29874(02-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29.874  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta 175  

Bogotá,  D.C.,  dos (2) de julio de dos mil  ocho (2008)   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación presentada por  el  defensor  de  ABRAHAM  GARCÍA BORRERO,  contra el fallo del 19 de diciembre de 2007, mediante el cual el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Buga,  confirmó       la  sentencia  adoptada  por el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de  la  misma  ciudad, el 29 de diciembre de 2006, que lo  condenó  por el punible de  secuestro    extorsivo    agravado,    a  la  pena  de veinticuatro (24) años, seis (6) meses de prisión  y,  lo  inhabilitó  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, por el  mismo lapso que la sanción principal.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  resumidos  por  las instancias de la  siguiente manera:   

“En horas de la tarde del día 19 de marzo  de  2000,  cuatro  individuos  inidentificados  (sic) interceptaron a la señora  NELLY  ESPERANZA  BEJARANO  ROCHA cuando salía de visitar a su esposo FERRARIOI  (sic)  POZZI  en  la  penitenciaria Nacional de Palmira y mediante el uso de las  armas  de  fuego  la obligaron a abordar un vetusto automóvil Renault 12, color  verde,  en  el  cual  la condijeron por espacio de dos horas a un sitio donde la  subieron  a  una camioneta blanca de estacas, conducida por EDGAR ORTEGA POZO, y  tras  una  hora  de  fatigoso  recorrido  los secuestradores le facilitaron a la  plagiada  elementos  cómodos  para caminar y a pié la condujeron a un cambuche  improvisado  en la montaña donde finalmente permaneció secuestrada por más de  15 días.   

“En  ese  lugar la señora BEJARANO ROCHA  recibió,  en varias ocasiones, la visita de un individuo a quien en la fecha de  sus  rescate  reconoció  como GIOVANNY GARCÍA RIVERA; y fue objeto de rigurosa  vigilancia  por  parte  de  ABRAHAM  GARCÍA  BORRERO, ALEX, RAFAEL, y un señor  MANUEL”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 10 de marzo de  2005,  la  Unidad Séptima de Fiscalía Especializada  de  Cali, dictó resolución  de  acusación contra ABRAHAM  GARCÍA  BORRERO, por el delito de secuestro extorsivo  agravado.   

2.   El  29  de  diciembre  de  2006,  el  Juzgado  Segundo  Penal del  Circuito   Especializado   de   Buga,   condenó  a  ABRAHAM  GARCÍA BORRERO, por  los  cargos  imputados  y  a  las  penas (principales y accesorias) determinadas  atrás.  Así mismo, el 29  de  octubre  de 2007, el Tribunal Superior de Distrito  Judicial  de  Buga, confirmó  la sentencia recurrida por la defensa técnica.   

3.  Inconforme  el  apoderado  judicial  del procesado, interpuso recurso de casación contra el  fallo  de  segunda  instancia  y  lo  sustentó  mediante  la  presentación del  respectivo libelo, que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Con el auspicio de la Ley 600 de 2000, atacó  el  fallo por violación al principio de investigación  integral  y,  citó  como  normas  vinculadas  a  la  censura, los artículos 20 y 238 del mismo estatuto instrumental.   

Afirmó  el  libelista, por tanto, que en la  sentencia  del  Tribunal  se  dijo  que él como defensor había desistido de la  práctica  de  la  diligencia  de reconocimiento en fila de personas que hubiera  podido  efectuar  la  mujer  plagiada  a  su  prohijado  y el interrogatorio que  hubiese  podido  contestar. Lo asegurado por el Juez Plural no es cierto, porque  él  como  abogado resaltó en el proceso “que si no  se  practicaron, por lealtad y ética profesional, resalté en ese acto público  que  a  pesar  de  los  esfuerzos  de  la  Justicia  no  se  pudieron practicar,  considerando  que  era,  como  dije:  ‘supremamente        importante        su       practica’ (sic)”.   

En el mismo sentido sostuvo que “este  sujeto  procesal desistió de esas dos probanzas no por no  considerarlas  importantes,  como  allí  se dijo y lo sostengo, sino en aras de  ser  leal  con  el proceso”, por imposibilidad de su  realización   al  no  haber  sido  ubicada  la  persona  que  fue  secuestrada,  “¿qué  más  podía  hacer  este profesional sino  desistir  de la probanza y en el acto de audiencia pública proceder a sustentar  mi  intervención  con base, entre otras cosas, a la importancia de que esas dos  pruebas se hubieran practicado?”.   

La prueba, en palabras del demandante, era de  gran  valía,  pero  no  quería  obstaculizar  la  realización de la audiencia  publica,  por  eso  desistió,  en  tanto  que  aclaró,  no  obstante ello, que  ejerció       “una      defensa      técnica  adecuada”.   

Sin más argumentaciones, concluyó el actor,  “que  se  avasalló  el principio de investigación  integral”,  motivo  por el cual, solicitó casar el  fallo   impugnado   y   en  su  lugar  “REVOQUE  LA  CONDENA”,    impuesta.    (Mayúsculas    en   el  texto).   

