30508(17-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 30508  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobada Acta N° 267  

                             

Bogotá, D. C., septiembre diecisiete (17) de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Define la Corte el  impedimento     manifestado    por    el     doctor    José    Augusto        Rojas        Cheyne,  Magistrado  de  la  Sala  Penal del Tribunal Superior  de  Neiva, para conocer en  segunda  instancia  del proceso que se adelanta contra  Martín   Navia   Navia  y  Nober   Navia   Ruiz   por  el  delito de tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  El   31  de  enero  de  2008     en  la  vía  que  desde  el  municipio  de Suaza, Huila,  conduce  al  departamento del Caquetá, miembros del Departamento Administrativo  de   Seguridad   instalaron   un   retén  y  sorprendieron  a Martín Navia Navia  y     Nober     Navia  Ruiz   transportando   en   un  vehículo  sustancia  estupefaciente   en  cantidad  de  25.055,37  gramos,  razón  por  la  cual fueron  capturados      y  puestos  a disposición de  la Fiscalía General de la Nación.   

2. La Fiscalía 24  Seccional  URI  solicitó  al  Juzgado  Primero  Penal Municipal de Pitalito con  funciones  de  control  de  garantías  la  celebración  de  las  audiencias de  legalización  de captura, imputación e imposición de medida de aseguramiento,  determinándose  el  1°  de  febrero de 2008 por el funcionario judicial que la  aprehensión de los indiciados se realizó legalmente.   

3. La legalización  de  la  captura fue impugnada por los defensores, y el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de Pitalito como despacho de garantías de segunda instancia resolvió  el  recurso  de apelación el 8 de febrero de 2008, disponiendo la improcedencia  de las pretensiones de los recurrentes.   

4. En desarrollo del  juicio  oral  el  31  de  julio  de  2008  el  Juez  Primero  Penal del Circuito  Especializado  con  funciones  de conocimiento, ordenó la exclusión del juicio  de  unos  elementos  materiales  que  no  fueron  presentados  en el momento del  descubrimiento  de  pruebas,  decisión  en  contra  de  la  cual los defensores  interpusieron     los    recursos    de    reposición    y    subsidiario    de  apelación.   

5. El juez negó las  pretensiones  de  los  recurrentes  y  concedió  el recurso de apelación en el  efecto suspensivo para ante el Tribunal Superior de Neiva.   

6. Una vez arribó  la   actuación   al   Tribunal   el   doctor   José  Augusto        Rojas        Cheyne,  miembro  de la sala de decisión a la  que  le  fue repartido el asunto, manifestó que había  intervenido  en  el  presente  trámite  como  juez  de  garantías  de  segunda  instancia   en   su   condición   de   Juez   Segundo  Penal  del  Circuito  de  Pitalito.   

Recordó  que el Acto Legislativo 03 de 2002  prohibió  a  quien  interviniera  como  juez de garantías que lo hiciera en el  mismo  asunto  como  juez  de  conocimiento,  razón  por  la cual el legislador  estableció  que  en  tales supuestos se presenta una causal de impedimento (Ley  906 de 20004, artículo 56.13).   

Por lo anterior,  se  dispuso  el  envío  de  la  actuación  a esta Sala de la Corte para que se  resuelva el impedimento planteado.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE:   

1. De acuerdo con lo  previsto  en los artículos 57 y 341 de la Ley 906 de 2004, esta Corporación es  competente  para  resolver  el  impedimento  propuesto  por versar en un proceso  adelantado  bajo  el  trámite del sistema penal acusatorio y por tratarse de la  manifestación   que   hace  un  Magistrado  del  Tribunal  Superior  de  Neiva.   

2. Las instituciones  de   los  impedimentos  y  las  recusaciones  están  fijadas  constitucional  y  legalmente  para  la  preservación  y  defensa  del  derecho  a ser juzgado por  funcionarios  imparciales,  alcanzando  la  categoría  de  derecho  fundamental  porque   hace  parte  del  derecho  a  un  proceso  con  todas  las  garantías,  también   previsto  en  el  artículo  10  de la Declaración Universal de  Derechos  Humanos  y  en  el  artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles     y     Políticos    de    New    York1.   

