30710(18-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30710  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 333.  

Quibdó,  dieciocho (18) de noviembre de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de la demanda de casación presentada por el defensor de  MARTHA   ZORAYA   VIDAL   GUTIÉRREZ   contra  la  sentencia  del  11  de junio de 2008 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de Bogotá confirmó parcialmente el fallo proferido el 4 de  febrero  del citado año por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado  de  misma  sede, despacho que, por vía de allanamiento, condenó a la acusada a  las  penas  principales de 2 años y 6 meses de prisión y 275 salarios mínimos  legales  mensuales de multa, así como a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término fijado para  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  autora  responsable  del delito de  utilización  ilícita  de equipos de transmisores o receptores, en concurso con  el   de   acceso   ilegal   o   prestación   ilegal   de   los   servicios   de  telecomunicaciones.   

HECHOS  

En  virtud de la denuncia formulada el 29 de  diciembre   de   2006,   a   través   de   apoderado,  por  la  “Alianza  contra  el  fraude  de telecomunicaciones S.A.,  conformada  por  las  empresas COLOMBIA  TELECOMUNICACIONES  S.A.,  ORBITEL S.A. y E.T.B., en el  sentido  de  estarse  cometiendo un fraude en el servicio de telefonía de larga  distancia  entrante,  consistente en la utilización de líneas locales situadas  en  la ciudad de Bogotá para re-originar llamadas de larga distancia entrantes,  modalidad  ilegal denominada “BY PASS”,  la Fiscalía 183 Seccional de esta ciudad ordenó la práctica de  diligencia  de  allanamiento y registro a las sedes de las empresas SOLUCIÓN   DE  COMUNICACIONES  @  PUNTO  S.A.,  VOZ   NETWORK  y       CALLSITELL  LTDA.,  en  las  cuales se estableció que funcionaban  líneas  con  la mencionada modalidad, según observación en las bases de datos  del   programa   Onyx   Customer  Center.   

          Como  resultado  de  la  diligencia  de allanamiento y registro, las  autoridades  dieron  captura  a  David Gerardo Gómez  Vargas  y MARTHA ZORAYA VIDAL  GUTIÉRREZ,  representantes  legales  de  SOLUCIÓN    DE    COMUNICACIONES   @   PUNTO   S.A.   y     CALLSITELL     LTDA., respectivamente.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Producida la aprehensión de MARTHA   ZORAYA   VIDAL   GUTIÉRREZ   y  David Gerardo Gómez Vargas,  el  Juez  43  Penal Municipal con funciones de control de garantías realizó el  23  de  mayo  de  2007,  a solicitud de la fiscalía, audiencias preliminares de  legalización  de las diligencias de registro y allanamiento, de incautación de  bienes con fines de comiso y de captura de los prenombrados.   

2.  Ese  mismo  día el funcionario judicial  llevó  a  cabo  audiencia de formulación de imputación, en cuyo desarrollo la  fiscalía  atribuyó  a  los  capturados  el  delito de utilización ilícita de  equipos  transmisores o receptores contemplado en el artículo 197.1 del Código  Penal,  en  concurso  con los punibles de acceso o uso ilegales de los servicios  de  telecomunicaciones  previsto  en el artículo 257.2 ibídem y concierto para  delinquir  tipificado  en  el  artículo  340  de  la misma codificación.    

Conocidos  los  cargos, los dos imputados se  allanaron a los mismos sin reserva alguna.   

3.  El  mismo  23 de mayo de 2007 el juez de  control  de  garantías  impuso  medida  de  aseguramiento  no  privativa  de la  libertad    a   MARTHA   ZORAYA   VIDAL   GUTIÉRREZ  y   David  Gerardo  Gómez  Vargas.   

4.  El  14  de  junio  del  mismo  2007,  la  fiscalía  presentó  escrito  de acusación conforme a los cargos aceptados por  los  imputados.  La actuación correspondió, inicialmente, al Juez 32 Penal del  Circuito   de  conocimiento  de  Bogotá,  quien  se  declaró  incompetente  en  decisión  que  fue  luego  avalada  por  el Tribunal Superior de la misma sede,  corporación     que     asignó     la     competencia     a     los     jueces  especializados.   