CONSIDERACIONES                 DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de  ABRAHAM  GARCÍA  BORRERO, no reúne los  presupuestos  mínimos  de  coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la     jurisprudencia     para    admitir    la    demanda    de    casación,  pues  si  bien,  propone como  punto  de  partida  para  lograr  la  infirmación  del  fallo de segundo nivel,  violación   al  principio  de  investigación  integral,  en  su  desarrollo  y  demostración  incurrió  en  graves fallas que atentan contra la filosofía que  inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético  para  asegurar la demostración del ataque  propuesto.   

Son  múltiples  los yerros que presenta la  demanda, por tal motivo, la Sala los puntualiza como sigue:   

Primero:  Mezcló  las  causales  primera y tercera de casación del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  en  un  mismo  texto  argumentativo,  con  tal proceder atentó contra el  principio de autonomía que rige el recurso extraordinario.   

Es preciso indicar, que cada nulidad tiene un  desarrollo   independiente,   debiéndose   identificar  la  clase  de  falencia  (estructura  o garantía), denunciando el sentido en forma autónoma sin mezclar  violaciones  al  debido  proceso  entre  si,  o  al  derecho de defensa y, menos  hacerlas  confluir  –como  en  el  presente  caso-  con el principio de investigación integral por pruebas  dejadas  de  practicar  por  los  funcionarios,  a  fin de demostrar por qué su  premisa  es  consecuente con el proceso, pues no basta, la sola enunciación del  cargo.   

En  ese  orden  de  ideas, imperioso resulta  demostrar  ¿cómo  se  fracturaron  las  bases procesales, ya sea en su aspecto  formal   o   conceptual?,  ¿por  qué  habría  de  retrotraer  lo  actuado  en  instancias?,  ¿de  qué  forma  se  vulneraron  las  garantías  demandadas?  y  ¿cuáles  fueron  las repercusiones y el daño causado con tales vulneraciones?  en desmedro de la ley y de los sujetos procesales.   

Segundo:   La  vulneración    al    principio   de   investigación  integral  –fundamento  de la censura- debe elevarse por nulidad, circunstancia  que desconoció en forma total el actor.   

El     concepto    de    investigación  integral  no  se  traduce  sólo  en  citar, mencionar o señalar algunos medios o un listado hipotético y  subjetivo     de     pruebas:    i)      que      se     dejaron     de     practicar     (solicitadas  y  negadas), ii)  o  las  que  el demandante especule que han debido ser realizadas  (inactividad  probatoria  de  los sujetos procesales,  iii) o aquellas solicitadas  por  la  defensa  (decretadas y no efectuadas: evento  que  debe  ser  atacado  como  violación  al  derecho  de  defensa  y no por el  principio  aludido)  o  las que de verdad demostraban  los    hechos    materia    de   investigación   y   juzgamiento   (no  requeridas  ni  ordenadas  por  los  funcionarios).  Se  debe,  en ilación con lo precedente, proponer en casación,  aquellos  medios  probatorios  ignorados  por  las  instancias, con el objeto de  indicarle  a  la  Sala:  su  fuente,  conducencia, pertinencia y utilidad.    

Tiene un alto significado lo expresado, en el  entendido  que  todas aquellas omisiones probatorias que sean demandadas en sede  extraordinaria      al      amparo     del     principio     de     investigación   integral  deben  excluir  pruebas  inconducentes,  inútiles,  insuficientes,  dilatorias,  superficiales,  vanas  e  ineficaces,  toda  vez que un ataque sustentado en cualquiera de tales  supuestos    probatorios,    no    evidencia    el    menoscabo    al   referido  postulado.     

El  ejercicio  intelectual  del libelista no  cesa  ahí:  es  menester  además  modular  la incidencia favorable, decisiva e  incontrovertible  de  tales  pruebas  contra las valoraciones y conclusiones del  fallo que se está atacando.   

Además  de  lo  anterior,  es  deber  del  demandante   demostrarle a la Corte que los medios probatorios desconocidos  por  los  falladores  al  ser sopesados con los que sirvieron de fundamento para  edificar  la  sentencia  condenatoria; derribaron el grado de certeza aceptado y  construido  por  los  funcionarios,  a  fin  de  ordenar  y valorar –al  retrotraer  la  actuación-  las  pruebas  omitidas, con el objetivo fundamental que impere la verdad, la justicia  y la equidad en la administración de justicia.   

Tercero:   las  embestidas  por  yerros en apreciación de las pruebas corresponde atacarlas por  errores    de    hecho,  seleccionando  alguno  de  los  sentidos  por  falso juicio de existencia, falso  juicio    de    identidad    o    falso    raciocinio    y    de    derecho en las hipótesis de falso juicio  de  legalidad  y  falso juicio de convicción, propias de la vía indirecta, por  violación  de  la  ley  sustancial,  teniendo  en  cuenta  que  también fueron  fusionadas en la misma motivación propuesta por nulidad.   

Cuarto: violentó  el  principio de no contradicción, toda vez que la motivación debe guardar una  unidad  conceptual  de  tal  modo  que  en una misma línea hermenéutica, no es  lógico  afirmar y a la vez  negar alguna circunstancia,  hecho  o  determinada  teoría;  habida consideración que la conclusión sería  producto  de  un  procedimiento intelectivo confuso -como en el caso en estudio-  pues  afirmó  el libelita que el Tribunal mintió al decir que él desistió de  las  pruebas, después adujó que sí había renunciado a su realización y, por  último,  informó  que  así  lo hizo, no obstante ser las pruebas “supremamente importante su practica”.   

Quinto:   El  postulado  de  trascendencia,  prioritario  para  demostrar  el  desatino de los  funcionarios  impreso  en  sus  decisiones,  no  fue ni mencionado por el actor,  amén  que  mediante  la  violación  al  principio  de  investigación integral  solicitó  a  la  Sala  revocar  el fallo de condena, con lo cual su arremetida,  desde  todo  punto  de vista jurídico, decae en insustancial, inane y efímera.   

Se  verifica,  entonces,  que  el demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  ilumina el instituto casacional.   

Los defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir  la   demanda   de   casación,  presentada  a  favor  de  ABRAHAM GARCÍA BORRERO,  de  conformidad con lo consagrado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, tal  y   como  se  ordenará  en  la  parte  respectiva  de  la  presente  decisión.   

C  A  S  A C I Ó N   O F I C I O S  A   

Los juzgadores le impusieron al procesado la  pena  principal  de  veinticuatro (24) años y seis (6) meses de prisión por el  punible  de  secuestro  extorsivo  agravado  y,  a  su  turno, le aplicaron como  sanción  accesoria la inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  “un  período  igual  al de la pena  principal”.   

Entre las consideraciones punitivas expuestas  por  el  A  quo,  se  tiene  que aprovechó por favorabilidad los artículos 169  (secuestro  extorsivo) y 170 (circunstancias de agravación punitiva) de Ley 599  de  2000, sin las modificaciones realizadas a los mismos por la Ley 733 de 2002,  teniendo  presente  que  los  hechos delictivos ocurrieron en junio de 2000, por  tanto,  la  pena que le impuso oscila entre 18 y 28 años de prisión, aumentada  en  una  tercera  (1/3) parte con ocasión de las circunstancias específicas de  agravación  punitiva,  previstas en el parágrafo del artículo 170 del Código  Penal   y   multa   de   2.000  a  4.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.   

En este orden, aseveraron las instancias que  “para  los  efectos  ya indicados se partirá de la  sanción  mínima…  del  artículo  169  Ejusdem, es decir, de la de dieciocho  (18)  años  de prisión, aumentada en una tercera (1/3) parte, en virtud de que  la  privación  de la libertad de la plagiada se prolongó por más de 30 días,  para   imponer   entonces   al   señor   ABRAHAM   GARCÍA  BORRERO  pena principal VEINTICUATRO (24) AÑOS,  SEIS  (6)  MESES  DE  PRISIÓN  y una multa de 2.666,6 Salarios Mínimos Legales  Mensuales  Vigentes,  que  purgará  en  el  centro de reclusión que designe el  señor Director General de Prisiones”.   

Como   se  violentó,  por  parte  de  los  juzgadores,   el  principio  de legalidad de la pena, al haberle adicionado  seis  (6)  meses más a la pena de prisión y cuatro (4) años y seis (6) meses,  a  la  accesoria;  por tal circunstancia, entra la Sala a subsanar los yerros de  manera  oficiosa –toda vez  que  no  fueron  demandados  en casación- respetando los lineamientos punitivos  descritos  por  los  falladores, para de forma inmediata, en defensa y garantía  de   los  derechos  fundamentales  que  le  asisten  al  condenado  ABRAHAM  GARCÍA  BORRERO, con base en la  Ley  599  de  2000,  imponerle  la  pena  principal de 24 años de prisión y la  accesoria  de  inhabilidad en el ejercicio de derechos y funciones públicas por  un  período  de  20  años,  por  mandato  expreso de los artículo 44 y 51 del  Código Penal.   

Sin  que  se  hubiese detectado, alguna otra  violación  a  los  derechos y garantías en cabeza del penado, que la Sala deba  enmendar o corregir.   

Con  fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:         inadmitir  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  sentenciado  ABRAHAM GARCÍA  BORRERO,   en virtud de lo argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo:     Casar     oficiosa     y  parcialmente el fallo de segundo grado de fecha 19 de  diciembre   de   2007,   en   consecuencia,   se   le   impone   a  ABRAHAM     GARCÍA     BORRERO,     la  pena    principal    de  veinticuatro  (24)  años de prisión y la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por un  lapso  de  20  años,  tal  y como se puntualizó en la parte pertinente de este  proveído.   

Tercero:  En    todo    lo    demás   el   fallo   permanece  incólume.   

Cuarto:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Quinto:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

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