3.  En esta materia  rige  el principio de taxatividad según el cual solo integra motivo de excusa o  de  recusación  aquel  que  de manera expresa se señala en la ley, lo que hace  exclusión  de la analogía, además que a los jueces les está vedado separarse  por  su  propia  voluntad  de  sus  funciones  jurisdiccionales  y a los sujetos  procesales  no les está permitido escoger a su arbitrio la persona del juez, de  manera  que  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del  conocimiento  de  un  determinado  asunto  a un funcionario judicial no pueden deducirse por similitud  ni  ser  objeto  de  interpretaciones subjetivas, en tanto se trata de reglas de  garantía   de  la  independencia  judicial  y  de  vigencia  del  principio  de  imparcialidad del juez.   

4.  Este axioma -o  derecho  a  un  tribunal  imparcial-  derivado  de los artículos 209 y 13 de la  Constitución  Política  en cuanto la función pública de administrar justicia  así  lo reclama lo mismo que el trato igual para todas las personas de parte de  las  autoridades, se ha concebido como esencial del debido proceso en el sentido  que  junto a dos partes parciales, tiene que existir un tercero imparcial,   extraño  a  la  causa y ajeno a las posiciones de intereses de ellas -el juez-,  principio  de alcance general puesto que tiene aplicación en todos los tipos de  procesos      y     sistemáticas     procesales2.   

En  correlación  con  que la jurisdicción  juzga  sobre  asuntos  de otros, la primera  exigencia respecto del juez es  la  que éste no puede ser, al mismo tiempo, parte en el conflicto que se somete  a       su        decisión.       La       llamada       impartialidad, el que juzga no puede ser  parte,  es  una  exigencia elemental que hace más a la noción de jurisdicción  que  a  la  de  proceso, aunque éste implique siempre también la existencia de  dos  partes parciales enfrentadas entre sí que acuden a un tercero impartial,  esto  es, que no es parte, y  que  es  el  titular de la potestad jurisdiccional. Por lo mismo la impartialidad   es  algo  objetivo  que  atiende,  más  que  a la imparcialidad y al ánimo del juez, a la misma esencia  de  la  función  jurisdiccional, al reparto de funciones en la actuación de la  misma.  En  el  drama  que  es el proceso no se pueden representar por una misma  persona  el  papel de juez y el papel de parte. Es que si el juez fuera también  parte  no  implicaría principalmente negar la imparcialidad, sino desconocer la  esencia  misma  de  lo  que  es  la  actuación  del  derecho  objetivo  por  la  jurisdicción     en     un     caso     concreto3.   

5.  Con  razón  a  dicho la Corte Interamericana de Derecho Humanos que   

la  imparcialidad  exige  que  el  juez que  interviene  en  una  contienda  particular  se aproxime a los hechos de la causa  careciendo,  de  manera  subjetiva,  de  todo  prejuicio y, asimismo, ofreciendo  garantías  suficientes de índole objetiva que permitan desterrar toda duda que  el  justiciable  o  la  comunidad  puedan  albergar  respecto  de la ausencia de  imparcialidad4.   

6. Para asegurar ese  apotegma  con  el  fin que las decisiones que se adopten durante el curso de los  procesos   que   conocen   los   jueces  respondan  a  la  independencia  de  la  administración  de justicia y el derecho fundamental de los asociados a obtener  un  fallo  proferido por un tribunal imparcial, se han instituido los mecanismos  del  impedimento  y  las  recusaciones  en  virtud  de  los  cuales el juez debe  separarse  del  conocimiento  de aquellos casos en donde por entrar en conflicto  sus  propios intereses o haber conocido en el fondo del asunto, se pierde el fin  de la recta administración de justicia.   

7.  La  Ley 906 de  2004  ha  establecido causales impeditivas que se refieren a posibles relaciones  del  funcionario  judicial  y  el objeto del proceso5   como   la   del   juez  que  cumpliendo  funciones de control de garantía quedará impedido para conocer del  fondo  del  asunto (arts. 39 y 56, numeral 13, Ley 906 de 2004) o cuando el juez  haya  conocido  de  la  solicitud de preclusión formulada por la Fiscalía y la  haya  negado,  caso  en  el cual quedará impedido para conocer del juicio (art.  56,  numeral  14, y art. 335) o la de los Magistrados para conocer la acción de  revisión   cuando  hayan  suscrito  la  decisión  objeto  de  la  misma  (art.  197)6. Como dice Montero Aroca,   

se trata de una lista cerrada de situaciones  objetivadas  que  convierten  al operador judicial en sospechoso, de modo que la  concurrencia  de  una  de ellas obliga al juez a abstenerse de conocer el asunto  en  aras  de  la  imparcialidad  que  debe  imperar  en  las  decisiones  de  la  justicia7.   

8.  La  causal  de  impedimento  invocada  en  el  sub examine,  está  prevista  en  el  artículo  56  numeral 13 del Código de  Procedimiento Penal, en los siguientes términos:   

Que  el  juez  haya  ejercido el control de  garantías  o  conocido  de la audiencia preliminar de reconsideración, caso en  el  cual  quedará  impedido  para  conocer  el  juicio  en su fondo.   

9. Esta causal tiene  que  ser  comprendida  en el sentido literal y objetivo de la misma sin que haya  lugar  a consideraciones de orden subjetivo, porque basta que se presente alguno  de  los  supuestos  previstos  en la norma   para   que   se  edifique  la  circunstancia  de  impedimento  o  recusación.   

10.   La  Sala  entiende  que  el   principio   de   imparcialidad  del  juzgador  se  encuentra inserto en la estructura del sistema penal acusatorio, y  se  refleja  en  la  división  de las funciones de investigación, acusación y  juzgamiento,  segmentación  establecida  para  garantizar  los  derechos de las  partes  e  intervinientes,  perspectiva  que  la  legislación  desde la órbita  constitucional  concibió  al  traer  un  esquema procesal donde expresamente se  delimita  el  campo de acción entre el juez de garantías y el de conocimiento,  de  modo  que  quien  ejerza como juez de garantías queda impedido para ejercer  como  juez  de  conocimiento,  todo  en  la búsqueda de un juicio público, con  inmediación  de  las  pruebas, contradictorio concentrado y fuertemente marcado  por      la      autonomía     e     independencia     del     juez.   

11.  La  razón de  prohibir  que  el  juez  del  juicio  oral  pueda  ser  el mismo funcionario que  intervino  como  juez  de garantías en la etapa de investigación, radica en la  necesidad  de  permitir  el  juzgamiento  con todas las  garantías.  La  anterior  previsión  constitucional  parte  de  suponer  que los juicios de valor realizados por el juez con función  de  control  de garantías durante las audiencias preliminares en que se discute  la  legalidad  de  la  captura,  la  imposición de medidas de aseguramiento, la  solicitud  de  ordenes  de  captura, etc., vician sensiblemente su objetividad e  imparcialidad  y  por  ese  motivo  es  necesario  sustraerlo  de la función de  juzgar.   

12.  De acuerdo con  lo  expuesto  en  precedencia  y  como quiera que se configuran los presupuestos  exigidos  por  la causal invocada por el Magistrado para declararse impedido, se  tiene  por  fundado  el  motivo  alegado  para  separarse  del  conocimiento del  proceso.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1°.    DECLARAR    FUNDADO      el      impedimento     manifestado     por     el  Magistrado    José  Augusto Rojas Cheyne, del  Tribunal     Superior     de     Neiva,   para   conocer   del  recurso  de  apelación    interpuesto    contra   el     auto    proferido         el        31        de        julio      de      2008    por    el   Juzgado   Primero  Penal   del   Circuito  Especializado    de  Neiva.   

2°.   DEVOLVER  INMEDIATAMENTE  las  diligencias  al Tribunal de origen a fin de que continúe con  el trámite del proceso.   

