30237(19-02-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30237  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 041.   

Bogotá, D. C., diecinueve (19) de febrero de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Surtido  el trámite de insistencia ordenado  en  el  auto  de fecha 29 de octubre de 2008 en el cual se inadmitió la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUIS  ALFREDO  GUTIÉRREZ  VIANCHA  contra la sentencia del 8  de  abril de 2008 proferida por el Tribunal Superior de Bucaramanga y sin que el  interesado  hubiese  hecho  uso  del  referido  mecanismo,  procede  la Sala, de  oficio,  a  examinar  la  posible  vulneración  de los derechos de la víctima,  conforme se contempló en el auto inadmisorio del libelo.   

HECHOS  

          Los  resumió  la  Sala en la decisión del 29 de octubre de 2008 de  la siguiente manera:   

          “El  13  de  julio  de  2007  el  señor  Orlando  Remolina  Silva,  residente  en  el  apartamento 302 del edificio “El  Caney”  situado  en  el  perímetro  urbano  de  Piedecuesta,  se  enteró por  información  del  celador  de  dicho inmueble de nombre LUIS ALFREDO GUTIÉRREZ  VIANCHA  que  de  su  garaje  personas  desconocidas  sacaron  dos llantas de su  propiedad.  Al  día  siguiente el celador comentó al señor Remolina que quien  se  apoderó de dichos elementos exigía por su devolución la suma de $500.000,  dinero  que,  luego  de varias negociaciones, fue rebajado a $250.000, para cuya  entrega  se  acordó  el  día  15  de  julio  en horas de la tarde, data en que  GUTIÉRREZ  VIANCHA acudió a recibir el dinero, siendo en ese momento capturado  por   las   autoridades   de   policía   judicial”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          A  solicitud  de  la  fiscalía,  el  16 de julio de 2007 el Juzgado  Tercero  Promiscuo Municipal de Piedecuesta legalizó la captura de GUTIÉRREZ  VIANCHA.  Acto seguido el ente  investigador  le  imputó  los  delitos  de  hurto  agravado  por la confianza y  extorsión  tentada.  Luego  el funcionario judicial, a solicitud también de la  fiscalía,  le  profirió  medida  de aseguramiento de detención preventiva por  los  referidos punibles. Esta última decisión fue apelada por la defensa, pero  el  Juzgado  Quinto Penal del Circuito de Bucaramanga le impartió confirmación  en providencia del 8 de agosto de 2007.   

Presentado el escrito de acusación, el Juez  Primero  Promiscuo  Municipal  de  Piedecuesta  celebró  el  28  de  agosto del  precitado  año  la  respectiva  audiencia,  en  cuyo  desarrollo  la  fiscalía  atribuyó  al  procesado  las conductas ilícitas de hurto agravado y extorsión  en  grado  de  tentativa.  El  acusado  aceptó  cargos  por  el primero de esos  comportamientos  punibles,  por  cuya  razón el funcionario judicial ordenó la  ruptura  de  la  unidad procesal, continuando el juzgamiento en relación con la  extorsión  y  es  así  como  celebró  la  audiencia  preparatoria  el  10  de  septiembre de 2007.   

          El  juicio  oral lo llevó a cabo el 18 de octubre siguiente, a cuyo  término  anunció  el  sentido  del  fallo,  precisando que sería de carácter  absolutorio.   

          Efectivamente,  el  7  de noviembre de 2007 absolvió a LUIS  ALFREDO  GUTIÉRREZ  VIANCHA respecto  del  delito de extorsión tentada. Contra el fallo de primera instancia se alzó  en  apelación  la  fiscalía, cuya decisión correspondió al Tribunal Superior  de  Bucaramanga,  Corporación que revocó la absolución y condenó al acusado,  a  quien le impuso las penas principales de cuatro (4) años y seis (6) meses de  prisión  y  multa  en cuantía de 250 salarios mínimos legales mensuales, así  como  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el mismo término fijado para la sanción privativa de libertad,  como autor del delito de extorsión cometido en grado de tentativa.   

          Atendido  el  sentido  de  la  decisión  de  segunda  instancia, la  defensa   acudió   al   recurso   extraordinario  de  casación  que  sustentó  oportunamente.  Como  se señaló en el acápite inicial, la Corte inadmitió la  demanda  mediante  auto del 29 de octubre de 2008, pero al evidenciar la posible  vulneración  de los derechos de la víctima, ordenó que una vez se surtiera el  trámite  de  insistencia  regresara  la actuación al despacho de la Magistrada  ponente para proveer sobre el particular.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

         Como  quedó  reseñado  en  el  acápite  precedente,  LUIS  ALFREDO  GUTIÉRREZ VIANCHA obtuvo en  primera  instancia  sentencia  absolutoria, pronunciamiento que, sin embargo, al  desatar  la  apelación  interpuesta  por  el  ente  acusador, fue mudado por el  Tribunal     Superior    de    Bucaramanga    para    convertirlo    en    fallo  condenatorio.   

          La  Sala,  al  inadmitir  la  demanda de casación instaurada por la  defensa   contra  la  decisión  de  segunda  instancia,  advirtió  la  posible  vulneración  de  los derechos de la víctima por no darse trámite al incidente  de  reparación,  omisión  constitutiva de nulidad procesal, según el criterio  que  viene  exponiendo  la  Corte,  conforme  al  cual  es  deber  del Tribunal,  antes    de   revocar   la   absolución  y proferir el fallo condenatorio de reemplazo, anunciar el sentido  de  su  pronunciamiento  con  el  fin  de  que  la víctima tenga oportunidad de  proponer  dicho  incidente  dentro  de  los  treinta (30) días siguientes, para  luego sí dar lectura a la sentencia correspondiente.   

          De  acuerdo  con  dicha  postura  jurisprudencial,  expuesta  en  la  sentencia  de  casación  del  28  de  mayo  de 20081  con   fundamento  en los  criterios  fijados  en el fallo de tutela del 7 de diciembre de 20052,   si   la  víctima  promueve  el  incidente  de reparación el ad  quem  debe  enviar  la  actuación  a  sede de primera  instancia  para  que  adelante  el  respectivo  trámite,  concluido  el cual la  devolverá  a  efectos  de  que el Tribunal incorpore lo decidido a la sentencia  condenatoria  que  entonces emita.            

         

          Un  nuevo  examen  de  la anterior temática lleva a la Sala ahora a  proponer  una  solución  jurídica  distinta  a  la planteada en las decisiones  remembradas,  por avenirse la nueva interpretación de manera más precisa a las  normas  que  integran  el  modelo  de enjuiciamiento penal actualmente vigente y  ajustarse  además  con  mayor  estrictez  a  los  criterios  moduladores  de la  actividad  procesal  consagrados  en  el  artículo  27  de  la Ley 906 de 2004,  conforme   al   cual   “en   el  desarrollo  de  la  investigación  y  en  el  proceso penal los servidores públicos se ceñirán a  criterios   de   necesidad,   ponderación,   legalidad   y  corrección  en  el  comportamiento,   para   evitar  excesos  contrarios  a  la  función  pública,  especialmente a la justicia”.   

          Resulta  indiscutible que la víctima como titular de los derechos a  la  verdad, justicia y reparación está legitimada para intervenir dentro de la  actuación  penal en orden a hacer efectivos esos postulados. Y, ciertamente, el  incidente  de  reparación  constituye  una  invaluable  herramienta con miras a  lograr  tal  propósito,  de  manera  que  la  víctima no sólo tiene derecho a  intervenir  durante  su trámite sino a proponerlo, para lo cual debe contar con  un   espacio  procesal  sin  el  cual  sus  derechos  se  tornarían  ilusorios.             

          La  Ley  906  de  2004,  contrario a lo que acontece en el evento de  proferirse  fallo  condenatorio en primera instancia luego de  celebrado el  respectivo           juicio           oral3,  no  establece  el mencionado  hito   procesal  cuando  en  sede  de  segunda  instancia  se  revoca  el  fallo  absolutorio   proferido   por   el  a  quo  y,  en  su  reemplazo, el Tribunal emite sentencia de condena. Por  eso   la   Sala,  llenando  ese  vacío,  consideró  que  para  posibilitar  la  presentación   del  incidente  de  reparación  el  Tribunal  debe  previamente  anunciar  el  sentido  de  la  decisión  y  luego  fijar fecha para proferir el  respectivo    fallo,   incurriendo   en   nulidad   procesal   el   ad  quem  que  pretermita  esa ritualidad.   

          Estima  ahora  la Corte que la nulidad, en ese caso, se convierte en  un  remedio  demasiado  excesivo  que  no  consulta  a  cabalidad  los criterios  moduladores   de   la   actividad  procesal,  especialmente  los  de  necesidad,  ponderación  y  legalidad, pues si la actuación se ha adelantado con sujeción  a  la  regulación  procedimental  establecida en el ordenamiento jurídico y al  amparo  de  ello  el procesado, en justa contienda jurídico-probatoria, ha sido  vencido  en  juicio,  emerge desproporcionado que se invalide la ritualidad para  dar  paso  a  un  trámite  de  carácter  subsidiario  al  penal  como lo es el  relacionado  con los perjuicios, con los riesgos para los intereses de la propia  víctima que ello acarrea.    

          En  efecto,  si  bien,  como se dijo, la víctima ostenta el derecho  inalienable  de intervenir en el proceso penal, tal participación sólo se hace  posible  si  existe  una  actuación de esa naturaleza; además, la consiguiente  reclamación  pecuniaria únicamente será factible si la actuación culmina con  sentencia  condenatoria.  Sobre  el  carácter  subsidiario  o  accesorio  de la  acción  civil  con  respecto a la penal la Sala se ha pronunciado en múltiples  ocasiones.   Así,   en  decisión  del  15  de  diciembre  de  20034, ratificada en  el    auto    del    31    de    marzo   de   20045,        sostuvo       lo  siguiente:   

“Extinguida   la   acción   penal,  las  autoridades  penales  pierden  toda  competencia  para  continuar  conociendo  y  resolver  lo  atinente  a  la  responsabilidad  civil derivada de los perjuicios  ocasionados  con  los delitos, dado el carácter subsidiario de la acción civil  en  el  proceso  penal,  la  cual  requiere  como presupuesto procesal que en el  proceso  penal se declare la responsabilidad del procesado por el reato del cual  se    derivan    los    perjuicios   reclamados”6.   

Por  lo  anterior, no resulta lógico que el  aspecto  penal quede subordinado a la acción civil, sacrificando lo actuado con  el  único  objetivo  de viabilizar la reclamación indemnizatoria, cuando, como  se  verá  más  adelante,  bien puede acudirse a otro remedio con igual o mayor  eficacia que perfectamente garantiza los derechos de la víctima.   

          La  solución de anular la actuación puede conducir eventualmente a  que,  al  final, los derechos de la víctima sean burlados. Porque con esa orden  el  proceso  se  retrotrae  jurídicamente  a  un  estado  en  el cual no existe  sentencia,  razón  por la cual imperioso es para el ad  quem  rehacer  la  actuación  desde ese momento. Pero  piénsese  que, leídos nuevamente los registros contentivos de las pruebas y la  argumentación  oral  de  las  partes expuestas tanto en primera como en segunda  instancia,  el  Tribunal cambie de opinión y decida entonces confirmar el fallo  absolutorio.  Tal  resultado, con mayor riesgo de ocurrir, es posible que se dé  si  hay  cambio  de  alguno  o  varios  de los miembros de la respectiva Sala de  decisión.   

          Si  bien  en la sentencia del 28 de mayo último se quiso salvar esa  contingencia  señalando  que  el  ad quem sólo  quedaba autorizado para pronunciarse sobre lo relacionado con  la  reparación  a las víctimas, “pues en punto a la  sentencia,  la alzada ya ha sido resuelta”, lo cierto  es  que  no se tuvo en cuenta que la actuación se invalida desde, inclusive, el  proferimiento  del fallo, de suerte que el Tribunal queda facultado para decidir  sobre  todos  los  extremos  de  la  litis  según  su  saber  leer  y entender.  Recuérdese  a  este  respecto  el  perentorio  mandato  contenido  en el inciso  segundo   del   artículo  5º  de  la  Ley  270  de  2006  (Estatutaria  de  la  Administración de Justicia), conforme al cual:   

“Ningún  superior jerárquico en el orden  administrativo  o jurisdiccional podrá insinuar, exigir, determinar o aconsejar  a  un  funcionario  judicial para imponerles las decisiones o criterios que deba  adoptar en sus providencias”.   

