29468(14-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No. 29468  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA       DEL      ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No.189  

Bogotá, D.C., catorce (14) de julio de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Se ocupa la Sala de examinar si el libelo de  casación    presentado    por    el   defensor   del   procesado   WILLIAM  CASTILLO  PEÑA contra el fallo  de  segundo grado emitido el 28 de noviembre de 2007 por el Tribunal Superior de  Bogotá,  donde  al condenar al citado por los delitos de acceso carnal violento  y   lesiones   personales   culposas,  modificó  el  dictado  el  29  de  junio  inmediatamente  anterior en el Juzgado Veinte Penal del Circuito de Conocimiento  de  la  misma  ciudad,  por cuyo medio además de esas infracciones también fue  hallado  autor  penalmente  responsable del ilícito de actos sexuales con menor  de  catorce  años,  siendo  víctima el adolescente1          Y.A.A.P.2,         satisface  o no los requisitos de lógica y adecuada argumentación  establecidos para   

proceder a su admisión.  

HECHOS  

WILLIAM   CASTILLO   PEÑA   tenía  en  su residencia, ubicada en la Calle 22 No. 2-22 Este Sur  de  Bogotá,  un  taller de ebanistería y una sala de juegos de video, de donde  el  adolescente Y.A.A.P. era  cliente  asiduo, quien, a su vez,  ocasionalmente colaboraba en las labores  propias  de  aquella  carpintería,  como  en efecto ocurrió la tarde del 21 de  mayo  de  2006,  oportunidad  aprovechada por CASTILLO  PEÑA  para  en  compañía  de su ayudante, también  adolescente,    S.P.B.,  tomarlo  por  la  fuerza y con la manguera del compresor que había en el lugar,  introducirle  una  cantidad  considerable  de  aire  por  vía  anal, lo cual le  generó serias lesiones en el aparato digestivo.   

Igualmente,  se  supo  que  el  procesado  WILLIAM   CASTILLO  PEÑA  exhibía  películas  pornográficas  a  los menores que frecuentaban la sala de  juegos  de video, les insinuaba diálogos sobre temas sexuales e intentaba tocar  su zona genital.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  25 de mayo de 2006, por solicitud de la  Fiscalía  282  Seccional  de  Bogotá  y ante el Juzgado Treinta y Cuatro Penal  Municipal  con Funciones de Control de Garantías, se llevó a cabo la audiencia  preliminar  de legalización de la aprehensión, así como la de formulación de  imputación  contra  el procesado por los delitos de homicidio agravado en grado  de  tentativa,  acceso  carnal  violento  agravado y actos sexuales con menor de  catorce  años. Igualmente, se le impuso medida de aseguramiento privativa de la  libertad de detención preventiva en establecimiento carcelario.   

El  27  de  junio  de  2006 la Fiscalía 15  Seccional   presentó  el  correspondiente escrito de acusación y el 29 de  agosto  siguiente  procedió  a  su  formulación  por  los delitos de homicidio  simple  en grado de tentativa, acceso carnal violento y actos sexuales con menor  de catorce años.   

Agotadas  las  audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  así como el incidente de reparación integral, el Juzgado Veinte  Penal   del  Circuito  de  Conocimiento  de  Bogotá,  condenó  a  WILLIAM   CASTILLO   PEÑA  como  autor  responsable  de  los delitos de acceso carnal violento, actos sexuales con menor  de  catorce  años  y  lesiones  personales culposas, a las penas principales de  ciento  ochenta  y  cinco  (185)  meses de prisión y multa de ocho (8) salarios  mínimos  legales  mensuales. Igualmente, impuso la accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término de la  pena restrictiva de la libertad.   

Así mismo, lo obligó a pagar por concepto  de   perjuicios  materiales,  catorce  millones  doscientos  sesenta  mil  pesos  ($14.260.000)  y, por razón de los morales, el equivalente a doscientos treinta  (230)  salarios mínimos legales mensuales. Finalmente, negó el subrogado penal  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y el sustituto de la  prisión domiciliaria.   

Impugnada esa decisión por la Fiscalía, el  apoderado  de  la  víctima  y  el  defensor, el Tribunal Superior de Bogotá en  sentencia  del 28 de noviembre de 2007 la modificó en el sentido de absolver al  procesado  del  ilícito  de  actos sexuales con menor de catorce años mientras  que  confirmó  la  condena  en  relación  con  los  demás  delitos.   En  consecuencia  fijó  la  pena de prisión en ciento sesenta y cinco (165) meses,  término  al  cual también redujo la sanción accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas.  Contra esta decisión  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  por el apoderado judicial del  procesado, a través de libelo allegado oportunamente.   

LA DEMANDA  

El     defensor    de    WILLIAM    CASTILLO   PEÑA  formula  dos  censuras  contra  la sentencia, una al amparo de la  causal  primera de casación  y    otra    con   base  en  la  tercera,  mediante  las  cuales  discute   la   aplicación  indebida  de  algunas normas de carácter sustancial.   

Con  el  propósito  de evitar repeticiones  innecesarias  a  continuación  se  sintetiza de forma independiente cada uno de  los  cargos propuestos por el actor y se expresa si satisfacen los requisitos de  lógica   y   adecuada   argumentación   exigidos   para   acceder  al  recurso  extraordinario.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

En  la  Ley  906  de  2004  la casación es  concebida  como  un  medio  de control constitucional y legal que procede contra  sentencias  de  segunda  instancia  en los procesos adelantados por delitos; por  consiguiente,    si   bien   se   eliminó   la   exigencia   del   quantum  de  la  pena  de la infracción  para  acceder  a  tal  medio  de impugnación, en todo caso corresponde al actor  acreditar  la afectación de derechos o garantías fundamentales para lo cual se  impone  la  carga  de  demostrar  interés  para  demandar,  señalar la causal,  desarrollar  los  cargos en sustentación del recurso y exhibir la necesidad del  fallo  en  orden a cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en  el  artículo  180  ibídem,  estos  son  efectividad  del  derecho material, respeto de las garantías de los  intervinientes,  reparación de los agravios padecidos por éstos y unificación  de la jurisprudencia.   

A    su   vez,   el   artículo  184  de la ley en cita prevé    la    inadmisión   del   libelo  casacional    cuando    el    demandante   carezca   de   interés,  no  señale la causal, se abstenga de  desarrollar  adecuadamente  los  cargos  o  en  aquellos  casos  en cuales  se  advierta que no es necesario  el  fallo  para  cumplir alguna de las finalidades del  recurso.   

De  otra  parte,  en  el  estudio sobre las  exigencias  de admisibilidad de las demandas de casación, corresponde a la Sala  constatar  si  los  recurrentes  han  formulado  sus  reproches  observando  los  requisitos  de  lógica  y adecuada argumentación definidos por el legislador y  desarrollados  por  la  jurisprudencia,  a  efecto  de  impedir  que  el recurso  extraordinario    se    convierta    en    una   instancia   adicional   a   las  ordinarias.   

Tales  exigencias pretenden de los censores  el  desarrollo de libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, de manera que resulten  inteligibles,  en  cuanto  precisos  y  claros,  por  cuanto no corresponde a la  Corte,  en  su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o  desentrañar    el    sentido   de   incompletas,   confusas,   ambivalentes   o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

Esto  supone  el respeto por los principios  que  gobiernan  el  recurso  de  casación y particularmente el de sustentación  suficiente,  según  el  cual la demanda debe bastarse a sí misma para provocar  la  anulación  del  fallo y, el de crítica vinculante, por cuyo medio se exige  una   alegación   fundada  en  las  causales  previstas  taxativamente  por  la  normatividad  vigente  y  el  cumplimiento de determinados requisitos de forma y  contenido de acuerdo a la selección realizada por el actor.   

Efectuadas las anteriores precisiones, agota  la  Sala  el  examen sobre los cargos formulados por el defensor de WILLIAM  CASTILLO  PEÑA  tal como quedó  anunciado inicialmente.   

El  primer  cargo  acusa  la  sentencia de violar en forma  directa  la   ley  sustancial  al  aplicar  indebidamente  los  artículos  7,   9,   10,   11,   12,   31,  61,  205  y  212  del  Código Penal,  así  como  el  14  de  la  Ley  890  de  2004  y,  a  su vez,              incurrir  en  la  exclusión evidente de  los         artículos         111,  112  y 120  de  la misma codificación.   

En   demostración   de   este  enunciado  aduce    que    cuando    se   está   “frente  a  la  investigación de un delito eminentemente sexual,  es   imprescindible   tener  en  cuenta  que  la  conducta  ilícita  tuvo  como  móvil  la búsqueda de una  satisfacción  sexual”,  por  consiguiente,  si  la  misma    carece    de   tal   finalidad,  no  hace parte de la sexualidad, por lo  tanto,  estima  equivocada la postura del Tribunal al  predicar  la configuración  del  delito  de  acceso  carnal violento a pesar de no  darse  tal circunstancia, por lo cual, en su concepto,  se  aplicaron indebidamente  los artículos 205 y 212 del Código Penal.   

En           consecuencia,  al  no  estar presente la  finalidad  de  la  satisfacción  sexual en el sujeto  agente,     no     es     posible     pregonar  la  tipicidad  de la conducta,  por  lo  cual  afirma  del  fallo   atacado,   haber  prescindido               “completamente     de     las     pruebas     aportadas     a     la  investigación”   para  poder   concluir  que  la  conducta  del  procesado  se  enmarcaba  dentro de la conducta de acceso carnal violento.   

Añade  que  la  penetración  del  miembro  viril o de cualquier otro  objeto,   de   acuerdo   al   artículo   212   del  Código   Penal,  debe  estar  acompañada      de      la      intención  inequívoca  de  buscar una satisfacción    sexual,    por    ser    un    elemento   esencial   para  predicar  el delito de acceso carnal violento, por lo  tanto,    al   darse  en  este  caso  por  una  “simple   chanza   o  guaza”   (sic)  ajena  a  la sensación de placer, no se configura la  infracción anotada.   

Con apoyo en la doctrina, reitera frente al  delito  en cuestión, que el actor debe perseguir un propósito de satisfacción  sexual,  por  ende  “éste contenido finalista está  presente  tanto  en  el  examen  típico objetivo, como en la confrontación del  tipo  subjetivo”,  por  consiguiente,  “si   el   contenido   teleológico  de  la  acción  varía,  se  modificará  automáticamente  el  juicio  integral  de tipicidad”,  por  cuanto “desde el punto de vista  material,  puede  haber  penetración (aire en el caso que nos ocupa)… pero la  finalidad  puede  ser  homicida o de lesión (lesión como sucede en el caso que  nos  ocupa),  casos  en  los  cuales no puede existir delito sexual, abriéndose  plenamente  el  camino para la adecuación del comportamiento en cuanto atentado  contra   la   vida   o   la  integridad  personal”.   

Agrega que la conducta imputada al procesado  trajo  como consecuencia la falta de aplicación de las normas donde se describe  el  delito  de  lesiones  personales  a las cuales se adecuan los hechos, por lo  tanto,  una  vez pone de manifiesto la postura del Tribunal según la cual en el  acceso  carnal  violento no se exige como ingrediente subjetivo la satisfacción  erótica,    concluye    que    es   evidente   su              equivocación,        por       cuanto      ello      se   opone   a   lo  dispuesto  en  los  artículos  9°  y 10° del Código Penal.   

De    otra   parte,   señala  como normas violadas los   artículos   205   y   212   del  Código    Penal   e  igualmente  el  14 de la Ley 890 de 2004 al   incurrirse   en   su  aplicación  indebida, por cuanto el Tribunal estimó   que  no  era  necesaria       la       finalidad       de  satisfacción              sexual,  a  pesar   de   exigirse  para  predicar  el  delito  de  acceso  carnal  violento.   

Así  mismo, estima aplicadas indebidamente  las  siguientes  normas  de la Ley 599 de 2000: artículos 9 y 10, por cuanto el  comportamiento  realizado  por  el procesado no se adecua a los artículos 205 y  212  ibídem; el artículo  31,  debido a que el procesado sólo “infringió las  disposiciones  que  regulan  las  lesiones  personales  culposas” y,  el  artículo 61, porque al no configurarse el delito de acceso  carnal   violento,   se   computó   la   pena   equivocadamente.   A  su vez, a  consecuencia    de   lo   anterior,   estima   haberse   dejado   de    aplicar   los   artículos        111,        112        y       120       ejusdem.   

Sobre   la   trascendencia   del   error  evidenciado,  sostiene  que  si  el  Tribunal  no  hubiera errado al aplicar las  normas  denunciadas,  en  lugar de confirmar el fallo de primer grado lo habría  revocado  para sólo condenar al procesado por el delito de lesiones personales,  por   lo   tanto,  solicita  casar  parcialmente  la  sentencia    en   este  sentido.   

Consideraciones     de la Sala   

Como  en  la censura objeto de análisis el  defensor  denuncia  la  violación  directa de la ley sustancial, conviene   recordar  que  ésta  tiene  ocurrencia  cuando una vez son fijados los hechos a  través  de  los  distintos  medios de conocimiento incorporados legalmente a la  actuación,  el  juzgador  omite  aplicar  la  norma  encargada  de  atender  la  situación  concreta,  por  cuanto  yerra  sobre  su  existencia  o validez  (falta   de   aplicación   o   exclusión  evidente),  realiza  una  defectuosa  adecuación  del supuesto fáctico probado frente a la hipótesis contemplada en  el  precepto (aplicación indebida) o, asigna a la disposición un sentido ajeno  a  ella,  mas  también puede atribuirle un efecto diverso o contrario al que se  desprende de su contenido (interpretación errónea).   

Por  tal  motivo,  la  equivocación  del  juzgador  recae  sobre  la normatividad, razón por la cual el debate se contrae  al  escenario  exclusivamente  jurídico,  bien  por dejarse de lado el precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque el hecho se  adecua   a   una   disposición   configurada  con  supuestos  distintos  a  los  establecidos,  o  por  cuanto  se  desborda  la  inteligencia propia de la norma  aplicable  al  caso  concreto,  circunstancia  que  precisa  del casacionista la  aceptación   de   la   realidad  fáctica  declarada  en  el  fallo  objeto  de  impugnación extraordinaria.   

Aclarado lo anterior, en el caso particular  se  observa que a pesar del compromiso adquirido por el libelista al seleccionar  la  causal primera de casación de no conspirar contra los hechos declarados por  el  fallo,  así  como  frente a la apreciación de las pruebas realizada por el  Tribunal,  de  entrada  reniega  de  uno  y  otro  aspectos,  por cuanto pone de  presente  haberse  prescindido “completamente de las  pruebas”, pues de lo contrario se habría concluido  la  ausencia de demostración de un propósito de satisfacción sexual por parte  del procesado.   

Una presentación con este alcance ubica la  discusión   en   los   terrenos  de  la  causal  tercera  de  casación  y,  en  consecuencia,  desconoce  la  limitación advertida en precedencia, cuando de la  violación   directa  se  trata,  quebrantándose  por  tanto  el  principio  de  autonomía de los cargos.   

Tan clara es la situación, que a partir de  la  ausencia  de  finalidad de satisfacción sexual por parte del sujeto agente,  arriba  a  la conclusión de no adecuarse la conducta del procesado al delito de  acceso carnal violento.   

Ahora, de haber postulado la censura por el  sendero  de  la  causal  tercera  de casación, correspondía desvirtuar todos y  cada  uno de los fundamentos probatorios del fallo en torno del delito de acceso  carnal violento.   

Al  margen  de  la  causal  elegida  por el  demandante,  es  oportuno  señalar que si el interés se centraba en el “tipo  subjetivo”,  en  orden  a  demostrar  la  necesidad  de  “una  finalidad  de  satisfacción  sexual”  para la configuración del delito en cuestión, era su  obligación  identificar  de qué concreta manera estaba expresada esa exigencia  legal   o   jurisprudencialmente   respecto   de  la  norma  que  dice  aplicada  indebidamente   y,  a  su  vez,  explicar  cómo  su  no  presencia  desvirtuaba  “totalmente”    la   estructuración   de   la   infracción,   pues   alega  atipicidad.   

Obviamente   nada   de   ello  ofrece  el  impugnante,  pues de forma reiterada reduce su discurso a mencionar escuetamente  el  artículo  que  recoge el delito de acceso carnal violento sin concretar los  aspectos  señalados,  no  siendo  la  Corte  la  llamada  a  cubrir los vacíos  advertidos en atención al principio de limitación.   

Pero  no  sólo  de  esta forma el actor se  sustrae  a  los  ineludibles  deberes  casacionales, sino que como la censura se  orienta  a  alegar la aplicación indebida de las normas que contienen el delito  en  cita (artículos 205 y 212 del Código Penal), correlativamente era menester  expresar  los  fundamentos  jurídicos  a partir de los cuales el comportamiento  del  procesado  se  adecuaba  completa  y exclusivamente al ilícito de lesiones  personales      culposas      (artículos  111,  112 y 120 ibídem),  mas  silencio  es  lo único que se obtiene del impugnante frente a esta carga, yendo  con  esta  postura  en  contravía  del  principio  de sustentación suficiente.   

El  mismo  defecto  se  repite frente a las  demás  normas  de  las  cuales  se  vale  el censor para predicar la violación  directa  de  la  ley sustancial (artículos 7, 9, 10,  11,  12,  31,  61 de la Ley 599 de 2000),  por  cuanto  sin  precisar  el  alcance  de  cada  una de ellas,  escuetamente  sostiene  haberse  aplicado  indebidamente, pues no bastaba lanzar  predicados  encaminados  a  señalar las consecuencias de la utilización de los  preceptos  denunciados,  sino que era perentorio exponer, en cada caso, el error  concreto  entre  la  hipótesis  contemplada  en la disposición y la defectuosa  adecuación del supuesto de hecho probado.   

Es  decir,  se  debía poner de presente el  contenido  material  de  la norma, precisar su alcance, determinar con exactitud  sobre  cuál  de  los  elementos que la integran se entiende cometido el defecto  confrontado   el   aspecto   fáctico   demostrado   y  tras  ello  señalar  la  trascendencia.   

Por  lo tanto, ante las profundas falencias  formales evidenciadas, el cargo debe ser inadmitido.   

El  segundo cargo  denuncia   el   fallo  por  violar  de  forma  indirecta  la  ley  sustancial  al  aplicar  indebidamente  los  artículos 116 del Código Penal y 14 de la Ley 890  de  2004,  lo  cual condujo a la exclusión evidente de los artículos 7, 9, 10,  31,  60,  61, 111, 112 y 120 de la misma codificación, tras  incurrirse en  errores de hecho en la apreciación de determinadas pruebas.   

         En  concreto  critica  al  Tribunal  por  concluir que las lesiones  padecidas  por  el  adolescente  Y.A.A.P. consistían  en  la pérdida funcional del “colon”, por lo cual  el  actor  estima  haberse  incurrido  en  error  de hecho, pues se “supuso        que        el        experticio       (sic)  legal  de la Doctora Sandra Lucía  Moreno  Lozada  era  una prueba absoluta y completa para deducir de su contenido  que  la  consecuencia de la lesión del menor… era la pérdida funcional de un  órgano  (colon)”, lo cual derivó en un aumento de  la  pena  al  tenor  de  lo  dispuesto  en  el  artículo 116 del Código Penal,  modificado por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

         Según    expresa,    el    error   de   hecho   por   “suposición”   de   la  prueba  en  cuestión    se   presentó   cuando   la   Juez   a  quo interpretó que dicho dictamen era definitivo, no  obstante    señalarse    en    el   mismo   que   el   lesionado   debía   ser  valorado        nuevamente        pasados        cuatro  meses  en  orden           a           determinar  el  carácter  de  las  secuelas,  por  lo  tanto,  como  esto no ocurrió, nunca se  conoció  en el proceso tal circunstancia,     así     que     para  el actor el Tribunal asumió    que    había    pérdida  funcional          al          confirmar  el fallo de primera instancia.   

        De  otra  parte,  alega haberse omitido  apreciar   la   historia  clínica  del  adolescente  Y.A.A.P.,  de  la  cual  se  desprende  que fue  intervenido     quirúrgicamente    y,  en  concepto  del actor,    en    ella    se   menciona   “que  desaparecieron  las  circunstancias   que   podían   indicar   al  médico  legalmente  (sic)  la  pérdida funcional de dicho  órgano”.   

Una  vez estima  el  libelista  que  los  errores de hecho denunciados  permitieron  confirmar  la  sentencia  al  Juez  Colegiado  en  perjuicio  de su  asistido,  sostiene      haberse     aplicado  indebidamente  los artículos 116 del Código  Penal y 14 de la Ley 890 de 2004,  al  no  estar  demostrada la pérdida funcional de un  órgano.   

Así  mismo,  entiende   violadas  indirectamente  las  siguientes  normas    del    Código    Penal:    el    artículo   31,   “por  cuanto  solamente [se]  deben  tener    en    cuenta   para   la   graduación   y  aplicación   de   la  pena  las  simples  lesiones  personales,   sin   la   consecuencia   contemplada   en  el  art.  116  del  C.  P.”;  el  artículo 60,  “ya    que    los  parámetros    tenidos    en    cuenta…         también  fueron  fundamentados en el hecho supuesto de que la secuela de  la  lesión  del menor…  había  sido  la pérdida  funcional  del  colon”;  el        artículo       61       “por      cuanto      en      la  fundamentación    de    la    pena   [se]    tuvo    en    cuenta     los     parámetros    del    artículo   anterior  que   a   su   vez   se   fundamenta   en  la  pena  señalada  en  el  art.116  del C. P.”.   

A   su  vez,  pregona     haberse  dejado   de  aplicar  los  artículos  111, 112  —inciso 2º—  y  120  del         Código         Penal,             “toda  vez  que  al  no estar   establecida   la   secuela   o   consecuencia   denominada  «pérdida  funcional  de  un órgano» (Colón)…  las  normas aplicables en la condena se circunscriben   a  los  artículos  antes  mencionados”.   

La    trascendencia    la  hace consistir en que de no haberse  incurrido     en     los     errores     de     hecho    denunciados,  el  Tribunal  no  habría  podido  confirmar      la      sentencia      de      primer      grado     “en  lo  relacionado  con  la  pena  señalada  para  el  delito  de  lesiones personales  culposas,   con   la  consecuencia    de   pérdida   funcional   de   un  órgano…  y,  en  su  lugar,  hubiere  condenado  a  WILLIAM CASTILLO PEÑA  por  el delito de lesiones personales con incapacidad  de      40      días,      sin     [la]     consecuencia    denominada  pérdida    funcional    de    un   órgano       (colon)”,  lo  cual  indicaría  que la pena a  imponer   es   la   prevista  en  el  artículo  112  —inciso 2º—   del  Código     Penal,  por    consiguiente,  solicita  casar  parcialmente  la  sentencia  y  se  condene  al procesado por la infracción contenida en  la   norma     recién     citada  en  concordancia con el artículo 120  ibídem.   

Consideraciones de la Sala  

Inicialmente  se  dejaron  planteadas las  bases  bajo  las  cuales,  en  general, es   necesario   presentar   el   libelo   casacional  y  en  la  censura que antecede se  precisó  el esfuerzo a realizar por quien alegue la  aplicación   indebida  de  una  norma  de  derecho  sustancial,  por  lo  tanto,  como  en este cargo se  acude a igual concepto de  violación,    sobra  cualquier      repetición      al     respecto,  observándose    eso  sí,   su  sistemático  abandono    por    tales    requisitos  y  de  paso  su  rebeldía  frente a  los    principios   que   gobiernan   el   recurso  extraordinario.   

En    efecto,    el    principio   de  autonomía   informa   la   necesidad  de  postular y desarrollar los    cargos    bajo   unos        precisos           parámetros     conforme     la     causal    seleccionada    por    el  impugnante   y  cuando  se  trata  de  la  tercera,  corresponde   entrar   a   cuestionar  las    pruebas   que   sirvieron   de  fundamento   a  la  declaración  de  justicia,  por  lo   tanto,   con  ese  propósito      se      pueden      denunciar  errores   de   hecho   o   de  derecho  respecto  de  la  valoración  de  los  medios   conocimiento  incorporados  en  el  juicio  oral           y           público.   

En el caso particular se evidencia que el  libelista   arbitrariamente  orienta  su   ataque   hacia  dos  elementos  de  convicción  frente  a los cuales discute errores de  hecho,  dejando  de  lado  el  resto  de  los  que  soportaron  el  fallo  en  punto  de  la  imputación  por el delito de lesiones  personales,  con  lo  cual  desde luego desconoce el principio de trascendencia.   

No  sólo esa  particular  forma  de  enfocar  el  reparo  revela el  alejamiento   de   los  requisitos   casacionales,  sino  que  al  poner  de  presente    haberse   entendido   que   la   prueba  pericial  era    suficiente   para   determinar  definitivamente        la       “perdida  funcional de un órgano”,  en concreto del colon, de  ello  se  sigue  que  en  realidad  no  discute la  falta  de  valoración de  dicho    medio    de   conocimiento,   sino     que     lamenta   no   haberse   practicado   otra  valoración     al  adolescente            Y.A.A.P.,   tal  como   lo       sugirió      la    médico    legista   en  el  primer  examen    efectuado    a    éste.   

Ahora,  como  respecto del reconocimiento  médico    legal    inicial    practicado   a   la  víctima   infiere   que  no  era  suficiente  para  demostrar         la       “pérdida  funcional     de     un     órgano”,  con  ello  lo  que patentiza el libelista es su personal        opinión frente a los medios de conocimiento,  sin  que  en verdad descubra un error de apreciación  probatoria   trascendente,   pues   ni   una   sola  expresión   propone   en  ese  sentido,  toda  vez  que  siquiera  atina  a  cuestionar  técnicamente     las     conclusiones     de     la    primera   valoración  médico     legal     practicada    al    adolescente    Y.A.A.P. para mostrar el acierto de su  postura.   

Además,  ignora    el    postulado    contenido    en    el  artículo  373  de  la  Ley  906 de 2004, según el  cual   “Los  hechos  y  circunstancias     de     interés     para    la  solución  correcta  del  caso,  se podrán probar por cualquiera de los medios  establecidos    en    este   código”,    pues    como    se    manifestó  anteriormente,  deliberadamente  dejó  de  lado  el  conjunto  probatorio  que  apoya  la sentencia en este aspecto, de los cuales se  sirve    el    fallo    para    arribar    a    la  conclusión aquí atacada  sin mayor formalidad.   

La apreciación subjetiva de los medios de  conocimiento  se  extiende  a  la historia clínica de la víctima, por cuanto a  pesar  de  alegar  haberse  omitido la misma, además de que ignora por completo  que  en  relación  con  su  contenido  declaró el médico tratante, la propias  palabras  de actor delatan su verdadero interés, pues, en su concepto, a partir  de  ella  “desaparecieron  las  circunstancias  que  podían        indicar…       la       pérdida       funcional”.   

Así  las cosas, con ello se desconoce que  el  recurso  de  extraordinario  de casación no está instituido para prolongar  las  discusiones  en  torno  de  la  valoración  probatoria  sino para señalar  verdaderos y trascendentes errores de apreciación probatoria.   

Ahora,  de  lo  anterior  se  sigue que la  precariedad  formal  es profunda y ella se acentúa si se tiene en cuenta que en  este  cargo  como  en el anterior se alega la aplicación indebida, acudiéndose  por  igual  a  señalar  escasamente las consecuencias de las normas utilizadas,  sin  entrar  a  realizar  un examen jurídico de su contenido, por lo tanto, las  consideraciones  expuestas  en el primer reparo encajan sin dificultad aquí, lo  cual  permite  concluir  sin  mayor  dificultad que en razón de los insalvables  errores  cometidos  por el libelista en la presentación de la censura, llevan a  concluir que debe ser inadmitida.   

Cuestión  final   

Teniendo cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de insistencia, de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que, dado el silencio en dicha normativa  sobre  la  regulación  del trámite a seguir para aplicar el referido instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  para  su aplicación3,  como  se  expresa en adelante:   

i) La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede  ser  promovido por el demandante,  dentro  de  los  cinco  (5)  días  siguientes  a la  notificación  de  la  providencia por cuyo medio la  Sala    decida    inadmitir    la    demanda    de  casación,  con el fin de  provocar   que   ésta   reconsidere   lo   decido.  También   podrá  ser  propuesto  oficiosamente  dentro  del  mismo término  por  alguno  de los Delegados del Ministerio Público  para  la  Casación Penal  —siempre que el recurso  extraordinario  no se haya interpuesto por           un           Procurador           Judicial—,  el  Magistrado disidente o aquel  que   no   haya   participado   en   los   debates  o  suscrito  la  providencia  inadmisoria.   

ii)  La  solicitud  de  insistencia puede  presentarse  al  Ministerio Público por medio de uno  de   sus   Delegados  para  la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda, o ante cualquiera de los miembros de la  Sala que no participó en  la discusión.   

iii)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su  revisión, evento último  en   que  informará  de  ello  al  peticionario  en  un  plazo de quince (15)  días.   

iv) El auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  presentó,  salvo  que  la insistencia  prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito de  lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor  de   WILLIAM  CASTILLO  PEÑA  por  las  razones  expuestas     en     la    parte    motiva    de    esta    decisión.   

De conformidad  con  lo  dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la Ley 906 de 2004 y, en los términos  referidos  en el acápite final  de  esta  determinación, contra la misma procede el  mecanismo de insistencia.   

Notifíquese y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO MILANÉS                                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

                                                           Secretaria     

1  En  adelante       se       utilizará       el       término       “adolescente”   en   atención   a  lo  preceptuado  en  el  artículo  3º  de  la  Ley  1098  de  2006, según el cual  “se  entiende… por adolescente las personas entre  12 y 18 años de edad”.   

2 Como  esta  decisión  eventualmente puede ser publicada, se omite mencionar el nombre  del  adolescente  víctima  del  delito.  Lo  anterior,  en  cumplimiento  de lo  dispuesto  en  el  numeral  8º del artículo 47 del Código de la Infancia y la  Adolescencia  (Ley  1098 de 2006), según el cual los medios de comunicación no  deben   “dar   el   nombre,   divulgar  datos  que  identifiquen  o  que  puedan  conducir  a la identificación de niños, niñas y  adolescentes   que   hayan   sido   víctimas,  autores  o  testigos  de  hechos  delictivos”.  Esto  igualmente  en concordancia con  las  pautas  previstas  en  los  artículos 192 y 193  (numeral  7º)  de  la  citada  ley,  así  como  de  acuerdo a lo estipulado en  el     numeral    1º    del    artículo    3º    de    la   Convención    sobre    los    Derechos    del    Niño,  aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de  noviembre de 1989, ratificada a su vez mediante Ley 12 de 1991.   

3    Auto   del   12   de   diciembre   de   2005,   Radicado   No.  24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *