29681(25-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29681  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 171   

Bogotá, D. C., veinticinco (25) de junio de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  defensor  de  JUAN   CARLOS  CASTRO  PINZÓN  contra  la  sentencia  del  31  de  octubre de 2007 mediante la cual el Tribunal Superior de  Cartagena  confirmó  el  fallo  adoptado  el  29 de mayo de 2006 por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, que condenó al mencionado  procesado  a  la  pena  principal  de  15  años de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo término, como autor del delito de homicidio.   

HECHOS  

          El  11  de  julio de 2004, en horas de la noche, cuando Rafael   Enrique   Bustillo   Muñoz   se  disponía  a  ingresar  a su residencia situada en el barrio Crespo de la ciudad  de  Cartagena,  un individuo se le acercó y le propinó cuatro impactos de bala  en  la cabeza, a consecuencia de lo cual se produjo su deceso en momentos en que  era trasladado a un centro asistencial.   

          Gracias  a  las indicaciones del hijo de la víctima, quien observó  los  insucesos  y  proporcionó  a las autoridades las características físicas  del  agresor,  así  como  las  prendas  que  vestía,  se  logró la captura de  JUAN  CARLOS  CASTRO  PINZÓN  cuando  se  movilizaba  en  un  vehículo de servicio público en la entrada del  barrio la Esperanza de la mencionada ciudad.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   El   trámite  de  la  investigación  correspondió  a  la  Fiscalía  Novena  Seccional de Cartagena, despacho que la  inició  el  13 de julio de 2004 y luego escuchó en indagatoria al aprehendido,  a  cuyo  término  le resolvió situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención preventiva por el delito de homicidio, según decisión del 19 de  los mencionados mes y año.   

2.  Vencida  la  fase  instructiva,  el 2 de  noviembre  del  mismo  2004  el  fiscal  la clausuró, tras lo cual calificó el  mérito  del  sumario, habiendo proferido resolución de acusación en contra de  JUAN  CARLOS  CASTRO  PINZÓN  por   el  delito  de  homicidio,  pronunciamiento  emitido  el  7  de  diciembre  siguiente,  siendo  confirmado  el  7 de enero de 2005 por la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Cartagena ante la apelación interpuesta por la  defensa.     

3.  La  etapa del juicio corrió a cargo del  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la  precitada  ciudad,  cuyo titular  celebró   las   audiencias   preparatoria   y  pública  del  juzgamiento  para  posteriormente  poner  término a la instancia con la sentencia condenatoria del  29  de  marzo de 2006, confirmada por el Tribunal Superior de Cartagena el 31 de  octubre  de  2007  al  desatar  la alzada promovida por el defensor del acusado.   

4.  El  mismo  profesional  del  derecho  en  mención  impugnó  el  fallo  de  segunda instancia por vía del extraordinario  recurso  de  casación, habiendo instaurado oportunamente la respectiva demanda,  de cuyo examen se ocupa la Sala en la presente determinación.   

LA  DEMANDA   

          La  defensa  formula  tres  cargos, el primero a título principal y  los dos restantes a modo subsidiario.   

          Primer cargo:   

          Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación  sostiene  que la  sentencia  se  dictó  en  un  juicio  viciado de nulidad por haberse violado el  principio  de  investigación integral que condujo al desconocimiento del debido  proceso y del derecho de defensa.    

          Para  sustentar  el  reproche aduce que frente a la exculpación del  procesado  consistente  en  encontrarse  visitando  a  su  señora  madre cuando  ocurrieron  los hechos, era deber del ente investigador practicar varias pruebas  con  miras  a  verificar  o  descartar dicha hipótesis defensiva, lo cual no se  hizo.   

Las  pruebas dejadas de practicar, añadió,  son:  En  primer  lugar, el testimonio del señor José  Joaquín  Martínez  Gutiérrez,  conductor  del  taxi  donde  se  desplazaba  el acusado cuando se produjo su aprehensión, persona que  hubiera  podido informar de manera detallada sobre las circunstancias de tiempo,  modo    y    lugar   en   que   recogió   a   CASTRO  PINZÓN.  El  testimonio,  según  el  demandante, fue  ordenado  en la resolución de apertura de la instrucción y en desarrollo de la  investigación  la  defensa  insistió en su práctica, sin haberse recepcionado  ni  siquiera  en la etapa del juicio, a pesar de sugerirlo así en su momento la  fiscalía de segunda instancia.   

          En  segundo  lugar,  las  declaraciones  de los efectivos policiales  Jaime     Manuel     Pedro    Yanes    y   Jhony  Acosta Balbín,  quienes  participaron  en  la  captura  del  procesado y como tal  suscribieron  el  correspondiente  informe  oficial. En opinión del censor, con  tales  testimonios  se  pueden  establecer  las  dificultades que se presentaron  durante   el   seguimiento   y   persecución   adelantado  contra  CASTRO  PINZÓN,  así  como clarificar la  “situación   irregular  respecto  al  ‘reconocimiento’  del  sospechoso que hiciera el menor  hijo  de  la  víctima y hasta donde (sic) tal   procedimiento   no   fue   sugestivo   o  inducido  por  tales  policiales”.   Estas  pruebas,  precisó  el  actor,  también   se   ordenaron   en   el   curso   del   proceso,   pero   nunca   se  evacuaron.   

          Consideró   que   las   omisiones   probatorias   en  mención  son  trascendentes,  porque  los  testimonios  echados de menos eran importantes para  determinar  si  la  persona  capturada  es  la  misma que ocasionó la muerte al  señor     Rafael    Enrique    Bustillo.  Más  aún,  es  del  parecer  que de haberse recepcionado dichas  declaraciones,  ello  “hubiera significado con mucha  probabilidad  de que la valoración, en contexto, de la prueba recaudada hubiera  favorecido    al    procesado    y    la    decisión   pudo   haber   sido   de  absolución”.   

          Pidió,  en esas condiciones, retrotraer la actuación a la fase del  juicio  a  fin  de  practicar las pruebas que faciliten y posibiliten la defensa  del acusado.   

          Segundo cargo:   

          Con  sustento  en  la  causal  primera  de  casación,  denuncia  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de derecho derivado de  falso  juicio de legalidad, que condujo a aplicar indebidamente el artículo 103  del  Código  Penal  y  a  no  aplicar  los  artículos  29  de la Constitución  Política y 8, 13 y 232 de la Ley 600 de 2000.   

          Al  desarrollar la censura sostiene que la condena se fundamentó en  los  testimonios  de  Amira Regina Bustillo de Vergara  y  del  menor  Juan  Manuel  Bustillo  Succar,  a  quienes  la  defensa  no tuvo la  oportunidad  de  contrainterrogar,  pues  se  recepcionaron  al  comienzo  de la  investigación,  sin  comunicarse  previamente  al  respectivo  profesional  del  derecho   y   sin   efectuarse   los  esfuerzos  suficientes  para  practicarlos  nuevamente,   pese   a   así  ordenarse  a  solicitud  de  la  propia  defensa.   

          Reconoce  el  actor que el derecho de contradicción no se reduce al  contrainterrogatorio,  pues  se  puede  ejercer de otras maneras en los casos de  tornarse  imposible  la  asistencia  del testigo al proceso. Sin embargo, estima  que  este  no es el caso aquí presentado, pues ninguna constancia se dejó a lo  largo  de  la  actuación acerca de los motivos razonables de la no concurrencia  de  los  declarantes  a  cumplir  con  el  deber  de testificar. Por eso, es del  criterio  de  resultar imperioso aplicar la regla de exclusión consagrada en el  artículo  29  de  la Constitución Política en relación con las declaraciones  de  los  deponentes  en  mención,  en  cuanto  se  practicaron  sin  la  debida  contradicción, lo cual impedía su valoración por el juzgador.   

          Tras  señalar que el derecho a contrainterrogar al testigo de cargo  está  contemplado  tanto  en  la  norma  constitucional  en  cita  como  en los  artículos  8.2 de la Convención Americana de Derechos Humanos y 14.2 del Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y Políticos, concluyó que de excluirse los  testimonios   de  Amira  Regina  Bustillo  de  Vergara  y  del  menor  Juan  Manuel  Bustillo  Succar,  por  ser  ilegales,  quedarían con  validez  solamente las exculpaciones del procesado, así como las pruebas que lo  favorecen,  las  cuales  permiten  únicamente  soportar  un  fallo de carácter  absolutorio,  razón  por  la  cual  solicita  casar  la  sentencia  impugnada y  proferir la de reemplazo en el sentido indicado.    

          Tercer cargo:   

          Bajo  el  auspicio también de la causal primera, acusa la sentencia  de  incurrir  en violación indirecta de la ley sustancial por violar las normas  de  la  valoración  probatoria,  lo  cual condujo a no reconocerse el principio  in   dubio  pro  reo.              

          Sobre  el particular señaló que en el proceso existe una gran duda  en  torno a la responsabilidad del procesado, por cuanto las únicas pruebas con  las  cuales  se  sustentó  la  condena  son  las  declaraciones de Amira  Regina  Bustillo  de  Vergara  y del  menor   Juan   Manuel   Bustillo   Succar,   pero   dichos   testimonios   no   ofrecen   serios  motivos  de  credibilidad,  pues  son controvertidos con la prueba técnico-científica de la  absorción  atómica,  la  cual  resultó  negativa.  Además,  considera que el  reconocimiento  efectuado  por  el  menor  es  ilegal, porque se realizó sin la  presencia  de  su  defensor  e  insiste  en que las mencionadas declaraciones no  pueden  tenerse  en  cuenta,  en  razón  de  no  haberse dado la oportunidad de  ejercer respecto de ellas el derecho de contradicción.   

          Las  anteriores  situaciones,  para  el  casacionista,  generan  una  inmensa   duda   que   impone   la   aplicación   del   principio  in  dubio  pro  reo. Su no reconocimiento,  añadió,  implicó desconocer los artículos 232, 237, 238 y 7º del Código de  Procedimiento  Penal y el 29 de la Constitución Política, normas que obligan a  aplicar  el  citado  principio cuando existan dudas que no permitan arribar a la  certeza  del  hecho  y  responsabilidad  del  procesado, dudas que de haber sido  advertidas  por  el  sentenciador  hubieran  llevado  a  absolverlo,  para  cuyo  propósito pide entonces casar el fallo impugnado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          En  razón  del carácter extraordinario del recurso de casación y,  consecuentemente,   para   diferenciarlo   de  los  alegatos  de  instancia,  el  legislador  en  el  numeral  3º  del artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  impone  al demandante el cumplimiento de unos presupuestos de adecuada y  lógica   sustentación,  sin  los  cuales  el  libelo  estará  llamado  a  ser  irremediablemente   inadmitido,   conforme   lo   establece   el  artículo  213  ibídem.   

          Tales  requisitos  se  relacionan con la acertada enunciación de la  causal  y  con la adecuada formulación del cargo, para lo cual se deben indicar  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se  consideran  infringidas.  A  esos  presupuestos,  los  cuales  operan  de manera  general  para  todas  las  causales, es necesario añadir las directrices que la  jurisprudencia  de la Corte, a efectos de la cabal comprensión de los reproches  denunciados,  ha  establecido  en  forma  particular respecto de cada uno de los  motivos de casación.   

          Procede,  entonces,  la  Sala a examinar si los reproches contenidos  en   la   demanda   instaurada   por  el  defensor  del  procesado  JUAN   CARLOS  CASTRO  PINZÓN  satisfacen  tales requisitos.   

          Primer cargo. Nulidad:   

          El  actor  lo  hace  consistir  en  la  violación  del principio de  investigación  integral  desencadenante  de la afectación del debido proceso y  del  derecho  de  defensa,  por  la  omisión  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales de practicar algunas pruebas testimoniales.   

          La  Sala tiene dicho que en sede de casación, por regla general, no  resulta  adecuado aducir simultáneamente la vulneración del derecho de defensa  y  del  debido  proceso,  pues  se  trata de dos motivos de nulidad con distinta  naturaleza,  en  cuanto  el  primero    es    un    vicio   de   ga­rantía       y      el      segundo      de      estruc­tura  “que  deben   ser   postu­lados,  desarrollados  y  demostrados  autónoma­mente    en    sede    de   casación,   indicando   y   comprobando  nítida­mente    las  irregularidades  que  son  propuestas  como  principal  y  secundarias, pues las  consecuencias   que   dimanan   de  la  eventual  existencia  de  una  de  ellas  pue­den  afectar de manera  diferente  y  desde  distinta oportunidad el trámite del proceso”1.   

         El  censor,  contrario  al  lineamiento  fijado  por la Corte, en el  mismo  reproche  predica  el desconocimiento del derecho de defensa y del debido  proceso,  sin  explicar por qué en este caso sí procedía fusionar en el mismo  cargo esos dos motivos de nulidad.   

Ahora bien, cuando se argumenta vulneración  del    principio    de    investigación    integral   no   basta   –ha  insistido  la  Sala  en  ello- con  relacionar  los elementos de prueba no practicados en el curso de la actuación,  sino  que  es  necesario  explicar  razonadamente que esos medios de convicción  eran  procedentes,  por  estar  admitidos  en  la  legislación  procesal penal;  conducentes,  por relacionarse directamente con el objeto de la investigación o  del  juzgamiento;  y  factibles  de  practicar,  puesto  que los funcionarios no  están  obligados  a  intentar  la realización de lo que no es posible lógica,  física ni jurídicamente.   

Además,  en  la  medida  de  lo posible, se  requiere  efectuar  una  aproximación  al  contenido  material  de  las pruebas  supuestamente  omitidas,  para brindar a la Sala la oportunidad de confrontar el  aporte  de  aquellos  elementos  de convicción con las motivaciones del fallo y  así   poder   concluir   si   en  realidad  se  han  vulnerado  las  garantías  fundamentales del procesado.   

La postulación en sede casación de un cargo  por  violación  del  principio  de  investigación  integral obliga al censor a  discernir,  igualmente,  sobre  la  manera como las pruebas dejadas de practicar  tenían  capacidad  de  incidir  favorablemente  en la situación del procesado,  bien  sea  en cuanto al grado de responsabilidad que le fue deducido, o frente a  la  sanción  punitiva  que  le  fue  impuesta  o simplemente porque el conjunto  probatorio  que se echa de menos podría desvirtuar razonablemente la existencia  del   hecho  punible  o  acreditar  circunstancias  de  beneficio  frente  a  la  imputación           que           soporta2.   

          En  el  caso  sometido  a  estudio,  se observa que el demandante se  limitó  a  relacionar  tres  testimonios  cuya  práctica  no  se realizó. Sin  embargo,  omitió  fundamentar  la  factibilidad  de su recaudo, obligación que  surgía  de indiscutible necesidad en este caso si se observa que en el curso de  la  investigación  la  fiscalía comisionó a la Sijín de la Policía Nacional  para   efectos   de   recepcionar  esos  y  otros  testimonios,  sin  resultados  positivos3.   

          El  actor  tampoco  realizó  esfuerzo  alguno  para  aproximarse al  contenido  material  de  las  pruebas echadas de menos, pues se circunscribió a  señalar  que  los  testigos  podían  declarar  de  manera  genérica sobre las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que  se produjo el seguimiento,  persecución   y   la  aprehensión  del  procesado,  así  como  la  situación  irregular,  según  considera,  ocurrida con posterioridad a la captura relativa  al reconocimiento efectuado por el menor hijo de la víctima.   

Pero  su  discurso,  se  insiste, en momento  alguno  se  encaminó  a  procurar referir el sentido concreto de tales pruebas,  privando  a  la Sala de los elementos de juicio necesarios para determinar si en  realidad  esos  medios  de  convicción  revisten  capacidad para desvirtuar los  fundamentos probatorios del fallo.     

          Consecuente  con  lo  anterior, omitió explicar la trascendencia de  la  irregularidad  denunciada,  pues  no  realizó la valoración probatoria del  caso,  confrontando  las  pruebas  con las cuales se soportó la condena con las  dejadas  de  practicar,  en orden a demostrar que de haberse recaudado éstas la  decisión  hubiese sido diametralmente opuesta a la adoptada por el Tribunal, de  modo  que  el  remedio extremo de la nulidad se erige como única solución para  restablecer  las  garantías  fundamentales  vulneradas.  A  este  respecto,  el  libelista  se  conformó  con predicar que la apreciación conjunta de la prueba  “hubiera favorecido al procesado y la decisión pudo  haber   sido   de   absolución”,  sin  acometer  la  consiguiente  tarea  de valoración suasoria, como lo exige el rigor técnico de  la casación.   

          Las  falencias  advertidas  impiden  a  la  Sala  admitir  el primer  cargo.   

          Segundo     cargo.     Violación    indirecta    por    error    de  derecho.   

          Según  el  casacionista,  el fallador incurrió en error de derecho  por  falso  juicio  de legalidad cuando apreció los testimonios de Amira  Regina  Bustillo  de  Vergara  y del  menor   Juan   Manuel   Bustillo   Succar,  pese  a no haber contado con la oportunidad de contrainterrogar a  los  declarantes,  pues su práctica se realizó al inicio de la investigación,  sin  previa  citación  de  su  defensor y sin que con posterioridad se hubiesen  ampliado esas declaraciones.   

          Como  lo  tiene  precisado  la Sala, el falso juicio de legalidad se  presenta  cuando  el funcionario judicial desconoce las normas reguladores de la  formación  o producción de las pruebas, ya sea por apreciar un medio de prueba  no  obstante  no  cumplir  dicha  normativa  o  porque  lo  excluye  a  pesar de  satisfacer  tales  reglas.  Para  su  demostración  es  deber  del casacionista  identificar  la  prueba indebidamente apreciada, señalar las normas que regulan  su  formación,  acreditar  el  error  y demostrar su trascendencia frente a las  conclusiones   del   fallo                  

          El   actor   no   cumplió   a   cabalidad   tales   exigencias   de  fundamentación,  pues  a  pesar  de señalar que no pudo contrainterrogar a los  testigos,  se  abstuvo de indicar las normas legales que imponen como condición  para  la  validez  de  pruebas  de esa naturaleza ejercitar respecto de ellas el  derecho a contrainterrogar.   

          En  realidad,  lo  que en el fondo aduce el actor es la vulneración  del  derecho de defensa del procesado por la imposibilidad de contrainterrogar a  los  testigos  de cargo. Pero, en ese sentido, resulta claro que una censura con  ese  alcance debió postularla por la vía de la causal tercera, acreditando por  qué  era  necesario en este caso ampliar los testimonios de dichos declarantes,  sin  que  su  controversia  haya  quedado  satisfecha  a  través  de  los otros  mecanismos  de  defensa  con los cuales contó la defensa a lo largo del proceso  para impugnar su mérito probatorio.   

Como  lo  reconoce  el  propio libelista, la  jurisprudencia  tiene  ampliamente  determinado que el derecho de contradicción  no  se  reduce  a la posibilidad de contrainterrogar al testigo, sino que abarca  otros  ámbitos de controversia, como la aportación de adicionales elementos de  juicio  con  suficiente  poder para desvirtuar el mérito persuasivo de aquél o  la  presentación  de argumentos en las oportunidades procesales respectivas que  evidencien su escasa fuerza probatoria.   

          El  demandante no se allanó a cumplir dicha carga de sustentación,  como   tampoco,  por  lo  demás,  explicó  la  trascendencia  de  la  omisión  denunciada,  pues  se  abstuvo  de  demostrar  que el contrainterrogatorio a los  testigos  tenía  la  capacidad  de  minar  su credibilidad y, por consiguiente,  variar las conclusiones del fallo.   

          En  consecuencia,  por  las  deficiencias  de  fundamentación antes  referidas la segunda censura tampoco se admitirá.   

          Tercer  cargo.  Violación  indirecta  por  error  en la valoración  probatoria:    

          Visto  el enunciado del cargo, pareciera que el propósito del actor  es  denunciar  la  incursión  en  un  error  de hecho por falso raciocinio. Esa  apreciación  se  refuerza  cuando sostiene que el fallo se cimentó con pruebas  testimoniales que no ofrecen serios motivos de credibilidad.   

          Sin  embargo, en el desarrollo de la censura el libelista se abstuvo  de  fundamentarla  adecuadamente  y  terminó trasegando por senderos propios de  otros  motivos de casación, incluso insistiendo en la presencia de la anomalía  postulada en el segundo cargo.   

         

          En  efecto, cuando se predica la existencia de un error de hecho por  falso  raciocinio  compete  al  impugnante demostrar que el juzgador vulneró de  manera  manifiesta  los principios de la sana crítica integrados por las reglas  de  la  experiencia,  los postulados lógicos y las leyes de la ciencia. Nada de  eso  hizo el censor. Simplemente, adujo que los testimonios de cargo no ameritan  credibilidad,   porque   la   prueba   de  absorción  atómica  desvirtúa  sus  contenidos.   

          Más  aún,  como  se  anunció,  señaló  que esa falta de mérito  persuasivo  surge  también,  por una parte, de la ilegalidad del reconocimiento  efectuado  por  el  menor hijo de la víctima con posterioridad a la captura del  procesado,  pues  se realizó sin la presencia de defensor; y por la otra, de la  imposibilidad de contrainterrogar a los declarantes.   

Tales  argumentos  no  se  compadecen con la  causal  seleccionada  para  postular  la  censura  enunciada, pues si pretendía  cuestionar  la  legalidad  del  reconocimiento debió acudir al error de derecho  por  falso  juicio  de legalidad, acreditando el yerro y su trascendencia frente  al  sentido de la decisión del Tribunal. De otra parte, como ya se precisó, la  imposibilidad  de  contrainterrogar a los testigos ameritó para el casacionista  la  formulación de otro reproche, aun cuando lo postuló de manera desacertada,  según quedó visto atrás.   

          Como  el  tercer cargo, al igual de lo acontecido con los otros dos,  tampoco  cumple  los presupuestos de adecuada y lógica sustentación, imperioso  resulta  para  la  Sala inadmitir la demanda de casación objeto de examen. Así  se procederá.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  JUAN CARLOS CASTRO PINZÓN.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                           YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1  Sentencia del 23 de julio de 2001, radicación 13439.   

2 Auto  del 5 de diciembre de 2007, radicación 28613.   

3 Cft.  Folios 69 y 79 cd. de la instrucción).     

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