29889(14-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29889   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado Acta N° 189.  

Bogotá  D.C., julio catorce (14) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Procede  la  Sala  a  verificar  las  bases  jurídicas,  lógicas  y argumentativas de la demanda presentada por el defensor  de   RAMÓN  ANTONIO  RUÍZ  SACRISTÁN  con  el objeto de   sustentar el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  contra  el  fallo  proferido por el Tribunal Superior de  Bogotá  de  fecha  noviembre  14  de 2007 a través del cual confirmó el   dictado   por   el   Juzgado   Primero   Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  la  misma ciudad el 25 de septiembre de 2006 que condenó al  mencionado,  junto  con  Carlos  Alfonso Acosta Olaya  y   Rosa  Matilde  Mejía  Velandia,    por    el    delito    de    extorsión  agravada.   

ANTECEDENTES RELEVANTES   

Los   hechos   sustento   del   presente  diligenciamiento,     fueron     declarados     por     el     ad-quem      de      la     siguiente  forma:   

“los sucesos que informan esta actuación  surgen  con  ocasión  de  la  denuncia  formulada  por el señor Mario Alarcón  Pulido  ante  el  GAULA  urbano  de Bogotá, ante quienes refiere que la señora  Rosa  Matilde  Mejía  Velandia,  Carlos  Alfonso  Acosta Olaya y RAMÓN ANTONIO  RUÍZ   SACRISTÁN   le  han  venido  haciendo  exigencias  extorsivas  de  tipo  económico  bajo  amenazas de secuestro y muerte en contra suya y de su familia,  especificando  que en febrero del año 2004 recibió una llamada por parte de la  señora  Rosa  Mejía  quien  lo  citó en la avenida Caracas con 60 para que le  hiciera  entrega de $ 25.000.000; el 29 de abril recibió otra llamada por parte  de  la  misma  señora  junto  con  RAMÓN  RUÍZ  en  la  que se le compelió a  suministrarle  la  suma  de  $  20.000.000, cantidad que efectiva y directamente  entregó a aquella en una residencia de Chapinero.   

Prosigue indicando el denunciante que por la  época  de junio o julio del citado año 2004 recibió otra llamada por parte de  Rosa  desde  la  ciudad  de  Girardot,  en  la  que le comunicó que carecía de  recursos  económicos  y  necesitaba que le consiguiera dinero para devolverse a  la  ciudad  de  Bogotá,  a  lo  que  Mario Alarcón accedió consignando en una  cuenta  bancaria perteneciente a la cuñada de aquella de nombre Martha Acosa un  total   de   $  300.000”.   

Decretada la apertura formal de instrucción  con  fundamento  en  los acontecimientos referidos, se escuchó en diligencia de  indagatoria  a RAMÓN ANTONIO RUÍZ SACRISTÁN, Carlos  Alfonso  Acosta Olaya y Rosa Matilde Mejía Velandia, a  quienes  se  definió  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de  detención preventiva, sin beneficio de excarcelación.   

Posteriormente  se cerró la investigación,  cuyo   mérito   se  calificó  el  17  de  junio  de  2005  por  una  Fiscalía  Especializada  de  la Unidad Nacional Antiextorsión y Secuestro de esta ciudad,  con  resolución  de  acusación  en  contra  de  los  procesados  como posibles  coautores  de  la  conducta  de  extorsión agravada, esto último: “por   consistir  el  constreñimiento  en  amenaza  de  ejecutar  muerte,    lesión   o   secuestro,   según   art.   245   ídem”.   

Ejecutoriada   la   anterior   decisión,  correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  Especializado  de  Bogotá  de  Descongestión,  en  donde, surtido el  trámite  de  ley,  dictó  sentencia  de  primer  grado  el 25 de septiembre de  2006   por   medio   de   la cual  condenó a  los  acusados  RAMÓN  ANTONIO  RUÍZ  SACRISTÁN,  Carlos  Alfonso   Acosta   Olaya  y   Rosa  Matilde  Mejía  Velandia  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito de extorsión  agravada  a  las  penas  principales de ciento ochenta (180) meses de prisión y  multa  en  cuantía  de 4.250 salarios mínimos legales mensuales vigentes, a la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  período  de  diez (10) años y al pago de perjuicios morales por valor  equivalente  a  diez (10) salarios mínimos legales mensuales vigentes, a la vez  que  les negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto  en  contra  de la anterior determinación por los defensores de los  procesados,  se pronunció el Tribunal Superior de Bogotá, mediante providencia  del 14 de noviembre de 2007, confirmándola.   

