28802(22-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28802  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  236  

San Gil, veintidós (22) de agosto de dos mil  ocho (2008).   

V I S T O S  

La  Corte  resuelve  la acción de revisión  promovida    por   el   apoderado   de   ALONSO   GIL  LÓPEZ contra la sentencia proferida el 30 de marzo de  2004,  mediante  la  cual  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cúcuta  confirmó  la  dictada  el  9  de abril de 2003 por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  lo condenó a las penas principales de 52  meses  de prisión y multa de trescientos mil pesos ($300.000.00), como autor de  la conducta punible de estafa agravada.   

H E C H O S  

Fueron  sintetizados  en  la  sentencia  de  segunda instancia en los siguientes términos:   

“Hace diez años,  concretamente  el  5 de enero de 1994 la señora MYRIAN STELLA SAYAGO VILLAMIZAR  acompañada   de   su   esposo   WILLIAM  ORLANDO  TAQUEZ,  se  acercaron  a  la  concesionaria  ‘INVERSIONES  JHCDIHER  S.A.’ ubicada en  la  avenida  0  con calle 13 de esta ciudad (Cúcuta), cuya razón social era la  compraventa  de  vehículo.  La  intención  de  los  visitantes  era ofrecer su  automotor  marca  Mustang  GT-85 de placas SCH-092 de Venezuela, pues le habían  indicado  la  existencia  de  un  potencial  comprador  que  sería  el Capitán  retirado de la Policía Nacional ALONSO GIL LÓPEZ.   

“Apareció  el  potencial  comprador  GIL  LÓPEZ,  se  revisó  el  estado  de  funcionamiento  del rodante y se cerró el  negocio,  que  consistía en entregar el Mustang como parte de pago por valor de  $4.000.000,oo  para  adquirir  un  carro  nuevo,  tipo Taxi, marca Mazda, modelo  1993,  debiendo  adicionar  dinero  en  efectivo  por  la suma de $5.500.000,oo,  quedando  pendiente  $1.000.000,oo  para  cancelar tres cuotas, para un total de  $10.500.000,oo.   

“A  los dos días, los mencionados esposos  entregaron  los  $5.500.000.oo  en  efectivo,  recibió  las  placas URH-033, la  tarjeta  de  propiedad del susodicho taxi y la afiliación a la empresa PALACE y  RADIOTAXI, adquiriendo la concesionaria el compromiso de tramitar   

toda  la documentación ante las autoridades  de  tránsito  y  transporte,  incluyendo  el  traspaso  porque  el  taxi estaba  registrado a nombre de JESÚS ANTONIO SERRANO ARDILA.   

“Dos  años  y medio después, el taxi fue  retenido  por  la  SIJIN para revisión, constatándose que estaba reportado por  hurto en Bogotá”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL DEL  

PROCESO OBJETO DE REVISIÓN  

1.  Iniciada la instrucción, vinculadas  mediante    indagatoria    varias    personas,    entre    ellas,   Alonso  Gil  López,  practicadas plurales  pruebas  y clausurada la investigación, el 9 de diciembre de 1997, la Fiscalía  Segunda  de Patrimonio Delegada ante los Jueces Penales del Circuito de Cúcuta,  calificó   el   mérito   del   sumario   contra  Gil  López   y  Dora María Suárez de Vargas por las  conductas  punibles  de  falsedad  en  documento  público y estafa agravada por  razón de la cuantía.   

De acuerdo con las constancias procesales se  sabe  que  la citada providencia cobró ejecutoria el 24 de abril de 1998, fecha  en  la cual el superior jerárquico desató el recurso de apelación interpuesto  contra el pliego acusatorio.   

2.  El  expediente  pasó al Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito de Cúcuta, que, luego de cumplir con los trámites propios  del  juicio,  el  24  de  julio  de  2003,  dictó  sentencia  de  la  siguiente  manera:   

a) Declaró la extinción de la acción penal  por  razón  de  la  prescripción   de  la  conducta  punible  de falsedad  material en documento público.   

b) Condenó a Alonso  Gil  López a las penas  principales  de  52  meses de prisión y multa de $300.000.00  pesos  y  a  la accesoria de “inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas” por el  mismo  plazo  de  la  pena  privativa  de  la libertad, como autor del delito de  estafa agravada por la cuantía.   

c)  Condenó   a   Dora  María  Suárez  de  Vargas  a  las  penas  principales  de  36  meses  de  prisión  y  multa  de  $200.000.00 pesos y a la  accesoria   de    “inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  sanción  restrictiva de la libertad”, como cómplice  del delito de estafa agravada.   

3. Apelado el fallo por los defensores de los  procesados,  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta,  el  30  de  marzo de 2004, lo  confirmó,   providencia   que  cobró  ejecutoria  el  2  de  julio  del  mismo  año.   

LA      DEMANDA     DE   REVISIÓN   

El     apoderado    de    Alonso  Gil  López,  basado  en la causal  segunda  de  revisión,  asevera que cuando se profirió la sentencia de segunda  instancia   la   acción  penal  ya  se  había  extinguido  por  razón  de  la  prescripción.   

En  efecto,  dice  que  si la resolución de  acusación  dictada  en  contra de su defendido adquirió firmeza el 25 de abril  de  1998,  resulta  fácil advertir que cuando el Tribunal desató el recurso de  apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de primera instancia, ya habían  transcurridos  los 6 años a que alude los artículos 83 y 86 del Código Penal,  en  tanto  que  su  defendido,  en  virtud  del  principio de favorabilidad, fue  condenado,  según  lo  previsto  por los artículos 246 y 267 del Código Penal  (Ley 599 de 2000).    

ACTUACIÓN   SURTIDA   ANTE   LA  CORTE   

Admitida    la    demanda,   recibido   el   expediente  en  la  Corte  y   aceptados    como     medios     de     prueba     los   presentados   con   el   libelo,   se   dispuso  correr  traslado   a   los   sujetos   procesales   para   la   presentación   de   sus  alegaciones.   

ALEGATOS      DE    LA   DEFENSA   

El  apoderado  del  sentenciado,  en  breve  escrito,  reitera que si la acusación adquirió firmeza el 24  de abril de  1998  y  a su defendido se le condenó por el delito de estafa consagrado en los  artículos  246  y  267  de  la  Ley  599  de  2000,   se advertirá que la  sentencia    de    segunda    instancia    cobró   ejecutoria   “seis   años,   ocho  meses  y  tres  días  después…”    de    la   providencia   que   calificó   el   mérito   del  sumario.   

Por  manera que concluye que “la  sentencia  nunca  tuvo  oportunidad  de  alcanzar  la ejecutoria  material,  en  razón a que el fenómeno de la prescripción de la acción penal  se    produjo    antes    que    la    sentencia    hubiese    podido   alcanzar  ejecutoria”.   

CONCEPTO    DEL    PROCURADOR    PRIMERO  DELEGADO    

PARA  LA  INVESTIGACIÓN  Y  EL  JUZGAMIENTO  PENAL   

El Procurador Delegado, luego de referenciar  la  actuación  procesal, de reseñar una síntesis del libelo y de enunciar las  normas  pertinentes  con  relación  al instituto de la extinción de la acción  penal  por  razón  de  la prescripción, anota que de acuerdo con los datos que  obran  en el  diligenciamiento, esto es, la constancia secretarial donde se  certifica  que  el  fallo  de  segunda instancia quedó en firme “el  día  29  de  junio  de  2004, fecha en la cual se notificó por  estado  la  providencia  del  10  de  junio de 2004, según la cual, se negó el  recurso   extraordinario   de   casación.   Siendo   esto   así,  tenemos  que  efectivamente  la  ejecutoria  de dicha providencia se produjo con posterioridad  al  24  de abril de 2004, fecha en la cual cumplía el término de prescripción  de  la  acción  penal,  esto es, el anotado plazo de seis (6) años”.   

Por  tanto,  sugiere  a  la Sala que declare  fundada  la causal de revisión que se invoca en la demanda y adopte las medidas  correspondientes.   

CONSIDERACIONES   DE  LA   CORTE   

1.   De  conformidad con el numeral 2°  del  artículo 75 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), la Corte  es  competente para pronunciarse respecto de la presente revisión, toda vez que  la   sentencia   de   segunda  instancia  contra  la cual se dirige la acción fue proferida por el Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cúcuta.   

2.  Así  mismo,  vale  recordar  que al ser  probable  que  la  sentencia  condenatoria  o absolutoria, o las providencias de  preclusión  o  cesación  de  procedimiento  que se encuentran ejecutoriadas no  contengan   la   verdad   histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal instituyó la acción de revisión como mecanismo idóneo para  remover  la  cosa  juzgada  y  declarar sin valor el fallo objeto de la acción,  dictando  la  providencia  que  corresponda o disponiendo tramitar nuevamente el  proceso  desde  el momento en que se indique, según la causal invocada y que la  Corte encuentre fundada.   

Así,  la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.   

3.   En  el  supuesto que ocupa la  atención  de  la  Corte,  el  apoderado  de Alonso Gil  López  en  su libelo invocó la causal 2ª consagrada  en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000,  normatividad  que en su momento rigió el proceso que se adelantó contra citado  sentenciado),  la  cual  contempla  como motivo de revisión la siguiente:    

“Cuando   se  hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  o que imponga medida de seguridad, en  proceso  que  no podía iniciarse o proseguirse por prescripción de la acción,  por  falta  de querella o petición válidamente formulada, o por otra causal de  extinción de la acción penal ”.   

El   demandante,   apoyado  en  la  citada  hipótesis  motivo  de  revisión,  afirma  que  la  acción penal del delito de  estafa  agravada  por el cual fue condenado su procurado, se extinguió antes de  quedar  ejecutoriada  la sentencia de segunda instancia proferida el 30 de marzo  de  2004  por  la  Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cúcuta,  en la medida en que se dictó 6 años, 8 meses y 3 días  después de la ejecutoria de la resolución de acusación.   

En  primer  lugar,  vale  recordar  que  en  tratándose  de  la  causal segunda, es decir, la extinción de la acción penal  por  razón  de  la prescripción, la acción de revisión puede proceder cuando  dicho   fenómeno  prescriptivo  opera  antes  de  proferirse  el  fallo  o  con  posterioridad     del     mismo,    pero    antes    de    que    éste    quede  ejecutoriado.1   

Frente a dicho tema la jurisprudencia de la  Corte   ha  dicho,   “la  concreción  del  ius  puniendi  mediante la imposición de una pena conllevaría el desconocimiento de  los   presupuestos  legales de viabilidad del ejercicio de la acción penal  por  parte  del Estado, por no haber sido ejercida dentro del marco estricto del  principio  de  legalidad que se erige como límite al poder soberano y a su vez,  como  garantía  de  imparcialidad y de justicia quien es sometido a juzgamiento  por  la  administración  de  justicia,  los  que no pueden ser desconocidos por  constituir  los  soportes  del  Estado  Social  de  Derecho,  en  el  que se han  establecido,  de  manera previa, unas pautas de convivencia y control social que  deben  ser  respetadas,  así como aplicadas sus consecuencias cuando quiera que  los  valores  y bienes que son objeto de tutela se desconozcan, sanciones que no  podrán  ser  otras  que  las  previamente  establecidas  por  la ley, luego del  trámite  respectivo,  en  el  que  se  haya dado estricto acatamiento al debido  proceso   y   al  derecho  de  defensa”.2   

Aclarado  lo  anterior,  surge indispensable  verificar  si  en  este asunto la acción penal del delito de estafa agravada se  extinguió  por  razón  de  la prescripción, tal como se invocó en la demanda  con la cual se pretende la revisión.   

Así,  de  acuerdo con el artículo 83 de la  Ley  599  de  2000,  el  término  de  prescripción de la acción penal para la  conducta  punible de estafa  agravada será en un lapso igual al máximo de  la  pena  fijada  en  la  ley,  pero en “ningún caso  será  inferior  a  cinco  (5) años, ni excederá de veinte (20)…”.   

En  el mismo sentido, el artículo 86 de la  mentada  ley,  estipula  que  el  plazo  de prescripción de la acción penal se  interrumpe  con la formulación de la acusación. Producida ésta el término de  prescripción  “comenzará  a correr de nuevo por un  tiempo  igual  a  la  mitad  del señalado en el artículo 83. En este evento el  término  no  podrá  ser  inferior  a  cinco  (5)  años,  ni  superior  a diez  (10)”.   

De acuerdo con el anterior marco normativo,  se  sabe  que  el  procesado  fue  condenado  por  la conducta punible de estafa  agravada,  según  lo  previsto  por los artículos 246, inciso 1°, y 267 de la  Ley 599 de 2000.   

En  tales condiciones, resulta evidente que  el  citado  artículo  246, inciso 1°, señala como pena máxima de prisión la  de  8  años,  guarismo  que  hay que incrementar en la mitad, de acuerdo con lo  previsto  en el artículo 267, inciso 1°, de la Ley 599 de 2000, arrojando como  monto definitivo el de 12 años.   

Por  manera  que  si  se tiene en cuenta lo  preceptuado  en  el  artículo 86 de la multicitada ley dicho plazo, en la etapa  del juicio, no podía exceder de 6 años.   

Ahora  bien, conforme a los datos que obran  en  el trámite se conoce que la resolución  de acusación dictada el 9 de  diciembre   de   1997   cobró   ejecutoria    el   24   de   abril   de   1998.   De   la  misma  manera,   se    conoce   que    el    fallo    de   segunda   instancia    adquirió    firmeza   el   2   de   julio  de    2004,    fecha   en   la  cual  cobró  ejecutoria  la  providencia que negó el recurso extraordinario de casación.   

Es  decir, que contado el término entre el  24  de  abril de 1998 y el 2 de julio de 2004, se colegirá que la acción penal  de  la  conducta  punible  de  estafa  agravada  se  extinguió por razón de la  prescripción.   

En consecuencia, hay lugar a declarar fundada  la  acción  de  revisión  objeto de estudio, razón por la cual se dejará sin  valor  la  sentencia condenatoria impuesta a Alonso Gil  López  y,  por  ende,  se  dispondrá la cesación de  procedimiento  a  su  favor, por prescripción de la acción penal del delito de  estafa agravada. (artículo 220.2 de la Ley 600 de 2000).   

Por último, de conformidad con el artículo  229  de  la  Ley  600  de 2000, la decisión se hará extensiva a la coprocesada  Dora  María Suárez de Vargas, persona que también fue condenada por el delito  de estafa agravada, pero en calidad de cómplice.   

De  otro  lado,  según  las  constancias  procesales     Alonso    Gil    López   y  Dora María Suárez de Vargas  se  encuentran  gozando de libertad condicional, razón  por   la  cual  se  ordenará  que  ésta sea incondicional.   

Así  mismo,  se  ordenará  cancelar  los  antecedentes  penales de los  sentenciados por este motivo y las demás anotaciones  que   se  hubieren  efectuado  en  los  registros  de  policía  y  de  control de  decisiones  judiciales,  así como la devolución de las cauciones prestadas por  este proceso.   

En  lo  atinente  a  la  acción civil, como  quiera  que ésta se ejerció al interior del trámite penal, según lo previsto  por  los  artículos  98  y  99  de la Ley 599 de 2000, también se ordenará su  extinción.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA     DE     CASACIÓN    PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la República y  por autoridad de la  ley,   

R E S U E L V E  

1.   DECLARAR  FUNDADA la causal segunda de revisión invocada por el  defensor   de ALONSO GIL LÓPEZ.   

2.   DEJAR  SIN  EFECTO   la   sentencia   impuesta   a   Alonso   Gil   López   y   a  Dora María Suárez de Vargas, contenida  en  fallo  de segunda instancia proferido por el Tribunal Superior de Cúcuta el  30 de marzo de 2004.   

       

3.           DISPONER  en  razón  de  este  proceso la  libertad   incondicional   de   Alonso   Gil   López  y      Dora  María  Suárez  de  Vargas  y la devolución de las cauciones  prestadas.   

4.   DECLARAR  que  la acción penal que por el delito de  estafa  agravada se adelantó en contra  del   procesado   Alonso   Gil   López  y  Dora  María  Suárez   de   Vargas   se  encuentra  prescrita.  En  consecuencia,  decretar  en  su favor la cesación       de      la      actuación      procesal.   

5.   DECLARAR  la  extinción  de la acción civil que se ejerció al  interior  del  mismo  trámite, de acuerdo con lo expuesto en la parte motiva de  esta providencia.   

6.  ORDENAR  la  cancelación de  los  antecedentes  que  le aparezcan registrados a los  citados    en    los    archivos    del    Estado    por    razón    de    este  expediente.       

7.   Contra  esta decisión no procede  recurso alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

Excusa justificada  

                                                                                                                            PERMISO   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

         COMISIÓN DE SERVICIO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver  rad.  11519,  sentencia  del  29 de julio de 1997 y rad. 28701 del 15 de mayo de  2008.   

2 Rad.  19822  del  22  de  septiembre  de  2005  y  rad.  27444 del 1° de noviembre de  2007.     

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