  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Barranquilla,  mediante  el  cual  confirmó la pena de seis años y seis meses de prisión que  le  impuso  a la referida persona el Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  del  aludido  municipio  por la  conducta   punible   de  homicidio  en  el  grado  de  tentativa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  núcleo  fáctico  de  la  imputación  fue  sintetizado  por el Tribunal de la siguiente  manera:   

“Se desprende de  autos   que   el   24  de  julio  de  2006,  siendo  aproximadamente  las  dos  y treinta de la tarde, en el interior de la Universidad  del      Atlántico      [sede      centro     de  Barranquilla],   Lucía   Alejandra   Vásquez  Soto  recibió  por parte de un ex compañero sentimental, JORGE ISAAC CASTRO MANOTAS,  lesiones de consideración producidas con navaja.   

”Que  CASTRO  MANOTAS  apuñaló  en varias ocasiones a Vásquez Soto y que acudió al auxilio  de  esta  última personal de la Universidad, quienes apartaron al victimario de  su víctima.   

”Que se entregó  a  JORGE  ISAAC  CASTRO  MANOTAS  a  la policía, e igualmente se trasladó a la  joven    Lucía    Alejandra    Vásquez   Soto   a   una   clínica”1.   

2. Por lo anterior,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  ordenó  la  apertura  formal  del  proceso,  vinculó  mediante diligencia de indagatoria al  capturado,  le  resolvió  la situación jurídica y, una vez concluida la etapa  de   investigación,   la   Unidad  de  Delitos  contra  la  Vida  calificó  el  mérito  del  sumario  en su contra, en el sentido de  acusarlo   como  autor  de  la  conducta  punible  de  homicidio  en  la  modalidad de tentativa,  de conformidad con lo dispuesto en los artículos 27 y 103 de la  Ley 599 de 2000, actual Código Penal.   

Recurrida  dicha providencia por el defensor  del  procesado,  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla  la confirmó en lo que fue materia de impugnación.   

3. Correspondieron  las  diligencias  para su conocimiento en la etapa siguiente al Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  de  la referida ciudad, despacho que condenó al procesado  por  el  delito  en  comento  a  la pena principal de seis años y seis meses de  prisión,  así como a la accesoria de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y   funciones   públicas   por  idéntico  periodo,  y  al  pago de perjuicios derivados de la  ejecución  de la conducta punible. Por último, le negó cualquier mecanismo de  sustitución de la sanción privativa de la libertad.   

4. Apelado el fallo  por  el  defensor  y  por el representante de la parte civil en cabeza de Lucía  Alejandra   Vásquez  Soto,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla lo confirmó en los aspectos objeto de debate.   

         

5.   Contra  la  decisión   de  segundo  grado,  los  referidos  sujetos  procesales   interpusieron   sendos  recursos  extraordinarios de casación.   

LAS DEMANDAS  

1.   A   nombre   de  JORGE  ISAAC  CASTRO  MANOTAS   

Después de invocar como causal de casación  “la  primera  de  las indicadas en el artículo 207  del  Código  de  Procedimiento  Penal”2, el defensor  acusó  a  la  sentencia  del  Tribunal por ser violatoria de los artículos 13,  15  y  29  del Código Penal, entre otros, de acuerdo  con las siguientes razones:   

(i)  JORGE  ISAAC  CASTRO  MANOTAS  fue  inicialmente  capturado  por  el  delito  de  lesiones   personales  y  posteriormente  dejado  en libertad, circunstancia que no aparece en el respectivo informe de la  policía.   

(ii) No fue tenida  en   cuenta   la  personalidad  del  inculpado,  ni  tampoco  su  condición  de  “estudiante          enamorado”3, ni mucho menos que se había  enamorado  por  primera  vez; de ahí que cuando vio a Lucía Alejandra Vásquez  Soto  en  brazos  de  otros hombres, en actitud de reto o desafío, su reacción  fue  propia de una retaliación amorosa, de la intención de hacerse respetar, y  en      ningún      caso      de      una     tentativa     de     homicidio.   

