29957(29-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29957  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 207.   

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de julio de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de  las  demandas  presentadas  por los defensores de  ORLANDO  SEGUNDO  MERLANO  MÉNDEZ   y  32 procesados más y de ELIÉCER SEGUNDO  MONZÓN  ZABALA  y  4  procesados más, por cuyo medio  ambos   profesionales   del  derecho  sustentan  el  recurso  de  casación  que  interpusieron  contra  la  sentencia del 25 de junio de 2007 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo, al revisar por vía de apelación el fallo de  carácter  mixto  proferido el 3 de febrero de 2006 por el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de  la  misma  sede, entre otras decisiones, condenó a 17 de los  recurrentes  como  responsables del delito de rebelión y confirmó las condenas  impuestas a los demás impugnantes por el mismo punible.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  12  de  agosto  de  2003  la Fiscalía 16 Seccional de Sincelejo  decretó  la  apertura  de  investigación penal contra 207 personas sindicadas,  según   labores  de  inteligencia  adelantadas  por  miembros  de  la  policía  judicial,  de  pertenecer  a  los  frentes  35  y 37 de las FARC-EP y al E.R.P.,  grupos  guerrilleros  con  influencia  en  los  municipios  de Chalán, Colosó,  Ovejas,   Sincelejo  y  Los  Palmitos  y  en  varios  corregimientos  y  veredas  circunvecinos.  De  dichas  personas se logró la aprehensión de 143, a quienes  en su momento se les escuchó en indagatoria.    

          El   2  de  septiembre  del  reseñado  año  el  fiscal  instructor  resolvió  la  situación  jurídica,  imponiendo  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  a  128 de los vinculados, a quienes imputó el delito de  rebelión.  Esta  decisión  fue  revocada  por  la  Fiscalía  Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo  con providencia del 7 de noviembre siguiente,  cuyo funcionario ordenó la libertad de los detenidos.   

          Mediante  resolución del 25 de febrero de 2004 la fiscalía dispuso  la  clausura  parcial  de  la investigación, decisión que comprendió a 169 de  los  sindicados.  El 23 de junio del mismo año calificó el mérito del sumario  solamente  respecto  de  165  de  ellos,  profiriendo  resolución de acusación  contra  134,  a  124 como autores del delito de rebelión y a los 10 restantes a  título  de  cómplices  del  mismo  punible.  A  31  de  ellos les precluyó la  investigación.  En  relación  con  los  4 restantes se abstuvo de calificar el  sumario,  a  3  de  ellos  por  ser  menores de edad y al otro por no haber sido  vinculado   debidamente   a   la  actuación,  por  cuya  razón  compulsó  las  respectivas copias.   

          Por  apelación  interpuesta  por  algunos  de  los  defensores,  la  Fiscalía   Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo  confirmó  la  resolución   de   acusación,   según   decisión   del   4   de   octubre  de  2004.   

La  etapa  del  juicio  corrió  a cargo del  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de la precitada ciudad, despacho judicial  que  luego  de surtir la ritualidad propia del caso puso término a la instancia  con  la  sentencia  del  3 de febrero de 2006, en la cual absolvió a 102 de los  acusados,   entre  ellos  a  ORLANDO  SEGUNDO  MERLANO  MÉNDEZ,  WILLIAM  JOSÉ  PAREDES  MONTES,  JORGE ELIÉCER ÁLVAREZ VITOLA, JUAN  CARLOS  QUIROZ LUNA, ANDRÉS REMBERTO PUCHE MEZA, RAMÓN GUILLERMO VERBEL OCHOA,  EDUARDO  ENRIQUE VERBEL SALAS, ORLEIDIS BUELVAS NARVÁEZ, FARIDES ISABEL BUELVAS  GÓMEZ,  MARTÍN EMILIO RIVERO BOHÓRQUEZ, REINALDO PARRA PUENTES, GABRIEL IVÁN  CHAMARRO  POMARES,  NIDIA PATRICIA NAVARRO LUNA, JOSÉ MIGUEL VÁSQUEZ PIMIENTA,  ALEXÁNDER  ALFONSO  TAPIAS CÁRDENAS, PEDRO PABLO CÁRDENAS CHAMORRO, FRANCISCO  RAFAEL  MÁRQUEZ  RIVERO,  EUSEBIO  JOSÉ  ÁLVAREZ  VITOLA,  MARCO  TULIO TOVAR  LAMBRAÑO  y  GILBERTO MANUEL  PÉREZ CHAMORRO.   

A los restantes incriminados el a  quo los condenó. Recayó esa decisión,  entre  otros, en contra de RAFAEL AUGUSTO DÍAZ SIERRA,  DORIS  CECILIA  PÉREZ  VILLADIEGO,  LUIS  ENRIQUE OVIEDO PIÑERES, JOSÉ MARÍA  DÍAZ  DÍAZ,  SARA ELENA ALARCÓN FERNÁNDEZ, MANUEL JOSÉ OSORIO DÍAZ, MANUEL  DIONISIO  PUENTES  SIERRA,  MARÍA DOMINGA ÁLVAREZ VITOLA, ISMAEL CARLOS SIERRA  TORRES,  HERMES  RAFAEL  SIERRA TORRES, DANILO EDUARDO CHAMORRO TABOADA, ARCADIO  DE  JESÚS   VERGARA  FARCO,  GUSTAVO  ADOLFO  RIVERO CORREA, FREDY ALFONSO  CHAMORRO  POMARES,  IGNACIO  LUIS  MARTÍNEZ  TOVAR,  ELIÉCER  SEGUNDO  MONZÓN  ZABALA,  JUSTO  PASTOR  RAMÍREZ  TRISTANCHO,  ANTONIO  JOSÉ  POMARES GONZÁLEZ  y   RICARDO  MANUEL  DÍAZ  GUTIÉRREZ.  A  los primeros prenombrados les impuso 6  años  de  prisión y 100 salarios mínimos legales mensuales de multa a título  de  coautores  del  ilícito  de  rebelión.  Al  último  le irrogó 5 años de  prisión  y  83  salarios  mensuales  por  el  mismo  delito,  pero  a  modo  de  cómplice.   

Así mismo, los condenó a la pena accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  término determinado para la sanción de prisión.   

La sentencia de primera instancia fue objeto  del  recurso  de apelación interpuesto por algunos de los defensores, así como  por  la  delegada  de  la Fiscalía General de la Nación. Con ocasión de dicho  recurso  el  Tribunal Superior de Sincelejo confirmó las condenas proferidas en  contra  de  los procesados a nombre de quienes sus defensores apelaron. Además,  condenó  a algunos de los absueltos en primera instancia, entre ellos a quienes  se  mencionaron  en  precedencia.  Les impuso 6 años de prisión y 100 salarios  mensuales  de  multa  como autores del delito de rebelión, salvo a EUSEBIO  JOSÉ  ÁLVAREZ VITOLA, a quien le  aplicó  45  meses  de prisión y 50 salarios mínimos mensuales al considerarlo  cómplice.  Esas mismas sanciones últimas señaladas las irrogó a RICARDO    MANUEL    DÍAZ    GUTIÉRREZ,  modificando las impuestas por el a quo.   

De  igual manera, les adjudicó la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas en el  equivalente a la pena principal de prisión.   

Los  dos  defensores de los procesados cuyos  nombres   se   han   reseñado   en   esta   providencia  acudieron  al  recurso  extraordinario  de  casación, habiendo presentado oportunamente las respectivas  demandas,  mismas  en  torno  a  las  cuales  se  ocupa  la Corte de examinar si  satisfacen los presupuestos necesarios para su admisión.   

          Es   de   anotar  que  la  presente  decisión  no  comprenderá  al  sentenciado  WILLIAM  JOSÉ PAREDES MONTES,  pues  con  posterioridad  a  la  interposición  del  recurso  de  casación  su  nuevo  defensor,  debidamente facultado para el efecto, desistió  del  mismo,  manifestación  aceptada por el Tribunal de Sincelejo mediante auto  del 3 de abril del cursante año.   

LAS  DEMANDAS   

          1.  LA  PRESENTADA  A NOMBRE DE ORLANDO SEGUNDO MERLANO MÉNDEZ y 32  PROCESADOS MÁS:   

          La  defensa propone un único cargo por violación directa de la ley  sustancial.  Bajo  ese  supuesto,  empero,  acusa al Tribunal haber incurrido en  error  de  hecho  derivado  de  falso  raciocinio  frente  a  los testimonios de  Benildo  Tijera  Maldonado,  Ómar  de  Jesús Silgado  Herrera,  William  Edgardo  Ospina  Barrios,  Mack  Donald Cohen Medina, Moisés  Rafael  Díaz  Montes,  Wílmer  René  Benítez  Olivera,  Hernán  Góez Usuga  y  Rudy  de  Jesús  Montes  Teherán,   pues   el   fallador   los  apreció  con  desconocimiento  de  los  postulados  de  la  lógica y las leyes de la ciencia,  desfigurando        de        esa       manera       la       prueba.     

          Para  sustentar  el  reproche,  primero  evoca decisión de la Corte  donde  se hace referencia al error de hecho y luego cita la providencia mediante  la  cual el fiscal de segunda instancia revocó en el presente caso la medida de  aseguramiento  impuesta por el instructor, en cuyo texto el funcionario señaló  que  los  testimonios  de  cargo  no  merecen  credibilidad. Según el actor, lo  decidido    por   el   fiscal   ad   quem,  a quien la Corte Suprema de Justicia lo procesó por el delito de  prevaricato  por  acción,  pero  al  final  lo  absolvió,  no  fue revocado ni  modificado   ante   la   inexistencia  de  prueba  sobreviniente,  sin  que  los  reconocimientos   en  fila  de  personas  realizados  en  la  etapa  del  juicio  constituyan  prueba autónoma, porque los testigos de cargo no se presentaron en  esa etapa procesal para garantizar el principio de contradicción.   

          Tras  hacer  referencia  a  una  decisión  proferida  por un Fiscal  Delegado  ante  la Corte Suprema de Justicia en la cual se revocó la acusación  proferida  contra  un  ciudadano  con fundamento en testimonios de reinsertados,  entre  ellos,  el  rendido  por  Benildo Rafael Tijera  Maldonado,  finaliza  afirmando la vulneración de los  derechos  al  debido  proceso  e  igualdad  sobre  la  base de haber absuelto el  Tribunal   a   algunos  de  los  procesados  por  no  considerar  creíbles  los  testimonios de cargo.   

          De  la  anterior  forma solicitó casar la sentencia impugnada para,  en  su  lugar,  absolver  a los procesados. Aun cuando en caso de estimar que la  demanda  no  satisface los requisitos de técnica, pidió dar curso a la misma a  modo de casación discrecional.   

          2.   LA   INSTAURADA   A   NOMBRE   DE   ELIÉCER   SEGUNDO  MONZÓN  ZABALA  Y  CUATRO PROCESADOS  MÁS:   

          Formula  también  un  único cargo. Lo ampara en el numeral 1º del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, por haberse violado, según dice, los  artículos  29  de  la Constitución Política y 238 de la disposición legal en  cita,  norma  esta  última  que  ordena  apreciar  las pruebas en conjunto y de  acuerdo con las reglas de la sana crítica.   

