29884(23-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29884  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.198   

Bogotá,  D. C., veintitrés (23) de julio de  dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  JUAN CARLOS PINEDA UCHA-MOCHA en contra de la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Santa  Rosa  de  Viterbo  (Boyacá), mediante la cual confirmó el  fallo  emitido  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito de Duitama (Boyacá),  que  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de treinta y seis meses de  prisión,  veintiséis  salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa y  cuatro  años  de  privación  del  derecho  a  conducir auto-motores como autor  responsable   de  los  delitos  de  homicidio  culposo  agravado    y    lesiones  personales culposas agravadas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El   23   de   marzo   de  2002,  en  la  vía  pública del sector Puente Chámeza,  cerca  de  la  jurisdicción  del  municipio de Nobsa (Boyacá),  aproximadamente  a  las  doce y media de la noche, el automóvil marca Toyota de  placas    RFK-208,    conducido    por    JUAN    CARLOS    PINEDA    UCHAMOCHA,  colisionó    con    la    motocicleta  Yamaha  de placas YAY-87A, manejada por José Héctor    Sierra    Medina,    en   la   que  viajaba   Javier   Casas  Lizarazu  sentado  detrás  del conductor.   

Como  consecuencia del choque, se produjo la  muerte  de Javier Casas Lizarazo y lesiones en el cuerpo de José Héctor Sierra  Medina   que   le  ocasionaron  una  incapacidad  médico  legal  de     noventa     días     y,     como    secuelas,    la   pérdida  anatómica  del  miembro  inferior  izquierdo  y una perturbación funcional del órgano de la locomoción  de carácter permanente.   

De  acuerdo  con las diligencias, JUAN CARLOS  PINEDA  UCHA-MOCHA  no  sólo  manejaba  el automóvil marca Toyota en estado de  embriaguez,  sino que además invadió el carril por el que en sentido contrario  se  dirigía  la  motocicleta  Yamaha.  Así  mismo,  huyó  del  lugar en donde  ocurrió el accidente.   

2.  A raíz de lo  anterior,  la  Fiscalía  General de la Nación ordenó la apertura del proceso,  vinculó  mediante  diligencia  de  indagatoria  a  JUAN CARLOS PINEDA UCHAMOCHA  y  calificó  el  mérito  del  sumario en su contra,  acusándolo    de   las  conductas       punibles      de      homicidio  culposo  agravado      y  de   lesiones  personales  culposas     agravadas  de que tratan los artículos 109, 110 numerales 1 y 2,  116, 117, 120 y 121 de la ley 599 de 2000, actual Código Penal.   

3.  Confirmada dicha  providencia  en  segunda  instancia,  conoció  de  la  actuación  en  la etapa  siguiente  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Duitama (Boyacá), despacho  que       una       vez       adelantó      la      audiencia      pública     condenó    al    procesado    como    autor    de  los   delitos  en  comento a  la  pena  principal  de  treinta  y seis meses de prisión, veintiséis salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes de multa y cuatro años de privación del  derecho a conducir automotores.   

Igualmente,  lo  condenó  a  la pena accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por un  tiempo  igual  al de la pena privativa de la libertad,  así  como  al  pago  de los  perjuicios  derivados  de  la  realización  de  las  conductas,    y,   por  último,   le   concedió   la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  por  un  periodo  de  prueba  de  tres  años.   

4.  Apelada  dicha  providencia  por  el  defensor, el Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo la  confirmó en lo que fue objeto de ataque.   

5. Contra el fallo de  segundo  grado,  interpuso el apoderado de JUAN CARLOS  PINEDA  UCHAMOCHA el recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El   recurrente  planteó  al amparo de la causal tercera de casación  un  único  cargo,  consistente  en  que el Tribunal dictó la sentencia  materia  de  debate  en  un juicio  viciado  de  nulidad  por  afectación  al  principio de investigación integral  consagrado en el artículo 20 de la ley 600 de 2000.   

En  el  desarrollo  del reproche,     adujo    que    el    organismo  instructor  ordenó  la  práctica de una inspección  judicial  al  lugar  en  donde  ocurrieron  los  hechos, en la que un agente del  Cuerpo  Técnico de Investigación de la Fiscalía presentó un informe allegado  a  la  actuación  después de que se ordenara el cierre de la instrucción, que  fue  tenido  en  cuenta  en la providencia acusatoria y del que nunca se corrió  traslado    a    los    sujetos    procesales,    configurándose   por   consiguiente   una   prueba   nula   de   pleno  derecho,  de  conformidad  con lo establecido en el artículo 29 de  la Constitución Política.   

Así  mismo, indicó que el a quo no tuvo en  cuenta  la  sentencia  SU-087  de  1999  de la Corte Constitucional cuando  se negó a practicar las pruebas decretadas en la audiencia  preparatoria  y  que  eran  necesarias  para  establecer  el  desarrollo  de las  actividades  del  procesado antes de la ocurrencia del  accidente,    pues    llevarían   a   establecer   la   inexistencia   de   por   lo  menos  una  de  las  circunstancias  de  agravación,  relativa a la huida  del lugar de los hechos.   

Agregó que la Fiscalía tampoco investigó a  fondo   el   comporta-miento  del  conductor  de  la  motocicleta,  ya  que  no  ordenó la práctica de una  prueba  de  cinética  o  física  con  la  que  se confirmara o desvirtuara las  versiones  de  los  involucrados  acerca del choque automovilístico,   por   lo   que   con   su   práctica  también  se    hubiera    modificado    el   rumbo   del   proceso.   

Sostuvo   que  también   pasó   por  alto  las  inconsistencias  en  las  versiones  que  rindió   José  Héctor  Sierra  Medina,  a  quien  considera   el  verdadero  responsable  del  accidente,  así  como  el  aliento  alcohólico  que  presentaba  según  el  médico  que  lo atendió  y  el  hecho  de  que  no contaba con  licencia  de  conducción, ni mucho menos    con    el   casco   y chaleco necesarios para desplazarse en moto.   

En  consecuencia,  solicitó  a  la  Corte  que  casara  el  fallo impugnado y que, en su lugar,  decrete  la  nulidad  de  lo  actuado a partir de la resolución que definió la  situación jurídica de su protegido.   

CONSIDERACIONES  

1. La Sala, de tiempo  atrás,  ha  insistido  en que la casación es un recurso de ámbito restringido  en  el  que  la  pretensión  de  examinar la legalidad y constitucionalidad del  fallo  no puede estar incluida en un escrito de libre formulación, porque ha de  tener  unos  contenidos  de claridad y coherencia que permitan entender el vicio  que se denuncia, así como la identificación de sus consecuencias.   

Por  lo tanto, la demanda de casación, que  difiere  de  manera  ostensible  de  un  alegato  de  instancia, requiere de una  presentación   lógica   adecuada   a  cada  una  de  las  causales  legalmente  establecidas  para  su  procedencia,  con el respectivo desarrollo de los cargos  que   por   vicios   in   procedendo   o      in     iudicando  se  denuncien, al igual que la demostración de su trascendencia  en la parte dispositiva del fallo impugnado.   

2. Adicionalmente,  cuando  al amparo de la causal tercera de casación se solicita la nulidad de la  actuación  por  vulneración del principio de investigación integral, la Corte  ha  reiterado  que  el  demandante  tiene  la  carga  procesal  de  precisar  las  pruebas  que  se dejaron de practicar, al igual que  demostrar  tanto  la  pertinencia,  conducencia y utilidad de las mismas como la  relevancia  de  la  pretermisión  aludida,  la  cual  no  se  predica del medio  probatorio  en  sí mismo considerado, sino de la confrontación lógica con los  elementos de convicción que sirvieron de sustento a la sentencia.   

De ahí que la sustentación de este tipo de  reproche    no   se   agota   con   “la   presentación  de  una  variedad  de  hipótesis  probatorias  producto  de  la capacidad imaginativa del demandante, sobre las que se especula  a  partir  de  la certeza de los resultados del proceso, sino en el cumplimiento  claro  y  preciso  de los requerimientos que vienen de ser indicados”1.   