(iii)  Las heridas  causadas  a  la víctima no fueron peligrosas ni contundentes; simplemente, ella  quiso impresionar a las instancias.   

(iv)  JORGE ISAAC  CASTRO  MANOTAS  no  llegó  armado  a  la  Universidad del Atlántico, sino que  recibió  el  puñal minutos antes, por parte de unos expendedores ambulantes de  minutos  de celular. Además, si hubiera querido matarla le hubiera quedado más  fácil estrangularla, debido a su corpulencia.   

(v)  Los testigos  son  contradictorios  ante  aspectos  como  la  hora  en  que  acontecieron  los  hechos.   

(vi)  El celo, la  ira  y  la pasión deben ser tenidos como atenuantes y no como agravantes frente  a la realización de la conducta punible.   

En  consecuencia, solicitó a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  en su lugar,   decretar   la   nulidad   a   partir   de   la   diligencia   de  indagatoria.   

2.  A  nombre  de  Lucía Alejandra Vásquez  Soto   

Planteó  el apoderado de la parte civil la  violación  directa  por  exclusión  evidente de lo  señalado  en  los  numerales  6,  7 y 9 del artículo 104 de la Ley 599 de 2000  (que    consagran   diversas   circunstancias   del   delito   de   homicidio   agravado)  y  aplicación  indebida  del  artículo  27 ibídem (que establece la modalidad de tentativa).   

Agregó que en la dosificación punitiva los  jueces  no  tuvieron  en  consideración  la  concurrencia  de causales como las  previstas   en   los   numerales   3,  7  y  8  del  artículo  58  del  Código  Penal.   

Adicionalmente, controvirtió los argumentos  esgrimidos  por  la  defensa  de  JORGE ISAAC CASTRO  MANOTAS   en  sede  del  extraordinario  recurso y reiteró el criterio del  Tribunal, en el sentido de que hubo un intento de asesinato.   

A continuación, se refirió a los derechos  de  las  víctimas,  así como a los derechos de la mujer, y, por último, citó  jurisprudencia  de la Sala, en el sentido de que la circunstancia de agravación  del  numeral  7  del  artículo 104 de la Ley 599 de 2000 puede concurrir con el  estado de ira e intenso dolor.   

En consecuencia, solicitó a la Corte casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada  y,  en  su lugar, condenar a JORGE ISAAC  CASTRO  MANOTAS a la pena principal de trescientos veinte meses de prisión como  autor  responsable  del  delito de homicidio agravado  en el grado de tentativa.   

CONSIDERACIONES  

1.  La Sala, de  tiempo  atrás,  ha  sostenido  que  la  casación  es  un  recurso  de  ámbito  restringido   en   el   que   la   pretensión   de   examinar  la  legalidad  y  constitucionalidad     del     fallo    impugnado    no    puede    limitarse  a  un  escrito de libre formulación. Por el contrario,  debe  apoyarse  en un contenido mínimo de claridad y  coherencia   que   permita   entender  los  vicios  denunciados,  así  como  la  identificación de sus consecuencias.   

De  ahí  que la demanda de casación nunca  podrá  equipararse  a  un  alegato  de instancia, pues tal como se deriva de lo  señalado  en  los  artículos  212  y  213  de  la  Ley 600 de 2000 (Código de  Procedimiento  Penal  vigente  para  este asunto), requiere de una presentación  lógica  y  adecuada  a  cada  una de las causales legalmente establecidas en el  artículo  207 ibídem, así como el respectivo desarrollo de los cargos que por  los     vicios    in    procedendo    (de  mero  trámite  o  actividad) o in  iudicando  (de juicio) haya propuesto el recurrente,  que  deben  estar  en  perfecta  consonancia  con los  principios   de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica  vinculante,  autonomía  de  causales, coherencia, no exclusión y  no contradicción.   

Los  dos  primeros  se  derivan  del  carácter  dispositivo  de  la  casación e implican que la  demanda  debe bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del fallo, en  la  medida  en  que  la  Corte,  por  regla general, no puede asignar un sentido  distinto a las pretensiones perseguidas por el demandante.   