5.  Asumió  entonces  el conocimiento de la  actuación  el  Juez  Primero  Penal  del Circuito Especializado de esta ciudad,  funcionario   que   inició   el   21   de   agosto  de  2007  la  audiencia  de  individualización   de  pena  y  sentencia,  continuándola  el  21  de  agosto  siguiente  cuando  declaró la nulidad de la actuación en relación únicamente  con  el delito de concierto para delinquir. Este pronunciamiento fue apelado por  uno  de  los defensores ante la negativa del juez de invalidar lo concerniente a  los  otros dos ilícitos contenidos en el escrito de acusación. El Tribunal, en  auto  del 8 de noviembre del citado año, resolvió desfavorablemente la alzada.   

6.   El  juez  especializado  reanudó  la  audiencia  de  individualización de pena el 14 de enero de 2008, oportunidad en  la  cual,  acogiendo  solicitud de la fiscalía sustentada en la inexistencia de  conexidad  en  las  conductas atribuidas a los dos acusados, decretó la ruptura  de  la  unidad  procesal  por  cuya  razón ordenó tramitar las actuaciones por  separado.  En  la  misma sesión optó por mantener el conocimiento del proceso,  no  obstante  la  invalidación  declarada  en  lo  relativo  al  concierto para  delinquir.  Al  efecto  estimó  que  la  competencia  la  otorga  el escrito de  acusación,  amén  de  presentarse  en  este  caso  la  figura  de la prórroga  prevista en el artículo 55 de la Ley 906 de 2004.   

7.  Pasó  de  esa  manera a dar trámite al  artículo  447  del  Código  de Procedimiento Penal de 2004 en relación con la  procesada  VIDAL GUTIÉRREZ y  es  así  como,  concluidas  las intervenciones de los sujetos procesales, fijó  fecha  para  la  audiencia  de  lectura de fallo que realizó el 4 de febrero de  2008,  profiriendo  la  sentencia  condenatoria  ya  conocida, confirmada por el  Tribunal  Superior  en lo sustancial, en virtud de la apelación interpuesta por  la  defensa,  sujeto  procesal  que  luego  acudió al recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

          La  defensa  formula  dos  cargos  contra  la  sentencia  de segunda  instancia,  ambos  al  amparo de la causal segunda de casación de la Ley 906 de  2004,   por   haberse   dictado   dicha   decisión  en  un  juicio  viciado  de  nulidad.   

          En     el    primer    cargo  aduce  la  vulneración  de  los  derechos  al  debido  proceso  y  legalidad,  por  cuanto  el  juez  que  falló  el  proceso en primera instancia  carecía  de  competencia  para  el  efecto.  En su criterio, la nulidad surgió  cuando  el Juez Primero Especializado, acogiendo la intervención del Ministerio  Público,  declaró  la  nulidad  de la actuación en relación con el delito de  concierto  para delinquir, pues con ello el conocimiento del proceso pasó a ser  de  los  jueces  de  circuito  ordinarios,  en virtud de la competencia residual  prevista en el artículo 36 de la Ley 906 de 2004.   

          Para  el  censor,  no  resulta  acertada la tesis de la prórroga de  competencia  o  de la convalidación esgrimidas por el Tribunal cuando avaló el  criterio  del  a quo expuesto  para  conservar  la  competencia,  pues  los artículos 35 y 36 de la mencionada  disposición  legal  no  dejan discusión alguna sobre el funcionario competente  en  este  caso,  sin que, por tanto, sea válido acudir al axioma según el cual  “quien  puede lo más puede lo menos”.   

A  este respecto señaló que la competencia  tiene  naturaleza  “legal  y reglada”,   por  cuya  razón  “se  erige  como  manifestación    de    las    garantías    de    las    formas   propias   del  juicio”,  lo  cual  significa  que  “no  está  sometida al acuerdo entre las partes, o a la omisión de  las    mismas”,   de   modo   que   “su  inobservancia  anula  e  invalida  la actuación, compromete su  desarrollo  y  propósito  y  no se puede sustituir por el eficientismo, por los  resultados   o   por  estadísticas…”.     

