30319(24-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30319   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 339.  

Bogotá D.C., noviembre veinticuatro (24) de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Acomete  esta  Colegiatura  el examen de los  requisitos  de  crítica lógica y suficiente en el libelo casacional presentado  por  el  defensor  de la incriminada GLORY DIANA HENAO  RUÍZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  28  de abril de 2008,  mediante  la  cual revocó el fallo absolutorio dictado en primera instancia por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito con funciones de conocimiento de la misma  ciudad  el  13 de febrero de dicho año, para en su lugar condenarla como autora  del  delito  de homicidio culposo en la señora Martha  Lucía Vásquez Marín.   

HECHOS  

En  la  sentencia  de  primera  instancia se  refieren  los  hechos  génesis  de  este  diligenciamiento  en  los  siguientes  términos:   

“El 22 de mayo de  2006  la  señora  Martha  Lucía Vásquez Marín, de 48 años de edad, ingresó  por  el  servicio de urgencias a la Clínica León XIII Rafael Uribe Uribe de la  ciudad  de  Medellín,  con  un diagnóstico de carcinoma gástrico. A partir de  esa  fecha  fue  hospitalizada  y  el  30  de  mayo  se  le  practicó  cirugía  consistente   en   gastrectomía   total,   esplenectomía,   coleccistectomía,  omentectomía,   esófago   yeyuno   anastosmósis  y  catéter  venoso  central  subclavio.  Su  evolución  fue  de leve intolerancia inicial a la alimentación  enteral.  El  día  7  de  junio  se  le  inició  ingesta de poco líquido y se  disminuyó  la  alimentación enteral para observar tolerancia. Sucedió que esa  misma  fecha,  a  eso de las 11:45 de la mañana, la enfermera Glory Diana Henao  Ruíz  a  cuyo  cargo  estaba  la  atención integral de la paciente durante ese  día,  pasó  nutrición  enteral  vía  parenteral,  aproximadamente  en  10 cc  (pese  a  las  advertencias  de  la  progenitora de la  paciente,  se  puntualiza). En vista de lo anterior el  cirujano  de  turno  de  forma  urgente  evaluó  a la señora Vásquez Marín y  diagnosticó   por   los   síntomas  que  presentaba,  entre  ellos  dificultad  respiratoria  aguda,  una reacción analfilactoide sin compromiso hemodinámico.  Luego   de    lo  anterior  se  procedió  a  la  realización  de  algunos  procedimientos  para  tratar  de  contrarrestar lo ocurrido, manteniéndose a la  paciente     en     observación     constante     para     vigilar     posibles  complicaciones”.   

“Al   día  siguiente,   a  las  12:10  horas,  la  señora  Vásquez  Marín  fue  evaluada  nuevamente  por  hipotensión  y  dificultad  respiratoria.  Estaba en manejo de  descomposición  hemodinámica y no respondía a líquidos venosos. Por parte de  los  galenos se procedió a aplicar el tratamiento que consideraron pertinente y  necesario.  Esa  tarde  fue llevada al quirófano para cambio de catéter, a las  18:40  horas  ingresó  en la Unidad de Cuidados Intensivos, con un diagnóstico  de  sepsis  de  catéter,  síndrome  de  dificultad  respiratoria  del  adulto,  compromiso  hemodinámico  y  oliguria.  Allí  permaneció hasta el 11 de junio  fecha  en  la cual a las 3:30 horas se produjo su fallecimiento. El diagnóstico  fue  sepsis severa con choque, síndrome de dificultad respiratoria aguda, falla  renal  aguda, coagulación intravascular diseminada, falla metabólica, acidosis  metabólica    severa    y    disfunción    miocárdica    moderada”.   

“Lo anterior fue  comunicado  al  administrativo  de turno para autorización de necropsia, la que  en  efecto  se  hizo  por  parte  de  patóloga forense adscrita al Instituto de  Medicina  Legal y Ciencias Forenses, Regional Noroccidente, Seccional Antioquia,  luego  de  que  por  parte de funcionarios del CTI se realizase la diligencia de  levantamiento  del  cadáver. La conclusión de la médico legista, en su primer  informe,  fue  que  la  muerte  de  la señora Martha Lucía Vásquez Marín fue  consecuencia  natural  y directa de falla orgánica multisistémica, cuyo origen  hasta  ese momento no se había podido definir. En su segundo informe manifestó  que  dicha  falla  orgánica  multisistémica se había producido por sepsis, la  cual    atribuyó    al    ingreso    del    material   extraño   al   torrente  sanguíneo”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 21 de junio de 2007 la Fiscalía Seccional  de   Medellín   imputó   a   GLORY   DIANA   HENAO  RUÍZ  la  comisión  del  delito de homicidio culposo  ante  el  Juzgado  Catorce Penal Municipal con función de control de garantías  de dicha ciudad, la cual no aceptó.   