El  de  crítica  vinculante  supone que la  argumentación  debe  fundarse en las causales previstas en el artículo 207 del  estatuto  procesal  y  éstas,  a  su  vez, deben estar sometidas a determinados  requisitos de forma y contenido.   

Y   los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión  y  no  contradicción  obligan  a que el discurso mantenga identidad  temática  y  se  ajuste  a  los  requerimientos  básicos  de lógica general y  lógica jurídica.   

2.  En el asunto  materia  de  interés,  ninguno  de  los demandantes desarrolló reproche alguno  susceptible  de  repercutir  en  sede  del extra-ordinario recurso de casación,  sino   que,   en   cambio,   presentaron  una  serie  de  argumentos  inconexos,  incoherentes  y  confusos que incluso en el evento de que se tratase de alegatos  de instancia estarían llamados a la desestimación. Veamos.   

2.1. En relación  con  el  escrito  a  nombre  de  JORGE  ISAAC CASTRO MANOTAS, el defensor jamás  precisó  si  el  vicio  por  él  abordado  era  in  procedendo    o    in  iudicando,  ni  tampoco  aclaró si, en el evento de  tratarse  de lo último, obedecía a una violación directa de la ley sustancial  (en  las  formas de aplicación indebida, falta de aplicación o interpretación  errónea)  o  bien  a  una  indirecta,  ya  fuera  por  error  de  hecho (en las  modalidades  de  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o falso  raciocinio)  o  de  derecho  (falso  juicio  de  legalidad  o  falso  juicio  de  convicción).   

El error de actividad está relacionado con  el   numeral   3   del   artículo   207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (“[c]uando  la  sentencia  se  haya  dictado en un  juicio  viciado de nulidad”), o también al numeral  2   cuando   de   la   vulneración   del  principio  de  congruencia  se  trata  (“[c]uando  la  sentencia  no esté en consonancia  con   los   cargos   formulados  en  la  resolución  de  acusación”)  mientras  que  la  violación  a  la  ley  sustancial, tanto  directa  como  indirecta,  está  ligada  al  numeral 1 ibídem (“[c]uando  la  sentencia  sea  violatoria  de  una norma de derecho  sustancial.  Si  la violación de la norma sustancial proviene de error de hecho  o  de  derecho  en  la apreciación de determinado medio de prueba, es necesario  que así lo alegue el demandante”).   

No  obstante,  el  recurrente, por un lado,  invocó  en  su  único  cargo el numeral 1 de la norma en comento (que, como se  dijo,  alude  al  error  de  juicio  por  violación  de  una  norma  de derecho  sustancial),  pero,  por  el  otro,  solicitó  la  nulidad de todo lo actuado a  partir  de  la  diligencia  de  vinculación (que sugiere un error de trámite o  actividad  que, en todo caso, debe ser invocado a la luz de la causal tercera de  casación).   

El demandante, entonces, no demostró error  alguno,  sino  tan  sólo  presentó  una disparidad de criterios respecto de la  decisión  adoptada por las instancias, disertación que, se reitera, no ostenta  relevancia  alguna  dentro  del extraordinario recurso, pues a esta altura de la  actuación  lo  que  debe  prevalecer  es  la  doble  presunción  de  acierto y  legalidad  del  fallo  impugnado por encima de cualquier otra consideración que  no    implique    la    configuración    de    una    de    las   causales   de  procedencia.   