Contra esta última determinación, de manera  exclusiva   interpuso   recurso  extraordinario  de  casación  el  defensor  de  RAMÓN    ANTONIO    RUÍZ   SACRISTÁN,  razón  por la cual compete a la Sala abordar el estudio atinente  al  cumplimiento  de  los presupuestos de admisibilidad de la demanda presentada  para sustentarlo.   

LA DEMANDA  

Se  formula  un único cargo contra el fallo  con  fundamento  en  la  causal  primera,  motivo segundo, del artículo 207 del  estatuto  procesal  penal, “por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  en  el  sentido  de error de hecho por falso juicio de  raciocinio               (sic)”   

Con   el  objeto  de  demostrar  el  yerro  “y  como para ir ubicando desde ahora lo ilógico y  fuera  de  lo  señalado  por las máximas de la experiencia y el sentido común  que  dio  fruto  al  raciocinio  plasmado por los juzgadores de instancia en las  correspondientes  sentencias”, comienza por extraer,  in  extenso,  aspectos a su  juicio  sobresalientes  de  algunas  pruebas  testimoniales  y,  en el capítulo  siguiente,  refiere al mérito otorgado por los juzgadores de instancia a dichas  probanzas.   

Luego, en el acápite denominado “valoración  herrada (sic) de  los  medios  de prueba”, destaca que  los  fallos condenatorios de primer y segundo grado tienen sustento en la prueba  de  carácter testimonial, fundamentalmente en las declaraciones de Orlando  Alarcón  Pulido  y Viviana  Alarcón  Mejía  “en  donde  ha  habido  el fenómeno de la retractación respecto de  sus  iniciales  declaraciones”, pero sin emprender el  trabajo  analítico  de  comparación  para  determinar  cuál  de  ellas merece  credibilidad.   

Tras  reseñar los motivos expuestos por los  mencionados  declarantes  para  justificar su retractación, en cuanto obedeció  “a  la  influencia  realizada  por  las presiones y  amenazas  de  Mario  Alarcón” la cual cesó para la  diligencia  de  audiencia  pública  y previamente a que rindieran sus versiones  extrajuicio  ante  notario, aduce que en su valoración se vulneró lo dispuesto  en  el  artículo  277  del  estatuto  procesal  penal por desconocerse la mayor  credibilidad que ofrece su exposición durante la vista pública.   

Los juzgadores se apartaron de las reglas de  la  sana  crítica  al  valorar  las retractaciones, sostiene, pues nada dijeron  acerca  del suceso ocurrido el 9 de julio de 2004 “y  los  hechos  indicadores  que  hicieron  que  tal  situación  de  conflicto  se  originara  en  personas   que  antes  de  dicha fecha llevaran (sic)  unas relaciones de cercana amistad  como    era    Mario    Alarcón    y    Rosa    Matilde   Mejía”.   

El  día  aludido,  destaca, se suscitó una  divergencia  entre  los  arriba  señalados  y  RAMÓN  RUÍZ   SACRISTÁN   porque  Mario  Alarcón  reclamó  a  Rosa  Matilde  Mejía  “por  haber  tenido  conocimiento por comentarios de su  hermano  Orlando  de  ciertas  circunstancias  que  este  último decía estaban  planeando  los  procesados  y  que  perjudicaban  al  denunciante”.   

Por  ello  fue  que,  añade,  Orlando    y   su   hija   Viviana  se  prestaron  para  iniciar  el  proceso  en  contra  de  los  sindicados  sin  medir sus consecuencias, lo cual,  aunado  a  otros  aspectos  “fueron los antecedentes  que  motivaron  la  denuncia  de  Mario  Alarcón  Pineda  y  las prácticamente  inmediatas  declaraciones de Orlando Alarcón Pulido y Viviana Alarcón Mejía y  es   dentro  de  dicho  contexto  que  se  debe  (sic)  analizar  las  declaraciones iniciales y la posterior  retractación     que     hicieron     estos    dos    personajes”.   

Además,   las   retractaciones   de   los  mencionados   cuentan   con   serio   respaldo  en  lo  dicho  por  Carlos  Obregoso,  amigo  y  conocido del  denunciante  desde  tiempo  atrás,  permitiendo concluir que todo fue una trama  con el objeto de perjudicar a los procesados.   

En consecuencia, precisa, cuando el fallador  otorga  credibilidad  al  dicho  del denunciante y a las declaraciones iniciales  aludidas  sin  considerar  otras  pruebas,  evidencia la falta de lógica de sus  apreciaciones  y  de  racionalidad en la construcción de las premisas sobre las  cuales se edificó la decisión condenatoria.   

Por     otro     lado,    “ni  el  sentido  común  ni la experiencia demuestran que en una  relación  tan  cercana  de dos personas la una estuviere extorsionado a la otra  con  sumas  tan  exorbitantes  por  espacio aproximado de 6 meses”,  cantidades  cuyo  pago tampoco se logró acreditar en el proceso,  salvo la consignación realizada el 30 de junio de 2004.   

A lo anterior se suma, según el censor, que  no  es  creíble “por las reglas de la experiencia y  el  sentido  común  que  extorsinador y extorsionado se llamen frecuentemente y  esta  última  ocasión  para exigir una mínima suma comparada con lo supuestos  más    de    setenta   millones   que   le   habían   entregado”.   

Lo  que  sí  aparece demostrado, en sentido  contrario,  es  que  el  motivo  de  la  denuncia  instaurada  por  Mario  Alarcón fue anticiparse a la que a  su  vez ya le tenía preparada RAMON RUÍZ.    

Adicionalmente,  aduce  que el Tribunal para  sustentar  la  responsabilidad  de  su  defendido  se  basa en “circunstancias  secundarias”,   como   lo  fue  haber  encontrado  en  su  poder  tarjetas  de  presentación  con el número de placa de vehículos del denunciante, dirección  y  teléfono  y  copia  de  la  denuncia  en  su contra, pero ello no constituye  indicio   de  manifestaciones,  huellas  o  rastros  de  la  conducta  delictiva  imputada.   

Tampoco se puede inferir como indicio de mala  justificación  que  los  procesados  no  hubieran  puesto  de presente desde el  inicio  de  sus  indagatorias  el problema existente con el denunciante, pues no  podían   imaginarse   que  aquél  les  llegare  a  formular  imputaciones  tan  graves.   

Finalmente, el censor destaca el hecho de que  “hizo falta a los juzgadores haberse adentrado más  en  la  posible  causa, origen o circunstancia que pudiera explicar la veracidad  de  las informaciones del denunciante y no llegar  a concluir que el objeto  de  prueba  (extorsión) se dio por probado sin ninguna razón o fundamentación  valedera,  violándose  el  principio  de  la  lógica  denominado  de la razón  suficiente”.   

Con fundamente en lo expuesto, solicita casar  el fallo impugnado y, en su lugar, absolver a su defendido.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Como  el  único  reparo  contenido  en la demanda presentada por el  defensor   de   RAMÓN  RUÍZ  SACRISTÁN   no   cumple   los  presupuestos  legales  de  lógica  y  mínima  argumentación,  la conclusión que se impone adoptar es la de inadmitirla, a la  luz  de  lo  preceptuado  en  los  artículos  212  y 213 de la Ley 600 de 2000.   

La anterior afirmación encuentra sustento en  lo siguiente:   

          1.   Si  bien la causal invocada en la censura es la violación  indirecta  de la ley sustancial, derivada de error de hecho por falso raciocinio  –propuesta consecuente con  la  argumentación  principal  del  cargo en cuanto alude de manera constante al  desconocimiento  de  la  lógica,  el  sentido  común  y a la experiencia en la  apreciación  probatoria-  se  incurre  en  el desacierto de introducir aspectos  incompatibles  con  ese  motivo,  en  desmedro  de  la  indispensable claridad y  precisión  en  la  formulación  del  cargo  a  que  refiere el numeral 3° del  artículo        212        ibídem.               

          Ciertamente,  en la parte final de su disertación el actor traspasa  las   limitantes   propias  del  error  in  iudicando  invocado   para   desviar   su   prédica  hacia  uno  in  procedendo  originado en  el  hecho  de  que  “hizo  falta  a  los juzgadores  haberse  adentrado  más en la posible causa, origen o circunstancia que pudiera  explicar  la  veracidad  de  las  informaciones  del  denunciante  y no llegar a  concluir  que  el  objeto  de prueba (extorsión) se dio por probado sin ninguna  razón o fundamentación valedera”.   

    

          Dicho  de otra forma, el actor esboza un  yerro  de  actividad  procesal bajo la consideración de que los funcionarios no  fueron  lo  suficientemente diligentes para esclarecer los hechos narrados en la  denuncia  formulada  por  el  señor  Mario  Alarcón  Pulido, motivo que constituiría causal de nulidad por  violación   al   principio   de  investigación  integral,  cuyo  escenario  de  discusión  en  esta  sede  extraordinaria  no es la causal seleccionada sino la  tercera.      