          Otra  situación  negativa para la víctima es la posibilidad de que  se  presente  el  fenómeno  de  la prescripción de la acción penal, porque al  dejarse  sin  valor la sentencia de segunda instancia desaparece de inmediato la  suspensión  regulada en el artículo 189 de la Ley 906 de 2004, norma según la  cual:   

          “Proferida   la  sentencia  de  segunda  instancia  se  suspenderá  el  término  de prescripción, el cual comenzará a  correr de nuevo sin que pueda ser superior a cinco (5) años”.   

          Y   si   tal   eventualidad  sucede,  es  decir,  si  desaparece  la  suspensión   del   lapso   prescriptivo,   obligado  se  tornará  reanudar  la  contabilización  del  término  que para la ocurrencia de ese fenómeno una vez  se  efectúa  la  formulación de la imputación establece el inciso segundo del  artículo  292  de  la  codificación  procesal  penal  en  cita, que en caso de  delitos  sancionados  con  penas menores podría ser el exiguo lapso de tres (3)  años,  pues  de  acuerdo  con  dicha  disposición, formulada la imputación el  término  de  prescripción comenzará de nuevo por un término igual a la mitad  del  señalado  en el artículo 83 del Código Penal, sin que pueda ser inferior  a tres (3) años.   

          De  modo,  pues,  que  so  pretexto  de  pretenderse  garantizar los  derechos  de  las víctimas, sus intereses pueden verse afectados si se invalida  la  actuación  con  el  único y exclusivo objetivo de dar paso al incidente de  reparación.   

          Por  eso,  considera  la Sala que es necesario ofrecer una solución  distinta  a  la  dada  hasta este momento cuando en sede de segunda instancia se  emite  sentencia  de  condena.  Tal  salida  consiste en abrir la oportunidad de  promover  el incidente de reparación integral con posterioridad a la ejecutoria  del  fallo.  Esta  no  es ni mucho menos una solución exótica, pues obsérvese  cómo   la   misma   fue   propuesta   por  la  comisión  redactora7  del proyecto  con  fundamento  en  el  cual  se  adelantaron  los debates en el Congreso de la  República   que   culminaron  con  la  aprobación  de  la  Ley  906  de  2004.   

          En  efecto,  el  artículo  109  del  referido  proyecto  tenía  el  siguiente texto:   

         

          “Procedencia  y  ejercicio del incidente  de  reparación  integral.  En  firme  la  decisión  de  primera  instancia,  o  proferida  la  de  segundo  grado que declare la responsabilidad penal y, previa  solicitud  expresa  de  la víctima, o en su defecto del fiscal o del Ministerio  Público,  el  juez fallador abrirá el incidente de reparación integral de los  daños  causados  con  la  conducta  criminal, y convocará a audiencia pública  dentro de los quince (15) días siguientes”.   

          El  artículo  113 del proyecto en mención, a su turno, establecía  caducidad  de  seis  (6) meses, contados a partir de la firmeza de la sentencia,  para promover el incidente. Esta norma era del siguiente texto:   

          “Caducidad.   La   solicitud   para  la  reparación  integral por medio de este procedimiento especial caduca a los seis  (6)  meses de haber adquirido el carácter de firme la decisión que declaró la  responsabilidad penal.   

          Según  comentó  el comisionado JULIO ANDRÉS SAMPEDRO, la fórmula  estaba  a  tono con la normatividad alemana donde se estableció para hacer más  viable  un  sistema  de  justicia alternativa. Así quedó registrado en el acta  No.   007   celebrada   el   28   de   febrero   de  2003,  como  se  aprecia  a  continuación:   

“Señaló  el  doctor  Sampedro  que en el  proyecto  de  cuerpo normativo la novedad  es que el fiscal aparece como el  “abogado”  de las víctimas en la parte de investigación, con la posibilidad de  conformarse  como  sujeto  procesal  formal en la etapa del juicio. Una  vez  proferida  la sentencia condenatoria se puede tramitar un  incidente  de  reparación  integral,  esto  es,  la  posibilidad  de incluir la  reparación  como  una  tercera vía de las sanciones penales al estilo alemán;  esto    permitiría    hacer    más    viable    un    sistema    de   justicia  alternativa”8   (las  subrayas  son  de  la  Sala).   

          Aun   cuando   la  referida  propuesta  fue  aprobada,  con  algunas  modificaciones,  en  el  primer  debate  suscitado en la Comisión Primera de la  Cámara          de          Representantes9,  lo cierto es que la misma se  cambió  por  la  finalmente  aprobada  por  el  Congreso,  con fundamento en la  ponencia  presentada para segundo debate en la propia Cámara de Representantes,  aunque    sin    darse   mayores   razones   para   la   realización   de   tal  modificación10   

.  

          Sea  como  fuere,  advierte  la  Sala  que el recientemente expedido  Código  de  la  Infancia  y  Adolescencia  (Ley  1098  de  2006) autoriza en su  artículo  197  adelantar  el  incidente  de  reparación con posterioridad a la  ejecutoria   del  fallo.  En  efecto,  expresa  así  el  mencionado  artículo:   

“INCIDENTE  DE  REPARACIÓN INTEGRAL EN LOS PROCESOS EN QUE  LOS  NIÑOS,  LAS  NIÑAS  Y  LOS  ADOLESCENTES  SON  VÍCTIMAS. En los procesos  penales  en  que  se  juzgue  un adulto por un delito en el cual sea víctima un  niño,  niña  o adolescente, el incidente de reparación integral de perjuicios  se  iniciará  de  oficio si los padres, representantes legales o el defensor de  Familia  no  lo  hubieren solicitado dentro de los treinta días siguientes a la  ejecutoria de la sentencia”.   

   

La  norma,  es cierto, opera en los procesos  penales  que  se  adelantan  contra  mayores  de edad que cometan delitos en los  cuales  sean  víctimas niños, niñas o adolescentes. Sin embargo, este ejemplo  ratifica  la  consistencia  de  la solución aquí propuesta, pues significa que  para  el  legislador  no  es  ni  mucho menos absurdo o descabellado promover el  incidente   de   reparación  integral  después  de  la  ejecutoria  del  fallo  condenatorio.   

Más aún, esa disposición del Código de la  Infancia  y  Adolescencia  indica  la  intención  del  hacedor  de las leyes de  abandonar   progresivamente  la  rígida  regulación  conforme  a  la  cual  la  indemnización  pecuniaria  debe reclamarse en el curso del proceso, como ocurre  en  la  Ley  600  de  2000  y  en  la Ley 906 de 2004, en el primer caso durante  cualquier  momento  de  la  actuación y en el segundo restringido al instante a  partir  del  cual  se  anuncia  el  sentido  del fallo, para pasar a la flexible  fórmula  establecida  en Alemania y en países latinoamericanos como Paraguay y  Venezuela,   según   lo  ya  visto,  de  permitir  que  ello  ocurra  aún  con  posterioridad  a  la  firmeza  de  la  sentencia, con lo cual, por lo demás, se  garantiza  que  el  aspecto  principal  del  proceso  penal  se  debata  sin las  distracciones  surgidas  por  las  disputas  que  son comunes cuando se trata de  determinar el monto de los perjuicios.      

          Interpretación  con  la  cual,  por lo demás, no se sacrifican los  derechos  a  la  verdad,  justicia  y  reparación de las víctimas, pues éstas  continúan  con  la  facultad de intervenir, dentro de los límites establecidos  por  la  ley  y  la  jurisprudencia constitucional, en el curso del proceso para  propender  por  la  declaratoria  de responsabilidad del autor de la infracción  penal,  que  le  sirva  de  fundamento  para  obtener,  en  el  momento procesal  oportuno,   la   determinación  de  los  perjuicios  causados  con  el  delito.   

          El   hecho   de  que  la  decisión  definitoria  del  incidente  de  reparación  adquiera  la  naturaleza  de auto no es obstáculo para prohijar la  solución  aquí  propuesta, pues es la propia normatividad procesal penal (art.  181.4  Ley  906 de 2004) la que consagra la posibilidad de acudir a la casación  cuando  se  trata de atacar lo relacionado con la reparación integral decretada  en  la  providencia  definitoria  del  incidente.  Es decir, se trata de un caso  excepcionalísimo  en  el  cual  procede  la  casación  contra  un  auto,  cuyo  proferimiento   en   segunda   instancia,   desde  luego,  para  posibilitar  la  interposición  del  recurso  (consagrado  por  la  ley  de  manera  expresa, se  insiste)  corresponderá  siempre  al  respectivo Tribunal, así la decisión de  primer  grado  la  emita un juez penal municipal cuando se trata de un asunto de  su competencia (art. 37 de la Ley 906 de 2004).    

          A  la factibilidad de adelantar el incidente de reparación después  de  la  ejecutoria del fallo se suele oponer el argumento consistente en que, en  esas  condiciones,  no hay claridad de cuándo se interrumpe la prescripción de  la  acción  penal,  es decir, si cuando se produce la firmeza de la sentencia o  cuando  se  resuelve  el  incidente  o  transcurre  el lapso establecido para el  efecto sin promoverse dicho trámite.   

          Tal   argumento  resulta  infundado,  pues  si  el  tema  objeto  de  discusión  es  determinar  en qué momento se interrumpe la prescripción de la  acción  penal, es evidente que la respuesta no puede ser otra diferente a la de  que  ello  ocurrirá  en  el  instante  en  el cual queda definida la situación  penal,  es  decir,  cuando  cobra  ejecutoria  la  sentencia  declaratoria de la  responsabilidad de esa naturaleza.   

No  puede ser cuando se define el incidente,  en  primer  lugar,  porque  en  él  se controvierte un aspecto accesorio que no  tiene  por qué afectar el trámite de lo principal. Y, en segundo lugar, porque  la  activación  del incidente pasa a regularse por normas propias de la materia  allí  discutida  como  la caducidad, que se convierte en sanción para quien no  lo promueva o lo promueve extemporáneamente.   

          Ahora  bien,  el  término de caducidad no puede ser otro diverso al  de  treinta (30) días, pues es el lapso que consulta la voluntad del legislador  expresada,  de  una  parte, en la Ley 906 de 2004 cuando determinó la caducidad  para  la activación del incidente de reparación en el caso de los procesos que  culminan,   previa  celebración  del  respectivo  juicio  oral,  con  sentencia  condenatoria  en  primera  instancia;  y  de  la  otra,  en el artículo 197 del  Código  de  la Infancia y Adolescencia, cuyo término de treinta (30) días fue  fijado,  según  se  expresó  en la ponencia para primer debate suscitado en la  Comisión  Primera  de la Cámara de Representantes, precisamente, con el fin de  concordarlo  con el establecido “para la caducidad de  la  solicitud  de  reparación  integral dispuesto en el artículo 106 de la Ley  906              de              2004”11.   

          Es  de  anotar  que,  por  ser  aplicables  los  mismos  fundamentos  jurídicos  aquí  analizados,  la  víctima  también  tiene  la posibilidad de  promover  el  incidente  de  reparación  con  posterioridad a la ejecutoria del  fallo  condenatorio cuando éste se obtenga mediante las figuras de terminación  anticipada  de  allanamiento  o preacuerdo y el juzgador de primer grado no haya  dado  la  oportunidad  de  su interposición dentro de los hitos a los cuales se  refirió   la   Corte   en  la  sentencia  de  tutela  del  7  de  diciembre  de  200512   

,  es  decir,  en  el primer caso, dentro de  los   treinta  (30)  días  siguientes  al  recibo  por  parte del juez del  proceso  y,  en el segundo evento, dentro de ese mismo término contado a partir  de la aprobación por el juez del respectivo acuerdo.   