En cualquier caso, los problemas jurídicos  que  en  el  desarrollo del discurso propuso el demandante tampoco tienen razón  de   ser,  pues  (i)  se  refirió  a actuaciones de las que no existe constancia alguna en el expediente,  como  él  mismo  lo  reconoció;  (ii) ignoró  que  el estado emocional de una persona no afecta en nada  la   imputación   al  tipo  objetivo  de  homicidio  (en     cualquier     modalidad);    (iii)  no fue más allá de las simples  aseveraciones  cuando  sostuvo,  al contrario de lo afirmado por las instancias,  que    las    heridas   sí   fueron   peligrosas   y   contundentes4;  (iv)  especuló  con  la  perpetración   de   una   conducta   de   lesiones  personales  sobre  la  base  de  situaciones  jamás  probadas  o  hipotéticas,  como señalar que el procesado no estaba armado o le  hubiera  resultado  más fácil estrangularla que apuñalarla en aras de obtener  el  resultado  típico  perseguido;  (v) destacó  inconsistencias  en los testigos de cargo que no afectan  el  núcleo  esencial  de  la  imputación;  y  (vi)  un  crimen  motivado  por los celos, o por cualquier  otro  estado emocional de similar índole, de ninguna manera podría servir como  sustento  para  atenuar  la responsabilidad penal, ni mucho menos para reconocer  la  ira  e  intenso  dolor  de que trata el artículo 57 del Código Penal, pues  jamás  sería  posible  derivar  de tales situaciones un comportamiento grave e  injusto por parte de la víctima.   

Al respecto, es de advertir que la Corte ha  promulgado  una  política  de  cero tolerancia acerca de toda intervención por  parte  de  los  funcionarios y sujetos procesales que represente discriminación  en  contra  de  la  mujer,  “ya sea por costumbres,  prácticas  e  intervenciones en apariencia ajustadas  a  derecho,  o por cualquier otra clase de manifestación que en forma directa o  indirecta  contenga prejuicios, estereotipos o patrones de conducta tendientes a  exaltar,  sugerir  o  proponer la superioridad de un sexo sobre otro”5:   

“Por lo tanto,  ningún  acto procesal del abogado en la interpretación del alcance del tipo de  acceso  carnal violento y  de  los  demás  delitos sexuales [y de toda conducta  punible  en  general,  añade  ahora  la  Sala] puede  contener  de  forma  explícita  o implícita cualquier argumento, valoración o  postura  que  atente  en  contra  del  derecho de la mujer de disfrutar una vida  digna  y  libre  de  violencia,  segregación  o  reincidencia  en  el  papel de  víctima,  ni  mucho  menos derivar de una concreta situación de vulnerabilidad  provecho alguno en beneficio del procesado.   

”[…] En este  orden   de   ideas,   la   existencia   de   vínculos   matrimoniales,  uniones  maritales,  relaciones  sentimentales o de cualquier  otra  índole  en  la  pareja no debe estar sujeta a  argumentación  (a  menos  que se pretenda concretar  una  específica  situación  de  vulnerabilidad o de debilidad manifiesta en la  mujer),  ni  de  modo  alguno  puede  excluir  o  justificar la perpetración de  comportamientos  de  índole  violenta  que  afectan  la  libertad  sexual  y la  dignidad     de     esta    última”6.   

Y,  en  el  presente asunto, el defensor de  JORGE  ISAAC  CASTRO  MANOTAS  presentó  una argumentación discriminatoria por  motivos  de  sexo  cuando sugirió que era objeto de menor reproche un delito de  homicidio  en la modalidad de tentativa suscitado  en  los  celos  que  otro  cualquiera, pues tal postura  parte  de  una  filosofía  en  la  que  la  mujer  puede  quedar sometida a los  designios  del  autor del injusto (o, lo que es lo mismo, ser instrumentalizada)  tan  sólo  por  el  hecho  de  haber  sostenido una relación interpersonal con  éste,  de suerte que si la víctima de manera unilateral la da por terminada, o  incluso  en  ejercicio  de su libre arbitrio sostiene al tiempo otras de similar  índole,  la  administración  de  justicia brindaría un mensaje tan equivocado  como   inconsecuente   en   el   evento   de  reconocer  la  atenuación  de  la  responsabilidad  penal  ante  todo resultado típico que a raíz de tal clase de  circunstancias se realizase.   

La   demanda,   por  consiguiente,  está  destinada al fracaso.   

2.2. En cuanto la  demanda  a  nombre de Lucía Alejandra Vásquez Soto,  la  Sala  recuerda que cuando en sede de casación un  profesional  del  derecho  propone  como  causal  la  violación  directa  de  la  ley sustancial, a éste le asiste la obligación de  demostrar  que  el  Tribunal  incurrió  en  un  yerro  en la selección o en la  comprensión  de  la  norma,  así  como  de  distinguir si no reconoció la ley  llamada  a  regular  el  caso  (falta  de  aplicación),  o si ajustó de manera  incorrecta   el   supuesto   fáctico  a  lo  que  contempla  otra  disposición  (aplicación  indebida),  o si asignó al precepto elegido de manera adecuada un  sentido     o    efecto    contrario    a    su    contenido    (interpretación  errónea).   

