29695(28-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29695  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 206  

Bogotá,  D.C.,  veintiocho (28) de julio de  dos mil ocho (2008).   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada por el defensor de CONRADO DE  JESÚS   ROJAS  OCHOA,  contra  el  fallo  del  3  de  diciembre  de  2007,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior   de   Distrito   Judicial   de   Antioquia,  confirmó   la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado  Segundo    Penal    del    Circuito   Especializado   de   Antioquia,    el    17    de   agosto   de   2007,   que   lo   condenó  a la pena principal de 40 años  de  prisión,  por  los punibles de homicidio agravado,  rebelión agravada y secuestro extorsivo agravado.   

H    E    C    H   O   S   

El  11  de diciembre de 1999, al medio día,  una  columna  de  aproximadamente  mil  hombres,  compuesta por las “FARC”   (frentes  9  y  47)  y  el  “ELN”   (compañía  CARLOS      ALIRIO     BUITRAGO),     atacaron  la  población  de San Luis, utilizando cilindros de gas;  dejando  como  resultado: (a)  las  ruinas  el  edificio  de la administración municipal donde (funcionaban la  Alcaldía,  Tesorería,  Planeación,  Almacén,  Sisben, Consejo, Inspección y  las    oficinas   de  Edatel)  y  (b)  destruyeron  también la sede de la Registraduría, el Comando de  Policía,  el  Banco  Agrario,  viviendas  y  locales comerciales ubicados en el  perímetro urbano atacado.     

Producto  de  la  avanzada  guerrillera,  se  produjo  el  deceso  de  los siguientes agentes de la Policía Nacional: ROBERTH  JAIRO  POSADA  LÓPEZ,  JHON  ACEVEDO  MÚNERA, LUIS HERNÁNDEZ LÓPEZ, SALOMÓN  HENAO  VILLADA,  LUIS  FERNANDO  RUANO  PARRA,  IVÁN GUILLERMO PULGARÍN, JULIO  DARÍO, VELÁSQUEZ MESA y LIBARDO GARCÍA ARISTIZABAL.   

Se  les  causó  la  muerte,  así mismo, al  Personero  Municipal  MAURICIO  LEÓN  TELLO y a la ingeniera forestal IRMA ROSA  GUTIÉRREZ.   

Se  produjeron  lesiones  personales  a  lo  agentes  de  la  Policía ALFONSO DE JESÚS CARDONA CASTRILLÓN, FERNANDO FRANCO  NIÑO,  JHON  CORREA  GRISALES, HEINER LOTERO MÚNERA, DEISON MENDOZA SÁNCHEZ y  MARTÍN  MOSQUERA MORENO.   

Por último fueron secuestrados cinco agentes  de  la  policía, por un lapso de 18 a 30 meses, quienes responden a los nombres  de  EDWIN BRAVO MELO, JHON FREDY LÓPEZ PALACIO, JOSÉ MOSQUERA OREJUELA, WILSON  RÍOS NOREÑA y ALFREDO YEPES ARENAS.    

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 12 de abril de  2006,   la   Fiscalía   23   Especializada  UNDH  y  DIH1   de   Bogotá,   dictó  resolución       de       acusación  contra  CONRADO  DE  JESÚS  ROJAS  OCHOA,  por  los delitos de homicidio agravado,  en  concurso  con secuestro  extorsivo  agravado  y  rebelión  agravada. Proveído  recurrido       por       la      defensa      técnica      y      confirmado,  el  20 de junio de 2006, por  la  Fiscalía 11 Delegada ante el Tribunal Superior de  la misma ciudad.    

2. El 17 de agosto  de  2007,  el  Juzgado Segundo Penal Especializado de  Antioquia,                condenó   a  CONRADO  DE  JESÚS  ROJAS  OCHOA,  por  los punibles  imputados,  a  la  pena  de  cuarenta  (40)  años  de  prisión,  multa de diez millones ($ 10´000.000), de  pesos,  así  como  a  la  inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  de  diez  (10)  años. Y por  perjuicios morales  generados   por   las  conductas  ilícitas,  lo  sentenció  a  pagar  la  suma  equivalente  de  treinta  (30)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, a  favor  de  cada uno de los familiares de las víctimas de los homicidios y de 25  smlmv  a  las  personas  ofendidas  con  el secuestro.   

3. El 3 de diciembre  de   2007,   el   Tribunal  de  Antioquia,  en  virtud  de  la  apelación  sustentada  por la defensa   técnica,  confirmó en todas  sus partes, la sentencia proferida por el Juez de conocimiento.   

4.  Contra el fallo  de  segunda  instancia, el defensor del sentenciado presentó el correspondiente  libelo, que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Con  base  en  la Ley 600 de 2000, artículo  207,  el  libelista  planteó  tres  nulidades por violación al debido proceso,  vulneración  al  derecho  de  defensa  y  “que  se  estudie  la  posibilidad de una casación oficiosa”.   

1.   Nulidad   por   violación  al  debido  proceso:   

Informó  el  libelista  que  el  motivo del  ataque   era   por   “violación  a  los  derechos  fundamentales.  Violación  a  principios  rectores. Inobservancia de las formas  propias  del  Juicio.  Vía  de  hecho”  por  haber  existido   “violación  a  los  principios  de  la  dignidad  de la persona humana, de la intimidad, de la presunción de inocencia.  Incurrir  en  vía de hecho al pretermitir la observancia de normas Supralegales  y procedimentales”.   

Para  sustentarla  realizó  un  recuento de  todas  las  actividades  desplegadas  por el funcionario de la Policía Judicial  JUAN  DAVID  PINEDA  PULGARÍN,  quien  desarrolló  labores de inteligencia, en  donde  identificó  a  alias  “JAIRO”,   como  una  de  las  personas  que  participó  en  los  hechos.   

Las tareas investigativas del agente PINEDA,  que  el  actor  reseña  en  varias paginas, se pueden condensar de la siguiente  manera:       (i)  aportó  retratos hablados  de   alias   “JAIRO”,  (ii)  allegó fotografías,  (iii) trajo un “mosaico  fotográfico  con el fin de llevar a cabo diligencia de  reconocimiento”,            (iv)   identificó  y  anexó  una  foto  escaneada  perteneciente  a  CONRADO  DE  JESÚS ROJAS  OCHOA   y  (v) puso a disposición al hoy condenado.   

A  la  par,  con  los  ítems referidos, fue  correlacionando   los   diversos  actos  procesales,  como  la  apertura  de  la  investigación   previa,   la  práctica  del  reconocimiento  fotográfico,  la  iniciación  formal  de  la  instrucción, en donde destacó del auto fiscal que  “se  debe  aclarar  por  parte  del despacho que el  investigador  asignado a las diligencias ha dicho que no ha sido posible obtener  la  identificación  de  JAIRO, es decir sus generales de ley, más sin embargo,  se  tiene  plena individualización e incluso fotografía y la ubicación exacta  del  mismo,  lo  cual  hace  que  por  pare  de  este  despacho  se proceda a la  vinculación  de  la persona conocida con el alias de JAIRO, pues no existe duda  alguna de la persona que se va a vincular”.   

En  un  nuevo  apartado  denominado  por  el  demandante  “análisis  de la afectación al debido  proceso”,      afirmó     que     “el  análisis superficial del acontecer fáctico y la actuación  procesal  que  identifica  la  existencia  el  momento  que  motiva  la censura,  evidencia    el    cumplimiento    de    la   exégesis   supralegal”;  y  de ahí, volvió a referirse a la investigación realizada  por  el  funcionario  de policía judicial PINEDA PULGARÍN, punto por punto, en  donde,  manifiesta:  “observe  la  dignisima  (sic)  superioridad  que  tal  referido  informe  es  lógico inferir que las conductas  ocurren  en  la  secuencia  fáctica  y  cronológica  en que son presentadas al  señor  Fiscal por el subintendente PINEDA”. Además  que  “la  presentación  y formalismo procedimental  que   realiza   el  subintendente  PINEDA  hace  presumir  la  ortodoxia  de  la  actuación”.   