          Al  desarrollar  la  censura, sostiene que el ordenamiento jurídico  no  contempla  como  medios  de  prueba  ni  los informes de inteligencia ni los  informes  de  policía  judicial,  razón  por  la cual con esos elementos no se  puede  proferir  ninguna  decisión  judicial.  En  ese  sentido  estima  que la  apertura  de  la investigación y las órdenes de captura libradas en su momento  no  resultan  válidas,  porque  se  expidieron  con  fundamento  únicamente en  informes  de  inteligencia, es decir, sin que existiera denuncia o testimonio en  contra  de  los  procesados. La declaración de Benildo  Tijeras  Maldonado,  añade,  se  recibió  con  posterioridad e, incluso, de manera  irregular,  hecho  por  el  cual  el a quo ordenó  investigar  a  la  fiscal  y al funcionario de policía que  participaron en su recepción.   

          Considera,  de  otra  parte,  que  los  testimonios  de cargo no son  confiables  ni  creíbles,  tanto que el fiscal ad quem  revocó  la  medida  de  aseguramiento  en  su momento  impuesta  en  este  caso.  Con  posterioridad  a  esa  decisión,  agrega, no se  recaudó  prueba  alguna  de  cargo,  tan sólo se realizó el reconocimiento en  fila  de  personas,  el  cual  resultó  negativo  para los procesados a quienes  defiende.  Pese  a  ello,  concluye, el Tribunal no lo tuvo en cuenta como igual  procedió  frente  a  las  demás  pruebas favorables a éstos, desconociendo lo  dispuesto en el artículo 238 arriba citado.   

          En  consecuencia, pidió casar la sentencia impugnada y proferir, en  reemplazo, el consiguiente fallo absolutorio.   

ALEGATOS   DEL   NO  RECURRENTE   

          Oportunamente,   el  Procurador  168  Judicial  II  Penal  presentó  escrito  como sujeto procesal no recurrente. Impetró inadmitir las dos demandas  por      no      cumplir     los     requisitos     de     técnica     exigidos  jurisprudencialmente.   

          Sobre  el  primer  libelo,  sostiene que el actor no es claro en sus  argumentos,  pues  empieza  confundiendo  la  causal primera de casación con la  tercera,  incurriendo en postulaciones excluyentes. Además, se limita a afirmar  la  incursión  en un error de hecho, pero no desarrolla ninguna de las especies  del  mismo,  limitándose a citar, a modo anecdótico, decisiones judiciales que  se  convierten  en  simples  transcripciones  insulares,  pues  ni  siquiera  se  relacionan  con las evidencias cuya apreciación por el fallador cuestiona en el  reproche.   

          Considera  que  la  casación excepcional subsidiariamente demandada  por  el  libelista  también  debe  rechazarse,  por  cuanto se circunscribió a  invocarla  sin  justificar  su procedencia, según los presupuestos de necesidad  establecidos por la jurisprudencia de la Corte.   

          En  relación  con  la  segunda  demanda,  encuentra que el reproche  carece  de  capacidad  intrínseca  para los fines perseguidos con la casación,  pues   en   nada   inciden   los   informes  de  inteligencia  ni  las  capturas  posteriormente  libradas  frente  a la validez de las actuaciones surtidas en el  curso  del  proceso. Al respecto estima que definida la situación jurídica, el  vínculo  jurídico procesal que liga a la persona capturada a la investigación  tiene  su  asiento  en  una decisión judicial dictada luego de ser escuchada en  descargos en presencia de su defensor.   

          Por  lo  demás, destaca cómo el demandante ni siquiera menciona la  causal  al  amparo  de la cual formula el cargo, sin que de su contexto se pueda  deducir  a  cuál  se  refiere,  pues  alude simultáneamente a la existencia de  nulidad  y  a  un  error en la apreciación de determinada prueba, olvidando que  este tipo de ataques son excluyentes.   

          En  punto  al  yerro de apreciación referido, señala el Ministerio  Público,  el censor no especifica si se trata de un error de hecho o de derecho  ni   desarrolla   ninguna   de   sus   modalidades,   limitándose  “a  efectuar  apreciaciones  personales  escasas  sin distingos de  ninguna  naturaleza,  enunciados  alejados  de  los  parámetros  indicados,  no  diferencia  entre una clase de error y otro ni señala cómo inciden ellos en la  sentencia  atacada,  qué  fue  lo que los juzgadores dieron por demostrado y de  qué manera lo hicieron”.     

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Con insistencia la Corte viene señalando que  la  demanda  de  casación  no  es  un escrito de libre confección, semejante a  aquellos  que  se  suelen  presentar ante las instancias, pues debe cumplir unas  exigencias  mínimas  de  sustentación,  como  se  deriva de lo dispuesto en el  numeral  3º  del  artículo  212 de la Ley 600 de 2000, cuando establece que al  demandante  le  compete  enunciar  la  causal  y formular el cargo, indicando en  forma   clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  estimadas  infringidas.   

Tales  presupuestos, cuya satisfacción debe  hacerse  de  conformidad  con  las pautas jurisprudenciales desarrolladas por la  Sala  en  sus  múltiples  decisiones,  tienen como fin evitar que el recurso de  casación  se  convierta  en una tercera instancia, a la cual acudan los sujetos  procesales  para  postular  todo  tipo  de  planteamientos,  sin  ningún  rigor  técnico.  Contrariamente,  como  medio  extraordinario  que  es,  al  actor  le  corresponde  formular  los  cargos  en  forma  coherente y clara, de modo que la  Corte  pueda  evidenciar  con  facilidad  el  error  o  errores denunciados para  proceder  a  su  corrección,  sin  resultar  procedente  entrar  a desentrañar  confusas,  intrincadas  o  ambivalentes argumentaciones, pues ello atenta contra  el principio de limitación que gobierna la casación.   

          Procede,  entonces,  la  Sala  a  examinar  si  las  demandas  aquí  presentadas reúnen tales requisitos.   

1.  DEMANDA  INSTAURADA A NOMBRE DE ORLANDO  SEGUNDO MERLANO MÉNDEZ y 32 PROCESADOS MÁS:   

         

          Los  defectos  de  fundamentación  advertidos  en  el  único cargo  formulado  en  este  libelo  son  evidentes.  El  actor  empieza  predicando  la  violación  directa  de  la  ley sustancial, pero de inmediato dirige la censura  hacia  los terrenos de la violación indirecta al acusar al Tribunal de incurrir  en error de hecho.    

          Se  recuerda  que  en  la violación directa de la ley la discusión  gira  en  torno a una temática de carácter netamente jurídica, a partir de la  cual  al  libelista  le  compete demostrar que el fallador aplicó indebidamente  una  norma  sustancial,  la  dejó de aplicar o la interpretó erróneamente. En  cambio,  la  violación  indirecta  se relaciona con los hechos y se materializa  cuando  el  sentenciador  en  la labor de apreciación de las pruebas incurre en  error  de  hecho  o  de  derecho,  como consecuencia, en el primer caso, de caer  inmerso  en falsos juicios de existencia o identidad o en un falso raciocinio y,  en  el  segundo  evento,  en falsos juicios de legalidad o de convicción.    

          El  impugnante,  por  tanto,  lejos  de  fundamentar  la  violación  directa  que enunció, plantea en realidad una violación indirecta por error de  hecho  derivada  de  un  falso raciocinio, como así expresamente lo señaló al  desarrollar  el  cargo.  No  obstante, no lo sustentó adecuadamente porque para  ello   le   era   obligatorio  expresar  los  principios  de  la  sana  crítica  desconocidos  por  el fallador, es decir, indicar cuál regla de la experiencia,  cuál  postulado  lógico  o  cuál ley de la ciencia vulneró éste y, además,  explicar la trascendencia del yerro.   