En el presente caso, sin embargo, salta a la  vista  que el demandante de ninguna manera desarrolló la proposición jurídica  por  él formulada (falta de aplicación de los numerales 6, 7 y 9 del artículo  104    del    Código    Penal,   que   consagra   el   tipo   de   homicidio     agravado)    en    las  consideraciones  que  a  continuación  esbozó,  pues  en  ellas  se refirió a  (i)  las  circunstancias  genéricas   de   agravación  no  reconocidas  en  la  dosificación  punitiva,  (ii)   los  argumentos  empleados  por  el  defensor  del  procesado  acerca  de la configuración de un  delito    de    lesiones    personales  en  lugar  de  uno de homicidio en el  grado  de tentativa, (iii)  los   derechos  de  las  víctimas  y  (iv)  una cita jurisprudencial relativa  a   la   ausencia   de   incompatibilidad   entre   el  delito  de  homicidio  agravado y el reconocimiento  del  estado  de  ira  e  intenso  dolor  (sentencia  de 21 de noviembre de 2002,  radicación 16435).   

Como  si  lo  anterior fuese poco (esto es,  como  si  no  fuese evidente que la demanda es por completo infundada), también  refulge   que   para   el  efectivo  reconocimiento  de  las  circunstancias  de  agravación  en  la dosificación de la pena, ya sean genéricas o específicas,  la  Sala ha señalado de manera reiterada que éstas deben estar imputadas en la  resolución  de  acusación  o  su  equivalente,  tanto  desde el punto de vista  fáctico  como desde el jurídico, y, en este caso, ni en el pliego de  cargos  de  primera  instancia  ni  en  el de segunda obra una  atribución   distinta  a  la  que  se  ajusta  los  artículos   27   y   103   del   Código   Penal7.   

Nótese además que la aludida irregularidad  fue  convalidada  por  la parte civil, toda vez que no impugnó la calificación  del  mérito  del  sumario  en  ese  sentido,  ni promovió durante la etapa del  juzgamiento  al  funcionario  correspondiente  la aplicación de la figura de la  variación  de  la  calificación  jurídica de que trata el artículo 404 de la  Ley 600 de 2000.   

3. Con fundamento  en  lo  analizado,  la  Corte  concluye  que  ambos profesionales del derecho se  alejaron  de  los  principios  de  no  contradicción, sustentación suficiente,  crítica  vinculante  y  coherencia,  que  no  sólo  encuentran  arraigo  en  el carácter dispositivo del  recurso,  sino  también  implican  que  la argumentación debe bastarse por sí  misma  para  propiciar,  al  menos  teóricamente,  el derrumbamiento del fallo.   

Y,  por  lo  tanto,  como  la  Sala tampoco  encuentra  al  examinar  el  expediente  vulneración  alguna  a  las garantías  fundamentales  de  JORGE ISAAC CASTRO MANOTAS, ni de la parte civil en cabeza de  Lucía   Alejandra   Vásquez   Soto,  no  admitirá  la  demanda  de  casación  interpuesta en contra de la providencia dictada por el juez plural.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas  en  contra del  fallo  de segunda instancia proferido por el Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Barranquilla.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                        SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                                                           

                                

                           

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Folio 10 del cuaderno del Tribunal.   

2 Folio 40 ibídem.   

3 Folio 41 ibídem.   

4  Cf.,  así mismo, el registro fotográfico obrante a folios 46-47  y 117 del cuaderno I de la actuación principal.   

5   Sentencia   de   23   de   septiembre   de   2009,   radicación  23508.   

6  Ibídem.   

7  Cf.  folios  234-254  del cuaderno I de la actuación principal y  3-13    del    cuaderno    de   la   Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal  Superior.     

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