La   solución   de  la  nulidad  en  esas  eventualidades,  igualmente,  resulta incompatible con los criterios moduladores  de  la  actividad  procesal  a que se hizo referencia atrás. Por las anteriores  razones,  se  recoge expresamente la postura expresada en los radicados 22920 de  2005, 29542 de 2008, 30267 de 2008 y 29484 de 2008, entre otros.   

          En  consecuencia,  la  Sala  se  abstendrá  de  casar  la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el 8 de abril de 2008 y  dispondrá  que,  en  firme  esta  sentencia  o dentro de los treinta (30) días  siguientes,  la  víctima  por  sí o a través de la Fiscalía o del Ministerio  Público  podrá  promover  el incidente de reparación integral ante el juez de  primera instancia.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

Primero.  NO  CASAR  la  sentencia  de origen y  data reseñados en el presente fallo.   

Segundo.  DISPONER  que,  en  firme  la presente sentencia o dentro de los  treinta  (30)  días siguientes, la víctima por sí o a través de la Fiscalía  o  del  Ministerio Público podrá promover el incidente de reparación integral  ante el juez de primera instancia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

Aclaración de voto  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

Salvamento de voto  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

      Salvamento de  voto              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con  el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de la Sala, y si bien comparto la decisión en su fondo, dado que no  se   declaró  la  nulidad  para  permitir  la  realización  del  incidente  de  reparación  integral  obviado  por la segunda instancia, estimo necesario hacer  unas  cuantas precisiones respecto de varias afirmaciones que se efectúan en el  proyecto   aprobado,  por  entender  que  no  se  avienen  con  la  sistemática  acusatoria regulada en la Ley 906 de 2004.   

A   este   efecto,   considero   bastante  problemático  confundir  lo  que  sucede  en  primera  instancia,  en punto del  incidente  de  reparación  integral,  con la solución que se propone cuando en  segunda  instancia o casación, cabe agregar, se revoca la sentencia absolutoria  para proceder a la condena del procesado.   

Ello,  por  cuanto,  debe  precisarse,  el  legislador   claramente  estableció  un  trámite  y  términos  precisos  para  desarrollar  el  incidente en mención cuando la decisión es condenatoria en la  primera  instancia,  sin  que  por  vía  jurisprudencial sea necesario cubrir o  superar lo que la ley expresamente menciona.   

Sobre  el  particular,  el Capítulo IV del  Título  II  de  la  Ley  906  de  2004,  regula lo concerniente al incidente de  reparación  integral,  estableciendo  como  hito central de su postulación, el  anuncio  del  sentido  del  fallo  condenatorio  por  parte  del juez de primera  instancia,  ya que el artículo 106 delimita como término de caducidad el de 30  días, contados a partir del anuncio en cuestión.   

En los casos de terminación anticipada por  el  camino  del  allanamiento  a cargos o de lo preacuerdos, también se despeja  necesario  ese  término  de  caducidad,  que  comienza a contar, para el primer  caso,  cuando  el  juez  de  conocimiento recibe la carpeta para la emisión del  fallo;  y  en  el  segundo,  al  momento de aprobar el acuerdo, como ya se dejó  sentado  en  la decisión de tutela traída a colación en el fallo que ahora se  aclara13.   

Y  ello  es natural, debe agregarse, porque  claramente  la  Ley  906 de 2004 estableció que en los casos de condena emitida  en  primera  instancia,  el  incidente  de reparación integral ha de operar con  anterioridad  a la ejecutoria de la sentencia. Incluso, antes de que se profiera  formalmente la misma.   

No   se   entiende  por  qué,  en  estas  condiciones,  sin  mayores  precisiones  argumentales  se  dice  en  el fallo de  casación  que  en los eventos en los cuales se ha terminado extraordinariamente  el  proceso  por  virtud  de acuerdos o allanamiento a cargos, cuando el juez de  primera  instancia  no  ha dado oportunidad a la interposición del incidente de  reparación  integral,  este  puede  solicitarse  por  la  víctima  luego de la  ejecutoria del fallo.   

Si  así se hace, no me cabe duda, se viola  el  debido  proceso  de  manera  flagrante,  pues,  reitero,  el  legislador  ya  estableció  perentoriamente,  para  la  primera  instancia,  unos  términos de  caducidad  que  no  pueden  ser  ampliados  o  modificados  por  el  funcionario  judicial.   

Y  si bien, lo deseable es que el incidente  de  reparación  integral  opere  para  todos  los  casos con posterioridad a la  ejecutoria  del  fallo  –y  así  se  solucionan  muchas  de  las  cuestiones  problemáticas  que  ahora se  detectan,  entre  ellas  esa posibilidad de que los ingentes recursos destinados  al  desarrollo  del  incidente terminen siendo inanes si en segunda instancia se  revoca  el  fallo  y  absuelve al procesado-, frente a lo cual se hace imperiosa  una  reforma  legal  que  haga valer esa postura inicial del proyecto de ley, no  puede  soslayarse  que  al  presente la normatividad penal define esos plazos de  caducidad  insoslayables,  razón  por la cual, si el juez pasa por alto, en los  casos  de  allanamientos  y  acuerdos,  y  desde luego, cuando se trata de fallo  condenatorio  ordinario  de primera instancia, permitir el pronunciamiento de la  víctima  en  pro  de  sus  deseos  reparatorios,  la  única  solución  es  la  nulidad.   

Asunto  diferente,  ha de resaltarse, es el  referido   al   pronunciamiento   de   segunda   instancia,   o   el   fallo  de  casación,   en  los  cuales  se  revoca  la  sentencia  absolutoria, pues,  respecto  de  esta  hipótesis  la Ley 906 de 2004 no consagra la obligación de  adelantar,   previo   a   la  decisión  formal,  el  incidente  de  reparación  integral.   

Y  no  es,  estimo,  que el legislador haya  pasado  por  alto  el  asunto  y  sea  menester  encontrar un mecanismo adecuado  similar  al  existente  en  primera instancia, como originalmente lo planteó la  Sala  en  la  posición  que ahora se recoge, sino que simplemente, precisamente  por  las  dificultades anejas a ello, se entendió mejor dejar de lado esa   tabulación  de la pretensión indemnizatoria, previo a la ejecutoria del fallo,  cuando   se   trata   de   condenas   de   segunda   instancia   o  en  sede  de  casación.   

