30783(20-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30783  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  144                                                                                Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá,  D.  C.,  veinte  de mayo de dos mil  nueve.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Vicente  Rufino  Russi  Mendieta  contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Bogotá el 7 de marzo de 2008,  mediante  la cual confirmó la emitida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Descongestión  de  la  misma ciudad el 13 de julio de 2007, que condenó al  procesado  por  los  delitos  de  falsedad en documento  privado     y    fraude  procesal, y lo absolvió por el delito de estafa.   

Hechos.  

En   el   año   de   1998,   Vicente    Rufino    Russi   Mendieta   y  José Antonio Méndez Riveros  celebraron   un   contrato   de  compraventa  de  un  vehículo,  por  valor  de  $29’592.000,   que   el  segundo,  en  calidad  de comprador, se obligaba a pagar así: Una cuota inicial  de  $3’000.000 y treinta y  seis  (36) letras de cambio cada una por valor de $822.000, en las que aparecía  como  fiador  Baudelino  García.  En  el  acto  de suscripción del contrato el  comprador       entregó       $1’000.000   y   suscribió   una   letra   adicional   por   valor  de  $2’000.000,  con  fecha  abierta,  sin  fiador. Un año después, Vicente Rufino  Russi  Mendieta  inició  un  proceso ejecutivo contra  José    Antonio    Méndez   Riveros   con  fundamento  en  una  letra por valor de doce millones de pesos,  que  el  demandando  tachó de ser falsa, argumentando que correspondía a la de  $2’000.000,  adulterada.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  Vicente  Rufino  Russi  Mendieta y el 10 de  mayo  de  2004  calificó  el  mérito probatorio del sumario con resolución de  acusación     en     su     contra    por    el    delito    de    estafa   y   con   preclusión   de   la  investigación    por    el    delito    de    fraude  procesal.1   

El  apoderado  de la parte civil recurrió en  reposición  y subsidiariamente en apelación. La defensa, interpuso apelación.  La  fiscal  del  caso,  mediante  proveído  de  18  de agosto de 2004 repuso su  decisión   para   acusar   al   procesado   por  los  delitos  de  estafa,    falsedad    y    fraude  procesal, y concedió la apelación  interpuesta  por la defensa. La Fiscalía Delegada ante el Tribunal, por auto de  15  de  febrero  de  2006, se abstuvo de conocer de la impugnación por no haber  sido        sustentada        en       tiempo.2     

2. Rituado el juicio, el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito,  mediante sentencia 13 de julio de 2007, absolvió a Vicente   Rufino  Russi  Mendieta  por  el  delito   de   estafa,  y  lo  condenó  a  60  meses  de  prisión,  multa equivalente a 200 salarios mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por   cinco   años,  como  autor  responsable  de  los  delitos  de  falsedad en documento privado  y          fraude         procesal.3   

La defensa apeló este fallo con el propósito  de  obtener  la  anulación  del proceso o la absolución del procesado, pero el  Tribunal  Superior de Bogotá, mediante el suyo de 7 de marzo de 2008, que ahora  la  defensa  recurre en casación, lo confirmó en todas sus partes.4   

La         demanda.   

Presenta  dos  cargos  contra  la  sentencia  impugnada,  ambos  al amparo de la causal primera de casación del artículo 207  de  la  Ley  600  de  2000,  cuerpo  segundo, por violación indirecta de la ley  sustancial.  El  primero,   debido  a un error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión.  Y el segundo, a causa de un error de hecho por falso  raciocinio.   

Error de existencia por omisión.  

Afirma  que  la  defensa  allegó  al proceso  algunos  documentos   contentivos  de  varios  contratos  de arrendamiento,  suscritos   por   Vicente   Rufino   Russi   Mendieta  en  condición  de arrendador, con el fin de demostrar  que   el  procesado,  por  costumbre,  escribe  dosce  en lugar de doce,    los   cuales   fueron   ignorados   por   los   juzgadores   de  instancia.   

Argumenta  que estos documentos ofrecen serio  respaldo  a  la  versión  suministrada  por  el  procesado  en  el  curso de la  actuación,  en  el sentido que nunca le hizo a la letra de cambio las adiciones  que  se  le imputan, y que si dichas pruebas hubieran sido tenidas en cuenta por  el  Tribunal, otra habría sido la determinación que hubiera tomado a la luz de  los principios de la sana crítica.     

