29329(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 29329  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N°  152   

Bogotá,   D.  C.,    diez  (10)  de  junio  de  dos  mi  ocho  (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La   Corte  decide  respecto del cumplimiento de los presupuestos  de  logicidad y debida argumentación de la demanda de  casación  presentada por el defensor de RODRIGO VARGAS TOVAR.   

H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  primera instancia, así:   

“El  26  de  febrero   del   año  que  avanza  (2007),  siendo aproximadamente las 11:00 horas, en un retén militar que  se  encontraba  ejerciendo  control sobre la vía Solita (Caquetá), frente a la  base  Militar,  miembros  de esa institución procedieron a hacerle el pare a un  vehículo   tipo  volqueta  de  placas  BKJ  631,  el  cual  era  conducido  por  RODRIGO  VARGAS TOVAR, y al  proceder  a su requisa encontraron en la parte de atrás denominada ‘volco’, que es donde se lleva la carga, dos  bultos  que  en su interior contenían la cantidad de 104.190 gramos, peso neto,  de  una  sustancia  que  luego  del  análisis  químico  resultó positivo para  cocaína”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.    Por  razón   de   los   hechos   narrados,  en  audiencia  preliminar que se realizó  el  27  de febrero de 2007  ante  el  Juzgado Promiscuo Municipal con función de  Control  de  Garantías  de  Valparaíso  (Caquetá),  después  de verificar la  legalidad  de  la  captura  en  flagrancia, la Fiscalía 11 Local  de dicho  municipio    imputó   a  Rodrigo   Vargas   Tovar  la comisión, en calidad de  autor,      del     delito     de     tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes,   de   acuerdo  con  lo  previsto  en  el   artículo  376 del  Código  Penal.     Así     mismo,     el  Juzgado le  impuso   medida   de   aseguramiento   de  detención  preventiva  en  un  centro  de  reclusión.   

Cabe    precisar    que    el   defensor   del  imputado  interpuso  recurso  de  apelación  contra  la  providencia  que  declaró   la   legalidad   de   la   captura,  pues  estimó   que  ésta  fue  ilegal  por  cuanto a su representado no le hicieron conocer de manera inmediata  sus     derechos,     decisión     que,   el  27  de  marzo  de  2007,   fue  confirmada por el Juzgado Promiscuo del Circuito  de  Belén de los Andaquíes  (Caquetá).   

El  10 de abril de 2007 la Fiscalía Cuarta  Especializada   radicó   el   escrito  de  acusación  en  el  cual  imputó  a  Rodrigo   Vargas   Tovar  la    comisión    del  delito  de tráfico,       fabricación  o  porte de estupefacientes agravado  por       la       cantidad       (artículos  376  y  384,           numeral          3°,  del  Código Penal).   

El   Juzgado  Segundo     Penal     del    Circuito    con    Funciones    de    Conocimiento      de      Florencia  (Caquetá)  llevó  a  cabo audiencia de formulación   de   acusación  el  15 de junio  de         2007,        el        25        de        julio    siguiente    la   audiencia  preparatoria      y,     finalmente,     el     juicio     oral     culminó el  25 de septiembre de la misma anualidad.   

2.   El  mencionado  Juzgado, mediante  sentencia  del  8  de  octubre  de  2007,  condenó a  Rodrigo          Vargas         Tovar           a las penas principales de 266 meses de  prisión  y  multa  de 3.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso  de  20  años,  como autor del delito de tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes agravado.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  quien  alegó que el juzgador dejó de valorar unos medios de prueba  que  conducían  a  la  inocencia  de  su procurado, la Sala Única del Tribunal  Superior  de  Florencia,  el  8  de  noviembre  de  2007,  lo  confirmó  en  su  integridad.   

3.  Contra esta decisión el mencionado  profesional del derecho interpuso recurso de casación.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor   del   acusado   Rodrigo  Vargas  Tovar,  con  fundamento  en  las  causales  segunda   y   tercera  previstas    en   el  artículo 181 del Código  de  Procedimiento  Penal, presenta tres cargos contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de la  siguiente manera:   

Causal  segunda   

Primer  cargo   

Acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en  violación  de  las  debidas garantías y de la estructura del proceso, toda vez  que  en la captura de su procurado se “violaron sus  derechos”,  específicamente  el  contemplado en el  numeral   3°   del   artículo   303   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  “pues  como  se  deduce  de  la  declaración  del  sargento  Fredy  Arbey Burgos, éste, primero habló con Rodrigo Vargas antes de  subirse  a la volqueta y, luego cuando se iba a bajar, momentos en los cuales mi  representado  le  manifestó  algunas  palabras  y  frases  que  después fueron  utilizados    en    contra    del   indiciado   en   los   momentos   siguientes  procesales”.   

En   otros   términos,  refiere  que  el  mencionado  sargento  puso  de  presente a su defendido el derecho que tenía de  guardar  silencio  sólo  después  de  haber  conversado con éste, habiéndose  utilizado  en  el  juicio  y  en  su  contra  la mencionada conversación que el  imputado  tuvo  con  aquél,  aspecto que, en su criterio, violó las garantías  establecidas  en  la citada norma, máxime cuando los preceptos constitucionales  y  legales  son  claros cuando preceptúan el derecho que el imputado tiene a no  auto incriminarse.   

Agrega  que  tal irregularidad la alegó en  las  instancias  sin éxito, “en razón a la odiosa  interpretación  de los elementos de convicción que muchos operadores efectúan  por una y otra razón”.   

De  otra  parte, también considera nula la  actuación,  ya  que,  en  su  opinión,  tanto  el juez de primer grado como el  Tribunal   transgredieron  el  principio  de  imparcialidad  cuando  conocieron,  “con  antelación al proferimiento de la sentencia  de  mi  representado,  de  una  nulidad  interpuesta por la defensa frente a una  actuación  irregular,  propia  del  control  de  garantías,  con  respecto  al  imputado  DONALDO  ROJAS.  El  juez  analizó la tesis y consideró que debería  surtirse  un  procedimiento  adicional  de notificación para conjurar los ritos  procesales”.   

Estima  que  esa  específica  actuación  “muy  seguramente produjo un juicio anticipado del  juez  de  la  causa,  por  llegar  a  la  audiencia  con información probatoria  referida   a   los   elementos   o  información  de  cargo  que  edificaban  la  responsabilidad   del   acusado   Rodrigo  Vargas”,  situación  que  le  permite colegir que no se tuvieron en cuenta los artículos  5°  y  56,  numeral 13, del Código de Procedimiento Penal, sin dejar pasar por  alto  que,  en su criterio, el rompimiento de la unidad procesal respecto de los  demás coprocesados, afectó las garantías de su defendido.   

Segundo cargo  

Así  mismo,  considera  que  la  fiscalía  quebrantó  lo  dispuesto  por  el  artículo  344 de la Ley 906 de 2004, lo que  conllevó  a  la  violación del debido proceso y, consecuentemente, del derecho  de   defensa,  toda  vez  que  “no  descubrió  la  declaración  rendida  por  Donaldo  Rojas  Tovar,  hecho  que de no ser por una  circunstancia  accidental  de  la  defensa  de  haberse  enterado, había pasado  desapercibida  en  el  juicio,  pues  tan  sólo  en  el juicio oral el suscrito  defensor  demandó  ante  el juez la revelación de dicho documento declarativo,  como   así   lo   hizo   después”,   aun  cuando  “ya  no se contaba con el tiempo necesario para la  refutación”.   

Dice  que  también  omitió  la  fiscalía  descubrir  la  “reponencia  del teniente Alexander  Galíndez  Ospina, el cual fungía presuntamente como comandante de la base a la  cual   pertenecía   el   sargento  Fredy  Burgos”,  testimonio  que “muy probablemente hubiese arrojado  luces  para  esclarecer  el caso a favor” de su  defendido.   

Causal tercera  

Único cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho generado en un  falso  raciocinio,  toda  vez que desconoció las reglas de la sana crítica, de  la experiencia y de la lógica.   

Después de indicar que el fallo de condena  se  sustentó  básicamente  en la declaración de cargo rendida por el sargento  Fredy  Arbey  Burgos,  afirma el libelista que si bien este testigo adujo que su  representado  “le manifestó que no llevaba nada en  su  volqueta  el  día de los hechos, esta circunstancia no obedece a la verdad,  pues  lo  único  que  le  dijo en ese instante dicho sargento a Rodrigo fue que  cómo  estaba, según lo explica el propio acusado, además si nos atenemos a la  lógica  y  a  las  reglas de la experiencia, lo primero que hacen y deben hacer  los  militares  cuando  van  a requisar un vehículo, es por su puesto saludar y  luego pedir permiso para las requisas”.   

Ahora  bien,  indica  que  si  su procurado  respondió  al sargento de otra manera, es decir, que no llevaba “carga  de  balastro”, obedeció a que  “dos   bultos   para   una   volqueta   son  algo  irrelevantes”.  Así  mismo,  el  sargento  Burgos  afirmó  que  “Rodrigo Vargas le había manifestado  que  lo  dejara pasar como si le fuera a ofrecer algo a cambio, aspecto este que  desluce  la  realidad  fantasmagórica  y mal intencionada del sargento, pues el  señor  Rodrigo  de  manera  desprevenida e ingenua menciona que él sí le dijo  algo  de  que  no  lo  fuera  a  involucrar  en  esos hechos, por cuanto él era  inocente  de  ello,  que  sólo estaba haciendo era casi un favor a las personas  que  acababan  de  llegar,  refiriéndose  a  Manuel,  aspecto que acorde con la  lógica   y  las  reglas  de  experiencia”  permite  colegir  la  no  existencia  de  un  comportamiento  delictual  por  parte de su  defendido.   

Igualmente,  indica  que,  contrario  a  lo  considerado  por  el  Tribunal, es factible que un conductor como su procurado y  en  un  sector  rural  recoja  pasajeros  y carga en la vía, todo por la simple  razón  de  hacer un favor ciudadano y, de paso, ganarse unos pocos pesos por el  servicio,  sin  que se le pudiera exigir que tuviera que revisar el contenido de  la   carga,   pues    le  informaron  que  se  trataba  de  “salvao”,  cuyos  dueños le indicaron  que    viajarían    en    una    motocicleta,    hecho    que   “tampoco  es  anormal”  si se tiene en  cuenta   que   en   una   motocicleta   es   imposible   llevar   ese   tipo  de  carga.   

Considera   una  inconsistencia  que  los  soldados  Dimar  y Malambo sólo se dieran cuenta de la existencia de la base de  coca  luego  de  que  llegara  la Fiscalía mucho tiempo después, como también  resulta  extraño  que  ellos  no  se  enteraran  de  la  conversación entre el  sargento y su procurado.   

En su opinión, el juzgador “dejó  a  un  lado  el  análisis  objetivo de las pruebas que sin  lugar  a  dubitaciones  demostraba  que  no fue posible que Rodrigo Vargas Tovar  hubiese  ejecutado  o  participado en la conducta reprochable que se le endilga,  pues  si  se hubiesen analizado desprevenidamente cuando menos las declaraciones  de  Donaldo  Rojas, Maricela Sánchez y la propia declaración del acusado, otro  hubiese  sido  el  sentido del fallo”, pues aquellos  testigos  fueron  claros  en  indicar  que  su  representado  era  ajeno  a  los  hechos.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  el   fallo   impugnado   y,   en   su   lugar,   declarar   la   “nulidad  del  proceso  desde  la diligencia de legalización de la  captura,   o   en  su  defecto  y  de  manera  subsidiaria  se  dicte  sentencia  absolutoria”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Como la Sala lo ha indicado, en el  nuevo  el  sistema  procesal,  la  casación se concibe como un medio de control  constitucional  y  legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados  por delitos cuando afectan derechos o  garantías  procesales.   Por  lo mismo, ha de concluirse que este recurso,  concebido  como  un  control constitucional, es  consecuencia natural de la  función  que  ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación,  según  así  lo  prevé el artículo 235 de la Carta, y, por ende, guardiana de  los  fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de  2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  son los mismos del proceso penal, lo que explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  dirigido  a  lograr esos  fines.   

Por  ello, “el  recurso  extraordinario de casación  no  puede ser interpretado sólo  desde,  por  y  para  las  causales,  sino también desde sus fines, con lo cual  adquiere  una axiología mayor vinculada con los propósitos del proceso penal y  con   el   modelo   de   Estado   en   el   que   él   se  inscribe.   

“En  otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de     la     casación”.1   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2.   Teniendo en cuenta los anteriores  lineamientos,  advierte  la  Corte  que la demanda presentada por el defensor de  Rodrigo   Vargas   Tovar  no  reúne  los  requisitos de claridad, precisión y  logicidad   que   para  ser  admitida  establecer  las  normas  que  regulan  la  casación.   

En   lo   atinente   a  los  dos  primeros  cargos,  fundados  en  la  causal  de  nulidad, surge claro que no contienen la debida claridad, precisión  y  logicidad,  toda vez que las argumentaciones allí consignadas se quedaron en  el  simple  plano  de  la  enunciación,  sin  que  la Corte vislumbre cómo los  errores  in  procedendo acusados socavaron tanto la base estructural del proceso  como    las    garantías   judiciales   de   Vargas  Tovar.   

Es  así como en lo que hace relación a la  presunta  violación  de  los  derechos  del capturado, en tanto que el sargento  Fredy  Arbey  Burgos  no enteró oportunamente al aprehendido del derecho que le  asistía     de     guardar     silencio    (primer  cargo),  el  casacionista  no  dedicó  línea alguna  tendiente  a evidenciar cómo esa presunta omisión del suboficial del Ejército  Nacional  incidió en las conclusiones del fallo, al punto que se hace necesaria  la intervención de la Corte como tribunal de casación.   

En  otros  términos,  el  libelista  no  demostró  cómo  en  verdad las manifestaciones que el recién capturado había  realizado  antes  de  que  se  le  enterara  de  sus  derechos constitucionales,  sirvieron  de  fundamento  de  las plurales decisiones adoptadas en la sentencia  impugnada,  no  pudiéndose olvidar que dentro del trámite de la casación rige  el  principio  de  limitación,  según  el  cual,  la  Corte  no puede entrar a  complementar  la  censura  del  libelista,  en tanto que esta impugnación es de  naturaleza  rogada,  es  decir,  que  compete  al casacionista, con apoyo en las  causales  de  casación,  ilustrar a la Sala en qué consistió el vicio y cómo  el mismo incidió en el resultado final del proceso.   

De otra parte, no encuentra la Corte que en  realidad  se hubiesen vulnerado los derechos que ahora son objeto de alegación,  pues  la  observación de los datos consignados en el proceso surge claro que la  conversación  que  el  mencionado  sargento  Fredy Arbey Burgos tuvo con el hoy  acusado  se  llevó  a  cabo  antes  de  que éste encontrara el estupefaciente,  momento  a  partir  del cual se le hizo conocer el derecho que tenía de guardar  silencio.   

De otro lado, frente al segundo reparo que  plantea  el casacionista con base en la causal de nulidad, consistente en que el  Tribunal  vulneró  el  principio  de  imparcialidad,  en  la  medida en que con  antelación  a  desatar el recurso de apelación interpuesto contra la sentencia  de  primera  instancia,  había  conocido  de la actuación relacionada con otro  coprocesado,  también  se  quedó  en  el  plano  del  enunciado, puesto que no  demostró  que  efectivamente  ese  supuesto  conocimiento  previo que tenía el  juzgador  de  segunda  instancia incidió de manera negativa en las conclusiones  que adoptó en la sentencia condenatoria.   

En  otras  palabras, el actor no demostró  cómo  en  verdad el conocimiento previo que de los hechos tenía el Tribunal lo  condujo  a  impartir  confirmación  a  la  sentencia  condenatoria  de  segunda  instancia,    afectado    de    esa    manera    el    invocado   principio   de  imparcialidad.   

Además, la Corte advierte que al libelista  le  era  imposible  lograr dicha demostración, toda vez que es el propio censor  quien    duda    de   esa   hipótesis   cuando   afirma   que   “muy   seguramente   produjo   un   juicio   anticipado”,  sin  dejar  pasar por alto que tampoco hizo referencia alguna  respecto  de  las pruebas que habiendo sido conocidas con anterioridad generaron  unas  consideraciones  en el juzgador llevaron al supuesto desconocimiento de la  imparcialidad que ahora se alega.   

Respecto      del     segundo  cargo, fundado en la violación  del  debido  proceso  y  del  derecho  de  defensa,  tampoco, como era su deber,  demostró          que         efectivamente         las         “declaraciones” de Donaldo Rojas y del  Teniente  Alexander Galíndez Ospina no fueron objeto de descubrimiento conforme  lo  establece  la  ley,  ni  ilustró cómo en verdad dichos elementos de juicio  estaban en poder de la fiscalía.   

De igual manera, tampoco señaló cómo de  haber   sido   descubiertos   oportunamente  los  citados  elementos  materiales  probatorios  conforme  a  las  reglas  que  al  respecto  consagra el Código de  Procedimiento   Penal,   necesaria  e  ineludiblemente  el  fallo  habría  sido  favorable  a  los intereses de su representado, máxime cuando dentro del examen  individual  y mancomunado de todos los medios de convicción en que se sustentó  el   juicio   de  responsabilidad,  la  inocencia  del  procesado  afloraba  sin  discusión o duda alguna.   

Cabe acotar que el libelista tampoco podía  cumplir  con  la  carga  anteriormente mencionada, toda vez que él mismo acepta  que,  por  lo  menos,   la   declaración  de  Donaldo   Rojas   sí  fue  objeto  de  prueba  en el juicio  por  razón  de  la petición elevada por la defensa, siendo evidente, entonces,  que   contó   con   la   oportunidad   en   el   ejercicio   del   derecho   de  contradicción.   

Por   último,   en  lo  que  atañe  al  último cargo postulado por  la  vía  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial, por error de hecho  generado  en  un  falso raciocinio, el libelista tampoco demostró su incidencia  frente    al   acto   de   valoración   de   la   prueba   realizada   por   el  sentenciador.   

En efecto, en primer término vale recordar  que  cuando la censura se funda en la infracción indirecta de la ley sustancial  por  error  de  hecho  generado en un falso raciocinio, al demandante le compete  indicar  cuál fue la regla de la sana crítica vulnerada, de qué manera lo fue  y su incidencia frente a las conclusiones adoptadas en el fallo.   

Y si bien es cierto que el actor afirma que  el  juzgador  en el proceso valorativo de la prueba pasó por alto las reglas de  la  experiencia y de la lógica, también lo es que no precisó a cuál regla de  la   experiencia   se   refería   y  cuál  fue  el  principio  de  la  lógica  desconocido.   

En  últimas,  de la fundamentación de la  censura,  la  Corte  advierte que la inconformidad del casacionista radica en el  grado  de  credibilidad  que  el  sentenciador  le otorgó a los testimonios del  sargento  Fredy  Arbey  Burgos  y de los soldados Dimar y Malambo, habida cuenta  que   pretende   oponerse   a  sus  conclusiones  sin  que  evidencie  el  yerro  invocado.   

Por  ejemplo,  mírese  como  respecto del  testimonio  del  suboficial Fredy Arbey Burgos, pretende enervar el conocimiento  que  vertió  en  el  juicio oral con el argumento de que la experiencia enseña  que  los  militares  primero  deben  saludar  y  después sí pedir permiso para  requisar  el  automotor.  Sin embargo, el casacionista no señaló la máxima de  la  experiencia  que  impone que la revisión de los automotores por parte de un  funcionario debe cumplirse en esos precisos términos.   

Así  mismo, sin enseñar ninguna clase de  error  en la apreciación de la prueba, pretende demeritar las declaraciones del  mencionado  suboficial  y  de  los  soldados  con  el argumento de que presentan  algunas  inconsistencias,  disparidad  de criterios que, como lo tiene señalado  la  Corte  de  tiempo  atrás, no constituye yerro para ser atacado en esta sede  casacional,  a  menos  que  se  desconozcan  los principios que informan la sana  crítica, evento que aquí tampoco ocurrió.   

No sobra recordar que la sentencia llega a  esta  sede  amparada por la doble  presunción  de  acierto   y   legalidad,   es   decir,   que   las   pruebas  fueron   apreciadas   correctamente   y   que  la   norma   sustancial   escogida  era  la  llamada  a gobernar el asunto,  presunción  que  compete  al  casacionista desvirtuar a través de las precisas  causales  de  casación  y  demostrando  el  vicio frente a las conclusiones del  fallo, labor que no emprendió.   

En   esas  condiciones,  la  demanda  se  inadmitirá.   

Resta  señalar  que no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías    del    procesado    Rodrigo    Vargas  Tovar,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación  final   

Habida  cuenta  que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  Rodrigo   Vargas   Tovar  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  artículo   186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar  que  como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su                   aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal               –siempre     que     el     recurso     no   hubiera    sido    interpuesto   por   el   Procurador   Judicial–,   el   Magistrado   disidente   o   el  Magistrado que no  haya   participado  en  los  debates  y  suscrito  la  providencia  inadmisoria.   

b)  La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de  lo     expuesto,     la     CORTE    SUPREMA    DE  JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN    PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR     la   demanda   de  casación presentada por el defensor de RODRIGO VARGAS TOVAR.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es facultad de la demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO                                

                                                 

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *