28567(06-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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                          Proceso No  28567   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°  052   

     

Bogotá,  D. C., seis (6) de marzo de dos mil  ocho (2008).   

V    I    S   T   O  S   

­  

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  argumentación  de  las  demandas  de  casación    presentadas    por   el   defensor   del   procesado   ALBERTO  CARLOS  MONTEJO GUTIÉRREZ y por  el   apoderado   de   la   sociedad   “Coordinadora  Mercantil,     S.  A.”, en su condición de tercero civilmente  responsable,  dentro  de  la  actuación  adelantada  por  el  delito de homicidio  culposo, conforme a los lineamientos de la casación discrecional.   

A  N  T  E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos los sintetizó el Tribunal  de la siguiente manera:   

“Sucedieron  el  día  12  de  junio  de  2002, siendo aproximadamente las 7:30 de la noche en la  vía  que de Barranquilla conduce al municipio de Ciénaga (Magdalena), cuando a  la  altura del kilómetro 53 más 120 metros colisionaron los vehículos camión  internacional  de  color blanco de servicio público de placas TND-640, afiliado  a    la    empresa    COORDINADORA   MERCANTIL,   S.  A.,  conducido  por ALBERTO  CARLOS  MONTEJO  GUTIÉRREZ, y el vehículo Mazda 323  de  color  gris  de  placas  EUU-671,  conducido  por  ALBERTO JAVIER RODRÍGUEZ  MAZENETT,    quien    pereció   en   el   lugar   de   los   hechos”.   

2.  Con base en el acta del levantamiento  del  cadáver  y  en  el  informe  rendido  por  la  Policía  de Carreteras, la  Fiscalía  Veinte  Seccional  de  Ciénaga,  el  12  de junio de 2002, profirió  resolución  de  apertura  de  instrucción,  procediendo  en  esa misma fecha a  escuchar  en  indagatoria  a  Alberto  Carlos  Montejo  Gutiérrez.   

Allegado el protocolo de necropsia y oídos en  declaración  Jorge  Luis  Gómez  Martínez  y  Alfredo  Rafael  Peña LLinás,  mediante  resolución  del  12  de julio de 2002 se admitió a la señora Gloria  Betsy   Mazenett  Mena,  madre  del  occiso,  como  parte  civil  dentro  de  la  actuación.  Del  mismo  modo,  por  resolución  del 23 de agosto siguiente, se  admitió    la    demanda   presentada   contra   la   empresa   “Coordinadora    Mercantil,  S.A.” en su condición de tercero  civilmente  responsable, sociedad  que fue debidamente notificada.   

Ampliados  los  testimonios de Alfredo Rafael  Peña  LLinás y de Jorge Luis Gómez Martínez, escuchados en declaración Juan  Antonio  Corcho  Fernández  y  Aurelio  José Carbonó Herrera y allegados unos  documentos,  el  25  de  marzo  de 2003 se clausuró la investigación y el 4 de  junio  siguiente  se  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación   en   contra  de  Alberto  Carlos  Montejo  Gutiérrez,  por  el  delito  culposo  de  homicidio,  decisión  que, por virtud del recurso de apelación interpuesto por el defensor  del  acusado,  fue  confirmada,  el  30  de  abril  de  2004,  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal  Superior de Santa Marta.   

3.   El  expediente  pasó  al  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Ciénaga que, luego de dar trámite al juicio, el  17  de  noviembre  de  2004,  dictó  sentencia  de  primera instancia en la que  condenó   a   Alberto   Carlos   Montejo  Gutiérrez  a las penas principales de 36 meses de prisión y a la  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores por el lapso de 3  años  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el  mismo  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor del delito de  homicidio   culposo.   Así   mismo,  condenó  al  procesado  y  a  la  empresa  “Coordinadora         Mercantil,             S.A.”  al pago solidario de 1.000 salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes a favor de Gloria Betsy Mazenett Mena por  concepto    de   perjuicios   morales.   No   condenó   al   pago   de   daños  materiales.   

Inconformes  con  esta decisión, el defensor  del  procesado  y  el apoderado del tercero civilmente responsable interpusieron  recurso de apelación.   

Con anterioridad a resolver el citado recurso  y  ante  la  presentación  del  correspondiente libelo, el Tribunal Superior de  Santa   Marta,  mediante  auto  del  27  de  septiembre  de  2006,  aceptó   “la  demanda  de parte civil presentada por el doctor Manuel Rafael Laborde Restrepo,  conforme  a  poder  otorgado  por Ligia Patricia Rodríguez Mazenett, Alberto de  Jesús  Rodríguez  Akle  en  nombre propio y este último en representación de  sus  menores  hijos José Luis y Yasser Camilo Rodríguez Mazenett en contra del  procesado  ALBERTO CARLOS MONTEJO GUTIERRÉZ y la empresa Coordinadora Mercantil  S.A.  ya  vinculada  al  proceso como tercero civilmente responsable”.    

En cuanto al recurso de apelación interpuesto  contra  la  sentencia  de  primera instancia, el Tribunal, el 12 de diciembre de  2006,  modificó  los  numerales  2°  y  3°  de  la  parte  resolutiva  de  la  providencia impugnada y en su lugar adoptó la siguiente decisión:   

“CONDENAR  solidariamente  a  ALBERTO  CARLOS  MONTEJO GUTIÉRREZ y a la empresa Coordinadora   Mercantil   S.A.  en  su  calidad  de  tercero  civilmente  responsable  al  pago  de  perjuicios  morales  subjetivos  en  el  término  de  tres  meses a favor de las siguientes personas  discriminadas de la siguiente forma:   

“Gloria  Betsy  Mazenett   Mena   y   Alberto   de  Jesús  Rodríguez  Akle   –padres    del    occiso–   en   doscientos   (200)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes a la fecha del pago a favor de cada uno de  ellos.   

“Ligia Patricia,  José   Luis   y   Yasser   Camilo   –hermanos    del   occiso–,  en  cien (100) salarios mínimos legales mensuales vigentes a la  fecha del pago para cada uno”.   

En lo demás lo confirmó.  

Contra  esta  determinación, el defensor del  procesado  y  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable interpusieron  recurso extraordinario de casación.   

LAS  DEMANDAS   DE  CASACIÓN   

1. Demanda presentada  a nombre del procesado Alberto Carlos Montejo Gutiérrez.   

El  defensor del acusado inicia afirmando que  “atendiendo  al  hecho  de que la censura contra la  sentencia  de  segundo  grado  se  contrae  a  la  violación  de  una garantía  fundamental,   cual   es  el  desconocimiento  del  derecho  a  la  ‘investigación  integral’      y      el      derecho  a  la  prueba, el desarrollo del  cargo  justifica  per  se  las  razones por las cuales la Corte debe examinar en  sede     de     casación     excepcional    la    presente    causa”.   

Cargo único  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación,  acusa al Tribunal de haber dictado sentencia en un juicio viciado de  nulidad  por  violación  del  derecho  de  defensa,  en  la  medida  en  que se  quebrantó  la  garantía del contradictorio materializado en el desconocimiento  del  derecho  a  la prueba y el principio de investigación integral, según los  artículos  29,  inciso 4°, de la Constitución Política y 20, 234 y 338 de la  Ley  600  de  2000,  pues “la omisión probatoria de  los  operadores  jurídicos  cercenó particularmente el ejercicio de la defensa  material  ante  la  negativa a verificar las citas hechas por el procesado desde  su  primera  intervención y a practicar otras pruebas inescindiblemente ligadas  con  el objeto del proceso penal, que por su pertinencia, conducencia y utilidad  fueron   oportunamente   deprecadas   por   la   defensa   convencional,  medios  cognoscitivos   que   tenían   la   virtud   de   establecer   la  ausencia  de  responsabilidad…”.   

Asevera  que el vicio de garantía consistió  “primordialmente” en la  pretermisión  por  parte  de  la  fiscalía  de  verificar  las “citas  hechas  por  el  procesado, practicar los medios probatorios  que  en  igual  sentido  solicitó  la  defensa  y posteriormente el rechazo del  fallador  de primer grado en inadmitir la práctica de dicha pruebas”,  solicitadas  por la defensa, “bajo  el  argumento de que su petición era extemporánea”,  “citas  que  se  originaban  a establecer de manera  inequívoca  la ausencia de compromiso del sindicado”  en el delito imputado.   

Luego  de hacer unas precisiones conceptuales  respecto  del  derecho  a la prueba, reitera que el vicio denunciado se originó  cuando  el  órgano instructor no hizo los esfuerzos necesarios por confirmar o,  por   el  contrario,  refutar  las  aseveraciones  fácticas  expuestas  por  el  procesado,  al  igual que la posición del juez de primera instancia al negar la  práctica   de  las  pruebas  “solicitadas  por  la  defensa   desde   las   etapas   primigenias  de  la  investigación”.   

Recuerda que en la resolución de apertura de  instrucción  se  ordenó  oír en declaración a los agentes de carreteras  que  intervinieron  en  el “operativo o accidente de  tránsito”,  señores  Jairo  Ibarra  López e Iván  Villalobos   Bedoya,   quienes  llevaron  el  vehículo  siniestrado  al  taller  “servicios            Willcar”.   

Así  mismo,  refiere que su procurado, en la  diligencia      de      indagatoria,      expresó      que      “‘según lo que yo escuché en el taller  Willcar  los  agentes hicieron una llamada a la pensión donde él vivía porque  encontraron  un  papel  de  esamen  (sic)  de  la Universidad y la señora de la  pensión  le  dijo  a  los  agentes que hacíe (sic) tres días que el señor no  dormía’”, refiriéndose  al occiso.   

Afirma  que  la defensa material esgrimió un  importante   hecho   a  efectos  de  establecer  su  inocencia,  como  eran  las  condiciones  físicas en las que se hallaba el occiso antes de su deceso, lo que  lo  inhabilitaba  para  conducir  y  que  “por vía  inferencial  permitirían brindarle solidez demostrativa a las explicaciones del  acusado”.   

De  otra  parte,  en  cuanto  a la forma como  venía  conduciendo  el  hoy occiso, sostiene que en la indagatoria su procurado  indicó  que  “‘un señor  que  manejaba  un  bus de la Costeña me dijo que lo había pasado el automóvil  Mazda  antes  de  llegar al peaje de Tasajera, lo pasó antes de llegar al peaje  de  Tasajera  el  bus  interno  de  la  Costeña es el 1185, al señor lo pueden  localizar     en     Santa     Marta’”,  afirmación  que  también  fue  corroborada por el declarante  Alfredo Rafael Peña LLinás.   

Por  ello,  dice  que  por  la pertinencia de  escuchar   el   testimonio   del   conductor   del  bus  de  la  “Costeña”  con  número  interno  1185,  pues  de  esa  manera  se  establecía  cuál era el modo como conducía Alberto  Rodríguez  Mazenett,  el  defensor  del  procesado solicitó, el 26 de julio de  2002,  la  declaración  de esta persona, “aportando  al  efecto  nombre,  teléfono  y  lugar  de  ubicación del testigo”,  elemento  de  juicio  que  efectivamente  fue  ordenado por la  fiscalía  en  resolución  del 31 de agosto siguiente, librando “el   telegrama   a   la  ‘Empresa    de   Transporte   LA   COSTEÑA   Local   12’,   citando   al   señor   HERNANDO  RAMÍREZ,  sin  ninguna  otra  dirección que permitiera su eficaz recibo por el  destinatario,  luego  envió  una  segunda comunicación de la que no se sabe si  fue  recibida  por el señor Ramírez”. Agrega que al  finalizar  la  audiencia  preparatoria  el  defensor del acusado insistió en la  recepción    del    mencionado    testimonio,    el   cual   fue   negado   por  extemporáneo.   

A  continuación, en el título que denominó  “Demostración  del  vicio de garantía”,  aduce  que se violentó el derecho de defensa de su procurado,  por  cuanto  que  desde  su  primera intervención procesal puso de presente dos  hechos importantes que apuntaban a señalar su inocencia:   

El primero, relativo a la forma como conducía  el  vehículo  el hoy occiso momentos previos al episodio, es decir, ajeno a las  pautas  propias  de  la  conducción,  hecho que se probaba con el testimonio de  Hernando  Ramírez,  y pese a la necesidad de esta declaración, la fiscalía le  bastó  librar  dos  citaciones,  una  de  ellas equivocada, pretermisión en la  práctica  de  esta  prueba que no comportaba dificultad alguna, persona que, en  su  criterio era fácil localizarla y de esta manera verificar las aseveraciones  del procesado.   

Después  de hacer unos comentarios relativos  al  principio  de investigación integral, para lo cual cita doctrina nacional y  extranjera  y  jurisprudencia de esta Corporación, reitera que las gestiones de  la   fiscalía   para  lograr  la  comparecencia  de  Hernando  Ramírez  fueron  “precarias      y      equivocadas”  frente  a  una  prueba de suma trascendencia para establecer la  imputación  que  a  título de culpa se dedujo en contra del acusado y de allí  su pertinencia, conducencia y utilidad, en la medida en que:   

“… resultaba de  trascendental   importancia,   porque   frente   a   dos   grupos   de  testigos  contradictorios,  uno  que  señalaba  la  invasión  del  carril  por parte del  vehículo  dirigido  por  el  obitado  (señores  Alfredo Rafael Peña LLinás y  Jorge  Luis  Gómez Martínez) y otro grupo, que trasladaba dicho comportamiento  al   conductor   del   vehículo  de  ‘Coordinadora               Mercantil               S.A.’ (Antonio Corcho Fernández y Aurelio  Carbonó  Herrera),  sin  lugar  a  dudas,  el contenido testifical de la prueba  echada  de  menos  se  eregía  en medio que con suficiencia habría dirimido el  dilema  judicial,  porque  demostraría  un  factor  generador de imprudencia en  cabeza  del occiso como lo era su conducta inmediatamente anterior al accidente,  consistente     en     maniobrar     a     exceso    de    velocidad”.   

Dice  que  dicha  irregularidad  se  acentúa  cuando  una  prueba  ya  ordenada  por la Fiscalía, el juez de la causa no hizo  nada  por  su  incorporación,  negándola  “de tajo  bajo  el  argumento  de  que  no  fue  solicitada  en la etapa de la causa en su  oportunidad  legal”,  desconociendo de esa manera la  resolución  de  la  fiscalía  en la cual se ordenaba el testimonio de Hernando  Ramírez  y,  al mismo tiempo, la facultad oficiosa y direccional del juicio que  le permitía decretar la práctica de tan importante declaración.   

En cuanto al segundo aspecto que quebrantó el  principio  de  investigación integral, hace relación a la no verificación por  parte  de  la  fiscalía  de las citas que su defendido hizo en su indagatoria y  que  se  referían a las condiciones físicas que acompañaban al occiso para el  momento  de  la  colisión,  “como  que  no  había  dormido  durante  varios  días,  según  voces  de  los  policiales que habían  conversado  con  la  propietaria  de  la  pensión  en  la cual estaba hospedado  Rodríguez   Mazenett”,  aspecto  de  trascendental  importancia  porque, en su criterio, se “erige en la  atribución  de  un  factor  de  imprudencia  en  cabeza  del occiso”.   

Estima que la verificación de las mencionadas  citas  realizadas  por  el  acusado  no  eran de imposible realización, pues su  práctica  resultaba  razonable  en  términos  de  su  allegamiento y posterior  cotejo  y,  así  mismo, eran conducentes y pertinentes para con los fines de la  defensa  material,  máxime  cuando  determinaría  la  aptitud del occiso en la  conducción   de   vehículos   “aquella  fatídica  noche”.  Sin  embargo,  la fiscalía “no  llamó  a  los agentes de quienes el procesado había escuchado  las  anteriores  manifestaciones,  pese  a  que  así  lo había dispuesto en la  resolución  que  ordenó  la  apertura  de  investigación,  no libró orden de  trabajo  alguno  a  los  miembros del C.T.I. para lograr la identidad o al menos  individualización     de     la    ‘señora  de  la  pensión’,  en  fin  guardó  un perfecto mutismo frente a tan trascendental  dato  para  la  investigación  aportado  por  el  sindicado y nada hizo, cuando  estaba en la posibilidad de hacerlo”.   

En consecuencia, finaliza solicitándole a la  Corte  case  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  decrete  la nulidad de la  actuación  a  partir  del traslado previsto por el artículo 400 del Código de  Procedimiento  Penal,  con  el  fin de que se practiquen las importantes pruebas  echadas de menos.   

2. Demanda presentada  por    el   apoderado   del   tercero   civilmente   responsable,   “Coordinadora  Mercantil,              S.A.”.   

Después   de  identificar  a  los  sujetos  procesales,  de sintetizar los hechos y de reseñar la actuación cumplida en el  diligenciamiento,   el   libelista  justifica  la  viabilidad  de  la  casación  excepcional por las siguientes razones:   

“La  argumentación  sobre  la  cual  se  cifrará  el disenso del suscrito frente al  fallo  de  segundo  grado  y que aspira un pronunciamiento de la Honorable Corte  Suprema  de  Justicia,  se  traduce en reclamar la protección y salvaguarda del  “derecho     al    debido    proceso  –Arts. 29  C.    Pol.    6°    Ley    600/2000–,  conculcado  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Santa   Marta   al   dictar   una   sentencia  con  comprobadas  irregularidades  sustanciales,  las  cuales  se tradujeron en admitir la demanda de parte civil y  su  correspondiente  reforma, promovida por los señores LIGIA PATRICIA MAZENETT  y  ALBERTO  DE JESÚS RODRÍGUEZ AKLE, éste último actuando en nombre propio y  en  representación  de  los menores JOSÉ LUIS Y YASSER CAMILO RODRÍGUEZ   MAZENETT,          contra         ‘COORDINADORA         MERCANTIL  S.A.’,   con  claro  desconocimiento  del  artículo 69 del C. de P. P. (Ley  600  de  2000)  que contempla la procedencia de dicho  acto  procesal si y solo sí el libelo introductorio se allega con antelación a  la  clausura  del ciclo investigativo, o lo que es igual, la presentación de la  demanda  en  sede  del  plenario  como  ocurrió  en  el  presente, ad  portas de dictar sentencia de segundo  grado,  era un acto procesal extemporáneo (acción civil caduca) y por lo mismo  inane  para  efectos  de  derivar  una  condena  en  perjuicios  a  favor de los  demandantes   (padre   y  hermanos  del  obitado)  y  en  contra  del  demandado  (Coordinadora  Mercantil  S.A.)  como  finalmente lo hizo el ad quem.   

“Y  el  segundo  motivo  de censura y que mira igualmente con el desconocimiento del ‘debido       proceso’,  tiene  que  ver con la ausencia   de   notificación   personal  al  demandado              ‘Coordinadora               Mercantil               S.A.’  del  auto  admisorio  de la demanda  formulada  por LIGIA PATRICIA MAZENETT, ALBERTO DE JESÚS RODRÍGUEZ AKLE, JOSÉ  LUIS  Y  YASSER  CAMILO RODRÍGUEZ  MAZENETT (padre y hermanos del occiso),  tal   como   lo  contempla  el  artículo  69  del  C.  de  P.  P.  ‘La    demanda    se    notificará  personalmente  a quien se dirija y desde el momento de  su   admisión   se   adquiere   la   calidad   de  sujeto  procesal’,  lo  que  apareja  que  la sociedad  ‘Coordinadora  Mercantil  S.A.’  no haya adquirido  la  condición de parte demandada frente a dichos demandantes y en consecuencia,  se  torne  inadmisible  cualquier  condena  en su contra por no estar legalmente  vinculada”.   

Por  consiguiente, agrega el libelista que el  fundamento  de  su  argumentación  se basa en la afectación de “garantías  fundamentales”,  razón por  la  cual,  apoyado en la causal tercera de casación, presenta dos cargos contra  la  sentencia  del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan de la siguiente  manera:   

Primer cargo (principal)  

Acusa la sentencia de segunda instancia de ser  violatoria  del  debido proceso, toda vez que el Tribunal admitió la demanda de  parte  civil  presentada  por  Ligia  Patricia  Rodríguez Mazenett y Alberto de  Jesús  Rodríguez  Akle,  éste  en  nombre  propio y en representación de los  menores  José  Luis  y  Yasser  Camilo  Rodríguez Mazenett contra Coordinadora  Mercantil,  S.A.,  como tercero civilmente responsable, y la consecuente condena  en  perjuicio  a  favor de los mencionados demandantes, transgrediendo el debido  proceso,  pues  desconoció los artículos 69 y 141 del Código de Procedimiento  Penal,  “cuando de suyo se imponía el rechazo de la  demanda  por  extemporaneidad al haber precluido el término para realizar dicho  acto  procesal”, como era la vinculación tardía del  tercero civilmente responsable.     

Añade  que el Tribunal Superior transgredió  el  derecho fundamental del debido proceso, toda vez que, previamente a resolver  el  recurso  de apelación interpuesto contra la sentencia de primera instancia,  admitió   una   demanda  de  parte  civil  en  contra  del  tercero  civilmente  responsable,  acto  que  sólo  es  permitido  por la ley antes del cierre de la  investigación,  según  así  lo  preceptúa  el  artículo  69  del Código de  Procedimiento  Penal, el cual “prevé una condición  de  procedibilidad de la acción civil o en términos civilistas, un presupuesto  procesal  de  la  acción  como  lo  es  el  de  la no  caducidad,  no dejando de significar que el ejercicio  de  la  acción  civil en el proceso penal de manera tardía afecta notoriamente  las      posibilidades      defensivas      del      accionado      –tercero           civilmente  responsable–”.   

Después  de recordar cuándo se inició y se  clausuró  la  investigación  y  cuándo  se  profirió la sentencia de primera  instancia,  informa  que  el  padre  y  los  hermanos del hoy occiso presentaron  demanda  de  constitución  de parte civil incluyendo en dicho libelo al tercero  civilmente  responsable,  demanda que fue admitida por el Tribunal poco antes de  dictar   la  sentencia  de  segundo  grado,  situación  que,  en  su  criterio,  quebrantó los derechos del tercero civilmente responsable.   

En  el acápite que denominó “Demostración   del  vicio”,  luego  de  hacer   en   extenso   unas   referencias   conceptuales   del   “debido  proceso” y de la “plenitud   de   las   formas  propias  de  cada  juicio”,   para   lo   cual  acude  a  la  opinión  jurídica  de  unos  doctrinantes  y  a la jurisprudencia de la Corte, afirma que el artículo 141 de  la  Ley  600  de  2000  contempla las facultades en el proceso penal del tercero  civilmente  responsable,  quien  tiene las mismas del cualquier sujeto procesal,  esto  es,  no  puede  ser  condenado  en perjuicios cuando no se haya notificado  debidamente   ni   se   le   haya  permitido  controvertir  las  pruebas  en  su  contra.   

Así  mismo, indica que el artículo 69 de la  misma  obra  dispone  categóricamente  un  límite  temporal  para presentar la  demanda  de  constitución  de  parte  civil  en  contra  del tercero civilmente  responsable,  erigiéndose  dicha exigencia en causal de caducidad de la acción  civil en el proceso penal.   

Luego  de  recordar  la  larga  trayectoria  jurisprudencial  de  la  Sala  de  Casación  Penal  en  torno  al tema, la cual  transcribe  en  detalle  cronológico, reitera que el Tribunal Superior de Santa  Marta  “admitió  una  demanda  de  parte civil con  evidente  desconocimiento  de la caducidad, atendiendo el hecho de que el cierre  de  investigación  se  había  proferido  varios años antes, cuando de suyo la  caducidad  es  una  institución  de  orden  público  a la que los funcionarios  judiciales deben aplicar celosamente”.   

Agrega  que el perjuicio concreto causado por  la  “no declaratoria de extemporaneidad”  de la demanda de parte civil presentada en contra de la empresa  Coordinadora   Mercantil   S.A.,   se   tradujo   en  la  consecuente  sentencia  condenatoria  en su contra a pagar a favor de los demandantes un “total  de  quinientos salarios mínimos legales mensuales vigentes,  situación  que  habría  sido  evitada  de  no  incurrir  en  la  irregularidad  denunciada”.   

En   consecuencia,   solicita   a   la   Corte   casar  el  fallo  impugnado   y,   en  su   lugar,   “anular   o     dejar     sin     efectos     el    numeral   segundo    de    la   sentencia   de   segunda   instancia,  única  y  exclusivamente,  frente  a  la condena que en perjuicios morales se profirió en  contra  de  ‘COORDINADORA  MERCANTIL  S.A.’ y a favor  de  ALBERTO  DE  JESÚS RODRÍGUEZ AKLE por la suma de doscientos (200) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  de  LIGIA PATRICIA, JOSÉ LUIS y YASSER  CAMILO  RODRÍGUEZ  MAZENETT por la suma de cien (100) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes para cada uno, y dejar incólume la condena que en contra de  ‘COORDINADORA  MERCANTIL  S.A.’  se dictó a favor  de  la  señora  GLORIA  BETSY  MAZENETT,  quien oportunamente se constituyó en  parte civil”.   

Segundo cargo (subsidiario)  

Acusa la sentencia de segunda instancia de ser  violatoria  del debido proceso, toda vez que el Tribunal omitió “notificar  personalmente”  a la empresa  Coordinadora  Mercantil  S.A. del auto del 27 de septiembre de 2006, mediante el  cual  se admitió la demanda presentada por Ligia Patricia Rodríguez Mazenett y  Alberto  de  Jesús Rodríguez Akle, éste en nombre propio y en representación  de  los  menores  José  Luis y Yasser Camilo Rodríguez Mazenett, en contra del  tercero   civilmente   responsable  e,  igualmente,  pretermitió  brindarle  el  traslado  del  escrito contentivo del libelo, lo que significó que Coordinadora  Mercantil,  S.A.,  careciera de la condición de parte frente a los demandantes,  por ausencia de la citada notificación.   

Luego  de  citar  los artículos 69 y 306 del  Código  de Procedimiento Penal, recuerda que una vez dictado el fallo de primer  grado,  el  Tribunal  recibió  el  expediente  a  fin  de  desatar el recuso de  apelación  interpuesto  contra  aquella  decisión.  Sin  embargo,  el  1°  de  septiembre  se  presentó la mencionada demanda de parte civil y de vinculación  del  tercero  civilmente responsable, según escrito adicional allegado 20 días  después,  habiendo  sido  admitida por el Tribunal el 27 de septiembre de dicho  año,  sin  que, posteriormente, se hubiese dado cumplimiento a lo normado en el  citado  artículo  69,  en  el sentido de “notificar  personalmente         a         ‘Coordinadora  Mercantil  S.A.  de dicho auto y disponer el traslado  de  la  misma, es decir, entregarle copia de la demanda y sus anexos”.   

Refiere  que las gestiones emprendidas por el  Tribunal  para  notificar  al  representante  legal  de la empresa demandada, se  limitó  al  envío  de  un  telegrama  sin  que obre constancia de su recibido.  “Luego  de  transcurridos  escasos  dos  meses,  se  dictó     la    sentencia    condenatoria    en    contra    de    ‘Coordinadora  Mercantil  S.A.,  en la  cual  se ordenaba pagar una cuantiosa indemnización a favor de las personas que  habían  demandado…, es decir, sin ser oídos y vencidos en juicio” frente a las pretensiones de los demandantes.   

Estima  que en este caso la obligación legal  del   Tribunal   era   realizar  la  “notificación  personal”,   no  por  estado,  “cuestión   que   tampoco   ocurrió  en  el  subjudice”,  al  tercero  civilmente  responsable  del auto que admitió la  citada  demanda y la entrega de la copia de la misma y sus anexos, con el fin de  que   ejerciera  su  derecho  a  la  defensa,  como  así  lo  ha  precisado  la  jurisprudencia   de   esta  Corporación,  la  cual  transcribe  en  su  apartes  pertinentes.   

Agrega   que   en  caso  de  malograrse  la  notificación  personal,  la  única  notificación  válida  era  la supletoria  prevista  en la legislación procesal civil, esto es, la designación de curador  ad  litem  y “que en el proceso penal adquiriría la  condición  de  defensor  de  oficio como lo indica el alto Tribunal, no empece,  esta  actuación  jamás se realizó por el Tribunal Superior e, inmediatamente,  pasó      a      dictar      sentencia     de     segundo     grado”.   

En  consecuencia, ante la evidente violación  del  debido proceso y del derecho de defensa, solicita a la Corte casar el fallo  atacado  y,  en  su  lugar,  “dejar  sin   efectos    la   condena   dispuesta   en   contra    de   ‘Coordinadora  Mercantil  S.A. a favor  de  los  señores  ALBERTO  DE  JESÚS RODRÍGUEZ AKLE por la suma de doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, de LIGIA PATRICIA, JOSÉ  LUIS  y  YASSER  CAMILO  RODRÍGUEZ  MAZENETT por la suma de cien (100) salarios  mínimos  legales mensuales vigentes para cada uno, y dejar incólume la condena  que      en      contra     de     ‘COORDINADORA               MERCANTIL               S.A.’  se  dictó  a  favor  de la señora  GLORIA  BETSY  MAZENETT,  quien oportunamente se constituyó en parte civil y su  libelo     fue     notificado     personalmente     al     tercero    civilmente  responsable”.   

ALEGATOS   DE   LOS   NO   RECURRENTES   

1.  El apoderado  de  la  parte  civil  constituida  por  Ligia Patricia  Mazenett,  Alberto  de  Jesús  Rodríguez  Akle,  José  Luis  y  Yasser Camilo  Rodríguez    Mazenett   (padre  y  hermanos  del  occiso),   luego   de   hacer  referencia  sobre  las  exigencias  propias  de  la  casación  excepcional,  solicita  a  la  Corte  la  inadmisión  de  las  demandas  de  casación  discrecional  presentadas  por el  defensor  del  procesado  y el apoderado del tercero civilmente responsable, por  las siguientes razones:   

En primer término, indica que el defensor del  procesado  y  el  apoderado  del  tercero civilmente responsable “interpusieron   en   tiempo   oportuno  el  recurso  extraordinario  excepcional  de una manera simple e inmotivada, en sus sendos escritos del 18 de  enero  de 2007, sin exponer las razones por las cuales habría de admitirse esta  vía  y  la relación que una de las dos citadas causales legales guardaría con  algún  motivo  de casación por infracción de la ley sustancial. El primero de  ellos  simplemente  manifestó, en el término legal, que interponía el recurso  de  casación  contra  el fallo y el segundo expresó que interponía el recurso  de   casación  excepcional,  sin  que  ninguno  de  los  dos  libelos  contenga  motivación   o  sustentación,  y  sin  que  ninguno  de  los  dos  recurrentes  introdujera  escrito  de  sustentación  del  recurso  dentro  de  los  15 días  siguientes  a  la  última  notificación del fallo”.   

Añade  que  si bien el apoderado del tercero  civilmente  responsable  se  refirió en su libelo a la motivación especial del  recurso  de casación discrecional, de todos modos estima que la “sustentación  es  extemporánea  porque  no la presentó dentro de  los   15  días  siguientes  a  la  notificación  de  la  sentencia”,   habiendo   sido   así   admitidos   los  recursos  en  forma  irregular.   

Dice que la demanda del defensor del procesado  “entra  de  plano  en  la  materia  sin señalar si  habría  de concederse el recurso de modo excepcional para la unificación de la  jurisprudencia  nacional  o  para  hacer efectiva la tutela procesal de derechos  fundamentales  conculcados ilegalmente por el fallo”.  A  su  vez,  la  demanda  del  tercero  civilmente  responsable  “sí  hace  mención  del tema en la parte inicial del escrito, pero  añade  que  no necesita exponer en detalle los motivos especiales de ley porque  va  a  alegar como único motivo de impugnación un vicio in procedendo que para  él  hace  evidente  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte”.   

De todos modos, reitera que los demandantes no  demostraron  en  sus  escritos  impugnatorios ni en las demandas las razones que  motivaron  la  impugnación excepcional, y aunque el apoderado de la parte civil  plasmó  parcialmente la mencionada exigencia, de todos modos no la desarrolló,  como  así  lo  impone la ley y lo ha reiterado la jurisprudencia, motivo por el  cual deben ser inadmitidas.   

Así  mismo,  dice  que  desde  el  aspecto  material,  “salta  a la vista que de ninguna manera  se  da  en  los  autos alguna de las circunstancias especiales en que, según la  ley,   puede   soportarse   la  solicitud  de  que  la  Corte  haga  uso  de  su  discrecionalidad  para  admitir  un recurso extraordinario por vía excepcional.  No  se  ha  invocado  siquiera  la necesidad de desarrollar la jurisprudencia en  algún  punto que a la vez sea relevante para la solución del caso. Pero una de  las   demandas,   la   interpuesta  por  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable,  sí  aduce  sobre  el particular la protección o garantía de sus  derechos   fundamentales,  según  él  afectados  por  un  auto  interlocutorio  anterior al fallo de segunda instancia”.   

Sin  embargo,  asevera que tal argumentación  “está fuera de quicio”,  porque  lo que demanda es la nulidad por violación del debido proceso originada  en  la  admisión  extemporánea  de  una  demanda  de parte civil y la falta de  notificación  del  auto admisorio de la misma, aspectos que, en su criterio, no  comporta   ningún  yerro,  “sino  a  lo  sumo  una  irregularidad  que no afectó la estructura del debido proceso, ni imposibilitó  la  defensa  del  demandado”, máxime cuando es claro  que  en el trámite de la segunda instancia se reconoció personería a la parte  civil  al  progenitor y a los dos hermanos menores del fallecido, además de que  el  tercero  civilmente para esa fecha ya era sujeto procesal y su intervención  “había   sido   bastante   proactiva”.   

En  fin  considera que no les asiste razón a  los  impugnantes  y, por lo mismo, las demandas deben ser inadmitidas. Y en caso  de  ser  ajustadas  a derecho, de todos modos los cargos allí contenidos tienen  que ser desestimados.   

2.    Por   su   parte,   la   apoderada   de  la  señora  Gloria  Mazenett  Mena,    constituída   también   en   parte  civil,  refiriéndose a la demanda presentada a nombre  del  procesado,  afirma que en este caso no ha existido violación alguna de los  derechos  fundamentales y menos por la supuesta falta del testimonio de Hernando  Ramírez.   

Estima  que  la  declaración  de  Hernando  Ramírez,  conductor  del  bus de La Costeña, no era útil ni pertinente, en la  medida  en  que  dicha  persona no presenció los hechos materia de juzgamiento,  además  de  que  la defensa no se preocupó para que esta persona concurriera a  la fiscalía a rendir su testimonio.   

Afirma  que  el testimonio echado de menos no  tiene  la trascendencia que el libelista pretende darle, pues, reitera, Hernando  Ramírez  “no fue testigo presencial de los hechos,  porque  los  mismos  sucedieron  después  de  haber pasado el peaje la víctima  Alberto  Javier  Rodríguez  Mazenett, y mal podía este testigo declarar acerca  de  la  forma  y  particularidades  en  que  se produjo la colisión”.   

Ahora  bien  sostiene  que  si  en  gracia de  discusión  se  aceptara  que  la  víctima “hubiese  podido  venir  conduciendo  como  lo  afirma  el  procesado  y  el testigo Peña  LLinás,   la   pregunta  es  ¿este  hecho  fue  determinante  al  momento  del  accidente?”.   Considera   que   la   respuesta  al  interrogante  es  negativa, toda vez que la inspección judicial realizada a los  vehículos  y  las fotografías determinan el “punto  de    impacto    de   los   mismos   y   el   estado   en   que   quedaron   los  automotores”.   

Luego de retomar la valoración de los medios  de  pruebas  allegados  al  proceso,  concluye  que  la  ausencia del testimonio  reclamado  no  constituye  violación  del derecho de defensa, además de que de  haberse  practicado  no  hubiese  tenido  la  trascendencia  que  le  otorga  el  demandante.   

En cuanto a la ausencia de los testimonios de  los  agentes  de  la  Policía Jairo Ibarra López e Iván Villalobos Bedoya, al  igual  que  el  de  la señora donde el hoy occiso residía, los cuales también  echa  de  menos el libelista, estima que no aportan nada al proceso ni modifican  las  conclusiones  que  el  sentenciador  obtuvo  de  los  restantes  medios  de  convicción,  los  cuales  permitieron  con  claridad deducir la responsabilidad  penal del procesado.   

Además,  sostiene  que  la  defensa  tuvo la  oportunidad  legal  y  procesal para solicitar la práctica de tales pruebas, no  siendo  leal  esperar a que se haya proferido el fallo de segundo grado, el cual  le  es  adverso,  para  reclamar  una nulidad que no existe por razón de dichos  testimonios.   

En  consecuencia, concluye que en este asunto  no     se     presentó     la     vulneración     de     ninguna     garantía  fundamental.      

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.    Es evidente que en este caso  sólo  procede  la  casación discrecional, toda vez que el quantum punitivo que  la  ley  establece para el delito de homicidio culposo no contempla pena máxima  que  exceda  los  ocho  (8)  años de prisión, habida cuenta que dicha conducta  punible,  por  la  que fue condenado el procesado, prevé como pena principal la  prisión  de  dos (2) a seis (6) años, según así lo consagra el artículo 109  de la Ley 599 de 2000.   

2.  De igual manera, es evidente que el  procesado       Alberto       Carlos      Montejo  Gutiérrez,  a  través  de  su defensor, y el tercero  civilmente   responsable,  también  por  intermedio  de  su  apoderado,  tienen  legitimidad  e  interés  para  recurrir  a  través de esta vía extraordinaria  excepcional,  como así lo autorizan los artículos 205, inciso final, y 209 del  Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley   600  de  2000)  aplicable  a  este  caso.   

3.    Ahora  bien, el apoderado  de  la  parte civil, constituida  por  Ligia  Patricia  Mazenett,  Alberto de Jesús Rodríguez Akle, José Luis y  Yasser  Camilo  Rodríguez   Mazenett  (padre y hermanos del occiso), en su  condición      de      sujeto      procesal     no  recurrente,  sostiene  que  las  demandas de casación  deben  ser  inadmitidas,  toda  vez que el defensor del procesado y el apoderado  del  tercero  civilmente  responsable, en sus escritos impugnatorios presentados  dentro  de los 15 días siguientes a la última notificación de la sentencia de  segundo  grado,  no  expusieron  las  razones  por  las cuales debe admitirse la  casación   excepcional,   pues   “el  primero  de  ellos    simplemente    manifestó   que   interponía   el   recurso   de   casación   y  el  segundo  expresó que  interponía  el  recurso  de  casación  excepcional, sin que ninguno de los dos  recurrentes  introdujera  escrito  de  sustentación”  dentro   de   los   mencionados   15   días   de   ejecutoria   del  fallo  del  Tribunal.   

Al respecto, debe la Corte indicar que no le  asiste  razón  al  apoderado  de  la mencionada parte civil, por las siguientes  razones:   

En efecto, recuérdese que la interposición  del  recurso  extraordinario,  como  lo  tiene establecido de manera reiterada y  pacífica  la  jurisprudencia  de  la  Sala, debe hacerse dentro “de  los  quince  días  siguientes a la última notificación de la  sentencia   de  segunda  instancia”,  como  así  lo  preceptúa  el artículo 223 Decreto 2700 de 1991, y una vez vencido el término  para  recurrir,  el  Tribunal debe decidir si lo concede o no.  Si lo hace,  ordena  el  traslado  de 30 días a los impugnantes para presentar la demanda y,  posteriormente,  otros  15  días  comunes para los no recurrentes. Al siguiente  día,  a  condición  de  que  se haya aportado el libelo (o libelos), remite el  proceso  a  la  Corte  donde  se  califica   el  escrito  en  su  aspecto  formal,  declarándola  ajustada  o  inadmitiéndola, según el caso.   

Cabe  precisar  que el anterior procedimiento   es   el   mismo  para  la  casación  excepcional  y para la casación común prevista en el inciso primero  del artículo 205 de la ley 600 de 2000.   

Si bien es cierto que en vigencia del Decreto  2700  de  1991  y  la  Ley  81 de 1993, la justificación de la casación debía  hacerse  al  momento  de  la  interposición  del  recurso,  también lo es, que  después  de  la  vigencia  de  la  Ley  553  de  2000  y la Ley 600 de 2000 tal  justificación  como  requisito formal de la demanda en la casación excepcional  (desarrollo  de  la jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales)  no  ha  desaparecido, lo que sucede es que conforme al  régimen  actual ha de estar contenida en el cuerpo de  la demanda.   

Sobre  este  específico aspecto, la Corte ha  dicho:   

“Se sabe que la  Sala  consideró,  como  consecuencia  del  caos  que  se  generó en materia de  casación  por  la  expedición sucesiva de las leyes 553 y 600 de 2000 y por la  declaración  de  inexequibilidad  de  algunas de sus normas, que en aquello que  quedaba  sin regulación revivía el procedimiento previsto para la casación en  el decreto 2700 de 1991.   

“De acuerdo con  lo  anterior el trámite de la casación excepcional, sin perder de vista que el  numeral  3º del artículo 205 del Código de Procedimiento Penal sustrajo de la  Corte  la  función de conceder el recurso como paso previo a la formulación de  la      demanda,      quedaba     de     la     siguiente     manera:   

“Interposición  del  recurso desde el momento de la expedición del fallo de segundo grado hasta  el  último  día  de  los  15 siguientes a la última notificación.   

“Proferimiento en  la  misma instancia de la decisión de sustanciación notificable concediéndolo  o negándolo.   

“Presentación de  la  demanda  de  casación  dentro  de  los  30  días  hábiles siguientes a la  ejecutoria  de  la  determinación  que  concede  el  recurso. En caso de varios  recurrentes     el     término     se     surte     individualmente.   

“Dentro del mismo  lapso,  o antes, en la propia demanda o escrito separado, formulación por parte  del  recurrente  de  las  razones que hacen procedente el recurso excepcional, a  través  de  las  cuales  debe  persuadir a la Corte de que el caso es necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o para la garantía de los derechos  fundamentales.   

“Traslado a los  sujetos  procesales  no  recurrentes  por  el término de 15 días hábiles para  integrar el contradictorio.   

“Ese  procedimiento,  que  salvo la penúltima exigencia es el mismo aplicable para la  casación  ordinaria  y  es  el  vigente actualmente”  (subrayas        ajenas       al       texto).1   

Por   consiguiente,   siendo   evidente   que   la   ley  no   exige     que     los    impugnantes   sustenten   la   casación   excepcional   en  el   escrito   a   través  del   cual  interponen  el   recurso    extraordinario,   y   toda   vez   que   en   este  caso   el   defensor   del   procesado   y     el     apoderado     del    tercero    civilmente  responsable         justificaron        la        casación   discrecional   al   interior   de   las  demandas  por ellos  presentadas,  cumpliéndose  así el requisito que al respecto establece la ley,  la  pretensión  del  representante  de  la  mencionada  parte civil resulta, en  consecuencia, improcedente y, por lo mismo, impróspera.   

4.   De otra parte, cuando la casación  se  intenta  por  vía  excepcional,  requiere  no  sólo  que  se  trate de una  sentencia  de  segundo  grado  y  que  la  conducta  punible  sea sancionada con  privación  de  la libertad inferior a la pena exigida a la casación ordinaria,  esto  es,  cuyo  máximo  exceda de 8 años, sino que también es preciso que el  actor  cumpla  con  la carga de fundamentar los motivos por los cuales considera  se  ha  violado  una  garantía  fundamental  o  porque  se  hace  necesario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  pues  sólo  a esos eventos se restringe la  admisibilidad de esta modalidad de casación.   

En  esas  condiciones,  procede  la  Corte a  examinar cada una de las demandas presentadas:   

1.    Demanda  presentada     a     nombre     del    procesado    Alberto    Carlos    Montejo  Gutiérrez.   

El  defensor  del  procesado  Montejo  Gutiérrez  acude  a la casación  discrecional  por razón de la violación de una garantía fundamental, pues, en  su  criterio, hubo desconocimiento “del derecho a la  investigación  integral y el derecho a la prueba” y,  por  ende,  el  de la defensa,  trasgresión que se originó en el instante  en  que  se  omitieron aportar a la investigación y al juicio las declaraciones  de  Hernando  Ramírez,  conductor  de  la empresa de transporte “La  Costeña”  y  de  los agentes de la  Policía  Nacional Jairo Ibarra López e Iván Villalobos Bedoya, policiales que  suscribieron  el  croquis  elaborado  en  el  lugar de los hechos y, además, el  testimonio de la señora donde residía el hoy occiso.   

Agrega   el  actor  que   de   haberse  allegado  tales  medios  de  prueba,  los   cuales  fueron  citados  por  su  representado,  otro   habría   sido    el   resultado   del   fallo,   “porque    ante    la    incertidumbre   propia   de   versiones  contradictorias,  inexcusablemente  el   dilema    habría   de    resolverse    mediante    la   confrontación    con    otros    medios   de   prueba,  es     decir,     bajo     un    claro    método   compositivo-resolutivo,   metodología   que al menos habría generado  una  fundada  convicción  de  incertidumbre  en los operadores jurídicos sobre  quién  actuó  de  modo  imprudente en la actividad riesgosa y por lo mismo, la  inevitable   aplicación  del  in  dubio  pro  reo”.   

En esas condiciones, si bien es cierto   que  el  libelista  afirma que acude a la casación discrecional con el fin  de  lograr  la  protección  de  los  derechos  fundamentales  de  su defendido,  también  lo  es  que su argumentación no lograr ilustrar a la Corte, de manera  clara,  lógica  y  concreta,  cómo en verdad la no aducción al proceso de los  mencionados  testimonios afectó de manera cierta el principio de investigación  integral  y  el  derecho  a  la  prueba  y,  por  ende,  su  repercusión  en el  fallo.   

En efecto, en lo que se podría entender como  la  fundamentación  de la censura, el actor no hace otra cosa que presentar una  personal  opinión del resultado probatorio que se habría obtenido en el evento  en  que  las  pruebas  testimoniales  echadas de menos se hubiese incorporado al  proceso,  sin  que  para  tal  efecto  hubiese  contado  con  la importancia que  tuvieron  los  demás  elementos  de  convicción  que,  oportuna  y  legalmente  allegados  al  expediente, sirvieron de sustento al juzgador para concluir en la  responsabilidad de acusado.   

En   otras   palabras,   en  punto  de  la  trascendencia  del  vicio acusado, el libelista no dedicó argumentación alguna  con  el fin de evidenciar cómo de haberse incorporado los citados testimonios y  confrontados  con  los demás elementos de convicción en que el tribunal fundó  el  juicio  de  responsabilidad,  necesariamente se habría concluido en que, en  este  asunto, no habría emergido el grado de certeza en torno al comportamiento  imprudente       del       procesado       Montejo  Gutiérrez,   razón  por  la  cual  se  imponía  la  absolución del aquél.   

Ahora  bien,  si  en gracia de discusión se  aceptara  que  el  actor  sí  se refirió a los medios de convicción sobre los  cuales  el sentenciador sustentó el fallo de condena, pues en su argumentación  sostuvo  que  “frente  a  dos  grupos  de  testigos  contradictorios,  uno  que  señalaba  la  invasión  del  carril  por  parte  del vehículo dirigido por el  obitado  (señores Alfredo Rafael Peña LLinás y Jorge Luis Gómez Martínez) y  otro  grupo,  que  trasladaba dicho comportamiento al conductor del vehículo de  ‘Coordinadora  Mercantil  S.A.’  (Antonio  Corcho  Fernández  y Aurelio Carbonó Herrera)”, afirmación  sobre  la  cual  le permitió indicar que “sin   lugar  a  dudas,  el  contenido  testifical  de la prueba echada de menos se eregía en medio que con suficiencia  habría  dirimido el dilema judicial, porque demostraría un factor generador de  imprudencia  en  cabeza  del  occiso  como  lo  era  su  conducta inmediatamente  anterior    al    accidente,    consistente    en    maniobrar   a   exceso   de  velocidad”,  de todos modos de dicha hipótesis solo  se  evidencia  una  discrepancia  de  criterios  y  no  un error originado en la  alegada  omisión  probatoria  que  lleve  a  la  Corte  a  la  necesidad  de su  intervención  en  aras  de  enmendar  la  presunta  trasgresión  de un derecho  fundamental.   

Por  el contrario, lo que observa la Sala es  que  el  censor,  amparado  en  la afirmación de la violación de una garantía  fundamental,  simplemente  se  opone  al  grado  de credibilidad que el juzgador  otorgó  a  las  declaraciones de cargo rendidas por Antonio Corcho Fernández y  Aurelio  Carbonó  Herrera,  pretendiendo  de  esa  manera  imponer  su personal  perspectiva  frente  a  la  apreciación de tal caudal probatorio, para lo cual,  tomando  un  camino  distinto  al  adoptado  por  el  Tribunal, procura restarle  credibilidad  a  aquellas  declaraciones  respecto de las cuales el sentenciador  desechó por resultar ajenas a la realidad.    

Así mismo, no le mereció comentario alguno  las  consideraciones del Tribunal Superior de Santa Marta en relación con la no  aducción  del  testimonio  de  Hernando  Ramírez, cuando al contestar el mismo  reproche que ahora se hace en sede de casación indicó:   

“…es  indiscutible  el  deber  jurídico  del funcionario judicial de  garantizar  una  investigación  integral  tanto  en  lo  favorable  como  en lo  desfavorable  a los intereses del sindicado y de las demás partes, pero ello no  implica  que  esté  obligado  a  hacer  un  acopio  mecánico, indiscriminado y  acrítico  de todas las pruebas que surjan del proceso. Su tarea es selectiva en  la  búsqueda  de las pruebas conducentes al esclarecimiento de los hechos y sus  circunstancias,  así  como  de sus autores, con fundamento en la sana crítica,  por  lo  que  cualquier  omisión  probatoria,  por simple hecho de ostentar tal  calidad,   no  da  lugar  maquinalmente  al  quebrantamiento  del  principio  de  investigación integral.    

“De acuerdo a lo  anterior,  se debe precisar que el funcionario decretó la práctica de aquellas  pruebas  que  fueron consideradas pertinentes, adelantando una investigación en  forma  diáfana,  donde  el fin último fue la comprobación de la existencia de  una  conducta  punible  y  establecer la responsabilidad del autor material; por  ende,  se  aprecia  en  el  expediente  que en ninguna etapa procesal se atentó  contra  el  principio rector  del debido proceso u otro principio procesal,  como    lo    aduce    la    defensa”.2   

De  otro  lado,  si  las  pruebas  que ahora  reclama  la defensa eran en verdad de la importancia y trascendencia anunciadas,  no  resulta  lógico  que  contando  con  la  debida  oportunidad a lo largo del  sumario  y  del  juicio  no  se hubiese recabado en su aducción, y solo en este  instante  casacional  se  procure su incorporación acudiendo a la nulidad de la  actuación,  olvidando el censor que el principio de preclusión rige las etapas  y  momentos   procesales,  principio  que  no  solo debe acatar el operador  judicial   sino  también  los  sujetos  procesales,  quienes  contaron  con  la  garantía de la igualdad en el ejercicio de sus pretensiones.   

En    consecuencia,   como   la   demanda   presentada  a  nombre  del procesado  Alberto    Carlos    Montejo   Gutiérrez   acusa   las   falencias   que   se   han    precisado   y   toda   vez   que   el   principio   de   limitación   que   rige  el trámite   casacional   impide   a   la  Corte  subsanarlas,   se  impone  su inadmisión.   

2.    Demanda  presentada  por  el  apoderado  del tercero civilmente responsable, “Coordinadora  Mercantil,              S.A.”.     

Observa  la  Sala  que  este  libelo cumple a  cabalidad  las  exigencias  legales,  por  cuanto  el  casacionista sustentó el  motivo  por  el  cual considera necesario un pronunciamiento de la Corte ante la  vulneración  de  una  garantía  fundamental  como es el debido proceso, siendo  consecuentes los cargos formulados con aquella argumentación.   

En consecuencia, porque la demanda reúne los  requisitos  legales,  se  declarará  ajustada  y  se  ordenará dar el traslado  correspondiente    a    la    Procuraduría    Delegada    para   la   Casación  Penal.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de  ALBERTO  CARLOS  MONTEJO  GUTIÉRREZ.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

2.   ADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  del  tercero  civilmente responsable,  “Coordinadora  Mercantil,  S.A.”.   

En consecuencia, de acuerdo con lo preceptuado  en  el  artículo  213  del Código de Procedimiento Penal, córrase traslado al  Procurador  Delegado  para  la  Casación  Penal  para  que, dentro del término  legal, rinda concepto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                             JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                             JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                     

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver  casación  19611  del  23 de agosto de 2002 y casación 20189 del 30 de junio de  2004, entre otras.   

2  Página 16 de la sentencia de segunda instancia.     

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