          De  esa  manera,  tras  referenciar  algunas  decisiones de la Corte  Suprema  relativas  al tema de la casación como medio de control constitucional  y  al  de  la  competencia  y  su  relación  con el principio del juez natural,  solicitó  casar “para romper la sentencia proferida  por    el    funcionario    ad    quo   (sic) incompetente…”.   

          En    el   segundo   cargo   predica  la  violación  del debido proceso y de las garantías a la  presunción  de  inocencia  y  no  auto-incriminación.  Fundamenta  el reproche  señalando  que el procedimiento nació viciado, porque el allanamiento a cargos  manifestado  por  la procesada fue producto de la asesoría ilegal del apoderado  de  las víctimas, amén de que al momento del operativo policial aquélla no se  encontraba    presente    en    la    sede    de    la    empresa   CALLSITEL    LTDA.   por   estar   bajo  incapacidad  laborar,  pese  a  lo  cual se le capturó y retuvo por orden de la  fiscalía.   

          Señala   que   la  acusada  aceptó  los  cargos  únicamente  para  preservar  su  libertad y por la presión proveniente de su incapacidad merced a  un  procedimiento quirúrgico. Más aún, añade, aceptó el delito de concierto  para   delinquir   sin   haber   visto   nunca   al   coprocesado   David   Gerardo   Vargas   y   sin   ser  interrogada  sobre  los hechos, aspecto en el cual su defensor fue un espectador  más de la vulneración de sus derechos.   

          El  actor admite que la irregular forma como la acusada admitió los  delitos  no  quedó  grabada  ni registrada y reconoce que el allanamiento a los  cargos  es  irrectractable,  pero,  en  su  criterio,  esa regla no es aplicable  cuando,  como  en  este  caso,  la procesada permaneció por más de siete horas  retenida  y  aceptó  unos cargos inexistentes como el concierto para delinquir.   

          Considera  que  un  allanamiento en esas condiciones está viciado y  no  puede,  por  tanto,  producir  efectos  jurídicos  válidos.  En este punto  precisa   que  tal  situación  ocurre  únicamente  respecto  del  ilícito  de  concierto  para delinquir, porque “de los delitos de  utilización  y  acceso por los que se dictó sentencia, nunca fueron debatidos,  dejando    así    la    más    indeseable   huella   de   la   responsabilidad  objetiva”.   

          Luego  de  transcribir  en  extenso  los  fundamentos  del fallo del  Tribunal,    señala    que   la   aceptación   por   parte   de   MARTHA   VIDAL   de   los  tres  delitos  “es  la  manifestación  más  ilustrativa que aún  permanecía  bajo el temor que se le infundió para preservar la libertad, es la  consagración  y  el  premio del eficientismo judicial, antes que el respeto por  la dignidad y la lealtad procesal…”.   

          Como  normas  violadas  respecto  de  los  dos  cargos  alude  a los  artículos  29  y  93  de la Constitución Política, así como a los artículos  28,  32  y  33,  “en  cuanto a que la captura no se  produjo   en   flagrancia,   lo   que   la   hace   ilegal,  y  básicamente  la  autoincriminación  de  delitos  inexistentes  y  la  imputación  de  conductas  inexistentes”.   

          En  relación  con el primer reproche, solicitó decretar la nulidad  a  partir  de  lo  actuado  el  24  de  agosto  de  2007  cuando el Juez Primero  Especializado  declaró  la  nulidad  parcial  por  el  delito de concierto para  delinquir.   

          Por  la  captura  ilegal en cuanto no hubo situación de flagrancia,  pidió decretar la nulidad de todo lo actuado.   

          Como  tercera opción, impetró invalidar la sentencia por cuanto el  allanamiento a los cargos es producto de vicios del consentimiento.   

          Finalmente,  en  forma  subsidiaria, pidió casar la sentencia y, en  su lugar, dictar la de reemplazo.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          En  el  modelo  de  enjuiciamiento regulado en la Ley 906 de 2004 la  admisión  de  una  demanda  de  casación, aparte de su presentación oportuna,  supone  que el actor ostente interés jurídico para recurrir, señale la causal  que  apoya  su pretensión, desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación  y  justifique  la  necesidad  del  fallo de casación de cara al cumplimiento de  alguna  de  las  finalidades  del  recurso,  según así lo tiene establecido el  inciso segundo del artículo 184 de dicha disposición legal.   