El 28 de junio la Fiscalía presentó escrito  de   acusación   señalando   a   la  señora  HENAO  RUÍZ  como  presunta  autora  del delito de homicidio  culposo.  El  día  5  de  julio  del  mismo año se realizó la correspondiente  audiencia de acusación.   

Una  vez concluida la etapa del juicio oral,  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito con funciones de conocimiento profirió  fallo  el  13  de febrero de 2008, por medio del cual absolvió a la acusada por  el delito imputado.   

Interpuesto  recurso de apelación contra la  sentencia  de  primera  instancia  por  parte  del  apoderado de la víctima, el  Tribunal  Superior  de  Medellín  la  revocó mediante fallo del 28 de abril de  2008,  para  en  su lugar condenar a GLORY DIANA HENAO  RUÍZ a la pena principal treinta y seis (36) meses de  prisión  y  multa  de  26.66 salarios mínimos legales mensuales vigentes, como  autora  penalmente  responsable  del delito de homicidio culposo, concediéndole  la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Contra   el   fallo   del   ad  quem el defensor interpuso recurso de  casación  y  allegó  la correspondiente demanda, cuya admisibilidad se estudia  en esta providencia.   

EL LIBELO  

El  censor  formula tres reproches contra el  fallo  de  segundo grado. No obstante, como los argumentos ofrecidos en el cargo  primero  sobre  el experticio de medicina legal son nuevamente presentados en el  tercer    reparo,   su   resumen   y   análisis   se   efectuará   de   manera  conjunta.   

          1.        Cargos  primero  y tercero: Violación indirecta de la ley por falso  juicio de identidad.   

Con  apoyatura  en  la  causal  tercera  de  casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el demandante  manifiesta  que  el  Tribunal  incurrió  en  error de hecho por falso juicio de  identidad  sobre  la historia clínica, el dictamen pericial, los formatos de la  Unidad  de  Cuidados  Intensivos  correspondientes  al  ingreso  y  egreso de la  víctima,    el    informe    de    necropsia   de   la   doctora   Victoria   Pérez  y  el  testimonio  del  doctor   Lázaro   Vélez,  “dando  por  cierto  lo que no está probado dentro  del  proceso,  al  señalar la existencia de una sepsis (se sospechó pero no se  presentó)  como  enfermedad  base  presente  en  el  cuerpo  de la paciente que  origina   la  falla  orgánica  multisistémica,  conclusión  que  lo  lleva  a  desconocer  que la muerte pudo devenir fuera del accidente por otras causas como  una  anemia,  desnutrición,  el  deseo real de morirse o la sobresaturación de  grandes  cantidades  de  líquidos venosos que conllevó el aumento generalizado  de  la permeabilidad o un cuadro de edema agudo del pulmón, lo cual contribuyó  a  la  hipotensión  y  el  colapso  hemodinámico  sufrido llevando a una falla  orgánica multisistémica”.   

Como normas violadas relaciona los artículos  7º  y  381  de  la  Ley  906  de  2004  y  9º,  12  y  13  de  la  Ley  599 de  2000.   

          Señala  que  no existe certeza sobre el nexo causal entre la muerte  de  la  paciente  y el error de la procesada al suministrarle nutrición enteral  por  vía  parenteral,  pues adicional a ello se presentaron otros sucesos tales  como  síndrome  de  dificultad  respiratoria  aguda, coagulación intravascular  diseminada,   falla  metabólica,  acidosis  metabólica  severa  y  disfunción  miocárdica  moderada,  ajenos  a  su  voluntad  y que contribuyeron en la falla  multisistémica  que  determinó  la  muerte de Martha  Lucía Vásquez Marín.   

Agrega que entre el equivocado suministro de  la  nutrición  enteral  y  la  muerte de la paciente transcurrieron 5 días, de  manera que se encuentra roto el nexo causal.   

          El  falso  juicio  de  identidad  sobre  la  prueba clínica lo hace  consistir   en   que   “el  fallador  tergiversó,  adicionó  y  cercenó  la  prueba historia clínica, los distorsiona y adiciona  haciendo  producir  efectos  que  no  le  corresponden, conllevando a cometer el  siguiente  error:  dando  por cierto lo que no está probado dentro del proceso,  al  señalar la existencia de una sepsis o infección generalizada (se sospechó  pero  no se presentó) como enfermedad base presente en el cuerpo de la paciente  que origina la falla multisistémica”.   

          Luego  de  traer  a  colación  apartes  de la historia clínica, el  recurrente  indica  que  para  el  30  de  mayo de 2006 la paciente tenía en su  diagnóstico  “cáncer  gástrico  avanzado  o  sea  estaba  invadida  de  la  enfermedad,  colelitiasis  o piedras en la vesícula y  adherencias  peritoneales  o  sea  adherencias abultadas resultantes de cirugía  previa  al ingreso al hospital por cuadro de peritonitis secundaria a la úlcera  perforada”.   

          Una   vez   allí,   “se   le  extrajo  totalmente  el estómago (gastrectomía total con esofagoyeyunostomía en Y y de  Roux),  se  le  extrajo  totalmente  el bazo (esplenectomía) o sea ya no genera  defensas,  se  le  extrajo  totalmente  la  vesícula  (colecistectomía), se le  quitan   las   adherencias   mediante  el  procedimiento  quirúrgico:  Sección  adherencias  peritoneales  del  epiplón  y  el  hígado  a  la pared abdominal,  igualmente  se  le  hace  un  procedimiento  de  (Omentectomía) disección o se  extrajo  el  omento  menor  y  se  coloca  sonda  nasoyeyunal  y catéter venoso  central”.  Entonces,  concluye  el  censor  que  la  paciente    “llega    para   los   procedimientos  quirúrgicos   mencionados  anteriormente  en  un  estado  físico  y  de  salud  calamitosa,    anemia    y    con   pocas   expectativas   de   vida”.   

          Añade  que  luego  del  equívoco  en  la  vía de suministro de la  alimentación   a   la  paciente,  los  médicos  desconocían  los  correctivos  científicos   y   por   ello   se  dispuso  el  suministro  de  “líquidos  venosos”  que  saturaron  el  cuerpo de la misma.   

          Resalta  que  en la historia clínica no se menciona la presencia de  sepsis,  de  la cual sólo se sospecha dado que no reaccionó ante los líquidos  suministrados.   

          También  dice  que después de 11 días y 16 horas del accidente no  se  había  cambiado  el  Catéter  Venoso  Central,  ni  hubo  control sobre la  eliminación   de  líquidos  por  vía  urinaria  de  la  señora  Martha  Lucía Vásquez, además de que no  se  registró  en  la historia clínica un cuadro compatible con sepsis, pues no  aparecen  anotaciones  sobre  la  existencia de bacterias, focos de infección y  microorganismos macrófagos y monocitos.   

El  demandante  cuestiona  lo expuesto en el  Comité  Ad hoc cuya acta se  anexó  a  la  historia  clínica,  pues  allí  se  asevera  que  el manejo del  accidente  fue conservador y adecuado, pero acto seguido se anota que no existen  estudios  claros  sobre  el manejo de esta clase de sucesos, sin tener en cuenta  que  la  literatura  médica  sí  se  ocupa  de dichas circunstancias, de donde  concluye  el  casacionista  que  no  se determinó con precisión la causa de la  muerte, es decir, de la falla multisistémica.   

          El  defensor  precisa que en su primer experticio la Médico Legista  se  limitó  a  relacionar  los exámenes practicados al cadáver transcribiendo  textualmente  la historia clínica, “sin un sustento  científico  de  acuerdo a su actividad pericial o sea lo observado directamente  en  la  paciente  recién fallecida”. Resalta que con  fundamento  en  el  informe  de  egreso  de  la Unidad de Cuidados Intensivos la  perito  concluyó  que la muerte de la paciente “fue  consecuencia  natural  y  directa  de  la  FALLA  ORGÁNICA MULTISISTÉMICA cuyo  origen     hasta     el     momento     no    se    puede    definir”.   

          A  su  vez,  en  la  ampliación  del  dictamen  la  perito arriba a  conclusiones   contrarias   a   la  realidad  al  señalar  que  “hay  relación  de  causalidad  entre el evento de la alimentación  parenteral  accidental  por el Catéter Venoso Central y la muerte de la señora  Vásquez  Marín”,  lo cual también le sirvió para  señalar  que  el  fallecimiento  “fue consecuencia  natural  y  directa  de  la  falla  orgánica multisistémica por sepsis, por el  ingreso    de    material    extraño    al    torrente   sanguíneo”.   

Sobre    el    particular   afirma   que  “dicha  conclusión y relación de causalidad no es  de  su resorte en las funciones de perito, ya que no puede y no debe invadir las  atribuciones  del  ente  fallador,  en  este  caso  las  funciones  del  juez de  conocimiento  y  del Tribunal, estos últimos deben determinar el nexo causal en  su     función     intelectual     al     momento     de     fallar”.   

          Indica  que  si la labor del perito se circunscribe a la percepción  de  cosas en el presente no perceptible para el común de las personas, le está  vedado  realizar  inferencias  y  conclusiones en su experticio, pues sólo debe  relacionar hechos a fin de evitar confundir al fallador.   

          Reitera  que  de  la  historia  clínica  no puede establecerse como  causa  de  muerte  la  sepsis derivada del equívoco en la nutrición parenteral  mencionada  por  la perito, pero sí se concluye que el cuerpo estaba edematoso,  es decir, invadido y sobresaturado por líquidos.   

          Por  tanto,  considera el actor que al no acreditarse el nexo causal  de   la   imputación   subjetiva,  no  es  procedente  imputar  a  GLORY  DIANA  HENAO  RUÍZ  la  muerte de  Martha    Lucía    Vásquez    Marín,    circunstancia    que    impone    la    casación   del   fallo  atacado.   

          2.          Segundo cargo: Violación indirecta de la  ley por falso juicio de identidad sobre la prueba testimonial.   

          También   bajo   la  égida  de  la  causal  tercera  de  casación  establecida  en la Ley 906 de 2004, el recurrente afirma que el Tribunal agregó  y  cercenó  “la prueba testimonial y documental del  Dr.  Lázaro  Vélez  respecto  a  la  existencia de una sepsis la distorsiona y  adiciona  haciendo  producir efectos que no le corresponden, dando por cierto lo  que  no  está  probado  dentro  del  proceso,  al señalar la existencia de una  sepsis  o  infección  generalizada  en  el cuerpo de la paciente que origina la  falla   multisistémica   para   ocasionar   la  muerte  de  la  señora  Martha  Vásquez”.   

Si  bien en la historia clínica se registra  que  la  paciente  tenía  hipotensión,  crépitos en base pulmorar, dificultad  respiratoria,   oliguria,   coagulación  intravascular  diseminal,  disfunción  miocárdica,  esto  no  basta  para diagnosticar la sepsis y menos, la muerte de  Martha  Vásquez,  pues  se  requerían  evidencias  clínicas  como  focos de infección, materia purulenta,  pus,    fetidez   del   cuerpo,   microorganismos   macrófagos,   monocitos   u  otros.   

En  la  acreditación  del error dice que al  consultar   el   Tribunal   la  obra  “Enfermedades  contagiosas”  publicada  por  el doctor Lázaro  Vélez  y  con  base  en la cual  concluye  que  los síntomas relacionados en la historia clínica y la necropsia  permiten   diagnosticar  una  sepsis,  según  lo  confirmó  dicho  médico  al  concurrir  como  testigo,  se incurrió en un equívoco, toda vez que tal sepsis  fue  sospechada  por  los médicos, pero no se presentó, según fue deducido en  la  necropsia,  la  historia  clínica  y los formatos de ingreso y egreso de la  Unidad de Cuidados Intensivos.   

          Luego  de  transcribir  apartes de la mencionada literatura médica,  el    censor    afirma   que   en   su   testimonio   el   doctor   Vélez    afirmó    que   la   señora  Martha    Lucía    Vásquez    Marín   presentaba  signos  compatibles,  no exclusivos, con sepsis,  “e  igualmente  informó que si el germen ingresaba  directamente   por   el  torrente  sanguíneo  podría  (probabilidad  incierta)  desarrollar  una  infección  sistémica,  pero  jamás  afirmó que por la vía  parenteral ingresó la bacteria”.   

          Puntualiza  que los síntomas de la paciente no son exclusivos de la  sepsis,  pues también se presentan respecto de otras enfermedades sin necesidad  de  infección,  circunstancia que comporta duda sobre la presencia de sepsis en  este asunto.   

          Por  tanto,  considera  que  el  Tribunal  erró  al “no  ceñirse  a  las reglas esenciales del racionalismo científico  que  por antonomasia se aplican en el campo de la medicina, de manera tal que el  sentenciador  debió apartarse de toda consideración alusiva a la existencia de  la  infección generalizada al no tener respaldo probatorio y científico dentro  de las diferentes pruebas”.   

          Concluye  que  la muerte de la paciente se produjo como consecuencia  de  causas  ajenas  a la nutrición enteral por vía parenteral dispuesta por la  procesada,   de   modo  que  no  se  presenta  el  nexo  causal  de  imputación  subjetiva.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Aunque en la Ley 906 de 2004 no se distingue  entre  recurso  de  casación por la vía común y por la discrecional en cuanto  se  marginó la exigencia de la cantidad de pena máxima del delito para acceder  a  dicha  impugnación,  es del resorte del recurrente demostrar el quebranto de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual exige contar con interés para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de sustentación del  recurso  y  acreditar la necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de  los  fines  establecidos  por  el  legislador  en  su artículo 180, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         En  el  análisis de los requisitos de admisibilidad de los libelos  casacionales,   es   deber   de   la   Sala   constatar  en  la  formulación  y  desenvolvimiento   de   las   censuras  el  acatamiento  de  las  exigencias  de  crítica    lógica   y  suficiente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

En  tal cometido observa la Sala respecto de  los  cargos primero y tercero,  que  el  actor  plantea  la  presencia  de  yerros  de hecho por falso juicio de  identidad,  los  cuales  tienen  lugar  cuando los falladores valoran la prueba,  pero  al  considerarla distorsionan su contenido cercenándola, adicionándola o  tergiversándola,  caso  en  el cual era su deber identificar mediante el cotejo  objetivo  de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte  omitido  o  añadido  a la prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo  más  importante,  cuál es la trascendencia del yerro en la parte resolutiva de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con el simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del recurrente sobre el medio de prueba  cuya   tergiversación   denuncia,   en   cuanto  es  su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro  en  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial en el fallo, esto es, señalar la  modificación  sustancial de la sentencia atacada con la corrección del yerro y  la  debida  valoración  de  la  prueba en conjunto con las demás, labor que no  emprendió en este asunto el censor.   

          En  efecto,  en  manifiesto  quebranto  del  principio lógico de no  contradicción,   el   demandante   aduce  que  “el  fallador    tergiversó,    adicionó    y    cercenó    la   prueba   historia  clínica”,    planteamiento    confuso   dada   su  ambivalencia,  pues  no  precisa  si  el  medio  de  convicción fue adicionado,  indicando  a  la  par en qué consistió dicho agregado, o si, por el contrario,  fue  cercenado,  con  el  deber de señalar el aparte omitido, circunstancia que  denota  inconsistencias  lógicas y de adecuada fundamentación en el desarrollo  de la censura.   

El  anterior aserto cobra especial fortaleza  al  constatar  que  la pretensión del casacionista se concreta en demostrar que  “la  sepsis  o infección generalizada se sospechó  pero  no  se presentó como enfermedad base presente en el cuerpo de la paciente  que  origina  la falla multisistémica”, para lo cual  ofrece  su  personal análisis de las pruebas, entre ellas la historia clínica,  para  arribar  a  conclusiones  diversas  de  las  expuestas  por  los galenos y  ponderadas  por  el  Tribunal,  amén  de  ensayar una demostración científica  diversa  sobre  la causa de la muerte de Martha Lucía  Vásquez  Marín  sustentada en el hecho de no haberse  cambiado  después  de  11  días  y  16  horas del accidente el Catéter Venoso  Central  y  la sobresaturación en el suministro de líquidos, temática ajena a  la  abordada científicamente por la médica que se pronunció en la ampliación  de la necropsia.   

Acerca de la valoración del acta del Comité  Ad  hoc anexa a la historia  clínica,   el   defensor   incurre   en  las  mismas  falencias  destacadas  en  precedencia,  pues no atina a señalar el aparte adicionado por los falladores o  el  fragmento mutilado, amén de que orienta su esfuerzo a exponer su particular  percepción  de  tal  prueba,  proceder  inadmisible  en este recurso de índole  extraordinaria,  dado  que  no corresponde a una prolongación de los debates ya  librados  en  las  instancias,  además  de que no se compadece con la exigencia  contenida  en  el  artículo  183 de la Ley 906 de 2004, de acuerdo con el cual,  corresponde  al  censor  señalar  en la demanda “de  manera  precisa  y  concisa las causales invocadas y sus fundamentos”,  es  decir,  se  aparta  del principio de claridad y precisión  propio de este mecanismo impugnaticio.   

En  punto  del informe técnico de necropsia  médico  legal  y  de  su  ulterior  ampliación, el casacionista asevera que la  conclusión  allí  planteada y la relación de causalidad no son del resorte de  la  experta  sino  de  los falladores, afirmación que no procede a sustentar de  manera  alguna,  pues  es  claro  que  por  antonomasia  es de la órbita de los  peritos  médico  legales establecer en las necropsias precisamente la relación  causa-efecto  determinante  del  fallecimiento de la víctima, todo lo cual debe  conducirlos  a  una  conclusión  como  síntesis  de  sus  análisis  y,  será  entonces,   a   partir   de  la  ponderación  de  sus  observaciones,  que  los  funcionarios   judiciales  edifiquen  su  criterio  sobre  la  materialidad  del  comportamiento y la responsabilidad de la persona incriminada.   

          A  su  vez,  el censor se desentiende de otros apartes contenidos en  la  ampliación  del  informe  técnico  de necropsia, como aquél en el cual se  establece  que  “en el resumen de egreso anotado se  establece  con  claridad  la  relación de causalidad  entre  el  evento  de  la  alimentación  parenteral  accidental por el catéter  venoso  central  y  la  muerte  de  la  señora  Vásquez Marín, pues hasta ese  momento  la  evolución  de  la intervención quirúrgica era normal  teniendo en cuenta lo complicado del tratamiento y la gravedad de  la  enfermedad  base”  (subrayas  fuera  de  texto),  observación   que   obró   como  sustento  del  fallo  de  condena1 y que el actor  no rebate.   

          Tal  omisión  del  defensor  denota  fallas en la presentación del  cargo,  pues  no  se  corresponde con su deber de acreditar la trascendencia del  yerro,  esto  es,  que  una vez corregida la irregularidad, al cotejar la prueba  objeto  de  censura  con  las  demás  obrantes en la actuación, el sentido del  fallo    sería    diverso    y    favorable    a    los    intereses    de   su  representada.   

          Debe   tenerse   en   cuenta  que  el  Tribunal  precisó  sobre  el  particular:   

“La  médico  legista  entonces  no hizo algo distinto a lo que tenía que hacer o a lo que de  ordinario  se hace cuando el examen post-mortem se realiza días después de que  el  paciente  recibe  atención médica con ocasión de su enfermedad. En efecto  como  los  daños  orgánicos  que  durante la necropsia detectó en el cadáver  eran  compatibles  con  un  proceso  infeccioso,  los  asoció  obviamente con el informe de egreso de cuidados intensivos que refería  una  sepsis  y  una  falla  orgánica  multisistémica  a  partir  del  paso  de  nutrición  enteral  vía  parenteral, para verificar  luego  en  el  resto  de  la historia clínica la evolución satisfactoria de la  paciente  y  la  ausencia  de  cualquier complicación derivada de la enfermedad  base,   hasta   lograr,  por  métodos  inductivos  y  deductivos,  obtener  el  pleno conocimiento del cuadro clínico que la llevó a  expedir  aquél  diagnóstico categórico y definitivo  (…)    Y    como    a    ello   le   sumó,   para   un   completo   ejercicio  dialéctico,  la  significativa evidencia relacionada  con      la      alergia     o     ‘reacción   anafilactoide’  que  presentó  Martha Lucía a escasos minutos de haber recibido  por  vía  venosa  nutrición  enteral, su impresión  diagnóstica  no  fue entonces improvisada como se ha sugerido, mas sí fundada,  ponderada  y  sólidamente  documentada con el completo e ilustrativo informe de  la  historia clínica y los hallazgos clínicos verificados durante el examen de  necropsia” (subrayas fuera de texto).   

          Finalmente  es  pertinente  acotar  que  el  impugnante no procede a  señalar  de  qué  manera  se  produjo el quebranto indirecto de los artículos  9º,  12  y 13 de la Ley 599 de 2000 referidos a las normas rectoras de conducta  punible,  culpabilidad  y  fuerza  normativa  de  las mismas, como tampoco de la  denunciada  vulneración  de los artículos 7º y 381 de la Ley 906 de 2004, los  cuales  se  ocupan  del principio de presunción de inocencia y del conocimiento  más  allá  de  toda  duda para condenar, preceptos que simplemente se limita a  enunciar.   

          Las   razones   expuestas   permiten   concluir  que  la  labor  del  casacionista   se   enfiló   indebidamente   a  proponer  unas  inconsistencias  inexistentes  en  la historia clínica y en los informes técnicos de necropsia,  partiendo  para  ello del análisis fragmentario y sectorizado de tales pruebas,  amén  de  no  cumplir  con  su  obligación  de  precisar  los  equívocos  del  ad   quem,  para,  por  el  contrario,  cotejar  indebidamente  su apreciación de los medios de convicción  con  la  declarada por los falladores, todo lo cual impone la inadmisión de los  reparos     analizados     en     su     presentación    lógica    y    debida  acreditación.   

          Acerca   del   segundo  cargo  observa la Sala que de manera similar a las censuras analizadas en  precedencia,  el  casacionista  postula  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad      respecto      de      “la prueba testimonial y documental del  Dr.  Lázaro  Vélez”,  pero  una  vez  más deplora  simultáneamente    que   el   ad   quem  le  agregó  y  cercenó  apartes, sin detenerse a especificar los  fragmentos   adicionados  o  a  mutilados,  omisión  que  le  impide  acreditar  debidamente el reproche.   

También  observa  la Sala que nuevamente el  casacionista  irrumpe  en el planteamiento de hipótesis científicas diversas a  las  ponderadas  en  la decisión atacada, pero no precisa en qué consistió el  error  de  los  falladores, es decir, incurre en el equívoco de contradecir las  premisas  de  la sentencia, sin percatarse que este trámite no corresponde a un  instancia  adicional  a  las  ordinarias, circunstancia que le imponía respecto  del  yerro  propuesto  por  falso juicio de identidad especificar los apartes de  las  pruebas  que  considera cercenados o adicionados, para ahí si, señalar su  corrección   y  su  trascendencia  en  el  sentido  del  fallo,  labor  que  no  adelantó.   

Acerca de que el diagnóstico de la sepsis en  la  paciente  requería  evidencias  clínicas como focos de infección, materia  purulenta,  pus,  fetidez  del  cuerpo, microorganismos macrófagos, monocitos u  otros,  sin  dificultad  se  observa  que  la  crítica  del actor es ajena a la  especie  de  yerro propuesta, pues ninguna mención efectúa de las pruebas cuya  ponderación judicial tacha.   

En  cuanto  atañe  a  lo  expuesto  por  el  demandante  en  el  sentido  de  que  tanto  en la literatura médica como en la  declaración  del  doctor  Lázaro Vélez,  los  síntomas  establecidos  en  la  historia  clínica  y en la  necropsia  permiten  diagnosticar  una  sepsis,  constata la Sala que si ello es  así,  el  actor  no  atina  a  precisar  cuál fue el error del Tribunal, en la  medida  que la valoración objetiva de dichos medios fue justamente esa, de modo  que    acudir    recurrentemente    a   señalar   que   dicha   “sepsis  no  existió  sino  que  sólo  fue  sospechada”,  no  pasa de ser una incorrección lógica y demostrativa, cuyo  único   fundamento   es   el   criterio  subjetivo  del  recurrente  y  no,  la  acreditación   de   yerros  en  los  sentenciadores.   

          Ahora,  si  el  reproche  se  sustenta en que de lo declarado por el  médico  Lázaro  Vélez, el  Tribunal  extrajo  conclusiones  equivocadas, le correspondía plantear un error  de  hecho  por  falso  raciocinio, yerro de apreciación probatoria que acontece  cuando   las  pruebas  son  tenidas  en  cuenta,  pero  en  su  valoración  los  funcionarios  quebrantan las reglas de la sana crítica, esto es, los principios  de  la  lógica,  las leyes de la ciencia y las máximas de la experiencia, caso  en  el  cual  era obligación del demandante expresar qué dice concretamente el  medio  probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma  que  indirectamente  resultó  excluida  o  aplicada de manera indebida y  finalmente,  demostrar  la trascendencia del error expresando con claridad cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella prueba, con el indeclinable deber  de  acreditar  que  la  enmienda del yerro daría lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable a los intereses de su representado, proceder no emprendido  por el defensor en este asunto.   

          Se  añade  a  lo  anterior  que  si  bien el demandante reprocha al  ad  quem no tener en cuenta  “las reglas esenciales del racionalismo científico  que   por  antonomasia  se  aplican  en  el  campo  de  la  medicina”,  lo  cierto  es  que  no  precisa a cuál o cuáles de ellas se  refiere, de modo que la censura se agota en su simple enunciado.   

          Como  finalmente  el  actor concluye que la muerte de la paciente se  produjo  como  consecuencia de causas ajenas al suministro de nutrición enteral  por  vía  parenteral  dispuesta  por  la  procesada,  debe señalar la Sala, en  primer  lugar,  que  tal afirmación sólo corresponde a la personal visión del  defensor  y  por  tanto,  no  puede  prevalecer  sobre  la  del Tribunal dada la  presunción de acierto y legalidad del fallo.   

En segundo término, que dicha postura no se  sustenta  en  la acreditación de equívocos de los falladores en la valoración  de  las  pruebas y, en tercer lugar, que el nexo de causalidad entre la conducta  de  GLORY  DIANA  HENAO y la  muerte  de  la  paciente  no  se  sustentó  en las pruebas cuya apreciación se  cuestiona   en   este   reproche,   sino   en   “la  demostración  elocuente  de  que  Martha  Lucía  presentó  aquellos  primeros  síntomas  (reacción  anafilactoide,  dificultad respiratoria, dolor precordial  irradiado,  etc.) a escasos minutos de habérsele aplicado la nutrición enteral  vía  parenteral,  y  el  hecho adicional, igualmente probado, de que durante su  recuperación   no  presentó  ningún  cuadro  clínico  indicativo  de  alguna  contaminación   proveniente   de   la   enfermedad   base  o  la  intervención  quirúrgica”2, razones de más para advertir  inconsistencias  lógicas y de acreditación en el desarrollo del cargo, lo cual  impone su admisión.   

En suma, encuentra  la   Sala   que   si   el  impugnante  no  ajusta  su  demanda  a  las  mencionadas  exigencias  dispuestas  para  postular y demostrar  los  reproches  que  presenta  contra  el  fallo  de  segundo  grado, ello comporta el desconocimiento de la  dual  presunción  de  acierto y legalidad de la sentencia atacada, todo lo cual  impone   la   inadmisión   del   libelo  (inciso  2º  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004), pues en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

          Precisión final   

          Dado  que contra la decisión de inadmitir la demanda presentada por  la   defensa   procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es oportuno precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  cumplirse       para       su       aplicación3, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

          Intervención oficiosa de la Sala   

La Sala tiene suficientemente sentado que de  conformidad  con  los  fines  de  este  recurso  extraordinario  reglados  en el  artículo  180 de la Ley 906 de 2004, es su obligación intervenir oficiosamente  superando  los  defectos  del  libelo,  según  la  preceptiva del artículo 184  ejusdem, caso en el cual no  hay  lugar  a  realizar  audiencia  de sustentación, en cuanto dicha diligencia  precisa  de  una  demanda  admitida,  situación  diversa  a cuando el asunto se  admite      oficiosamente      a      casación4.   

Advertido lo anterior, procede la Colegiatura  de  acuerdo  con su facultad oficiosa a admitir el caso, pues resulta pertinente  constatar  si  el  Tribunal  violó  las reglas propias del debido proceso, así  como  las  garantías  de  las  víctimas,  en  la  medida en que al resolver el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el apoderado de la víctima contra el  fallo  absolutorio  de  primer  grado,  procedió  a revocarlo, para en su lugar  proferir  sentencia  de  condena,  pese  a  lo  cual  no dio curso al respectivo  incidente de reparación integral.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      INADMITIR  el libelo  casacional  presentado por el defensor de la procesada  GLORY DIANA HENAO RUÍZ, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

          2.           Una  vez  en  firme  la  determinación  precedente  y  resuelta  la  insistencia  si  a  ella  acude  el  demandante, la  actuación  debe regresar al despacho de la Magistrada Ponente con el propósito  que  se  profiera  el  respectivo  fallo  casacional  en punto de los derechos y  garantías de las víctimas.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver  fol. 178.   

2 Fol.  182.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.   

4  En  este sentido auto del 25 de julio de 2007. Rad. 27383.     

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