          Tal  incorrección,  como  lo  ha  decantado  la  Sala,  tiene  gran  repercusión  frente a la posibilidad de éxito del recurso interpuesto, pues se  trata  de  dos  motivos  excluyentes tanto en su naturaleza como en sus efectos,  porque  es  presupuesto  de  la  causal  primera de casación aceptar la validez  formal  del  proceso  y  del  fallo,  en cuanto el vicio se contrae a errores de  juicio  verificables en este último acto procesal, al paso que la nulidad parte  precisamente                  de                  la                  hipótesis  contraria.                   

    

          En  ese  orden  de  ideas, el actor elabora una propuesta ambigua y,  por  lo  mismo  carente  de  la  lógica  exigida  para admitirla, desconociendo  principios  regentes  de  esta  materia  respecto  de cuya esencia es prolija la  jurisprudencia  de  la Sala, tales como el de autonomía, no contradicción y de  crítica vinculante.   

2.  Pero el anterior no es el único defecto  de  la  censura,  pues fácil se aprecia que la argumentación en su mayor parte  no  se  acopla a la naturaleza del error de hecho por falso raciocinio invocado,  ni  a  ninguno  otro con la entidad de socavar la legalidad del fallo impugnado.   

En tal sentido, comiéncese por advertir que  aun  cuando  pareciera  que  el  casacionista  comprende la noción del error de  apreciación  probatoria seleccionado para emprender la censura, viable para los  casos  en  que en dicha labor el juzgador se aparta drásticamente de las reglas  de  la  sana  crítica,  esto  es,  de  los  principios lógicos, máximas de la  experiencia  o  postulados  científicos,  pues  a  lo largo de la censura alude  reiteradamente  a  la  violación  de  esas pautas, es igualmente cierto que las  razones   esgrimidas   no   se   ajustan   a   esa   específica   modalidad  de  yerro.       

Conviene  recordar que ante una propuesta de  tal  índole  el  demandante está compelido, como primera medida, a identificar  la  prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a establecer el mérito otorgado  al  medio  de  convicción  en  la  sentencia  y  a  la vez señalar cuál es el  postulado  de  la  sana  crítica  en su criterio vulnerado, como ya se dijo, el  principio  lógico,  la  máxima  de  la  experiencia  o  la  regla  científica  quebrantada.   

Acto  seguido,  debe proceder a vincular esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial,  lo  cual le exige exponer los argumentos conducentes a estimar  que   la   sentencia   impugnada   se  debe  modificar  en  favor  del  interés  representado,  como  consecuencia necesaria del error, tarea que ineludiblemente  entraña  abordar  la  totalidad  de  los medios de persuasión en los cuales se  sustenta.            

          En  la censura objeto de estudio se identifican los medios de prueba  sobre  los  cuales  recae  el  yerro. En ese sentido el demandante refiere a las  declaraciones  de Orlando Pulido Alarcón y   su   hija   Viviana  Alarcón  Mejía  y  en  especial  sus  retractaciones,  así  como  el  testimonio     de    Carlos    Obregoso,  pero  la  argumentación presentada dista de la forma correcta de  demostrar un falso raciocinio en la ponderación probatoria.   

          Como   primera   medida,  porque  en  algunos  apartes  confunde  su  naturaleza  con la de otro error de apreciación probatoria, como lo es el error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por omisión al advertir que se viola  la  lógica  cuando el fallador otorga credibilidad al dicho del denunciante y a  las   declaraciones   iniciales   de  Orlando  Pulido  Alarcón  y Viviana Alarcón  Mejía     “sin  considerar     otras    pruebas”,    refiriéndose  específicamente  a  las  retractaciones  de  estos  últimos y al testimonio de  Carlos Obregoso.   

En  segundo  lugar,  surge  más evidente la  incorrección  tras  verificarse  que  el  reparo  no  tiene  por  fin demostrar  apartamiento  alguno  a  las  reglas  de  la sana crítica, porque lo único que  subyace  en  él  es  la exposición de su criterio personal sobre la forma como  han  debido  valorarse,  en  contraste con el mérito otorgado uniformemente por  los  falladores  de  instancia  en  orden  a  no  dar  plena  credibilidad a las  retractaciones  referidas,  tarea  para  la  cual  se  efectuó  una  exhaustiva  valoración  probatoria,  que incluyó, desde luego, el examen del testimonio de  Carlos     Obregoso.   

Con  esa  actitud,  el  censor  desconoce la  naturaleza    extraordinaria    del    recurso    de    casación   –en   cuanto   se   concentra   en  la  producción  de  errores  que  afectan  la  ilegalidad  del  fallo-  y  la doble  presunción  de acierto y legalidad que lo gobierna -en cuya virtud prevalece el  juicio   del   sentenciador   sobre   la  opinión  subjetiva  del  recurrente-.   