          En  el  caso  sometido  a  estudio, salvo la precisión que se hará  más  adelante,  el  libelista  ostenta  interés  para recurrir, pues aunque la  demanda  la dirige contra un fallo obtenido mediante el sistema de allanamiento,  en   los   dos   cargos  que  formula  propende  la  protección  de  garantías  fundamentales,  siendo  ese  uno  de  los  eventos  en  que,  de  acuerdo con la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  se legitiman el procesado o su defensor  para  interponer  el  recurso  extraordinario  de  casación  cuando se trata de  sentencias anticipadas.   

          En  los  dos  reproches  el  censor  también  señaló la causal de  casación,  coincidiendo  en  invocar  en  ambos casos la segunda, a cuyo amparo  entonces solicita la nulidad de la actuación.   

          No  obstante,  se  observa que el impugnante solamente satisfizo los  demás  presupuestos  requeridos para la admisión de la demanda cuando postuló  el  primer  reproche,  no  así  en  el  segundo,  pues  en éste no fundamentó  adecuadamente  los cargos de sustentación y tampoco justificó la necesidad del  fallo.   

          En  efecto, en el primer cargo el  libelista  plantea  que  el  sentenciador  de  primera instancia  actuó  sin  competencia,  pues  a  partir  de  la  decisión  mediante  la cual  invalidó  la actuación en relación con el delito de concierto para delinquir,  el  conocimiento  del  asunto  pasó a ser del resorte de los jueces penales del  circuito  ordinarios,  no  obstante  lo cual el Juez Primero Especializado optó  por conservar su competencia, profiriendo el fallo de primer grado.   

          El  actor  correctamente  postuló  la censura por vía de la causal  segunda  de  casación  prevista  en la Ley 906 de 2004, esto es, por considerar  que  la  actuación  está  viciada  de  nulidad.  Y  aunque  no expresó que su  desarrollo  lo  haría  conforme  a  las  causales primera o tercera de la misma  disposición   tercera,   según  la  técnica  casacional  establecida  por  la  jurisprudencia   de   la   Corte   cuando   se  trata  de  aducir  la  falta  de  competencia1,  lo  cierto  es  que  del  libelo  se  desprende  con facilidad su  decisión  de  escoger  la  violación  directa  de  la  ley sustancial, pues en  ningún  momento  discutió la prueba recaudada en el informativo ni desconoció  las  conclusiones  a  las  cuales  arribaron  los  falladores  a  partir  de  su  apreciación.   

          En  suma,  el  actor  en  lo  esencial  cumplió la carga casacional  argumentativa  inherente  a  la  causal invocada, observándose que las mínimas  falencias  en  las cuales pudo incurrir perfectamente son superables, según los  términos  del  inciso  tercero  del  artículo 184 del Código de Procedimiento  Penal,  para  proceder a su admisión. Así, por tanto, se pronunciará la Sala.   

          Situación  diversa,  como  se expresó anteriormente, ocurre con el  segundo cargo.   

          Sobre  el  particular, resulta pertinente recordar el criterio de la  Sala  acorde  con  el  cual  cuando  la  censura  se  finca  en la nulidad de la  actuación   es   deber   del   libelista   identificar   la   irregularidad   o  irregularidades,   expresar  claramente  sus  fundamentos,  sustentándolas  por  separado  cuando  se  aducen  varias  y  especificar  si se trata de un vicio de  estructura o garantía.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Corte,  también  competente al demandante indicar la norma o normas violadas, mencionar  el  momento  procesal  en  donde  se  presentó  la  anomalía y las actuaciones  afectadas  con  la  misma,  así como motivar su trascendencia, demostrando a la  Corte  que la nulidad se erige como el remedio único y extremo para enmendar la  incorrección procesal.   

          Pues  bien, lo primero que se advierte es la falta de claridad en la  presentación  del  reproche,  pues  el  demandante  de manera simultánea aduce  varias  irregularidades,  sin  individualizarlas  ni  sustentarlas por separado,  sino que las entremezcla como si se trata de una sola.   