Basta  verificar el trámite contemplado en  la  ley  respecto  de  la  segunda  instancia  de  los  fallos  y  el  mecanismo  extraordinario  de casación, para advertir que no existe ninguna posibilidad de  retrotraer  el  asunto  al  juzgador  de  primer  grado a fin de que adelante el  incidente  de  reparación  integral,  mucho  menos  a  través del mecanismo de  suspender  en  la  práctica  el  procedimiento,  para lo cual se hace necesario  dejar  de  lado  los  términos  legales,  quebrantando  de manera ostensible el  debido proceso.   

Ya  el fallo objeto de aclaración señaló  ampliamente  las  dificultades de todo orden que comporta la anterior solución,  por  lo  cual, para no incurrir en farragosas reiteraciones, a esas motivaciones  me remito.   

He  de  precisar,  eso  sí,  para  evitar  confusiones  o interpretaciones sesgadas, que lo decidido por la mayoría, desde  luego  compartido íntegramente por mí, es que en todos los casos en los cuales  la  segunda  instancia o el fallo de casación revocan la sentencia absolutoria,  se  hace necesario esperar la ejecutoria del fallo para que pueda adelantarse el  incidente  de  reparación  integral, cuya postulación por el interesado caduca  treinta días después.   

Entonces,  no  es  posible,  y  por ello se  supera  la  postura  anterior  de  la Corte, que en esos casos puntuales se haga  algún      tipo     de     “anuncio”  del  sentido  del  fallo  por  parte  de la segunda instancia,  únicamente  establecido  por  la  Ley  906  de 2004 para la decisión de primer  grado,  ni  mucho  menos  que  se  devuelva la carpeta a la espera de la posible  solicitud y trámite del incidente de reparación integral.   

De  otra  parte, considero que del hecho de  que  el  incidente de reparación integral se adelante después de la ejecutoria  de  la  sentencia  no  se  sigue,  como se postula en el fallo, que la decisión  resolutoria del mismo adquiera la naturaleza de auto.   

Si  es  evidente  que  el trámite del  incidente  de  reparación  integral, consagrado en el Capítulo IV, del Título  II,  de  la  Ley  906  de 2004, representa un verdadero pronunciamiento de fondo  respecto  de la responsabilidad civil y el monto, o mejor, forma de reparación,  para  lo  cual se establece un procedimiento claramente formalizado en el que se  tabulan  pretensiones  concretas  y  respecto  de  ellas  se presentan pruebas y  argumentos,  hasta  culminar  con  la  decisión que pone fin a la controversia,  apenas  es  dable  concluir  que lo dicho por el juez no comporta un simple auto  interlocutorio, sino una verdadera sentencia judicial.   

En  este sentido, no puede olvidarse que en  última  instancia  el  incidente  en  cuestión  representa la decisión de las  víctimas  de buscar que el mismo juez encargado de verificar la responsabilidad  penal,  examine  la  civil,  con  plenas  facultades y dentro de un trámite que  suple,  o  debe  suplir,  aquel  adelantado  ante  la jurisdicción civil.    

De  esta  forma,  si  la  tabulación de la  pretensión  civil ante esa jurisdicción representa un pronunciamiento de fondo  transmutado  en  sentencia,  nada permite concluir que en sede del proceso penal  la  decisión que pone fin al litigio reparatorio, comporte naturaleza demediada  de auto.   

Por este mismo camino argumental, si en los  casos  en  los  cuales  se  adelanta  el  incidente  de reparación integral con  anterioridad  al  proferimiento  formal  de la sentencia penal, integrándose la  decisión  al fallo, nadie duda de que ese pronunciamiento puntual acerca de los  perjuicios  constituye  una  verdadera  sentencia por sí misma, tanto que sobre  tan  específico  aspecto  no puede interponerse recurso de reposición pero sí  acudir  a  la  casación,  no se observa razón valedera para que ahora operando  independiente  la  manifestación  judicial  que  resuelve la controversia, deba  entendérsela auto y no sentencia.   

Ahora, del hecho de que el artículo 181-4,  de   la  Ley 906 de 2004, contemple la posibilidad de interponer recurso de  casación  contra lo decidido en relación con la reparación integral, no puede  deducirse,  como al parecer lo hace la providencia, que esa decisión es o puede  entenderse un simple auto.   

Porque,  es menester precisar, ello además  genera  una  enorme  dificultad  en  torno  de  esa  posibilidad  de recurrir al  mecanismo   extraordinario   de   impugnación,   si  se  toma  en  cuenta  que,  precisamente,  al  inicio  de  la  norma  en  mención se señala que el recurso  procede   “contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados por delitos…”.   

Si se tratase, acorde con lo señalado en el  fallo  de  casación,  de  un  auto  la providencia que resuelve el incidente de  reparación  por  fuera  de  la  sentencia  penal, en principio resulta bastante  problemático  argumentar  en  pro  de  la  posibilidad  de  acudir al mecanismo  casacional,  dada la evidente limitación contemplada en el artículo 181 arriba  citado.    

Y  el asunto desborda ya los límites de la  simple  interpretación  cuando,  para  soportar  la  posibilidad  de interponer  recurso  de  casación,  se  dice  en  la  providencia  que ese auto, aún si es  proferido  por  un Juez Penal Municipal, es susceptible de apelación no ante el  Juez  Penal  del  Circuito,  como  expresamente  lo señala la ley (ordinal 1°,  artículo  36 de la Ley 906 de 2004), sino del correspondiente Tribunal, pasando  por  alto  que  respecto  de  este cuerpo colegiado sólo se permite competencia  para   resolver  respecto  de  sentencias  proferidas  por  los  Jueces  Penales  Municipales   (ordinal   1°,  artículo  34  de  la  Ley  906  de  2004).    

Desde luego que esa afirmación contenida en  el  fallo  que aclaro, invade órbitas propias del ámbito de configuración del  legislador  e  instaura,  por  la  vía  del  simple  principio de autoridad, un  trámite  y competencia completamente ajenos a los consagrados en la ley, por lo  demás,  de manera absolutamente innecesaria, pues, nunca el artículo 181 de la  Ley  906  de 2004 exige que ese fallo de segunda instancia, para que sea pasible  del recurso de casación, haya sido proferido por un Tribunal.   

Entonces,  resulta cuando menos paradójico  que  la  exigencia  fuerte de la norma –facultar  la  casación  sólo  para  sentencias- sea soslayada sin  mayor  sustentación,  al  tanto  que  se problematiza en extremo un inexistente  requisito    –que   la  decisión de segunda instancia provenga de un Tribunal-.   

No   conozco,   sobre  el  tema,  ningún  antecedente  jurisprudencial  que  permita  interponer  el  recurso de casación  respecto  de  autos,  y  no  creo  que este sea el momento para que así ocurra,  cuando  los  argumentos  que  respaldan esa posición, lo digo con todo respeto,  son bastante precarios.   

Basta, para respaldar mi posición, remitir  a   lo   expresado   por   la   Corte   desde  antaño,  reiterado  en  reciente  jurisprudencia14:   

“Desde la vigencia de Ley 61 de 1886, que  desarrolló  el  postulado  constitucional  sobre  las funciones de la Corte, el  recurso  extraordinario  de  casación,  en  el  artículo  37  de la misma obra  instrumental,    consagró    que    ‘la  Corte  Suprema  como  Tribunal del Casación… conocerá en lo  criminal  de  las sentencias  que  se  pronuncien por la comisión de delitos designados en el artículo 29 de  la     Constitución     nacional…’;  hasta  hoy,  cuando  la Ley 600 de 2000, precepto 205 ordena que  ‘la  casación  procede  contra   las   sentencias  proferidas   en  segunda  instancia…’;  y,  no  sobra  advertir  que,  la Ley 906 de 2004, dispone en el  artículo  181  que  ‘el  recurso  como  control  constitucional  y  legal procede contra las sentencias    proferidas   en   segunda  instancia…’; inclusive,  el  Decreto  2.700 de 1991, 219 al enseñar que los fines de la casación, entre  otros,   son  ‘(…)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  por  la  sentencia      recurrida’  o  el 220 de la misma normatividad,  ‘cuando  la sentencia sea violatoria de una norma de  derecho   sustancial’.  (Subrayados fuera de textos).”   

Además, para que no quepa duda respecto de  la  imposibilidad  de  que  los  autos  permitan  el  recurso  extraordinario de  casación,    hace    poco    afirmó    la   Sala15:   

“En cuanto al segundo punto planteado por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  es  decir,  que el recurso de casación no  procede  contra  autos  interlocutorios,  motivo  por el cual en este caso no es  viable  la  impugnación  extraordinaria,  es  un  argumento jurídico que tiene  vocación de éxito.   

En  efecto,   la jurisprudencia de la  Corte  ha  sido  clara y reiterativa en indicar que la naturaleza interlocutoria  de  una  decisión,  sea  que  se adopte en forma separada o en el cuerpo de una  sentencia  de instancia, impide que en su contra pueda plantearse censura alguna  en  sede  de  casación, pues el recurso extraordinario solamente procede contra  sentencias,  específicamente contra fallos de segunda instancia, según así lo  establece  el  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000),    norma    aplicable    a    este    caso.16   

Al respecto, en providencia del 3 de julio  de 1996, la Sala dijo:   

‘Es frecuente,  ha  dicho  la Corte, que por razones de economía procesal, se incluya dentro de  una  misma  providencia  decisiones de carácter distinto, como ocurre cuando en  un  proveído  interlocutorio  se  ordenan pruebas, o cuando en una sentencia de  instancia  se  decretan nulidades o se declara la extinción de la acción penal  por  un  delito  o  respecto  de  uno  de  los procesados, sin que ello traduzca  modificación  de  la  naturaleza jurídica de la decisión de menor entidad, la  cual  continúa definiéndose por su contenido, conforme a la clasificación que  de   las   providencias   judiciales  trae  el  artículo  179  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Dicho  carácter  impide  que en su contra  pueda  plantearse  censura  alguna  en  sede  de  casación,  pues  este recurso  extraordinario  solamente  procede  contra  sentencia,  específicamente  contra  sentencia    de   segunda   instancia’.17   

Mediante  providencia  del  30 de junio de  1999, la Sala nuevamente se refirió sobre el tema, así:   

‘El  hecho de  que  en  el  mismo  proveído  formalmente  entendido se haya decidido el objeto  final  de  la  acción  penal profiriéndose el fallo respectivo respecto de los  acusados  y,  asimismo,  declarado  la nulidad de lo actuado en relación con el  delito  de  rebelión, esto no está significando que analizado el acto desde el  punto  de vista del contenido su naturaleza permanezca igual para las dos clases  de  decisiones  tomadas,  pues  la  que  declara la invalidez en ningún momento  puede  equipararse  a  un  fallo,  sólo  se  trata de una decisión motivada de  carácter  interlocutorio que si bien resuelve un aspecto sustancial del proceso  como  es su propia legalidad, lo cual precisamente le da esta naturaleza, no del  pronunciamiento  por  medio  del  cual,  el  juez competente, una vez agotado el  procedimiento  previamente  establecido por la ley, decide finalmente la acción  penal  con efectos de cosa juzgada, formal mientras se surten los recursos a que  hubiere lugar y material, una vez decididos.   

En  este caso, entonces, al haber incluido  el  Tribunal  las  dos  clases  de  decisiones en el mismo acto, es claro que la  declaratoria  de  nulidad  respecto  al delito de rebelión no forma parte de la  sentencia  y  por  ende, no podía ser recurrida en casación, toda vez que este  recurso  extraordinario  por  disposición  del  artículo  218  del  Código de  Procedimiento  Penal,  únicamente  procede  contra  las  sentencias  de segunda  instancia  dictadas  por  el  Tribunal  Nacional,  los  Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Penal Militar, o en el caso de la casación  excepcional  contra  la  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los  Juzgados  Penales  del  Circuito,  no contra las decisiones de simple naturaleza  interlocutoria   como   la  reseñada,  como  tampoco  contra  las  Resoluciones  acusatorias,  como  igualmente  lo trata de enfocar el demandante, pues por más  que  en  ella  se  formulen  los  cargos base de la sentencia en ningún momento  puede  equipararse,  ya  que  precisamente  el  hecho  de corresponder a su acto  antecedente  sustentado  en  diversas exigencias formales y probatorias, menores  desde   luego,  necesariamente  excluye  tan  inusitada  posibilidad’.18   

Más    recientemente,    la    Corte  indicó:   

‘Reitera  la  Sala  en  este  punto,  entonces,  que ‘resulta  evidente  que las providencias judiciales se clasifican en  sentencias  y  autos,  siendo  aquellas  las  que ordinariamente ponen fin a una  actuación   procesal   con   reconocimiento  expreso  de  la  culpabilidad  del  procesado    -sentencia   condenatoria-,   o  de  su  inocencia  -sentencia  absolutoria-,  si  de instancia se trata, o definen la casación o la acción de  revisión;  y  éstas,  decisiones  que  si resuelven algún incidente o aspecto  sustancial       del       proceso,       se      denominarán      ‘autos   interlocutorios’,  para  diferenciarlos  de  los  de  sustanciación  que  se  ocupan  de meros trámites. Sólo por excepción la ley  denomina                ‘sentencia’ a  una  decisión  que  en  sede  de  casación  invalida el proceso, en los demás  casos,  la determinación que en tal sentido tomen los jueces en las instancias,  es     naturalísticamente    un    ‘auto     interlocutorio’,  así  se  haya  pronunciado,  como  ocurrió  en  este caso, con  ocasión   de  la  revisión  de  una  sentencia.  Ha  dicho  la  jurisprudencia  pacíficamente  que  no  porque  se tomen diversas decisiones dentro de un mismo  cuerpo  de  sentencia,  cambia  la  naturaleza jurídica que la ley le da a esas  determinaciones;  es  apenas,  una  práctica  que  por economía procesal suele  usarse   en  los  estrados  judiciales’.   

‘Así  mismo,  que  la naturaleza interlocutoria de una providencia, sea que se adopte en forma  separada   o   en   el   texto  de  una  sentencia  de  instancia,  ‘impide   que   en  su  contra  pueda  plantearse   censura   alguna   en   sede   de   casación,  pues  este  recurso  extraordinario     solamente    procede    contra    sentencias    de    segunda  instancia’.’.19   

No  sobra  recalcar  que  los antecedentes  transcriptos   tienen   plena   operancia  en  tratándose  de  la  sistemática  acusatoria,  pues,  la  Ley  906  de  2004,  como  arriba  se reseñó, sigue la  tradición   de   reclamar   la   existencia   de  sentencia  para  facultar  la  interposición del extraordinario recurso de casación.   

Lo  anotado,  para  no  penetrar  en otras  aristas  también  problemáticas  de  lo consignado en la providencia objeto de  aclaración,  como  aquella que remite a la posibilidad de interponer el recurso  de  reposición,  si  se  trata  de  un  auto,  y la imposibilidad de que preste  mérito   ejecutivo   lo   decidido,   dado   que   no   comporta  el  rango  de  sentencia.   

Véase,  entonces,  que la consideración,  entre  otras  cosas,  respetuosa  de  la  naturaleza  del pronunciamiento, de la  condición  de  sentencia  que reviste la decisión del incidente de reparación  integral,  elimina  todas las dificultades antes reseñadas, facultando expedito  el  camino  para  que  se espere la ejecutoria de la sentencia penal y se pueda,  eventualmente, acudir al recurso de casación.   

De   esta   manera,   dejo   sentado  mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

    

1  Radicación 29542.   

2  Radicación 22920.   

3  En  ese evento, de acuerdo con lo previsto en el artículo 102 de  la  Ley  906  de  2004,  el  incidente  de  reparación se propone dentro de los  treinta (30) días siguientes al anuncio del sentido del fallo,   

4  Radicación 21425.   

5  Radicación ídem.   

6  En  similar  sentido,  ver fallo de tutela del 3 de septiembre de 2002 y auto del 10  de agosto de 2005, radicación 20489.   

7   Esta  comisión  fue  creada  por  el  Acto  Legislativo  03  de  2002.   

8 Es de  anotar   que  en  países  como  Paraguay  y  Venezuela  en  los  cuales  operan  normatividades  procesales  penales con tendencia acusatoria la oportunidad para  reclamar  la  reparación  de  los perjuicios está prevista, precisamente, para  después   de  producida  la  ejecutoria  del  fallo  condenatorio.  Así  está  establecido  en  los artículos 439 y ss. del Código Procesal Penal de Paraguay  (Ley  No.  1286-98)  y  en  los  artículos 51 y 422 y ss. del Código Orgánico  Procesal  Penal  de  Venezuela (Gaceta Oficial No. 5.558, extraordinaria, del 14  de noviembre de 2001).   

9  Gaceta  del  Congreso No. 89 del 25 de marzo de 2004,  pág. 11.   

10  Gaceta  del Congreso No. 104 del 26 de marzo de 2004,  págs. 3 y 8.   

11   Gaceta   del   Congreso   No.   751   del   31   de  octubre  de  2005.   

12  Radicación 22920.   

13  Radicado 22.920, del 7 de dicidembre de 2005   

14  Radicado 29.090 del 10 de julio de 2008   

15  Radicado  23.078, del 20 de abril de 2007   

16   Ver  sentencia  de casación 12663 del 30 de junio de 1999,  auto  de  casación  16545 del 18 de abril de 2001, sentencia de casación 16534  del  31  de  mayo  de  2001, sentencia de casación 11632 del 4 de septiembre de  2001,  sentencia de casación del 29 de octubre de 2001 y sentencia de casación  22565 del 17 de agosto de 2005, entre otras.   

17  Casación radicada con el número 11186.   

18  Casación radicada con el número 12663.   

19   Ver  sentencia  de  casación 16534 del 31 de mayo de 2001,  sentencia   de  casación  15570  del  29  de  octubre  de  2001,  entre  otras.     

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