En   tercer  orden,  las  referencias  del  casacionista  en  punto de la desatención a la sana crítica, según las cuales  resulta  contrario  al  sentido  común  y  a  la experiencia aceptar que en una  relación  tan  cercana  como  la  existente  entre  procesados y denunciante se  concrete    una    extorsión,    que   entre   extorsionador   y   extorsionado  hubiera     comunicación frecuente y que en una última ocasión  se  exigiera  una  suma  irrisoria  comparada con las solicitudes anteriores, no  ostentan   las   características   de  generalidad  y  universalidad  para  ser  consideradas  en  tal  sentido,  como  así  lo  ha  señalado reiteradamente la  Sala.   

          En  efecto,  nada  obsta,  y así se infiere de la cotidianidad, que  entre  personas  allegadas  por  lazos sentimentales se desarrollen este tipo de  conductas  -e  incluso  algunas  de  mayor  gravedad-  o que en desarrollo de la  coacción  se  entable  contacto asiduo entre la víctima y el sujeto activo del  delito  -pues  cada  conducta tiene sus particularidades- o que, en determinados  casos,  quienes  ejercen  la  exigencia  no  siempre  persiguen el pago de sumas  considerables,    pues,   se   repite,   al   respecto   no   existen   patrones  definidos.   

   

Las incorrecciones señaladas, permiten a la  Sala  razonablemente  concluir  que  la  demanda  no cumple con los presupuestos  contenidos  en  el  numeral  3° del artículo 212 de la Ley 600 de 2000, motivo  por  el  cual,  como  se  había  anunciado en la parte inicial de este acápite  considerativo,  se  impone su inadmisión y  la  devolución del expediente al despacho de origen, tal como lo  señala   el   artículo   213   ibídem.  Además,  porque  no  se  advierte  que  dentro del presente trámite y en la sentencia se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención oficiosa de la Sala.   

Cuestión final:   

No obstante la última precisión, encuentra  la  Sala  que el fallador de primer grado al momento de imponer a los procesados  la  pena  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas  vulneró  el  principio  de  legalidad de las penas, aspecto sobre el  cual nada señaló el Tribunal.   

Sobre ese particular, téngase en cuenta que  si  bien los sucesos por los cuales se procede tuvieron ocurrencia bajo vigencia  de  la  Ley  599  de  2000, esta sanción se impuso por un término de diez (10)  años,  desconociendo  el  contenido  del último inciso del artículo 52 de ese  mismo ordenamiento, según el cual:      

“En  todo  caso,  la  pena  de  prisión  conllevará  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  por  un  tiempo igual al de la  pena  a  que  accede  y hasta por una tercera parte más, sin exceder el máximo  fijado  en  la  Ley,  sin perjuicio de la excepción a que alude el inciso 2 del  artículo  51”  (subrayas  fuera de texto).   

Significa  lo  anterior  que  si  la  pena  principal  de  prisión impuesta a los sindicados Rosa  Matilde    Mejía   Velandia,   Carlos   Alfonso   Acosta   Olaya   –no        recurrentes        en  casación-      y  RAMÓN ANTONIO  RUÍZ          SACRISTÁN         –único  recurrente  en  casación- fue  fijada  en  ciento  ochenta  (180)  meses  (15 años), ha debido la accesoria en  cuestión  cuando menos establecerse por ese mismo lapso y hasta por una tercera  parte  más,  amén  de  que  aún  ante  este  último  quantum  extremo  no se  superaría  el  máximo  de  veinte  (20)  años  establecido en el artículo 50  ibídem   alusivo   a  la  duración de las penas privativas de otros derechos.   

Como  lo  sentenciadores  desconocieron  ese  parámetro,  no  llama  a duda que contrariaron el principio de legalidad de las  penas,  pero  como una modificación en ese sentido comportaría quebranto de la  garantía  de  la  prohibición  de  la  reformatio in  pejus,  según  criterio  mayoritario  de  la  Sala de  aplicación      preferente      sobre     aquel1,  se abstendrá de efectuar la  corrección respectiva.     

     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor de RAMÓN ANTONIO RUÍZ  SACRISTÁN, por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Salvo parcialmente el voto  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

      Salvo parcialmente el voto   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

         Salvo         parcialmente         el        voto                           Salvo parcialmente el voto   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Sentencia de fecha abril 8 de 2008, rad. 28277.      

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