Es  así  como predica que la aceptación de  los  cargos  fue producto de la presión a la cual se vio sometida la procesada;  también  que su captura se produjo de manera ilegal, pues no se presentó en su  caso  situación  de  flagrancia; igualmente, que no tuvo oportunidad de brindar  explicaciones  sobre  lo ocurrido, pues nunca se le interrogó al respecto; así  mismo,  que  su defensor fue un espectador más frente a la indebida imputación  del  delito  de  concierto  para  delinquir;  y, finalmente, que respecto de los  delitos  de  utilización ilícita de equipos transmisores o receptores y acceso  o   uso  ilegales  de  los  servicios  de  telecomunicaciones  no  hubo  debate,  habiéndose imputado a modo de responsabilidad objetiva.   

          Como  se  observa,  se  trata  de varias anomalías con naturaleza y  alcance  distinto,  pues  unos  se  refieren  a  vicios  de estructura y otros a  errores  de  garantía,  con  manifestaciones igualmente diversas, razón por la  cual  debieron postularse individualmente, explicando en cada caso su fundamento  así  como  su incidencia en las conclusiones del fallo, a lo cual se abstuvo el  censor.   

          Es  tan  confuso  el cargo que de su desarrollo no se entiende si el  vicio   del   consentimiento   que,  según  aduce  el  libelista,  provocó  el  allanamiento  a  los  cargos  manifestado  por la acusada recayó sobre los tres  delitos  aceptados  o  solamente  respecto  del  concierto  para delinquir, pues  inicialmente  sostiene  lo  primero,  pero  luego  precisa  que  esa  situación  ocurrió   únicamente  respecto  del  ilícito  de  concierto  para  delinquir.   

          Pero  si  fuese  lo  segundo,  es  claro  que el actor carecería de  legitimación  para atacar la sentencia del Tribunal, pues a raíz de la nulidad  previamente  decretada  la  condena no comprendió el mencionado atentado contra  la seguridad pública.   

          De  todas maneras, así se entendiera que el cuestionamiento incluye  también  los  otros  dos ilícitos, es decir, aquellos por razón de los cuales  se  dictó  el fallo, emerge con claridad que el reproche se edifica sobre meras  especulaciones,   como   lo  confirma  el  propio  libelista  cuando  admite  la  inexistencia  de  registro  alguno demostrativo de las presiones a partir de las  cuales funda el alegado vicio del consentimiento.   

          En  sede  de casación las censuras que se aduzcan deben tener bases  sólidas  y  serias, pues se pretende con ellas derrumbar una decisión judicial  revestida  de  la doble presunción de acierto y legalidad. Por consiguiente, si  la  demanda  no  reúne esa condición, irremediablemente debe inadmitirse, pues  en  esas condiciones carece de aptitud para desvirtuar tales presunciones.    

          En  ese  sentido  se  observa que la pretensión del casacionista se  encamina  a  desconocer  la aceptación a los cargos efectuada en su momento por  la   procesada,  en  una  clásica  retractación  que  resulta  manifiestamente  improcedente, como lo tiene señalado la Corte de manera reiterada.   

          En   consecuencia,   por   las   razones   dichas,  el  segundo cargo se inadmitirá.   

   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.                      INADMITIR el segundo  reproche  de la demanda de casación interpuesta por el  defensor      de      MARTHA     ZORAYA     VIDAL  GUTIÉRREZ, de acuerdo con las razones expuestas en la  anterior motivación.   

         Según  lo  establecido  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es facultad del demandante elevar petición de insistencia.   

         2.                      ADMITIR  el  primer  cargo  del mencionado libelo  de  casación, en punto de  la    temática    delimitada    en    la    parte    considerativa    de   esta  providencia.   

         Una  vez  se  surta  el  trámite  relacionado  con el mecanismo de  insistencia,  se  fijará  fecha para la realización de la respectiva audiencia  de        sustentación        oral.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                           YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

Excusa justificada  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1 Cfr.  Auto del 17 de septiembre de 2008, radicación 30294.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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