3°.  ADVERTIR   que   contra  la  presente  providencia no proceden recursos.   

Cópiese  y cúmplase.   

  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.    

1 Por  ejemplo,  María  del  Carmen  Calvo  Sánchez,  «Imparcialidad:  abstención y  recusación  en  la  nueva  Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000, de 7 de enero»,  Responsa     iurisperitorum    digesta,  volumen II, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2001,  p. 90.   

2 Art.  73,  Ley  94  de  1938;  art.  78, Decreto 409 de 1971; art. 103, Decreto 050 de  1987;  art.  103, 

Decreto 2700 de 1991, modificado  por  el  art.  15 de la Ley 81 de 1993; art. 99, Ley 600 de 2000; y art. 56, Ley  906  de  2004.  Y,  providencias  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación  Penal,  20 de agosto de 1992, radicación 5044, 23 de marzo de 2000, radicación  14536,  8  de  noviembre  de  2000,  radicación  14078,  7  de  mayo  de  2002,  radicación  19300,  18  de  febrero  de 2004, radicación 21921, 16 de marzo de  2005,  radicación  23374,  30  de  noviembre  de 2006, radicación 26453, entre  otras.   

3 “Es  evidente  que  si  un  juez  puede  ser  también  parte en un proceso que ha de  tramitar  y decidir, aquél no actuaría con imparcialidad, pero con todo lo que  resultaría  vulnerado,  en  primer  lugar,  no sería la imparcialidad, sino el  requisito  de  la  jurisdicción  que  ha  de conocer de asuntos de  otros.  Naturalmente  no  es  lo  mismo  referir  la  alinieta  a la jurisdicción, como  función  del Estado, que al juez, considerado éste como persona, pero también  en  este segundo supuesto lo que  entra en juego no es tanto la parcialidad  como  la  negación  de algo que hace a la esencia de la  jurisdicción, la  denominada    parcialidad.    La   verdadera   imparcialidad,   en   tanto   que  desinterés   subjetivo,  no puede simplemente suponer que el titular de la  potestad  jurisdiccional  no  puede  ser  parte en el proceso de que está   conociendo,  sino  que  implica, sobre todo, que el juez no sirve a la finalidad  subjetiva  de  alguna  de las partes en un proceso, esto es, que su juicio ha de  estar  determinado  sólo  por el correcto cumplimiento de la función que tiene  encomendada,  es  decir,  por  la  actuación  del  derecho  objetivo en el caso  concreto,  sin  que  circunstancia  alguna  ajena  al  ejercicio de esa función  influya  en su decisión”. Juan Montero Aroca, Sobre  la    imparcialidad    del    juez    y   la   incompatibilidad   de   funciones  procesales,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo blanch,  1999,  p.  186-188.   “Desde luego la imparcialidad no puede asimilarse a  neutralidad,  porque   al  contrario de otras actividades o disciplinas, la  del  juez  exige  un  compromiso con la verdad y la justicia, que a la postre se  expresa  en  juicio  de valor que cuestionan o controvierten la posición de las  partes”.  José Fernando Ramírez Gómez, Principios  Constitucionales  del  Derecho  Procesal  colombiano,  Medellín, Señal Editora, p. 130.   

4 Corte  Interamericana   de   Derechos  Humanos,  Caso  Apitz  Barbera  y  otros  (“Corte  Primera  de  lo Contencioso Administrativo”) vs.  Venezuela,   Sentencia  de  5  de  agosto  de  2008.  Consultar en http://www.corteidh.or.cr/   

5 Otras  causales  de  impedimento  tienen  que  ver  con las relaciones del juez con las  partes   del   proceso   (art.   56-1-2-3-4-5-9-10-11-15   de   la  Ley  906  de  2004).   

6 Esta  causal  se  refiere  a la posibilidad de error judicial y a la inconveniencia de  que  un  mismo  asunto  sea  examinado  por el juez que profirió la decisión a  revisar.   

7 Juan  Montero     Aroca,     Principios    del    proceso  penal, Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1997, p.  88.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *