28894(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28894   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 033.  

Bogotá D.C., febrero veinte (20) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

La   Sala   aborda  el  estudio  sobre  el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y adecuada fundamentación del libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  de  ALCIDES  ROMÁN   MARÍN,   contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Cúcuta el 6 de diciembre de  2006,  confirmatoria  de la dictada por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  la  misma  ciudad el 28 de febrero del referido año, por cuyo medio condenó al  mencionado  ciudadano  como  determinador penalmente responsable del concurso de  delitos   de   homicidio  en  Deysi  Melissa  Andrade  Lizarazo  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Aproximadamente  a  las  cinco de la tarde del 31 de agosto de 2001,  un  individuo  se  acercó  a  la  residencia  ubicada  en  la  calle  13 No. 20  –   98   de   Cúcuta,  preguntando     por     Deisy    Melissa    Andrade  Lizarazo,    cuando    ésta   salió   –  quien  se  encontraba  en  estado de  embarazo,  situación  con  la  cual  no estaba de acuerdo su novio ALCIDES   ROMÁN   MARÍN   –  la   hirió con un proyectil de  arma  de  fuego  en  la  cara,  causándole  la  muerte  de manera instantánea.  También  disparó  contra Diana Cifuentes en su pierna y huyó en un taxi que lo aguardaba.   

La Fiscalía Seccional de Cúcuta dispuso la  correspondiente  indagación  preliminar  y  luego  de practicar algunas pruebas  declaró  abierta  la  instrucción,  en desarrollo de la cual vinculó mediante  indagatoria   a  ALCIDES  ROMÁN  MARÍN,   resolviéndole   su   situación   jurídica   con   medida   de  aseguramiento  de detención preventiva sin derecho a libertad provisional, como  posible  autor  del  concurso  de  delitos  de  homicidio agravado, tentativa de  homicidio  agravado,  aborto  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal.   

Concluida la fase instructiva, el sumario fue  calificado  el  3 de febrero de 2005 con resolución de acusación en contra del  procesado  como  presunto  determinador  del  concurso  de  delitos de homicidio  agravado      en     Deysi     Melissa     Andrade  Lizarazo,   tentativa   de   homicidio   agravado  en  Diana Fuentes y porte ilegal  de  arma de fuego de defensa personal, y autor del delito de tentativa de aborto  sin consentimiento.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Cúcuta, despacho que una vez surtida  la  ritualidad dispuesta para esta fase por el legislador, profirió fallo el 28  de   febrero   de   2006,   por   medio   del   cual   condenó  a  ALCIDES  ROMÁN MARÍN a la pena principal  de  ciento  noventa  y  ocho  (198)  meses  de  prisión,  a  las  accesorias de  inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y porte de armas por lapso igual a la  sanción   principal   y   al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  como  determinador  del  concurso de delitos de homicidio simple en  Deysi  Melissa  Andrade  y  porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

En la misma decisión el acusado fue absuelto  por  los  delitos  de  tentativa de homicidio en Diana  Cifuentes y tentativa de aborto sin consentimiento. Le  fue negada la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          Impugnada  la sentencia por el defensor del incriminado, el Tribunal  Superior  de  Cúcuta  la  confirmó  mediante fallo del 6 de diciembre de 2006,  decisión  contra  la  cual  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación.   

EL LIBELO  

Luego    de   transcribir   in  extenso  apartes del fallo de segundo  grado  y  de  citar  fragmentos  de jurisprudencia de esta Corporación sobre el  principio  in dubio pro reo,  el  censor afirma que si bien en el acta de inspección judicial y levantamiento  del  cadáver  de  la  víctima  se anotó que ésta ingresó al Hospital Erasmo  Meoz   en   compañía   de   Jhon   Jaime   Andrade  Lizarazo, quien manifiestó que no se encontraba en el  momento  en  que ocurrieron los hechos, lo cierto es que el hermano de la occisa  sí  presenció  la  conducta  investigada,  pero  negó  que los hubiera visto,  desconociéndose  si  “se  escondía  de  algo o de  alguien”,  de  donde concluye que la persona buscada  por   el   homicida   era   Jhon   Jaime    y   no   Deysi   Melissa.   

Agrega  que  si  el  procesado y la víctima  tuvieron  relaciones  en  el mes de febrero de 2001, para la fecha de los hechos  aquella debía tener 6 meses de gestación.   

Igualmente  afirma  que  no  es  creíble lo  expuesto  por Claudia Inés Fuentes Blanco  respecto  de  la placa del taxi en el que huyó el homicida, púes  inicialmente  dijo  que se trataba del número 910, luego afirmó que tal numero  se  lo  habían  dicho  y  finalmente declaró como si se tratara de una experta  mecánica automotriz.   

De   la   declaración   de   Rosa  Amelia  Ortega  Hernández  concluye  que  la  persona  buscada  por  el  agresor  era  Jhon  Jaime    y   no,   Deysi  Melissa.   

          Acerca  del  testimonio del ex novio de la víctima, el casacionista  refiere  que mintió al decir que trabajaba con un taxi, pero que el día de los  hechos,  viernes  31  de  agosto  de  2001, se encontraba a las tres de la tarde  jugando  fútbol  “cuando es bien sabido que el día  viernes  para todo conductor de servicio público es uno de los mejores días de  trabajo”.   

          Con  relación  a  lo  declarado  por Jhon  Jaime,  hermano  de la víctima, el censor asevera que  extrañamente   dijo,   al   igual   que   su   “ex  cuñado”,  que  salió  en  la tarde del día de los  hechos  a  jugar  un  partido  de  fútbol,  amén  de  que  incurrió  en otras  incongruencias.   

Para concluir, el recurrente invoca la causal  primera  de  casación,  “por cuanto las pruebas que  obran   en  el  expediente  seguida  (sic)  contra  mi  defendido ALCIDES ROMÁN MARÍN, se realizó un yerro  tanto  en  la  etapa de instrucción y de primera instancia y que sin equívocos  lesionó  el  bien  jurídico a los Honorables Magistrados del Tribunal Superior  en  cometer  el  yerro en contra de mi prohijado”, ya  que  “los hechos acaecidos el 31 de agosto de 2001 y  las  pruebas  allegadas al plenario demuestran la inocencia de mi prohijado, por  cuanto  no hubo certeza, ni la prueba que mi defendido diera muerte a la señora  DEYSI MELISSA ANDRADE LIZARAZO”.   

Con fundamento en lo expuesto, el impugnante  solicita  a la Sala casar el fallo atacado, para en su lugar, proferir sentencia  absolutoria en favor del acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  sentado  la  Sala  que en el examen sobre la admisibilidad de  los  libelos  casacionales le corresponde constatar que los recurrentes formulen  sus   censuras   con   sujeción  a  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  que  las  demandas se enmarquen dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que  resulten  inteligibles en cuanto precisos y claros, dado que no corresponde a la  Sala  en su función constitucional y legal develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Advertido lo anterior, sin dificultad observa  la  Sala  que  en  este asunto el censor no se acoge a las referidas reglas para  atacar  el  fallo condenatorio proferido contra su asistido, pues si bien invoca  la  causal  primera  de  casación,  no  se detiene a precisar si se trata de la  violación  de  la  ley  sustancial por la vía directa o la indirecta, omisión  que  a la postre le impide precisar si se el agravio consistió en la exclusión  evidente,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  de  un  precepto  sustancial que no atina a identificar.   

Tampoco  orienta  su  discurso a precisar en  qué  consistieron  los  errores  que  sobre  la  apreciación  de  las  pruebas  denuncia,   dado   que   se  limita  a  exponer  su  particular  e  indemostrada  ponderación  de  las  pruebas,  amén  de  que  trata  de  confrontarla  con la  apreciación  judicial  de  las  mismas,  proceder  inadmisible  en sede de este  escenario  extraordinario,  que no fue instituido para prolongar el curso de las  instancias,  dada  la presunción de acierto y legalidad de la cual se encuentra  revestido  el  fallo,  sino  para señalar puntualmente errores trascendentes de  los sentenciadores.   

En  efecto,  no  indica  si los yerros en la  apreciación  de  las  pruebas  fueron de hecho o de derecho. En el primer caso,  debía  demostrar  que  los funcionarios erraron al apreciar la prueba, bien sea  porque  pese  a  obrar  en  el diligenciamiento no fue valorada (falso juicio de  existencia  por omisión); ya porque sin figurar en la actuación supusieron que  allí  aparecía  y  la  tuvieron  en  cuenta  en  su decisión (falso juicio de  existencia  por  suposición);  ora  porque  al  considerarla  distorsionaron su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola  (falso juicio de  identidad);  también,  cuando  sin  incurrir  en alguno de los yerros referidos  derivaron  del  medio  probatorio deducciones que contravienen los principios de  la  sana  crítica,  esto  es,  los  postulados  de  la lógica, las leyes de la  ciencia o las reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho,  le  correspondía  especificar  si el yerro consistió en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la ley u otorgarle  un  mérito  diverso  al  atribuido  legalmente (falso juicio de convicción), o  bien,  si los falladores al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener   tal   condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera  errada  su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley  para  su  práctica  o  aducción  (falso  juicio de legalidad), exigencias  lógicas  y argumentativas que en este asunto no acató el casacionista, todo lo  cual   permite   establecer   que   se  desentiende  de  su  deber  de  enunciar  “la  causal  y la formulación del cargo, indicando  en  forma  clara y precisa sus fundamentos y las normas que el demandante estime  infringidas”  (numeral  3º  del artículo 212 de la  Ley 600 de 2000).   

Las   referidas  omisiones   lógicas   y   demostrativas  imposibilitan  a  la  Sala  para  acometer  el  estudio  de  la censura planteada, pues   si  el  libelo  de  casación  no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras   apreciaciones   personales  e  indemostradas  del  impugnante y sin atenerse a alguna de las reglas  lógicas  y argumentativas que lo gobiernan, impone la  inadmisión  de  la  demanda de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213  de  la  Ley  600  de  2000,  dado  que  en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para  enmendar tales falencias.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o   garantías   del  procesado,  como  para que  tal  circunstancia  impusiera  el ejercicio de la facultad oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   ALCIDES  ROMÁN  MARÍN,  por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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