          El  censor  se  limitó  a  atribuir al Tribunal de manera genérica  desconocer  los  postulados  de  la  lógica  y  las  leyes de la ciencia cuando  apreció  los  testimonios  de  cargo, sin especificar cuáles principios de esa  naturaleza  violó  el juzgador. En vez de ello, resultó evocando decisiones de  segunda  instancia  proferidas  por  la  fiscalía,  una de ellas emitidas en la  etapa  instructiva  de  la  presente  actuación,  pretendiendo  que el criterio  suasorio  aplicado  en  esos  pronunciamientos  se  traslade  a  este  caso, sin  satisfacer  la  carga  argumentativa  en mención, olvidando que la sentencia de  segunda  instancia  arriba  a  la  Corte  precedida  de  la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  sólo  desvirtuable  mediante la acreditación de graves  errores  de apreciación probatoria, tarea que omitió acometer el impugnante en  la forma ya señalada.   

          Más   aún,   resultó   trasladando  el  discurso  hacia  ámbitos  pertenecientes   a   otros   motivos   de   casación,   que  tampoco  sustentó  adecuadamente.  Es  así  como  sostuvo  que  los  reconocimientos  en  filas de  personas  no pueden considerarse pruebas autónomas porque los testigos de cargo  no  se  hicieron  presentes en la etapa del juicio para posibilitar el ejercicio  del  principio  de  contradicción,  pretendiendo  de  esa  manera  demostrar un  posible        error        de        derecho1  con argumentaciones dirigidas  a   demostrar   la   incursión   en   un   vicio   in  procedendo,   pues  esa  sería  la  consecuencia  de  aparecer acreditada la violación del aludido principio.   

          Con   esa   última   afirmación  y  con  la  adicional  alegación  consistente  en  haberse  violado  los derechos al debido proceso e igualdad, el  demandante  termina  refundiendo en el mismo cargo, como certeramente lo puso de  presente  el  Ministerio  Público,  propuestas  claramente excluyentes, pues no  resulta  válido  en  casación  postular  simultáneamente errores in   iudicando   y   vicios  in  procedendo,  dado que con los primeros  se  acepta la legalidad de la actuación, en tanto con los segundos se cuestiona  ésta,  lo cual resulta evidentemente contradictorio2.   

          Baste  lo  antes  considerado  para  que  la  Sala inadmita, como lo  hará,  el  libelo  casacional  en  examen,  incluso,  en  cuanto a la casación  discrecional  pretendida  subsidiariamente  por el impugnante, pues esta última  no  constituye un mecanismo alternativo a la casación ordinaria, de modo que se  puedan  proponer  según el querer y decisión del actor. Su procedencia, por el  contrario,  opera  frente  a  eventualidades  distintas,  pues  la segunda sólo  resulta  viable  cuando  se  trata de sentencias de segunda instancia proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de  distrito  judicial o por el Tribunal Penal  Militar  respecto  de delitos cuya pena máxima prevista sea superior a ocho (8)  años,  mientras  que  la  casación discrecional se estableció para las demás  sentencias  de  segunda  instancia  emitidas por los Tribunales Superiores o por  los juzgados de circuito siempre que se trate de delitos.   

          En  el  caso  examinado, como se procede por el punible de rebelión  cuya   sanción  máxima  es  de  nueve  (9)  años3,  la llamada a interponerse es  la  casación ordinaria, sin que el interesado pueda, subsidiariamente, acudir a  la  excepcional.  Por lo demás, esta última modalidad casacional contiene unas  exigencias  de  fundamentación  más  rigurosas,  conforme  se  desprende de lo  previsto  en  el  inciso  final  del  artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000,  pues  aparte  de  ser necesario cumplir los presupuestos de la  ordinaria,  al  libelista  le  corresponde  sustentar  la  necesidad  del  fallo  devenida  de  dos  aspectos, el desarrollo de la jurisprudencia y la protección  de   las   garantías   fundamentales,   frente   a   lo   cual   nada  dijo  el  actor.   

          2.   DEMANDA  INSTAURADA  A  NOMBRE  DE  ELIÉCER  SEGUNDO  MONZÓN  ZABALA  Y CUATRO PROCESADOS  MÁS:   

          No  fue  menos  afortunada la redacción de este libelo. También el  censor  formula  un  único  cargo,  pero  ni  siquiera  concreta  la  causal de  casación  bajo  la cual se apoya, limitándose a invocar de manera genérica el  numeral  1º  del  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de 2000, sin  advertir  que  esa  disposición  contempla los motivos casacionales denominados  violación  directa  y  violación indirecta de la ley sustancial. Fuera de ello  incurre  en  el  mismo desacierto del otro demandante al sugerir la vulneración  del  debido  proceso  y  simultáneamente discutir el valor y mérito probatorio  asignados  por el juzgador a las pruebas, postulaciones excluyentes que, como se  dijo, no caben en esta sede extraordinaria.   

          Por  lo  demás,  ni desarrolla el vicio in  procedendo  enunciado  ni sustenta adecuadamente yerro  probatorio  alguno.  En  cuanto  a  lo  primero,  porque  se  limita  a citar el  artículo  29 de la Constitución Política e, incluso, a transcribirlo, pero ni  identifica  la  irregularidad,  ni menciona su naturaleza, mucho menos expone su  trascendencia,  presupuestos  a  cumplir, entre otros, cuando se propende por la  nulidad   de   la   actuación,  conforme  lo  ha  señalado  reiteradamente  la  Sala.   

          En  relación  con  lo segundo, por cuanto predica, de una parte, la  imposibilidad  legal  de  tenerse  como prueba los informes de inteligencia y de  policía  judicial  para afirmar que tanto la apertura de la investigación como  las  capturas en su momento libradas no resultan válidas por haberse sustentado  en  tales  informes. Pero, además de no precisar el sentido del error cometido,  es  decir,  si  de  hecho  o  de derecho, ni tampoco su modalidad, no expresa la  incidencia   del   yerro   en  las  actuaciones  procesales  posteriores  y,  en  particular,   en  las  sentencias  de  instancia.  En  otras  palabras,  omitió  acreditar  cómo  la  marginación de tales informes podría tener influencia en  el  sentido  de  las  decisiones adoptadas por los falladores.      

          De  otra  parte,  porque  afirma que los testimonios de cargo no son  creíbles,  para  lo cual se apoya en el hecho de haberse revocado por el fiscal  ad   quem  las  medidas  de  aseguramiento  impuestas  en  la etapa instructiva, y que el Tribunal no tuvo en  cuenta  las  pruebas  favorables a los procesados, sin tampoco aquí especificar  la  clase  de  error  ni  su  especie.  Y  así  resultara factible inferir, con  abstracción  del  principio  de limitación, que denuncia un error de hecho por  falso  raciocinio,  el  cargo tampoco surgiría adecuadamente fundamentado, pues  omitió  por  completo  indicar  los principios de la sana crítica desconocidos  por el sentenciador.   

          Por  las  falencias  referidas,  en consecuencia, la segunda demanda  también se inadmitirá.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas  de  casación   interpuestas   por   los   defensores   de  ORLANDO   SEGUNDO  MERLANO  MÉNDEZ  y  32  procesados  más  y  de ELIÉCER SEGUNDO MONZÓN ZABALA  y       4       procesados       más.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria     

1 Así  habría  ocurrido  si  se otorga el carácter de prueba a un elemento al cual la  ley   le   tuviese   asignado   un   precario   mérito  probatorio,  según  la  argumentación del actor.   

2 Cfr.  Auto del 27 de mayo de 2003, radicación 20594.   

3 Así  lo tiene establecido el artículo 467 del Código Penal de 2000.     

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