Explica  que  al  proceso  se  allegaron  dos  dictámenes  grafotécnicos,  uno  emitido  por  el Instituto de Medicina Legal,  donde  se  concluye que “ninguno de los hallazgos indica que sobre la letra de  cambio  allegada  …exista  alteración  de  tipo  aditivo;  y  otro del Cuerpo  Técnico  de  Investigación, en el que se concluye que “el contenido original  de  la  letra  de  cambio  fue  modificado,  habiéndose  adicionado  los signos  ce,    en   la   palabra  dosce    y   el   dígito  1     en    la    cifra  12.000.000.    

El Tribunal, al revisar la decisión proferida  en  primera  instancia,  hizo las siguientes precisiones al ocuparse del estudio  de  las referidas pericias: “Por ende, es viable dar plena validez al dictamen  pericial  del  Técnico Criminalístico ELIBARDO SOTELO RODRIGUEZ, máxime (sic)  lo  corroboran  otras  piezas  procesales pues se cuenta con denuncia presentada  por  BERTHA  INES  ROMERO GAITAN y JOSE ANTONIO MENDEZ RIVEROS, una vez supieron  del  fallo  proferido  en  su contra por el Juzgado 38 Civil del Circuito, en el  que   los   condenaba   a   pagar  $12’000.000  a  favor de RUSSI, por la letra de cambio girada por éstos  para  respaldar  obligación  contraída en razón de la compra de un vehículo,  afirmando   que   la   deuda   realmente   era   por   valor  de  $2’000.000.”.      

Dada   la  importancia  de  los  documentos  ignorados,  es  imperativo  señalar  que  la  magnitud  del  error  de hecho se  evidencia  en  virtud  de  que  el delito de falsedad en documento privado recae  precisamente  en  la  alteración  del contenido del título valor, y por cuanto  existiendo  dos  dictámenes  oficiales  con  conclusiones  tan contradictorias,  “era  entonces  necesario  y obligatorio para el juzgador el no haber excluido  ningún  elemento de prueba para alcanzar el grado de certeza que se requiere en  una decisión tan trascendental dentro del juzgamiento”.   

La importancia de la prueba documental omitida  “cobra  especial  vigor  desde  el  punto  de vista de su respaldo al dictamen  proporcionado  por  el  Instituto  de  Medicina  Legal porque es evidente que mi  defendido       acostumbra       utilizar      la      palabra      DOSCE,  tal  y  como  se  observa en la descripción que antes  hice  sobre aquellos. Significa ni más ni menos que él no hizo adición alguna  como  lo  ha  pretendido  el  quejoso  a  través  de sus esfuerzos por negar la  obligación que estaba a su cargo”.   

Agrega  que  la  decisión  de  “dar  plena  validez  al  dictamen  pericial”  del  Cuerpo Técnico de Investigación de la  Fiscalía,  es  errática,  porque  el  mismo  valor y acierto debió merecer la  pericia  del  Instituto  de  Medicina  Legal, pues sabido es que se trata de una  entidad  estatal  con  la  experiencia  requerida  en  este  tipo de estudios de  índole  técnico,  y  de  la  contradicción  entre  uno  y  otro  jamás puede  obtenerse certeza, como lo concluyó el tribunal.   

Las  reglas  de la sana crítica obligan al  fallador   a  estudiar  las  pruebas  en  conjunto,  para  establecer  tanto  la  materialidad  de las conductas punibles investigadas como la responsabilidad del  procesado.  Pero  nunca  puede  ser  una  actividad  caprichosa la escogencia de  determinado   medio   probatorio   para  hacer  descansar  sobre  el  mismo  sus  razonamientos    en    orden    a    la    construcción    jurídica    de   la  sentencia.   

Error     de    raciocinio.   

Afirma  que  el  acusado  desde  un principio  aceptó  haber  confeccionado  la  letra  de  cambio  por  el  valor de los doce  millones      de     pesos     ($12’000.000),  y  que  esto  lo  corroboran  los  dictámenes al afirmar  uniprocedencia  entre  los  manuscritos  que le fueron tomados y los manuscritos  indubitados de la letra de cambio.   

La  discusión  radica  en que el dictamen de  Medicina  Legal  niega  rotundamente  la existencia de la ADICION en la letra de  cambio,  en  tanto  que  el dictamen del Cuerpo Técnico lo contradice, y que al  optar  el  tribunal  por  este  último,  desconoció dos aspectos puntuales que  surgen  de  la  investigación:  Uno, que el procesado sólo cursó hasta cuarto  año  de  primaria, y dos, que acostumbra escribir la palabra DOSCE y no DOCE en  todos sus escritos.   

Estos dos aspectos no fueron analizados por el  fallador  “como reglas de la experiencia dentro de la lógica y las costumbres  sociales  y  por  ello  arribó a una conclusión errada al hacer aplicación de  las  reglas  de  la sana crítica”. Su desconocimiento es de tal magnitud, que  adoptó  la  decisión  de condenar cuando la prueba en conjunto no le permitía  hacerlo, y se avizoraba una decisión absolutoria.   

Si  el  dictamen  emitido por el Instituto de  Medicina    Legal    daba   cuenta   de   la   ausencia   de   la   adición,  utilizando los medios técnicos  a  su  disposición,  “resulta  reprochable  que  para alegar la certeza en el  fallo  se  opte  por  otro  dictamen  pericial  que  concluyó en contravía”.   

Con  el  mismo  argumento  esbozado  por  el  Tribunal,  ya expuesto, en el sentido de que “es viable darle plena validez al  dictamen  del  Técnico  Criminalístico”,  puede  entonces  sostenerse que el  testigo  LUIS  ALBERTO GONZALEZ GAMBA desmiente al denunciante cuando afirma los  siguiente:   

“PREGUNTADO: Infórmele al Despacho por qué  el  señor  JOSE  ANTONIO MENDEZ en su ampliación de denuncia informa que usted  perdió  dinero en la compra de ese vehículo en virtud de que el señor VICENTE  RUSSI  lo  estaba estafando, cuando usted lo compró. CONTESTO: El no me estafó  yo se la devolví porque fue incapaz de pagarlo”.   

Se hace esta precisión “para dar cuenta que  el  análisis  de  las  pruebas  en  su  conjunto, individual y mancomunadamente  consideradas,  al ser sometidas a los principios que gobiernan la sana crítica,  ofrecen  la capacidad suficiente que se requiere para comprender que el Tribunal  si  no  hubiera  violado  aquellas  reglas, habría adoptado la decisión que he  puesto de presente”.   

La costumbre del procesado ha sido escribir la  palabra  dosce  en  lugar de  doce,   pero  el  tribunal  “desconoció  esa  lógica  plasmada  en la confección del título valor y no  hizo  mención alguna al desatar el recurso de apelación”. Por eso, pide a la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada y dictar en su reemplazo una de carácter  absolutorio.   

SE        CONSIDERA:   

Cuando  se  plantea  en  casación violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho  o  de derecho en la  apreciación  de  las  pruebas,  es indispensable, para la adecuada formulación  del  cargo,  que  el  demandante identifique claramente el error denunciado, que  demuestre  su  existencia  conforme  a la lógica que impone su naturaleza y que  acredite su trascendencia.     

En tratándose de errores de hecho por falsos  juicios  de  existencia  por  omisión,  debe  identificar  claramente la prueba  omitida,  precisar los hechos que su contenido demuestra, y acreditar, a través  de  un examen  conjunto de las pruebas regularmente aportadas, que de haber  sido  tenida en cuenta las conclusiones probatorias habrían sido necesariamente  distintas.    

Y  si  lo denunciado es un error de hecho por  falso  raciocinio,  debe  identificar la prueba que los juzgadores valoraron con  apartamiento  de  las reglas de la sana crítica, precisar cuál principio de la  lógica,  cuál  regla  de  experiencia  o  cuál  postulado  de  la ciencia fue  desconocido  por  ellos,  y  qué implicaciones adversas provocó el error en la  definición del asunto.   

En  el  caso  analizado, el demandante, en el  primer  cargo,  plantea  un  error  de  existencia por omisión, con indicación  clara    de    la    prueba   que   los   juzgadores   ignoraron   (contratos  de  arrendamiento)  y el hecho  que  con  ellas  la  defensa pretendió probar (que el  procesado  acostumbraba  escribir  dosce en     lugar    de    doce), pero nada dice sobre las implicaciones  que  esta  omisión  tuvo  en  la  declaración  de  la existencia del delito de  falsedad.    

Sus  argumentaciones,  en  torno al punto, se  concretan   en  afirmar  que  la  decisión  habría  sido  absolutoria  si  los  juzgadores   hubieran   tenido  en  cuenta  estas  evidencias,  sin  suministrar  explicaciones   del   por  qué  el  hecho  que  ellas  prueban  desvirtúa  las  conclusiones   de  la  pericia  grafotécnica  del  Cuerpo  de  Investigaciones,  consistentes   en  que  las  letras  ce  de   la   palabra   dosce   fue  objeto  de  agregación,  al  igual que el número 1  del guarismo  12.000.000.   

La  Corte tampoco advierte que esta conexión  exista,  sobre  todo si se tiene en cuenta que a la conclusión de la existencia  de  la  adulteración  del  documento  se  llegó,  no  porque  la  “s”            adicional   resultara   extraña   a   la   expresión  doce,  sino  porque  el  perito halló un  sinnúmero  de inconsistencias que mostraban que los referidos caracteres fueron  puestos   después   de  la  elaboración  del  documento  original.5    

La  inconformidad  del casacionista realmente  deriva  de  la  decisión  de  los  juzgadores  de  acoger  las conclusiones del  dictamen  del Cuerpo Técnico de Investigación, como claramente se establece de  las  argumentaciones  que  introduce  en el remate del cargo, donde sostiene que  esta  manera  de valorar la prueba es errática, porque el mismo valor y acierto  debió  merecer  la pericia del Instituto de Medicina Legal, por provenir de una  entidad  oficial,  con  experiencia en esta clase de estudios, sin demostrar, en  concreto, ningún tipo de error.   

Con todo, resulta importante precisar que los  juzgadores   realizaron   un   estudio   comparativo   de   las   dos   pericias  grafotécnicas,  que  incluyó  su  fundamentación  técnico  científica,  los  elementos  materiales  que  sirvieron  de  soporte  a  cada  una de ellas, y los  métodos  de  observación  utilizados en cada caso, y que fue con fundamento en  este  parangón,  y  en  las pruebas allegadas al proceso, que decidieron acoger  las  conclusiones  plasmadas  en  el  dictamen emitido por el Cuerpo Técnico de  Investigación.   

El  segundo cargo presenta también falencias  argumentativas  manifiestas,  pues a través suyo el demandante plantea un error  de  hecho  por  falso  raciocinio, que como se sabe, presupone demostrar que los  juzgadores  desconocieron  un  principio lógico, una regla de experiencia o una  verdad  científica en la valoración que hicieron de la prueba. Pero esta carga  demostrativa,  en  manera alguna es asumida por el casacionista en el desarrollo  de la demanda.   

Los argumentos que expone para sustentar este  cargo  se  construyen  sobre  dos afirmaciones, (i) que los juzgadores omitieron  tener  en  cuenta que el procesado sólo cursó hasta cuarto año de primaria, y  (ii)    que    ignoraron   que   es   costumbre   suya   escribir   dosce    en   lugar   de   doce,  situaciones  que ninguna relación  guardan  con  el  error  que  denuncia,  y  que  de  haberse presentado, tampoco  tendrían  la  virtualidad  de  enervar  las conclusiones de los fallos sobre la  existencia de la adulteración.   

En  síntesis,  la  demanda presentada por el  defensor  del  procesado  no  cumple  las  exigencias mínimas de orden formal y  sustancial  requeridas  para su estudio de fondo. Por tanto, se la inadmitirá y  se  ordenará  devolver  el  proceso  a  la oficina de origen, no advirtiéndose  violaciones  a  las  garantías  fundamentales que la Corte esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por    el    defensor   de   Vicente   Rufino   Russi  Mendieta.    

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.    

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   

                      

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ DE LEMOS            

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                             

                                       

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios  73,  121-125,  255-258  del  cuaderno  original  1  y 24-30 del cuaderno  2.   

2  Folios 98-106 y 129-133 del cuaderno original 2.   

3  Folios 68-91 del cuaderno original 3.   

4  Folios 4-22 del cuaderno del Tribunal.   

5  Folios 290-295 del cuaderno original 1.     

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