3. En el asunto que  centra  la  atención  de  la  Sala, el defensor de JUAN CARLOS PINEDA UCHAMOCHA  dejó  de  cumplir con los más elementales requisitos que en materia de lógica  y  debida  argumentación  le  eran exigibles para efectos de la admisión de la  demanda. Veamos:   

3.1. A pesar de que  planteó  como  único  cargo  la  violación  del  principio  de investigación  integral  contemplado  en  el artículo 20 de la Ley 600 de 2000, el demandante,  durante  el  desarrollo del mismo, se refirió al valor probatorio de un informe  rendido   por   un   agente   del   CTI  allegado  después  del  cierre  de  la  investigación,  con lo cual no sólo confundió la nulidad de la actuación con  la  inexistencia  del  medio probatorio, sino que además debió haber planteado  tal  circunstancia  al  amparo  de  la  causal  primera de casación, y no de la  tercera  como  en  efecto lo hizo, en la modalidad de violación indirecta de la  ley  sustancial  proveniente  de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad.   

3.2.  Así  mismo,  aludió  a  la  práctica  de ciertos medios de prueba que fueron negados por el  funcionario  de  primera instancia en detrimento de la decisión adoptada por la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  SU-087  de  1999, argumento con el que  tampoco  formuló  en  realidad  una  afectación al principio de investigación  integral  (que  alude al deber del funcionario instructor de investigar tanto lo  favorable  como  lo  desfavorable  para  los  intereses del procesado), sino una  vulneración  a  los  derechos de hacer comparecer e  interrogar    testigos    en    las   mismas   condiciones   que   los   de   la  acusación,  consagrados  en        el        literal       f)  del numeral 2 del artículo 8 de la  Convención  Interamericana  de  Derechos  Humanos  y  el  literal  e)   del  numeral  3  del  artículo  14  del  Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y  Políticos    de   la   Organización   de   las   Naciones   Unidas.   

Por  otra  parte,  no  sobra  precisar  que  la    sentencia    SU-087    de   1999   a   que   hizo   mención   el  demandante  se  refiere  a  una  situación     fáctica     y     procesal    muy  diferente  a  la aludida,  pues   en   el   fallo   de  tutela  en  comento  la  afectación  al       derecho       fundamental  obedeció   a   que   el   funcionario  nunca  practicó  las pruebas que había decretado por solicitud  de   la  defensa,  de  suerte  que  su  trascendencia  se  presumía   por  ese  solo  hecho  (“[…]  la  práctica  de  la  integridad de las pruebas que  hayan  sido solicitadas por el procesado y decretadas por el juez hace parte del  debido  proceso y este derecho fundamental resulta vulnerado cuando la autoridad  judicial  obra  en  sentido  diferente”2).   

Lo  que la Sala  observa   que   sucedió   en   el  presente  caso,  por  el  contrario, se circunscribió a la práctica  de    unos    medios    de    prueba    (las   declaraciones   de   Carolina  Buitrago,  Leonardo López y Giovanni Moreno)  que fueron decretados oficiosamente por el juez en la audiencia  preparatoria3  y  que  a la postre fueron desestimados por el mismo funcionario  judicial    en    audiencia   pública4,   tras  considerar  que  no  eran conducentes ni  útiles,  por  cuanto sólo servían  para  verificar  citas  del  procesado acerca de hechos que ocurrieron antes del  accidente,  de  las  cuales  el  demandante  no  dijo,  más  allá de la simple  afirmación,  por  qué estarían llamadas a desvirtuar la agravante relacionada  con la huida del lugar del accidente.   

En otras palabras, la irregularidad expuesta  por  el  demandante no encaja dentro de la situación fáctica contemplada en el  fallo  de  la  Corte  Constitucional,  ni  tampoco se  demostró    la    necesidad    de    practicar  tales  pruebas  después de  haberlas      confrontado     lógicamente con la motivación efectuada por  las instancias.   

3.3.          Adicionalmente,  es  de  destacar  que  si la verificación de las  citas   del   procesado   en   realidad  habría  conducido,  según  lo  que  afirmó  y  no  demostró el  profesional  del  derecho, a descartar la circunstancia de agravación señalada  en   el   numeral   2   del   artículo   110  del  Código  Penal  (atinente  al abandono sin justa causa  del  lugar  de  la  comisión del hecho),   su   irrelevancia  en  todo  caso  seguiría  siendo  manifiesta, pues desde el punto de vista punitivo  no  se eliminaría la imputación por  el  numeral 2 ibídem (influjo de bebidas        embriagantes    al   momento   de   realizar   la  conducta)  y,  por lo tanto, la sanción  impuesta en contra de JUAN CARLOS PINEDA UCHAMOCHA permanecería  incólume,  máxime  cuando  el  a  quo,  dentro  de la individualización de la  misma,  partió  siempre de los mínimos imponibles5.   

3.4.  En lo que  respecta  al  dictamen físico o de cinética que se  extraña,  tampoco  se demostró por qué razones la práctica de dicho medio de  prueba  tendría  la  capacidad  suficiente para haber alterado de alguna manera  significativa  lo  decidido,  pues,  más  allá  de  la  apreciación subjetiva  manifestada  al respecto, el demandante no confrontó  de   manera  lógica  y  coherente  su  postura con la motivación que acerca  de  la  prueba obrante en el proceso efectuó el Tribunal en el fallo objeto del  recurso.   

3.5.  Por  otro  lado, las consideraciones  atinentes  a los aspectos fácticos que el ad quem supuestamente dejó  de  considerar en el comportamiento  que  desplegó  el  lesionado  José  Héctor  Sierra  Medina,  conductor  de la  motocicleta  que fue colisionada por el automóvil que manejaba el procesado, ni  siquiera  aluden  a errores in procedendo  (o de mera actividad en el transcurso  de   la   actuación  procesal),  sino  in         iudicando   (o  de  juicio  al  momento de proferir el fallo),   por  lo  que  debió  haber  sido  formulado  en un cargo distinto al de la nulidad, al amparo de la causal primera  cuerpo segundo de casación.   

Y,  como si lo anterior fuese poco, la sola  enunciación  de  acciones  de  las  que  se podría  derivar  la  vulneración  de  normas  de  tránsito  (como    conducir   sin   el   chaleco   y   casco  reglamentarios,  o  haberle  percibido  al        lesionado       aliento  alcohólico)  de  ninguna manera demuestran desde un  punto  de  vista  objetivo la creación de un peligro jurídicamente desaprobado  que  fuese  determinante para la afectación de los bienes jurídicos llamados a  proteger  (como  son  la  vida  e  integridad física), ni mucho menos conduce a  plantear   la   posibilidad   de   una  acción  a  propio  riesgo  (o     autopuesta     en    peligro  dolosa) por parte de los  ocupantes  de  la  moto  embestida,  que fue lo que en últimas quiso argüir el  demandante con la presentación de su escrito.   

En este orden de  ideas,   el   defensor   de   JUAN   CARLOS  PINEDA  UCHAMOCHA  se  alejó  de  los  principios  de  sustentación suficiente, crítica vinculante, coherencia y  no  contradicción,  principios  que no sólo encuentran arraigo en el carácter  dispositivo  del recurso, sino que además implican que la demanda debe bastarse  a  sí  misma  para propiciar la invalidación del fallo, sin que la Corte pueda  entrar  a  suplir  sus  vacíos  ni  a  corregir sus  deficiencias,  en  la  que sus desarrollos críticos  deben  estar  fundados  en  las causales taxativamente previstas en la ley, así  como  estar  sometidos  a precisos requisitos de forma y contenido conforme a la  causal  o  causales  invocadas,  con  identidad  temática  y  ajustados  a  las  exigencias básicas de la lógica, tanto general como jurídica.   

4. Finalmente,   es   de   anotar   que  no    se  observa  en  el  trámite  procesal  ni  en  el  fallo impugnado  violación   alguna   de   derechos   o   garantías   fundamentales  en  cabeza  del  procesado como para  considerar  necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste a  la Corte a fin de asegurar la protección de los mismos.   

Como  consecuencia     de  todo         lo         anterior,    no  se    admitirá   la  demanda   de  casación  presentada      por      el     defensor    de    JUAN   CARLOS   PINEDA  UCHAMOCHA  en  contra  de  la  sentencia  de segunda  instancia  proferida por  el  Tribunal Superior de  Santa Rosa de Viterbo.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO ADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de JUAN CARLOS PINEDA UCHAMOCHA en  contra  de  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior  de Santa Rosa de Viterbo.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese, cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.              AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                                                                                                              

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                         YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                           JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Sentencia de 4 de mayo de 2006, radicación 22328.   

2 Sentencia SU-087 de 1999.   

3  Folio 217 del cuaderno I de la actuación principal   

4  Folio 223 ibídem.   

5 Cf. folio     

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