29466(09-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29466  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 085  

Bogotá,  D.  C.,  miércoles, nueve (9) de  abril de dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los defensores de los procesados  Carmen  Daniel  Contreras  Angarita  y  Sandra  Socorro López Suárez contra la  sentencia  proferida  el  20  de  octubre  de  2006  por el Tribunal Superior de  Cúcuta,  que  los  condenó  junto  a  Joselín Carrillo Mogollón, Edwin José  Sánchez   Arias  y  Celso  Soraca  Botello,  al  considerar  al  primero  autor  responsable  de  un  concurso  de delitos de homicidio  agravado,   tentativa  de  homicidio,  concierto para  delinquir,     hurto  calificado  y  porte ilegal  de  armas de fuego de defensa personal, y a la segunda  por     concierto    para    delinquir.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1. Los hechos que  dieron   lugar  a  la  sentencia  de  condena  atacada  por  medio  del  recurso  extraordinario  ocurrieron desde 1998, época desde la cual empezó a operar una  empresa  criminal integrada por los procesados Carmen Daniel Contreras Angarita,  Sandra   Socorro  López  Suárez,  Joselín  Carrillo  Mogollón,  Edwin  José  Sánchez  Arias  y  Celso  Soraca  Botello,  quienes  utilizando  armas de fuego  ejecutaron  delitos  contra  el  patrimonio  económico  y  la vida e integridad  personal.   

En cumplimiento del cometido criminal dieron  muerte  a  Luis  Carlos  Botello  en  el  año 1988; en 2000 a Cayetano Ramírez  Maldonado;  en  contra  de Luis Antonio Rangel se atentó en marzo de 2001; y, a  Neftalí Chinchilla se le ultimó en junio del mismo año.   

2.  Los  hechos  anteriores  generaron  diferentes investigaciones pero una vez se determinó que  la  responsabilidad  por  los mencionados delitos recaía en una banda criminal,  la  Unidad  de Estructura de Apoyo de la Fiscalía Seccional de Cúcuta recibió  el  encargo  de  determinar  el  compromiso  que  individualmente atañía a las  personas por investigar.   

3.  El 12 de junio  de  2006  se  profirió  resolución de apertura de instrucción y se dispuso la  captura  de  Carmen  Daniel  Contreras  Angarita, Sandra Socorro López Suárez,  Joselín  Carrillo  Mogollón  y  Edwin  José  Sánchez  Arias, quienes una vez  fueron   escuchados  en  indagatoria  se  les  impuso  medida  de  aseguramiento  consistente   en   detención   preventiva   por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir y porte      ilegal      de      armas      de      fuego.   

Posteriormente  fue  capturado  e  indagado  Celso  Soraca  Botello  a  quien  también se le decretó medida cautelar por la  posible  responsabilidad  en  los delitos de concierto  para   delinquir,   porte  ilegal   de  armas  de  fuego  de  defensa  personal,  hurto    calificado   y  homicidio.   

4. Una vez cerrada  la  investigación  se  profirió  resolución  acusatoria  en  contra de Carmen  Daniel     Contreras     Angarita    por    los    delitos    de    concierto  para  delinquir, hurto     calificado,    porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal,  homicidio y  tentativa  de  homicidio.  Joselín  Carrillo Mogollón fue acusado por concierto  para   delinquir,   hurto  agravado      y      calificado,     porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal   y   de  triple  homicidio;   a  Edwin  José  Sánchez  Arias  se  le  elevaron  cargos  por  concierto  para delinquir y  doble  homicidio;  a Celso  Soraca  Botello  los  cargos fueron por concierto para  delinquir,   doble  hurto  calificado, porte ilegal de  armas  de  fuego  de  defensa  personal y homicidio;  y,  Sandra  Socorro  López  Suárez    fue    acusada    por    concierto   para  delinquir.  La anterior decisión fue apelada y el 20  de  septiembre  de  2002  el Fiscal Cuarto Delegado ante el Tribunal Superior de  Cúcuta la confirmó.   

5.   El  18  de  noviembre  de  2003,  luego  de  verificadas  las  audiencias  preparatoria y de  juzgamiento,  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de Cúcuta,  condenó  a  los  procesados  Joselín  Carrillo Mogollón, Edwin José Sánchez  Arias,  Carmen Daniel Contreras Angarita y Celso Soraca Botello y Sandra Socorro  López    Suárez,    como    coautores   de   los   delitos   de   concierto  para  delinquir, hurto     calificado,    porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal,  homicidio y  tentativa  de  homicidio a  las  penas  de  prisión  de  35,  35,  36  y  30 años y a la mujer a 44 meses,  respectivamente,  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  15  años  a  los  primeros y para la última por el lapso de 44  meses.   

6.  Los defensores  presentaron  escritos  de apelación contra la anterior decisión solicitando la  absolución  de  los  acusados  y  el Tribunal Superior de Cúcuta a través del  fallo  recurrido  en  casación, expedido el 20 de octubre de 2006, confirmó lo  resuelto  por  el  a  quo,  decisión  en  contra  de  la  cual  se  promovió  el recurso extraordinario de  casación.   

         

7.  Concedido  el  recurso  en proveído de 23 de mayo de 2007 y presentados dos libelos dentro del  término  allí  dispuesto,  se  ordenó el traslado por quince (15) días a los  sujetos  procesales no recurrentes, luego de lo cual se enviaron las diligencias  a esta Corporación para los fines consiguientes.   

LAS DEMANDAS:  

1.  Presentada a nombre del procesado Carmen  Daniel Contreras Angarita:   

Con  el  fin  de  que  se  case el fallo de  segunda  instancia,  la  recurrente  presentó  un  cargo  contra  la  sentencia  demandada  bajo  el amparo de la causal primera, prevista en el artículo 207 de  la  Ley  600  de  2000, al considerar la sentencia acusada como violatoria de la  ley  sustancial  por  desconocimiento del in dubio pro  reo  e incurrir en error de hecho por falso juicio de  existencia.   

Señala  que se desconoció en la sentencia  demandada  el  contenido del artículo 7° del Código de Procedimiento Penal de  2000  porque  del  análisis  de  las  declaraciones  de  Jesús  María Miranda  Casanova  y  Nubia  Stella  Chinchilla,  se  concluye  que  estos  deponentes se  contradicen,   emergiendo   como   resultado   de   ello  duda  en  torno  a  la  participación   de   Carmen   Daniel  Contreras  Angarita  en  los  hechos  que  concluyeron con la muerte de Luis Carlos Botello Flórez.   

Expresa  que  se  incurrió en una omisión  valorativa  respecto de los testigos mencionados porque solamente fueron tomados  aspectos aislados de los mismos.   

Critica   el   fallo   del   ad  quem  por haber tomado el testimonio  de  Neftalí  López  Sánchez  como  fundamento  probatorio  para  condenar  al  procesado   por  la  conducta  de  homicidio  tentado  recaído  en  contra  de Cayetano Ramírez Maldonado,  porque  el  deponente  no estuvo en la escena de los hechos y simplemente aporta  elementos circunstanciales.   

Concluye  afirmando  que como de los medios  probatorios  aportados  al  proceso  no se alcanza el grado de certeza necesario  para  condenar,  se impone casar la sentencia para que se absuelva al procesado.   

2. Presentada a nombre de la procesada Sandra  Socorro López Suárez.   

Primer cargo: Bajo  el  amparo de la causal tercera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, señala  que  se  incurrió  en una vulneración al debido proceso porque en la audiencia  de  juzgamiento  el  delegado  fiscal  acusó  a  una persona diferente a Sandra  Socorro López Suárez.   

Manifiesta  que en la audiencia pública de  juzgamiento  el  fiscal  acusador hizo referencia a  Sandra Lorena Collazos  Moreno  como  responsable  de los hechos y la sentencia se profiere en contra de  Sandra Socorro López Suárez.   

El  demandante reconoce que el fiscal en el  curso  de  la  audiencia  hizo  la  correspondiente rectificación, pero que tal  enmienda  resultó  extemporánea  y  para  los efectos procesales se debe tener  como  inadmisible,  por  lo  que  ha  de entenderse que en el presente asunto no  existió    imputación    fáctica    ni    jurídica    en    contra   de   la  procesada.   

Considera que fueron violados los artículos  6°,   13,  16,  403  en  concordancia  con  el  407  y  306-2  del  Código  de  Procedimiento  Penal, por lo que reclama que la sentencia demandada sea casada y  se  declare la nulidad del proceso a partir de la intervención del fiscal en la  audiencia pública de juzgamiento.   

Segundo  cargo: Al  amparo  de  la  causal  tercera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, señala  que   se  incurrió  en  una  vulneración  al  debido  proceso  por  deficiente  motivación de la sentencia.   

Indica  que  en  la  sentencia  de  primera  instancia  fueron  dedicados quince renglones a Sandra Socorro López Suárez en  los  que  nada  se  dijo  sobre  los elementos materiales probatorios, evidencia  física  o  medios de prueba que demuestran la conducta típica por la que se le  condena.  Agrega  que  similar  fue  la actitud del ad  quem   pues   tampoco   hizo  esfuerzo  alguno  para  argumentar las razones que lo llevaban a confirmar la condena.   

Enseguida  expone  su  percepción sobre la  prueba  aportada al proceso y concluye citando varias decisiones de ésta Sala y  lo    dicho    por    la   doctrina   en   materia   de   motivación   de   las  sentencias.   

Señala  como  violados los artículos 6°,  8°,  13,  16, 18 y 170 del Código de Procedimiento Penal de 2000 y reclama que  la  sentencia  sea  casada  para  que  se  ordene la emisión de un nuevo fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         

1.  Sea lo primero  advertir  que  en  consideración  a  la  fecha  de  ocurrencia  de  los  hechos  investigados  el  recurso  extraordinario  de casación en el presente asunto se  gobierna  por  las  normas  del  Decreto  2700  de  1991,  por lo que resulta un  verdadero  desacierto  del casacionista referirse a otros estatutos procesales o  sustantivos.   

2. La casación es  un  medio  extraordinario  de  impugnación  y,  por  tanto,  no constituye sede  adicional  para  prolongar  el  debate  probatorio  cumplido  en  las instancias  ordinarias  y  concluido  con el fallo de segundo grado, por el contrario, exige  para  la  admisión  de  la  demanda  el cumplimiento de específicos requisitos  formales  orientados  a  demostrar a través de un juicio técnico jurídico que  en    la    declaración    de    justicia    allí    contenida    –la cual llega a esta sede amparada de  la      dual      presunción     de     acierto     y     legalidad–,  se incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

3.  El  cargo  formulado por la apoderada de  Carmen Daniel Contreras Angarita:   

3.1. En la censura  se  establece que el fundamento normativo es la causal primera del artículo 207  de  la  Ley  600  de 2000 y se explica que se presentó en el fallo demandado un  desconocimiento  del  in  dubio  pro  reo  y  un  error  de hecho por falso juicio de existencia.   

3.2. Reiteradamente  la  Corte  ha  expresado  que  el  in  dubio  pro reo  puede  ser  propuesto en casación por dos vías: (i)  Cuando  el  juzgador de segunda instancia a pesar de reconocer en su discurso la  ausencia  de  certeza  deja  de  aplicar  el  beneficio  de  la duda a favor del  procesado,  se debe demandar la violación directa del artículo 445 del Código  de      Procedimiento      Penal     de     19911, por falta de aplicación; y,  (ii)  si lo que hace el tribunal es suponer certeza cuando en verdad no se puede  llegar  a  este  grado  de  convencimiento, la violación a la ley sustancial se  presenta  por  vía  indirecta  y  los cargos en casación deben presentarse por  error de hecho o de derecho en cualquiera de sus modalidades.   

3.3. Igualmente, la  jurisprudencia    de   la   Sala   ha   resaltado   que   en   la   violación  indirecta de la ley sustancial  determinada    por   errores   de   hecho  se discuten yerros en la apreciación de las pruebas determinados  por     tres     falsos     juicios     a    saber:    (i)    de    existencia,  cuando  el  juzgador  omite  (falso  juicio  de existencia por omisión) o supone (falso juicio de existencia  por    suposición)    un    medio    de    prueba;    (ii)    de   identidad,  cuando se tergiversa, cercena  o  adiciona  el contenido material de la prueba, al punto que se le pone a decir  algo   que   no   se   deriva   de   su   texto;   y,   (iii)   de  raciocinio,  cuando  en  la  valoración  individual  o  conjunta  de  la  prueba  se  transgreden  las  reglas de la sana  crítica  (principios  de  la  lógica,  reglas de experiencia, postulados de la  ciencia),  llevando  a  declarar  una  verdad  distinta  de  la  revelada  en el  proceso.   

Cuando los cargos se derivan de un error por  falsos  juicios  de  existencia ha de tenerse en cuenta que esta clase de yerros  se  pueden  presentar  cuando:  (i)  el  juzgador  ignora  una  prueba  legal  y  oportunamente  allegada  al proceso, o su expresión material y objetivo, o (ii)  se  supone  un medio de comprobación inexistente en la actuación para declarar  acreditado algún aspecto objeto del proceso.   

En  uno  y  otro caso, tiene establecido la  jurisprudencia  de  la  Sala es necesario que el demandante señale cuál fue la  prueba  dejada al margen de valoración o la que se inventó el juzgador. Luego,  si  se  trata  de  exclusión del medio probatorio, debe confrontar el contenido  material  de  éste  con  las  restantes  estimaciones probatorias fijadas en el  fallo,  para  demostrar  que  éstas  no  pueden  sostenerse en virtud del poder  demostrativo del elemento de convicción ignorado.   

Y, si el evento se refiere a la creación de  un  medio  de  prueba que no existe en el proceso, el ejercicio es a la inversa,  porque  en  tal  hipótesis  ha  de  retirar de las consideraciones del juzgador  aquellas  alusiones  a  la  prueba  objeto  de  invención  y  demostrar que las  premisas  de la sentencia no resultan coherentes con la realidad que manifiestan  las pruebas que sí obran en la actuación.   

Igualmente  tiene definido la Corte que no  debe  entenderse  que  las  pruebas  han dejado de ser consideradas cuando en el  texto  de  la  providencia  no  se encuentran referidas por su denominación los  medios  echados  de  menos  en  el  cargo, lo esencial es que el juzgador aborde  objetiva   y  explícitamente  su  contenido  en  lo  que  corresponde  al  tema  examinado.   

3.4.  También se  ha  señalado  por  la jurisprudencia que no resulta compatible con la lógica y  no  es de recibo en la casación que frente a la misma prueba y dentro del mismo  cargo,  o  en otro postulado fijado en el mismo plano, sin indicar la prelación  con  que  la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen argumentos referidos a  desaciertos  probatorios de naturaleza distinta como lo son los errores de hecho  y los de derecho.   

Es  necesario,  en  aras  de la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación,  que  el  actor identifique nítidamente el tipo de desacierto en  que  se  funda,  individualice el medio o medios de prueba sobre los que predica  el  yerro,  e indique de manera objetiva cuál es su contenido, cuál el mérito  atribuido  por  el  juzgador,  la  incidencia  de  éste en las conclusiones del  fallo,  y  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida o  indebidamente  aplicada  y cómo, de no haber ocurrido el desacierto, el sentido  del  fallo  habría  sido  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que  se conoce como proposición jurídica del  cargo y  la formulación completa de éste.   

3.5.   Los  derroteros  precedentemente  expuestos  no  son acatados por la casacionista. No  obstante  la  extensión  del  escrito  con  el  que  se pretende fundamentar la  censura,  la  demandante  no es clara en su propuesta impugnatoria, pues deja de  concretar  los  errores  probatorios  que  denuncia  y  los medios sobre los que  recaen,  no  demuestra su incidencia definitiva en el proferimiento del fallo ni  cómo  su  corrección  en  sede  extraordinaria  daría  lugar  a  modificar el  sustento  fáctico  de la sentencia, y, en consecuencia, a adoptar una decisión  en  sentido  sustancialmente distinto y opuesto al de la ameritada, con lo cual,  en   últimas,   queda  sin  demostración  la  violación  de  la  ley  por  el  fallo.   

También  se  observa  que  la  demandante  desconoce  las  reglas  técnicas imperantes en casación cuando se constata que  el   ataque   al   fallo   se  erige  en  el  desconocimiento  del  in  dubio  pro  reo,  pues  era su deber  anunciar  que  la causal invocada era la violación a la ley sustancial por vía  indirecta,  de  donde  los  cargos  debían  presentarse por error de hecho o de  derecho  en  cualquiera  de  sus modalidades, sin incurrir en la prohibición de  mezclar errores dentro del mismo cargo y en el mismo plano.   

No  obstante  estos  desaciertos  de orden  técnico,  de  suyo suficientes para desestimar la censura, el ataque que hace a  la  valoración  que  se  da  por  los  jueces  de instancia a las declaraciones  testimoniales  de  Jesús  María  Miranda  Casanova,  Nubia  Stella  Chinchilla  y Neftalí López Sánchez,  no  es  de recibo porque ellos hicieron significativos  aportes  para  determinar  que  el  procesado participó del ataque criminal que  sufrió   Luis   Carlos  Botello.    Adicionalmente    tales    exposiciones  fueron  valoradas  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la sana  crítica,   resultando   plenamente  creíble  lo  informado  por  las  personas  citadas en lo que tiene que ver con la incriminación  que se hace al procesado.   

De  las  exposiciones  de  los  referidos  ciudadanos  se  extrajeron  elementos  importantes  que  permitieron  sustentar  la  condena  en  prueba que  descarta  la  existencia  de  duda  sobre la responsabilidad del procesado. Cabe  destacar  que los razonamientos del juzgador de primer grado, que para el examen  del  caso  integra  una  unidad  jurídica  inescindible con el fallo de segunda  instancia  en  aquellos  aspectos  que no hubieren sido objeto de modificación,  cuentan  con  el respaldo probatorio debido en la actuación, sin que se aprecie  que  hubiere distorsionado, cercenado o adicionado la expresión fáctica de los  medios  a  partir  de  los cuales encontró acreditado  que    el    condenado  ejecutó      la  acción punible.   

         Adicional  a lo expuesto, si bien el impugnante señala respecto de  cada   una   de   las  referidas  pruebas  que  relaciona  que  el  ad   quem  las  adicionó,  cercenó  o  tergiversó,  no  indicó  si  con tal proceder se quebrantaron las reglas de la  lógica,  la  ciencia  y/o  la  experiencia, pues indistintamente afirma que las  pruebas  fueron  tergiversadas,  que  se  extrajeron  conclusiones ilógicas del  recaudo  probatorio  o  que  se  violaron las reglas de la experiencia, proceder  confuso que impide conocer con exactitud el reproche formulado.   

También  es  evidente  que  la  defensora  olvida  que  la  libre apreciación de las pruebas por parte de los funcionarios  judiciales  únicamente  se  encuentra  limitada  por  las  reglas  de  la  sana  crítica;   no  orienta  de  manera  alguna  su  reproche  a  demostrar  que  se  quebrantaron  los  postulados  de la ciencia, los principios de la lógica o las  máximas  de  la  experiencia,  sin lo cual, la exposición simple y llana de su  criterio   carece   de   aptitud  suficiente  para  intentar  demoler  la  doble  presunción de acierto y de legalidad del fallo atacado.   

         La  Sala  considera  oportuno  indicar  que  si  bien la demandante  señala  las  normas  sustanciales que estima conculcadas por vía indirecta, no  procedió  a  exponer  minuciosamente de qué manera se produjo su quebranto por  parte de los falladores.   

No  hay  duda  que  la  censora  sólo  se  esfuerza  por  plantear  su  personal  percepción  del  asunto,  para sin más,  concluir  que  el  procesado debe beneficiarse de la duda respecto del homicidio  imputado,  pero  no  procede  técnicamente  a  señalar  con  rigor errores del  Tribunal  en  la  providencia  atacada  que  así  lo demuestren, limitándose a  oponerse  a  las conclusiones del fallador, tarea de inadmisible acogida en sede  extraordinaria.   

Notorio  resulta  entonces  que  el libelo  adolece  de  las graves falencias técnicas destacadas, las cuales no pueden ser  enmendadas  por la Corte, habida cuenta que el principio de limitación que rige  su  actividad  en  este trámite le impone pronunciarse sólo sobre los aspectos  específicamente  propuestos  y  por tratarse de un recurso esencialmente rogado  al  que  solo se tiene acceso en virtud de petición de parte, salvo los eventos  de  nulidad  que pueden ser oficiosamente abordados, siempre que la demanda haya  sido  formulada  con rigurosa sujeción a las exigencias previstas en el Código  de Procedimiento Penal.   

Como la demandante no ha sometido su libelo  a  las  reglas  técnicas propias del trámite casacional, se impone de plano su  inadmisión.   

4. Sería ésta la  oportunidad  de entrar a considerar la admisibilidad de la demanda promovida por  el   defensor   de   Sandra  Socorro  López  Suárez,  pero  se  evidencia  una  circunstancia   que  impide  hacerlo  por  encontrarse  extinguida  la  facultad  punitiva   del  Estado  al  haber  transcurrido  el  término  previsto  por  el  legislador   para  que  prescriba  la  acción  penal  derivada  del  delito  de  concierto  para  delinquir,  por el cual se acusó y condenó a la procesada.   

4.1. En relación  con   la  prescripción  de  la  acción  penal  cuando  ella  se  presenta  con  posterioridad  a la sentencia de segundo grado, o antes en los eventos de simple  constatación  objetiva,  la  jurisprudencia  de  la  Sala tiene definido que su  declaración  corresponde  al  juez  de segunda instancia o a esta Corporación,  cuando aquél pasa por alto tal situación.   

4.2.   En  el  presente  asunto,  como  enseguida  se  verá,  el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción   de   la   acción  penal  se  consolidó  con  posterioridad  al  proferimiento  de  la  sentencia de segunda instancia pero después de que fuera  concedido  por el ad quem el  recurso  de casación interpuesto por los defensores de los acusados (auto de 23  de  mayo  de  2007),  luego  entonces  de  acuerdo  con el marco jurisprudencial  desarrollado        por        la        Sala2,  corresponde  a  la Corte su  definición.   

4.3.    De  conformidad  con  la  preceptiva del artículo 80 del Código Penal vigente para  el       momento       de       los      hechos3, la acción penal prescribía  en  un  tiempo igual al máximo de la pena fijada en la ley, si era privativa de  la  libertad,  pero  en ningún caso ese lapso podía ser inferior a 5 años, ni  exceder de 20.   

La   iniciación   del   término   de  prescripción  comenzaba  a  contarse,  para los delitos instantáneos, desde el  día  de  la  consumación,  y  desde  la  perpetración del último acto en los  tentados  o  permanentes.  Este  tiempo  se  interrumpía  por la resolución de  acusación, o su equivalente, debidamente ejecutoriada.   

Producida  la  interrupción  del término  prescriptivo,  el  término  de prescripción comenzaba a correr de nuevo por un  período  igual  a  la  mitad  del  señalado  en  el  artículo 80 ibídem, pero en ningún caso podía ser  inferior a 5 años, ni superior a 10.   

4.4.   A   la  procesada  Sandra  Socorro  López  Suárez en la resolución de acusación y en  las  sentencias  de  instancia  se  le  atribuyó  la  conducta punible prevista  originalmente  en  el  artículo  340  del  Código  Penal  de  20004, precepto que  establecía  unos  parámetros  punitivos  de  sanción privativa de la libertad  entre    tres    (3)    y    seis    (6)    años5.   

Para  efectos de establecer el término de  la  prescripción  en  este  caso,  se parte del máximo de pena señalado en la  norma  infringida,  esto  es,  6  años, término que disminuido en la mitad por  razón  de  la interrupción de la resolución de acusación ejecutoriada, queda  reducido  a  3  años,  lo  cual  significa  que  en  este particular asunto, el  fenómeno   jurídico   de  la  prescripción  respecto  del  delito  objeto  de  investigación  opera  en  un  término de 5 años (artículo 84, Decreto 100 de  19806).   

Como la resolución de acusación alcanzó  ejecutoria  el  20  de  septiembre  de  2002,  fecha  en que aparece suscrita la  providencia  del  fiscal  de  segunda instancia, significa que el tiempo mínimo  señalado  por  la  ley para que operara la prescripción de la acción penal en  el  juicio  -5 años-, se cumplió el 19 de septiembre de 2007, es decir, cuando  ya   se   había   proferido   el  auto  por  medio  del  cual  el  ad    quem    concedió   el   recurso  extraordinario  de casación excepcional interpuesto por el defensor (23 de mayo  de 2007).   

Lo  anterior,  entonces, constituye razón  suficiente  para que la Sala proceda a declarar la prescripción y la extinción  de  la  acción  penal  derivada  del  concierto para  delinquir  y a ordenar, en consecuencia, la cesación  del procedimiento seguido contra Sandra Socorro López Suárez.   

Como  quiera  que  en  el  caso  de  los  procesados  Carmen Daniel Contreras Angarita, Joselín Carrillo Mogollón, Edwin  José  Sánchez  Arias y Celso Soraca Botello se presenta una situación similar  respecto   de   los   delitos   de   concierto  para  delinquir,     hurto  calificado7  y  porte  ilegal  de armas de fuego de  defensa                   personal8,   por   los  cuales  fueron  acusados  y  condenados,  y  atendiendo  que  tales conductas punibles tienen un  plazo  prescriptivo  de  cinco  (5)  años  contados  a partir de la resolución  acusatoria,  la  Sala  debe proceder a declarar la prescripción y la extinción  de la acción penal derivada de tales punibles.   

Lo anterior impone que la pena de prisión  de   los   mencionados  procesados  se  redosifique  en  los  términos  de  los  homicidios  y tentativa  de  homicidio atribuidas a los  mismos,  de  modo  que  siguiendo  los  parámetros  tenidos  en  cuenta  por el  a  quo  se constata que en  definitiva la pena que corresponde a cada uno es la siguiente:   

—  A  Joselín Carrillo Mogollón y Edwin  José Sánchez Arias treinta (30) años de prisión.   

—  A  Carmen  Daniel Contreras Angarita y  Celso Soraca Botello veinticinco (25) años de prisión.   

El juzgado de primera instancia realizará  las  anotaciones  y  cancelaciones  que  se  deriven  de  lo  decidido  en  esta  providencia.   

5. Casación oficiosa:  

Atendiendo  los fines de la casación, que  se  concentran  en  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  éstos   y   la   unificación   de   la  jurisprudencia,  a  iniciativa  de  la  Sala  y  con el específico  fin  de  garantizar  los  derechos  fundamentales  de los procesados, se dispone  casar  de oficio la sentencia demandada pues resulta evidente que se vulneró el  principio de legalidad de las penas.   

En  efecto,  teniendo  en  cuenta  que los  hechos  ocurrieron entre 1998 y junio de 2001, claro resulta que, de acuerdo con  lo  que  disponían  el  artículo el 44 del Decreto Ley 100 de 1980, modificado  sucesivamente  por los artículos 28 de la Ley 40 de 1993 y 3º de la Ley 365 de  1997,  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas (hoy  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas) no podía  exceder del término de 10 años.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala  se  advierte  que  las  dos  instancias  fijaron  la  pena accesoria en un  quantum  que  desborda  el  máximo  de  10  años  previsto  en  las  normas vigentes cuando sucedieron los  hechos.   

        Por  tanto  la Corte casará parcialmente la sentencia, y en virtud  de  los  principios  de favorabilidad e igualdad extenderá sus efectos a los no  recurrentes,  para  fijar  en 10 años la pena accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas (antes interdicción de derechos  y funciones públicas) que deben cumplir los procesados.   

6. Compulsación de copias:  

La  Sala  observa que entre la fecha de la  sentencia  de  segunda instancia -20 de octubre de 2006- y el auto que concedió  el  recurso  de  casación  -23 de mayo de 2007-, transcurrieron más de 7 meses  sin   que   aparentemente   exista   justificación   para  tal  morosidad,  tal  circunstancia  impone  compulsar  copias de la presente decisión con destino de  la  Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura para  que  dicha  autoridad,  si lo considera pertinente, investigue al Magistrado del  Tribunal    Superior    de   Cúcuta   que   ofició   como   sustanciador   del  proceso.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         1°.  INADMITIR la demanda presentada por  la defensora del procesado Carmen Daniel Contreras Angarita.   

2°. DECLARAR   prescrita   y  extinguida  la  acción    penal    derivada    de   la   conducta   punible   de   concierto  para  delinquir  atribuida  a  Sandra     Socorro     López    Suárez.    En    consecuencia,    ORDENAR  la  cesación  del procedimiento  adelantado contra la mencionada procesada.   

3°. DECLARAR   prescrita   y  extinguida  la  acción    penal    derivada    de   la   conducta   punible   de   concierto  para  delinquir, hurto    calificado   y   porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal  atribuida  a  Carmen Daniel Contreras Angarita, Joselín Carrillo  Mogollón,  Edwin  José Sánchez Arias y Celso Soraca Botello. En consecuencia,  ORDENAR  la  cesación  del  procedimiento adelantado contra dichos procesados.   

4°. PRECISAR que por razón de los delitos de  homicidio  y  tentativa  de  homicidio  por los cuales  fueron condenados los acusados, tendrán las siguientes penas:   

–Joselín Carrillo Mogollón: treinta (30)  años de prisión.   

–Edwin José Sánchez Arias: treinta (30)  años de prisión.   

–Carmen   Daniel   Contreras  Angarita:  veinticinco (25) años de prisión. Y   

–Celso  Soraca  Botello: veinticinco (25)  años de prisión.   

5°.   CASAR  parcialmente  y de oficio la sentencia impugnada, para  condenar  a  los  procesados  Carmen Daniel Contreras  Angarita,  Joselín  Carrillo  Mogollón,  Edwin  José  Sánchez  Arias y Celso  Soraca  Botello  a  la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 10 años.   

6°.  ORDENAR al  Juzgado  de  primera  instancia  que  realice  las  anotaciones  y cancelaciones  pertinentes.   

7°.  ORDENAR la  compulsación de copias señaladas.   

8°. ADVERTIR que  contra  lo resuelto en los ordinales 1°, 4°, 5°, 6° y 7° no procede recurso  alguno.  Respecto  de los ordinales 2° y 3° procede el recurso de reposición.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                          AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.     

1 Que  corresponde  al  artículo  7°  de  las  leyes  600  de  2000  y  906  de 2004.   

2  Véase:  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto de 4 de mayo  de 2006, radicación 25422.   

3 Que  estructuralmente  coincide  con  el normado en el artículo 83 del Código Penal  de 2000.   

4  La  citada norma fue modificada por la Ley 733 de 2002, artículo 8°.   

5  Quantum punitivo similar al  consagrado  en el artículo 186 del Código Penal de 1980 (modificado por la Ley  365 de 1997, artículo 8°).   

6  Corresponde   al   contenido   original   artículo  86  del  Código  Penal  de  2000.   

7 En el  artículo  350  del Código Penal de 1980 se tenía previsto que el hurto  calificado  acarreaba  pena será  prisión de dos a ocho años.   

8 Para  la  fabricación  y  tráfico  de  armas  de  fuego o  municiones    el    mismo   Estatuto   –modificado  por medio del Decreto3664  de  1986,  artículo  1°–  se tenía anunciada una pena de prisión de 1 a 4 años.     

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