29297(29-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29297  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aprobado    acta    No.    207        

Magistrado Ponente:  

Dr.     JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

Bogotá,     D.    C.,    veintinueve  de  julio  del año dos mil  ocho.   

Conceptúa la Corte sobre la extradición del  ciudadano      colombiano       JAIME  MEDINA, solicitada por el Gobierno  de los Estados Unidos de América.   

ANTECEDENTES  

1.-  El  Gobierno  de  los Estados Unidos de  América,  por  conducto  de  su  Embajada en Colombia, mediante Nota Verbal No.  3847  fechada  el  10 de diciembre de 2007, dirigida al Ministerio de Relaciones  Exteriores,  solicitó  la  detención provisional con fines de extradición del  señor  JAIME MEDINA, nacido  el  30 de noviembre de 1956 e identificado con la cédula de ciudadanía número  19.645.055.   

De   esta  solicitud,  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  dio traslado al Ministerio del Interior y de Justicia, y  al  Fiscal  General de la Nación. Esta autoridad, mediante Resolución de 12 de  diciembre  de  2007,  libró  orden  de  captura  en  su contra, la cual se hizo  efectiva el día 17 siguiente en la ciudad de Barranquilla.   

2.-   Con  Nota  Verbal  No.  0423       del       14         de         febrero      de      2008,  la Embajada de los Estados Unidos de  América  formaliza  ante el Ministerio de Relaciones Exteriores la solicitud de  extradición del referido ciudadano colombiano.   

Informa  que  JAIME MEDINA es requerido para  comparecer   a   juicio  por  delitos  federales  de  narcóticos.  Precisa  que  “es  el  sujeto  de  la  acusación No.  06-232 (RCL),  dictada   el   1   de   agosto  de  2006,  en  la Corte Distrital de los Estados  Unidos   para  el  Distrito  de  Columbia”,  por  medio  de la cual se le acusa  de   un   cargo   por   el  delito  de  concierto  para  distribuir cocaína,  y  cinco  cargos más        por       los  de  distribución  de  dicha              sustancia             estupefaciente.   

Señala que el 1 de  agosto  de  2006 la Corte Distrital dictó un auto de  detención   contra   el   señor  MEDINA   con   base  en  la  acusación,  el  cual  permanece  válido  y  ejecutable.   

Manifiesta     que     “los    hechos    de   este  caso indican que una investigación que  comenzó  aproximadamente en el 2005 en Colombia ha demostrado que Jaime Medina,  Luz  Stella  Fernández   Vélez,  Luis  Carlos Ropero Díaz, Edgar Pérez,  Natanael   Sepúlveda  Becerra,  Juan  Carlos  Medina  Coronado,  Jorge  Emigdio  Vásquez,  Luis  Horacio  Restrepo  Martínez,  Ubernel  Pérez Quintero, y Luis  Alberto  Pérez  Quintero  son  miembros  de  una  organización  de tráfico de  narcóticos  cuya  base  de  operaciones  es  en  el  norte  de  Colombia. Dicha  organización  construye  y administra, frecuentemente en unión con ex miembros  de   las   Autodefensas   Unidas   de  Colombia  (AUC),  un  número  de  laboratorios  de  cocaína  que  producen múltiples miles de  kilogramos  de  cocaína,  mucha  de la cual es enviada a los Estados Unidos. La  investigación  y  la  evidencia  han  establecido  que cada uno de los acusados  nombrados  en la acusación está involucrado con la fabricación, transporte, y  tráfico   de   cocaína   desde   Colombia   para   importarla  a  los  Estados  Unidos.   

Precisa  que “en  el  2005, o aproximadamente en ese año, la Policía Nacional Antinarcóticos de  Colombia    (CPN)    inició    interceptaciones   legalmente   autorizadas   de  conversaciones  telefónicas  que involucraban al líder de esta organización y  a  miembros de las operaciones de narcóticos de dicho líder. Desde esa época,  oficiales  de  la  CNP  han  destruido  nueve  laboratorios.  En  cada caso, los  miembros  de la organización han sido escuchados en el teléfono hablando sobre  las  incautaciones  durante o con posterioridad a las operaciones realizadas por  las  fuerzas del orden. Durante muchas de las conversaciones, los miembros de la  organización  hablaron  sobre  el  hecho de que la incautación estaba teniendo  lugar  o  había tenido lugar, sobre el efecto de la incautación y sobre lo que  ellos  debían  hacer como  resultado de la incautación”.   

Específicamente   en   relación  con  el  requerido   en   extradición   en   este   caso,  precisa  que  “los  testigos  han manifestado que JAIME MEDINA es dueño de varios  de  los  laboratorios  de  cocaína  que fueron incautados al norte de Colombia,  cerca  de  Santa  Marta  de  las  montañas de la Sierra Nevada. Medina emplea a  varios  administradores  para  sus  operaciones,  y  cada  laboratorio  también  utiliza  trabajadores  para  producir  kilogramos  de  cocaína  de  la  base de  cocaína.  Medina  vende la cocaína a una variedad de compradores, incluyendo a  ex miembros de las AUC”.   

Advierte  de  otra  parte,  que “todas  las  acciones  adelantadas  por  el  acusado en este caso  fueron  realizadas  con  posterioridad al 17 de diciembre de 1997”.   

   

Para  tales  efectos, adjunta los siguientes  documentos  debidamente  autenticados, traducidos y legalizados por el Consulado  de Colombia en Washington, D.C.:   

2.1.-  Declaraciones juradas en apoyo de la  solicitud  de  extradición,  rendidas por Patrick H.  Hearn,    Abogado  Litigante  en  la  Sección  de  Narcóticos   y  Drogas  Peligrosas  de la  División  Penal  del  Departamento  de  Justicia  de Estados Unidos     y     Matthew    O’Brien,  Agente Especial de la Administración de Control de Drogas (DEA).   

2.2.-  Acusación  de los Estados Unidos de  América   contra   JAIME   MEDINA   y   otros,   presentada   el   1  de  agosto  de  2006  ante la Corte  Distrital   de   los   Estados   Unidos   de   América   para  el  Distrito  de  Columbia, dentro del caso  penal        No.     06-232.   

2.3.- “Orden de Arresto”, emitida por la  Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  de  América  para  el  Distrito  de  Columbia,  contra  JAIME  MEDINA, por los cargos referidos en la acusación.   

2.3.- Disposiciones sustanciales aplicables  al     caso,     Secciones      2  (autores)  y   3282 (término de prescripción para  delitos  no  capitales)  del  Título  18  del  Código  de  los Estados Unidos;  812 (listas de sustancias  controladas),    853  (extinción  penal  del  derecho  de  dominio),  959  (posesión,   fabricación   o   distribución   de  sustancias      controladas),     960    (actos    ilícitos),    963  (tentativa    y    concierto)    y    970  (extinción  penal del derecho de  dominio),  del  Título  21   ejusdem.    

3.-  El Ministerio de Relaciones Exteriores  dio  traslado  de  la  documentación al Ministerio del Interior y de Justicia y  conceptuó,  además,  que “por no existir Convenio  aplicable  al  caso  es  procedente  obrar  de  conformidad  con el ordenamiento  procesal penal colombiano”.   

El  Ministerio  del Interior y de Justicia,  por  su  parte,  adjunto  al  oficio 4573     fechado    el    21  de febrero  de  2008, dio curso ante  la  Corte  de  la  solicitud  de  extradición,  en  donde,  una  vez agotado el  procedimiento  establecido en la Ley 906 de 2004, corresponde emitir el concepto  de rigor.   

ALEGATOS DE CONCLUSIÓN.  

Durante el término de traslado, sólo hizo  uso  de  este derecho el Procurador Primero Delegado para la Casación Penal, en  tanto que la defensa guardó silencio.   

Del Ministerio Público.  

Después  de hacer un recuento del trámite  llevado  a  cabo  en  el  presente  asunto,  advierte  que de conformidad con lo  señalado  por  el  Ministerio  de Relaciones Exteriores, al no existir convenio  internacional  aplicable al caso, debe procederse de conformidad con lo previsto  en el Código de Procedimiento Penal.   

Con  base  en  dicho  parámetro normativo,  considera   que  los  requisitos  relacionados  con  la  validez  formal  de  la  documentación   presentada,   la   demostración  plena  de  la  identidad  del  solicitado,  la  concurrencia  del  principio  de  la  doble incriminación y la  equivalencia  de la providencia proferida en el extranjero, que el artículo 502  de  la  Ley  906 de 2004 prevé como condiciones para conceptuar favorablemente,  se  cumplen a cabalidad. Igual sucede, dice, con las exigencias de que el delito  haya  sido  cometido  en  el  exterior y con posterioridad al 16 de diciembre de  1997.  Por todo lo anterior sugiere a la Corte emitir concepto en dicho sentido.   

Considera  asimismo, que si bien se reúnen  los  requisitos  formales que el Código de Procedimiento Penal Colombiano exige  para  conceptuar  favorablemente,  resulta  imperativo solicitarle a la Sala que  exhorte  al  Gobierno  Nacional  para que en caso de conceder la extradición se  condicione   tal  determinación  a  que  el  Estado  requirente  no  juzgue  al  extraditado  por  hechos  distintos  a  los  que  motivan  la  extradición,  ni  anteriores  a  diciembre  de  1997  y  que el mismo no sea sometido a destierro,  prisión  perpetua,  confiscación,  tratos  crueles, inhumanos o degradantes, o  pena de muerte.   

SE CONSIDERA:  

1.- Aclaración previa.   

El  artículo  35  de  la  Carta Política,  modificado  por  el artículo 1º del Acto Legislativo No. 01 de 1997, establece  que  la  extradición se podrá solicitar, conceder u ofrecer de acuerdo con los  tratados públicos y, en su defecto con la ley.   

Como   en  este  caso  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia  conceptuó  sobre  la ausencia de convenio  aplicable  en  materia  de extradición con el país solicitante (Estados Unidos  de  América),  y  estableció  la consecuente aplicación de lo previsto, en el  referido  tema,  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  la Corte, en total  coincidencia  con lo expresado por la Procuradora Delegada, abordará el estudio  de  los  aspectos  sobre  los  cuales  debe emitir el concepto, previstos por el  artículo 502 de la Ley 906 de 2004.   

Es de precisar, además, que de la solicitud  y  documentos  anexos  se  establece  que  las  actividades delictivas que se le  imputan    al   señor   JAIME   MEDINA   tuvieron  ocurrencia  en  el  exterior  y  no versan sobre  delitos  políticos,  toda  vez  que  las  conductas  definidas  como  concierto  para  traficar con estupefacientes y la distribución  de dichas sustancias, no  constituyen  delito  político.  Por otra parte, los  hechos  por  cuya  realización se solicita la extradición fueron cometidos con  posterioridad  a  la  entrada  en  vigencia del Acto Legislativo No. 01 de 1997,  modificatorio  del  artículo  35  de  la Carta Política, por lo que no resulta  pertinente   hacer  alguna  salvedad  al  respecto.   

Ha    de    anotarse,   asimismo,   que      en      el     pliego    enjuiciatorio    en    que  se   apoya    la   solicitud   de    extradición   y  en  ésta, se  precisa que los actos   determinantes    del   concierto   para  distribuir  con  la intención y el conocimiento de que dicha sustancia sería  importada  a  los  Estados Unidos de América, fueron  llevados   a   cabo   entre   los   meses  de  enero  de        2005        y        junio de 2006.   

Y  si  bien  en  la documentación anexa  se indica que parte de  los  actos  determinantes de las mencionadas ilicitudes tuvieron realización en  territorio  de la República de Colombia, también es claro que allí se precisa  que  JAIME MEDINA y demás  coacusados  “son  miembros de una organización de  narcotráfico  basada  en  el  norte de Colombia. Esta organización construye y  administra  varios laboratorios de cocaína produciendo múltiples cantidades de  miles  de  kilogramos  de  cocaína,  mucha  de la cual es enviada a los Estados  Unidos,  con frecuencia conjuntamente con las Autodefensas Unidas de Colombia, o  AUC.  La  investigación y las pruebas, las cuales consisten en incautaciones de  cocaína,  conversaciones  telefónicas  grabadas,  pruebas físicas y testigos,  han  establecido  que cada uno de los acusados nombrados en la acusación formal  está  involucrado  en  la  fabricación,  transporte  y tráfico de cocaína de  Colombia    para    su    importación    a   los   Estados   Unidos”1.   

De  manera que acorde con cualquiera de las  hipótesis   identificadas   dogmática  y  doctrinariamente  como  instrumentos  jurídicos  para establecer el lugar de realización de la conducta (Art. 14 del  C.  P.),  tales  como  el lugar de realización de la acción, según el cual la  conducta  se  entiende  cometida  en  el  lugar  donde  se llevó a cabo total o  parcialmente  la  exteriorización  de voluntad; y la del resultado que entiende  realizada  la conducta en donde se produjeron sus efectos;  y la teoría de  la  ubicuidad  o  mixta  que entiende realizada la conducta donde se efectuó la  acción  de  manera  total o parcial, como en el sitio donde se produjo o debió  producirse  el  resultado,  se  tiene que los comportamientos atribuidos por las  autoridades  judiciales  de  los  Estados  Unidos  de  América  a JAIME MEDINA,  traspasaron  las  fronteras  colombianas,  de  lo cual surge que se satisface la  condicionante  constitucional  de  que  el  delito  haya  sido  cometido  en  el  exterior.   

2.-  VALIDEZ  FORMAL  DE  LOS  DOCUMENTOS  PRESENTADOS.   

De  la  actuación  se  establece  que  la  documentación  allegada  por la Embajada del Estado requirente, relacionada con  la     acusación      No.     06-232,  dictada   el   1   de  agosto  de  2006   por   la   Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  de  Columbia no  sólo  fue  autenticada  mediante  sello  y  firma  por  el  Secretario  de  esa  Corte2,  sino  que  a  ella  hace  alusión el Fiscal Auxiliar cuando en  declaración   jurada   indicó  que  “es   práctica del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos  para  el Distrito de Columbia retener la acusación formal original y archivarla  con   el  Secretario  del  Tribunal.  He  obtenido,  por  lo  tanto,  una  copia  certificada  fiel y exacta de la acusación formal del Secretario del Tribunal y  la  he adjuntado a esta declaración jurada como Prueba B. También he adjuntado  copias  certificadas,   fieles  y  exactas  de las órdenes de arresto como  Prueba   C”3.   

Además,        las   declaraciones     juradas    rendidas    por    Patrick    H.   Hearn,   Abogado  Litigante   y   del  Agente    Especial     Mathew   O’Brien  de   la   Administración   para   el Control  de   Drogas              (‘DEA’   por  sus siglas en inglés), figuran avaladas con la firma  de    un    Juez   Magistrado   del   Distrito   de  Columbia;  legalizados por Thomas C. Black, Director  Asociado  Interino  de  la  Oficina  de Asuntos Internacionales -División de lo  Penal-  del  Departamento  de  Justicia,  el  Procurador  General de los Estados  Unidos  de  América,  la  Secretaria  de  Estado,  y el Funcionario Auxiliar de  Autenticaciones del Departamento de Estado de dicho país.   

Estos  instrumentos,  por su parte, fueron  autenticados  por  el  Consulado de Colombia en Washington, D.C., y a su vez por  el   Jefe   de   Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia.   

Por lo anterior, teniendo en cuenta que la  solicitud  de extradición del ciudadano colombiano JAIME MEDINA, se hizo por la  vía  diplomática,  que  ella contiene la copia auténtica de la resolución de  acusación,  la  cual,  junto  con  las  declaraciones juradas que se allegan en  apoyo  de  la solicitud, es específica en indicar exactamente las conductas que  motivaron  la  solicitud   y  el lugar y las fechas o épocas en que fueron  realizadas,  así  como  los datos necesarios para establecer la plena identidad  de  la  persona reclamada, la copia auténtica de las disposiciones sustanciales  aplicables  al  caso,  y  que  en  la expedición, trámite y traducción de los  citados  documentos se cumplieron los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  pertinentes  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los  tendrá   como   aptos   para   servir   de   prueba   de   aquello   que  ellos  contienen.   

Esto,  si  en  cuenta se tiene que en  este  caso  asimismo  se cumple lo establecido por el artículo  259 del C.  de  P. C., modificado por el artículo 1º Núm. 118 del D.E. 2282/89, según el  cual  “los documentos públicos otorgados en país  extranjero   por   funcionario   de  éste  o  con  su  intervención,  deberán  presentarse  debidamente autenticados por el cónsul o agente diplomático de la  República,  o  en su defecto por el de una nación amiga, lo cual hace presumir  que   se   otorgaron   conforme   a  la  ley  del  respectivo  país”,  disposición  aplicable  al caso por virtud del principio de  integración  normativa  previsto  por el artículo 25 del C. de P. P. de 2004 y  el inciso último del artículo 495 ejusdem.   

Acorde  con  lo  analizado en precedencia,  para  la  Corte  es  manifiesto  el  cumplimiento  de   este  requisito del  concepto.   

3.-  DEMOSTRACIÓN PLENA DE LA IDENTIDAD DE  LA PERSONA REQUERIDA.   

De  lo actuado se establece que   JAIME  MEDINA,  quien  se  encuentra  privado  de la libertad con ocasión de  este trámite, es la misma persona  a    la   que   se   refiere  la  acusación          No.         06-232,    dictada    el   1  de  agosto  de  2006  por  la Corte  Distrital  de  los Estados Unidos para el Distrito de  Columbia,    y    la    misma   mencionada    en    las    notas    verbales   mediante  las     cuales     el     gobierno    de    dicho   país,    a    través  de  su  Embajada  en  Colombia,  solicitó  la  detención  provisional  con  fines de extradición, y posteriormente formalizó  el pedido ante las autoridades colombianas.   

Esto   por   cuanto,   en   el  documento  enjuiciatorio  base  de  la  solicitud  formal de extradición se precisa que el  acusado   responde  al  nombre de JAIME MEDINA, como asimismo se anuncia en  la  declaración  rendida  por  la Fiscal Auxiliar y el Agente Especial, quienes  precisan  que  el  acusado es ciudadano colombiano, nacido el 30 de noviembre de  1956  y se identifica con la cédula de ciudadanía número 19.645.055, de quien  allegan           una          fotografía4.   

Debe anotarse, que a dichas características  se  refieren  las  notas  diplomáticas remitidas por la Embajada de los Estados  Unidos  en  Colombia, mediante las cuales solicitó la detención preventiva con  fines  de  extradición  y  posteriormente formalizó el pedido ante el gobierno  colombiano.   

Es  de  resaltarse,  asimismo,  que  con la  mencionada  cédula  de ciudadanía se identificó al momento de ser aprehendido  con  ocasión  de  la orden de captura con fines de extradición expedida por el  Fiscal      General      de      la     Nación5;  también, que con  dicho número de cédula se identificó en el poder conferido  a   una  profesional  del  derecho  para  que  asumiera  su  defensa6,  sin que,  además,  por  parte  de  la  defensa  técnica o material se hubiere presentado  discusión  alguna  sobre  dicho  particular,  comprobándose, por tanto, que la  capturada es la misma persona requerida en extradición.   

Por  estas  razones,  la  Corte  encuentra  satisfecho el requisito en mención.   

4.- PRINCIPIO DE  LA DOBLE INCRIMINACIÓN.   

De  conformidad  con  lo establecido por el  artículo  493-1  del  C.P.P.   de  2004,  para conceder la extradición es  requisito  indispensable  que  el hecho que la motiva también esté previsto en  Colombia  como  delito  y  reprimido  con sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo no sea inferior a cuatro años.   

4.1.- Según la  acusación         No.         06-232,  dictada   el   1   de  agosto  de  2006   contra   JAIME   MEDINA  por  el  Gran  Jurado  en sesión ante la Corte Distrital de los  Estados  Unidos de América para el Distrito  de  Columbia,  se  tiene  que el requerido es acusado en  el    CARGO   UNO  de  haber  acordado      con     otros     individuos     la     distribución  de  cinco  kilogramos o  más   de   cocaína,   con   la  intención  y  el  conocimiento  de  que dicha sustancia sería importada ilegalmente a los Estados  Unidos;        y        en        los          CARGOS   DOS,  TRES,  CUATRO,  CINCO  y SEIS, de distribuir y causar  la  distribución  de cinco kilogramos o más de cocaína con la intención y el  conocimiento  de  la  misma sería importada ilegalmente a los Estados Unidos de  América.     

4.2.-  Las  normas sustanciales aplicadas,  cuya  traducción  fue  oportunamente  allegada  al  expediente,  tratan  de los  delitos  de  concierto para distribuir cocaína; y la  efectiva  distribución de dicha sustancia, por cuyas  conductas  se  establece  pena de prisión entre diez  años y cadena perpetua.   

4.2.1.-  En la legislación colombiana, por  su  parte,  el delito de  concierto    para    distribuir    cocaína,    de    que   trata   el  cargos  uno  de  la acusación No.  06-232 (RCL) proferida el  1º   de  agosto      de     2006,  corresponde  al  “concierto para  delinquir”  previsto por el artículo 340 del Código Penal, modificado por el  artículo  8º  de  la Ley 733 de 2002, y últimamente por el artículo 19 de la  Ley  1121 de 2006 que entre otras hipótesis prevé pena de prisión de ocho (8)  a  dieciocho  (18)  años  cuando,  como  se  establece  de  los términos de la  acusación,   el   concierto   sea   para   cometer   delitos   de  tráfico  de  estupefacientes.   

Como  en   este  caso  las autoridades  judiciales   de   los   Estados   Unidos   de  América  acusan  a  JAIME  MEDINA  y a otros de haber  concertado,  junto  con otras personas, ilícita, intencionalmente y a sabiendas  para  distribuir  cinco kilogramos o más de cocaína  con  la  intención  y el  conocimiento  de  que dicha sustancia sería importada ilegalmente a los Estados  Unidos   de   América,  es  de  concluirse  que  en  relación  con  dicho  cargo,  se  cumple  el  presupuesto  relativo  a la doble  incriminación  para  extraditar, pues en la legislación penal colombiana tales  comportamientos  también se hallan definidos como delito, y por su realización  prevé pena mínima superior a cuatro años de prisión.   

Cabe   destacar   que   las   conductas  imputadas,   dicen  relación  con  delitos  de  concierto   para   traficar  sustancias  estupefacientes  y  no  únicamente  la  participación  en  un  acto  ilícito  determinado,  por medio de llevar a cabo  varios  actos  diferenciados  en circunstancias de modo, lugar y tiempo, como se  destaca  en  las  acusaciones proferidas y en las declaraciones juradas rendidas  por    el    Abogado   Litigante   y   el   Agente  Especial.   

De  manera  que la imputación no consiste  simplemente  en atribuirle coparticipación criminal en un solo hecho delictivo,  sino  que  se  funda  en  el  acuerdo de personas asociadas en la preparación y  ejecución  de programas para llevar a cabo una pluralidad de punibles en cuanto  planes  criminales  relacionados  con el tráfico de sustancias estupefacientes,  que  es  precisamente  lo  que  otorga  autonomía  al  tipo  de  concierto para  delinquir en delitos de narcotráfico.   

4.2.2.-  De  otra parte, en la legislación  colombiana  los  delitos  de  distribución e  importación de cocaína, de  que  tratan  los  cargos  dos,  tres,  cuatro, cinco y seis de la acusación No.  06-232  (RCL),  dictada  el  1º  de agosto de 2006 en la Corte Distrital de los  Estados  Unidos  de América para el Distrito de Columbia,  corresponden al  delito  de  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, de que trata el  artículo  376  de  la Ley 599 de 2000 que prevé pena de prisión de ocho (8) a  veinte  años  (20)  para  quien  “sin  permiso de  autoridad  competente,  salvo  lo  dispuesto  sobre  dosis  para  uso  personal,  introduzca  al  país,  así  sea en tránsito o saque de él, transporte, lleve  consigo,  almacene,  conserve,  elabore, venda, ofrezca, financie o suministre a  cualquier     título     droga     que     produzca     dependencia”.    

Se  cumple,  por  tanto,  el  requisito  en  mención.   

5.- EQUIVALENCIA  DE  LA  PROVIDENCIA PROFERIDA EN EL EXTRANJERO.    

El artículo 493-2 del C.P.P. de 2004   establece  como  presupuesto  de  procedencia  de  la extradición “que por lo  menos   se   haya  dictado  en  el  exterior  resolución  de  acusación  o  su  equivalente”.   

En  este caso no queda ninguna duda de  que  la acusación   No. CR-            06-232,  dictada   el   1   de  agosto  de  2006   por   la   Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  de Columbia, en  contra    del    señor   JAIME   MEDINA,  y  con  fundamento  en  la  cual  se  solicita su extradición,  corresponde  a  la  resolución  acusatoria  en la legislación colombiana, pues  además  de  que  con  dicho acto procesal la actuación subsiguiente no es otra  distinta  al  juicio  oral que finaliza con el respectivo fallo de mérito, como  aquí  sucede,  desde  el  punto  de  vista formal es específica en señalar el  lugar  y  la fecha o época en que los hechos tuvieron lugar, los nombres de los  partícipes  y  la  calificación  jurídica  de  la  conducta,  con  lo cual se  satisfacen   en   suficiencia   los   aspectos  fácticos  y  jurídicos  de  la  imputación.   

Es  tanto  esto,  que en la resolución de  acusación  en  que  se apoya la solicitud de extradición no sólo se indica el  nombre  del  acusado,  sino  los  lugares  y  fechas  o  épocas en que tuvieron  ocurrencia los actos determinantes de los delitos imputados.   

Si  a  ello  se agrega que la legislación  procesal  de  los  Estados  Unidos  de  América  se estructura sobre el sistema  acusatorio,  y  que el proyecto de acusación lo presenta el fiscal y lo aprueba  el  gran  jurado  después  de examinar la evidencia allegada por aquél, que en  éste  la  acusación  es  un escrito que contiene un pliego de cargos formulado  por  la  Fiscalía  en  contra  del  procesado  para que se defienda de ellos en  juicio,  que  incluye  la  individualización del acusado, una relación clara y  sucinta  de  los hechos jurídicamente relevantes -esto es  la descripción  de   la   conducta   típica   imputada,   con   las   circunstancias   que   la  especifican   y   las  disposiciones  sustanciales  realizadas,  así como el lugar y la fecha o época  de  su ocurrencia-, es evidente que la persona reclamada en extradición en este  caso,  ha  sido  acusada  y llamada a responder en juicio por las autoridades de  los                     Estados                     Unidos                    de  América.             

En consecuencia, la Corte halla satisfecho  el  requisito  en  mención,  máxime  si  lo  que  la  ley doméstica exige, es  “equivalencia” entre  las       dos      piezas      procesales,      mas      no      “identidad”  absoluta entre el indictment del sistema procesal de los Estados  Unidos  y el escrito de acusación a que se alude en el modelo de enjuiciamiento  colombiano.   

6.-    EL  CONCEPTO.   

La  Corte  es del criterio que el Gobierno  Colombiano  puede  extraditar  al  ciudadano  colombiano  JAIME MEDINA  por  razón   de   los   CARGOS   UNO,   DOS,   TRES,  CUATRO,     CINCO     y     SEIS   de  la  acusación  a  que  se  contrae  la  solicitud. Esto es,  por    los   delitos   de   “Concierto  para  distribuir  cinco kilogramos o más de cocaína, con  la  intención de que dicha sustancia sería importada ilegalmente a los Estados  Unidos  de  América  y  de distribución de cinco kilogramos o más de cocaína  con  la  intención  y  el  conocimiento  de que dicha cocaína sería importada  ilegalmente a los Estados Unidos de América.   

Dichos   cargos  aparecen  incluidos  en  la     acusación      No.     06-232  (RCL), dictada el 1  de  agosto  de  2006  por  la Corte  Distrital  de  los Estados Unidos para el Distrito de  Columbia,  conforme lo solicita el Gobierno de dicho  país,  pues  se satisfacen los requisitos preestablecidos a estos efectos, como  viene de demostrarse.   

6.1.- Aclaración  final.-   

En  atención  a  lo  manifestado  por  el  Ministerio  Público  sobre el particular, es de advertir que atañe al Gobierno  Nacional,  si en ejercicio de su competencia lo estima, subordinar la concesión  de  la extradición a las condiciones que considere oportunas, exigiendo en todo  caso,  que  la  persona  solicitada  no vaya a ser juzgada por un hecho anterior  diverso  del  que motiva la extradición, ni sometida a desaparición forzada, a  torturas  ni  penas  o tratos crueles inhumanos o degradantes, ni a las penas de  destierro,  prisión  perpetua  o  confiscación, o a sanciones distintas de las  que  se  le  hubieren  impuesto  en  la condena, y si la legislación del Estado  requirente  pena con la muerte el injusto que motiva la extradición, la entrega  se  hará  bajo  la  condición  de  que  tal  pena sea conmutada, en orden a lo  contemplado en el artículo 494 del C.P.P. de 2004.   

De igual modo, la Corte considera pertinente  precisar,  en  orden  a  garantizar  los  derechos  fundamentales  del  requerido,  que  -si  el Gobierno  Nacional  lo  considera  pertinente-, el Estado requirente deberá garantizar la  permanencia  en el país extranjero y el retorno al de origen, en condiciones de  dignidad  y  respeto  por la persona humana, cuando el extraditado llegare a ser  sobreseído,  absuelto,  declarado  no  culpable  o  eventos  similares, incluso  después  de  su liberación por haber cumplido la pena que le fuere impuesta en  la  sentencia  de  condena en razón de los cargos que motivaron la solicitud de  extradición      y      por      los      cuales     ésta     hubiere     sido  concedida.       

Asimismo,  el  Gobierno  Nacional  ha  de  advertir  a  su  homólogo  del  Estado requirente, que en el presente evento la  persona  solicitada  en  extradición  ha  permanecido privada de la libertad en  detención preventiva por razón de  este trámite.   

Además, la Sala ha de indicar que en virtud  de  lo  dispuesto  por  el  numeral  2º  del  artículo 189 de la Constitución  Política,  le corresponde al Gobierno, encabezado por el señor Presidente como  supremo  director  de la política exterior y de las relaciones internacionales,  realizar  el respectivo seguimiento a los condicionamientos que se impongan a la  concesión  de la extradición y determinar las consecuencias que se derivarían  de su eventual incumplimiento.   

En  mérito  de  lo  expuesto  y  con  las  precisiones  consignadas, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE   a   la   extradición   del   ciudadano  colombiano  JAIME  MEDINA, solicitada al Gobierno  de  Colombia  por  su homólogo de los Estados Unidos de América, por razón de  los       CARGOS      UNO,      DOS,   TRES,  CUATRO,  CINCO  y  SEIS a  que  se  contrae  la  solicitud,  contenidos  en  la  acusación        No.     06-232,    dictada    el   1  de  agosto  de  2006  por  la Corte  Distrital  de  los Estados Unidos para el Distrito de  Columbia.   

Por la Secretaría de la Sala, comuníquese  esta   determinación   al  requerido  señor  JAIME  MEDINA,      a      su      defensora de confianza, al Ministerio Público  y  al  Fiscal  General  de  la  Nación  para lo de su cargo en relación con la  persona detenida preventivamente con fines de extradición.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia para los trámites subsiguientes de ley.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aclaración de voto  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre   ellos   el  fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos y deberes consagrados en la  Carta;  defender  la  independencia  nacional  y  proteger  a todas las personas  residentes  en  Colombia  en  su  vida,  honra,  bienes,  creencias,  derechos y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes7   para   que  se  solicite,  conceda  u  ofrezca, que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es  preciso  comentar  que  como no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que  ligue  a Colombia con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para  evaluar   la   procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u  ofrecimiento  de  extradición   entre   los   dos   países   es   el  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo  508  y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito  de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal  mínimo  en  el  exterior  –artículo  510 y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por  otra  parte, se observa por la Corte,  que  la  Constitución  colombiana,  prohíbe  en  su  artículo 34 ‘las  penas  de  destierro, prisión  perpetua      y      confiscación’,  a  las  cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas,  no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica  que  igualmente  en  ese  sentido  habrá  de condicionarse la exequibilidad del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”8   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El  gobierno  podrá subordinar el ofrecimiento o  la   concesión   de   la   extradición   a   las   condiciones  que  considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce9,  y  con  los  derechos y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten   al   extraditado   –como  a  cualquier  otro nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Fl.  110 anexo   

2  Fls. 168-170 anexo   

3 Fl.  115 anexo   

4  Fls. 110, 67 y 60 anexo.   

5 Fl.  18 anexo   

6 Fl.  12 anexo   

7  Corte Constitucional, sentencia C-740/00.   

8  Sentencia C-1106/00.   

9  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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