Después  de  referirse  a  los  informes de  inteligencia,  concluye  que  la  individualización  y  captura de su prohijado  estuvo  a  cargo  del subintendente PINEDA, “pero, a  motu  propio,  sin  autorización  ni orden de trabajo impartida por funcionario  competente alguno”.     

Adujo   que  cuando  PINEDA  presentó  un  “extenso   informe   de  54  folios”,      el     proceso     ya     se     encontraba     “prácticamente  instruido”, en forma  tal  que  resulta  contradictorio,  “por  cuanto la  investigación  previa  ya  había sido realizada por el mismo sin autorización  legal”.   

Informó  que  las fotografías obtenidas en  Cereté  por  PINEDA,  “se violentó la intimidad de  mi  defendido.  Todo  ello  esta  contentivo  en  el  testimonio  vertido por SI  PINEDA”.  Y  que  desde  ese  momento,  se  siguió  vulnerando  el  derecho  a  la intimidad de su prohijado y el debido proceso con  los  retratos hablados de JAIRO, los informes de inteligencia, las declaraciones  recibidas  por PINEDA, con las fotografías (fueron tomadas en época anterior a  la  presentación  del primer informe), para con ello realizar un reconocimiento  fotográfico  “totalmente viciada, por la heterodoxa  actuación  del funcionario de polijudicial, quien, en este estadio procesal, se  constituyó evidentemente en ALFA Y OMEGA”.   

La trascendencia, la soportó en el hecho que  el  Tribunal  sostuvo  que “de plano debe rechazarse  la   nulidad   que  plantea  la  defensa,  porque  si  bien  es  cierto  que  el  subintendente  Juan  David  Pineda  Pulgarin,  funcionario de policía judicial,  realizó  labores  de  investigación por su propia cuenta… complementadas con  versiones  que  recibió  de algunas personas… también lo es que tal proceder  no  tiene  efecto  invalidante  de  la actuación cumplida”.   Y  si  fuera  ilegal,  por  vía  de  ejemplo,  adujo  el  censor  resumiendo  al  Juez  Colegiado,  sobre  la  actuación  de PINEDA, “tal  situación  no  tendría  que dar al traste con las pruebas  que con posterioridad practicó la Fiscalía”.   

Reveló   que   antes   de   aparecer   el  subintendente  PINEDA,  nada  se  había  podido hacer ni adelantar “dentro  del  proceso  materia  de  la  individualización de los  partícipes  en  la  toma  al  Municipio de San Luis de Antioquia”,  toda  vez  que  desde  la  ocurrencia  de  los  hechos hasta los  informes  del  funcionario de policía judicial, “ni  en  las  declaraciones  de  miembros  de la fuerza pública y testigos, señalan  siquiera  una  posibilidad  remota en concreto de encontrar una información que  inicie  el  proceso  evolutivo” contra su poderdante  CONRADO    DE    JESÚS    ROJAS   OCHOA.   

En  otros  párrafos  vuelve  y  resume  la  actividad   desplegada   por  el  subintendente,  con  el  objeto  de  fijar  la  trascendencia  y, por último transcribe los artículos 28, 29, 250, 3 y 4 de la  Constitución   Nacional;  el  315  de  la  Ley  600  de  2000,  destacando  una  jurisprudencia  de  esta  Sala del 20 de septiembre de 1994, donde se manifestó  que la violación a los derechos genera nulidades.   

Solicitó  el  defensor,  en  consecuencia,  nulitar   toda   la  actuación  desde  el  preciso  momento  donde  inició  la  intervención  del  subintendente  JUAN  DAVID  PINEDA,  remitiendo  la Corte el  proceso, al Fiscal Especializado competente.   

1.  Nulidad  por  violación  al  derecho  de  defensa:   

La  argumentó  al  habérsele  negado  la  practica  de  unas  pruebas  en  el  juicio,  sosteniendo  que  en  la audiencia  preparatoria  el  Juez  accedió  a  realizarlas  y  para  ello  comisionó a un  funcionario  judicial  radicado  en  el  Municipio  de  Cereté,  donde  debían  declarar    LUCÍA   CORCHO,   RAMONA   RUBIO,   ROSIRIS   SALGADO   y   ARSENIO  ALTAMIRANDA.   

Tales   medios   probatorios   eran   muy  importantes,  “por cuanto estos testigos conocieron  las  actividades  que desarrollaba el procesado en el Municipio de Cereté, para  la  epoca  (sic)  de  los  acontecimientos en los que señalan que presuntamente  intervino   en   actividades   delictivas”.  Siendo  comisionado  el Juez Penal del Circuito de Cereté, funcionario que fijo el 4 de  diciembre  de  2006  para  realizar  los  referidos  testimonios;  no  obstante,  “el  suscrito  profesional  debia (sic) atender ese  día…  otros  compromisos  profesionales”, motivo  por el cual, solicitó nueva fecha para tal efecto.   

El  Juez  devolvió  la  comisión, en donde  indicó  que  la prórroga de términos no era procedente por que el defensor no  acreditó  la causal estipulada en el artículo 163 del Código de Procedimiento  Penal.   

En  la  trascendencia expuso que las pruebas  tenían  el  carácter  de  importantes,  por  los  cargos  imputados  a  fin de  demostrar   que   su   prohijado  trabajaba,  para  la  época  de  los  hechos,  “como administrador de un establecimiento comercial  de  propiedad  de  su hermana”. Por tanto, adujo que  el  artículo  29  constitucional  se  había  afectado  con tal proceder de las  instancias,  siendo  determinante  declarar  la nulidad desde la etapa de juicio  cuando   se   le   negó   la   prórroga  para  la  práctica  de  las  pruebas  testimoniales.    

3. Solicitó casación oficiosa:  

Comunicándole  a  la  Sala que “se  estudie la posibilidad de la casación oficiosa, cuya causal  se  plantea  en  forma  sumaria,  dado  que por motivos de salud… me obligan a  suspender  la  sustentación  del  recurso”,  en el  entendido  que  al  finalizar  la audiencia de juzgamiento, la nulidad planteada  sería resuelta en el fallo condenatorio.   

Indicó   el   actor   que   “estando  todavía  el  expediente para pronunciar el fallo… el  memorial  fue  presentado  dentro  del termino (sic) pero el Centro de Servicios  Administrativos  adujo  que  no  lo  recibía porque no tenía sello del patio y  porque se había indicado el despacho judicial equivocado”.   

Por  lo  tanto,  concluye  el  libelista que  “en  nuestro  humilde  sentir esta grave situación  que  afecta  el  derecho  de defensa debera (sic) ser revisada en forma oficiosa  por  la  dignisima colegiatura”; en consecuencia, le  solicitó      a      la     Corte,     “declare  demostradas” las nulidades propuestas.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de  CONRADO DE JESÚS ROJAS OCHOA, no reúne  los  presupuestos  mínimos  de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados  por  la jurisprudencia para admitir la demanda, pues si bien, propone como punto  de  partida  para lograr la infirmación del fallo de segundo nivel, violaciones  al  debido  proceso  y derecho de defensa, con fundamento en la Ley 600 de 2000,  en  su desarrollo y demostración incurre en graves fallas que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo o hipotético del censor para asegurar la demostración del  ataque propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará  la  calificación  de  la  censura  en  aquellos  puntos  más  sobresalientes a fin  determinar  de  manera precisa, las falencias de mayor impacto, con el objeto de  brindarle  al actor claridad suficiente en torno a los desatinos que presenta su  escrito.   

1.  Sobre la nulidad por violación al debido  proceso.   

No es cualquier discurso jurídico con el que  se  pretenda  la  declaratoria  de  una  nulidad,  ella  en  sí, encierra, unos  presupuestos  mínimos de argumentación, cobertura, precisión y trascendencia,  sin   los   cuales   la   arremetida  contra  la  legalidad  del  proceso  queda  huérfana.    

El           primer yerro del demandante consistió en  presentar  argumentos  subjetivos  sobre  las  valoraciones  que  realizaron las  instancias,     como     aquel     cuando     manifestó     que    “observe   la  dignisima  (sic)  superioridad  que  tal  referido  informe  es lógico inferir que las conductas ocurren en la secuencia fáctica y  cronológica  en  que  son  presentadas  al  señor  Fiscal por el subintendente  PINEDA”;   en   donde  vulneró  el  principio  de  autonomía  que  rige  el recurso extraordinario, al informar que los argumentos  seleccionados  para  motivar una causal, no pueden ser soporte para alegar otra,  pues   la  nulidad  se  pasa  al  falso  raciocinio, sin ningún parámetro  casacional.    

El           segundo   desquicio   que   presenta  la  demanda,  tiene  que  ver  con  la argumentación misma, la cual es enmarañada,  confusa  y  repetitiva;  al  no  ubicar concretamente cuál fue la violación al  debido  proceso  que alegó: si es porque el subintendente hizo bien su trabajo,  laboró  más  de  lo  debido,  realizó  averiguaciones  sin  orden expresa, le  molestó  uno  de los informes allegados por el funcionario investigador de más  de   50   folios  o  porque  desarrolló  todas  las  labores  de  inteligencia,  seguimiento,  identificación y captura de ROJAS OCHOA, cuando la investigación  llevaba  un  tiempo  significativo  sin  que  sucediera  nada extraordinario. No  determinó,  al  fin  y  al  cabo,  en dónde radicaba exactamente la violación  alegada y, mucho menos, la demostró.   

Así  mismo,  la demanda es vaga, genérica,  hipotética   e  inundada  de  frases  incoherentes,  al  exponer  por  ejemplo:  “el  análisis superficial del acontecer fáctico y  la  actuación  procesal  que  identifica la existencia el momento que motiva la  censura,  evidencia  el  cumplimiento  de  la  exégesis  supralegal”,   sin   percatarse  –rescatando  algunos  puntos  de lo argumentado – que está atacando  la  persuasión  racional  expuesta  a  los  diversos medios probatorios por los  juzgadores,  en la sustentación de un cargo elevado por nulidad; situación que  en  forma  inmediata  inhabilita  la  censura  para  su  futuro  estudio,  al no  corresponder  el  enunciado  con  la  motivación  realizada por el actor, ésta  ultima,  la  hizo  depender  de  otra causal, la cual, además atenta, contra el  postulado de claridad.   

Circunstancia por la cual el escrito-demanda,  podría  ser  cuando  menos,  un  memorial  de  instancia,  el  que  habría que  desentrañarle, de todas forma, sus pretensiones.     

Viene  afirmando la Sala desde tiempo atrás  que  el  desconocimiento  al debido proceso2,    debe  apoyarse       en      cuatro      columnas      primordiales:      (a)  la identificación concreta del acto  irregular;    (b)    la  concreción  de  la  forma  como  éste afectó la integridad de la actuación o  conculcó  las  garantías  procesales; (c)  la explicación trascendente de por qué es irreparable el daño,  es  decir  demostrando  su lesividad y, (d)  el  señalamiento del momento a partir del cual debe reponerse la  actuación.   

Deberá conjugar el actor, los principios que  orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades  y su convalidación, como los de  concreción,  trascendencia,  protección, taxatividad, residualidad, seguridad,  entre  otros,  previstos  en  el artículo 310 de la Ley 600 de 2000, para de la  mano  de  ellos, constatar el grado de afectación, potencialidad y consecuencia  inmediata.   

Afirmó  el  demandante  que se presentó un  análisis  superficial  de  las  pruebas,  pero  en  gracia  de  discusión,  no  demostró  en  dónde  estaba  el  error;  dijo que las pruebas aportadas por el  investigador  fueron  traídas  por fuera de términos, vulnerándose así mismo  el  derecho  a  la  intimidad,  sin  identificar  cómo,  por  qué y en cuáles  condiciones  sucedió  ello;  tampoco  explicó  el motivo por el cual se debía  invalidar   las   pruebas   legalmente   aportadas,   menos   aún,   cuál  fue  específicamente  la  actuación  del  funcionario  de  policía  judicial,  que  perjudicó  en  grado  sumó  el debido proceso, de esa compilación de labores,  las  que  al  parecer, no convencieron al libelista, toda vez que incriminaron a  su prohijado.       

El Tribunal, sin que sea considerada como una  respuesta  de  fondo,  sino  como  una  labor  pedagógica  que  la  Sala  viene  adelantando  adicional  a  sus  funciones,  les  indicó  a  las  partes que los  informes  realizados  por  el  subintendente, no fueron fundamento para condenar  -así  los  hubiera,  como  sucedió,  ratificado el funcionario- a ROJAS  OCHOA,  pues  la jurisprudencia es  clara  al  respecto  y,  solamente,  los tomó como criterios orientadores de la  investigación.   

Además   adujo   el   Juez   Plural  que,  “si  en  gracia  de  discusión se admitiera que la  actuación  cumplida  por  el  subteniente  Pinera  Pulgarín  fue  ilegal y, en  consecuencia,  se  concluyera  que  todo  lo  que  hizo  dentro  de ese marco de  funcionalidad  carece  de  eficacia  probatoria;  lo  cierto del caso es que tan  especial  situación  no  tendría  por  qué  dar  al traste con la validez que  tienen  las  pruebas que con posterioridad practicó la fiscalía, máxime si se  tiene  en  cuenta  que  ninguna  de  las entrevistas recibidas por el mencionado  servidor  público  sirvió de fundamento a la condena, sino las ratificadas por  el funcionario a cuyo cargo estaba la respectiva investigación”.   

2. Sobre la nulidad por violación al derecho  de defensa:   

Manifestó  el  demandante  que  no  se  le  concedió  una  prórroga  y  por  ello  se  le  vulneró  el derecho de defensa  técnico.  Este  ataque guarda las mismas imprecisiones del anterior, el cual se  sustentó  mediante  conjeturas,  suposiciones y discrepancias en los que fundó  la  motivación,  toda  vez que las pruebas sí fueron aceptadas, ordenadas y se  les  asignó  una  fecha  para su practica. Problema diverso es que el togado no  hubiese  podido  acudir  a  su  desarrollo  en  el  entendido  que  tenía otros  compromisos  profesionales,  sin  percatarse  que  la  Ley  600  de  2000, en su  artículo  163,  ordena  que  la  parte  debe  demostrar  su  inasistencia a las  diligencias      por      causa     “grave     y  justificada”  lo  cual  omitió,  como  bien  se le  resolvió en instancias.      

La Jurisprudencia3  viene  sosteniendo de manera  reiterada  y  pacífica  que  cuando se aduce la causal tercera de casación, el  demandante  debe  concretar  los  fundamentos  de  la  especie de nulidad que se  invoca,   las  normas que se estimen infringidas y, precisar de qué manera  la  irregularidad  procesal  denunciada repercutió definitivamente afectando el  trámite  surtido  que  culminó  con  la expedición de la sentencia impugnada,  pues  el  recurso extraordinario, en cuanto a esta causal se refiere, no ha sido  establecido  para  poner  en  evidencia  cualquier  clase  de  irregularidad sin  trascendencia   alguna   dentro   del   proceso,   sino   solo   aquéllas   que  inexorablemente  conducen  a  su  invalidación,  debiendo  asimismo  el  actor,  indicar el trámite cuya reposición se impone.   

Especificándose, en la violación al derecho  de  defensa, si es técnica o material, su cobertura o radio de protección, las  disposiciones  infringidas,  el estado en el que debe permanecer la actuación y  demostrar  que  los  principios  que rigen las nulidades se hubieren superado, a  fin  de  determinar  la concreta actuación al haberse lesionado tal garantía y  su  especifica  incidencia  en  el  juicio.  Nada de ello realizó el libelista,  dejando  su  inconformidad  sumida  en  un  ataque  de  instancia,  desde luego,  insustancial, efímero y precario.   

3.   Sobre   la   petición   de  casación  oficiosa:   

El  demandante le solicitó a la Sala que le  hiciera   y   sustentara    una   casación  oficiosa  porque  “para  el  momento  en  que  finalizaba  la audiencia pública de  juzgamiento  la  dignisima  titular  de  la  judicatura Ad quo manifiesta que la  petición  de  nulidad sera (sic) resuelta para el momento en que se produzca el  fallo condenatorio”.   

Es  absoluto  el  desconocimiento  del actor  respecto  al recurso extraordinario de casación, en donde debe aclararse que no  es  una  tercera  instancia,  tampoco  el  libelo es de libre confección, menos  aún,  excluyendo  la temática jurisprudencial y las normas que la disciplinan.  Por  el  contrario,  es  rogado,  debe  argumentarse  con lógica jurídica, sin  entremezclar  cargos ni causales, en forma clara, nítida y coherente, dejando a  un  lado, cualquier conjetura, suposición o hipótesis, válidas únicamente en  instancias, pero inaceptables, en sede casacional.   

Por  tanto, es deber del demandante, sopesar  todas  las  alternativas  y, si es como lo anuncia, no podía seguir sustentando  el  recurso  porque  estaba  enfermo, ello no puede traducirse en excusa para la  Sala  admitir  la demanda, edificar, motivar y sustentar un cargo nuevo, diverso  a  los escogidos por el actor; y con el auspicio del Ministerio Público, fallar  en   consecuencia;   puesto   que   no   puede  convertirse  en  juez  y  parte,  contraviniendo   los   postulados  orientadores  del  instituto  y  abrogándose  funciones  que  desquician  los  derechos  adquiridos  por las partes, contra la  igualdad,  imparcialidad,  justeza  y equidad reconocidos como la esencia de sus  funciones cotidianas.    

No  le  bastó  al  actor  adentrarse  con  solicitudes  inusitadas,  inusuales y por fuera de los lineamientos normativos y  jurisprudenciales,  como la casación oficiosa pedida atrás; además pretendió  guiar  el enfoque del ataque, sugiriéndole a la Corte la causal y los hechos en  los   que   debía   motivarla,   supliendo   las  funciones  contractuales  que  obligatoriamente  le  correspondían  al  censor  realizar,  lo cual es absurdo,  ilógico   y   por   fuera   de   los  cánones  jurídicos  en  esta  clase  de  actuaciones.    

Se  verifica,  entonces,  que  el  libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  ilumina el instituto casacional.   

Los defectos sustanciales enunciados atrás,  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir la demanda de casación,  presentada   a   favor  de  CONRADO  DE  JESÚS  ROJAS  OCHOA,  de  conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000; sin olvidar que, estudiado el proceso, no  se   percibe  en  su  contexto,  que  se  hubiese  violentado  alguna  garantía  fundamental  que  amerite  el facultativo ejercicio de la oficiosidad, en virtud  de   los   dispuesto   en  el  artículo  216  de  la  misma  obra  instrumental  citada.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E  S   U  E  L  V  E   

Primero:  inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de     CONRADO     DE    JESÚS    ROJAS  OCHOA,  en  virtud  de  lo  argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo Contra     la     presente    decisión    no    procede    recurso  alguno.   

Tercero: Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  Unidad    Nacional    de    Derechos    Humanos    y    Derecho    Internacional  Humanitario.   

2 En el  mismo  sentido, Corte Suprema de Justicia: radicación 16.363 del 30 de julio de  2002.   

3 Corte  Suprema de Justicia: radicación 14.161 del 3 de marzo de 2000.     

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